viernes, 25 de septiembre de 2026

Aguas bravas: La España mejor

 

 

Domingo, 20 de septiembre
ELOGIO DE MARÍA KODAMA

Un poeta amigo quería conocer las tumbas de tres escritores que admira, Clarín, Ángel González y Víctor Botas, y yo le hice de guía en el cementerio del Salvador.

Los cementerios no son solo lugares de la memoria familiar, de un dolor y un recuerdo que se van diluyendo con el tiempo, sino de la memoria colectiva. La estética, en este caso, debería ser importante. Y qué impresión tan deplorable la que uno saca de la tumba de Clarín, a quien han borrado su nombre ilustre para dejarlo en un funcionarial Leopoldo G. Alas y han colocado encima una cruz como de Valle de los Caídos. Ningún epitafio, ninguna frase que aluda a las obras que nos dejó, solo un neutro “Rogad a Dios por él”. Es la tumba de alguien que necesita hacerse perdonar por sus ataques a la iglesia, la de quien vuelve sumiso al redil.

Luego, cuando la República, le hicieron un elegante monumento, muy años treinta, en el campo de San Francisco, pero poco después fue vandalizado por los falangistas y coronada su efigie con la calavera de un burro. No, no le habían perdonado a pesar de la cruz penitencial y, como no podían ya castigarle a él, fusilaron a su hijo, que al fin y al cabo llevaba su mismo nombre. No es el cementerio del Salvador el mejor lugar para recordar a Clarín: su tumba parece el triunfo de la clerical Vetusta sobre el autor de ese libelo al que tituló La Regenta.

            No deprime menos el sepulcro de Ángel González, con la inscripción torpemente grabada en un pegote sobre el mármol familiar. Estuve allí el día de su entierro, incluso leí un poema. Recuerdo a su frágil viuda rodeaba del cariño de todos los amigos del poeta a los que no tardaría en convertir en víctimas de su manía persecutoria. El arte funerario hace tiempo que parece haberse perdido.

            Y qué tristeza ante la tumba de Víctor Botas. Murió hace ya más de treinta años, tiempo suficiente para que su recuerdo –seguimos contando eutrapélicas anécdotas suyas en la tertulia-- se haya asentado y no cause dolor. Sobre sus versos no ha pasado el tiempo, no tienen ni una arruga, pero sobre su tumba parecen haber pasado siglos. El mármol renegrido, ni una flor, y esa cursiva con su nombre y esos versos partidos del epitafio a un niño (“Debéis guardar silencio, se ha dormido / tan dulcemente el tiempo entre mis brazos”) que recuerda el final de la “Epístola moral a Fabio” y que no acaban de resultar adecuados. Pero el único nombre que figura en la lápida, además del suyo, es el de su abuelo, al que tanto quería y cuya muerte le dejó desamparado para siempre. Ahora parece que lo lleva de la mano, como cuando era niño.

            Mucho se le puede reprochar a María Kodama, pero algo hizo bien: librarle del cementerio de la Recoleta, con su amontonada fealdad suntuaria, y enterrarlo en Ginebra, en un cementerio que es un jardín, un verdadero jardín de la memoria. Y qué bella lápida y qué misteriosa inscripción. Ese sí que puede convertirse en un lugar de peregrinación para todos los admiradores de Borges. Muy cerca está la tumba de Calvino y me imagino a los dos debatiendo arduas cuestiones teológicas. “Yo he dicho muchas veces que la teología es una rama de la literatura fantástica, en otro tiempo me habrías mandado a la hoguera, como a Miguel Servet, pero ahora ya no tienen más remedio que aguantarme como interlocutor por toda la eternidad”.  

Lunes, 21 de septiembre
VIEJO, SOLO Y DESTERRADO

Siempre he detestado las fiestas porque alteran mi rutina, aunque noto que con los años me molestan menos, y no porque me gusten más, sino porque he ido creando rutinas alternativas que me ayudan a mantenerme de buen ánimo en cualquier ocasión.

            Hoy, al pasar por delante de mi habitual librería de viejo (me expulsaron airadamente de la que lo fue durante muchos años: cosas que pasan), camino de la cafetería que sustituye a Los Porches los días festivos, me encuentro con que está abierta. “Un poco por casualidad –me dice la encargada--, como yo vivo fuera, no me di cuenta de que en Oviedo era fiesta local”. Y como yo soy de amores a primera vista, nada más entrar me encuentro con un elegante tomo encuadernado, que da gusto acariciar, Poesías escojidas (así, con jota juanramoniana) de Quevedo en “edición de lujo adornada con grabados por artistas españoles”. Se publicó en Madrid en 1843, un año antes de la coronación de Isabel II, y no parece que el tiempo haya pasado sus páginas.

Creía saberme a Quevedo de memoria y ahora me doy cuenta de que siempre he leído y releído los mismos poemas. Abro al azar estas Poesías por cualquier página y me encuentro con maravillas que ignoraba, como “Funeral discurso de Aníbal, tomando el veneno para morir, viéndose viejo, solo y desterrado”. Cuántos endecasílabos memorables: “Pródigo del espíritu y la vida / desprecio dilatar vejez cansada”.

            El libro tiene también su misterio. Lo encabeza una anónima “Breve noticia biográfica”, muy elegantemente redactada y con noticias curiosas. Una sorprendente nota nos da pistas sobre quién podría ser el autor. Aparece al final de la larga lista de “las obras que existen y se conocen, ya impresas, ya manuscritas” de Quevedo, y dice así: “Todas estas obras citadas, y otras muchas más, posee D. B. M que escribe esta biografía”. ¿Quién sería este bibliófilo que presume de poseer todas las obras que se conocen de Quevedo y algunas más? ¿A dónde habrá ido a parar su biblioteca? Un enigma por resolver, un entretenimiento más para este día de fiesta.

            Pero el entretenimiento me dura poco. Trasteo con el teléfono y a los pocos minutos me entero de que son iniciales muy frecuentes (la D. corresponde a Don), pero que en este caso se trata de Bartolomé María Araque, un erudito tradicionalista muy activo en entre 1840 y 1870, editor de numerosas obras de clásicos españoles y traductor del francés. Pero lo que no me dice Google en modo IA es qué ha sido de su fastuosa biblioteca quevediana. Puedo seguir jugando, quiero decir investigando.

Martes, 22 de septiembre
AQUEL PARÍS 

Se nota que voy madurando. Antes me irritaba leer una tontería, un sofisma o un error bien rebozados en pretenciosa prosa. Ahora sonrío.

Presume Juan Manuel de Prada, en una tardía entrevista promocional sobre su novela Mil ojos esconde la noche, que leo en El Ciervo mientras tomo el café de la tarde, de haber descubierto que en el París ocupado por los nazis la mayoría de los republicanos exiliados colaboraron con la Falange. “Un par de personas familiares o descendientes me amenazaron con tomar algún tipo de medida legal y yo les dije hagan lo que quieran, les voy a mandar estos documentos que podía haber utilizado para corroborar los hechos. Si quieren los saco a la luz”. Cuánta elegancia y cuánto amor a la verdad en este riguroso investigador.

Pero resulta que, ante la inminente llegada de los nazis, todos los republicanos que pudieron embarcaron para América. O para Inglaterra, como Chaves Nogales. A los que no lograron escapar, si no se escondieron, como Victoria Kent, los atrapó la Gestapo y se los entregó a Franco para que los fusilara, como a Julián Zugazagoitia y a Cipriano Rivas Cherif (al segundo le conmutó la pena). Los que se quedaron en París no tenían ningún inconveniente en colaborar con la Falange, habían pasado allí la guerra, pero en cuanto vieron por dónde iban los tiros se pusieron del lado de Franco. Cierto que César González Ruano, en el París de la ocupación, tuvo problemas con las nuevas autoridades, pero no por motivos ideológicos, sino por ciertos trapicheos en el mercado negro. Eduardo Aunós, que fue ministro con Primo de Rivera y con Franco, escribió una biografía de París, que publicó en los años cuarenta, y en cuyo último capítulo describe entusiasmando el esplendor cultural del París de la ocupación.

Prada, Prada (todavía recuerdo aquellos tiempos en que era un jovencito ambicioso y casi adulador mío), dedícate a tus valleinclanadas y a tus sermones dominicales a lo fray Gerundio de Campazas, pero deja el ejercicio del pensamiento y las revelaciones históricas para otros.

Viernes, 25 de septiembre
HOY ES SIEMPRE TODAVÍA

Media España se echa a la calle para protestar por el desahucio de una anciana (con autorización judicial, por supuesto, que las interpretaciones “creativas” de la ley solo se usan contra los independentistas catalanes y la familia del presidente), mientras la otra media lo hace para pedir que a los inmigrantes de Ceuta se les trate como a una plaga de cucarachas (al menos, que yo sepa, aún no exigen que se les aplique la solución final, el mejor modo de acabar de una vez por todas con el problema).

            Todavía quedan motivos para sentirse orgulloso de ser español, a pesar de tantos “patriotas” empeñados en deshumanizar y tratar como alimañas a otros seres humanos.



 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Aguas bravas: Las cosas claras

 

Domingo, 13 de septiembre
JUGAR CON FUEGO

Nunca dejarán de sorprenderme los abismos de la condición humana. ¿Cómo puede estirarse y estirarse la tragedia de Ceuta para sacarle todo el rédito electoral posible, no ya sin una protesta, sino con el aplauso generalizado de mucha buena gente?

Con la inmigración pasa lo mismo que con los vasos comunicantes. No es posible tener uno lleno y otro casi vacío; la fuerza de la gravedad hace pasar el líquido de uno a otro hasta igualarlos. Es precisa una sólida barrera de contención para que los pobres del mundo no busquen una oportunidad donde pueda haberla, en los países más ricos que el suyo. Hace falta establecer controles para que ese inevitable flujo resulte provechoso para ambas partes. ¿Y qué pasa cuando esos controles fallan? No olvidar nunca que quienes han entrado ilegalmente en nuestro país son seres humanos, no alimañas a las que hay que exterminar. Hacer que vuelvan al suyo, sí, pero respetando la humanidad y la legalidad.

            La frontera de Ceuta, como la de Melilla, es una frontera especial. Son territorios de la Unión Europea que están situados en un país que no es de la Unión Europea. Necesitan de la colaboración de Marruecos para poder seguir siendo españolas. Si a Marruecos le interesara, con una Unión Europea cada vez más débil y con unos aliados cada vez más fuertes y con menos escrúpulos, Trump y Netanyahu, se las merendaría en dos bocados. O tendríamos otra guerra de los cien años, como la de Ucrania. ¿Qué sentido tiene entonces pedir mano dura con Marruecos?

Medio problema de Ceuta se solucionó en un día, el ochenta o el noventa por ciento de los inmigrantes ilegales volvieron por su propio pie al país del que venían; el otro medio se habría solucionado en una o dos semanas si el gobierno de la ciudad autónoma de Ceuta y los de las comunidades gobernadas por la oposición hubieran colaborado, como era su deber, con el gobierno de España. No lo hicieron, no lo hacen, practican la política de cuando peor, mejor. Cuando peor vayan las cosas en Ceuta, mejor para sus particulares intereses partidistas.

            Con todas las encuestas a su favor, no pueden esperar unos meses a que haya elecciones y se produzca la previsible alternancia en el poder. Quieren que caiga Sánchez como un Ceaucescu cualquiera, arrastrarlo de la Moncloa a la cárcel, y si fuera posible hacer con él lo que Fernando VII hizo con Riego: cortarle la cabeza.

            Ya hasta los jueces (no todos, por supuesto, solo la mayoría) se han quitado la careta y en los asuntos de contenido político se ponen del lado de los suyos sin el menor intento de aparentar la obligada imparcialidad.

            Me temo que se avecina otra década ominosa. Las bandas de matones rojigualdos comienzan a campar a sus anchas y las autoridades y el público en general cada vez los miran con más benevolencia. Weimar, 1930.

            Quieren que Ceuta sea la tumba del sanchismo, pero actúan tan desvergonzadamente, tan despreocupados por el interés de la ciudad y de sus habitantes, que yo confío en que se produzca una reacción y todos a una –todos los que aún creemos en los derechos humanos y en los viejos principios de libertad, igualdad y fraternidad-- vayamos a darles cuando toque con el voto en las narices y Ceuta sea la tumba del fascismo.

Lunes, 14 de septiembre
NUNCA HE TRABAJADO

“Claro, como tú no has trabajado nunca”, me dice un amigo y yo, en el fondo, pienso que tiene razón.

He dado clases durante cincuenta años, he publicado no sé cuando libros, he cuidado la edición de más de un centenar de libros ajenos, he dirigido revistas, colaboro en la prensa regularmente desde hace décadas, pero no tengo la sensación de haber trabajado nunca.

Para mí, nada que tenga que ver con libros –salvo venderlos-- o con hablar de literatura es un trabajo. Se trabaja en el campo, en la construcción, en el servicio doméstico, en la hostelería, en la mina, en la siderurgia… Voy contra mi interés al confesarlo, como digo siempre citando a Bécquer, pero mi trabajo no es un trabajo ¿Cómo va a ser un trabajo hablar de la poesía de Góngora o las novelas de Galdós? ¿Cómo va a ser un trabajo analizar en dos folios el libro que acabo de leer? Sobre todo, si es un fraude como el que comento esta semana, y nadie lo va a decir sino yo. Un trabajo es una actividad que uno hace a cambio de dinero. Y yo tengo la suerte de no haber hecho en mi vida nada que no haría igual si no me pagaran.

Martes, 15 de septiembre
CUANDO ME ABURRO

Me gustaría ser un hombre importante, de esos a los que su secretaria les lleva la agenda y no tienen ni un instante libre, siempre de acá para allá, con citas y reuniones y papeles que leer y firmar urgentemente.

Pero mi agenda me la tengo que preparar yo y por mucho que me empeñe en que no haya huecos siempre termino todos los deberes que me pongo antes de lo previsto y no hay días en que no me sobren, al caer la tarde, una o dos horas.

 Al principio siento como si se detuviera el tiempo, como si no fuera a pasar nunca. Luego casi siempre acabo escribiendo un poema y eso me fastidia. Ya he escrito demasiados. Además, me parece una falta de respeto a la poesía escribirla solo porque uno se aburra, sobre todo si es alguien como yo que se aburre todos los días.

La solución que he encontrado es escribir un poema ajeno. Un día de Unamuno, otro de Guillén, el último un poema de Gerardo Diego que supuestamente leyó en Avilés el 18 de mayo de 1968 cuando vino al instituto Carreño Miranda, donde yo estudiaba, a celebrar sus bodas de oro con la poesía.

En un ejemplar de Alondra de verdad, perdido en mi casa de Rivero 99, encontré una invitación al acto y en el Atrio, mientras esperaba a un amigo que se retrasaba, garabateé el poema que él leyó en aquella ocasión y que supuestamente se ha perdido. Lo eché a volar de inmediato por Internet y tuvo cierto éxito. No es lo mejor que ha escrito Gerardo Diego, pero tampoco es lo peor. 

Miércoles, 16 de septiembre
SE NOTA

“Se nota que estás encantado de haberte conocido”, me reprochan a menudo. Y no seré yo quien les lleve la contraria. Reconozco que no deja de ser raro que yo, que me llevo tan mal con casi todo el mundo, me lleve tan bien conmigo mismo. Debe ser que, como me conozco desde que nací y no me he dejado solo ni un momento, me he cogido cariño.

Jueves, 17 de septiembre
EN EL CAMPILLIN

Me siento en el Campillín, donde los domingos se amontonan los puestos del mercadillo, sin nada que hacer, sin haberme traído siquiera un libro, aún más aburrido que de costumbre, cuando de pronto un grupo de personas que charlaban junto a un banco frente al mío se ponen a bailar.

Seguramente forman parte de uno de los grupos que desfilarán el sábado con motivo del Día de América en Asturias y han venido aquí a ensayar, pero yo pienso que lo hacen solo para distraerme. Mientras evolucionan con gracia delante de mí suena una música popular y alguien canta: “A la vera del camino / hay una fuente sin agua / que el que la bebe se olvida / que quiere a quien no le ama”.

            La luz del atardecer entre las ramas de los árboles, unas pocas nubes blancas en el azul del cielo.

El niño caprichoso que yo soy, el acelerado que todo lo hace deprisa y corriendo y enseguida se aburre, olvida su mal humor y agradece un inmerecido regalo más. 

Viernes, 18 de septiembre
TIEMPOS FELICES

Qué cosas escribía Aquilino Duque, allá por los años setenta, describiendo la decadencia de la Italia democrática y no queriendo nada semejante para España: “Piden divorcio los seglares, / matrimonio los curas, / amor libre los feos, / fraternidad los fratricidas, / igualdad los enanos / y libertad los bolcheviques”.

Esas cosas que tanto me indignaban entonces ahora me hacen sonreír. A fin de cuentas, Aquilino Duque era el único que se atrevía a escribirlas. En aquellos buenos tiempos, todos los que uno admiraba eran de izquierdas. Hasta eran de izquierdas Savater y Trapiello, Juaristi y Azúa, Tamames y Felipe González, aunque hoy parezca difícil de creer. No había más fachas orgullosos de serlo que los de Fuerza Nueva y eran una reliquia del pasado.

Ahora negros nubarrones se ciernen sobre el horizonte, las derechas extremas parecen ser el inminente futuro. Andan como enloquecidos con la lotería que les ha caído en Ceuta. ¡Lástima que se marcharan tan pronto la inmensa mayoría de los “invasores”! Si se hubieran quedado los cien mil, la ciudad sería un infierno, pero ellos –los que presumen de llevar a Ceuta en el corazón-- estarían en la gloria. 





viernes, 11 de septiembre de 2026

Aguas bravas: Al dios del lugar

 

Domingo, 6 de septiembre
BIENVENIDO, ANDRÉS

Mi rutina dominical incluye la lectura de los suplementos dominicales en los Prados antes de ir al cine. Esta tarde disfruto doblemente escuchando a un viejo conocido, Andrés Trapiello, que ocupa medio XL Semanal porque abandona la competencia para ocupar el sitio de Pérez Reverte (que pasa a ocupar el lugar que él deja libre, por cierto).

No ha envejecido, sigue siendo el de siempre, compone bien el personaje. Su obsesión, desde que comenzó a publicar, era entrar en lo que él llamaba “el club de las almendritas”; hace tiempo que ha entrado, y yo me alegro por él, y más me alegraría si le dieran el Nobel como a Saramago.

Luego leo el artículo de estreno y sonrío acordándome de la fábula del parto de los montes. Por lo menos, se olvida de la política, pienso, y es de agradecer. También de sus jueguecitos con las abreviaturas de los nombres propios. Cuenta anécdotas más o menos pucelanas, hace bromas con la ortografía y da la impresión de que todavía no se ha enterado de en qué consiste y cuál es su utilidad. Sigue dominando mejor la caligrafía que el pensamiento.

En la entrevista, habla poco de política, pero algo habla: “A veces me dicen que me meto mucho con Pedro Sánchez y no con Feijoo o con otros políticos de otros partidos. Los demás políticos también pueden mentir, está claro, pero su responsabilidad es menor porque no tienen la posibilidad de gobernar”.

 Algún día alguien le informará de que en España hay diecisiete comunidades autónomas y que en catorce de ellas gobierna un partido distinto del de Pedro Sánchez. En la suya, sin ir más lejos, gobierna Isabel Díaz Ayuso, de la que sin duda alguna noticia tiene. Pero él prefiere guardar su artillería para  “cuando un día llega un presidente del gobierno y te dice que la amnistía es anticonstitucional y, al día siguiente, que es la más constitucional”.

Que diga lo que quiera, querido Andrés, que lo que importa es lo que diga el Tribunal Constitucional. Esa amnistía que tanto te duele es constitucional y, sin embargo, no se aplica del todo porque el Tribunal Supremo ha inventado una ridícula triquiñuela para no aplicarla.

Pero mejor hablemos de otra cosa, que ahora voy a tenerte de compañero en el periódico todas las semanas y volveré a leerte mientras tomo un café, como en los viejos tiempos, cuando los dos guerreábamos juntos en el campo de la literatura contra ullanes, valentes y gamonedas,

 

Martes, 8 de septiembre
CONFIDENCIAS DE MARÍA KODAMA

Me gusta presumir de ser la persona más rutinaria del mundo, y probablemente sea cierto, pero también lo es que cada vez disfruto más con sus alteraciones.

Hoy, al ser fiesta, no puedo tomar mi café habitual en la mesa redonda de Las Salesas y aprovecho para irme hasta Lugones y contemplar, desde la pasarela sobre el cruce de autovías que lleva a La Fresneda, al planeta Tierra representado en la nueva rotonda. Tenía curiosidad desde que la vi ir haciéndose, semana a semana, al ir los sábados de Oviedo a Avilés. Solo se puede contemplar bien desde lo alto de la pasarela y lo que vemos es el hemisferio sur, con Sudamérica y África a escala real, y no empequeñecidas como en los planisferios habituales.

            A la vuelta de esta aventura (para los rutinarios, hasta ir al lugar de siempre por la acera contraria se convierte en aventura), el azar me hace un regalo. O dos. Al lado de un contenedor, alguien ha dejado unos cuantos libros. La mayoría no tiene ningún interés, salvo uno de Borges. Como ya lo tengo, y recuerdo que me indignó en su momento, estoy a punto de dejarlo allí. Se trata de Borges, el palabrista, una recopilación de las declaraciones a la prensa. Pero Borges era un genio cuando escribía y, muy a menudo, todo lo contrario cuando hablaba. Y el recopilador, Esteban Peicovich, no deja fuera ninguna de sus afirmaciones más indignantes o más tontorronas. Recuerdo una que haría las delicias de juaristis, savateres y otros conversos: “Es una suerte que la guerra civil la ganara Franco y no la República porque, en caso contrario, España sería ahora Cuba”.

A pesar de las dudas, me llevé el libro y comencé a hojearlo en una cafetería. El primer regalo: un recorte de El Comercio de hace más de treinta años con un poema mío al lado de un articulo de Víctor Alperi. No sé por cuál de los dos lo guardaría el anterior propietario. El segundo: yo tengo la edición de 1980 y que esta, del 95, incluye varios apéndices, y tras ellos, sin indicarlo en el índice, una entrevista con María Kodama fechada el 1 de agosto de 1986, a mes y medio de la muerte de Borges, en la que cuenta anécdotas que no volvería a contar. Contradicen el capítulo final de la biografía de Edwin Williamson, basado en una entrevista con Kodama realizada muchos años después, en 1999, cuando ella ya había elaborado una narrativa oficial sobre los últimos días del maestro. No parece cierto que fuera idea de Borges dejar el hotel L’Arbalète, su residencia habitual en Ginebra, para irse a vivir (a morir, sabía que le quedaba poco de vida) a un apartamento en busca de mayor “intimidad”. Un día –lo cuenta Kodama en esa entrevista olvidada-- pidió que subiera a su habitación el director del hotel: “Mire, yo le voy a decir una cosa, yo estoy mal, ¿sabe?, pero lo que quiero decir es esto, a usted le conviene que yo me muera en este hotel, porque con María, ¿no es cierto, María?, en París vamos siempre al hotel donde murió Oscar Wilde y allí naturalmente alquilan ese cuarto, pero aparte lo muestran como un atractivo turístico, como algo que le da honor a la casa. Por eso le digo que a usted le conviene que yo pueda quedarme acá y morir acá”.

Una broma, por supuesto, pero una broma que indica que Borges no tenía ninguna intención de mudarse al apartamento del número 28 de la Grand Rue, la principal de la Vieja Ginebra, cerca de donde vivió Rousseau. Allí se lo llevó María Kodama, que ya pensaba en la placa que se colocaría en tan céntrico lugar, tres días antes de morir. Con razón, los vecinos del edificio le negaron autorización y tuvo que colocarse la placa en una fachada próxima. Y también nos revela esta entrevista perdida otra cosa, que su boda secreta por poderes en Paraguay fue tan secreta que él mismo tuvo noticia por los periódicos. Medio en broma, medio en serio, según cuenta Kodama (y no volvería a contar), tras publicarlo la prensa, llamó al director del hotel y le dijo: “Mire, voy a hacer una pequeña fiestita porque hoy me he enterado de que me he casado con María Kodama y de que es el día más feliz de mi vida” 

Viernes, 11 de septiembre
LA CIUDAD

En mi librería de viejo habitual, la que tengo al lado de casa, encuentro por un euro Al dios del lugar, un libro de Xuan Bello que leí y presté y tenía olvidado. El colofón indica que se terminó de imprimir “hacia San Mateo del año 2007”. Y yo doy con él al comenzar las fiestas de otro San Mateo, veinte años después.

Lo abro al azar y la primera frase que leo me golpea el corazón: “Cuando ya se cumplieron sobre la tierra los días de una persona –pienso en mi padre muerto-- es cuando sabemos con un dolor que no encuentra consuelo quién era esa persona”.

            Releo el libro con el primer café y qué sorpresa la mía al encontrarme, al comienzo de uno de los capítulos, paseando por el Antiguo: “El Antiguo tenía por aquel entonces el prestigio de lo prohibido y canalla. No sé qué hacía conmigo García Martín: debía de tener el poeta 30 años y a mí, que tenía 16 o 17, me parecía un viejo”. Continúa afirmando que se sentía feliz porque yo le acababa de prestar los Treinta poemas de Cavafis traducidos por Valente. Y estaba fascinado con “La ciudad”, como yo por entonces. Cita los últimos versos, pero no lo hace por la traducción de Valente, que no tendría a manos, pero que yo sí puedo citar porque me la aprendí de memoria: “En todo el universo destruiste cuanto has destruido / en esta angosta esquina de la tierra”.

            Para el viejo que era yo entonces y para el inquieto adolescente que era Xuan (cuando escapó de casa, la ventana de su cuarto daba “al muro gris y húmedo de uno de los pabellones” del cuartel en que residía con su familia), Oviedo era “una angosta esquina de la tierra” que soñábamos con abandonar. Él y yo dimos algunos tumbos por el mundo (él bastantes más que yo), pero no tardamos en comprender que el lugar que buscábamos, el más propicio a la felicidad, estaba precisamente aquí, en el bucólico Caces junto al Nalón o en la calle Murillo, entre el Milán y San Julián de los Prados.





                                              

viernes, 4 de septiembre de 2026

Aguas bravas: No habrá guerra de Troya

 

Martes, 1 de septiembre
PATRIOTAS TÓXICOS

“Los pueblos felices no tienen historia”, afirmaba un apotegma clásico. Y en otros tiempos, antes de la dictadura de lo políticamente correcto que ahora dicen que nos oprime, se añadía: “como las mujeres honradas”. Porque la historia de una mujer, en esos buenos tiempos que algunos añoran, no podía ser otra que la de sus infidelidades y sus amantes.

            Por entonces, había mucha buena gente que, ante alguna pregunta comprometida, se encogía de hombros y afirmaba: “Yo no entiendo de política”. Ahora, de política y de fútbol, todos entendemos y todos odiamos al árbitro –llámese Tribunal Constitucional o como se llame-- cuando pita una falta a favor del campo contrario.

            “¡No has dicho nada sobre lo que está pasando en Ceuta!”, se me lamenta un amigo y yo le agradezco que eche en falta mi voz en un momento en que todos gritan y nadie escucha, sino a los de su misma opinión.

            ---Todo lo que perjudica al gobierno, beneficia a la oposición, pero no es lo mismo que se trata de un caso de corrupción que el que de una catástrofe nacional. Lo ocurrido en Ceuta ha ocurrido antes y volverá a ocurrir después. Se pueden rechazar las pretensiones anexionistas de Marruecos sobre esa ciudad, pero lo que no se puede negar es que geográficamente forma parte de Marruecos y que, sin su benevolencia y su colaboración, lo tiene muy difícil. Pedir mano dura contra Marruecos por haber favorecido, o no haber impedido, la masiva llegada de inmigrantes, me parece una estrategia suicida. Con la enemistad de Marruecos, esos hechos pueden repetirse una y otra vez, basta con que se niegue a actuar de portero y no impida a ningún nacional o subsahariano llegar hasta las puertas de la ciudad. ¿Qué haríamos entonces? ¿Disparar sobre los que entran ilegalmente? ¿Construir a toda prisa presidios de alta seguridad para encerrarlos? ¿Qué podría haber hecho el gobierno cuando una avalancha de ilusos adolescentes llega nadando a Ceuta? ¿Mandar un pelotón de soldados para que les den la orden de retroceder y, si no obedecen, acribillarles en el agua? ¿O quizá, más piadosamente, armar a los guardias civiles con largas varas para que empujen a los jóvenes nadadores hasta que se ahoguen? Ya se ahogaron por sus propios medios más de cien, pero esa tragedia no parece preocupar a nadie. No, desde luego, a los patriotas que se rasgan las vestiduras y claman: “¡Nos han invadido! ¡Nos han invadido!” y recuerdan la traición del conde don Julián. El gobierno, ante el problema de Ceuta, hizo lo mejor que podía hacer y la oposición está haciendo lo peor: considerar una catástrofe humanitaria como un inesperado regalo que les podría anticipar su llegada al gobierno. ¿Por qué está tardando en solucionarse ese problema, en lo que puede solucionarse, claro, que a los muertos nadie les devolverá a la vida? Porque aquellos de los que depende en buena parte la solución se niegan a ayudar y practican la política del cuanto mejor peor. No se dan cuenta, de que, solucionado este incidente, el problema de Ceuta, ese anacronismo que hace tiempo que ha perdido su razón de ser, seguirá existiendo y serán ellos, si llegan al gobierno, quienes tendrán que lidiar con él. Y que, si ponen a Marruecos en su contra, verán lo que es un auténtico problema.

            ---Pues en Europa no piensan como tú. Piensan que Ceuta es un portón que Pedro Sánchez ha abierto a la emigración descontrolada.

            ---Cierta Europa, la que ya ha sido infectada por el virus trumpista. La que sueña con un Bukele en Albania o en Bulgaria que nos haga de carcelero de la gente que nos sobra. En cualquier caso, ese portón, el de Ceuta, no lo ha abierto Pedro Sánchez, sino que es regalo envenenado de aquellos tiempos en que los europeos se creían con el derecho de saquear África con el pretexto de evangelizarla y civilizarla.   

Miércoles, 2 de septiembre
LA LEVEDAD Y LA GRACIA

Tengo algunos pocos fieles lectores y muchos amigos que no tienen la costumbre de leerme y que se quejan de que escribo demasiado.

            ---Pero ¿cómo voy a haber leído tu último libro si antes de que me dé tiempo a hacerlo ya has publicado otro?

            Yo me encojo de hombros. Quien no me lea por gusto, que no me lea.

            Lo que me preocupa es otra cosa. Tengo la suficiente experiencia como para saber que, a partir de cierta edad, la mayoría de los escritores, incluso los mejores, siguen escribiendo por inercia, sin tener nada que decir. ¿Será mi caso? Uno siempre es el último en darse cuenta y a mí ya hace tiempo que amigos poco piadosos –en eso se me parecen-- me dicen que mis últimos poemas, romancillos y cosas así, son bien poquita cosa.

            Es posible, pero uno puede admirar las monumentales fuentes barrocas, con sus ninfas y sus dioses, y no por eso desdeñar la fuentecilla que surge en un recodo del camino y que nos quita la sed, algo que no hacen esas otras tan aparatosas. No solo de Divinas comedias vive un buen lector, también necesita la levedad y la gracia de la poesía popular: “Anoche soñaba yo / que con mi amante dormía. / Y al despertarme descubro / que a mi lado lo tenía”.

Jueves, 3 de septiembre
NO ENFADES AL PORTERO

Toda la noche tuve pesadillas. Las plazas españolas se llenaban de réplicas de Bukele y Milei, ni siquiera de Donal Trump (dan más miedo los lacayos que el amo), que gritaban en defensa de la españolidad de Ceuta, al parecer amenazada por una nueva invasión musulmana. Hasta el arzobispo de Oviedo, en una mano la cruz y en otra la espada, llamaba enfervorizado a una nueva Reconquista. Cuando me desperté, la pesadilla seguía allí, en la primera página de todos los periódicos.

            La inmigración descontrolada trae consigo muchos problemas, no seré yo quien lo niegue, pero no amenaza la “españolidad” de Ceuta. Todo lo contrario. la reafirma. Si fuera marroquí, ninguno de esos jóvenes abducidos por interesados bulos querría entrar en ella. Y mientras siga siendo española, y siga estando donde está, necesitaremos la colaboración de Marruecos para controlar la emigración. Con Marruecos a la contra, se convertirá en un lugar en que será imposible vivir. Ellos tienen el control, no por debilidad de Sánchez, sino por imposiciones de la geografía.

            ¿Podemos obligar a la fuerza a Marruecos a que haga las veces de fiero portero de discoteca? Me temo que no, que ya están muy lejos del protectorado y es amigo de los que mandan, Israel y Estados Unidos. Para conseguirlo, hace falta un poquito de diplomacia y mucho dinero. Sería interesante, solo por curiosidad, que se hiciera público cuánto dinero cuesta mantener la españolidad de Ceuta y Melilla.

            Tan poca fe tiene la oposición en poder echar a Sánchez por medios democráticos, que no duda en jugar con fuego y provocar un conflicto con Marruecos que incluso pueda llevar a un enfrentamiento bélico, en el que las dos partes llevarían todas las de perder. La situación me recuerda una obra de Giraudoux, No habrá guerra de Troya, sobre los esfuerzos de los años treinta para evitar la Segunda Guerra Mundial. Al final, es bien sabido, fueron vanos. ¿Tendremos una nueva guerra interminable, un nuevo desastre de Annual? Los enemigos de Sánchez utilizarán todos los medios para conseguirlo, incluidos los legales.

            Pero yo, que soy optimista por naturaleza, todavía sigo confiando en que una mayoría de españoles no haya perdido la cabeza.

Viernes, 4 de septiembre
AMIGOS PARA SIEMPRE

Con Martín López-Vega, que fue un buen amigo mío en otro tiempo, ahora tengo sus más y sus menos. “Es lo que suele pasar –me dice mi mala conciencia-- cuando los maestros quieren seguir siendo maestros toda la vida sin aceptar que los discípulos crecen y dejan pronto de hacerles caso”. Yo no creo que sea así –le respondo--, aunque puede que en el fondo tengas razón.

Pero me llega su antología de Claude Roy, con un hermoso prólogo que es un retrato y un autorretrato, y recupero al viejo amigo. Cuántos descubrimientos hemos hecho juntos por las librerías de Braga, de París, de Buenos Aries o de Nueva York.

Aparte de otras muchas cosas, mejores y peores, López-Vega también es un poeta chino, como él dice de Claude Roy, y por eso nos regala en la introducción a La amistad de Wang Wei una condensada muestra de la poesía china.

Me gustaría agradecer ese regalo con la versión propia de un poema de Li Bai (o Li Po): “Yo vengo de muy lejos; / tú, de algo más cerca. / El azar ha querido juntarnos / en esta encrucijada. / En otra, cerca o lejos, / no sabemos dónde / hemos de separarnos para siempre”.

¿Para siempre? Uno de los aforismos de Nietzsche dice así: “Los amigos que una vez lo fueron de verdad siguen siéndolo incluso cuando dejan de serlo”.

 Un día de estos tenemos que quedar a comer con Xuan y Sonia en su casa de Caces.






 


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