domingo, 23 de octubre de 2022

En la retaguardia: De un castillo a otro

 

 

Sábado, 15 de octubre
LA BARBARIE POPULAR

Me gusta decir cosas obvias en las que nadie ha reparado, al menos que yo sepa. Releo los Recuerdos de un anciano, de Antonio Alcalá-Galiano, y descubro que nada se parece más el Madrid de 1936 que al Madrid de 1808. ¿Porque en ambos casos el heroico pueblo de la capital luchaba contra fuerzas que pretendía dominarlo, el ejército rebelde o el ejército de Napoleón? Eso ya fue un tópico en la propaganda republicana.

“No existía en Madrid autoridad ni fuerza alguna moral o material”, escribe Alcalá-Galiano. Así comenzaron los desmanes de la turbas, según su relato: “Se había quedado en Madrid don Luis Viguri, intendente que había sido en la isla de Cuba, muy amigo de don Diego Godoy, el hermano de don Manuel, y a quien habían acusado de afirmar en una conversación con un coronel, allá por 1807, que deseando el rey Carlos IV descargarse del peso del gobierno, y no queriendo dejárselo al príncipe su hijo, bien podría el Príncipe de la Paz ser declarado regente. Fuese por esta razón o por otra, es lo cierto que habiendo Viguri maltratado a un negro, su esclavo, y quejándose este calumniando a su amo juntó gente a los gritos, y la fama no buena en el concepto popular del desdichado amo produjo un alboroto en que cayó muerto Viguri, atándose en seguida una soga a su cadáver con la cual fue arrastrado por las calles entre gritos de gente frenética, si no malvada”.

Aquel solo fue el comienzo: “Con la crueldad irreflexiva propia de días de loco entusiasmo, fue pronto olvidada aquella víctima de la furia popular, y si quedó de ella memoria, fue para crear un verbo atroz, pues hacía materia de risa lo que debía serlo de anatema, pues se llamó vigurizar a la acción de asesinar y en seguida arrastrar el cuerpo exánime del asesinado”. También al término “paseo” se le dio un nuevo significado en el Madrid del 36. Pero sigo en el heroico 1808. Llegaron por fin a Madrid tropas españolas que habían vencido a los franceses en Valencia. Así las vio Alcalá-Galiano: “Los soldados, mal vestidos, desgreñados, sucios, de rostro fiero, de modos violentos, carentes de toda disciplina, presentaban un aspecto repugnante”. La gente de educación y clase media se llenó de terror; la plebe, acostumbrada a los crímenes, los miraba como amigos y con quienes podía contar en caso de necesidad: “A los dos o tres días de la entrada de los valencianos, hubo un alboroto en las cercanías de la plaza de la Cebada, en que cayó muerto un hombre, no pudo averiguarse por qué razón, y el cadáver fue arrastrado como el de Viguri”.

Hubo héroes y bestias en el Madrid de 1808 y en el Madrid de 1936. Del segundo no digo nada, pero del primero sospecho que los crímenes más atroces —al contrario de lo que se nos ha enseñado— no los cometieron ni los franceses ni los afrancesados.

Domingo, 16 de octubre
UNA BUENA SEÑAL

Que te preocupen ciertos problemas que llenan las primeras páginas de los periódicos, que si Sánchez dice esto y Feijoo dice lo otro, es una buena señal: indica que no tienes problemas personales importantes.

Lunes, 17 de octubre
NO SÉ QUÉ LLEVO PEOR

“No sé qué llevo peor si que dejen de quererme o que dejen de admirarme”, me digo en una de esas conversaciones que tengo conmigo mismo y que me avergonzaría repetir en voz alta.

            —Conociéndote, sospecho que lo segundo. Eres tan narcisista que para lo primero seguro que te basta contigo mismo.

            —La verdad es que no sé de qué me quejo. Yo mismo tengo la costumbre de detestar a quien antes admiraba.

            —Te pasó con Aleixandre…

            —Cuando comencé a escribir, era la figura mayor de la poesía española, como Juan Ramón Jiménez en los años veinte. Cuando le dieron el Nobel, dejó de interesarme.

            —Siempre te ha gustado ir a la contra.

            —No me atrevería a negarlo. A mí me basta con que todo el mundo esté de acuerdo en algo para que comience a dudar de ello.

            —Te pasó con Bousoño.

            —Me pasó con Bousoño, me pasó con Brines, me pasó con otro poeta al que conocí y admiré, Ángel Crespo, me pasó con Villena… La verdad es que no debería extrañarme que me hagan probar mi propia medicina.

            —Y es normal. Uno evoluciona, crece, tiene gustos distintos.

            —-Será normal, pero fastidia bastante, al menos a mí. Y no es que yo necesite muchos admiradores, con media docena tengo bastante. Pero soy exigente a la hora de conceder ese título.

            —¿Les pones un examen?

            —Pues claro, pero sin que se den cuenta. Si a alguien que habla muy bien de mi libros, le oigo elogiar la poesía de Manuel Vilas, inmediatamente le tacho de la lista.

Martes, 18 de octubre
CURADO DE ESPANTO

En alguna parte leí que Dios estaba curado de espanto. Quién como Dios.

Miércoles, 19 de octubre
UN PATRIOTA

Se acercan los franceses a Madrid, Alcalá-Galiano y su familia deciden marchar a Cádiz. Los viajes eran lentos. Tardan cinco días en llegar a Manzanares. Alojados en una posada, a poco de llegar se presentó en su cuarto un mozo alto, robusto y de modos amenazadores. “Aquí tienen ustedes al hombre que más franceses tiene muertos en la Mancha”, dijo. Y comenzó a referir sus hazañas. Una de ellas es que entrando en un hospital de franceses había quitado la vida a los enfermos que estaban en sus camas y que, como uno de ellos le dijese “español, agua de tisán” (y se burlaba de su acento al contarlo), él le había respondido “toma tisana” magullándole los sesos.

            —Pero peor que los franceses son los traidores que los apoyan, yo he matado a muchos, pero aún quedan más, todos los que como ustedes huyen de Madrid sin quedarse a defenderlo, por ejemplo.

            No contaré cómo lograron salvar la vida Alcalá-Galiano y su madre de semejante patriota, cuyo nombre quizá figure con letras de oro entre los héroes de aquel tiempo. 

Jueves, 20 de octubre
ALERTA MÁXIMA
 

Me aterran los días en que todo sale bien. Son aquellos que el destino prefiere para ponerte la zancadilla.

Viernes, 21 de octubre
RECINTO MURADO

De vez en cuando, conviene echarse la mochila al hombro y salir a dar una vuelta por esos mundos de Dios. Este fin de semana lo paso visitando castillos. Comienzo por el de Peñafiel, para seguir por los de Cuéllar y Coca y terminar con el de la Mota, en Medina del Campo. Todos los castillos tienen para mí sabor de infancia. Me recuerdan aquellas tardes, las mejores de mi vida, en que acompañaba en sus correrías al Capitán Trueno o a Ricardo Corazón de León. Luego hubo otros castillos, como el de Franz Kafka, o el de Teresa de Jesús. En el primero nos esperan, pero nunca podemos cruzar sus puertas; en el segundo, somos nosotros los que cerramos las puertas para que nadie entre.

            Un viaje, por pequeño que sea, es para mí siempre el Viaje, la búsqueda de un El Dorado o una Ítaca que no están en ninguna parte, de un lugar fueran del mapa y del calendario donde “vivir no duela como una postura incómoda”. Un castillo, cualquier castillo, es para mí siempre el Castillo, recinto murado que me protege de los riesgos de la intemperie y me da la libertad que me quita.

 

sábado, 15 de octubre de 2022

En la retaguardia: Del desastre del mundo

 

Sábado, 8 de octubre
EL ENGAÑO A LA VISTA

“La distopía está aquí, el mundo de Matrix está aquí, lo que ves no es lo que hay, sino lo que quieren que veas”. Hasta hace poco yo era uno de los que se reían de esos discursos apocalípticos. Ahora soy yo el que está al otro lado, el que ha abierto los ojos, el profeta al que nadie hace caso.

            ¿Pero estoy de verdad al otro lado? No, estoy con un pie en cada uno de ellos. El engaño a la vista no es cosa de ahora, no se inventó con las nuevas tecnologías. En la Edad Media bastaban el púlpito y la hoguera, en el franquismo los medios de comunicación adictos. Entonces, como ahora, había disidentes, por supuesto.

            En la Edad Media te ponían un sambenito, una caperuza grotesca y te paseaban por las calles entre las burlas de todos. Ahora también te ponen en la picota, si eres famoso, o te ignoran si eres, como yo, un donnadie.

            ¿Qué pasaría si yo dijera que la guerra de Ucrania es una guerra civil, una guerra de secesión que comenzó en 2014 y en la que progresivamente se han incorporado combatientes extranjeros, como en la guerra española la Unión Soviética ayudaba a unos y Alemania e Italia a otros? No lo podría decir en ningún medio público de la Unión Europea, sí en algún rincón privado donde esa verdad pasara como una ocurrencia de un escritorcillo al que le gusta llevar la contraria.

Domingo, 9 de octubre
SI EL DÍA DE MAÑANA

Desde el inicio del bienio negro, o la Tontemia como yo la llamo, no había vuelto a la televisión generalista. Preferí informarme por otros medios donde me fuera más fácil separar la propaganda de los hechos, pero hoy no podía perderme la vuelta de Salvados con un entrevistado que tiene mucho de protagonista de novelón decimonónico, Mario Conde. Seguro que a Balzac le habría gustado contar su historia. Además, fue el banquero y el solucionador del Rey Perjuro, ese borrón en la historia de España para el que aún no hemos encontrado quitamanchas. No me defraudó. Calló y dijo lo que le convenía, como era de esperar, pero con lo que dijo de su querido amigo ya hubo bastante para que nos avergonzáramos un poco más de haber sido ciudadanos de un país donde se tapaban con dinero público las sinvergonzonerías del heredero del Caudillo. Lo que no me esperaba fue el brío con que dijo en horario de máxima audiencia lo mismo que yo llevo diciendo desde hace décadas en papeles que nadie lee.

—La inviolabilidad no es creíble. No es creíble para una persona sensata que en pleno siglo XXI se admita en un sistema jurídico occidental y moderno que una persona puede robar, matar, asesinar y violar sin responsabilidad penal alguna. No es posible. No existe tal sistema jurídico. Es una interpretación que viene de arrastre del concepto franquista que no separa la persona privada del jefe del Estado. No solo es un error, es que es también una trampa, porque si el día de mañana hay un referéndum acerca de la corona, unos van a decir, si tenemos un presidente de la República que usted elige si quiere y si no quiere, no, y si comete un delito ese presidente lo mete en la cárcel; si elige monarquía, usted tendrá un monarca que no puede elegir y, además, con patente de corso para cometer cualquier delito. Pero eso es mentira, y es imprescindible para el futuro de la monarquía que quede claro que don Felipe de Borbón es inviolable en cuanto rey, esto es, en sus actos como jefe del Estado, pero no en cuanto persona particular. Yo si fuese él lo dejaría claro.

Lo ha dejado todo lo claro que le permite su papel constitucional, expulsando de España a su antecesor, a pesar de que los paniaguados de turno siguen insistiendo en todo lo que hizo por la democracia. Otros son los que tienen que pedir perdón por haber interpretado la constitución española —que yo voté— de tan retorcida manera que, no ya Luis Roldán, sino ni siquiera Jack el Destripador tendría problema alguno con la justicia si fuera jefe del Estado español. 

Lunes, 10 de octubre
 INTIMIDAD

Tengo fama de no guardar secretos, pero los guardo muy bien, sobre todo los míos. De lo que otros me cuentan —salvo expresa advertencia, y entonces prefiero que no me digan nada— sí cuento lo que me parece que debe contarse, lo que tiene interés público.

            Los límites de la propia intimidad los pone cada uno. Si yo para vender libros o conseguir votos, saco a relucir a mi santa esposa, a la que tanto quiero, pues no debe extrañarme que un diario más o menos sensacionalista o un programa de cotilleo entrevisten a mi amante.

Martes, 11 de octubre
DIAMANTES DE SANGRE

No escucho mucha música. Puedo vivir perfectamente sin ella. Me gusta, pero la temo. Abre puertas dentro de mí que preferiría permanecieran siempre cerradas. Esta tarde asisto al concierto que en el teatro Filarmónica se ofrece en honor de quien fue y sigue siendo mi maestro, Emilio Alarcos. Al director de Filarmonía Ibérica, Melani Mestre, le gusta entremezclar lo consabido con raras piezas inéditas o poco habituales. Esta tarde al concierto para piano y orquesta nº 21 de Mozart le acompaña el Concerto Grosso “Palladio” de Karl Jenkins, que comenzó siendo el acompañamiento musical de un anuncio publicitario. Y no de cualquier anuncio, sino de la empresa De Beers, la de “un diamante es para siempre”. Fue fundada en 1888 nada menos que por Cecil Rhodes, el creador de Rodesia, el símbolo de todo lo que en el Imperio Británico había de racismo y de explotación. La empresa De Beers, que tuvo durante muchos años el monopolio en el comercio de diamantes, ha promovido golpes de Estado, expulsiones de indígenas, barbaries varias para hacer más lucrativo el negocio. Dicen que sus diamantes de sangre estuvieron en el origen de la guerra civil de Sierra Leona. Por eso la modelo Imán, la viuda de Bowie, como tantas otras supermodelos, se negó a trabajar con ello. Pronto el Concerto Grosso de Jenkins se convierte en la banda sonora de una película que yo me monto en mi cabeza. Y respiro tranquilo. Ya no estoy solo con la música, ya no hay riesgo de que me encierre en mi mismo y me obligue a abrir puertas que yo preferiría que permanecieran siempre cerradas.

Miércoles, 12 de octubre
THAT IS THE QUESTION

Me quejo mucho de los pequeños problemas de cada día. Cuando no es una cosa es otra, pero casi siempre ando azacaneado e inquieto por nimiedades que me ponen de mal humor.

            Pero peor es cuando el días transcurre sin sobresaltos, cuando todo está en su sitio y nada altera la confortable rutina, la cárcel de oro que yo mismo me he creado. Entonces es cuando asoman su rostro los verdaderos problemas, los que se esconden tras de los otros. ¿Envejecer, morir? Sí y no. Lo que tenga que ser será cuando tenga que ser. Todavía este tiempo es mi tiempo y me siento menos ajeno al mundo en que vivo que hace treinta o cuarenta años. Y la idea de la muerte que sigue aterrándome es la de la gente que quiero, no la mía. La nada siempre me ha parecido un lugar muy confortable, la gran creación de Dios, más que el universo. La posteridad literaria es un lugar con pocos asientos y no parece que vaya a haber uno para mí, aunque quién sabe… Sospecho que, al menos por un tiempo, se me seguirá leyendo tan poco como ahora y no faltará quien se alegre al encontrar un libro mío en una librería de viejo.

            ¿Cuál es entonces ese gran problema que se esconde tras los problemas de cada día y que solo asoma su feo rostro cuando soy feliz? La conciencia de que caminamos todos por una fina capa de hielo que en cualquier instante puede quebrarse y adiós muy buenas. No me preocupa la muerte, siempre que llegue a su debido tiempo, y la inmortalidad del alma me preocupa tanto como la inmortalidad del cangrejo; me preocupa la muerte que llega antes de tiempo o la que se retrasa demasiado y nos deja sin vida verdadera aquí en la vida.

Jueves, 13 de octubre
LO QUE YO HARÍA

Los trapos sucios se lavan en casa. Qué gran verdad. Pero cuando los trapos sucios afectan a la jefatura del Estado, convienen luz y taquígrafos, un gran acto de higiene a la vista de todos.

            —¿Tú encarcelarías al anterior jefe del Estado?, me pregunta un amigo.

            —Primero le retiraría el título anticonstitucional de rey y luego dejaría actuar a la justicia.

Viernes, 14 de octubre
ESTAS TARDES

Del desastre del mundo, me consuelan estas lentas tardes de otoño en que todo está en su sitio y hasta Dios, allá en su cielo, me envidiaría  si existiera.





 

sábado, 8 de octubre de 2022

En la retaguardia: Vivir para ver

  

Sábado, 1 de octubre
SAVATER Y YO
 

“Como todos los enemigos mortales, comenzamos siendo los mejores amigos”. De Fernando Savater ni soy enemigo mortal ni he sido nunca amigo. Le admiré mucho, eso sí, y me contagió a menudo su entusiasmo por lecturas y lugares, pero luego su nacionalismo antinacionalista, me fue alejando. Enemigo no soy, pero creo que he escrito cosas poco agradables sobre este catedrático de ética. Recuerdo un artículo en el ABC, a propósito de no sé qué libro suyo, en el que dudaba, no ya de que lo hubiera escrito él, sino de que ni siquiera lo hubiera leído. Era la transcripción de los guiones de una serie sobre escritores y ciudades con errores de bulto, y bien risibles. Para no enfadarme, aunque sigo leyendo el diario en el que colabora, hace tiempo que dejé de leer sus columnas. Hoy me llama un amigo escandalizado.

            —Si había alguna duda de tu deriva, no ya hacia la derecha, sino hacia la extrema derecha, acaba de desaparecer. ¡Coincides con Fernando Savater en aplaudir a Giorgia Meloni! Nunca creí que pudieras caer tan bajo.

            No me queda más remedio que leer lo que dice Savater. Y ciertamente, salvo las dos últimas frases, coincidimos. Sonrío cuando, en estilo indirecto libre, parodia la escandalera de los democratoides: “¡Nuestras instituciones comunes están en peligro, que nos salve Bruselas! Si los europeos no saben lo que les conviene, los fondos para la recuperación se los va a dar Rita. ¡Hasta ahí podíamos llegar!”

            —Qué difícil es hacer razonar a los defensores de las esencias. A la mayoría de la gente solo les cabe una idea en la cabeza, y esa de perfil. Estar de acuerdo con una de las medidas que aplica un político, no significa aplaudir todo su programa.

            —También Hitler, como Meloni, llegó al poder en unas elecciones.

—Hitler es muy socorrido en estos casos. Que yo sea vegetariano, como al parecer lo era él, no significa que aplauda el Holocausto. De Giorgia Meloni me gusta que fue la única que no se apuntó al gobierno Draghi para participar en el botín de los fondos europeos (que no sé yo muy bien de dónde salen, teóricamente la economía de todos los países mermó con la alocada gestión de la pandemia) y que protestó cuando los ciudadanos que, haciendo uso de su derecho, no se vacunaron quedaron excluidos de la vida civil, parias que debían organizarse por su cuenta para poder viajar de una ciudad a otra. Aplaudo eso. Del resto de su programa discrepo en casi todo. Pero de ahí a pensar que su elección pone en peligro la democracia va un cierto trecho.

—Pone también en cuestión la Unión Europea y la unión de todos contra Rusia.

—Pues qué quieres que te diga, a mí que ponga en cuestión ese chiringuito, que cada vez huele peor, no me parece del todo mal, lo que no significa que yo haya dejado de ser europeísta, como Londres no ha dejado de ser Europa, de lo mejor de Europa, por haber conseguido abandonar cierto club que, al menos teóricamente, era voluntario.

—De ti yo ya me espero cualquier cosa.

            —Que yo grite “bravo, Savater” por reírse en la cara, y en su periódico, que es el mío, de los demócratas de boquilla, no quiere decir que esté de acuerdo con él en todo. Eso de que hay “entusiastas del terrorismo sentados en el Parlamento chantajeando al gobierno” es una grave acusación contra jueces, fiscales y hasta el tribunal constitucional que mirarían para otro lado ante semejante barbaridad. Si eso fuera así, no ya la Venezuela de Nicolás Maduro, sino hasta la Rusia de Putin podrían darnos lecciones de respeto a la ley. Qué mala opinión de España tienen los españolistas. En fin, que coincido con Savater, amigo Piquero, ma non troppo.

Domingo, 2 de octubre
BOWIE Y YO

Veo Moonage Daydream, el documental de Brett Morgen sobre David Bowie, tan caótico como hipnótico, y se me ocurre pensar que Bowie, el hombre de las mil caras, fue el Fernando Pessoa de las estrellas del rock. Sus heterónimos no los llevó al papel sino al escenario. Era más o menos de mi edad —nació tres años antes— y me dedico a comparar su vida, no con la de Pessoa, sino la mía. Cara y cruz. El músico que concitaba multitudes y el solitario que pasa la vida de incógnito, el que vive errante por el mundo y el que apenas duerme una noche o dos fuera de casa. Pero de vez en cuando, entre el glamour y el maquillaje, asoman las sombras de la vida privada: esa distante madre, ese admirado hermano mayor que padece esquizofrenia, ese miedo a las trampas del amor. Pessoa también estuvo obsesionado con la locura. ¿“A debida distancia, / cualquier vida es de pena”, como escribió Francisco Brines? También todo lo contrario: de asombro y maravilla. ¡Qué antiguas nos resultan todas las escandalosas modernidades del primer Bowie! Admiro su capacidad de reinvención y búsqueda, su aceptación del caos como único principio organizador del universo. Y él, con toda su fama, esté donde esté, hoy me admiraría a mí, que sigo vivo, que sigo siendo el rey del mundo, aunque nadie más que yo —y quien me quiere— lo sepa.

Lunes, 3 de octubre
MACHADO Y YO

No sé si, como Antonio Machado, soy un hombre bueno en el buen sentido de la palabra (me temo que solo soy bastante bueno), pero de lo que estoy seguro es de que no soy “un hombre al uso que sabe su doctrina”, alguien que, ante cualquier cuestión, responde exactamente lo que se espera de un votante de la derecha, extrema o no, o de la izquierda más o menos lerda.

Martes, 4 de octubre
VÁLGAME DIOS

Al artista le sienta bien un poco de misterio. ¿Es necesario conocer la biografía de un autor para entender mejor su obra? Sí, pero sin entrar en demasiados detalles. Los que figuran en la solapa de un libro deberían ser suficientes. Las menudas anécdotas biográficas humanizan a veces, pero más a menudo simplemente empequeñecen. La imagen que el autor nos transmite a través de su obra es su verdadera biografía. En sus “memorias informales”, Personas y personajes, cuenta Alfredo Marqueríe que, entre 1927 y 1929, se reunía en el Café del Norte con otros jóvenes estudiantes segovianos. Un sábado vieron entrar a Antonio Machado; tomó asiento junto a una mujer que le estaba esperando. “Morenucha y delgada”, se parecía “enormemente” a Leonor, indica Marqueríe, Salieron poco después cogidos del brazo. A la tarde siguiente, abordaron a la mujer, “que montaba allí su guardia a la caza de posibles clientes”: “¿Conoces mucho a ese señor?”, “Viene todos los sábados a buscarme”, “¿Y sabes quién es?”, “Debe ser un sabio. Entiende de todo y me dice cosas muy bonitas. Tiene conmigo unas delicadezas que no merezco, como si en lugar de ser lo que soy fuera una señorita”, “¿Cómo le conociste?”, “Como a todos. Le dije: ¿Quieres venirte conmigo? Y cuando le despido le digo que vuelva pronto y le llamo serrano”, “¿Por qué?”, “Porque así llaman en mi pueblo a los de Segovia. Y creo que es de allí. Le gustan mucho unos tiestos con rosas que tengo en mi balcón, en la calle de Válgame Dios. Por las mañanas se despierta cuando suenan las campanas del convento de las Góngoras. Y a veces escribe algo en un cuadernillo”.

            Añade Marqueríe que, gracias a esa mujer, pudo descifrar algunos versos de Machado: “Y rosas en un balcón / a la vuelta de una esquina, / Calle de Válgame Dios. / Amores por el atajo, / de los de ‘vente conmigo’, / ¡que vuelvas pronto serrano!’ / Me despertarán / campanas del alba / que sonando están”.

            La anécdota apesta a apócrifa. ¿Cómo iba a saber Marqueríe, nacido en 1907, que aquella mujer se parecía extrañamente a Leonor, muerta en 1912, y de la que entonces no se conocían fotografías? ¿Cómo iba a dormir el poeta, cuando volvía de Segovia el fin de semana, fuera de la casa que compartía con la madre y el hermano? Todo parece inventado a partir de los versos que supuestamente se pretenden explicar. Pero no importa. ¿Tendría sentido que un biógrafo minucioso se pusiese a averiguar si Machado frecuentaba o no prostitutas, cómo se llamaban estas y cuánto les pagaba? Después de leer la biografía que Miguel Dalmau le dedica a Gil de Biedma, tardamos en poder volver a sus versos. También después de leer su diario póstumo. A veces es el propio escritor el más desconsiderado biógrafo de sí mismo y nos cuenta cosas, como si estuviera en un confesionario, que hubiéramos preferido no saber.

Miércoles, 5 de octubre
VENTAJAS DE NO SER NADIE

En todo hay pros y contras. No ser una celebridad tiene la ventaja de que nadie va a dedicar años de su vida a indagar sobre tu vida y sacar a luz todos tus trapos sucios, reales o inventados.

            —¿Tienes tú muchos trapos sucios, Martín?

            —Creo que no. Solo triviales miserias, como todo el mundo.

Jueves, 6 de octubre
QUÉ COSAS

“Bruselas prepara un nuevo paquete de sanciones contra Rusia”, leo. Pero son los ciudadanos europeos los que se echan a temblar. Vivir para ver.

Viernes, 7 de octubre
YA LO DIJO WILDE

Hay dos clases de comentaristas políticos: los inteligentes y aquellos cuya opinión no coincide con la nuestra.




 

sábado, 1 de octubre de 2022

En la retaguardia: Digo tan solo lo que he visto

  

Sábado, 24 de septiembre
LO QUE ME HACE FELICZ

Cosas que no cuestan dinero y que me hacen feliz: entrar en el café de siempre a la hora de siempre, ni un segundo antes ni un segundo después; salir al campo a descubrir (y fotografiar) flores e insectos en los que no me había fijado antes; ver salir el sol; llevar la contraria; enamorarme; desenamorarme; releer a Montaigne; pasear solo entre la gente; esperar en la estación la llegada de un amigo ausente largo tiempo; dudar de las certezas ajenas tanto como de las propias; cantar cuando nadie me escucha; repetirme de memoria mis poemas preferidos; no fumar; admirar; pasar la noche entera durmiendo; hacer monerías para entretener a un bebé; cerrar los ojos y no pensar en nada.

Domingo, 25 de septiembre
TORTURA,  QUE ALGO QUEDA

Sabía que lo iba a pasar mal, pero no me imaginaba que tan mal. El domingo pasado me tocó un relajante viaje al paraíso, con amor y mar, exotismo e ingenio, y este sabía que me arriesgaba a un puñetazo.

Me sentí lleno de angustia a los pocos minutos, a punto estuve de salir corriendo. Pero todo pasó y me quedé hasta el final, hasta el convencional final feliz. Alberto Rodríguez, en Modelo 77, cuenta la olvidada historia de la COPEL, de la coordinadora de presos en lucha, que ocupó las primeras páginas de los periódicos a poco de la muerte de Franco. Pedían que la amnistía de los presos políticos les alcanzara también a los comunes. Recuerdo las fotografías de sus líderes en la primera página de los periódicos subidos a la cúpula de algunas prisiones. Historia reciente de España que para algunos es ya historia antigua y para mí parte de mi vida.

El ritual de la entrada en la cárcel, el encierro en una celda con tres desconocidos, los quince días del llamado período sanitario, en que no te dejaban salir ni para ducharte. Todo eso, y todo lo que vino después, de la huelga de hambre al motín, es agua pasada desde hace tiempo. Más de una vez lo he contado como quien cuenta una película y ya no sé si algunos detalles son ciertos o me los he inventado o retocado para lograr un mayor impacto. Pero a oscuras, solo en la sala, volví a vivir aquella historia y faltó muy poco para que me pusiera a gritar. El protagonista de Modelo 77 ha cometido un pequeño desfalco —nada que ver con lo que entonces presuntamente se embolsaba el jefe del Estado al margen de sus ingresos legales— y por ello ha de pasar largos años en prisión preventiva, no hay prisa ninguna para el juicio. Pocos años antes, en el 74, yo era el perfecto falso culpable, como en una película de terror. La mía tuvo un final feliz, aunque no faltaron momentos de suspense a lo Hitchcock, y yo creía que aquellos remotos e inverosímiles tormentos no habían dejado ninguna huella, que eran solo un capítulo de mi biografía que parece inventado. Pero no. Nada desaparece del todo. Freud lo sabía bien.

Al ir al cine este domingo me he puesto a prueba, y al salir sonrío bajo la leve lluvia: creo que la he superado.

Lunes, 26 de septiembre
COSAS QUE NO HAY QUE DECIR

—¿Qué catástrofe, Martín, qué catástrofe! El país de Leonardo y Miguel Ángel ha caído en manos de la ultraderecha.

            —¿Pues qué quieres que te diga? Yo me alegro del triunfo de Giorgia Meloni y de que los que buscaron un salvador de la patria que traía, para repartir entre los partidos que se portaban bien, los millones de Europa bajo del brazo se hayan tenido que ir a casa.

            —¿Pero estás contento con el trato que les quieren dar a los emigrantes?

            —Por malo que sea no será peor que el que les da Marlaska en connivencia con Marruecos.

            —¡En lo que te has convertido, Martín! ¡Tú que siempre apoyabas a la izquierda!

            —Y la sigo apoyando en lo que merece mi apoyo, solo en eso. En lo que se refiere a la gestión de la pandemia, al encierro de niños, a la obligatoriedad de usar mascarillas en lugares abiertos y con distancia de seguridad, al chantaje para conseguir ganar la carrera de la vacunación (teóricamente, no obligatoria), pues ahí estoy más con Macarena Olona que llevó al Constitucional ciertos preceptos muy poco constitucionales, mientras la izquierda (y la derecha española, no Giorgia Meloni) bajaba la cabeza y ponía la otra mejilla.  Además el otro día se fotografió sin mascarilla en un tren, como si estuviera en Francia o en Bélgica, o en cualquier país civilizado. Entre Darias, la ministra portavoz de las farmacéuticas, y Olona, no tengo dudas de con quién me quedo. En este aspecto, solo en este aspecto, claro.

            —¡Tú estás loco, Martín! No se te ocurra decir esas cosas en público. Te vetarán en los periódicos, boicotearán tus conferencias.

            —No te preocupes, que procuraré que no se me note lo que pienso de los que se pasaron los derechos de los ciudadanos por debajo del puente colgante y maltrataron nuestra salud con la excusa de protegerla. Pero me gusta decir cosas obvias que nadie dice. ¿Recuerdas la solución Armada, aquella que se pretendía implantar para acabar con el descontrol de finales de los setenta? Un hombre de prestigio, un general bien visto por el rey y por la mayoría de los partidos, al frente del gobierno, aunque no fuera diputado. Una especie de general De Gaulle. Pues bien esa solución Armada, que aquí impidió Tejero (el verdadero salvador de la democracia, aunque a su pesar), fue la habitual en Italia en los últimos años. Se sucedían los gobiernos y ninguno tenía al frente un presidente elegido por la ciudadanía, ninguno se había presentado a las elecciones. El último Armada italiano fue Mario Draghi, al que se le aplaudía mucho porque había conseguido ingentes fondos europeos. Ahora, tras estas elecciones, por fin parece que va a gobernar Italia quien han decidido los italianos. ¡Y todos los periódicos hablan de que la democracia está en grave peligro! ¿Pero qué idea tendrán esos demócratas de la democracia? Y la Unión Europea amenaza con no dar paso a los fondos de ayuda si hacen algo que no les gusta. Para algunos, la verdadera democracia es una democracia tutelada por ellos. Pues los italianos le han dicho a las úrsulas y a los borreles que basta de chantaje. ¡Brava Italia!

Martes, 27 de septiembre
MANTEN LAS DISTANCIAS

El que se conoce demasiado a sí mismo acaba perdiéndose el respeto.

Miércoles, 28 de septiembre
ALGUIEN ME DICTA

Unas veces escribo y otras transcribo lo que alguien me dicta. Muchos de los grandes libros de la humanidad se escribieron de esa manera, pero la voz que a mí me habla no es la de ningún dios más o menos verdadero. Y a veces no habla, canta: “Qué importa que no me quieras / si te quiero por los dos. / Te doy la mitad del mío / y ya tienes corazón”. Borges decía que a esa voz los antiguos la llamaban la musa y los modernos, más prosaicamente, el inconsciente. 

Jueves, 29 de septiembre
MALOS TIEMPOS

Yo también, como Casandra, veo venir la catástrofe y no puedo hacer nada por evitarla. 

 Viernes, 30 de septiembre
EL PASADO QUE VUELVE

—El protagonista de Modelo 77 había “distraído” cincuenta mil pesetas del negocio en que trabajaba. ¿Qué habías hecho tú, Martín?

            —Yo, nada. Pero el tribunal militar me acusaba de un delito de terrorismo que, en aquellos momento, aún vivía Franco, podía ser castigado con la pena de muerte. Y de la misma galería en que yo estaba salió, poco después, uno de los fusilados en Hoyos del Manzanares. Cuando la causa pasó al Tribunal de Orden Público, en lo que a mí respecta fue sobreseída. Estaba suspendido de empleo y sueldo y me abonaron el sueldo de aquellos meses carcelarios. Pero no hablemos de eso. Al protagonista de Modelo 77 le roban el traje en el patio; a mí me robaron la ropa que llevaba para cambiarme en la ducha, una ducha helada en el invierno madrileño. Prefiero recordar solo momentos divertidos: al comprar un bocadillo en la cantina para completar el deficiente menú, se equivocaron en el cambio y me dieron unas pesetas de más (utilizábamos vales en lugar de dinero). Las devolví de inmediato y ahí empezó el pitorreo: “¡Un tipo honrado! ¿Pero qué hace un chico como tú entre tantos ladrones?”