sábado, 21 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: La verdad tiene dos caras

 

Domingo, 15 de febrero
PARECE MENTIRA

---Parece mentira que una persona como tú, Martín, defienda a Putin y a Maduro.

---En cualquier conflicto, si escuchamos solo a una de las partes, es raro que esa parte no sea la que tiene razón. “Rusia es culpable” se oye gritar a izquierda y a derecha, como en la España de los años cuarenta, aunque entonces solo se gritaba a derecha. Pero lo primero que se hizo, a comienzo del conflicto en Ucrania, fue cortarle cualquier canal de comunicación y llenar todos los nuestros con la propaganda oficial de uno de los contendientes. Yo, hasta que no reciba información veraz, no le doy la razón ni a los separatistas que quieren ser parte de Rusia ni a la Ucrania antirrusa que quiere se parte de la Unión Europea e integrarse en la OTAN. Y en cuanto a Maduro, no me parece que tratara con mayor dureza a la oposición política ilegal que Trump a los emigrantes ilegales y no por eso aplaudiría que un comando de las fuerzas armadas chinas, rusas o colombianas, si tuvieran la capacidad operativa suficiente, lo secuestraran en su dormitorio de la Casa Blanca. Y en cuanto a Putin, todavía sus atentados contra algún opositor, no reconocidos oficialmente, todavía no han ido nunca acompañados de un centenar de homicidios. Víctimas sin nombre, por cierto. Aparte de sus familias, ¿alguien se acuerda de los asesinatos –no sé si ese es el término legal-- causados por el ejército de Estados Unidos?

---¿No te referirás a los tripulantes de las narcolanchas? ¡Recibieron su merecido!

---Lo que no se puede negar es que Trump, en eso, es muy patriota: a fin de cuentas la ley de Lynch es una arraigada tradición norteamericana y a los gazatíes su lugarteniente Netanyahu no pretende darles otro trato que el que se dio a los nativos americanos.

Lunes, 16 de febrero
UN RECUERDO AGRADECIDO

En mi casa los libros entran todos los días y salen todas las semanas. Si el buen lector, según se dice, o se decía, relee más que lee, yo no soy un buen lector. Todos los días necesito libros nuevos, pero no me paso el día leyendo, ni mucho menos. Pocos leo completos, aunque lea más de una vez los que reseño. A la mayoría solo necesito unos pocos minutos para comprobar que no tienen ningún interés o que no lo tienen para mí o que no son lecturas para ese momento.

Cada semana llevo una bolsa de libros a la librería de viejo que tengo al lado de casa. No los vendo, por supuesto: sin ese alivio, hace tiempo que no podría entrar en casa. Pero rara es la vez que salgo de ella sin ningún libro. Hoy le ha tocado el turno a Barrio de Cimadevilla, de Luciano Castañón. Conozco el barrio, conocí al autor, comparte colección con Valente y Ángel González, con Gimferrer y Gil de Biedma, lo venden a dos euros.

Leo el libro mientras tomo el primer café de la mañana en Noor. Luciano Castañón, cuando yo comenzaba a publicar, allá por los años setenta, hacía crítica literaria en el mismo periódico gijonés en que yo la hago ahora. Comentó generosamente todo lo que yo publicaba.

Más que los versos de este su primer libro de versos, me interesa el personaje. En la solapa viene una fotografía suya y una sintética autobiografía en tercera persona: “Luciano Castañón nació en 1926 en Gijón. Alumno en escuelas gratuitas… y de pago. Luego el paréntesis de la guerra. Largo y triste bachillerato. Más tiempo aún, pero ameno, como oscilante futbolista profesional. Un tiempo sin trabajo. Enfermo prequirúrgico. Hoy, Graduado Social, padre de familia numerosa y funcionario de un organismo paraestatal. Viajes por toda España y alguna escapada al extranjero. Afortunado en algún concurso literario. En el molesto lastre de los inéditos, como él mismo dice, hay novelas, teatro, cuentos, poemas y abundante documentación para trabajos asturianistas”.

De muchos libros, me interesan más los paratextos que los propios textos. Barrio de Cimadevilla incluye anuncios de revistas y de editoriales que me retrotraen a los tiempos de mi iniciación literaria. Tomo el primer café con unas gotas de melancolía.

De Luciano Castañón, en Gijón queda su memoria, el recuerdo de un hombre bueno y laborioso, pero a su labor literaria se la ha llevado el viento, como se lleva tantas cosas. Cien años después de su nacimiento, cuando se van a cumplir cuarenta de su muerte, el azar ha querido que yo relea hoy su primer libro de poemas y le dedique un recuerdo agradecido. 

Martes, 17 de febrero
CRÍMENES POLÍTICOS

En materia de violencia política, uno está curado de espanto. De sobra sé que para los que se benefician de ella siempre tendrá una justificación, que la justicia universal es una quimera, que nadie le pondrá el cascabel al gato de genocidas.

Lo que nunca había leído hasta ahora es un elogio de los asesinos del general Prim. Lo encuentro en el libro que Pedro Vallina dedicó a Fermín Salvochea, uno de los santos laicos del anarquismo español. Escribió su biografía, que tiene mucho de autobiografía, en los años cincuenta, en el exilio mexicano, sin papeles, y eso le añade imprecisión y encanto.

Tras la revolución de 1868, Prim era el mayor obstáculo de la causa republicana. Pedro Vallina cuenta que Salvochea le refirió lo siguiente: “Fue Paúl y Angulo el ejecutor de Prim. Días antes estuve en una reunión en la que se trató de tan grave asunto. Fue de noche y en la redacción de El Combate. Se discutió acaloradamente acerca de la situación política del país, que en su mayoría se manifestaba partidario de la República. Uno de los reunidos señaló indignado que el general Prin se oponía a la voluntad popular a lo que Paúl y Angulo objetó: En efecto, Prim es el culpable, pero pronto tendrá su merecido”.

Desde que Antonio Pedrol Rius publicó, en 1960, poco después del libro de Vallina, Los asesinos del general Prim, no hay duda de la intervención de Paúl y Angulo. Fue el que dio la orden de disparar a los matones que le acompañaban y que dudaron un momento tras un primer trabucazo fallido. Reconoció su voz el general, la reconocieron sus ayudantes. Pero Paúl y Angulo se pasaría el resto de su vida, negando que tuviera nada que ver en ese asesinato, a pesar de que había afirmado más de una vez que mataría al general “como a un perro”. Pedro Vallina no se explica por qué Paúl y Angulo, “el caballero jerezano sin tacha ni miedo”, renegó “de la página más resonante de su personal historia”.

Antonio Pedrol Ríus aclara muy bien que, si Paúl y Angulo y su cuadrilla fueron los autores materiales del atentado, en su preparación y en su financiación intervino alguien más que los ilusos republicanos. Intrigaba contra Prim el general Serrano, pero fue el duque de Montpensier, aspirante al trono vacante, quien más dinero puso en el empeño. Por eso, el sumario se cerró bruscamente cuando su hija se casó con Alfonso XII y él pasó a ser el padre de la reina.

El bueno de Pedro Vallina, un santo laico como Salvochea, como tantos anarquistas, elogia un magnicidio que acabaría trayendo la República, sí, pero por poco tiempo, solo el necesario para acabar con los preparativos de la restauración borbónica. También elogia a “un bravo anarquista italiano, Miguel Angiolillo, que ajustició a tiros al tirano repugnante que llevó el nombre de Antonio Cánovas del Castillo.”

¿Está justificado acabar con “un tirano repugnante”? Parece que no solo Trump piensa eso: hasta el bueno de Obama ordenó la ejecución de Osama bin Laden. Lo que ocurre es que el tirano para unos es para otros un líder venerado. 

Jueves, 19 de febrero
AMIGOS DE IDA Y VUELTA

“¿Por qué tantos poetas que fueron amigos tuyos, pienso en Miguel d’Ors, en Andrés Trapiello, en Martín López-Vega, en José Luis Piquero, han dejado de serlo?”, me pregunta Jesús Beades en una larga entrevista para su canal de YouTube.

            ---Bueno, salvo el último, todos ellos han dejado y han vuelto a serlo, algunos de ellos varias veces, como Trapiello. Recuerdo una presentación en la librería Alberti. Estuvo casi una hora arremetiendo contra mí sin dejarme decir una palabra. Todos sus rencores de muchos años salieron a la luz. Pero yo no tuve inconveniente en elogiar como se merecía un libro de poemas que publicó poco después y eso bastó para que me perdonara los reparos que había hecho a su versión actualizada del Quijote. Yo no me enfado con nadie, pero todo el mundo acaba enfadándose conmigo. Tengo el don de meter el dedo en la llaga y de pisar callo. Eso va en mi naturaleza. Yo soy tan vanidoso como el que más, pero a mí las heridas en la vanidad se me curan pronto. A otros les duran toda la vida. A los mejores, no. Y siempre acaban perdonándome que nos le elogie tanto como ellos creen merecer.

 

sábado, 14 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: El amor y otras calamidades

 

Domingo, 8 de febrero
MISOGINIA

---¡Cómo me aburrí viendo Hamnet, la aclamada y sensible película de Chloé Zhao! Tiene una parte muy de llorar, pero cuando llegó yo ya estaba pensando en otra cosa a la espera de que al guionista se le ocurriera por fin dejar a la sufrida esposa y seguir a Shakespeare en sus correrías por Londres.

           —Eres un machista, Martín.

---Es posible. Seguro que Agnes, la mujer de Shakespeare, merece toda la admiración y todo el respeto, como la mayor parte de las esposas de los grandes hombres, y de los no tan grandes, pero, ¿qué quieres que te diga?, en el cine dan más juego las malas mujeres y los pícaros con gracia. Me aburrió Hamnet, pero no dejé de prestar atención a la pantalla ni un instante en Marty Supreme y eso que a mí el ping pong me interesa más bien poco. Si el protagonista hubiera sido un chico ejemplar, un Carlos Alcaraz, seguro que me habría aburrido como con Hamnet, pero era un simpático mal bicho, un pícaro sin escrúpulos, y el escenario –el Nueva York de los cincuenta con su sordidez y su magia-- estaba retratado con verdad, era creíble. ¿Una película muy masculina, llena de crueldad y testosterona, frente a otra muy femenina y delicada? No sé, no sé. Lo cierto es que una película que cuente el ascenso y caída de Mario Conde, en principio, siempre interesará más que otra sobre la vida de un banquero respetuoso con la ley. Y, por cierto, qué falso todo en la película de Chloé Zhao, no sé si en la exitosa novela de Maggie O’Farrell, aunque me imagino que también, ya que es coautora del guion. Se basa en un bulo pseudo erudito que no tiene más fundamento que la coincidencia (aproximada) de nombre entre el hijo de Shakespeare que murió a los once años y el protagonista de su obra más famosa. Pero el príncipe de Dinamarca ya se llamaba Hamlet en la historia que le sirvió de punto de partida. Y el que esa obra, que trata del dolor por la muerte de un padre y los deseos de venganza, tenga que ver con el dolor por la muerte de un hijo me parece tan rebuscado como poco creíble.

            ---Eres un machista, Martín, como toda la gente de tu edad, aunque trates de disimularlo. Acabo de leer esa obrita de teatro, “Escenas de caza”, que acabas de publicar en Los setenta, la nueva revista de tu amigo Abelardo, y rebosa misoginia por todas partes.

            ---¿Tú crees? A mí me hace mucha gracia y lo puedo decir porque el autor es Anton Chéjov. Yo solo soy el adaptador.


Lunes, 9 de febrero
VIVA CUBA

Mientras Trump quiere hacer de Cuba una nueva Gaza y rendir por hambre a sus habitantes, Europa sigue empeñada en enviar más y más misiles a Ucrania para continuar una guerra absurda que nunca podrá ganar un Zelenski que no tiene necesidad de falsificar elecciones porque se limita a no celebrarlas como cualquier dictador que se precie.

            Ya resulta evidente que las desdichas de Cuba se deben más a la política del gobierno norteamericano que a la de su propio gobierno (y ya es decir) 

Martes, 10 de febrero
VOLVER

Vuelvo a Buenos Aires de la mano de Sergio Hojman, un arquitecto que tuvo que exiliarse en tiempos de la dictadura. Qué placer curiosear de nuevo en el mercadillo de San Telmo, cruzar el parque Lezama, caminar sin prisas hasta la Boca, comparar lo vivo y lo pintado en el museo Quinquela. Y tomar un café en la Biela, tratando de imaginar lo que dicen en la mesa de al lado Borges y Bioy Casares. Y entrar en la galería Güemes imaginando que, por un raro azar, vamos a salir en París, como en el relato de Cortázar.

Sergio Hojman nos cuenta cómo era la ciudad de su infancia y la contrapone a la de ahora. Aquel Buenos Aires tenía una magia que no ha perdido del todo o que perdió en parte, pero ha ido poco a poco recuperando.

Nunca estuve más de una semana en Buenos Aires, pero lo pateé tanto y con tanta atención que puedo cerrar los ojos e ir de un sitio a otro --de la torre Barolo, en la Avenida de Mayo,  al edificio Kavanagh, en la plaza San Martín-- por el camino más corto y describiendo lo que encuentro a mi paso. Para las ciudades que me gustan, también para las personas, tengo algo de Funes el Memorioso.

El que desde el primer momento me encontrara en Buenos Aires como en casa tuvo que ver, más que con los cafés y librerías, con las Galerías Pacífico que de inmediato convertí en el equivalente porteño de las Salesas, “apeadero feliz de mi costumbre”, que diría parafraseando a Unamuno. Pero no sé si la próxima vez que vuelva me encontraré tan a gusto.

En 1987, se estaba rodando una película en las Galerías Pacífico. Arturo Santana, el director de fotografía, un superviviente de la represión militar, bajó a los sótanos y reconoció el lugar en que había sido torturado en 1976. “La investigación reveló –cuenta Sergio Hojman-- que durante los años de terror el Primer Cuerpo del Ejército había instalado en las mismas tripas de aquel centro comercial en el que diariamente miles de porteños paseaban, charlaban, reían, aquella mazmorra en cuyas paredes se podían ver las marcas de los prisioneros: nombres, fechas, súplicas de ayuda”. En otro lugar del libro, nos indica que su hermano Roberto fue uno de los desaparecidos. 

Miércoles, 11 de febrero
UN CONSEJO

---En lugar de escribir sobre los libros que te encuentras en el Fontán, Martín, deberías hablar más de política. Incluso harías buen papel en una de esas tertulias radiofónicas o televisivas que tanto abundan. Eres un polemista terrible.

            ---¿Y tú crees que lo que yo dijera serviría para algo, amigo Bueres? Sería añadir más ruido al ruido, aumentar el guirigay. Mejor seguir con poetas y poetastros y con los libros del Fontán.

Jueves, 12 de febrero
UN CUENTO CHINO

Al poeta chino Gu Cheng (1956-1993) le conocí en una de las prodigiosas viñetas que Juan Forn publicaba en un diario argentino. Fue un niño prodigio, el poeta chino más famoso de su tiempo, dentro y fuera de China. En la revista Fábula encuentro algunos de sus poemas traducidos por María Ferrer Lledó. Son bien poquita cosa, al contrario que el personaje que fascinó al mundo. Se había casado con una de sus mayores admiradoras, Xie Ye, que se encargaba de transcribir sus poemas y de todas las pequeñeces de la vida diaria, además de servirle de intérprete en sus viajes al extranjero porque Gu Cheng solo hablaba chino. En una comida con Eliot Weinberger –cuenta Font--, Gu Cheng afirma que “el camino del Tao autoriza a matar, y a matarse, ya que en el camino del Tao nada importa si no conduce a la nada”.

Cuando el poeta se levanta para ir al baño, Xie Ye, sin perder la sonrisa luminosa que la caracterizaba, pronuncia las únicas palabras propias que Wisenberger le escuchó en toda la velada: “Ojalá se muera de una vez”. Dos años tardó en cumplirse el deseo de Xie Lei, “solo que, antes de ahorcarse, Gu Cheng asesinó a su esposa a hachazos”.

            María Ferrer Lledó lo cuenta de manera más confusa, pero no menos siniestra: “Aunque tuvieron un hijo, Xie Ye quiso romper la relación y llegó a invitar a una joven china a vivir con ellos con el objetivo de que su marido se enamorara de ella y así poder alejarse de él. Al contrario de lo esperado, tras la partida de la amante, la situación empeoró y Gu Cheng fue internado en un psiquiátrico. Finalmente, en 1993 Xie Ye decidió romper definitivamente el matrimonio y salir con otro hombre, pero Gu Cheng la mató y terminó suicidándose”.

            Qué poca cosa los poemas de este psicópata que fue paseado en andas por el mundo occidental como manera de ayudar a la disidencia de su país. Quizá solo eran grandes poemas para quienes no sabían chino si los recitaba él en chino. “Vendedor ambulante” dice así: “En la esquina de la calle / se extiende una lona. / Adelante hay una calle / Qué ágiles son ellos / Son arañas sobre su tela / Qué ignorantes son ellos / Son presas en la tela”.

Se puede echar la culpa a la traducción, pero me temo que eso no lo salva ni Marcela de Juan.

Viernes, 13 de febrero
CRUZO LOS DEDOS

No soy supersticioso, por supuesto, pero cruzo los dedos al levantarme hoy. Fue un 13 de febrero cuando Larra se pegó un tiro tras su último intento de reconciliación con Dolores Armijo.

Visto lo visto, creo que la fecha más adecuada para celebrar San Valentín sería no un 14, sino un 13 de febrero que cayera siempre en viernes. El amor es un virus maligno para el que todavía no se ha encontrado vacuna.



 

sábado, 7 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: El arte de torear

 

Domingo, 1 de febrero
A TODOS NOS LLEGA

A todos nos llega el momento de la despedida, pero no a todos al mismo tiempo. A los deportistas les llega antes y a los escritores después que a los cantantes. También hay diferencias entre los escritores: los novelistas echan el cierre antes que los poetas.

            Yo he sido particularmente cruel con los que han continuado después de que debían hacer el mutis. Recuerdo mis comentarios, primero de Jorge Guillén, luego de Dámaso Alonso, más tarde de Pere Gimferrer. Pero mi indignación no era tanto contra esos poetas como contra los reseñistas habituales que recibieron Duda y afirmación sobre el Ser Supremo como si fuera otro Hijos de la ira. Me parecieron cómplices de una estafa y yo entonces me consideraba una especie de justiciero al servicio del buen lector. Solo más tarde supe de los problemas de salud mental de Dámaso Alonso en los últimos años.

¿Fui también algo cruel con el libro sobre Galdós de Vargas Llosa? Es posible, pero yo no podía dejar de señalar que aquel laborioso empeño de su vejez --leyó y anotó todas las obras de Galdós, el teatro incluido-- hacía aguas por todas partes.

            Más pronto o más tarde, o incluso muy tarde –ahí está Manuel Vicent, tan terne, a los noventa años--, a todos nos llega el momento de la despedida si la vida discurre por cauces naturales (puede haber un corte brusco). Pero unos se dan cuenta y otros no.

¿Me encontraré yo entre los primeros o entre los segundos? De lo que estoy seguro, es de que si estoy entre los primeros mis puerilidades seniles no serán recibidas con un unánime aplauso por los suplementos literarios. Lo bueno de no haber estado nunca en la cima del éxito, ni en las proximidades, es que se evita uno las melancolías de que le vayan haciendo cada vez menos caso.

             Ando ahora preparando una reedición de mis versos y, en algunos casos, es la primera vez que los releo después de publicados. Creo ver un cierto ascenso hasta más o menos el año 2010 y un declive posterior, aunque quizá sea solo un cambio de poética.

Algún amigo malintencionado ya me había advertido de ello, pero yo no quise creerle. Las obras finales de Tiziano no tienen el esplendor de las de su etapa de madurez, pero lo compensan con una sencillez que solo es posible después de haber desaprendido mucho. 

Lunes, 2 de febrero
PUEDO EQUIVOCARME

Leo una extensa entrevista con David Uclés, el autor de moda, para bien y para mal, y me da un poco de pena el personaje. Me temo que su futuro es el de ser un juguete roto. Cierto que ha publicado una novela que agota edición tras edición, pero no he conseguido encontrar a nadie que la haya leído entera.

Yo ni siquiera la he hojeado. Me bastan las referencias para saber que hay mejores maneras de perder el tiempo que enfrascarse en ese ladrillo de setecientas páginas.

Alguien que ha leído ya su premio Nadal me cuenta que es todavía más formularia e inane que la anterior. Pero se venderá mucho, sin duda. Ya se encargarán los fontaneros de Planeta de que así sea. Y las embestidas de la derecha selvática –o no, hasta mi amigo Daniel Sánchez Rodero le ha llamado “pequeño, peludo y suave”, como el borriquillo de Juan Ramón-- le mantendrán un cierto tiempo en el escenario. Tiene muchos enemigos con acceso a los medios de comunicación (ya me gustaría a mí) y eso es siempre una garantía.

            A Javier Cercas le ocurrió algo semejante con Soldados de Salamina. No creo que Uclés sepa salir adelante como hizo Cercas. No tiene ni su cultura ni su talento literario ni su habilidad para convertirse en intelectual orgánico. Cuando se acabe el efecto bandada de estorninos o bola de nieve (a un libro le toca la lotería y se compra porque se compra y porque todos hablan de él), será un juguete roto sin necesidad de que para ello hagan falta las estocadas de ningún espadachín.

            Puedo equivocarme, claro. Y mucho me gustaría. Me han conmovido sus recuerdos de infancia y maltrato. 

Martes, 3 de febrero
AÚN NO

El arte de perder amigos se me da bastante bien, debo reconocerlo. No nací para la diplomacia ni para templar gaitas. Pero como soy un optimista nato y procuro siempre mirar las cosas desde el punto de vista que más me favorece, se me ocurre pensar que para perder amigos es condición indispensable tenerlos. Como llevo perdiendo amigos más o menos desde que comencé a publicar, y aún antes, eso significa que también he ido añadiendo amigos desde entonces.

            Dicen que, a partir de cierta edad, ya no se hacen nuevos amigos. No es mi caso. Y no me refiero a los cinco o seis mil “amigos” de Facebook, sino a aquellos que, si lo necesitaran, saben que podrían venir a llorar sobre tu hombro y tú también podrías ir a llorar sobre el suyo, aunque yo soy de los educados con aquello de que los hombres no lloran.

            Amigos de verdad, tengo los mismos que tenía hace cuarenta años. Claro que no todos son los mismos. ¿Llegará un momento en que no haya reemplazo para los que se cansan de que te escondas en un caparazón lleno de espinas?

Llegará, todo llega, pero aún no ha llegado. Y yo procuro no ser de los que –como diría Machado-- “no gozan de lo que tienen / por ansia de lo que esperan”, o por miedo de lo que temen, añado yo.

Miércoles, 4 de febrero
NO SIEMPRE

Subrayo en una conferencia de William James: “Los libros fundamentales se leen antes de los veinte años; todos los demás son prescindibles o complementarios”.

Jueves, 5 de febrero
UN MIURA SEVILLANO

---Es raro que no te gusten los toros, Martín, porque dominas perfectamente el arte de torear. ¡Hay que ver cómo le has ido dando cambiadas a ese miura sevillano que trataba de cornearte!

            ---¿Te refieres a los comentarios a mi blog de Abelardo Linares? Una broma entre amigos.

            ---Pues a él no parece que le hiciera mucha gracia, aunque al tendido sí que nos hacía bastante. ¿No oías los aplausos cada vez que le dabas un buen pase con la muleta?

            ---¡Qué exagerado eres! La verdad es que me he divertido un poco en ese combate en verso.

            ---Sospecho que él no tanto. Un primer acierto hacerle abandonar la prosa, que se le da mejor que el verso, que no parece que sea lo suyo. Se ha despedido un poco enfadado y “hasta el cogote”, según dice.

            ---Lástima, porque a mí me divertía este pin pan pun. Él se lo pensaba más, yo le devolvía la pelota de inmediato. Él quería pincharme con sus reparos y yo me las arreglaba para convertirlos en elogios.

            ---Tenías que haberle dejado ganar alguna partida.

            ---Lo tendré en cuenta para otra vez.

            ---No creo que vuelva a por otra.

Viernes, 6 de febrero
ENSEÑANZAS DE LA EDAD

El orden de las palabras, al contrario que el de los factores, para decirlo con la fórmula que nos enseñaron en la escuela, sí altera el producto. No es lo mismo decir “tarde, pero aprendo”, que es mi lema, que “aprendo, pero tarde” que es lo que suele suceder.

            ¿Y qué he aprendido yo un poco tarde, pero a tiempo? Los mecanismos del amor y del desamor, que ahora manejo sin pincharme ni cortarme y sin poner nunca toda la carne en el asador.

            También a manipular mi vanidad (y la ajena), a reírme de ella, a exagerarla más que a disimularla.

            A quejarme lo justo, y sin creérmelo del todo, para evitar envidiosas zancadillas o puñaladas en la espalda.

            A no dejar que la costumbre me vuelva invisibles los milagros de cada día.

            La vida no es un cuento de hadas, ya lo sé (o sí lo es, pero de los que se contaban en las noches de invierno alrededor de una hoguera, no de los edulcorados para infantes), y la desdicha acecha en cada recodo del camino. Vendrán tiempos peores, quién lo duda, pero mientras tanto disfruto y agradezco lo que tengo. Eso he aprendido.

            Ya me imagino lo que diría mi contrincante favorito, el miura sevillano, si leyera estos apuntes que escribo para mí solo.

            ---Acabarás publicando libros de autoayuda. A lo mejor te va mejor que con tus ripiosos poemas y te conviertes en un nuevo Paolo Coelho.



           

 

sábado, 31 de enero de 2026

La rueda de la fortuna: Dominio público

 

Sábado, 24 de enero
POETA CON IMPRONTA

Este año concluye su andadura la editorial Impronta, que tuvo una primera etapa como Llibros del Pexe, y Marina Lobo ha tenido el detalle, acordándose de que comenzaron con mi Poesía reunida, allá por 1990, de pedirme una nueva recopilación para terminar el ciclo. Acepté encantado, por supuesto, y lo considero el mejor regalo de este 2026 que ha comenzado con no demasiado buen pie.

            Pero las poesías completas, sobre todo si se trata de un poeta que lleva más de medio siglo publicando con cierta asiduidad, suelen acabar convirtiéndose en un plúmbeo catafalco, satisfacen la vanidad del poeta, pero espantan a los lectores.

Como ya reuní los versos escritos durante el siglo pasado en Material perecedero, un manejable volumen fácil de conseguir y de poco más de trescientas páginas, se me ocurrió que la nueva recopilación debería recoger la cosecha poética de otro cuarto de siglo, el que llevamos del XXI.

            Comienzo a leer mis libros, para ir descartando algún texto, y compruebo que ya no soy el poeta que fui. A partir de 2007, tras la publicación de Légamo, mi poesía se hizo más ligera, irónica y juguetona. ¿Señal de decadencia? Es posible.

            De todas maneras, tanto en la primera como en la segunda etapa, hay poemas que leo como si no fueran míos y que no me desagradan del todo. Han resistido bien el paso del tiempo, a mi entender. ¿Lo seguirán resistiendo? Eso nadie lo sabe. Tampoco importa mucho. Me gusta repetir el apotegma clásico: “Yo he hecho lo que he podido, / Fortuna lo que ha querido”. 

Domingo, 25 de enero
UN EXPERIMENTO

No me extrañan demasiado los resultados del experimento de la Universidad de Pittsburg sobre creación poética e inteligencia artificial. Lo leo en la revista El Ciervo mientras tomo un café en Los Prados antes de entrar al cine.

Con ChatGPT se generaron cinco poemas al estilo de diversos autores reconocidos; luego se les pasaron a más de un millar de lectores junto con otros cinco poemas escritos verdaderamente por esos autores. La mayoría no distinguió entre autoría humana y no humana.

En otro experimento, se trató de clasificar poemas atendiendo a determinadas características (belleza, emoción, ritmo, originalidad). A un grupo de los participantes se les dijo que los textos habían sido escritos por poetas reales; a un segundo grupo les dijeron que la autoría era de la IA y a un tercer grupo no se le dio ninguna información. El resultado fue que, si pensaban que no habían sido creados por IA, les dieron puntuación más alta, pero si no sabían quién los había escrito puntuaron más a los generados por ChatGPT.

La mayoría de los participantes no supieron distinguir entre un poema de Shakespeare, Walt Whitman, Byron, Eliot o Sylvia Plath y otros creados por inteligencia artificial. Y aún hay más: muchos creyeron superiores a los creados por la inteligencia artificial.

            La verdad es que no me extrañan nada los resultados del experimento. Si en lugar de realizarse entre lectores anónimos, se hubiera tomado como conejillos de India a los críticos de poesía que escriben habitualmente en El Cultural y en los suplementos culturales españoles sospecho que el resultado no habría sido muy distinto. Para ellos es la firma lo que añade valor a un texto.

Lunes, 26 de enero
EL ORIGEN DEL MUNDO

Fragmento apócrifo del Génesis encontrado entre los manuscritos del Mar Muerto: “Dios creó primero el cielo, luego el infierno; más tarde vertió uno sobre otro, los agitó bien y apareció este mundo”. 

Miércoles, 28 de enero
COSAS QUE PASAN

Leemos en la tertulia una maravillosa columna periodística de Leila Guerriero. Como todas las suyas, tiene poco que ver con el habitual artículo de opinión. “Manuel Jabois escribe hoy en un tono muy semejante”, dice Enrique Bueres. Y efectivamente “¿Por qué no hablas?”, que así se titula su columna, tiene el tono de una confesión ante el psicoanalista. “A los lectores le gustan mucho este tipo de escritos íntimos porque se identifican con esos momentos de debilidad que ellos no saben cómo expresar”.

            Leila Guerriero trata del amor y del desamor, de cómo pueden surgir en un momento. A ella le resulta difícil precisar el inicio, sus amores no comenzaron con un flechazo, pero le resulta muy fácil señalar la aparición del desamor: “Es como el instante en que un cable se corta: se ve clarísimo. Generalmente llega bajo la forma de un gesto que la otra persona hace de manera impensada. Una descortesía, una negligencia, un descuido que puede parecer leve. Algo que el otro no percibe, y de pronto, ese ser que parecía tan generoso se convierte en un egomaníaco egoísta, ese individuo que parecía tan inteligente se convierte en un imbécil, ese sujeto digno de admiración deviene deplorable. No hay nada que repare ese desastre”.

            Un contertulio afirma enfáticamente que eso es ridículo, que tal cosa no ocurre nunca, que esa periodista no conoce nada de las relaciones humanas, que una pareja no se rompe por un gesto, a no ser que sea una bofetada. Yo le respondo con mi falta de diplomacia y mi contundencia habituales: “Así será en (y aquí el nombre de su pueblo natal), porque en el resto del mundo un amor puede romperse por gestos más sutiles”. Y entonces él se pone a gritar, pierde los papeles y se marcha de la tertulia dando un portazo que no por virtual resuena menos en los oídos de todos.

            “Vaya manera de darme la razón”, pienso yo. “El bueno de Míster Equis acaba de demostrar que una amistad de casi cuarenta años puede romperse (espero que no) por unas palabras poco afortunadas, pero a las que debería estar acostumbrado”.

            Naturalmente, en la tertulia todos se pusieron de parte del desertor y yo acabé reconociendo que tengo que tratar con más delicadeza a mis amigos si quiero que cuando sea viejo (ya me queda poco) siga teniendo algún amigo.

Jueves, 29 de enero
ME GUSTA PRESUMIR

Presentar libros, siempre que no se repita demasiado, también tiene su gracia. El viernes pasado la presentación de Entrada libre fue en Oviedo; hoy toca el turno a Avilés. Es un buen momento para saludar a los amigos que han tenido la amabilidad, a pesar del mal tiempo, de acudir. Y el azar me ofrece un espléndido regalo. En el portal de Culturias, que es la asociación que me ha invitado, hay unas estanterías para intercambio de libros. La mayoría no tiene ningún interés, pero hay uno que parece que me estaba esperando: La crítica literaria en la prensa, coordinado por Domingo Ródenas. No solo escriben los críticos de hoy, como Mainer o Jordi Gracia; también se ofrece una antología de los críticos de ayer, comenzando por Clarín. Solo por este hallazgo ya merece la pena el viaje.

Me gusta hablar en público de esto y de aquello, arremeter contra este y aquel, pero cada vez más detesto leer mis poemas. En Oviedo, me libré de ello gracias a Yasmina Álvarez, mi lectora favorita, que se ofreció a hacerlo en mi lugar; en Avilés, no pude escapar. Isabel Marina, que fue mi presentadora, me pasó la lista de los poemas que debía obligatoriamente leer.

¿De dónde me viene este rechazo, que ha ido creciendo con los años, a hacer de juglar? No sé. Quizá porque los poemas los escribo para que sean leídos cuando yo no esté presente, ahora mismo por alguien que no conozco o dentro de cien años. Mi manera preferida de intervención pública es la polémica, no mostrar un corazón al desnudo, aunque sea un falso desnudo, como suele ocurrir en la mayoría de mis poemas.

Al contrario que Yolanda Castaño, que quiere que los poetas vivan de su poesía, que ella considera un trabajo como cualquier otro, yo siento un rechazo visceral e irracional a monetizar mis versos. Aunque fuera posible (afortunadamente no lo es), convertir la poesía en una profesión me parecería como profesionalizar el amor.

A mí la poesía se me regala para que la regale. Desde el momento en que lo publico, lo que escribo es de dominio público, como me gusta repetir. Pero el poema solo vuela libre en Internet. Editar un libro tiene un coste. En mi caso, se venden los libros, el contenedor, pero no el contenido: yo no cobro derechos de autor.

Me gusta presumir de ello, pero la verdad es que tiene poco mérito. Si los cobrara, serían más bien escasos. Puedo permitirme así el gesto gallardo de Espronceda que, al llegar exiliado a Lisboa, vio que tenía tan pocas monedas en el bolsillo que las arrojó al Tajo. 

Viernes, 30 de enero
LO SIENTO, AMIGOS

Respuesta de una imagen milagrera a ciertas oraciones: “Me piden que arregle el mundo / y que más quisiera Yo, / el mundo va dando tumbos / y no lo arregla ni Dios”. 


 

sábado, 24 de enero de 2026

La rueda de la fortuna: Mi corazón y el mundo

 

Sábado, 17 de enero
CONTRA LAS BIOGRAFÍAS

Resulta un poco paradójico que lleve más de veinte años contando en público todos los domingos mi vida privada y a la vez haya ido creciendo mi fobia a las biografías de escritores. No se puede seguir admirando de la misma manera a un autor después de que un Dalmau o un Benito Fernández hayan escrito su biografía. A las “triviales miserias de la vida cotidiana”, que diría Borges, nada les viene mejor que el misericordioso olvido. La obra literaria debe volar libre, sin las ataduras de las anécdotas biográficas que fueron su punto de partida.

            El año pasado fue el año María Beneyto en la comunidad valenciana, por celebrarse presuntamente el centenario de la escritora, que en realidad no había nacido en 1925, como ella dijo una y otra vez, sino en 1920, según se supo recientemente.

Tuvo su momento, en los años cincuenta y sesenta, cuando era una de las voces destacadas de la poesía social. Luego dejó de publicar y solo volvió a reaparecer en los noventa, gracias en parte a ser mujer y a haber escrito también en valenciano.

Se editan ahora por primera vez los poemas de amor que escribió en su última década. La editora, Rosa María Rodríguez Magda, nos da muchos detalles de esa relación. Demasiados. Fue un amor de senectud con el poeta José Albi, también valenciano y coetáneo suyo, que acabó de mala manera, con la familia del poeta, ya un anciano dependiente, cortando toda relación con su enamorada. Una historia muy triste, como de telenovela, con un amigo común que llevaba las cartas entre ambos porque la familia de él rompía las que llegaban por correo ordinario.

            Los poemas con tantas informaciones no los leemos como poemas, sino como desahogos, como ilustraciones de esos amores de senectud. El poema debe volar libre, con las menores ataduras posibles a las anécdotas –triviales o trágicas-- que le sirvieron de punto de partida.

            Todo lo que importa de la vida de un escritor para entender su obra cabe en una entrada de la Wikipedia.

Domingo, 18 de enero
DELITO DE ODIO

Tengo un amigo, aprendiz de poeta, que trabaja y asiste a la escuela para adultos del Fontán. Me cuenta que uno de los profesores dedica las horas que tiene de clase a despotricar contra el gobierno –Pedro Sánchez es un delincuente que hace años que debería estar en la cárcel, Zapatero ayudaba a Maduro en el tráfico de drogas-- y con especial inquina contra los musulmanes, todos unos terroristas que se esconden en túneles armados hasta los dientes para salir un día y asesinar a mujeres y niños. Una alumna lleva velo a clase y a ella mira directamente cuando arremete contra los moros, como a veces los llama.

            No sé si mi amigo exagerará, si eso será posible en un centro público de enseñanza. Enfrente, en la pequeña sinagoga del Fontán, colocaron hace poco, durante la celebración del Yanuka, un cartel que decía: “El antisemitismo no es una opinión, es un delito”. La islamofobia también, aunque nadie la persiga y esté consentida socialmente. Pero convertir una clase en un mitin de Vox parece ya demasiado.

            ---¿Y los alumnos no protestan?, le pregunto a mi amigo.

            ---Somos muy pocos a los que nos indigna. Ha conseguido ya que la mayoría, aunque muchos sean emigrantes, pero no marroquíes, esté de su parte. 

Lunes, 19 de enero
PUÑETAZO EN LA MESA

De pronto, cuando más distraídos estábamos con nuestras cosas, con el bueno de Trump cortando el bacalao y las “democracias avanzadas” bailando al son que él toca, un puñetazo en la mesa del Señor del Universo y todos nos echamos a temblar.

            Choque de trenes y muertos que irán aumentando con los días. Y la sensación de angustia, de estar perpetuamente en la cuerda floja. Y el alivio de que no nos ha tocado a nosotros ni a nadie que conozcamos.

            Luego todo se irá diluyendo en discusiones políticas. Y así hasta otra.

            Sin una cierta inconsciencia y una gran capacidad de olvido, ¿cómo seríamos capaces de seguir viviendo?

Martes, 20 de enero
DON QUIJOTE Y YO

Leyendo el ensayo de Muñoz Molina El verano de Cervantes, un amigo se ha acordado de mí porque hay un pasaje en el que describe a don Quijote y se diría –en su opinión-- que me está describiendo: "Don Quijote tiene una opinión muy elevada de sí mismo. Una parte de su falta de sentido de la realidad no procede de los excesos literarios de su imaginación sino de su egocentrismo: está convencido de tener siempre razón y de que las cosas han de ser como él quiere que sean. Su locura no es la del delirio sino de la soberbia, la obstinación programática de ver lo que él quiere ver y no lo que tiene delante de los ojos".

            Y a pesar de pensar así de mí el bueno de Ricardo Álamo sigue siendo mi amigo. Tiene su mérito.

Miércoles, 21 de enero
EL MILAGRO DE LOS MIÉRCOLES

Nos acostumbramos demasiado pronto al milagro. Esta tarde, mientras esperaba que la casa se me llenara de voces amigas, como todos los miércoles desde hace ya más de cinco años, se me ocurrió pensar en aquel adolescente solitario que se pasaba el día con un libro en las manos y que no tenía con quien hablar de literatura.

Ahora, gracias a la denostada tecnología, los contertulios se acercan semanalmente a un rincón de mi biblioteca. La reunión dura de siete a diez, cada uno –desde Huelva o Barcelona, desde Madrid o Buenos Aires-- entra y sale cuando quiere, pero siempre hay alguno que llega puntual a la cita y me acompaña hasta el final.

Tiene su mérito, porque yo no soy precisamente un conversador ejemplar: interrumpo con frecuencia, quiero siempre tener razón, me gusta hacer de abogado del diablo. Me sorprende que haya quienes llevan décadas aguantándome. Claro que hubo un admirado poeta, Jon Juaristi, que se fue dando un portazo y lanzándome maldiciones. Y no por razones literarias, sino por cruce de cables ideológicos.

             Hoy teníamos como punto de partida algunas publicaciones de María Beneyto y apareció por primera vez Elia Saneleuterio, que a ratos hablaba con un bebé de grandes ojos en brazos. Yo quedé fascinado. Parecía una Madonna del Renacimiento.

Discretamente, mientras nos comentaba como había coordinado una antología colectiva de Beneyto, curioseé en su currículum: quedé asombrado de sus doctorados, sus muchos idiomas, sus cursos en distintas universidades, sus varias líneas de investigación, incluso sus libros de poemas (que no he leído). Pero lo que no acabo de creerme fue lo que me respondió cuando le pregunté si tenía más hijos: “Sí, seis”. Supongo que habré oído mal.

Jueves, 22 de enero
PARA UN LIBRO DE AUTOAYUDA

Mientras pierdas pelo, pero no capacidad de asombro, no todo está perdido. 

Viernes, 23 de enero
EN BUENAS MANOS

Ayer noche, trasteando en las bodegas del ordenador en busca de otra cosa, me encontré con una carpeta rotulada Lisboa-Cascáis y fechada en 2007. La abrí y qué sorpresa encontrarme con Miguel d’Ors, con Francisco Brines, con Carlos Marzal, con José María Micó y con Xuan Bello.

Xuan, tan joven y feliz entonces, es el que aparece en más fotos. Recuerdo que comí con él y con Micó en un pequeño restaurante cerca del río, después de habernos divertido explorando las librerías de la Rua do Alecrim, y cuando volvíamos felices al hotel, ya cerca del Rossio, oír la voz de un niño que nos llamaba. Era el hijo de los dueños que nos había estado siguiendo para entregarnos la bolsa con los libros que tras la grata sobremesa nos habíamos dejado olvidados. “Esto solo puede pasar en Portugal”, dijo Micó. “Esto solo puede pasar si uno come con Xuan Bello, que en seguida se hace amigo de todo el mundo”, dije yo.

Recordé también la noche de fado, a la que asistieron todos los poetas españoles (nos invitaba Ramiro Fonte, director del Cervantes de Lisboa), menos yo, que jamás trasnochaba. “Te perdiste unos instantes mágicos –me dijo Xuan--. Marzal es muy divertido y Brines es como un sabio de la antigüedad, charló mucho conmigo y me parecía estar hablando con Sócrates”.

Luego, en sueños, o quién sabe, Xuan vino a sentarse a la mesa redonda de Los Porches en que por la mañana Carlos González Espina me dijo que querían cerrar su aventura editorial con mi poesía completa. “Comenzamos contigo en Llibros del Pexe y Marina piensa que sería una buena manera de cerrar el círculo”. “¿Y qué tal cerrar con algo mío? Publiqué bastante en Llibros del Pexe, pero nada en Impronta”, dijo Xuan. “Tú ya tienes un cachet que no está a nuestro alcance”, dijo Carlos. “Pues a mí me parece el lugar ideal para uno de los dos libros que tengo inéditos, el de los árboles o el de los animales. Me imagino que te estarás ocupando de ellos, ¿no es así, Martín”. “No, Xuan, pero no te preocupes. Tu obra está en buenas manos”, “No tan rápidas como las tuyas”, “Pero más eficaces. Ya lo verás”.