viernes, 22 de mayo de 2026

La rueda de la fortuna: Caiga quien caiga

 

Lunes, 18 de mayo
RESPIRO ALIVIADO

Desde que la semana pasada publiqué mi reseña de Guerra total, el supuesto nuevo libro de relatos de Chaves Nogales, estaba esperando impaciente la respuesta del editor y descubridor. Y no era yo el único en esperarla.

---Esta vez te has pasado, Martín. No es ya que pongas más o menos reparos, según tu costumbre. Es que vienes a decir que la edición es una estafa, como esas Vidas españolas que editó Taurus y que estaban firmadas por dos ilustres historiadores y escritas, mal escritas, por no sé quién, saqueando la Wikipedia. Ya sabes cómo se puso el prologuista y avalista, Javier Gomá. Te llamó de todo y hasta te quiso llevar a la cárcel, que no en vano dirige la fundación March y manda mucho.

---Esta vez es distinto. La edición es perfecta y trae como propina muchos facsímiles de documentos desconocidos.

---Acusas al editor de darnos, a sabiendas, gato por liebre. Un nuevo libro de Chaves Nogales, una obra maestra a la altura de A sangre y fuego, que no es más que un puñado de cuentos escritos por periodistas menores de la época. Como quiebre la editorial y queden varias familias en la calle, vas a llevar toda la vida ese cargo sobre tu conciencia.

Con razón está irritado mi amigo: como yo mismo, ha publicado en Renacimiento. Abelardo seguía dando la callada por respuesta. Pero hoy por fin me ha llamado. Y qué alivio. Se ha reído mucho con mis objeciones, dice que no doy pie con bola, está preparando una contundente respuesta.

---Afirmas que el que yo señale como prueba irrefutable para atribuir a Chaves un artículo en el que aparezca la palabra “fusilable”, que solo él emplea, es una tontería, que yo mismo indico que solo el veinte por ciento de la prensa de la época está digitalizada y por ello no podemos saber si se utiliza por otros o no. Pero yo, que me he pasado miles y miles de horas en las hemerotecas, sí puedo decirlo, y además la prensa publicada durante la guerra civil está toda digitalizada. De ese tenor son tus reparos. Me he reído mucho con ellos.

No le comento que Miguel d’Ors me ha enviado un fragmento del diario de su padre, Álvaro d’Ors, escrito en abril del 39, en el que, tras el relato de cómo evitó que unos prisioneros republicanos fueran linchados, se lee lo siguiente: “Las mujeres están por ello rabiosas contra mí y ya hay quien públicamente ha manifestado que soy fusilable”.

¿Cómo va a ser marca inequívoca de la autoría de Chaves Nogales una palabra que, en aquellos tiempos, tan dados a fusilar a troche y moche, era de uso común? Pero sospecho que, cuando lo conozca, tampoco este argumento le va hacer cambiar de opinión. Los creyentes son así. Y como los periodistas culturales, y los críticos de los suplementos, tienen por costumbre no leer los libros de los que informan-, pues el negocio está asegurado. Guerra total será otra Península de las casas vacías, con la ventaja de tener menos páginas, y la editorial no quebrará y ninguna familia quedará en la calle.

Respiro aliviado y quedo a la espera de que, dentro de una semana, de un mes o de un año, Abelardo me envía sus argumentos contra los míos, que, lamento, decirlo, no tienen vuelta de hoja: se limitan a constatar que una sospecha, por muy verosímil que resulte, solo se convierte en un hecho probado cuando se prueba. 

Martes, 19 de mayo
QUIÉN FUERA HONGO

Al final de la charla de Jorge Riechmann en la cátedra Ángel González, una de las asistentes, la única de mi edad, los demás eran bastante más jóvenes, protestó: “¡No ha hablado ni tres minutos de poesía!”.

Tenía razón, pero uno no va a una conferencia de Riechmann para oírle hablar de poesía, sino de la inminencia del apocalipsis. Hacía treinta años que no le escuchaba. Entonces ya estábamos ante la inminencia del colapso, a un paso del abismo. Ahora parece que hemos dado muchos pasos hacia adelante, pero el abismo, como el horizonte, ha dado otros tantos hacia atrás.

 Al final, susurró entre largos silencios unos poemas todavía inéditos del Segundo libro de los gorriones (el primero es el de Bécquer). Creo que solo me aburrí yo y la señora que le reprochó que hablara poco de poesía o que no se esforzara “en elevar la voz para que le escuchemos”. Durante el coloquio, uno de los atentos asistentes preguntó: “¿Sigue pensando que los hongos son un modelo para la humanidad?”.

El teórico de la inminente catástrofe global lo seguía pensando. “¿Les ha dedicado algún poema?”. Se lo había dedicado, pero no recordaba el título. Yo salí pensando en lo raro que es el mundo y lleno de curiosidad por los versos que Riechman les podría haber dedicado a los hongos.

Nada más llegar a casa se lo pregunté a mi asistente virtual y este, al momento, me mostró un vídeo de YouTube en que el poeta lee unos versos del libro En el fondo del valle, ha muerto Jorge Riechmann (que no es él, sino un tío suyo que se llamaba como él): “La buena sociedad de raíces, hifas, bacterias, / micelio, micorrizas por debajo del suelo / del bosque antiguo. Una forma de estar juntos / menos cruel y más digna que la nuestra”.

Si tuviera que escoger entre el Riechmann profeta del apocalipsis y el Riechmann poeta, me encontraría en un aprieto. Son tal para cual.

Jueves, 21 de mayo
QUÉ NO LEER

Al buen lector, le basta una hojeada para saber qué libros no merece la pena leer. Me llama la atención, en la mesa de novedades, Elogio del error, de Pino Aprile, un periodista italiano que nació el mismo año que yo, 1950.

El tema no deja de ser interesante: a veces es mejor equivocarse que acertar. Pero lo abro al azar y me encuentro con el siguiente párrafo: “Dos investigadores israelíes, Amotz y Avishag Zahavi, observan (El principio del hándicap) que cuando la gacela, amenazada por el lobo, en vez de huir se aproxima a la fiera, brinca y se entretiene, no está cometiendo el error de su vida, sino informando al agresor de que posee tanta energía y es tan veloz que puede permitirse una desventaja inicial (el hándicap) sin por ello arriesgar nada. Llegado este punto, el lobo, si no es tonto, no desperdicia tiempo ni esfuerzo y va en busca de otra gacela”.

Sigo picoteando acá y allá y me encuentro con otra perla: “Hoy los periódicos salen cojos y obsoletos, porque las noticias están inmediatamente disponibles para todos en la web. Gratis”.

¡Pobre! --me digo--. Está tan viejecito que ni siquiera se ha enterado de las suscripciones de pago”. Y a continuación, la puntilla: “En cuanto alguien se tuerce el tobillo en la ducha en el Tíbet y lo anuncia en redes sociales, se entera todo el mundo. Y así nos es posible saberlo todo sobre todos, en cuanto se difunde”.

Lástima grande que no sea verdad tanta belleza: yo presento un libro el próximo jueves, lo anuncio en las redes sociales y si se enteran cincuenta personas (y asisten media docena) puedo darme por contento.

¡Cuánta inteligencia natural, como la de este buen Pino Aprile, parece inferior al modelo más primitivo de inteligencia artificial! 

Viernes, 22 de mayo
DELENDA EST

----¿No vas a hablar de Zapatero? Más de una vez te he visto defenderle, pero ahora parece que te ha comido la lengua el gato.

            ---No, no voy a hablar. El minucioso auto del juez tiene todo el aire de una anticipada condena. Por fin, la segunda pieza más codiciada por la derecha (la primera ya sabemos cuál es) ha caído en la trampa. Una trampa muy laboriosamente preparada a base de verdades que no son delitos (pero que procura que lo parezcan) y de delitos que, o no son verdad, o no son atribuibles al expresidente. Ahora, para remachar la condena, solo falta que aparezca el arrepentido, ya llevan tiempo tentándole, a pasearse como un héroe por los platós de televisión y a disfrutar luego del dinero que él sí tiene en paraísos sociales. Diga lo que diga ante el juez, presente las pruebas que presente, Zapatero ya está condenado. Ha cometido el pero de los delitos que un hombre puede cometer: tener tratos con Venezuela y hacer campaña a favor de Pedro Sánchez. 

viernes, 15 de mayo de 2026

La rueda de la fortuna: El tiempo y yo

 

Martes, 12 de mayo
LOS MISTERIOS DEL MUSEO
 

Durante mi charla con el pintor Federico Granell, tan literario, tan cercano a mi manera de mirar el mundo, me preguntan por los cuadros del museo que prefiero, los que me llevaría a casa.

            ---A casa no me llevaría ninguno, está bien donde están, bien cuidados en este mágico lugar que es también mi casa. Mis preferencias no suelen coincidir con las habituales. Siempre que paso por aquí, y lo hago muchas tardes, me detengo ante “Palco del Teatro Real”, de Gamallo Fierro, que en sus cinco figuras (tres mujeres, dos hombres, uno apenas visible) cuenta una novela galdosiana a la que yo voy añadiendo sucesivos capítulos. También ante Fernando VII y María Cristina ataviados como elegantes burgueses, no con la parafernalia de la realeza. Él lleva en la mano el sombrero de copa, en un gesto que me recuerda, no sé por qué, al de algún prestidigitador; ella, luce un aparatoso sombrero que la hace igualarse en altura con su marido. De la cintura de él, cuelga una llave de oro que no sabemos qué cerradura abrirá; en la muñeca de ella, un brazalete con la imagen de un dios barbudo. Fernando VII tiene aspecto bonachón y la expresión feliz de un enamorado; María Cristina parece dulce y encantadora, madre reciente ajena a las turbulencias de la política. El autor, Luis de la Cruz, se mostró tan adulador como podría esperarse de un pintor de cámara; nada que ver con la mirada cruel de Goya en su “La familia de Carlos IV”, aunque sí quizá con Antonio López y su “La familia de Juan Carlos I”.

            El cuadro se pintó en 1832. Faltaba un año para que el rey, ya muy avejentado y deteriorado, muriera. Ya se estaban afilando las armas de la guerra carlista. María Cristina no tenía nada de frágil figura de porcelana. Su matrimonio con el tío Fernando, veinte años mayor que ella, fue solo el primero de sus lucrativos negocios.

Pero la novela del cuadro no está solo en lo que representa, sino en lo que se lee en la cartela: “Junta de Incautación y Recuperación. Titularidad Estatal”. Al final de la charla, le pregunto a la directora del museo por su procedencia. No tiene información al respecto. Yo menciono las incautaciones franquistas tras la guerra, ella prefiere pensar en las republicanas. “Eran para proteger los cuadros, que luego se devolvieron”, le replico. “No siempre, no siempre. De ese cuadro nos piden mucho autorización para reproducirlo en estudios sobre la moda; es el único en que aparecen los reyes en traje de calle”.

            Gracias a la magia que hoy llevamos todos en el bolsillo, yo no tardo en comenzar a resolver el misterio. Mientras, a la salida, Federico Granell y yo tomamos unas cervezas en un bar próximo a la catedral con el organizador, Martín Caicoya, el escultor Fernando Alba y el pintor Bernardo Sanjurjo, dos o tres descorteses consultas al teléfono me aclaran algo el enigma y me añaden otro.

            El cuadro fue un regalo del rey a su mujer cuando esta cumplió veintiséis años. Seguramente presentía ya su muerte y quería que ella conservara para siempre la imagen de la feliz pareja. Pero nada le hacía menos gracias a María Cristina, ya enamorada o a punto de enamorarse de un guapo guardia de corps, Agustín Muñoz, que tener a la vista, y a mayor tamaño que el natural, a aquel narizotas que tan malos ratos le había hecho pasar hasta que pudo cumplir, y por partida doble, su función de darle descendencia. Como era propiedad personal suya, no lo dejó en palacio cuando tuvo que abandonar la regencia, se lo llevó con ella: siempre le podría sacar algún dinero.

            Se lo vendió a un banquero judío, el fundador de la dinastía de los Bauer, representante de la casa Rothschild, con quienes tan buenos negocios haría. Estuvo en su palacio de la calle de San Bernardo, hoy sede de la Escuela de Canto, donde lo incautó el gobierno republicano para protegerlo, junto con otras muchas obras de arte, de los destrozos de los bombardeos y de los milicianos que allí tuvieron su cuartel. Al final de la guerra, pasó al Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico, junto con la mayoría de lo incautado.

            ¿Por qué no se devolvió a sus legítimos propietarios? ¿Porque eran judíos y Franco estaba obsesionado con la conspiración judeomasónica? Es posible. ¿Por qué no se devuelve ahora, tantos años después, a sus propietarios, los herederos de la familia Bauer? Ese el nuevo enigma que queda por resolver.

Miércoles, 13 de mayo
ARREGLAR CUENTAS
 

Soy más vanidoso que orgulloso, aunque no quede bien decirlo. No me molesta nada pedir disculpas o pedir perdón a quien he ofendido o se siente ofendido por mí. No me siento rebajado por ello, todo lo contrario. Y si luego no aceptan mis disculpas, como ocurrió con Jon Juaristi, o las aceptan a regañadientes, como en el caso de Miguel d’Ors, pues me encojo de hombros. Yo nada más puedo hacer, sobre todo si se trata de ofensas imaginarias.

            Y si es así, ¿por qué no le pido perdón a José Luis Piquero que se enfadó una vez porque al parecer le interrumpía al hablar y no ha querido volver desde entonces a nuestra tertulia virtual de los miércoles? Eso me reprochan, una semana sí y otra también, los contertulios habituales. Harto de escuchar sus reproches, les digo que de mañana no pasa, que le pediré perdón a ver si se le pasa su infantil perreta (esto no pienso decírselo, claro).

            La verdad es que a Piquero siempre le he admirado como poeta (con los reparos correspondientes cuando se pasa con la carne cruda) y le estoy muy agradecido porque siempre ha salido en mi defensa si algunos resentidos trataban de lincharme en las redes sociales, pero me temo que se ha ido convirtiendo en un irritable cascarrabias. Qué se le va a hacer. Eso nos pasa a todos. Seguro que yo también seré igual cuando tenga su edad. O quizá ya lo soy y no me he dado cuenta.

Jueves, 14 de mayo
AL MARGEN DE NIETZSCHE 

A los grandes hombres, resulta más fácil admirarlos que soportarlos.

Nada más atronador que ciertos silencios.

No seas como esos malos actores que siempre representan el mismo personaje. Tómate de vez en cuando vacaciones de ti mismo.

Incluso después de muerto, niégate a morir.

Un buen amigo puede ser una rémora, un buen enemigo nos ayuda a llegar más lejos.

A veces, cuando un amigo deja de serlo, qué peso nos quitamos de encima.

Deja siempre, en tu jardín y en tu mente, un rincón sin domesticar.

Lo más natural en el ser humano es el artificio.

Enseña a tu memoria a olvidar.

No rompas una amistad incómoda, si resulta estimulante.

Sé invisible para la mayoría y visible solo para aquellos que te importan.

Viernes, 15 de mayo
NORMAL
 

“El tiempo, gran escultor”, afirmaba Marguerite Yourcenar. A mí me gusta comprobar cómo me va convirtiendo en otro sin dejar de ser el mismo.

Me pasé media vida en las bibliotecas y ahora solo me interesan como fondo para las fotografías.

Pasé media vida enamorándome de mala manera y ahora, vacunado y bien vacunado, me divierte ver cómo actúa en otros ese virus tan maligno como novelero.

Estuve obsesionado, no con el éxito literario, que siempre me ha preocupado poco, sino con la posteridad, con dejar una obra perdurable, y ahora me burlo de esa pretensión, aunque me temo que no ha desaparecido del todo.

Me gustan los elogios (siempre me han gustado, aunque antes no lo decía), pero puedo pasar perfectamente sin ellos. Estoy acostumbrado a que los admiradores y amigos tengan fecha de caducidad. Se van unos, llegan otros y así será, esperemos que por muchos años, hasta que nos vayamos todos al garete.

            El tiempo, gran escultor, nos va haciendo mejores, aunque a veces los golpes del cincel duelan un poco. O al menos me va haciendo mejor a mí, no sé a otros. Si yo viviera cien años, dejaría de ser un rutinario robot y acabaría convertido casi en una persona normal.


viernes, 8 de mayo de 2026

La rueda de la fortuna: Dime de qué presumes

 

Sábado, 2 de mayo
LA HORRENDA POLÍTICA
 

A partir de cierta edad, a uno le aburren las novelas, sobre todo si son grandes novelas, de esas que vuelven del revés la manera de contar y descienden a no sé qué ignotos abismos de la condición humana. Conozco formas más agradables de perder el tiempo.

            Ayer, aunque era día festivo, estaba abierta la librería de viejo que tengo al lado de casa y el primer libro que me salió al paso fue uno de Luis Antón del Olmet con un título poco atractivo, Los idóneos, y un sugerente antetítulo: “La horrenda política”. Lo comencé a leer en una cafetería cercana y no he podido dejar de leerlo.

            Luis Antón del Olmet es un viejo conocido. Me topé con él en las páginas de La novela de un literato, de Cansinos Assens, y luego, cuando se puso de moda la bohemia, allá por los últimos años del siglo pasado, fue una presencia casi tan habitual como la de Pedro Luis de Gálvez y Buscarini en las páginas de Juan Manuel de Prada y otros deslumbrados por la golfería finisecular.

            Así nos lo presenta Cansinos: “Luis Antón del Olmet, el batallador periodista, ex corresponsal de guerra en Marruecos, autor de novelas estimables y hombre de garra, pícaro de una categoría superior, funda El Parlamentario, periódico subvencionado por los aliados, de cuya redacción (en la Carrera de San Jerónimo) forman parte Vidal y Planas, Pedro Luis de Gálvez y otros hampones de menos categoría”.

            Los idóneos se fue publicando capítulo a capítulo, y en los primeros meses de 1917, en las páginas de El Parlamentario. Es un acto de venganza contra los políticos, Dato y Sánchez-Guerra, a cuyo servicio había estado en los cuatro años anteriores. El subtítulo es el mismo que podrían llevar las memorias de Jorge Verstrynge: “Recuerdos de un exsecretario político. Intimidades del partido llamado conservador”. Pero están escritas con más garbo y más brío.

No esconde las interesadas razones que le llevaron a abandonar el partido de Antonio Maura y unirse a los disidentes, llamados “idóneos”, que aceptaron formar gobierno en 1913. Como las prebendas prometidas no se hicieron realidad, decidió abandonarlos. Nada nuevo. Pero no importa lo que Antón del Olmet dice de sí mismo, sino las costumbres políticas que refleja. Y no solo políticas. Qué espléndido retrato de la España de entonces sin necesidad de recurrir a los espejos valleinclanescos del callejón del Gato.

            Al final, ajustando cuentas con Dato, escribe: “Don Eduardo, usted tiene más de sesenta años. Ha conocido usted una España colonial, caciquil, neutra, moribunda, donde pudo usted llegar a jefe de Gobierno, pisando con la punta de sus zapatillas bordadas. Yo tengo treinta y uno. Y conoceré –no lo dude-- una España más vigorosa, más inteligente, más europea y más española, donde yo ocuparé un modesto lugar de escritor feliz”.

            No acertó mucho en sus profecías. A Eduardo Dato lo asesinaron en 1921, a él le pegó un tiro a quemarropa su amigo y protegido Alfonso Vidal y Planas en 1923.

            Qué historia la de asesinato. Dicen que la razón fue que Antón del Olmet quería seguir teniendo trato carnal con Elena Manzanares, la prostituta que le había presentado a su amigo Alfonso y de la que este se había enamorado. Es posible. Al homicida, le condenaron a doce años de cárcel. En el momento de la sentencia, allí estaba Cansinos, el más fiel testigo del envés de la Edad de Plata: “Elenita solloza. Vidal y Planas se yergue casi ufano. Irá a presidio como Dostoievski y Oscar Wilde. Y sus libros triplicarán la tirada”.

            A Vidal y Planas, el hampón homicida, muchos años después, se lo encontraría Francisco Ayala en su exilio americano reconvertido en profesor de filosofía.

Martes, 5 de mayo
GANO YO

Salgo a la terraza y contemplo la noche estrellada. A la memoria me vienen unos versos que escuché cantar hace tiempo en Alcañices, camino de Portugal: “Qué grande es el universo / y qué pequeñito yo. / Pero él no sabe que existe; / en eso, le gano yo”.

Miércoles, 6 de mayo
LA QUE SE AVECINA
 

En la tertulia virtual de los miércoles, aparece mi hipocondríaco favorito, el gran Enrique Bueres, con la cara cubierta con una inmensa mascarilla que apenas si le dejar ver los ojos.

            ---Prepárate, Martín, que se avecina otra buena. Ya están los epidemiólogos tranquilizándonos en las televisiones como al comienzo de la Covid.

            ---Espero que los políticos esta vez no pierdan la cabeza y que no nos apliquen por decreto ley remedios peores que la enfermedad.

            ---¡Ojalá encuentren pronto una vacuna!

            ---No te preocupes que ya los avispados ejecutivos de la Pfizer y otras farmacéuticas están en ello. Eso sí que es un negocio y no los pocos milloncetes del justiciero Aldama.

Jueves, 7 de mayo
PEOR ME LO PONES

---Y del juicio contra Ábalos, ¿no vas a decir nada, Martín? Supongo que esconderás la cabeza bajo el ala, como haces siempre que los corruptos son de los tuyos.

            ---Acabo de leer la información de la última jornada del juicio y la verdad es que me ha deprimido bastante. Yo, como todo el mundo, tenía la peor opinión de Ábalos y Koldo, ese tándem de torpes marionetas que un listillo movía a su antojo. Tras escuchar a unos y otros, cambio de opinión. Aldama ha jugado bien sus cartas: se queda con los millones de euros y, muy probablemente, se libre de la cárcel. Moralmente está por debajo de Koldo y de Ábalos, pero muy por encima de su pareja en esta parodia de la justicia.

            ---¡Cuidado con lo que dices!

            ---Tienes razón. No diré más. Solo, si me permites, y espero que esto no moleste a nadie, repetiré los delitos probados de Ábalos por los que se le piden veinticuatro años de cárcel (y no la prisión perpetua revisable, como querría alguno). En primer lugar, ayudó a dos “señoritas” a encontrar trabajo. Si esos trabajos fueron irregulares, no se ajustaron a las normas establecidas, me parece a mí que la falta o delito sería de quien firmó los contratos. Segundo delito, alguien con mucho dinero, para congraciarse con él y seguir haciendo dinero fácil, compró un chalet y se lo alquiló durante el verano. Como no consiguió el favor que pretendía, le echó por no pagar a tiempo el alquiler. Otro empresario le puso piso a una de las dos “señoritas” a las que ayudó a buscar trabajo, amante del ministro durante un tiempo. Y el bueno del fiscal, ante tan graves delitos, pone gesto de indignado Catón y exclama: “La corrupción política está carcomiendo nuestro sistema democrático y solo una reacción contundente contra ella puede frenarlo”. ¿Y no tiene cerca, bien cerca, otras figuras con las que ejemplarizar? No te preocupes, no voy a mencionar a cierto exjefe del Estado que sigue viviendo a cuerpo de rey sin ingresos conocidos (ni siquiera cobra pensión). Bien cerca del fiscal, colaborando mano a mano, tiene a quien defraudó a Hacienda y se llevó comisiones millonarias en la compra de mascarillas. Pero a ese se le saca de la cárcel y se hace todo lo posible para que no vuelva a entrar. ¡Ha prestado un gran servicio a España! ¡Hasta ha señalado a Pedro Sánchez como número uno en esta trama criminal de enchufes en la administración pública (y no uno, sino dos) y de mimos a un ministro, que es un desastre en su vida privada, en forma de alquileres!

            ---No te pases, Martin, que el fiscal censuró la alusión a Sánchez.

            ---Sí, a toro pasado. Dejó hablar y hablar para que todos los medios reprodujeran una y otra vez las palabras de Aldama y solo al día siguiente dijo lo que dijo y no tenía más remedio que decir, ya que se trataba de un juicio y no de una de esas sesiones de investigación del Senado en las que toda acusación sin pruebas tiene su asiento.

            ---No sé yo si es función del fiscal cortar una declaración que se extralimita y se dedica, no a hablar de los hechos que se están juzgando, sino a calumniar a una persona que no forma parte del proceso. Yo creo que eso es cosa más bien del presidente del tribunal.

            ---Peor me lo pones.

Viernes, 8 de mayo
DE QUÉ PRESUMO

“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, afirma la sabiduría popular y yo al parecer me paso la vida, según me reprochan amigos y enemigos, presumiendo de ser más inteligente que nadie.

Bueno, de ilusión también se vive.



 

sábado, 2 de mayo de 2026

La rueda de la fortuna: El tiempo de nuestra dicha

  

Domingo, 26 de abril
EL RINCÓN DE LAS AVES 

El Rincón de las Aves, en Santianes de Pravia, que mucho tiene de sucursal del paraíso, esconde un secreto. “Et in Arcadia, ego”, podría leerse a su entrada.

Lo fundaron Ceferino y Carmen, allá por 1969, y fue creciendo alrededor de su casa. Comenzaron con tres parejas de aves y ahora alberga más de cien especies distintas. A mí me fascina el faisán dorado, que vino de China en traje de gala y nos mira como un emperador en el destierro; también el ibis, al que veneraron los egipcios y con el que se identificaba Pessoa, y las garzas reales y el guacamayo aliazul y la cacatúa galerita y la lechuza de Minerva y las alborotadoras cotorras. Pero sobre todo me atrae el jardín, al cuidado de Carmen, un prodigioso compendio de la variedad y belleza del mundo. “Muchas de estas plantas han venido de Portugal –me dice--. La última que he traído es la rosa Abracadabra. Se llama así porque, en la misma planta, cada rosa es de distinto color y en una misma pueden aparecer diferentes tonos”.

            Tanta belleza, tan amorosamente cultivada por esta pareja de artistas enamorados, esconde un secreto. Ceferino me invita a entrar en su casa y me enseña dos textos que tiene enmarcados, dos artículos que les dedicaron. Por ellos me entero de que su único hijo murió cuando tenía cuarenta años. “Et in Arcadia, ego”, también la muerte está en la Arcadia.

Este jardín es en realidad un monumento funerario, uno de los más hermosos del mundo, nada tiene que envidiar al Taj Mahal. Y con cada primavera, cuando todo renace, a sus custodios le ha de venir a la mente el verso de Antonio Machado: “Eres tú quien florece y resucita”.

Lunes, 27 de abril
EN EL ATENEO

La presentación de Duelo al sol, mi libro de conversaciones con Abelardo Linares, no es más que un pretexto para escenificar uno de mis espectáculos favoritos, que tiene tanto que ver con el toreo como con el boxeo. Yo, por supuesto, soy el ágil torero que con un quiebro deja pasar muy cerca, pero sin que le roce, la furia del toro, o Al Brown, el boxeador bailarín que fascinaba a Cocteau y al que Eduardo Arroyo dedicó un libro.

            Hacía de árbitro Marta Reyero, tan seria, tan televisiva, que se había leído atentamente el libro y preparado muy pertinentes preguntas. Pero fue empezar el combate y nos olvidamos de ella. Abelardo comenzaba alguna de sus habituales peroratas sobre Chaves Nogales, el periodismo de ayer o los poetas de hoy, y yo, en cuanto notaba que el público empezaba a bostezar, le interrumpía con una breve observación que derribaba todo el dialéctico castillo de naipes que él iba construyendo.

            Bueno, al menos esa es mi opinión, aunque supongo que mi contrincante vería las cosas de otra manera. “En cuanto te acorralan, en cuanto te quedas sin argumentos, te sales por la tangente y tratas de cambiar de tema”, me ha repetido más de una vez. Y está bien que se crea que tiene algo que hacer en un debate conmigo, porque en caso contrario, me dejaría por imposible y se acabó la fiesta.

            “Tienes demasiada buena opinión de ti mismo, no hay tema del que no creas saber más que nadie”, me reprochan los pocos amigos que todavía me soportan. Y quizá no estén muy equivocados. Pero cada uno es como es y yo podré ser insoportable en privado, pero en público procuro ser divertido y callar a tiempo.

            No tengo mucha relación con el Ateneo de Madrid, con el actual quiero decir; que del verdadero, el de Galdós, Pardo Bazán o Azaña, me sé su historia al dedillo, como si yo hubiera sido uno de los habituales de la cacharrería, aunque no sé si yo sería capaz de escuchar a Valle-Inclán o a Unamuno sin interrumpirles.

Esta es la segunda vez que intervengo en el Ateneo. La otra fue hace bastantes años, en 1982, en unas jornadas sobre poesía en las que también participaba Víctor Botas. Mi intervención se titulaba “La guerra de las antologías” y hablaba del debate en torno a Nueve novísimos y también de Las voces y los ecos y de otra antología, entonces recién aparecida, Florilegium. Lo recordaba mientras debatía con Abelardo. Me conozco tan bien sus argumentos, los he escuchado tantas veces, que no necesitaba poner mucha atención a lo que decía. Como un actor que ha ensayado su obra lo suficiente y la ha representado en muchos escenarios, sabia colocar mi interrupción en el momento justo.

            Al final, se me acercó una señora que había seguido atentamente, y riendo más de una vez, nuestro rifirrafe.

            ---Hola, soy Elena de Jongh, hace años publiqué una antología que quizá conozca.

            ---¿Elena de Jongh Rossell?

            ---Elena de Jongh, sí. Ya no me llamo Rossell.

            ---Qué curioso, porque mientras hablábamos he estado pensando en Florilegium una antología que comenté precisamente aquí y que comenté con dureza. Cuando yo preparaba Las voces y los ecos, Vicente Presa me habló de que una joven norteamericana preparaba otra antología para una editorial importante y me ofreció incluirme en ella, él decía que era asesor, a cambio de que yo le incluyera en la mía.

            ---Yo le pedí opinión a mucha gente. Entonces era muy joven e inexperta.

            ---La verdad es que yo he criticado mucho Florilegium, me temo que fui un poco cruel, según mi costumbre.

            ---Pero yo ya estaba de vuelta en Estados Unidos y como entonces no había Internet, ni me enteré.

Martes, 28 de abril
EN LA RESIDENCIA

Me alojo en la Residencia de Estudiantes, toda llena de fotos de Lorca que anunciaban una exposición sobre su archivo, en una de las habitaciones que según la leyenda ocupó el poeta. Pero no fue con el fantasma de Lorca con el que tuve que convivir. Hace exactamente un año, el Instituto Cervantes conmemoró el centenario de Ángel González y yo participé acompañado de Xuan Bello. Después del homenaje, un día lluvioso y desapacible, él se fue de juerga con Ignacio Elguero y otros participantes. Yo, más hedonista, me retiré a dormir.

A la mañana siguiente, habíamos quedado en vernos a las diez; él se levantó bastante más tarde y no pudo acompañarme a saludar a Bruno, el hijo de López-Vega, porque tenía que escribir su artículo dominical para el periódico, que siempre enviaba a última hora. Yo ya había enviado el mío y me puse una vez más, en plan Pepito Grillo, como ejemplo de previsión.  

Estas minucias recordé durante la noche y también el viaje de vuelta. En la cafetería del tren nos encontramos con varios maestros de asturiano que venían de una reunión sindical. En seguida, la aséptica cafetería se convirtió en el rincón de un chigre y el castellano fue sustituido por el chisporroteo del asturiano, esa lengua que según mis amigos ovetenses no se habla en ninguna parte.

            No se me apareció el fantasma de Lorca, tan presente en la Residencia, sino el de Xuan, pero no era un fantasma que daba miedo, sino todo lo contrario. Recordé el viaje madrileño y tantos otros: Nueva York, Lisboa, Roma, Perugia, Buenos Aires, París, casi siempre acompañados de otros contertulios.

La verdad es que podría escribir un libro divertido que se titulara Con Xuan Bello por esos mundos. A él le gustaría que le recordase, como le recuerdo, con una sonrisa. Tengo la impresión de que no ha abandonado la tertulia, aunque ahora pase por ella con menos frecuencia. 

Miércoles, 29 de abril
ARCHIVOS LORCA

¿Una nueva exposición sobre Lorca? ¿Qué me puede contar que yo no sepa?, me pregunto cuando entro, sin demasiada curiosidad, en el Pabellón Transatlántico de la Residencia a ver “Lorca y el archivo”. Pero me cuenta muchas cosas que no sé, la historia de cada uno de los documentos del archivo, cómo se salvó, cómo ha llegado hasta nosotros. Me cuenta que a Rafael Martínez Nadal, editor de tantos inéditos de Lorca, no se los entregó el poeta, poco antes de marchar a Granada, para que se los custodiara, sino que se apropió de ellos entrando, tras su muerte, en el piso madrileño de Lorca y arramblando con todos los papeles que le parecieron de algún interés. En la puerta, la Brigada de Investigación había colocado un cartel: “En esta casa vivía el poeta Federico García Lorca. Milicianos, respetarla”.

Jueves, 30 de abril
HABLO POR MÍ

“La vejez (tal es el nombre que otros le dan) / puede ser el tiempo de nuestra dicha. / El animal ha muerto o casi ha muerto./ Quedan el hombre y su alma”.

            En mi caso, me temo que sigo siendo bastante más animal y bastante menos racional de lo que me gustaría, pero lo cierto es que no cambiaría esta etapa de mi vida por ninguna otra. Los setenta tienen mala fama, pero no están menos llenos de asombro que la infancia ni de amor que la juventud o jumentud.

Hablo por mí, que cada uno tiene su historia. Y hablo de lo vivido hasta el día de hoy, que del mañana no hay certeza y al Azar, que es el nombre verdadero de la divinidad, le gustan los bruscos cambios de guion.



 

viernes, 24 de abril de 2026

La rueda de la fortuna: Años, libros, vida

 

Domingo, 19 de abril
UN CUESTIONARIO
 

 ¿Podría darnos unas pinceladas que fueran definitorias sobre su personalidad?

Racionalidad, fidelidad, terquedad.

¿Hubo alguna circunstancia que le hiciera ponerse a escribir?

No, escribir es tan natural en mí como respirar y casi tan natural como leer.

 ¿Ha habido escritores que hayan tenido una importancia decisiva en su manera de entender la poesía? ¿Quién o quiénes?

Antonio Machado. Fernando Pessoa.

¿La vida, en su caso, continúa al margen de la poesía?

La poesía es parte de la vida, parte importante, pero no toda la vida (ni siquiera es toda la literatura).

 ¿Cómo cree que se debe ejercer la crítica literaria?

Como cualquier otro oficio, con conocimiento de causa.

 ¿Cree que la poesía tiene alguna utilidad en la sociedad actual?

Más o menos la que ha tenido siempre, aunque cambien las formas de escribirse y de difundirse la poesía.

Si desaparecieran los libros y tuviera que elegir un poema para memorizar y transmitir ¿cuál sería?

Ya me sé muchos poemas de memoria. La literatura ya existió sin libros y ahora la poesía se difunde muy bien sin ellos en las redes sociales.

Una ciudad para vivir

Oviedo. O, en su defecto, cualquier otra en la que no falten cafés en los que leer o escribir, librerías, amigos con los que conversar.

Qué lugar ocupa el amor en su vida y en su poesía.

             El amor, en sentido amplio, un lugar principal; en el otro sentido, un lugar cada vez menor.

Un libro que ama

Las Poesías completas de Antonio Machado en la edición de Austral que compré allá por 1964.

Un libro icónico que deteste

Me gusta burlarme del Ulises de Joyce, que ni he leído ni pienso leer.

            ¿Qué quería ser de niño?

Emperador o papa.

¿Qué es lo que más admira en un ser humano?

La bondad y la inteligencia. Por este orden.

¿De la poesía se puede salir?

Se puede salir, aunque a algunos dejarla les puede costar tanto como dejar de fumar. Lo más frecuente es que sea ella quien nos pone de patitas en la calle.

¿Cómo le gustaría que le recordaran?

Con una sonrisa.

Lunes, 20 de abril
            UN COLOQUIO

En la capilla del palacio de Revillagigedo, frente al antiguo puerto pesquero y muy cerca del chigre en que comienza La alegría del capitán Ribot, participo en un coloquio sobre la poesía y el mar. En las paredes, cuadros de Guillermo Simón acompañados de algunos versos. Xuan Bello firma “Poema del cantábrico”, que dice así: “El mar del norte me llama, / su voz es bruma y distancia, / yo soy de tierra adentro, / pero sueño con sus alas”.

            ¿Escribió realmente Xuan Bello esos versos? También a veces dormitaba Homero, pero yo creo que Xuan nunca dormitaría tanto. Le pregunto al pintor que de dónde los ha sacado.

            ---De una página de Internet. No recuerdo ahora de cuál.

            Yo los pongo en el buscador y no encuentro ninguna referencia. Desde luego, basta leerlos para saber que no los escribí yo, que he puesto tantos versos apócrifos a circular por la red como trampa para incautos y eruditos como mi admirado Amorós.

Martes, 21 de abril
UNA PRESENTACIÓN

Paso fugazmente por Mieres para presentar Aire en el aire en la librería la Pilarica, en la que yo compraba libros cuando trabajaba allí hace ya medio siglo. Mieres se parece a esas personas que no dan buena impresión al principio, pero a las que se les coge cariño en cuanto se las trata un poco. Esta tarde me sorprende con un bloque de viviendas, frente al parque de la Mayacina, que me enamora a primera vista. Toda su fachada exterior se envuelve en ondulados paneles de policarbonato que se abren y cierran a voluntad. Es un cambiante muro que de noche parece llenarse de luciérnagas. Me gustaría vivir en él. 

Miércoles, 22 de abril
UNA COMIDA

¿Consecuencia de las hazañas bélicas de Trump y de la crisis energética que se avecina? No sé, pero este año la comida en el Palacio Real en honor del premio Cervantes, me parece que ha tenido menos lustre. Prescindieron de adornar la gran escalinata con la vistosa guardia real. Incluso estaba peor iluminada. Los invitados parecían subir por la escalera de servicio. Y como consecuencia faltó el espectáculo del desmontaje de la escalera con su ritual de pífanos y tambores, que a mí me gusta tanto.

Las breves palabras del rey fueron tan atinadas y precisas, como de costumbre, pero al aludir al último libro de Gonzalo Celorio, Ese montón de espejos rotos, afirmó que el título estaba tomado de unos versos de José Luis Borges: “Somos nuestra memoria, / somos ese quimérico museo de formas inconstantes, / ese montón de espejos rotos”. Y añadió que José Luis Borges murió en 1986, hace ahora cuarenta años.

Aunque no podía ver la cara de la reina, me imaginé su gesto de contrariedad (“Tenía que haberlo revisado yo, pero una no puede estar en todo”) y el rapapolvo que se iban a llevar los redactores del discurso por hacerle leer el rey aquel disparate propio de indocumentados.

 Tras la comida, me acerqué a charlar un rato con los poetas jóvenes. Dudé en hacerlo porque apenas si los había leído y lo que había leído me interesaba poco. Carmen María López, último premio Adonais, respondió secamente a mi saludo y entonces recordé que habíamos comentado en la última tertulia algunos poemas de su Oración de la lluvia y yo no lo había hecho con demasiado entusiasmo. ¿Se lo habrían contado? Hay cosas de las que un escritor siempre se entera.

“Te leo todos los lunes”, le dije luego a Luis García Montero, y él me respondió: “Y yo a ti. Siempre que hablas mal de mí me lo hacen llegar”, “¿Incluso ahora que no está Martín López-Vega?”, “Incluso ahora”. Pero él lleva mejor los reparos que Juan Manuel Bonet, que sigue lanzándome miradas poco amistosas cuando se cruza conmigo. ¡Con lo mucho que yo admiro su inmensa erudición!

Me habría gustado charlar con él del poema que leí el lunes en Gijón, un Tomás Morales muy Pelayo Ortega: “Esta noche, la lluvia, pertinaz ha caído, / desgranando en el muelle su crepitar eterno, / y el encharcado puerto se sumergió aterido / en la inmensa negrura de las noches de invierno”.

También me habría gustado charlar con Javier Cercas, que circulaba por allí con su curioso aspecto de covachuelista galdosiano, pero cada vez que he reseñado un libro suyo he subrayado, según mi estilo, los sofismas que se escondían tras la llamativa apariencia. Me temo que no me habría puesto buena cara si me acerco a saludarle, aunque lo más probable es que ni me haya leído. Coincidimos al salir y él me miró irónico, o eso me pareció, y me hizo un leve gesto de saludo. O sea, que quizá sí reconoció a su hacker habitual.

            Entre los poetas jóvenes estaba William González, el más joven de todos. A mí me interesó y emocionó su primer libro, Los nadies, pero los que luego fue publicando me interesaron cada vez menos. Acaba de aparecer Cara de crimen, premio Espasa (ese premio dedicado a la parapoesía), que cuenta historias de sicarios. “He conocido a muchos –me dice--, yo podía haber sido uno de ellos. En mi familia abundaban”. Miro con cierta sorna a este paisano de Rubén, tan jovencito y avispado. Me parece que practica demasiado la autoficción.

También andaba por allí Nicolas Mateos Frühbeck, que se ha doctorado con un estudio de las autobiografías de monjas y soldados en el Siglo de Oro, y cuyo libro Transil mezcla la poesía barroca con la ciencia ficción. Es un gran defensor de los premios literarios: “Solo gracias a ellos tiene hoy visibilidad la poesía”.

Ya no estaba allí Luis María Anson, pero quedaba otra de las columnas de la lengua castellana, Víctor de la Concha. Me acerqué a saludarle a la silla en que se sentaba y hablamos de su toisón de oro, que lucía con orgullo, y del amigo común, José Manuel Feito, compañero suyo de estudios en Valdediós. “¡Cuánto sabía y qué buena persona era! Le agradecí mucho que se acordara de mí en sus memorias, yo ahora voy a publicar las mías”. 

Jueves, 23 de abril
UNA CONFERENCIA

No solo cada hombre, como escribió Galdós y repite Trapiello al comienzo de sus diarios, sino también cada libro, "donde quiera que vaya, lleva consigo su novela".
Hablo hoy de Dolores Medio en el Instituto de Estudios Asturianos y muestro el ejemplar de Nosotros, los Rivero, dedicado a dos buenas amigas suyas, Urania y Amparito, en abril de 1953, que compré en el mercadillo del Fontán. Y qué sorpresa cuando al final se me acerca María Jesús Polledo, librera durante tantos años, y me dice que había conocido a esas dos mujeres: "Urania era maestra, como Dolores, y Amparito telefonista".

Dos mujeres trabajadoras en el Oviedo de los años cincuenta y una de ellas de familia republicana, como revela su hermoso nombre: Urania, la musa de la astronomía.

Dos amigas, y quizá algo más que amigas, como sugiere la dedicatoria conjunta.