sábado, 15 de junio de 2024

Coraje y alegría: Un poco de gloria y un poco de amor

 

Sábado, 8 de junio
SALUD MENTAL

Después de un día apacible, cuando vuelvo a casa tras mi hora de lectura en uno de mis rincones favoritos, suena el teléfono. Número desconocido. “¿Es usted Martín?”. “Sí”, respondo extrañado. “Es usted un hijo de…”.

Soy tan rápido de reflejos que, antes de que terminara la última palabra, corté la comunicación y le bloqueé, como si se tratara de algo que hago habitualmente. Y alguna práctica tengo, la verdad.

Llevo comentando libros desde hace medio siglo. Desde 1988, cuando me llamaran para un suplemento literario, reseño uno cada semana y creo no haber fallado nunca. Calculando por lo bajo, serán unos dos mil libros. No todos de quisquillosos poetas, claro. Ni siempre de autores vivos. Pero como tengo la costumbre de hablar no del Lazarillo, por citar un ejemplo, sino de la nueva edición (y yo le pongo reparos incluso al Francisco Rico de turno), pues no me libro de hallar enemigos en ningún caso. Pero el arma más eficaz para combatir a un detractor –y eso lo saben bien los triunfadores: Cercas, Savater, Pérez-Reverte-- es el silencio. Las amenazas, cuando las ha habido, vienen siempre de gente muy mediocre, de las que me puedo reír en la tertulia, pero a las que jamás dedicaría ni una línea.

Tardo poco en descubrir quién puede ser el último agraviado. No reconocí la voz, pero creo que se trata de un pobre hombre a quien mencioné, queriendo hacerle un homenaje, en mi diario y él tomó la alusión como un insulto. Le pedí disculpas de inmediato, por supuesto, pero no las aceptó y al domingo siguiente me lo encontré a la salida del cine recriminándome mi comportamiento y el mucho daño que le había hecho. A su entender, deliberadamente. Afortunadamente, tenía con él una relación superficial y me era fácil dejar de verle.

            Soy muy racional, trato de entenderlo todo, de razonarlo todo. Me desazona aquello de lo que no encuentro explicación. Le cuento el caso a un amigo que me encuentro antes de llegar a casa.

            ---Cosas que pasan. No le des importancia. Aunque fueras el crítico más complaciente del mundo, seguro que te ganabas enemigos.

            ---No le temo a los enemigos, sé defenderme. Le temo a los chiflados. A los que no se les ve venir. A los que les haces un favor y te responden con una puñalada.

            ---Todos somos un poco chiflados, todos hemos tenido algún problema de salud mental. Incluso tú.

            ---¡Yo no! Bueno, de vez en cuando charlo con mi psicoanalista. Pero es más un amigo que otra cosa. Y nunca ha necesitado recetarme medicamentos. No he tomado una pastilla en mi vida.

            ---¡Suerte que tienes!

            ---Además, como es un psicoanalista imaginario, no tengo que pagarle honorarios.

            ---¿Imaginario? ¿No será imaginaria también esa llamada insultante? ¿No te estarás volviendo un poco paranoico?

            ---¡No me asustes! De la llamada, no, pero de la espera y la recriminación a la salida del Filarmónica, tengo testigos: me acompañaba Ángel Alonso.

Domingo, 9 de junio
IDEAS AL VUELO

No tengo ninguna duda, estoy lleno de dudas.

El amor de su vida era el amor a la vida.

Desde el fondo de una sima, todo es cima.

Todo gran hombre, y toda gran mujer, por grande que sea comenzó siendo un bebé.

Lo que se consigue sin esfuerzo, si vale la pena, sin esfuerzo se va.          

El que no se mueve de casa llega al mismo sitio que el que da la vuelta al mundo.

Por muy conocido que seas, siempre serán más lo que no te conocen.

Solo se ganan aquellas batallas que acaban haciendo las paces.

Hay quien no sabe que ha llegado a la meta y sigue corriendo.

Lunes, 10 de junio
BUENAS INTENCIONES
 

---Si yo fuera rico…

            ---¿Qué harías, Martín?

            ---Pero rico de verdad, como Elon Musk, o no tanto, con mil o dos mil millones de dólares me conformaría.

            --¿Y que harías? ¿Te comprarías un ático en la Quinta Avenida, frente al Central Park, un palacete frente al mar en la Riviera o en Ischia, una mansión en la Toscana?

            ---No, no, seguiría viviendo donde vivo, vistiendo de cualquier manera como ahora, comprando en el Mercadona, yendo a Avilés todos los sábados.

            ---¿Y para qué quieres entonces el dinero?

            ---Para tratar de cambiar el mundo. Invertiría la mitad en acciones de un gran banco, de forma que tuviera mayoría en el consejo de administración, y la otra mitad en un grupo mediático, ya sabes, varios periódicos provinciales, uno de tirada nacional, una cadena de televisión generalista, emisoras de radio…

            ---Ya, lo que tú querrías es poder manipular a la opinión pública.

            ---Manipular no, influir sí. Hacerla ver, por ejemplo, que el equivalente de Netanyahu es Zelenski, no Putin.

            ---¡Deliras, Martin! ¡Putin ha invadido un país con fronteras reconocidas internacionalmente!

            ---¿Y los israelíes no? Y fronteras más antiguas que las de Ucrania, que son de 1991. Busca en Google dónde estaban las fronteras reconocidas por la ONU cuando la partición (tan injusta) de Palestina, allá por 1947. Putin hace en Ucrania lo que, si no Biden, al menos la Unión Europea debería hacer en Gaza: ocupar el territorio para proteger a los gazatíes. Es lo que está haciendo Putin en el Donbás, donde la guerra comenzó en 2014, mucho antes de la intervención rusa, aunque se tienda a olvidar. Para evitar que nos engañen, para ayudar a poner las cosas en su sitio, para tratar de parar el genocidio de Gaza (todavía no reconocido por todos, como tampoco el genocidio armenio) es para lo que quisiera ser tan rico como Elon Musk, no para otra cosa.

Martes, 11 de junio
NO ME QUEJO

De vez en cuando, y cada vez más (por razones obvias), recuerdo un de los cantos rodados de Gil-Albert: “Es difícil envejecer sin un poco de gloria o un poco de amor”.

            ¿Tengo yo un poco de gloria? Un poco de amor sí que tengo. Y no me refiero a esas llamadas que recibo de vez en cuando (no todas las llamadas anónimas han de ser amenazantes, aunque a veces asustan más las otras), sino al amor que mueve el cielo y las estrellas, del que algo me ha tocado en suerte, aunque no me guste hablar de ello. Y en cuanto a la gloria, depende de lo que se entienda por tal. Desde luego, no soy precisamente un escritor mediático y vender, lo que se dice vender, no vendo nada, según se encargan de recordarme mis pacientes editores. Pero no me quejo. Tengo pocos compradores, pero los suficientes lectores. Y espero seguir teniéndolos, no muchos más, pero tampoco menos, cuando yo no ande por aquí, que es la mejor gloria a la que puede aspirar un escritor, o al menos la que a mí más me interesa.

Miércoles, 12 de junio
SIEMPRE ALERTA

Termina la tertulia del miércoles, que se ha convertido en una grata costumbre, y pienso que soy un hombre afortunado. Como interlocutor, resulto bastante incómodo, siempre buscándole las vueltas al tópico habitual, siempre con la ironía bien afilada. Tengo algo de Sócrates, pero de un Sócrates pendenciero. “No comprendo cómo hay todavía gente que te aguanta”, me dice Abelardo Linares que sin embargo me lleva aguantando cuarenta años. Yo tampoco lo comprendo. Se van unos interlocutores (y a veces dando un portazo como el bueno de Juaristi), pero llegan otros. Hoy, involuntariamente quizás, me han hecho un bonito elogio: “No hay quien te aguante, Martín, siempre atento al más mínimo fallo en la argumentación. Contigo hay que estar siempre alerta”.

            Cierto, no dejo que nadie se duerma sobre sus laureles, por muy Vargas Llosa que sea.

Jueves, 13 de junio
OTRO CUMPLEAÑOS

Para hacer algo que valga la pena, conviene de vez en cuando no hacer nada. Pero yo soy incapaz de estar sin hacer nada. No valdría para monje budista. Afortunadamente, como los niños pequeños, me entretengo con cualquier cosa. En cuanto tengo que esperar un poco, saco el cuaderno y me propongo un ejercicio. Escribir, por ejemplo, unos cuantos aforismos de Oscar Wilde, o de Einstein, para luego hacerlos volar por la red. O un poema de Fernando Pessoa:” Soy todos los que seré, soy el que nunca he sido. / No soy el que aquí sentado, / en este rincón del escritorio, / en un local vacío de la Baixa, / redacta cartas comerciales / la mañana festiva de un 13 de junio, / día de San Antonio, / y contempla su vida deshacerse / bebido y lúcido, sabio e ignorante / como un niño que acaba de nacer y ya se sabe / condenado por Dios al sacrificio”.

Viernes, 14 de junio
SIN PORQUÉ

El odio, como el amor, casi siempre es sin porqué. E igual de peligrosos si resultan excesivos. Yo tengo la suerte de ser lo más parecido al hombre invisible. La mayor parte de la gente que me odia ni siquiera me conoce personalmente. Un poquito de odio siempre viene bien (si es sin motivo, por supuesto). Como dijo  Einstein (o yo le hice decir): “Si no tienes enemigos, es que no eres nadie”.



 



viernes, 7 de junio de 2024

Coraje y alegría: Días de fiesta

  

Sábado, 1 de junio
CUMPLEAÑOS FELIZ

La verdad es que no me molesta cumplir años. Sigo celebrando mi cumpleaños durante todo el mes de junio, que es mi mes favorito. Espero que continúe con la tradición de traerme al menos un regalo cada día.

            El de hoy se llama Avilés, se llama parque de Ferrera, se llama el Atrio, se llama el café de Santa Mónica en la plaza de los Hermanos Orbón, se llama calle Rivero, se llama calle Galiana.

Dejé de vivir en Avilés en 1982; desde entonces raro es el sábado en que he dejado de volver: apenas media docena en cuarenta y dos años. La verdad es que soy el hombre más rutinario y menos aventurero del mundo. Si alguien quisiera escribir mi biografía, lo tendría difícil para que no resultara más aburrida que una novela de Juan Benet. Y yo tan contento de que en mi vida nunca pase nada y nunca dejen de pasar cosas que me llenan de asombro y maravilla.

            A primera hora, cuando todavía no estaba despierto del todo, sonó el teléfono.

            ---Hola, soy Dios. ¿Qué regalo te gustaría para tu cumpleaños?

            ---Déjame pensar. La vida eterna, quizás.

            ---No te la recomiendo, y sé de lo que hablo.

            ---Sí, demasiado tiempo. Me conformaría con veinte años más de vida exactamente igual que la que tengo ahora: un rato para escribir cada mañana; libros nuevos para el café de la mañana y de la tarde; buenos amigos y buenos enemigos con los que pelear de vez en cuando y polemizar todos los días; editores pacientes que me publiquen lo que escribo aunque se venda poco; un paseo de tarde en tarde por la orilla del Arno o del Ambroz, por el jardín botánico de Brooklyn o el de Gijón, por la playa de Rodiles o de Hendaya, cosas así.

            ---Eso para Dios no es nada. Concedido.

            No era Dios, por supuesto, era solo un amigo bromista. Pero a mí me alegró la mañana.  

Domingo, 2 de junio
DE TODOS Y DE NADIE

Siguen los regalos de este mes en que todo es regalo. Salgo del cine --un emocionante disparate de Wes Anderson (si yo fuera director, haría películas como las suyas)-- y, al encender el teléfono, me encuentro con un mensaje de Amancio Prada en el que canta, a capela, unos versos míos.

Yo ya los había olvidado. Últimamente solo escribo versos anónimos que me limito a transcribir.

Todo lo que publico, por decisión mía, es de dominio público; me gustaría que una parte se difundiera también sin mi nombre, que en esos versos, si valen algo, no pinta nada. Yo los escucho, en una voz en que he escuchado a buena parte de la mejor poesía española, y no siento que sean más míos que los versos del romancero: “Es tiempo ya de partir, / pero yo quiero quedarme / un rato más junto a mí”.

Me emociona especialmente, y bien sé yo por qué, una de estas soleares: “Oyó a su madre cantar / allá en el fondo del sueño / y no quiso despertar”.

Lunes, 3 de junio
EL CASO BARET

“¿Pero cuánto tardas en leer un libro?”, me preguntan a veces extrañados de que reseñe un libro cada semana desde hace algún tiempo (exactamente desde 1988, veranos incluidos). “Hombre, depende. El término libro no es una buena unidad de medida. Lo mismo puede tener noventa páginas que novecientas. Yo puedo tardar en leer un libro cuatro días o leer cuatro libros en un día. Lo que es cierto es que todos los días termino por lo menos un libro y empiezo otro. Hay lecturas de mañana y lecturas de tarde. Y a menudo el libro que voy a leer por la tarde no lo sé hasta esa misma mañana.

De camino a la guardería de Monte Nuño (grata costumbre matinal) paso por la librería del centro Reto. A la puerta tiene un expositor de libros a un euro que renuevan con frecuencia. Hay muchas obras maestras, pero ya las he leído. Prefiero las curiosidades. Hoy me llama la atención Mi verdad y otras dudas, de un tal Pedro Baret, del que no había oído hablar. Veo que se trata de un libro periodístico, redactado por Federico Gallo y un Vila Sanjuán que no es mi amigo Sergio, pero que debe ser familiar suyo, y tiene un subtítulo llamativo: “Escándalos financieros y bancarios. Negocios internacionales de armamento. Las interioridades del Club de Fútbol Barcelona. Las mafias, el sexo y la droga en la cárcel Modelo”.

Queda un poco mal que yo lo diga (sobre todo yendo por ahí de crítico literario), pero a mí esas cosas me interesan tanto como las virguerías estilísticas de Gabriel Miró (y bastante más que el Ulises de Joyce que también vendían a un euro).

En la nota previa, los “colaboradores literarios”, para defender al protagonista, un tipo listo y con tan pocos escrúpulos como el desterrado de Abu Dabi, vuelve a contar la famosa parábola que Eça de Queirós utilizó en El Mandarín y Casona en La barca sin pescador: “Los hombres no somos jamás ni enteramente buenos ni enteramente malos; el más honorable podría ser capaz de apretar desde aquí un botón para volar una escuela de niños perdidos en la selva si tuviera la certeza de que nunca iba a saberlo nadie y de que iba a recibir a cambio un millón de dólares”.

Otros tiempos, pienso yo. Ahora el jefe de gobierno de un país democrático, y que presume de tal, puede dar la orden de arrasar una escuela o un centro hospitalario y no importarle que lo sepan todos; le basta para justificarlo con decir que tenía la sospecha de que por allí había escondido algún terrorista.

            Leo el libro de Baret, publicado en 1983, cuando el protagonista estaba en libertad provisional tras pasar dos años en la cárcel, en uno de mis rincones favoritos de lectura, el McDonald’s de Los Prados. Mario Conde y Rodrigo Rato estarían de acuerdo con sus afirmaciones: “Objetivamente casi todos los presidentes de los bancos más importantes de España, si estuvieran sujetos al pie de la letra de la ley, hubieran tenido motivos para ser inquilinos de Carabanchel o de la Modelo”. El escándalo Baret comenzó cuando, en casa de un pariente suyo, encontraron unos maletines llenos de dinero que él había depositado allí. Su explicación fue bastante más verosímil que la de aquel que dijo que se lo había regalado un amigo, un príncipe árabe, pero tuvo peor suerte que ese buen señor que contaba con tan generosos amigos.

Miércoles, 5 de junio
MEJOR QUE NO

Un contertulio llamado a altos destinos en las filas de la derecha civilizada (si es que todavía queda algo de ella cuando aprueba sus oposiciones a notaría) nos cuenta que ha asistido a la presentación, en el Senado y a cargo de José María Aznar, del nuevo libro de Jon Juaristi. Comió luego con él.

            ---Me dio recuerdos para ti. Le dije que volviera a la tertulia.

            ---Mejor que no. Se fue dando un portazo y amenazándome. Pero sigo admirando al poeta. No al pensador. ¿Qué bucle melancólico anti vasco y españolista ha publicado ahora?

            ---Una biografía de Menéndez Pidal.

            ---La leeré.

---Mejor que no, que capaz eres de escribir una reseña.

---Solo si puedo elogiarlo. De los libros de la gente que detesto por motivos

personales solo hablo en público si puedo hablar bien.

            ---Y de los libros de los amigos solo si puedes meterte con ellos, aunque sea por un fallo minúsculo. Y todo porque te gusta presumir de ser un hombre justo.

            --- Me esfuerzo no solo por serlo, sino también por guardar las apariencias de imparcialidad. Me temo que no tendría mucho futuro como juez en España.

Jueves, 6 de junio
NI MÁS NI MENOS

Cuando comento un libro, nunca pienso en el autor, sino en los lectores. Pero después, si el autor es amigo o conocido, me preocupa que si no es enteramente de su gusto lo tome como una ofensa. Me ha ocurrido más de una vez, pero cada uno es como es.

Con Andrés Trapiello, a quien admiro, en lo mucho que tiene de admirable (también tiene otras cosas) desde los años setenta, he mantenido una relación intermitente, de bastante cercanía (recuerdo una comida en su casa) o de hostilidad máxima (recuerdo aquella presentación en la librería Alberti), según le gustara más o menos la reseña que he ido dedicando a cada uno de sus libros.

Esperaba por eso con impaciencia su respuesta a la última sobre Fractal. No he tenido que esperar mucho. Me llega pocos minutos después de que aparezca en mi blog. Respiro aliviado. Es educada y acepta mis reparos, aunque no los comparta. Seguro que piensa ya como Juan Bonilla, que una vez escribió que, por muy elogiosa que fuera, una reseña mía no le había hecho vender un ejemplar más ni, por muy negativa, vender uno menos.

Viernes, 7 de junio
OTRO REGALO

“Aquello que más importa / es de todos y de nadie: / la luz del amanecer / y esa estrellita en la tarde”, escucho cantar mientras vigilo a Yara y a su primo Eidan que juegan en el parque y han quedado por un rato al cuidado de quien siempre quiso ser abuelo. Otro regalo de cumpleaños.



 

 

sábado, 1 de junio de 2024

Coraje y alegría: Viva España

 

 

Domingo, 26 de mayo
CARLOS Y ADELA

En una entrevista de 1953, afirma Carlos Bousoño desde el titular: “Dolores Medio me parece tonta”. Aunque luego precisa: “a juzgar por sus declaraciones”. Por entonces le habían dado el Nadal y se había hecho súbitamente famosa.

Yo –son otros tiempos-- no diré lo que me parece Adela Cortina “a juzgar por sus declaraciones” y por lo que de ella he leído. Me limitaré a apostillar algunas de sus afirmaciones en una larga entrevista con motivo de un premio “en la categoría de pensamiento”.

Durante la Transición, se dio cuenta de que “íbamos a pasar de la ética del nacionalcatolicismo a que cada quien se moviera por sus propios valores y no habría nada compartido por todos los españoles”. Se fue a Alemania buscando propuestas éticas que pudieran ser compartidas por todos y por suerte las encontró y dio cuenta de ellas en el libro Ética mínima, “que la hizo famosa”, según declara. Lo resume así: “Las exigencias de justicia no se pueden cumplir sin caer en la inhumanidad. Tiene que cumplirlas todo el mundo. Un ejemplo son los derechos humanos. Que haya gente que se muera de hambre o no tenga techo es radicalmente injusto”.

¿Y para descubrir eso tuvo que irse a Alemania? Más útil sería que nos dijera quién le pone el cascabel al gato, esto es quién obliga a un país que no cumple con los derechos humanos –en el propio país o en la franja que ha invadido-- a cumplirlos.

Aún hay más maravillas de rigor conceptual en las palabras de esta entrañable pensadora. Durante la Transición, los políticos eran “absolutamente responsables”, dejaban de lado sus intereses de partido para buscar solo el bien común. Lo contrario pasa ahora, “a los políticos no les preocupa el bien común, sino su propio bien y seguir en el poder”. Y continúa: “En una charla dije que me preocupaba tanto la corrupción como la incompetencia y hubo una salva de aplausos porque efectivamente hay muchísima incompetencia”.

Y necesitábamos –ironizo yo—que nos lo dijera alguien que hubiera ido a estudiar a Alemania para darnos cuenta. Pronto se descubre la razón del premio y de que le pongan el altavoz: arremete contra el gobierno. “Los pactos que hay ahora en el Gobierno no buscan un bien común, sino seguir en el poder. Es evidente”.

¿Y no se le ha ocurrido pensar que el “bien común”, tal como lo entienden unos, no es el “bien común” tal como lo entienden otros? ¿Y que permanecer en el poder es condición indispensable para aplicar las medidas que cada partido cree mejores para la sociedad? Ella –por eso ha estudiado en Alemania-- sabe que el amago de retirada de Pedro Sánchez fue “una estrategia fríamente calculada para mostrar en las calles que cuenta con la adhesión de los suyos para llevar adelante unas reformas de profundo calado que prácticamente seguro que serán inconstitucionales”.

¿Y no le han enseñado que por mucho apoyo que tenga en las calles –más tiene la oposición, o al menos presume de ello-- si no cuenta con los votos necesarios en el parlamento no podrá llevar ninguna reforma adelante? ¿Y dónde aprendió a determinar con tanta seguridad la inconstitucionalidad de una ley? ¿También en Alemania?

Adela Cortina tiene redes sociales, pero no tiene móvil. Ni ella ni su marido. Le basta con el teléfono fijo y en las redes sociales participa solo desde el ordenador. Bueno, allá cada uno con sus manías, que suelen acentuarse con la edad. Lo malo es cuando se pretende razonar esas manías: “Quiero tener espacios de tranquilidad. Cuando voy en tren, me gusta mirar el paisaje, leer el periódico… No quiero estar siempre vertida al exterior. Hay que tener espacios de serenidad. Y si tienes móvil te asaltan todo el tiempo. Es una opción por la libertad”.

¿No habrá un alma caritativa que le informe a esta buena señora que puede activar en el móvil el modo avión o la opción silencio? ¿Tan poco viaja en tren que aún no se ha dado cuenta de que el mayor enemigo de la tranquilidad no es el móvil de uno, sino el de los otros viajeros que hablan por él a gritos?

En fin, que no sé por qué leyendo esta entrevista he recordado la opinión de Bousoño sobre Dolores Medio.

Lunes, 27 de mayo
YA LO DIJO EINSTEIN

Por sabio que seas, no hay nadie que no sepa más que tú en alguna cosa.

Martes, 28 de mayo
LA EDICIÓN SIN EDITORES
 

Todo el mundo aprende con los años, incluso yo. Cuando era más joven, o sea cuando solo tenía setenta años y no los setenta y cuatro que estoy a punto de cumplir, al dar paso el presentador del libro a las intervenciones del público, habría levantado impacientemente la mano y me habría ganado en cinco minutos la enemistad de todos. Y eso que solo había hojeado esta Correspondencia entre asturianos, mientras el autor y el presentador hablaban.

            Para quienes gustan de la historia y de la intrahistoria literaria, y no solo literaria, estas cartas enviadas a Rafael Suárez Solís son una maravilla, una prodigiosa novela epistolar. Qué sorpresa descubrir que José Fernández Rodríguez, Pepín Fernández, el fundador de los almacenes habaneros El Encanto y de Galerías Preciados era, además de admirable empresario, uno más de los intelectuales de la Edad de Plata. El 15 de agosto de 1932 escribe a Suárez Solís y, tras elogiar a Azaña, escribe: “Yo le conocí cuando solo era ministro. Me había invitado don Luis de Zulueta a almorzar en el Palace. Y tomamos el café en el gran patio del hotel. En ese momento vino Azaña y saludó a don Luis. Este me presentó y se inició la conversación sobre temas políticos. Azaña había pronunciado, hacía días, un magnífico discurso en una ciudad española. Yo le dije: En ese discurso ha jubilado usted a Alcalá Zamora. Él protestó débilmente y sonrió de un modo que daba a entender que le satisfacía verse comprendido. Y luego le hizo a Zulueta sutilísimas observaciones sobre el carácter y la idiosincrasia del hoy jefe del Estado”.

            ¿Y cómo no sentirse emocionado al leer las cartas de Casona? “Voy a operarme del corazón”, escribe en junio de 1965. “Es cosa seria, pero no trágica”. En la carta siguiente le dice que la operación ha salido perfecta y que confía en marcharse pronto a la casita que ha alquilado en Fuenterrabía. Muere pocos días después.

            Conocidos o desconocidos los interlocutores de Rafael Suárez Solis, hay algo en este epistolario que lo hace para mí especialmente grato: abundan las referencias a Avilés. Muchos de los corresponsales lo añoran desde Cuba.

            Pero yo no habría dicho esto en el coloquio posterior a la presentación. Habría dicho que la edición es un desastre, que carece de índice de corresponsales, que es ridículo anotar quién fue Azaña, Alcalá Zamora o Perón, lo mismo que respetar los lapsus en la escritura y señalarlos con un “sic”.

Ha faltado, como suele faltar en las ediciones institucionales, un editor. ¿A nadie de los que dieron el visto bueno para la edición de este libro se le ocurrió que tal como lo mandaba el recopilador y anotador de las cartas no podía ir a la imprenta?

            “He querido evitar a los lectores la molestia de tener que recurrir a la Wikipedia”, dijo el autor. No es molestia, señor mío –pensé yo--, y dudo mucho que los lectores de este libro tengan que recurrir a la Wikipedia para saber quién fue Gerardo Diego. En el prólogo escribe: “El lector siempre tendrá la posibilidad de elegir si presta atención o no a esta documentación adicional”. Pues no, señor mío, no hay posibilidad de elegir. Como las leyes emanadas del parlamento tienen la presunción de constitucionalidad, las notas a un texto tienen la presunción de pertinencia. Interrumpen la lectura, y solo tras leerlas nos damos cuenta de que son impertinentes. Alguien tenía que haber hecho antes ese trabajo por nosotros.

Si yo tuviera algún poder, si fuera consejero de Cultura, por ejemplo, ordenaría de inmediato retirar la edición, hacer una nueva y pasar los gastos a quienes la autorizaron.

            ---¡Qué bruto eres, Martín! –me dice Alfonso López Alfonso mientras tomamos un café después de la presentación.

            ---Era. Ahora estas cosas las pienso, pero no se me ocurre decirlas.

Jueves, 30 de mayo
CELEBRACIÓN Y ORGULLO

---Pues sí, qué le vamos a hacer, ya sé que el mundo es un desastre y que hay mucho que lamentar y poco que celebrar, pero hoy me siento orgulloso del gobierno de mi país, capaz de enfrentarse al matonismo de dentro y de fuera y de alzar la voz para apoyar a los palestinos y sacar adelante, contra viento y marea, una amnistía tan justa como necesaria.

            ---No cantes victoria. Que los jueces son los que tienen la última palabra y ya sabes cómo se las gastan.

            ---De los jueces que ni quitan ni ponen gobierno (eso es cosa del parlamento, aunque algunos no acaben de creérselo), pero ayudan a su señor, no hablo. Por si acaso. Mañana será lo que Dios quiera, pero hoy déjame estar contento de ser español. Y que dé las gracias al matonismo de la derecha, porque sin ese matonismo feroz e irresponsable no habría sido posible que la izquierda y el independentismo de izquierdas y de derecha se unieran.

---Para romper España.

---Para unirla mejor.



 

sábado, 25 de mayo de 2024

Coraje y alegría: Quiénes son los míos

 

 

Sábado, 18 de mayo
LA PROMESA DEL REY

Soy de esas personas, tan insoportables, que siempre quieren tener razón. Eso no quiere decir que siempre la tenga, aunque sí más a menudo que quienes se conforman con el primer bulo acorde con sus prejuicios. Para estar equivocado lo menos posible, conviene mantenerse alerta y analizar con atención los argumentos de quienes no piensan como nosotros, comprobar la solidez de los datos con que los sostienen.

            Cuando los ataques de Unamuno y Blasco Ibáñez al rey a propósito del golpe de Estado de Primo de Rivera, de inmediato se publicaron réplicas en defensa del monarca. Releyendo dos de ellas esta aburrida tarde de sábado (aburrirme es una de mis ocupaciones preferidas), encuentro un dato en los que me parece que no han reparado los historiadores. La marcha del rey el 14 de abril pudo sorprender a alguno de sus ministros, pero no a quien la tenía largamente pensada y anunciada.

            Alfonso R. de Grijalba, en Los enemigos del rey, de 1924, recoge unas palabras que Alfonso XIII le dijo a Gumersindo de Azcárate: “Yo quiero tanto a mi patria, yo quiero ser tan respetuoso con la voluntad nacional, que el día en que la mayoría de los españoles signifique su deseo de cambiar de régimen, yo abandonaré el trono sin discutir, y mi primer acto consistirá en dirigirme al nuevo jefe del Estado para rogarle que me permita, al frente de uno cualquiera de los regimientos del ejército, seguir prestando mis servicios a la República y a España”.

            Hermosas palabras, ciertamente. Y no fueron dichas en una única ocasión. Al año siguiente, publica Manuel Bueno España y la monarquía donde recoge una variante que él mismo escuchó al monarca “en una grata conversación”: “Si a mí me constase que la mayoría de los españoles fuera republicana, no solo no lucharía por conservar la corona contra la voluntad nacional, sino que dejaría mi alta investidura, contentándome con ser un simple ciudadano de mi patria”. 

A continuación, el panegirista de la monarquía lanza un reto: “Conque ya lo saben los republicanos: a conquistar la voluntad nacional. Todo lo demás se les dará por añadidura”.

Eso hicieron. Y el 14 de abril ocurrió exactamente lo que había profetizado Manuel Bueno.  

Domingo, 19 de mayo
VAYA PAR

Humanamente, qué poco atractivos esos dos escritores que llenaron una época, Cela y Umbral. Cuando murió el primero, el segundo, que había sido uno de sus aduladores, publicó sobre él un libro despiadado que no quise leer en su momento. Más que un libro, Cela: un cadáver exquisito, es un amontonamiento apresurado de papeles, viejos y nuevos. Lo abro al azar, en el puesto de mercadillo donde lo venden por un euro, y encuentro un ingenio que me resulta familiar: “El destino de toda gran obra es acabar roma y triste en la mente de unos adolescentes embrutecidos. Es lo que llaman Enseñanza Media”.

            De las muchas cosas (no todas malas, pero casi) que Umbral dice de Cela, me sorprende su insistencia en que, aunque ganó dinero con la literatura, nunca ganó lo suficiente para vivir como vivía, siempre tuvo algún mecenas, unas veces conocido, como el dictador venezolano Pérez Jiménez o el constructor Duarte, y otras secreto, aparte de ser un maestro en el arte de exprimir los caudales públicos. Seguía una tradición ilustre, la de los escritores de la Edad de Oro, siempre arrimados a algún mecenas.

Lunes, 20 de mayo
NO SOY MEJOR

Observando a los demás es como mejor me conozco a mí mismo. Hacer el bien está muy bien, pero hay que saber hacerlo. Yo sospecho que no he aprendido, quizá por poca práctica. Más de una vez me he lamentado (pero solo interiormente) de lo desagradecidas que son algunas personas a las que siempre he intentado favorecer. Ahora que lo soy yo con quien insistentemente se entromete y trata de comprarme con favores no solicitados, comprendo su actitud.

Si ayudas a alguien, procura que no se note. Si haces un favor, que parezca que te lo hacen. No esperes gratitud, a menudo resentimiento disfrazado. Si la recibes, acéptala como una generosa propina. Raro es el favor que no encubre, aunque quien lo hace no lo sepa (o se lo oculte a sí mismo), un intento de soborno.

Martes, 21 de mayo
SIN INSULTAR

Leo con asombro unas palabras de Netanyahu en respuesta a la Fiscalía del Tribunal Penal Internacional que ha solicitado su detención como presunto autor de crímenes de guerra: la considera una muestra del nuevo antisemitismo.

            Si combatir los crímenes de guerra, el masivo asesinato de civiles indefensos, muchos de ellos niños, es ser antisemita, yo soy antisemita, orgullosamente antisemita, como toda persona decente.

            Afortunadamente, no es así. Y se puede reprobar el terrorismo de Hamas o del Isis, sin ser islamófobo, sino todo lo contrario; y se puede reprobar la barbarie que parece no tener otro fin que el exterminio o la expulsión de los palestinos de Gaza, sin por eso ser antisemita, sino todo lo contrario´.

            No me insultes, Netanyahu. Antisemita lo serás tú, además de presunto criminal. A los judíos de bien, como a toda la gente de bien, les avergüenza tu comportamiento y el de quienes te apoyan o incluso te jalean.

Miércoles, 22 de mayo
VAYA CON BUENO

La deriva ideológica de Manuel Bueno, uno de los nombres fundamentales de la generación del 98 en sus comienzos, es bien conocida, lo mismo que el bastonazo con el que dejó manco a Valle-Inclán o su asesinato en 1936. Pero en 1925, en su libro en defensa de la monarquía, hace un análisis de la situación en el protectorado marroquí que coincide más con la tesis de la izquierda que con el militarismo del monarca: “En Marruecos no se ha hecho nada útil. Allí donde había que crear intereses no se ha atendido más que a hacer sensible un yugo no ciertamente blando”. La primera iniciativa, tras formalizarse el protectorado allá por 1907, no es atraerse a la población indígena ni facilitar su desarrollo, sino crear la sociedad “Minas del Rif” patrocinada por elementos políticos de primera fila. “Lo que se procura es lo de siempre: vivir sobre el país, sin afanarse por mejorar su vitalidad natural por los procedimientos técnicos usuales”. La consecuencia es aumentar el ejército por las necesidades de la ocupación. ¿Y quién se beneficia de esa política absurda? Quienes han hecho de la guerra una saneada fuente de ingresos. Y a continuación escribe Manuel Bueno unas palabras feroces: “Yo he oído decir a una ilustre personalidad de nuestro periodismo que para resolver definitivamente el problema de Marruecos habría que empezar por destruir a cañonazos la ciudad de Melilla”.

Jueves, 23 de mayo
CUALQUIER DÍA

Discurre el día con rara perfección, todo ajustado a la rutina: el café matinal con un libro de Fernando Castillo, que es como un diorama de ciudades entrevistas en el cine y la literatura; la sonrisa de Yara, al salir de la guardería; la librería de viejo, a un paso de casa, que me sorprende siempre con un regalo inesperado; el cielo súbitamente azul, como si hubieran apartado de un manotazo el telón de nubes; la foto que me envía un amigo, de paso por Nápoles, una ventana en el Gambrinus, a la que se asoma San Francisco de Paula; las pruebas de un nuevo libro; unos versos, no sé si míos o ajenos, que me vienen a la cabeza mientras voy camino del supermercado: “No te quejes de tu suerte / pues aunque no tienes nada / tampoco te falta nada / y la luna viene a verte”. Sonrío pensando en lo que suele decirme Martín López-Vega: antes eras un poeta y ahora te has convertido en un ripioso coplero.

Ya no tengo ambición ninguna, ni literaria ni de otro tipo. Mi broma favorita es que me llaman para decirme que me han dado el premio Nobel y yo respondo: “¿No podrían dárselo a Andrés Trapiello, que le hará más ilusión?”

 A mí que no me den más que lo que tengo, si acaso un poco de compañía, que eso nunca cansa.

            Pero al llegar a casa, y escribir estas líneas, ante mí se estremece mi futuro, como en el soneto de Guillén. A un día sucede otro día y en alguno de ellos, pronto o tarde, aguarda la piedra de la desdicha, que ya va golpeando a gente cada vez más cercana.       

Viernes, 24 de mayo
RENTABLE NEGOCIO

Muñecos con que jugar al pin pan pun, los personajes públicos. Sirven de desahogo para los bajos instintos de la buena gente, un poco como los partidos de fútbol. Y si insultan y calumnian de un lado, qué difícil resistir y no insultar y calumniar también del otro.

            Yo procuro no insultar a nadie, aunque sí ironizar, pero en el partido que se está jugando tengo claro quiénes son los míos: los que no apoyan a Milei ni a Netanyahu ni a la perpetuación de la guerra de Ucrania, ese rentable negocio.



sábado, 18 de mayo de 2024

Coraje y alegría: Alto ahí

 

 

Sábado, 11 de mayo
POR ALUSIONES
 

Como todos los enemigos mortales, comenzamos siendo los mejores amigos. ¿Cuántas veces habré repetido yo esa frase? La recuerdo de nuevo al leer en la revista Centauros un artículo de Miguel d’Ors sobre Manuel Machado. Ejemplifica con un texto mío las “falsedades y tonterías al por mayor” que se repiten sin tener en cuenta “las complicadas investigaciones sobre la vida y la obra de don Manuel” que él “ha hecho y publicado a lo largo de cuarenta años”.

            Lo curioso es que esas “falsedades y tonterías” que tanto le indignan (que era “liberal y republicano”, como su hermano Antonio, que “no tuvo más remedio” que escribir versos franquistas “si quería salvar la vida en aquel Burgos enfervorizado en que la casualidad quiso se encontrara el fatídico 18 de julio”) son punto por punto confirmadas en su artículo, en el que se citan las abundantes veces que Manuel Machado rechazó el fascismo, se vuelve a contar su encarcelamiento y su fervor franquista sobrevenido, se da cuenta de sus muestras en la posguerra del no excesivo entusiasmo por el régimen.

            La ideología nos impediría a mí (y a otros como yo) entender la realidad de los hechos y por eso difundimos falsedades. Qué gran verdad aquello de que es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Se lamenta Miguel d’Ors de que todo su ímprobo esfuerzo por aclarar la verdad sobre la vida de Manuel Machado resulta inútil, ya que “la corrección política actual excluye la posibilidad de que una persona inteligente, decente y en su sano juicio pudiera apoyar a Franco; y también la de cualquier conversión religiosa. (Lógico: una vez sentado que Dios no existe, sería una grave inconsecuencia admitir que alguna vez pueda hablar al alma de alguien)”.

            ¿Pero quién, por muy “correcto” políticamente que sea, niega que existen las conversiones de una religión a otra o del ateísmo a la creencia en el Corán, el Evangelio el Libro del Mormón?  Y en cuanto a lo primero, la cuestión no es si una persona “inteligente, decente y en su sano juicio” puede apoyar o no a Franco, a Hitler o a Stalin, sino si Manuel Machado lo hizo entusiasmado y desde el primer momento o después de pasar por la cárcel y ver su vida en peligro si no lo hacía.

            Miguel d’Ors, cegado por la ideología, aún no se ha enterado de que hubo una República de derechas (y aún de extrema derecha) que reprimió ferozmente el intento revolucionario del 34, ni de que se podía ser republicano y católico practicante (como el propio presidente, Alcalá Zamora) y liberal, como Manuel Machado. En uno de los tomos de sus Virutas de taller me llama el Maligno, así con mayúscula, como si yo fuera una novísima encarnación del diablo. Mentiría si dijera que no me divierte esa obsesión conmigo.

Domingo, 12 de mayo
LUGARES TRANQUILOS
 

“¿Qué tal por Florencia? ¿No hay demasiado turismo en estas fechas?”, me pregunta mi quiosquero habitual de los domingos.

            ---Florencia es como Venecia: sin turismo no existiría, pero los turistas solo se concentran en media docena escasa de lugares y dejan el resto de la ciudad o la ciudad entera, a partir del atardecer, para el viajero solitario. Esta vez viajaba con mi primo Pedro García Martín, que es muy previsor y había sacado entradas anticipadas. Hacía años que no volvía a los Uffizi y ver ciertas obras maestras fue como saludar a viejos conocidos. Pero soy mal visitante de museos, sobre todo de grandes museos. Me fatigan pronto. Lo que más me gusta suele ser el propio edificio y las ventanas. Las pinturas, sobre todo si no son de gran tamaño, las aprecio mejor en una buena reproducción; al natural, me basta con haberlas visto una vez. No hay turistas si uno pasea, temprano en la mañana, por la orilla del río, desde el ponte Trìnita hasta la plaza de Vittorio Veneto, con su gran noria, que de noche luce como una cambiante joya en el perfil de la ciudad. Tampoco los hay, o apenas se notan, en el Giardino dei Semplice, el jardín botánico, al lado del convento de San Marcos, donde vivió Fray Angélico. Me gustó encontrarme con una zona en que se deja a las plantas crecer a su aire, sin intervención alguna. A fin de cuentas, en el paraíso no había jardineros. “Sin artificio, toda se corrompe la naturaleza”, escribió Góngora. Pero hoy nos parece que es el exceso de artificio, lo que corrompe la naturaleza. Las malas hierbas solo son malas desde una mirada miopemente utilitaria. Pensar eso no me impide admirar las rosas, que son a la vez naturaleza y obra de arte. Aquí están las rosas silvestres y las rosas antiguas, las rosas chinas que se introdujeron en el siglo XVIII y las modernas, como se conoce a las variedades aparecidas desde 1867. Las rosas silvestres acentúan el encanto de las rosas de autor: en la rosaleda de Brooklyn encontré una rosa Omar Jayyam, aquí me detengo largo rato ante una rosa “clair matin”, clara mañana, de 1960. Antes he admirado las rosas blancas que rodean el teatral monumento a Manfredo Fanti, frente al convento de San Marcos. “Por amor a la libertad” tuvo que exiliarse en 1831 a España, donde aprendió “el arte de la milicia”. Soy de los que cuando pasean por una ciudad se detienen a leer todo lo que encuentran. En Florencia, los versos de Dante que aparecen en casi cada esquina y las placas de las estatuas y las que recuerdan que allí nació o residió algún ilustre. En Italia, están siempre bellamente redactadas, recuerdan algún ilustre. Hay mucho turismo en Florencia, sí, pero cuántos lugares tranquilos. A partir de las cinco o seis de la tarde, la plaza de Santa Croce se convierte en un hermoso rincón provinciano en el que juegan al fútbol los niños y toman el sol los vecinos, vigilado por la gran estatua de Dante. En la plaza de Sante María Novella, los bancos del centro se han dispuesto en semicírculo, como en un teatro cuyo telón de fondo fuera la geométrica fachada de Alberti. A menudo actúa algún músico callejero y es un placer descansar allí de las fatigosas visitas a los museos. Otra plaza seductora es la de la República, con sus cafés literarios, en los que aún es posible sentarse a leer o escribir unos versos, su melancólico tiovivo, los vendedores que lanzan al aire de la noche coloristas cometas. Me gusta Florencia porque al contrario que la caótica Roma, que también me fascina, se puede ir a pie a todas partes, todas las maravillas están al alcance de la mano.

Lunes, 13 de mayo
ADIÓS A DIOS

“No adoramos a Dios porque sea Dios. Es Dios porque le adoramos”, afirmaba Nietzsche. Si dejas de creer en Júpiter, Júpiter ya no podrá fulminarte con sus rayos.

            Qué peso se quita uno de encima cuando deja de estar enamorado.

Miércoles, 15 de mayo
NADA QUE DECIR

---Hace tiempo que no hablas de la política nacional, con la que está cayendo. ¿Es que no tienes nada que decir?

            ---Solo una frase de mi filósofo favorito, Pero Grullo. Los problemas de hoy, por pequeños que sean, nos preocupan siempre más que los de ayer, por grandes que hayan sido. 

Jueves, 16 de mayo
AHORA NO

En la tertulia, comentamos varios poemas publicados en Centauros que homenajean a Manuel Machado. El de Javier Salvago está escrito en un machacón verso menor. “Ahora sí / que se ve / ya venir. / Ahora sí / que el final / está aquí”. Ese final es la vejez, la aridez, no esperar ningún tren. “Cae el telón / se desnuda / el actor. / Ahora sí / que la muerte / está aquí”.

            Aunque Salvago tiene los mismos años que yo, no me identifico con su poema. Objetivamente, puede que el final esté cerca, pero yo todavía lo veo más como accidente que nos puede llevar por delante en cualquier momento que como ley natural. Vivo en la misma casa y llevo la misma vida, con pocos cambios, que llevaba hace treinta o cuarenta años. Y sigo pensando que en algún momento tengo que decidirme a sentar cabeza, formar una familia, tener hijos. Aún no he perdido la esperanza.

            La ventaja de ser ya viejo a los veinte años –“las mejores noches de mi juventud / son aquellas que pasé durmiendo”, escribió Miguel d’Ors-- es que a los que tengo ahora, unos cuantos más, sigo haciendo las mismas cosas y disfrutando lo mismo con ellas. Suerte de no haber sido un deportista de élite, como el bueno de Messi, ya achacoso y vieja gloria a sus cuarenta años.

            ---O sea que tú nunca, ni a los veinte años, te emborrachaste, fumaste un porro, hiciste deporte, etc., etc.

            ---Alto ahí. Etcétera sí. Pero tampoco mucho, para qué nos vamos a engañar.