sábado, 12 de junio de 2021

Después y todavía: Café de los espejos

 

Sábado, 5 de junio
SOGA Y CUCHILLO

El crimen ocurrió en esta misma plaza. Por entonces no estaba abierta al mar y en el lado junto al puerto se encontraba la Gran Fonda, el mejor alojamiento de la ciudad. Allí, en el cuarto número diez, se alojó un estudioso alemán que vivía en Roma y que ya era famoso en toda Europa por sus estudios sobre el arte clásico, que por entonces –tras el asombroso descubrimiento de Pompeya y Herculano-- se había vuelto a poner de moda. Se llamaba Johann Joachim Winckelmann. Venía de Viena, de entrevistarse con la emperatriz y volvía a Roma, donde ocupaba un alto cargo como encargado de las antigüedades.

Antonio Arcangeli, que había llegado a Trieste el mismo día que Winckelmann, se alojaba en el cuarto de al lado. En seguida, se hicieron amigos, aunque poco parecían tener en común. Uno era un célebre erudito que viajaba de incógnito; el otro, un aventurero veneciano, que había llegado a pie, sin equipaje, pero que se daba aires de gran señor. Winckelmann buscaba un barco que estuviera a punto de partir para regresar a Roma; Arcangeli se ofreció a proporcionárselo. Ese fue el comienzo de su insólita amistad. Paseaban juntos, tomaban café juntos, cenaban en la habitación de Arcangeli. A Winckelmann le gustaba jugar a intrigar a su compañero: no le dijo quién era, pero sí que era una persona de importancia que se había entrevistado con la emperatriz y que esta le había regalado unas monedas de oro y plata. Arcangeli quiso verlas, Winckelmann se las enseñó y le pregunto que cuánto creía que valían.

La tarde antes de la partida, Arcangeli compró un cuchillo y una cuerda. Cenaron juntos como siempre, como los mejores amigos. Al día siguiente, Arcangeli entró en el cuarto de Winckelmann. Una criada estaba terminando de arreglarlo. Los oyó charlar amigablemente. Luego Winckelmann se despidió de su amigo y se sentó en la mesa que estaba entre las dos ventanas que daban al puerto. Tenía que terminar unas anotaciones para la nueva edición de su historia del arte clásico. Pero Arcangeli no abandonó el cuarto. Se abalanzó sobre su amigo y le colocó la soga al cuello. Winckelmann, más fuerte que él, se puso en pie, lucharon, cayeron al suelo con tal mala suerte que quedó bajo Arcangeli, que le sujetó con sus rodillas y le apuñaló repetidas veces.

Un criado oyó el ruido de la pelea. Se acercó a la puerta y escuchó durante un rato, luego entró. El agresor estaba de rodillas junto a su víctima. Al ver al camarero salió huyendo. Todo lo que ocurrió después tiene la absurda lógica de los sueños. El camarero, en lugar de atender al herido, marcha en busca de un médico. Winckelmann baja las escaleras tras él. Una criada lo ve ensangrentado y en lugar de socorrerle sale corriendo aterrada. Winckelmann tiene todavía al cuello la soga con la que han intentado estrangularle. Va hasta la habitación del posadero. Está cerrada. Todos los que le ven se quedan espantados, sin atreverse a acercarse a él. Un hombre corre en busca de un cura. Por fin a alguien se le ocurre ayudarle y lo primero que hace es quitarle la soga que todavía lleva al cuello.

Cuando llegó el médico, Winckelmann, que podía haberse salvado, solo tuvo tiempo de dictar su testamento. Murió a las cuatro de la tarde. Llevaba consigo un reloj de oro, una lupa enmarcada en plata, dos bolsitas de seda verde con 81 ducados del emperador y 27 monedas de oro.

            ¿Quién era Antonio Arcangeli? Tenía 38 años, el rostro picado de viruela, había sido pinche de cocina, había cometido muchos pequeños hurtos, había estado en la cárcel, tenía cierta labia y la utilizaba para engatusar a quienes después estafaba.

            Sentado en el Caffè degli Specchi, en la Piazza Unitá d’Italia, antes plaza de San Pedro, me parece escuchar todavía los gritos de Johann Joachim Winckelmann que baja las escaleras con la soga al cuello, ensangrentado y espantando a todos los que deberían ayudarle. Nunca había estado en Trieste, no tenía ninguna razón para acercarse a esa ciudad, no era el mejor camino para regresar a Roma, pero allí le esperaba el ángel de la muerte, Antonio Arcangeli, que ni siquiera tenía la hermosura adolescente que a él tanto le había fascinado, en el arte y en la vida.

Domingo, 6 de junio
AMIGO FEITO

“De la vida, en los libros, / solo queda la ceniza” escribió Xuan Bello en un poema que a mí me gusta citar añadiéndole unos versos: “Y fuera de los libros / ni la ceniza queda”.

            De la vida de José Manuel Feito, el cura de Miranda, quedan poemas, infinidad de papeles eruditos y el recuerdo agradecido de todos los que le conocieron. Y ahora queda algo más: una vida rescatada del olvido en sus propias palabras. Hoy me llegan los primeros ejemplares de Hecho y dicho, su autobiografía hablada, contada a Saúl Fernández.

            Para mí, José Manuel Feito, con quien comía regularmente todos los sábados en Avilés, era el interlocutor ideal. No había nada que no le interesara, en eso coincidíamos, y no estábamos de acuerdo en casi nada. Recuerdo que muchas veces me pasaba las cuartillas con el sermón que iba a pronunciar el domingo. No se limitaba a la rutina consabida, buscaba siempre un enfoque original, le gustaban las anécdotas históricas y citar a escritores. Yo discrepaba a veces en algún punto, pero no de las referencias literarias, sino de las afirmaciones teológicas. Así soy yo, me gusta cuestionar lo que parece evidente, detectar la imprecisión, poner en apuros a un especialista.

            José Manuel Feito tuvo mucha paciencia conmigo (como con todo el mundo). Ahora abro este libro y vuelvo a escuchar su voz, como en tantas sobremesas. De la vida, en los libros, amigo Xuan, algo más que la ceniza queda. La muerte, que todo lo puede, contra tu voz, amigo Feito, no puede.

Lunes, 7 de junio
MINÚSCULA MONEDA

Me envía Rosa Navarro Durán un libro de título poco prometedor, Ensayos hispano-ingleses, editado en 1948 como homenaje a Walter Starkie. Cree que me puede interesar. Lo abro y con lo primero que me encuentro es con un soneto de Manuel Machado que no está en sus poesías completas, que ha escapado a la perspicacia de estudiosos como Fernández Ferrer o Miguel d’Ors. Y muy probablemente son los últimos versos que escribió. Aluden al propio volumen en que se insertan: “En este libro, suma de señores / del Arte puro y la sublime Ciencia, / es mi pobre presencia la presencia / de un humilde juglar entre doctores”,

            El soneto no añade nada a la gloria del poeta, pero no deja de ser un hallazgo que me alegra el día, como una minúscula moneda de hace siglos que brilla de pronto entre las piedras del camino.

Martes, 8 de junio
TAL DÍA COMO HOY
 

Tal día como hoy, un ocho de junio de 1768, fue asesinado Winckelmann por el hombre que le acompañó de la mañana a la noche en sus últimos días. Pero yo prefiero no pensar en la absurda e inexplicable tragedia de la Gran Fonda, en la plaza de San Pedro (¿por qué se encaprichó el asesino con las medallas que le había regalado la emperatriz y no se limitó a hurtarle alguna de las monedas de oro que el sabio llevaba consigo?), y volver a pasear por el Giardino del Capitano, junto a la catedral y el castillo de San Giusto, donde está su tumba, donde se le conmemora de la más hermosa manera posible.

Entre el verdor y las rosas, en esta tarde de finales de primavera, parecen dorarse al sol de la historia capiteles, columnas, restos de lápidas conmemorativas. Al fondo, el templete neoclásico donde se guarda el cenotafio de Winckelmann. Sobre él, un ángel melancólico que apoya una mano en la frente y otra sobre un medallón con el rostro del sabio. Le rodean hermosos fragmentos escultóricos, el mejor homenaje a quien nos descubrió la hermosura del arte antiguo.

Quiero no pensar en ella, pero una vitrina me trae de nuevo a la memoria la tragedia de la Gran Fonda: en ella se reproducen las actas del proceso y el cuchillo que dio muerte al incógnito viajero.

            Antonio Arcangeli era un pillo de poca monta. Condenado por pequeños hurtos, nunca se había mostrado violento. Durante el juicio, no fue capaz de explicar por qué había hecho lo que había hecho. Dijo que perdió la cabeza. Pero su acción no tuvo nada de arrebato. Había comprado el cuchillo y la soga el día antes.

Quizá él también se ilusionó con Winckelmann, le propuso convertirse en su sirviente, que le llevara a Roma, soñó con ser el Crispín –recordemos Los intereses creados-- de este Leandro. Pero Winckelmann no aceptó la oferta. Se había cansado de este acompañante de los días tristes de Trieste, ya solo quería regresar a Roma, reanudar su vida de antes junto al cardenal Albani. Y la desilusión de Arcangeli, un pobre hombre que nunca había tenido suerte en la vida, al que la amistad de Winckelmann llenaba de orgullo, lo convirtió en el ángel de la muerte.

Miércoles, 9 de junio
UNA ESPOSA EJEMPLAR

Compro, en la librería Don Quijote, por cincuenta céntimos (dos libros, un euro), el André Maurois de Jacques Suffel. Maurois compartió la fama, en los años veinte y treinta, con Stefan Zweig, pero su vida sin misterio y sin tragedia no ha facilitado, al contrario de lo ocurrido con el escritor austriaco, su rescate del purgatorio. Del libro de Suffel, lo que más me interesa son las notas con que Maurois comenta cada capítulo de la hagiografía.  Y lo que más me sorprende, una líneas sobre Simone Maurois, que trabaja largas horas en la habitación contigua a la de su marido: “También allí los libros cubren las paredes hasta el techo. Pero, cerca de la ventana, puede verse una gran mesa dotada de un mecanismo que hace surgir o desaparecer una máquina de escribir. La que el escritor llama ‘mi otro yo’ permanece en esta austera mesa siete u ocho horas al día. Copia a máquina la fina escritura de André Maurois y sigue, día tras día, la creación de su obra”. Y esa imagen de colaboración “ejemplar” es precisamente la que el editor ha querido llevar a la cubierta del volumen, aparecido en una colección muy popular en los sesenta y setenta.

            Ya no quedan mujeres así. Ahora el bueno de Maurois, si no sabía escribir a máquina, no tendría más remedio que contratar a un mecanógrafo o mecanógrafa, con sueldo y derecho a vacaciones pagadas.



sábado, 5 de junio de 2021

Después y todavía: Puertas abiertas

 

Domingo, 30 de mayo
LA FE SALVA
 

Como San Pablo, yo también me he caído del caballo. Al hombre viejo sustituye el hombre nuevo. Antes me guiaba por la razón, ahora sé que solo la fe salva. ¿Cuándo ocurrió el milagro? Iba yo en el avión, durante un obligado viaje de trabajo, y me pareció de pronto que no sería capaz de resistir las pocas horas de vuelo. A un lado, por el lado de la ventanilla, tenía a un señor doble ancho; al otro, por el del pasillo, a una señora mórbidamente obesa. “¿Podría cambiar de sitio?”, le dije a la azafata. “Es que materialmente no quepo”. “Pues tendrá que acomodarse como pueda, vamos completos”, respondió ante lo que le pareció un capricho. Y allí me acomodé, casi con calzador. Efectivamente, íbamos completos. ¿Doscientos, trescientos pasajeros? Tocábamos a poco más de un metro cúbico de aire por cabeza en la estrecha cabina. El avión tardó en salir, hasta que no se puso en marcha no comenzó a funcionar el aire acondicionado. ¿Era yo el único que estaba a punto de desmayarse? Pensé que muy pronto el pasaje empezaría a protestar, pero todos callaban y bajaban los ojos resignados, salvo tres o cuatro bebés que no dejaban de patalear y llorar. Una voz monótona repetía: “Señores pasajeros, les rogamos que respeten la distancia de seguridad en el pasillo”. Ganas me dieron de levantarme y gritar: “¿Y por qué solo en el pasillo? ¿Por qué no nos permiten mantenerla en nuestro asiento? ¿Cómo es que, si los bares, los cines, las tiendas y hasta los espectáculos deportivos al aire libre tienen limitaciones de aforo, no las tienen los aviones? A poco estuve de organizar un motín. Pero entonces me vino la iluminación. Recordé primero los versos de Bartrina: “Si quieres ser feliz como me dices, / no analices, muchacho, no analices”. Y yo quiero ser feliz, no que la cabeza me estalle de incomprensión cuando viajo en ALSA de Oviedo a Madrid con el pasaje completo o cuando veo que en los asientos de las estaciones del metro marcan los lugares en que uno no puede sentarse para mantener la distancia de seguridad mientras que el interior del vagón los viajeros se sientan unos al lado de otros, sin limitación ninguna. ¡En qué manos estamos, Dios mío, desde hace ya más de un año! Mejor no pensar, limitarme a obedecer, ser uno más del sumiso rebaño que acata sin rechistar lo que le echen y repetir los versos, no sé si de Juan Ramón o de Pemán, o quizá de José María Jiménez, que diría Cernuda: “Bendito seas, Señor, / por tu infinita bondad, / porque pones con amor, / sobre espinas de dolor, / rosas de conformidad. / Gracias si queréis que viva, / gracias si queréis matarme. / Gracias por todo y por nada / y sea lo que queráis”. (Donde dice “Señor”, debe leerse, por supuesto, “autoridades político-sanitarias”.)

Lunes, 31 de mayo
CRÍTICA ACRÍTICA

Hablo en Ca´ Foscari, la laberíntica universidad de Venecia que juega a asomarse y esconderse junto al Gran Canal, de las relaciones entre la crítica académica y la crítica valorativa o crítica policíaca o crítica higiénica, para utilizar la terminología de Clarín. Cuento que hasta hace no muchos años en la universidad no se estudiaba la literatura actual, que al catedrático Martínez Cachero no le dejaron dedicar su tesis doctoral a las novelas de Azorín y que tuvo que hacerla sobre un poeta segundón del XIX. Fue Bousoño, con su tesis sobre Aleixandre, el primero el estudiar en la universidad española a un poeta contemporáneo, y eso gracias a que el director, Dámaso Alonso, era amigo del poeta estudiado. Algo de razón había en ello. Aplicar a una edición de Luis Alberto de Cuenca los mismos métodos que a las de Garcilaso no es hacerla más rigurosa, sino solo más ridícula y Juan José Lanz no me dejará mentir. La minuciosa enumeración de borradores y variantes tiene sentido –si se hace bien-- cuando se trata de un clásico, no de un contemporáneo del que contamos con una edición fiable preparada por el propio autor.

            Es necesaria una cierta distancia temporal, para que sepamos qué autor forma parte de la historia de la literatura y cuál de la efímera actualidad. Y eso no se decide –o no solo o no principalmente-- en los departamentos universitarios. La crítica universitaria suele ser acrítica. Allí los autores deben llegar acreditados en otra parte.

 

Martes, 1 de junio
TENGO LA SOSPECHA

Ningún lugar mejor para comenzar mi mes favorito que esta Venecia que hoy estalla de luz y júbilo. Vuelve a abrir el interior de los bares y restaurantes, puede uno acomodarse de nuevo en la barra y contarle sus cuitas al camarero. Las terrazas están llenas de felicidad. Comemos en el  restaurante kosher que está frente al canal del Cannaregio, a la entrada del gueto. Un amigo se niega a acompañarnos. “No es que yo tenga nada contra los judíos, por supuesto que no, pero estos de Venecia son ultraortodoxos y no me gustan nada. Hace poco hubo un gran escándalo que salió en los periódicos. Despidieron en ese restaurante a un camarero, que no era judío, porque se enamoró de una camarera judía. Los denunció por despido improcedente y el caso aún está en los juzgados. Además he oído que jóvenes judíos de vez en cuando se juntan para apalear a algún musulmán”. Yo no me creo nada, por supuesto, pero luego, mientras disfruto de nuevos sabores, me entretengo en tratar de adivinar cuál de las dos camareras que deambulan por el local, las dos muy reina de Saba, es la que despertó esa pasión prohibida.

            En el conflicto entre el gobierno de Israel y los palestinos, nunca tuve dudas de en qué parte estaban la razón y la justicia, y nunca dejaré de denunciar el terrorismo de Estado, pero eso no afecta en nada a mi pasión por la cultura judía. Me gusta imaginar que entre mis antepasados hubo algún criptojudío de los que se quedaron por tierras de Extremadura tras la expulsión.

Miércoles, 2 de junio
MOLO AUDACE

Hay ciudades que he pisado infinitas veces antes de pisarlas por primera vez. Trieste es una de ellas. Con el placer del reencuentro, del primer abrazo después de tantos años, toda una vida, abandono la estación central e impaciente camino hacia los lugares que primero fueron de tinta y de papel y ahora se alzan en tres dimensiones en una historia ilustrada de la literatura. Corso Cavour adelante, en seguida me encuentro con el Canal Grande, la neoclásica iglesia de san Antonio Taumaturgo al fondo y James Joyce caminando junto a uno de los puentes. Admiro, desde fuera, la iglesia ortodoxa serbia, pero sin detenerme. Tengo prisa por saludar a uno de mis más queridos amigos de esta ciudad. Paso por delante de su librería –hoy está cerrada, es el día de la República--, pero me lo encuentro en el cruce de Dante Alighieri con San Nicoló, sin duda va a trabajar al local, aunque no esté abierto. Recuerdo sus: “Trieste tiene una hosca / gracia. Si gusta, / es como un áspero y voraz granuja, / de ojos azules y manos ya muy grandes / para dar una flor, / como un amor / con celos. / En torno a cada cosa / circula / un aire extraño, un aire tormentoso: / es el aire nativo”.

            Ningún aire extraño, amigo Umberto Saba, ningún aire tormentoso encuentro yo en esta ciudad que acaricio hoy por primera vez. Me dejo sorprender por la fastuosidad de la Piazza della Unità d`Italia, con uno de sus lados abierto al mar y al mundo, y luego voy hasta un pequeño parque, el Giardino Hortis, a cuya entrada, entre puestos de libros, me espera Ettore Schmitz, discreto comerciante en la fábrica de pintura de sus suegros, amigo de Joyce y autor de una novela, La conciencia de Zeno, que hizo famoso a partir de los años veinte, no su nombre, sino el pseudónimo tras el que quiso esconderse. La antivida de Italo Svevo tituló Maurizio Serra la biografía que le dedicó. Pocas vidas más aparentemente anodinas e insignificantes que la suya. Todas sus tormentas fueron interiores. En eso creo que nos parecemos.

El libro que compro en uno de los puestos es la crónica de un viaje a la Rusia soviética cuando asombraba y espantaba al mundo. Nella terra dei Soviet, de Mario Nordio, se publicó en Trieste en el año 1932, el año X de la era fascista (y así se indica en el colofón), pero no tiene nada del panfleto antisoviético que podría esperarse. Todo lo contrario. Son tantos los puntos de contacto que encuentra que concluye afirmando que “Roma y Moscú son  los únicos centros que construyen el porvenir en un mundo que cruje bajo el peso del pasado”. Faltaba un año, pero por entonces nadie pensaba que Hitler pudiera llegar al poder.

            Hojeo el libro en un banco del parque (me sorprende que los árboles estén dedicados a distintas personas, como los bancos del Central Park) y luego asciendo hasta la catedral y el castillo de San Giusto. Desde allí diviso toda la ciudad y el inmenso azul. Juego a ir reconociendo los lugares. Lo que más me llama la atención es una especie de pista de aterrizaje llena de gente que se adentra en el mar. De pronto la reconozco. ¡Es el Molo Audace, el antiguo Molo de San Carlo!

            Termino la tarde, la hermosa tarde en la que no me canso de acariciar la ciudad, paseando yo también por él, emborrachándome de infinito. En el siglo XVIII aquí se hundió un barco, el San Carlo, y en lugar de retirar los restos se decidió construir un nuevo muelle. Se fue ampliando varias veces y en los años veinte, como homenaje a otro navío, el torpedero Audace, que fue el primero en entrar en el puerto tras la Gran Guerra, cambió su nombre por el que ahora tiene, que parece propio de una aventura de Corto Maltese. Aquí atracaron durante años los barcos de pasajeros, pero ahora lo hacen en otra parte y sirve solo como fantástico paseo sobre las aguas. Al final hay una rosa de los vientos y junto a ella puede uno soñar con lugares que están fuera del mapa y del calendario..

Jueves, 3 de junio
VILLA MARAVEGE

El rio San Trovaso une el canal de la Giudecca con el Gran Canal. Al comienzo, junto a a Fondamenta  Zattere, está el squero de San Trovaso, el más hermoso de los talleres de góndolas. Aquí tuvo lugar una famosa representación al aire libre de El mercader de Venecia a la que asistió Eugenio d’Ors, quien la comentó en sus glosas. La tarde en la que yo paso por allí está lleno de estudiantes que celebran su graduación. Lo que no sabía es el secreto que el río encierra al final. Siempre lo cruzaba por el ponte de le Maravegie, el puente de las Maravillas, pero hoy he avanzado un poco más por la acera sin salida y he descubierto la Pensione Accademia, que ocupa Villa Maravege, una mansión del siglo XVIII que fue embajada rusa durante la República Veneciana y consulado después durante mucho años. Aquí se alojaba Josif  Brodsky y aquí escribió buena parte del libro que en español se titula Marcas de agua y en el original lleva el nombre de la cercana Fondamenta degli Incurabili. Con un jardín de verano y otro de invierno y dos columnas supervivientes del campanile original (el que se derrumbó en 1902) ningún lugar mejor para esconderse del mundo y estar en el centro del mundo.


sábado, 29 de mayo de 2021

Después y todavía: Cómo leer la prensa

 

Sábado, 22 de mayo
EL CRIMEN DE PLAZA BOLÍVAR
 

Al hojear un número de Nuevo Mundo correspondiente a abril de 1913 –ya se sabe que las viejas revistas son mi lectura favorita, mi máquina de viajar en el tiempo--, me tropiezo de pronto con un pelotón de soldados que fusila a tres hombres; se inclinan a uno y otro lado como peleles. La imagen tiene la fuerza del famoso cuadro de Goya, pero un patetismo mayor. En la mitad superior de la página, hay otra foto no menos impactante contemplada después de la anterior. Un militar está leyendo unos papeles; detrás de él, hay otros militares en actitud distendida (uno  cruza las manos en la espalda, otro se acerca caminando) y un grupo de civiles que miran distraídos hacia fuera de cámara. Detrás y a un lado, en la mitad derecha de la fotografía, tres campesinos esperan tranquilamente sentados, con el sombrero puesto; tienen las manos juntas sobre las piernas. Nadie imaginaría que son los reos ejecutados un instante después. Lo que se está leyendo es su sentencia de muerte, pero ellos no parecen enterarse.

            Esos tres hombres que escuchan impasibles su sentencia de muerte y luego se inclinan a uno y otro lado, sin levantarse del asiento, como muñecos, tras recibir los disparos, son Fabián Graciano, Fermín Pérez y Virgilio Mulatillo, que habían agredido a machetazos, pocos días antes, a Manuel Enrique Araujo, presidente de la República de San Salvador.

            Araujo había sido elegido presidente en 1911, el año en que se conmemoraba el centenario de la independencia, y fue un personaje carismático. Cambió la bandera y el escudo del país, se enfrentó a Estados Unidos y a las grandes empresas cafeteras, creó la primera ley de accidentes laborales, se preocupó de mejorar la salud pública y la educación. Por las mañanas, de nueve a once, concedía audiencia; recibía a todo el que quisiera hablarle, a todos escuchaba. Cuando ejerció la medicina, asistía gratuitamente a la gente pobre y su sueldo de presidente lo donaba íntegro y en secreto al Hospital Rosales. ¿Qué interés podrían tener esos tres indígenas en asesinarle? Una hermosa tarde de verano austral –la del 4 de febrero de 1913-- el presidente salió a pasear con unos amigos, sin escolta ninguna, según costumbre, y se sentó en un banco de la plaza Bolívar, un lugar a esas horas muy animado, ya que tocaba la banda municipal. Los jóvenes solteros paseaban en una dirección mientras las solteras, luciendo sus mejores galas, paseaban en la dirección contraria con el fin de intercambiar miradas y sonrisas al cruzarse. Los progenitores de las damiselas ocupaban el fondo de la plaza; un poco apartados del resto, estaba la gente del pueblo, que gustaba de asistir al doble espectáculo, el de la música y el del paseo de la gente elegante. A las ocho y media, tres hombres se abalanzaron machete en mano contra el presidente; también se oyeron disparos. Se produjo de inmediato una gran confusión, la gente corría, chocaban unos con otros tratando de escapar. El presidente había recibido cinco heridas de arma blanca y un balazo en un hombro  Aún así, se alejó de allí caminando; sus amigos le subieron a un carruaje. Le trataron primero en una casa cercana, donde perdió el conocimiento. Lo recuperó después, ya en su residencia particular. Durante unos días parecía que podría sobrevivir. Incluso dicen que se levantó del lecho y que dictó algunas órdenes ministeriales. La más importante de ellas fue nombrar como sucesor a Carlos Meléndez, por renuncia del vicepresidente. Lo hizo la mañana del 9 de febrero. Poco después le operaron en el Hospital Rosales y murió como consecuencia de la operación. Apenas una semana después, tras un proceso sumario, se fusiló a los tres atacantes. Un militar, Fernando Carmona, fue detenido como autor de los disparos, uno de los cuales impactó sobre el presidente; murió tres días más tardes, al parecer suicidado. Nunca se supo quien estaba detrás de aquel asesinato; lo que parece cierto es que hubo mucho interés en que desaparecieran pronto, antes de que hablaran demasiado, los autores materiales. Hay muchas hipótesis sobre el magnicidio, como en el caso de la muerte de Kennedy; las menos verosímiles aluden a líos de faldas, ya que el elegante Araujo era un pertinaz don Juan. Se habló también de la implicación de Estrada Cabrera, el presidente de Guatemala, el Señor Presidente de la novela de Miguel Ángel Asturias, pero sin negar del todo ese hecho, parece que su propio sucesor, Carlos Meléndez, tuvo algo o mucho que ver. Con él se inaugura la dinastía de los Meléndez-Quiñones, en el poder hasta 1927. A mí el asesinato de Araujo me recuerda, más que al de Kennedy, al de Prim.

            ¿Habrá escrito alguien la historia de estas otras víctimas, Fabián Graciano, Fermín Pérez, Virgilio Mulatillo? ¿Quién les puso el machete en las manos, quién los lanzó contra el presidente? Ni siquiera parece que entendieran muy bien el castellano. A mí, viendo la fotografía de Nuevo Mundo me vienen a la memoria los versos finales de “Los fusilamientos de la Moncloa”, el soneto de Manuel Machado: “Y en confuso montón agonizante, / a medio rematar, por tandas viene / la eterna carne de cañón al suelo”.      

Lunes, 24 de mayo
HABLO CON EL DIABLO
 

¿A quién escogerías, hombre o mujer (o ni una cosa ni otra), para acompañarte el resto de tu vida?

----Yo soy más de acompañantes para el fin de semana. Y no me gusta repetir más de dos veces seguidas.

¿Qué gran premio literario te parecería mejor para coronar tu trayectoria, el Cervantes o el Nobel?

----El Cervantes no, que tiene muy graves efectos secundarios. Hoy va a tu casa a entregártelo el rey y mañana te mueres. Y el Nobel tampoco: soy tan vanidoso que no podría resistir la tentación de rechazarlo.

Imagínate que eres rey de un país en cuya constitución se indica –como dicen que dice la de España-- que puedes hacer lo que te dé la gana sin tener que responder ante ningún tribunal. ¿Qué harías?

----Abdicaría de inmediato. Me avergonzaría ser jefe del Estado de un país que tuviera una constitución así.

Se descubre una pócima que garantiza la inmortalidad. ¿La beberías?

----Me enteraría antes de lo efectos secundarios. Recuerdo el caso de aquella sibila a la que Apolo prometió la vida eterna, pero no la juventud, y llegó a un momento en que lo único que deseaba es morir. A mí la inmortalidad me parece demasiado. Me conformaría con vivir otros setenta años en las condiciones en que vivo ahora. Aunque no te aseguro que no volviera a pedir otros setenta años allá por 2091.

Y si fueras Dios, ¿qué es lo primero que harías?

-----Detendría el mundo, me dedicaría el tiempo que hiciera falta a arreglar los desperfectos y luego lo pondría de nuevo en marcha.

Miércoles, 26 de mayo
MENTIR CON LA VERDAD

Para razonar correctamente, ese deporte tan poco practicado por mis contertulios habituales, hacen falta dos cosas, las mismas que para que un coche funcione correctamente: un buen motor y gasolina. El motor son las reglas de la lógica y la gasolina la información adecuada.

            Yo no tengo otras fuentes de información que la prensa oficial, la prensa endeudada y subvencionada, y sin embargo las conclusiones que saco de ella sobre la actual situación de emergencia, y sobre sus causas y responsables  son muy distintas a las de la doctrina oficial. A menudo basta con leer hasta el final un  artículo para desmentir lo que da a entender su titular. 

Jueves, 27 de mayo
 LA PRIMERA OBLIGACIÓN

----“La primera obligación de un político es hacer todo lo posible para mantenerse en el poder” afirmaba Maquiavelo. No sé si Pedro Sánchez ha leído a Maquiavelo, pero seguro que sus asesores sí.

----¿Todo lo posible? ¿Incluso al margen de la ley?

----La ley es interpretable y maleable, como saben bien los buenos juristas.  En España tenemos experiencia en pasar de un régimen dictatorial a otro democrático sin quebrantar, al menos formalmente, ninguna ley y conservando en sus puestos a todos los jerarcas del antiguo régimen, comenzando por el jefe del Estado.

----Pero lo que quiere hacer Pedro Sánchez, indultar a los presos del procés, es pan para hoy y hambre para mañana. Así puede sostenerse hasta el 23, pero entonces arrasará la derecha con el apoyo de la izquierda nacionalista española, mucha de ella en el PSOE.

----Dos años en estos tiempos líquidos y calamitosos es una eternidad. Lo que pase entonces ya se verá, quizá cuente Sánchez con el espantajo de Vox para mantener agrupado el rebaño de la izquierda.

----Tú estás contento porque crees que ese indulto es un paso más hacia la República Catalana, que es lo que a ti te gusta.

----Que es lo que parece que le gusta a la mayoría de los catalanes. A mí ni me gusta ni deja de gustarme. A mí lo que me gusta es Cataluña, forme parte del Estado español (que de España, tal como yo la entiendo, formará parte siempre) o no.

Viernes, 28 de mayo
LA ETERNIDAD Y YO

“Escribo, no para la siguiente generación, para dentro de dos generaciones”, leo en el Diario de Gide. Yo, en cambio, siempre he escrito para ahora mismo, además de para toda la eternidad. ¿Para toda la eternidad? Mucho tiempo es ese. A la mayoría de los escritores, si viven lo suficiente, se les deja de leer bastantes años antes de su muerte. Y a bastantes no se les lee nunca más allá de las lecturas obligatorias o piadosas de amigos y familiares.

            Yo, que a la falsa modestia prefiero la falsa vanidad, alardeo siempre de que se me seguirá leyendo cuando nadie sepa –algún erudito lo indicará en nota-- quién  fue el hipocondríaco Caligulín que tanto nos hacía reír por no llorar. Si me equivoco, tampoco pasa nada. Lo que interesará a los lectores de dentro de cien o doscientos años no lo sabe nadie. Leerán, sobre todo, como siempre ocurre, a sus contemporáneos por placer y a un puñado de clásicos por obligación. De lo que estoy seguro es que, de vez en cuando, rebuscando en una librería de viejo, algún curioso descubrirá un libro mío –quizá Enigmas con jardín o Sin propósito de enmienda--, comenzará a hojearlo y seguirá leyéndolo con asombro y felicidad. Y si eso no ocurre, como para entonces es casi seguro que ya estaré muerto, pues tampoco me voy a llevar un gran disgusto.



 

 

sábado, 22 de mayo de 2021

Después y todavía: Aún no

 

Sábado, 15 de mayo
ORACIÓN EN LA GUÍA
 

Subo hasta la ermita de la Guía, en la desembocadura del Sella –a un lado el monte Corberu y los acantilados con cicatrices de las iras marinas, al otro la placidez de la ría y la villa--, y pienso que hay lugares sagrados en los que se está más cerca del cielo o más cerca de nosotros mismos. Siempre estuvieron dedicados a alguna divinidad, a algún dios o a alguna diosa de cambiante nombre, pero de idéntico poder.

Es un día vagamente lluvioso,  con una luz que difumina los colores y acentúa la soledad. ¿Qué puedo ofrecerle yo al dios o a la diosa del lugar para que me sean propicios los días que se avecinan? Solo somos el tiempo que nos queda tituló Caballero Bonald sus poesías completas. Soy el que soy ahora, no los que fui. Y el tiempo que me importa es el que me queda por vivir, no el que he vivido.

Doy las gracias por todos los errores que me han traído hasta aquí. Si hubiera hecho en todo momento lo adecuado, ahora quizá tendría más dinero, vendería más libros, no viviría solo, me habría jubilado en lo más alto del escalafón.

            Pero tengo todo el dinero que necesito, publico todos los libros que escribo, nunca he vivido solo, aunque lleve medio siglo viviendo solo, y lo de escalar escalafones es un deporte que tiene mucho de humillante y que a mí nunca me ha tentado.

            Los malos ratos de mi vida, de cualquier vida, ya es como si le hubieran pasado a otro, como imágenes de una vieja película. Ahora estoy aquí, soy todo lo feliz que se puede ser en un mundo donde se mata y se muere por las mejores causas, o sin causa ninguna, donde el resbalón acecha a cada paso que damos. Ahora estoy aquí y nunca volveré a ser tan joven ni tan dueño de mí como lo soy ahora.

            No sé el tiempo que me queda y ojalá no lo sepa nunca. Cierro lo ojos y formulo un deseo: Que pase de este tiempo a otro tiempo sin tiempo sin que nadie me avise del tiempo que me queda.

            Un cuervo, hasta ahora inmóvil sobre la más alta peña, alza el vuelo de pronto y planea sobre mí. ¿Eres tú, negro cuervo, el dios o la diosa de este lugar? Defiéndeme de todo mal y, sobre todo, defiéndeme de mí.

Domingo, 16 de mayo
LO DIFÍCIL

 Lo difícil no es hacer lo que se debe, sino saber lo que se debe hacer.

Lunes, 17 de mayo
ACERCA DEL ÉXITO

Nos seguimos esforzando, libro a libro, por llegar a la cima, sin darnos cuenta de que hace tiempo que hemos llegado a nuestra pequeña cumbre y nos deslizamos cuesta abajo.

Martes, 18 de mayo
NO ME CITA

El diario es un género literario que parece escribirse solo. Por eso tienta tanto a tantos, por eso está tan de moda como el aforismo y el haiku y otros chispazos más o menos ocurrentes. Leo Tiempo ordinario, de Eduardo Laporte, y sonrío ante alguna ingenuidad: “Ya no me invitan a la comida en el Ritz en la que se reunía lo más granado del ámbito literario para dar un premio de postín, en una editorial a la que he dedicado bastantes entrevistas y reseñas en un periódico que ningún interés económico tiene en dicho sello”. Ese premio me imagino que sería el Loewe y yo recuerdo, de cuando se lo dieron a algún amigo, que no sé si asistía lo más granado del gremio literario, pero sí que aquella selecta reunión la presidía Ana Botella, alcaldesa de Madrid.

El diario es un género menor, pero yo, que no leería ninguna novela de Eduardo Laporte, periodista cultural del Diario de Navarra (tampoco ninguna de sus admirados Sergio del Molino o Alberto Olmos, a quienes cita con frecuencia), me entretengo con el suyo mientras tomo el primer café de la mañana. Más ingenuidades: “Viajo por el último tomo de Trapiello, Mundo es, por la curiosidad de ver si salgo. Habla de un verano en los cursos de El Escorial, el año que lo entrevisté, pero no me cita”. ¡Cómo nos gusta ver nuestro nombre en los libros de los demás! Por eso ningún castigo mayor que la conspiración del silencio, por eso los escritores más o menos famosillos, cuando responden a algún detractor, se cuidan mucho de escribir su nombre.

Miércoles, 19 de mayo
SENTAR CÁTEDRA

¿De dónde me viene este antipático elitismo, este mirar por encima del hombro a tantos escritores, sobre todo si han sido muy premiados? Siempre he tenido muy claro el sentido de las jerarquías. Hay jugadores de primera, de segunda y de tercera y luego la legión de los que no dan ni darán nunca la talla y que suelen asociarse a la caza de recitales y subvenciones.

Claro que estas cosas pueden pensarse, casi todos las pensamos, pero no deben decirse. Y no se trata de que unos autores sean de mi grupo o de mi gusto y otros no. Yo distingo –siempre he distinguido--  entre un poeta que me interesa poco, su estética no es la mía ni su mundo tiene que ver con mi mundo,  y un escribidor de versos que no interesa nada, ni a mí ni a nadie, aunque acumule esos premios que tienen más de baldón que de galardón.

            Tengo mi propia escala de valores, qué le vamos a hacer. No soy de los que se dejan guiar por el renombre periodístico. Con Nobel o sin Nobel, la poesía de Louise Glück no vale mucho y su último libro, Noche fiel y virtuosa, no vale nada. Pero reconozco que puedo estar equivocado, faltaría más.

Jueves, 20 de mayo
TÓPICAS FRASES

Por el Facebook de Xuan Bello me entero de que ha muerto Xosé Bolado, el gentleman del asturianismo, y que también ha muerto Francisco Brines, a quien tanto admiré. A la memoria me viene su “Epitafio romano”, un poema de Aún no que, como tantos de ese libro, me sé de memoria desde que lo leí por primera vez a poco de su aparición, allá por 1971 o 1972. Los primeros versos traducen una inscripción latina: “No fui nada, y ahora nada soy. / Pero tú, que aún existes, bebe, goza / de la vida…, y luego ven”. A continuación, la glosa: “Eres un buen amigo. / Ya sé que hablas en serio, porque la amable piedra / la dictaste con vida; No es tuyo el privilegio, / ni de nadie, / poder decir si es bueno o malo / llegar ahí. / Quien lea debe saber que el tuyo / también es mi epitafio. / Valgan tópicas frases / por tópicas cenizas”.

Viernes, 21 de mayo
LA VENGANZA DE CALIGULÍN

Todos los días me pregunta algún amigo si me he vacunado. En cuanto les digo que no, comienzan las descalificaciones: “¡Eres un negacionista!”, “¡Eres un irresponsable!”, “¡Eres un terraplanista!”, “¡Eres un Miguel Bosé!”. Y las amenazas: “¡No te van a dejar salir de España!”,” ¡No te van a dejar salir de Asturias!”,  “¡No te van a dejar salir de casa!”, “¡Te van a obligar a andar con una campanilla, como a los leprosos, para que la gente decente se aparte de ti!"

            ----Calma, calma, borreguinos míos, que si aún no me he vacunado es porque todavía no me han llamado, a pesar de que, como a mí me gusta repetir, para ser un anciano venerable ya solo me falta ser venerable.

            ----¿No te han llamado? Qué raro.

            ----Un conocido, bien relacionado con las altas instancias, me dice que se debe a una orden directa de cierto mandamás: “A ese perro, que no ha perdido ocasión de ridiculizarme llamándome Calígula, monaguillo de Sánchez y cosas peores, lo dejáis para cuando no quede más que una dosis de AstraZeneca y, si es posible, ya caducada”.



sábado, 15 de mayo de 2021

Después y todavía: Elogio de la censura

 

Sábado, 8 de mayo
FUEGO AMIGO

El daño que pueden hacernos los enemigos es insignificante comparado con el que puede hacernos la gente que amamos. Yo no sé si tengo muchos o pocos enemigos, pero sí todos son de la misma clase: poetillas de cuyos versos me he burlado o, peor aún, a los que nunca he tenido en cuenta y colegas a los que he puesto algún reparo a esas publicaciones propias de nuestra profesión que nadie, salvo quizá yo, tiene la costumbre de leer. Su venganza no es precisamente terrible: que preparan unas lecturas poéticas financiadas por esta o aquella institución oficial, pues tienen la costumbre de no invitarte, cosa que por lo general agradezco; que organizan un congreso sobre Ángel González, o algún otro tema de tu conocimiento, pues no te invitan para que brilles por tu ausencia.

            El daño, el daño de verdad, nos lo hace siempre la gente que queremos. Yo siempre estoy en guardia contra las debilidades del corazón, o eso creo. Pero soy un sentimental, de esos que lloran en el cine, y enseguida me encariño con cosas y personas. Y luego pasa lo que pasa.

            El odio de los enemigos no deja cicatrices. El fuego amigo me ha hundido estos días en la miseria y cualquier día puede llevarme por delante.

Domingo, 9 de mayo
UN MAESTRO DESCONOCIDO

Leí emocionado, a poco de su aparición, el homenaje que Héctor Abad Faciolince dedicó a su padre, asesinado por sicarios en el Medellín de los años ochenta. Veo ahora con la misma emoción El olvido que seremos, la película de Fernando Trueba que adapta ese libro. Me parece un acierto utilizar un blanco y negro que le da un aire de documental para los años finales, los del crimen, y rodar en un color algo irreal el tiempo de la infancia, cuando el padre aparece mitificado ante los ojos del niño.

            Termina la película con el soneto que el doctor Héctor Abad Gómez llevaba en el bolsillo de su chaqueta en el momento de su muerte. Son unos versos que se publicaron firmados por Jorge Luis Borges, aunque no están incluidos en su poesía completa: “Ya somos el olvido que seremos. / El polvo elemental que nos ignora / y que fue el rojo Adán y que es ahora / todos los hombres, y que no veremos. / Ya somos en la tumba las dos fechas / del principio y el término. La caja, / la obscena corrupción y la mortaja, / los ritos de la muerte, y las endechas. / No soy el insensato que se aferra / al mágico sonido de su nombre. / Pienso con esperanza en aquel hombre / que no sabrá que fui sobre la tierra. / Bajo el indiferente azul del cielo / esta meditación es un consuelo”.

            Al llegar a casa, con el eco de ese soneto en la memoria, leo “Un poema en el bolsillo”, la fascinante indagación erudita de Héctor Abad Faciolince sobre los enigmas que ese soneto plantea. La pista de esos versos misteriosos le lleva de Nueva York a París, de Buenos Aires a la provinciana Mendoza, donde se publicaron por primera vez en un folleto titulado 5 poemas que lleva prólogo de Jaime Correas. Esos poemas, se lee en el prólogo, “aparecieron casi mágicamente” a principios de 1986. Después de su investigación minuciosa y novelera, Héctor Abad concluye que son de Borges, quien se los habría entregado, en septiembre del 85, a un escritor francés que fue a entrevistarle. ¿Pero cómo iba a Borges a entregar unos poemas inéditos sin guardar copia? ¿Y quién hizo esas copias mecanografiadas? Si no fue a María Kodama, ¿a quién dictó Borges esos poemas inéditos que al parecer guardaba en un cajón de su dormitorio?

            Ni “Ya somos el olvido que seremos”, el soneto que el doctor Abad leyó en una emisora de radio poco antes de ser asesinado, ni los otros espléndidos sonetos que se reprodujeron en varias revistas y suplementos literarios a lo largo de 1987 firmados por Borges, pueden considerarse obra póstuma del autor de Los conjurados. Pero alguien tuvo que escribirlos. La investigación, casi una novela corta de Henry James, que Héctor Abad Faciolince publicó en Traiciones de la memora debería haber continuado, sin cerrarse inverosímilmente en falso, hasta dar con el nombre de ese maestro desconocido.

Lunes, 10 de mayo
MEDALLA DE ORO

Cuando Ramón Gómez de la Serna volvió a Madrid, en los años cuarenta, entre otros homenajes, recibió la Medalla de Oro del Ayuntamiento. Ya de regreso a Buenos Aires, y apurado de dinero, decidió llevarla a una joyería de su confianza para venderla. Allí le dijeron que de oro aquella pesada medalla solo tenía un ligero baño. Por los mentideros de la ciudad se contaba –lo cuenta José Manuel Castañón en su libro Mi padre y Ramon Gómez de la Serna-- que el escritor había decidido colocar aquel galardón municipal en el lugar de honor que se merecía: como empuñadura en la cadena de la cisterna del baño de su casa.

Martes, 11 de mayo
UN DESEO

Que los días tengan velocidad de crucero, pero que los años avancen lentamente.

Miércoles, 12 de mayo
IMPIADOSA TRITURADORA

Leemos y comentamos en la tertulia virtual de los miércoles algunos poemas de José Manuel Caballero Bonald y la verdad es que no sale muy bien parado: retórica rimbombante que no resiste el mínimo análisis crítico. “¿Y te parece bien –me pregunta Enrique Bueres-- hacerle pasar por la Trituradora con el cadáver aún caliente?”

            Pero en los últimos años publicó poesía con más frecuencia que nunca y sus libros fueron recibidos y promocionados como obras maestras por los suplementos literarios. Que alguien diga la verdad, más o menos en privado, no creo que pueda hacerle daño. José Manuel Benítez Ariza trata de disculparle: “Cierto que la media docena de libros que publicó después de Diario de Argónida, que es de 1997 --y que yo reseñé, por cierto, en Clarín--, quizá no valgan mucho, pero no me negarás que tenía derecho a escribirlos y a publicarlos. En 1997 tenía la edad que tú tienes ahora, Martín, y vivió cerca de un cuarto de siglo más. ¿Te parecería adecuado que se le prohibiera publicar con el pretexto de que ya había dicho todo lo que tenía que decir y que solo le quedaba repetirse? ¿Tomarás tú la decisión de no publicar ya más para evitar ese riesgo?”

            No tuve tiempo de contestar. Otro de los contertulios compartió en pantalla un hermoso y desolado poema de Caballero Bonald –“La botella vacía se parece a mi alma”-- que ha resistido la usura del tiempo, luego fueron apareciendo otros y se nos quitó el mal sabor de boca de tanta retórica vacua aplaudida por babelias y culturales, pero al cerrar el ordenador, al quedarme solo en casa, recordé la pregunta de Benítez Ariza y ya no fui capaz de quitármela de la cabeza.

            Por supuesto que no tomaré esa decisión, no será necesaria. La “fermosa cobertura”, el estilo sonajero, nunca ha sido lo mío. Yo nunca he hecho virtuosismos de estilo, a lo Fray Gerundio de Campazas, ni rebusco palabras en el diccionario, ni tengo turiferarios que –sin necesidad de leerlo--  lancen las campanas al vuelo cada vez que publico algo. No soy, ni seré nunca, lectura obligatoria, momia ilustre, a los lectores tengo que seguir seduciéndolos para que sigan leyéndome.

Jueves, 13 de mayo
GIDE EN LA PICOTA

En el modélico prólogo a la edición completa de los diarios de Gide, de la que han aparecido los dos primeros tomos, afirma Ignacio Echevarría que han resistido mejor el paso del tiempo que el resto de su obra literaria, ya algo apolillada y abandonada en ese desván al que solo entran los eruditos. Suele ser frecuente. Las obras mayores acostumbran a envejecer peor que las escritas sin grandes pretensiones. Pero el diario de Gide, al que añaden interés documental pero no literario, las incorporaciones póstumas, resulta a menudo tedioso y con frecuencia indignante. El comportamiento sexual de Gide hoy habría tenido como consecuencia el repudio público y, muy probablemente, largos años de cárcel. ¿Vivimos en un tiempo más puritano que el suyo? En absoluto, solo con más sensibilidad moral para ciertos abusos, que si fueran de carácter heterosexual ya habrían sido denunciados y el ilustre prohombre de las letras puesto en la picota.

Viernes, 14 de mayo
PEZ GLOBO

¿Tiene que haber llevado una vida ejemplar el escritor que admiramos para que sigamos admirándole? Que Borges era un racista queda claro en diversas entrevistas y en el libro que le dedicó Bioy Casares. ¿Debemos repudiarle por eso? Eduardo Zamacois nos cuenta que Rubén Darío, cuando llegaba borracho a casa, más de una vez golpeó a Francisca Sánchez. ¿Debemos dejar de admirar sus versos por eso? Muchos escritores, muchos seres humanos, se parecen al pez globo, en parte delicia gastronómica y en parte mortal veneno. Borges tuvo buen cuidado de no dejar que sus discutibles opiniones contaminaran su obra literaria; Gide quiso dejar constancia de sus abusos en notas que poco a poco se fueron incorporando a su diario como una confesión sin propósito de enmienda. Una mala persona puede ser un gran artista, pero sus obras de arte no justifican sus malas acciones. El tiempo es el gran censor: de los autores de ayer solo debe rescatarse y homenajearse lo que no ofende a nuestra sensibilidad de hoy, el resto debe quedar en los archivos como testimonio de barbarie.



sábado, 8 de mayo de 2021

Después y todavía: Porros, donuts y vacunas

 

Sábado, 1 de mayo
EN COLUNGA

Después de pasar la mañana en Lastres, comemos en una fonda de Colunga. En una mesa cercana, toma sidra gente de la localidad (debemos ser los únicos turistas, esa denostada plaga ahora convertida en exótica rareza), y del murmullo de la conversación me llega el comentario de un anciano: “El teléfono acerca a los que están lejos y aleja a los que están cerca”. ¿Lo habrá leído en algún sitio o es una muestra de esa sabiduría popular que siempre acostumbra a dar en el clavo?

Domingo, 2 de mayo
UNA NACIÓN INFERIOR
 

La historia que se enseña en las escuelas y la que conmemoran los periódicos suele ser un cuento basado en hechos reales. Conmemorar el motín del 2 de mayo como un hecho glorioso siempre me ha parecido una barbaridad. La llamada Guerra de la Independencia fue un episodio de la guerra entre franceses e ingleses librado en suelo peninsular, con aliados españoles en ambos bandos.

Conmemoro el día, que antes era fiesta nacional y ahora solo es fiesta madrileña, leyendo un libro de Alicia Laspra, Intervencionismo y revolución. Asturias y Gran Bretaña durante la Guerra de la Independencia, que aclara algunas cosas. Fue la Junta de Asturias la primera en pedir ayuda a Gran Bretaña, que se la concedió de inmediato con la condición –primero implícita, luego cada vez más explícita-- de que les dejaran a ellos el mando de las operaciones. “Hasta entonces –escribe Alicia Laspra--, Napoleón había sido más o menos capaz de presentar su expansión imperialista bajo el velo de la ‘modernidad’, heredada de la Revolución: el ‘liberador’ de los pueblos de Europa, sojuzgados por monarquías absolutas, impopulares y ancladas en el pasado. Pero la fórmula falla estrepitosamente cuando sobreviene el caso de España, y el Reino Unido se encontró con que se le servía en bandeja el insólito papel de ‘liberador de Europa’, un papel que habría sido impensable unos años antes”.

            La gloriosa Guerra de la Independencia (“Oigo, patria, tu aflicción / y escucho el triste concierto / que forman, tocando a muerto, / la campaña y el cañón”) en buena medida no fue sino un choque entre dos imperios y un caso claro “de intervencionismo en los asuntos de una nación inferior”. El calificativo de “nación inferior” aplicado a España no es mío, sino de Raymond Carr en el prólogo al libro de Adriana Laspra.

Lunes, 3 de mayo
TODO EL MUNDO

De vez en cuando –pero cada vez menos, sé que he perdido la partida--, discuto con los amigos que todavía me aguantan unos presuntos remedios contra la enfermedad de moda, unos remedios a menudo absurdamente ineficaces y de vez en cuando peores que la enfermedad, y siempre, cuando se les acaban las razones, tratan de cerrarme la boca con la siguiente afirmación: “Pues en todo el mundo hacen lo mismo, Martín. ¿Todo el mundo está equivocado menos tú?”

            Y eso me ha llevado a hacer colección de casos en que, si no todo el mundo, sí al menos la mentalidad colectiva, estaba equivocada. Algunos son bastante pintorescos. Por el libro Así fue mi Londres, de José Pla Cárceles, que he leído en estos días, me entero de que, a principios del siglo XX, era una acción subversiva enseñar español tal como se habla y no tal como se escribe. Se le echaron encima todos los otros profesores, quisieron denunciarle a la Real Academia, cuando comenzó a explicarle a sus alumnos ingleses que en español no se diferenciaba la “b” de la “v”. Nadie la distinguía, nadie la distinguió nunca (salvo en ciertas zonas por influjo de la lengua autóctona), pero todos preferían reconocer su mala pronunciación, la de todos los millones de españoles, “antes de reconocer el prejuicio anclado en la escritura”. Todavía en los años cincuenta había maestros empeñados en que sus alumnos distinguieran en la pronunciación la “b” de la “v” , ya que así “mejoraría mucho la ortografía”.

            ¿Una estupidez? Pues de esa estupidez participaban, hasta las primeras décadas del XX la mayoría de los expertos y era doctrina oficial de la Academia de la Lengua. Había quienes discrepaban, como hay quienes se ríen hoy de las autoridades político-sanitarias que tratan de contener una epidemia a golpes de toques de queda –que la gente se meta en su casa a las diez o a las once--, abre-cierre de bares según confusas estadísticas y mascarillas a troche y moche, pero somos los menos.

Martes, 4 de mayo
GRACIAS, PABLO, GRACIAS, PEDRO

----¿Estarás contento, Martín? Todo ha ocurrido a medida de tus deseos.

----Mentiría si dijera que el resultado de las elecciones madrileñas me disgusta.

----¡Y pensar que tú eras de izquierda!

----De la izquierda descerebrada que encierra a los niños y que saca el ejército a la calle para mantener a los ciudadanos en sus casas, ni lo he sido ni espero serlo nunca.

----¡No hagas demagogia! Fue por razones sanitarias.

-----Se sabe ahora, y se sabía entonces (las epidemias víricas no nacieron ayer), que el contagio es mayor en los lugares cerrados que al aire libre, donde resulta prácticamente imposible si no te metes en una aglomeración. Menos mal que luego, el mismo Pedro Sánchez que mandó a los soldados a impedir que ningún anciano, al ir o venir a la compra (eso por lo menos se podía hacer) se sentara ni un segundo en un banco (yo vi en directo una de esas brillantes actuaciones militares), impidió que Barbón nos volviera a encerrar a los asturianos, como era su más ardiente deseo.

----¿Y por eso te alegras de que la derecha fascista arrase en Madrid?

-----Fascista, fascista… Eso es como decir que la bien intencionada gente de Podemos son estalinistas. A mí lo que más me gustó de estas elecciones es lo que tuvieron de cuento tradicional o de recreación de una milenaria fábula. Un patito feo, una cenicienta, una metepatas profesional se enfrenta a la más brillante estrella de la nueva política, al que llegó de la nada, de las aulas universitarias, a vicepresidente capaz de opacar con su brillo político al presidente, y lo noquea de un derechazo –nunca mejor dicho-- y lo lanza por los aires lejos del cuadrilátero. ¡Cuánto nos habremos reído de Isabel Díaz Ayuso cuando Pablo Casado se la sacó de la manga, o de entre las faldas de Esperanza Aguirre, para encabezar la lista de Madrid! Los momentos más hilarantes del Intermedio –yo entonces veía el Intermedio, ahora no veo ninguna cadena generalista española-- a ella se deben; nos lo hacía pasar mejor que Bárcenas, era como Esperanza Aguirre ministra de cultura que decía admirar a una escritora llamada Sara Mago. Quisieron convertirla en la tonta del bote, la de la película de Lina Morgan, y ella demostró ser más lista que nadie. Fue capaz de convertir a Pablo Iglesias en su mejor aliado político. Su discurso de ganadora debería haber terminado con estas palabras: “Y agradezco a Pablo Iglesias que tuviera la delicadeza de dejar la vicepresidencia del gobierno para venir a enfrentarse conmigo; gracias a él, lo que eran solo unas elecciones regionales, se convirtieron en una contienda que a nadie dejó indiferente. Gracias a él soy un referente de libertad en toda España; gracias a él, y al presidente del Gobierno (gracias, Pedro) que vino en mi ayuda saltando al ruedo para echarle una mano (al cuello) al soso de Ángel Gabilondo”.

Miércoles, 5 de mayo
MANTERNER LAS DISTANCIAS

No te tomes demasiadas confianzas con nadie, ni siquiera contigo mismo.

Jueves, 6 de mayo
UN MUNDO MEJOR

Cuentan –no sé hasta qué punto será verdad—que el desarrollo de la industria relojera en la ciudad de Ginebra tiene motivos religiosos. El puritanismo calvinista prohibió los adornos suntuarios y los joyeros de la ciudad acabaron convirtiéndose en fabricantes de las únicas joyas que estaban permitidas: los relojes.

Besullo es un pequeño pueblo del concejo de Cangas del Narcea que ha dado más cantidad de nombres importantes  –Alejandro Casona es el más conocido-- que ningún otro. Y ello se debe a que allí, tras la revolución del 68, se estableció la primera iglesia evangélica de Asturias, que lo primero que hizo fue abrir una escuela para niños y niñas. Y daban apoyo a los alumnos más aventajados para que pudieran cursar estudios superiores. El obispado de Oviedo, allá por 1880, dio dinero para que se creara otra escuela con el fin de conseguir que se “extinguiera esa secta herética”.

La religión no solo son unas creencias más o menos irracionales, más o menos ridículas (todas lo son para los que creen en una religión distinta), sino una forma de estar en el mundo que puede mantenerse incluso cuando se abandonan esas creencias: es el caso de los cristianos nuevos en la España del Siglo de Oro, cristianos de verdad, pero con hábitos –como el de la lectura o el amor al trabajo intelectual—que los distinguían de los cristianos viejos.

Un amigo me pasa el libro de fotografías que Andrea Ramos ha dedicado a Besullo, Lleva  unas palabras preliminares, precisas y sabias, de Juaco López y yo pienso, al leerlas y al admirar rostros y lugares trabajados por el tiempo, que no hay lugar en el mundo, por pequeño que sea, que no pueda convertirse en una de las capitales del mundo y en punto de partida para un mundo mejor.

Viernes, 7 de mayo
REÍR POR NO LLORAR
 

----¡Anímese caballero, anímese señora, hay regalos para todos, para el nene y la nena! ¿Qué le parecería tener gratis, durante un año, un tierno donut a la hora del desayuno? ¿Que a usted no le gusta el dulce? Pues, si demuestra tener más de 21 años, cambiamos el donut por una cervecita. Y no se vayan, no se vayan, que aún hay más. Un porrito de vez en cuando relaja y a nadie viene mal. Nosotros se lo regalamos, gratis total. Y también hay bonos de cien dólares y hasta de quinientos si usted trabaja en un banco. ¡Tiramos la casa por la ventana! ¡La América de Joe Biden tira la casa por la ventana! ¿Y que tiene que hacer usted a cambio! Nada, prácticamente nada, solo alargar el bracito para que le pongamos una vacunita. Con todas las garantías, oiga, con todas las garantías. Si la vacuna tiene efectos secundarios, le garantizamos ante notario que su viuda seguirá recibiendo el donut, o el regalo que usted haya elegido, completamente gratis durante todo un año.

            (Leo la crónica de la corresponsal en Estados Unidos de El País, “Cervezas y porros para incentivar la vacunación”, y no sé si reír o llorar.)