viernes, 10 de julio de 2026

Las veladas del Black Bar: Todo amor es fantasía

 

No hemos inventado nada, si acaso estos tiempos digitales han multiplicado por mil o por cien mil lo que antes ya existía. Juan Ramón Jiménez fue objeto de memes como cualquier famoso o famosillo de ahora y víctima de catfish como cualquier ingenuo internauta solitario. ¡Cuántas veces se habrán contado las bromas que le gastaban a propósito del burro Platero, “pequeño, peludo, suave”, o de que uno de sus grandes amores, Georgina Hübner, que no fue una lánguida señorita limeña, como él creía, sino dos bien humorados garzones que quería recibir sus libros dedicados! Él nunca quiso reconocer que fue víctima de un engaño. Y yo, que viví una situación semejante, comienzo a pensar que quizá tenía razón.

            ---Cuenta, cuenta.

            ---Ya sabéis cómo empezó todo. Un día de 1904, Juan Ramón recibió desde Lima una carta en la que una joven decía haberse enterado de que había publicado un nuevo libro, Arias tristes, imposible de conseguir en su país y por eso le pedía el favor de enviárselo.

            ---Esa historia, no; cuenta la tuya, que esa ya la conocemos.

            ---Se lo envió y empezó un carteo que se fue haciendo cada vez más apasionado. Juan Ramón se enamoró de aquella joven, a la que ni siquiera había visto en pintura (no llegó a enviarle su retrato) y quiso ir a conocerla. Como en los casos de catfish, eso asustó a los urdidores del engaño. Primero, una romántica enfermedad, la tisis o tuberculosis, y luego el cónsul de Perú en Sevilla recibió un telegrama anunciando su muerte para que se lo comunicara al poeta. Juan Ramón Jiménez escribió entonces un poema, “Carta a Georgina Húbner en el cielo de Lima”, que incluyó en Laberinto y que se hizo muy famoso.

            ---¿Y cuál fue tu “amour de loin”? Cuenta, cuenta.

            ---Los inventores de Georgina, José Gálvez, que luego llegaría a presidente del Perú, y Carlos Rodríguez Hübner, que puso el nombre de una prima suya a la ficticia corresponsal, pronto lo contaron todo para regocijo de los muchos enemigos del poeta. Fue entonces cuando alguno hizo circular la frase “dicen que Juan Ramón Jiménez es un simple neurasténico; yo creo que es un simple, simplemente”. Hubo engaño, sí, pero no todo fue engaño, Y hasta el momento de su muerte, Juan Ramón pensó que su relación con Georgina Hübner fue una de las cosas más hermosas que le habían ocurrido.

            ---Eso me recuerda un poema tuyo, “Elogio del fracaso” creo que se titula: “Una historia que no ha sido / ha sido / lo más hermoso que me ha ocurrido nunca”.

            ---Tienes buena memoria, Almuzara. Todavía en 1954, medio siglo después de aquel raro enredo, Juan Ramón vuelve sobre el poema a Georgina, lo corrige y tiene intención de publicarlo junto a la última carta que recibió de la enamorada limeña. Poco antes, en el diario La Prensa de Nueva York, había declarado: “Nada me pesa del engaño, ya lo sabe Georgina Hübner, los que participaron en la farsa, y la exquisita escritora de las epístolas, que tengo a su disposición”. Parece que no le ha extrañado a nadie que se conserven todas las cartas de la falsa enamorada, pero solo la primera del poeta, aquella en que responde cortésmente anunciando el envío de su libro. ¿Cómo es que los jóvenes admiradores peruanos no conservaron sus cartas? ¿Y qué fue de Georgina Hübner? Que yo sepa nadie la ha buscado, nadie se ha interesado por su historia, nadie ha comparado la letra de las cartas al poeta con manuscritos de los fingidores. ¿Falsificaron una escritura con rasgos tópicamente femeninos? Yo creo que la prima participó del engaño, que escribió las cartas que ellos le dictaban y que poco a poco fue enamorándose del poeta. Pero no fue valiente hasta el final, o no la dejaron ser valiente. Yo creo que la ruptura, con el anuncio de la falsa muerte, se la impuso su familia, asustados de que fuera capaz de irse a España con un ardiente enamorado al que no había visto nunca. El amor de ella es una hipótesis, pero lo que está claro es que el amor de él fue verdadero. En una de sus últimas anotaciones, se lee: “Sea como sea, yo he amado a Georgina Hübner, ella llenó una época de vacío mía, y para mí ha existido tanto como si hubiera existido. Gracias, pues, a quien la inventara”.

            ---Me recuerda los versos de Machado: “No dice nada / contra el amor que la amada / no haya existido jamás”.

            ---Pero cuéntanos tu historia, Martín. ¿Cómo fue lo de tu amada o amado imaginarios? ¿Qué admiradores o admiradoras, deseosos de tener tus libros dedicados, te engañaron?

            ---A mí me parece que lo de Martín tuvo más que ver con la Delfina Molina de Unamuno. Durante veinte años recibió anónimamente un regalo por San Valentín y nunca supo quién se lo envió.

            ---Me temo que alguna Delfina Molina ha habido en vida, pero no insistas, Bueres, que no voy a hablar de ellas.  Y en algún caso fui innecesariamente cruel, aunque quizá no tanto como Unamuno. Se refiere a ella de manera bastante despectiva en Cómo se hace una novela. “Una pobre mujer de letras” que se le acercó para tratar de compartir algo de su fama: “buscaba lo que busca todo escritor, todo político; vivir en la dura y permanente historia, no morir”. En la biografía de Juaristi es una presencia constante: “De la proyección en Argentina de las ideas pedagógicas de Unamuno, la consecuencia más embarazosa fue la pasión que despertó en una profesora de un liceo femenino, Delfina Molina y Bedia de Bastianini, que requirió en 1907 su consejo para una tesis doctoral sobre el espíritu científico y le acosó sin descanso hasta sus últimos días con cartas de amor. Aunque no fue un sentimiento correspondido por Unamuno, este se dejó querer, sin desalentar a la solicitante de un modo suficientemente drástico”. Se dejó querer, o más bien admirar, al principio, pero se asustó cuando las cartas adquirieron un tono erótico sin disimulos. Ella le envió varias veces dinero, cuando le creía en apuros económicos, pero él parece que nunca lo aceptó. Desterrado en Fuerteventura, la escribió diciéndole que temía ser asesinado y a Delfina no se le ocurrió otra cosa que presentarse en la isla para sacarle de allí. Llegó en mal momento: Unamuno estaba esperando una goleta, fletada por el director de un periódico francés, que le rescataría en una gran operación publicitaria. Incluso hay una foto de los dos juntos en la que él tiene cara de pocos amigos. Delfina resistió todos sus desdenes y su amor duró mucho más allá de la muerte del escritor, que al final ni siquiera abría sus cartas.

            ---Eso mismo hacías tú con las cartas de cierta poetisa, durante un tiempo habitual en la tertulia.

            ---No hablemos de eso. Lo curioso es que esa “pobre mujer de letras” era algo más que una mujer de letras. En la Wikipedia se nos dice que fue química, escritora, profesora, pintora y cantante, la primera mujer en graduarse en la facultad de Ciencias de Buenos Aires, la primera doctora en Química, la fundadora de la sociedad lingüística argentina. Ni siquiera se menciona su relación con Unamuno. Es todo un personaje, ha entrado en la historia por sus propios méritos, no por la luz prestada del ególatra salmantino. Cierto que hizo el ridículo por amor, pero como diría Álvaro de Campos solo los que no han hecho alguna vez el ridículo por amor son en verdad ridículos.

            ---¿Tú lo has hecho?

            ---Más veces de las que quisiera. En una librería de viejo de Buenos Aires, cercana al Obelisco, compré un libro de Ricardo Gullón, Conversaciones con Juan Ramón, que estaba junto a otro dedicado por su autor a Delfina Molina. Quizá procedía también de su biblioteca. Qué sorpresa se debió llevar al leer lo que cuenta Juan Ramón de Unamuno: “Caminábamos por la calle de Alcalá, en Madrid, y pasó a nuestro lado una gitana desgreñada, sucia, guapa. ‘Si alguna vez yo fuera infiel a mi mujer –me dijo--, sería con una mujer como esa’- Tenía una sensualidad algo salvaje”.

            --¿Unamuno una sensualidad salvaje? No me lo creo.

--No sé yo si hay que hacerle mucho caso a Juan Ramón, nadie más ha dicho eso. Lo que está claro es que Delfina Molina era una mujer culta, que podía hablar con él de igual a igual de cualquier tema, y además una mujer que tomaba decisiones por cuenta propia, no era el tipo de mujer sumisa que se ocupa del marido y los hijos y deja las cosas serias para las privilegiadas mentes masculinas. Eso fue lo que probablemente asustó a Unamuno.

---¿Y a ti qué te asustó de tus varias Delfinas?

---Estoy leyendo una novela de Dorothy L. Sayers y en ella encuentro una cita de Francis Bacon: “Bien hacen quienes, si no pueden resistirse al amor, lo mantienen a raya y lo desligan por completo de los hechos serios de la vida”. Lástima que no siempre fuera yo tan sabio.



 

sábado, 4 de julio de 2026

Las veladas del Black Bar: No nos vemos

 

---¡Prohibido, prohibido, prohibido!

            ---¿Pero de verdad no se va a poder hablar de política, con la que está cayendo?

            ---De verdad. ¡Hay tantas otras cosas en el mundo!

            ---Pero pocas tan apasionantes. pronto eres el primero en incumplir esa prohibición. Pero hablemos de otra cosa. ¿Qué tal el encuentro con Vicente Gallego?

            ---Me alegró mucho volver a verlo. Esa es una de las cosas en que se nota que me voy haciendo viejo. Antes era muy riguroso en lo de separar vida y literatura. Podía apreciar mucho a una persona y no temblarme la mano a la hora de destrozar su obra. Era algo cruel.

            ---Lo sigues siendo con tu amigo Piquero.

            ---Ese señor del que usted me habla, querido Bueres, ha decidido dejar de ser amigo mío y tiene todo su derecho. Dejémosle tranquilo. A Vicente Gallego le conocí cuando a los veinte años, en 1983, ganó su primer premio aquí en Oviedo, el Ángel González, y vino a recogerlo.

            ---Te has dedicado a caricaturizarle y no dejarle hablar en las tertulias.

            ---Ya veo que no vas a dejarle tranquilo. Allá tú. Con Vicente Gallego, en aquellos años ochenta en que plantamos cara a los novísimos, que parecían querer representar a la nueva poesía española para toda la eternidad, viví muchas batallitas. Recuerdo el desdén de Sánchez Robayna en Tenerife y cómo tuvimos que sujetarle para que no llegara a las manos con el desdeñoso catedrático. O aquella vez en que le denunciaron los poetas valencianistas y el juez acabó poniéndole una cuantiosa multa que le ayudamos a pagar entre todos los integrantes del sindicato del crimen, o sea, los llamados poetas de la experiencia para que no tuviera que ir a la cárcel.

            ---¡Aquellos tiempos eran más divertidos que estos!

            ---No te creas, Rodrigo, es la distancia que todo lo mitifica. De Vicente Gallego, durante estos más de cuarenta años, he seguido todas sus peripecias, algunas bastante noveleras, y leído según aparecían sus libros, con los que fue acaparando premios. Excelentes casi todos, a pesar de ello.

            ---Pues le pusiste muchos peros en el coloquio.

            ---No a su poesía, a sus ideas sobre la poesía y al simplismo con que juzga a la tradición poética: Juan Ramón sí, Rubén no, abajo Góngora, viva Garcilaso. Como crítico habla siempre desde sus gustos y sus prejuicios, en eso se parece a Cernuda, un poeta al que detesta por quejica, a la vez que santifica a Brines.

            ---A quien tú pasaste de admirar a desdeñar.

---Ahora le admiro menos, cierto, y no tengo nada contra él. Si algo tenía, ya me ha vengado con creces cierto librejo, a ratos nauseabundo, que un supuesto gran amigo suyo le dedicó y otro gran amigo editó.

---Tú siempre acabas detestando a los poetas  que admiras. Te pasó con Aleixandre, con Villena, fuiste cruel con Bousoño o Gamoneda. Bueno, así eres con todo el mundo. No me extraña que te quedes sin amigos. Algún extraño mecanismo de protección funciona en ti. ¿Has leído la entrevista con Heriot-Maitland, un psicólogo escocés? Afirmaba que la primera función de nuestro cerebro es protegernos, garantizar nuestra supervivencia, no buscar la verdad. Lo que pasa es que a veces no distingue entre amenazas físicas y psicológicas o continúa aplicando soluciones que en un momento fueron válidas, pero que ya no lo son. O sea, que en lugar de ayudarnos nos boicotea.

---He leído esa entrevista y me ayudó a entender mejor ciertos comportamientos. Hay quien no soporta quedarse ni un minuto sin hacer nada. Siempre tiene que estar distraído. Si va a ver una película, mientras espera a que empiece sigue con la que está viendo en el móvil. Por la calle, camina con los cascos puestos sin atender a su alrededor ni a sus pensamientos. Y los días que no trabaja, aprovecha para ir a Madrid (seis horas en el autobús de ida y otras tantas de vuelta) a ver cualquier exposición. Teme a los fantasmas encerrados en el sótano dispuestos a saltar sobre él en cuanto se descuide y se abra la trampilla. Y hay quien intenta disimular, porque le avergüenza, el odio que siente hacia quien le ha ayudado en todo lo posible. Quien le hizo un favor ni lo recuerda, pero a él sigue pesándole como la peor humillación.

---Y en tu comportamiento, presuntamente tan racional, ¿no encuentras nada raro? ¿Qué esconde esa obsesión por la rutina? ¿Y el no soportar que nadie se te acerque demasiado? Cualquier relación un poco íntima te parece una amenaza y enseguida encuentras la manera de alejar el peligro.

---No es cierto, Ángel. Yo no me enfado con nadie, los demás se enfadan conmigo.

---¿Seguro? Más bien haces todo lo posible para que se enfaden y luego hacerte la víctima. Tratas de disimular tus incapacidades afectivas haciendo que los demás se alejen. Tú sí que eres un caso clínico. Lo que pasa es que no nos vemos.

---¿Por qué no dejamos el psicoanálisis y hablamos de libros, que es lo nuestro?

---Que es lo tuyo, más bien. Eres el príncipe que todo lo aprendió en los libros, para decirlo con el título de Benavente.

---¡Quién se acuerda hoy de Benavente! O quién se acuerda de Ricardo León, el Juan Manuel de Prada de antes de la guerra civil. Su estilo castizo y rimbombante fascinaba a los buenos españoles de entonces. He releído estos días sus versos y me parece que como poeta está igual de justamente olvidado que como novelista.

---Por ser católico, apostólico y romano, elogiar a la España Imperial y apoyar a Franco, seguro.

---No, José María, no. Yo tengo la obsesión de la imparcialidad y a los autores que no son de mi cuerda, como se decía antes, los miro siempre con más atención, en busca de algo salvable, que a los otros. En Ricardo León, poco más que su versión de algunos epigramas de Marcial. En Facebook he publicado una, aunque retocándola un poquito: tenía casi cuarenta versos y yo lo he dejado en nueve. El lector y Marcial me lo agradecerán.

---A mí me parece curioso De lo mundano y lo sublime, el epistolario entre Cela y Dolores Franco que has traído. Qué sorprendente el adolescente carilargo de la portada. ¡Quién iba a decir que acabaría como un elefante deshinchado, según cuenta Benjamín Prado en sus memorias que le llamaba Rafael Alberti?

---Cuando escribió estas cartas, no había cumplido veinte años, preparaba oposiciones a aduana, se creía poeta y andaba enamoriscado de una joven estudiante de Filosofía y Letras, algo mayor que él, que luego se casaría con Julián Marías y sería la madre del novelista. Antes dijo Fran que yo era el príncipe que todo lo aprendió en los libros, pero para mí los libros no son un fin en sí mismos, sino ventanas para ver mejor la realidad. La memoria falsifica nuestro pasado y la historia falsifica el pasado del mundo. El ayer lo vemos coloreado por el hoy. Por eso, me gustan tanto las cartas y los diarios que hablan del presente tal como se veía en su momento, no como se mitifica después.

---Eso siempre que no sean los diarios de tu admirado o detestado, no sé en qué momento se encuentran vuestras relaciones, Andrés Trapiello.

---Sin comentarios. Por eso me ha resultado tan fascinante este párrafo de una carta escrita por Dolores Franco el 26 de enero de 1936: “Ya sabrás que estamos sin clase: también nosotros, que no nos metemos en nada. Una mañana bajaron los energúmenos a sacarnos e irrumpieron con gritos y tiros. Pero la Facultad reaccionó, los chicos les pegaron una paliza que tuvieron que irse sin más y todos seguimos dando clases. Luego, la orden ministerial, que ya veremos lo que dura”.

---¡Esa violencia ya anunciaba la guerra, Martín!

---No, Aida. La guerra solo se hizo inevitable cuando al mes siguiente el Frente Popular ganó las elecciones. Si hubiera ganado Gil Robles, habríamos tenido una república fascista a la portuguesa, años después una revolución de los claveles y hoy una república democrática, no una monarquía.

---Mejor no hacer política ficción. Por cierto, decías que no querías que se hablara de política y traes un libro dedicado nada menos que al dictador bolivariano que nos gobierna según la prensa de la derecha: “Para Pedro Sánchez, gran amigo, y a su silencio pensativo, con el afecto del autor”.

---Pero ese libro, Búsqueda, de Bartolomé Mostaza, está publicado en 1949. Su autor era un periodista y ensayista de derechas, muy de derechas. ¿Estará olvidado por eso? Me ha sorprendido el prólogo, de una lucidez e inteligencia no frecuentes en los poetas. Pero no sé si el libro está a la altura de las buenas intenciones. Sus intentos de renovación métrica a ratos le hacen sonar un tanto áspero. Recuerda mucho a Unamuno, que también tenía más de cuarenta años, como Mostaza, cuando publicó su primer libro de versos. Hay un soneto, “Al pensamiento libre”, fechado en 1932, que no habría desdeñado firmar Unamuno. Y más cosas de interés que en Ricardo León.

---Que no se parecía a Juan Manuel de Prada, Martín, no seas injusto, o solo se parece en parte. Prada es algo más que coruscante casticismo y sermón dominical. A mi parecer le salva su quevediano gusto por la cochambre y el maldecir, su fascinación por las vidas rotas y bohemias. Su carquismo es como el carlismo de Valle-Inclán.


 

             

 

 

viernes, 26 de junio de 2026

La rueda de la fortuna: Parar el golpe

 

Lunes, 22 de junio
FIN DE CURSO

Como cumplo años en junio, hago balance del año por estas fechas y le pongo nota. En lo que se refiere a la historia del mundo, suspende estrepitosamente; en lo personal, un notable holgado.

            Los viejos amigos, los que me aguantan desde hace cuarenta años, han resistido bastante bien. Uno ha dejado de serlo, pero he recuperado dos.

            Me encanta perder amigos cuando se trata de aduladores que creen que van a conseguir de mí algún provecho. Se cansan pronto, y no solo porque yo trate de ser siempre justo (no soy juez, puedo permitírmelo), sino porque poco provecho puedo ofrecer a los que quieren escalar en el mundillo literario. Los listillos en seguida se dan cuenta de que es más conveniente adular a García Montero.

            Siento perder a los otros, a los que fueron amigos verdaderos, aunque comprendo que acaben cansándose y se marchen dando un portazo. Si yo pudiera también lo haría. Pero yo, por mucho que a veces me harte de mí, tengo que seguir aguantándome. 

Martes, 23 de junio
HAY QUE VALER

---Al juez Peinado le podrás criticar, Martín, porque eso de retirar el pasaporte a Begoña Sánchez con el pretexto de que los policías que la escoltan pueden ayudarla a huir de España, bien por iniciativa propia o por órdenes de sus superiores, resulta tan estupendo que hasta el Consejo Superior del Poder Judicial, que no es muy sensible a estas cosas, se ha visto obligado a hacer como que toma medidas, pero con el Tribunal Supremo no te atreverás, que ahí están los mejores juristas de España y saben redactar sentencias bien fundamentadas y sin dejar un cabo suelto.

            ---Y, sobre todo, inapelables. En el caso del pobre Ábalos, ellos han sido la primera y la última palabra.

            ---¡Y le llamas pobre!

            ---Pobre en sentido literal y en el figurado. Le condenan a veinticuatro años por el mayor caso de corrupción de la historia de España y ni siquiera tiene dinero para pagar un buen abogado. Y tonto además porque, puestos a corromperse, hacerlo por diez mil euros al mes que al parecer repartía con su ayudante, porque te pagaron el alquiler una semana de vacaciones y porque según dicen alguien compró un piso con intención de regalártelo, aunque luego no lo hizo, no es propio de alguien que esté muy dotado para el aprovechamiento personal de los cargos públicos. Se me ocurren unos cuantos nombres que podrían darle lecciones.

            ---¡Y no olvides que enchufó a una examante y a una amiga!

            ---Esa condena por cohecho es la mejor de todas. Vamos a ver si lo entiendo. A Claudia Montes, solo recuerdo el nombre de esta asturiana, la contratan en una determinada empresa. Alguien hizo la selección, alguien firmó el contrato, alguien debería vigilar el cumplimiento del mismo. No sé yo quiénes serían, pero sí que ninguno de estos era el ministro. ¿Cometieron ilegalidades, si las cometieron, por orden del ministro? Habría que encontrar pruebas de ello. ¿Las cometieron, si las cometieron, solo porque pensaba que eso sería del agrado de sus superiores? En cualquier caso, si hubo delito, habrá que atribuírselo a los autores concretos.

            --O sea que, en tu opinión, Ábalos es un santo y le condenan a veinticuatro años solo por dañar a Pedro Sánchez.

            ---De acuerdo con lo segundo, no con lo primero. No es un santo, sino un “putero” --algo que todavía no constituye ilícito penal en este país-- y un manirroto que fue confiando cada vez más en quien no debía. A mí me da pena.

            ---Bastante desastroso en su vida privada sí que parece. Es que los del PSOE, querido Martín, ni siquiera sabéis corromperos como es debido. Mira Aldama, al que el Supremo deja libre con todas sus bendiciones y todos sus agradecimientos. Le bastó repartir unas migajas de los muchos millones que le habían producido sus negocios raros a un par de tontos para poner contra las cuerdas al gobierno y él convertirse en una estrella mediática y poco menos que en un salvador de la patria. ¡Tenéis que seguir su ejemplo o el del hermano y la pareja de Díaz Ayuso!

            ---No hay mal que por bien no venga. Es tan claro el intento de cierta parte de la magistratura de hacer todo lo posible para derribar al gobierno por medios no democráticos que van a acabar consiguiendo lo contrario de lo que pretenden. Yo confío en que, de aquí a las elecciones, la izquierda avergonzada que se retiró a sus cuarteles de invierno recupere el orgullo y a esos maquiavelos les salga el tiro por la culata.

            ---Lo que tiene que hacer Pedro Sánchez es dimitir y convocar elecciones, o al revés, ya no recuerdo bien, como le ha pedido Felipe González.

            ---Felipe González tiene que adular a la derecha no vaya a ser que los que mandan les manden a los de Hazte Oír presentar una querella ante otro juez propicio e investiguen todos sus negociegos desde que dejó el gobierno. Si Feijoo, quiere ser presidente que haga como Pedro Sánchez y presente una moción de censura, o que espere a las elecciones, que serán cuando toque o cuando lo decida quien puede decidirlo, ni un minuto antes ni un minuto después. Pero mejor hablemos de literatura.

            ---Que es de lo único que tú sabes algo, por cierto. ¿Qué opinas de la última novela de Manuel Vilas?

            ---¿Pero no íbamos a hablar de literatura?

Miércoles, 24 de junio
GRACIAS, ÍÑIGO

Por la mesa redonda de Los Porches, mi oficioso despacho habitual, aparece esta mañana Íñigo Noriega, una de las personas a las que estoy más agradecido. A poco de ser nombrado director de El Comercio, allá por 2004, apareció por este mismo lugar para charlar conmigo de literatura asturiana y ver qué escritores podía fichar. Coincidimos en el nombre de Xuan Bello, que desde entonces, y durante veinte años, fue la estrella del periódico. También me tanteó a mí, pero yo entonces escribía semanalmente en la competencia.

En el verano del año siguiente, cuando el suplemento dejaba de aparecer, me volvió a pedir colaboración. Y me hizo una oferta irresistible. Y no por lo económico (yo soy de los que no les importa hacer gratis aquello que les gusta y no hay dinero en el mundo para obligarles a hacer aquello que no les apetece), sino porque me daba entera libertad.

Durante sesenta y dos días, los de julio y agosto, publiqué diariamente un poema traducido por mí, con una nota previa sobre el autor. El resultado se reunió en libro con el título de Jardines de bolsillo y luego se reeditó con el de Tres mil años de poesía. Es uno de los libros míos que prefiero. Nunca nadie me hizo un regalo mejor.

Pero además ese regalo tuvo una inesperada carambola. En el periódico en que colaboraba, pensaron que me había fichado la competencia. Y su orgullo no les permitía aceptarlo, así que me hicieron otra propuesta que tampoco pude rechazar: publicar por entrega mi diario todos los domingos.

Y así seguí durante diez años: publicando de septiembre a junio en un periódico y durante julio y agosto en otro. Y haciendo en ambos literatura. Luego, por razones que no vienen al caso, mi diario pasó también a publicarse en El Comercio. Y aquí sigo, sin fallar un solo domingo.

            ---Últimamente, veo que hablas más de política que de literatura, me dice Íñigo que ha estado estos últimos meses de baja.

            ---Me hago la ilusión de que contribuyo a parar el golpe que se avecina. A mí no me importa que gobierne la derecha, si los votantes así lo deciden. Me aterra que lleguen con malas mañas. Si ahora hacen lo que hacen, sin complejos, qué no harán cuando tengan todo el poder en sus manos. 

Jueves, 25 de junio
SECRETOS Y SECRETOS
 

El último cartucho que guardan los conjurados por si falla la jugada contra Zapatero, lo dejó entrever ayer Feijoo: imputar a Pedro Sánchez. El que sea aforado no plantea ningún problema. El Peinado de turno lo tiene fácil: tras aceptar la demanda de la asociación de turno, basada en cualquier anotación de Leire Díez, solicita el suplicatorio. Y no hace falta más. Lo concedan o no, eso es ya una condena inapelable. Llegaría a las elecciones esposado de pies y manos.

            En las agendas de Leire o en las de Zapatero. ¿A nadie le escandaliza que el juez permita una masiva revelación de secretos protegidos por la constitución –toda la vida privada del expresidente-- y nadie le empapele y le juzgue y le condene si no es capaz de demostrar su inocencia, como ocurrió al fiscal general con un solo secretillo que además ya no lo era?

Viernes, 26 de junio
MORALEJA

Lucrativos negocios en el borde o al margen de la ley no están al alcance de cualquiera. Para acumular millones y que no te pillen o que te absuelvan hay que ser de buena familia, haber ido a los mejores colegios, tener excelentes amigos y, sobre todo, ser de derechas de toda la vida.

            Los pobres –pobres--, cuando ascienden socialmente y quieren imitar a los mandamases de siempre en el latrocinio, no dan la talla.



viernes, 19 de junio de 2026

La rueda de la fortuna: Indicios racionales

   Domingo, 14 de junio
UN MAL FINAL

Nos reímos mucho de los que creen que la tierra es plana (yo jamás he conocido a nadie que pensara tal cosa), pero convivimos tranquilamente con quienes todos los domingos (y a veces también algún día entresemana) ingieren el cuerpo de un hombre, que además era Dios, y que murió hace siglos. Unos –al parecer-- siguen afirmando que la tierra es plana contra toda evidencia y otros que lo que comen es carne mortal, y a la vez inmortal, por mucho que les demuestren que es trigo y buen trigo.

            La creencia en el disparate, y cuanto más gordo mejor, es consustancial a la condición humana. Por eso existen fieles para tantas religiones y tantos programas televisivos sobre ovnis. Pero de los que creen que hay naves llegadas de otras galaxias que andan circulando por ahí y que de vez en cuando se posan para abducir a algún pasmarote, podemos burlarnos todo lo que queramos mientras que con las creencias religiosas hay que andar con mucho cuidado, que no hay barbarie que no pueda cometer un grupo de fieles creyentes y encima convencidos que así se ganan el paraíso.

            Me río de los que creen en ovnis (y de los que creen en otras cosas que me callo), pero me divierten las películas y los programas televisivos sobre extraterrestres. Mi favorito, el que me ayuda a desconectar de las noticias del día, y a conciliar el sueño es Ancient Aliens y mi profeta o predicador favorito Giorgio A. Tsoukalos.

            Con estos antecedentes, es fácil adivinar lo poco que tardé en ir a ver El día de la revelación, lo último de uno de los grandes maestros del cine con el que yo más disfruto (no soy nada cinéfilo, afortunadamente), Steven Spielberg. Y seguí con los ojos muy abiertos la historia, en la que lo que menos importa es el hitchcocktiano macguffin (a ratos me recordaba Con la muerte en los talones), hasta el frustrante final.

            El cine puede ser muchas cosas, pero también una manera de que volvamos a ser niños junto al fuego una noche de invierno, niños que abren los ojos asombrados cuando alguien les cuenta una historia. Niños o adultos que siguen siendo niños y que para vivir necesitan –desde la prehistoria hasta hoy-- que les cuenten cuentos. Y qué maravilloso relato, entre la ciencia ficción y el cuento de hadas, es El día de la revelación. Hay prodigios científicos, más o menos cuánticos, que nos permiten estar en dos sitios a la vez, pero también la casa de Hansel y Gretel y una avecilla maravillosa que entra por la ventana y cambia la vida de una locutora de televisión. Y, por supuesto, un tren que es amenaza y salvación y que parece que nunca acaba de pasar.

            Y luego llega el final, la revelación del secreto, esos supuestos vídeos que nos oculta el gobierno y esos hombrecillos cabezones y otras resobadas bobaditas.

            ¡Steven, Steven, cómo es posible que hayas olvidado la primera lección de un buen narrador! Lo que nos has dado es otra versión de “el parto de los montes”. Rugen y tiemplan las montañas, como si fueran a dar a luz un monstruo, y lo que aparece es un ratón.

            La película debería terminar cuando los vídeos secretos se proyectan en todas las televisiones y el mundo queda paralizado. Vemos a gente de los más diversos países contemplando atónitos la revelación en sus casas o detenidos en cualquier lugar, un caleidoscopio de caras atónitas ante sus teléfonos móviles… Pero los espectadores no vemos lo que ellos ven. Cuando salimos del cine, continuamos esperando el día de la revelación, al igual que los primeros cristianos esperaban la inminente llegada del reino de Dios. Y siguen esperando, como los creyentes en los ovnis, sin defraudarse nunca.

Martes, 16 de junio
LOS INTOCABLES

Como cada día, los periódicos vienen llenos de noticias aterradoras. A mí la que más miedo me da hoy es una que no parece darle miedo a nadie más.

Aparece en la primera página de El País, un periódico nada sospechoso de conspirar contra la democracia. “La investigación de la UCO contra su directora eleva la tensión en la Guardia Civil” se titula. Y la noticia, que se amplia en la página 15, dice así: “La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil ha multiplicado sus sospechas en la investigación de la exmilitante del PSOE Leire Diez sobre Mercedes González, directora general del instituto armado, y sobre el teniente general Manuel Llamas, director adjunto operativo. Los agentes ahondan en que ambos activaron investigaciones internas para conocer el origen de posibles filtraciones de información”.

            Si lo que se dice es cierto, un defraudador de Hacienda puede acusar al fiscal general de filtrar información sobre sus tejemanejes y la acusación sigue adelante y acaba en el tribunal supremo y en la condena del fiscal no por haberse probado que sea culpable, sino porque no ha sido capaz este de demostrar que es inocente. Y, sin embargo, si hay fundadas sospechas de que filtraciones que dañan, o pretenden dañar, al gobierno proceden de ciertos agentes de la Unidad Central Operativa, y alguien intente que se les investigue, a quien se investiga es a quien se ha atrevido a hacerlo, aunque sea nada menos que su jefa, la directora general de la Guardia Civil.

            Si lo que se dice es cierto, y nadie parece interesado en desmentirlo, en España parece estar intentándose un golpe de Estado (esto es, un cambio de gobierno al margen de los procedimientos establecidos por la constitución) con el aplauso de medio país y sin que el otro medio se atreva a levantar mucho la voz no sea que le pase como a David Sánchez, aunque el pobre no tuvo ni siquiera que alzar la voz para que le pasara por encima la trituradora judicial.

            Confío en no haber leído bien y que no sea cierto que en la Guardia Civil hay elementos que no acatan las órdenes de su directora general y conspiran contra ella. No me puedo creer semejante barbaridad. 

Miércoles, 17 de junio
UN CABALLERO

No como un regalo más en este día de mi cumpleaños, sino como uno de mis preferidos, considero el que Zapatero entrara y saliera de la Audiencia Nacional con una sonrisa, sin un mal gesto para quienes han vertido sobre él toda la basura posible en estos días, y se comportara en todo momento como un caballero. Y otro regalo el que le tocara un juez que antepone su ética profesional al fácil halago mediático. Le habría sido fácil quitarle el pasaporte o incluso enviarle a la cárcel alegando riesgo de fuga o de destrucción de pruebas, como tenemos ejemplos cercanos (como el de Santos Cerdán: todavía no sabemos qué pruebas habría podido destruir mientras estuvo preso), pero prefirió seguir investigando hasta encontrar pruebas de algún delito.

            ¿Las encontrará? No soy profeta. Confío en que no.

            De momento, qué contraste entre el comportamiento de ese caballero, al que voté, al que no me arrepiento de haber votado, al contrario de lo que me ocurre con Felipe González (aunque cuando le voté era otro Felipe, aunque quizá no del todo: ahí está la estúpida barbarie de los GAL), y el del líder –es un decir-- de la oposición, que insulta, un miércoles sí y otro también, al presidente del Gobierno en sede parlamentaria. “¡Cobarde!” le gritó hoy, como un matón de colegio que sabe que no pueden responderle en el mimo tono ni invitarle a que se lo repita en la calle.

            Qué suerte tengo de no ser de derechas porque, si lo fuera, en las próximas elecciones tendría que votarle, o votar a otro igual, si no peor, aunque parezca imposible.

Jueves, 18 de junio
NO TENGO ENMIENDA

Presento el libro de un admirado amigo, Avelino Fierro, el más raro fiscal que en el mundo ha sido, y no puedo evitar, por más que lo intento, centrarme en los muchos pasajes antológicos, sino que una y otra vez vuelvo a los fallos de la edición.

            Un libro es siempre una obra colectiva, aunque en la portada figure solo el nombre del autor. Los otros colaboradores son invisibles, pero cuando faltan cómo brillan por su ausencia.

            El título es Vidas de jurista, pero debería ser Las vidas de un jurista, porque es un diario de las plurales dedicaciones del autor, no solo de su actividad en la Audiencia de León.

            En casos como este, ya me ocurrió antes con el Primer cuaderno Borges, de Roberto Alifano, cómo lamento no ser rico para retirar toda la edición y preparar una nueva que haga honor al texto.

            Pero tal como está vale la pena. Y si se mira con buenos ojos, como yo debería haber hecho en la presentación, también se puede considerar que la imperfección, tan humana, tan demasiado humana, le añade encanto.



 

 

viernes, 12 de junio de 2026

La rueda de la fortuna: Campo de minas

 

Domingo, 7 de junio
SECUESTRO EN GINEBRA

Todos morimos, pero unos más que otros. El próximo domingo hará treinta años que murió Borges en Ginebra, pero sigue más vivo que nunca. La noticia, lo recuerdo bien, me la dio Víctor Botas en Avilés, donde solíamos vernos los sábados para comentar sus poemas recién escritos. Él estaba muy afectado, le había conocido personalmente en un memorable encuentro en el Palace, le admiraba más que a nadie; yo, un poco menos.

            ---Una liberación esa muerte, secuestrado en Ginebra, tan lejos de los amigos de siempre y de su Buenos Aires querido.

            ---¿Secuestrado? ¡Tú estás loco, Martín! Murió acompañado de la mujer que lo amaba y en una de sus patrias, Ginebra, esa ciudad que él creía tan propicia a la felicidad.

            ---¿Que lo amaba? Quien ama no aparta de su mundo, de sus gratas rutinas a quien quiere. Amaba el botín, quería quedárselo todo para ella sola.

            ---¿No me irás a decir que Borges no estaba enamorado de María Kodama?

            ---Quizá lo estuvo, era enamoradizo como un adolescente, pero en los últimos tiempos, cuando le fue cortando todas las relaciones con quien no fuera ella, lo que tenía Borges era más bien síndrome de Estocolmo.

Lunes, 8 de junio
MEMENTO MORI

Hace una semana murió Javier Lozano, un contertulio intermitente y siempre cordial de muchos años. Ninguno de los que le conocíamos nos enteramos a tiempo. La esquela apareció cuando ya había sido incinerado. Ni siquiera sabíamos que estaba enfermo y nos privaron de la posibilidad de despedirle. No deja familia, no deja obra, aunque sí muchos amigos.

El olvido, que a todos nos espera, a él le llegará un poco antes. La tristeza con que recibimos la noticia es menos por él (cuánta sabiduría hay en la frase: descansa en paz), que por nosotros mismos. Cualquier día, cuando menos lo esperemos, vuelve a sonar el timbre que señala nuestra hora y todos nos iremos yendo sin que quede ni uno. Mejor no pensar en eso.

            Como me ve cariacontecido, y sabe que pienso más en mí que en Javier Lozaro, quien me dio la noticia me dice:

            ---Tú no te preocupes, Martín. ¡Los escritores sois inmortales!

            ---Algo hay de verdad en eso, Fran, aunque unos más inmortales que otros. Nos entristece que muera un escritor que admiramos, pero si muere a su debido tiempo, como Borges o Ángel González, esa tristeza dura poco. Yo, sentir de verdad, solo sentí la muerte de dos escritores, Víctor Botas, hace ya más de treinta años, y Xuan Bello, pronto hará un año, pero porque formaban parte de mi familia. Como escritores, la muerte no se atrevió con ellos. Ahí siguen, vivitos y coleando, que diría Botas, en cada uno de sus libros. 

Martes, 9 de junio
DESCUBRO MI VOCACIÓN

Me preguntan si no voy a escribir algo contra la visita del Papa. “Contra, ¿por qué?”, pregunto. “Hombre, pues porque en un estado laico no está bien darle tanto protagonismo al líder de una secta religiosa”. “¿De una secta?”. “Bueno, disculpa, de una confesión religiosa que se fundó hace tiempo y tiene muchos y poderosos seguidores y eso, sobre todo lo último, concede respetabilidad. Secta era en tiempos de Jesucristo y de San Pablo, pero desde entonces ha prosperado bastante”.

            La verdad es que, por muy ateo que yo sea, no voy a escribir nada contra la visita del Papa, como tampoco escribiría nada contra Bad Bunny o Shakira. Allá cada uno con sus devociones.

Le estoy muy agradecido porque haya decidido venir a visitarnos en este momento, restándole protagonismo a Leire Díez y a otros arietes del facherío contra el gobierno, y he sentido, al verle ir y venir por las portadas de la prensa y los telediarios, cierta envidia. También de Donald Trump, aunque esto no lo puedo decir muy alto. Y no por la buena vida que llevan uno y otro, ni por la pompa y circunstancia que les rodea, sino por su capacidad de influencia. ¡Ellos sí que son influencers y no los cantamañanas de TikTok!

Eso de que digas algo, cualquier cosa, sobre la Inteligencia Artificial o sobre las elecciones en Perú, y al instante tenga repercusión en todo el mundo e influya en la vida de la gente y en la historia de los países es lo que me fascina. Yo también tengo opinión sobre esto y lo otro, y a veces más razonada y atinada que la suya, pero lo que yo digo nadie lo escucha.

¿Qué importa que yo subraye la evidencia de que el juicio contra David Sánchez, que ha quedado listo para sentencia, es un disparate que deja en muy mal lugar a la jueza que aceptó la denuncia primera (que iba sobre otro asunto, por cierto), a la audiencia que la permitió seguir adelante y a la unidad de la benemérita que actuó como investigadora del no delito y como acusadora principal y fuente de sesgados titulares en todos los medios? Si hablo yo, es como si dijera misa, y nunca mejor dicho.

            Me habría gustado ser Papa, la verdad, pero de sobra sé que no habría podido aceptar ese cargo nunca por motivos de conciencia. No porque no crea en Dios, que a fin de cuentas es lo que menos importa, bastaría con no hablar de ello, sino porque yo no aceptaría ningún trabajo que se inmiscuyera en mi vida privada y me prohibiera casarme.

            ---¡Pero si tú nunca te has casado ni tienes intención de hacerlo!

            ---Cierto, pero una cosa es que yo no me case porque no quiera y otra que no lo haga porque, en caso de hacerlo, me manden al paro. Uno tiene su dignidad y su orgullo personal.

Miércoles, 10 de junio
DECÍAMOS AYER

Leo la biografía que Sergio Fernández López ha dedicado a Fray Luis de León y al llegar al capítulo que habla del proceso al que le sometió la Inquisición no puedo dejar de encontrar sospechosas coincidencias con tiempos recientes. Bastaba una denuncia anónima para iniciar el proceso. Cinco años tardó Fray Luis en librarse de la malquerencia de sus opositores. Cinco años tratando de demostrar que no había incurrido en herejía en ninguno de sus escritos. ¡Y qué fácil es retorcer cualquier afirmación! ¡Qué fácil armar una insidiosa novela con los mensajes intervenidos legal o ilegalmente (ya se legalizará el delito) a una persona que se interpone en nuestro camino a la Cátedra o a la Moncloa!

            Fray Luis de León, que no era cristiano viejo, y sí sospechoso de judaísmo como otros de chavismo, resistió los cinco años de cárcel y pudo volver al aula y seguir con sus lecciones como si no hubiera pasado nada.

            ¿Podrá el político que ahora está en la picota de la UCO empezar su intervención en un mitin de las elecciones del 27 con un “decíamos ayer” como el del agustino? Difícil lo tiene, que desde los tiempos de Fray Luis los métodos inquisitoriales han avanzado mucho.

Viernes, 12 de junio
DOBLE HOMENAJE

Nunca me olvido del cumpleaños de Pessoa. En Lisboa se celebran las fiestas de san Antonio y en mi barrio las de santa Filomena, una santa que nunca existió, pero eso qué importa: “el mito es la nada que es todo” se lee en Mensaje.

Como regalo anticipado, en la librería de viejo que tengo al lado de casa, encuentro un raro y divertido libro de Victoriano Martínez Muller, Poesías jocoso-satíricas (¡buena falta nos hace su buen humor en estos malos tiempos!), que fue de la biblioteca de José Vega Merino, el amigo leonés de Gamoneda, y que trae dentro el más inesperado regalo: un poema mecanografiado que lleva el título de “Perdón eterno” y el subtítulo “soneto inglés de Fernando Pessoa traducido por Jorge Luis Borges”. Me lo imagino tan auténtico como los cuentos de Chaves Nogales recién descubiertos en una revistilla perdida. Puede que incluso más.

Me parece que el azar ha hecho el mejor homenaje a quien nació un 13 de junio y a quien murió un 14 de junio de hace cuarenta años.

Así que el primer hombre hubo pecado, / se nublaron los cielos de repente / y empuñando una espada refulgente / le dijo un ángel con acento airado:

 “Lejos de este lugar que has profanado, / y al recordar su encanto, eternamente, / surquen arrugas tu orgullosa frente / mientras comes el pan del desterrado”.

 Al ver cerrar con lágrimas de duelo / tras sí las puertas del Edén perdido, / exclamó el infeliz mirando al cielo: / “Si me quitáis el bien, dadme el olvido”.

 Y Dios le dio como perdón eterno / la nada, que nos salva del infierno.