viernes, 17 de abril de 2026

La rueda de la fortuna: Caleidoscopio

 

Sábado, 11 de abril
INCONSOLABLE

“Alguna vez me angustia una certeza” comienza un soneto de Jorge Guillén que yo recuerdo a menudo. Esa certeza es la de la muerte, pero he de reconocer que, si se trata de la propia todavía me angustia bastante menos de lo que quizá debiera. En realidad, me angustia más bien poco: aún es una certeza estadística, no una verdad vital. La que me angustia es la de la gente que quiero.

            La muerte propia solo es una pesadilla si va precedida de una larga, dolorosa, inhabilitante enfermedad. Morir, para el que muere, sobre todo si es a su debido tiempo, no tiene nada de malo. Lo malo se queda siempre con los que quedan.

            El otro día me encontré con Estrella, la madre de Xuan (que para ella será siempre Juanjo), y yo –ingenuo de mí-- comencé a hablarle de lo mucho que se le recordaba, de los continuos homenajes que se le dedican. “Sí, pero…”, dijo y se puso a llorar y yo, por mucho que me esforcé, no pude evitar acompañarla. No lloraba yo por Xuan, que ahora vive en su gloria (si la meta es el olvido, como afirmaba Borges, él tardará en llegar a la meta), lloraba por quien aquí quedó, inconsolable.

Lunes, 13 de abril
ME DAN MI MERECIDO

Recuerdo más a menudo de lo que me gustaría, la frase “no hay buena acción que no reciba su merecido”. Yo podré ser malo, muy malo, y tratar sin contemplaciones los libros que publican los demás, pero los odios que así me creo son bastante más llevaderos, y hacen menos daño, que los que me causa mi vocación de buen samaritano.

Como conozco algo a mis semejantes, procuro ayudar, en los pocos casos en los que puedo, de la manera más discreta posible, sin que se note, pero hay quien considera cada favor recibido como una humillación de la que en algún momento tiene que vengarse. Y esas venganzas, que llegan cuando menos te las esperas (cuando yo ya había olvidado, esas cosas las olvido pronto, que había hecho un favor a esa persona), son las que más temo: aciertan siempre donde más daño pueden hacer. 

Martes, 14 de abril
NINGUNA PRISA

“¿Y no te da vergüenza? ¡Menudo republicano estás tú hecho!”, me dice un amigo al que le cuento que este año también han invitado al “almuerzo ofrecido por sus majestades los reyes a una representación del mundo de las letras con motivo de la entrega del premio Cervantes 2025”.

            Pues no, no me da vergüenza. Ahora, eso sí, me sirve para reírme un poco de mí mismo. Me paso la vida quejándome de que nadie me hace caso, de que mis libros no se venden, de que me vetan en este o aquel suplemento y luego resulta que me invitan todos los años a un evento en el que pocos repiten (solo, que yo recuerde, Luis María Anson y Sergio Vila-San Juan). Y yo, que nada detesto más que las comidas oficiales, esas que empiezan tarde y parece que no van a acabar nunca, disfruto con la perfecta organización de estos encuentros. No conozco mejores anfitriones. Siempre cuento aquella historia en que el rey, mientras conversaba animadamente en medio de un grupo en el salón chino, donde se toma café después de la comida, se dio cuenta de que Antonio Gamoneda estaba solo sentado en un rincón. “Disculpad”, dijo, y se dirigió hasta él y le preguntó si se aburría y se sentó a su lado para intentar charlar un rato, a pesar de las dificultades auditivas del poeta.

            No soy yo muy de asistir a comidas protocolarias, pero a veces he tenido que asistir a las que se dan con motivo de algún premio en el que participo como jurado. Con las cenas tras cierto galardón autonómico, de cuyo nombre prefiero no acordarme, todavía tengo pesadillas. Duraban tres, cuatro o más horas y no sé cómo siempre acababa yo discutiendo con la deslenguada dueña y señora del evento. Menos mal que finalmente, gracias a una novela de no ficción, he conseguido liberarme del reiterado esperpento.

            “¿Y todavía te sigues considerando republicano?”, insiste mi amigo. “Pues claro y todavía sigo celebrando tal día como hoy y, cuando llegue el momento de elegir entre monarquía o república, elegiré república”. “Pues, por lo que se ve, no parece que tengas mucha prisa de que llegue ese momento”. “Cambiar de régimen político no es como cambiar de piso. Es algo más complicado. Tenía prisa con el espécimen que teníamos antes y que todavía anda por ahí rodeado de toreros y presumiendo de que a él no hay quien le pille, que le basta el capote de la Constitución para burlar a la afeitadita y mansa justicia española. En estos momentos, si te he de ser sincero, no tengo ninguna prisa. Pero no lo cuentes por ahí, que van a pensar que soy un estómago agradecido”                                                              

Miércoles, 15 de abril
UN ENCUENTRO INCÓMODO

Hoy me ha tocado lidiar con una situación incómoda. Resulta que en el jurado del premio Gonzalo de Berceo, que organiza el gobierno de La Rioja, coincido con Juan Bonilla, con el que tuve un encontronazo por ponerme de lado de Abelardo Linares en su polémica con Yolanda Morató a propósito de Chaves Nogales.

A Juan Bonilla le admiré mucho, allá en lejanos tiempos, y él por entonces creo que me tenía aprecio. Luego lo fue perdiendo: se había convertido en un triunfador y yo seguía con mis reseñas, más o menos atinadas, en lugares recónditos. “No me importa lo que García Martín diga de mí –afirmaba--, ni sus elogios me han hecho vender un ejemplar más ni sus diatribas vender uno menos”.

 En la polémica provocada por el paso a otra editorial de Yolanda Morató, llevándose al parecer su trabajo y el ajeno, Bonilla acabó llamándonos, a Abelardo y a mí, “dos tontos muy tontos”, entre otras lindezas. A partir de ese momento, le dejé de lado. Y no porque me sintiera particularmente ofendido (ya había explicitado lo poco que me quería en el prólogo a uno de mis libros), sino porque a mí solo me gusta polemizar y pelearme con amigos. Y ahora, por culpa de Abelardo, que propuso otra vez nuestros nombres a los organizadores (sin consultarme, por cierto), tenía que encontrarme con él.

Pero fuimos dos caballeros: dejamos el enfrentamiento en casa y nos comportamos como eficaces profesionales. Y me gustó eso, porque yo habré perdido el aprecio personal que le tenía, pero sigo admirando su versatilidad, su ingenio, su excepcional talento como articulista, narrador y poeta.

Jueves, 16 de abril
TRAMPANTOJOS

Bajar al sótano de Federico Granell, al final de la Argañosa, tiene algo de rito iniciático. Esperaríamos un lugar oscuro y nos sorprende una cristalera a un jardín frondoso. Y lo que a primera vista podría parecer un revuelto trastero se convierte en un caleidoscopio que entremezcla calaveras, caminantes solitarios, máscaras y trampantojos. Al fondo, el gran cuadro en el que está trabajando. Es un encargo. “No le hagas fotos, por favor”, no quiero que todavía lo vea nadie.

Hay un bien conocido rincón urbano, como de tarjeta postal o de Antonio López y figuras de espalda, pero no es eso lo que importa. “Has pintado el aire. Serán tus Meninas”, le digo. Y él y Martín Caicoya –que me acompaña en la visita-- sonríen ante la hipérbole.

Viernes, 17 de abril
CELDA COMÚN

Mientras escuchaba la conferencia de Carmen Alfonso sobre Dolores Medio, que inicia un ciclo que conmemora los treinta años de su fallecimiento, pensaba en cómo el azar va enredando unas vidas con otras.

Cuando yo la conocí, ya de vuelta a Asturias tras sus esforzadas andanzas madrileñas en las que no volvió a repetir el éxito del Nadal, me parecía una escritora de otro tiempo, una pintoresca reliquia con una corte de autores locales muy menores. Sonrío al pensar que los ambiciosos y escaladores escritores jóvenes de ahora –algunos de ellos pasaron por la tertulia de los viernes-- seguramente me miran a mí como yo la miraba a ella, como un apolillado superviviente.

Sin duda coincidimos en más de lo que a mí me gustaría. Releo Celda común, la novela de la que me ocuparé el próximo jueves, y a la memoria me vuelven muchos detalles olvidados de aquellos primeros días de mi encarcelamiento, el llamado “periodo”, quince días en que no salía más que una hora de la celda diminuta en la que apenas cabían cuatro literas –y las cuatro estaban ocupadas-- y el inodoro en una esquina a la vista de todos. Mis acompañantes tampoco eran presos políticos.

¿Cómo pude soportarlo y superarlo y haber olvidado casi todos los detalles? Solo recuerdo los más pintorescos: a mí leyendo en voz alta una novela del oeste, de las de Marcial Lafuente Estefanía, que alguien nos había pasado y todos mis compañeros –ladrones, asesinos o quizá solo pobre gente metida en algún embrollo-- escuchando atentamente.

¿Cómo pude soportarlo?, me pregunto retóricamente. De sobra sé la respuesta: porque venía de algo peor, ocho días con sus ocho noches, aislado en una celda de la Dirección General de Seguridad, sin contacto con familia ni abogados ni nadie propiamente humano, de la que solo salía para interminables interrogatorios no demasiado amables.

 

 

sábado, 11 de abril de 2026

La rueda de la fortuna: Qué malo soy

 

Sábado, 4 de abril
PROBLEMAS CON SOLUCIÓN

De pronto, la lectura de un libro me devuelve las ingenuas alegrías de los tiempos del bachillerato, que entonces comenzaba a los diez años,  cuando tanto disfrutaba resolviendo antes que nadie los problemas de la clase de matemáticas.

            El libro se titula Las cuentas de los dioses y lleva un sugerente subtítulo “Problemas de aritmética y álgebra sobre temas de mitología”. Se publicó en México en 1944. Su autor, Eugenio Álvarez Díaz, tiene detrás una impactante historia, como de cuento tradicional. Nació en Puertas de Cabrales y cuando era niño sus padres solían mandarle en un borriquillo a recoger el correo a Arenas de Cabrales. Una vez el burro se espantó y arrojó al niño a una zanja. Allí quedó malherido durante toda la noche. Cuando sus padres lo encontraron, a la mañana siguiente, ya era tarde para curar el daño en una pierna y tuvo que usar muletas durante toda la vida. Otro se habría desanimado por ello, él encontró ánimos para concentrarse en el estudio y acabó siete carreras, como se decía entonces, todas con brillantes calificaciones. Fue discípulo del matemático Rey Pastor, amigo de Lorca, tuvo que exiliarse a México en 1939, donde fundó un centro de enseñanza inspirado en la Institución Libre de Enseñanza, además de participar en diversos negocios, el último de los cuales acabó mal: fletó un buque mercante, el más grande de México, de 332 metros de eslora, para el transporte de petróleo, pero acabó encallando en las islas Bermudas.

            En el prólogo a Las cuentas de los dioses, afirma que “siempre tuvo singular afición a las Matemáticas en la rama de Ciencias y a la lectura de los clásicos griegos y romanos en la de Letras”. Sus compañeros de profesión criticaron la segunda de sus devociones y le colocaron ante la prueba “de armonizar Mitología y Matemáticas”.

            Yo hallo al azar ese libro tan sugerente y me encuentro con el siguiente problema, que me trae el recuerdo de los que me ponía mi añorado maestro de Valliniello don José Ramón: “Hallar el número de Nereidas, Gorgonas y Musas de que nos habla la Mitología, sabiendo que la suma del número de Nereidas y Gorgonas es 53, el de Gorgonas y Musas 12 y el de Musas y Nereidas, 59”.

No hay problema, en realidad, puesto que ya sabemos el número de las musas, pero vamos a suponer que no lo sabemos. Sumamos esos números y el resultado es 124. Como aparecen dos veces cada uno de los personajes de la mitología, la suma de los tres es la mitad, 62. Ya solo nos queda ir restando: primero 53 y sabemos el número de musas; luego, 12 y sabemos el de Nereidas; luego 59 y sabemos el de Gorgonas.

            Pero los problemas se van complicando y pronto tengo que reconocer que mis conocimientos matemáticos no pasan de lo más elemental. Este es el problema más difícil que fui capaz de resolver y lo dejo aquí por si el curioso lector quiere intentarlo: “Tres pastores griegos se encuentran reunidos. Uno de ellos tiene seis tortas, otro cinco y otro cuatro. Llega un cazador y entre los cuatro comen las tortas existentes por partes iguales. El cazador les paga quince óbolos por la parte comida por él. ¿Cómo deben repartirse esa suma entre los tres pastores?”

            Sonrío pensando en aquellos tiempos felices en que yo me creía más listo que nadie. La verdad es que a veces doy la impresión de que todavía me lo sigo creyendo, cosa que no es precisamente una señal de mucha inteligencia.

Miércoles, 8 de abril
ALGO BUENO

De tarde en tarde, mis reseñas de libros, que llevo publicando semanalmente desde 1988, tienen un éxito inesperado. No puedo saber los lectores en la versión impresa, pero sí en mi blog, donde no suelen pasar de quinientos en la primera semana. Algunas, sin embargo, se disparan a tres mil o cinco mil o incluso pueden llegar a veinte mil como en el caso de una que dediqué al desdichado libro biográfico de españoles eminentes que firman dos ilustres historiadores y encargó y prologó Javier Gomá, el filósofo de la ejemplaridad.

La semana pasada le di un buen repaso al último libro de Javier Salvago y tuve bastantes más lectores de los habituales. Hoy me entero por qué. Al parecer puso mi reseña en su Facebook y, como a un panal de rica miel, acudieron a consolarle todos sus seguidores, que son bastante más que los míos, y buena parte de mis detractores, que son bastante más que los suyos. Me entero de ello en la tertulia de hoy.

            ---¿Y no tienes curiosidad por saber lo que dicen de ti?

            ---Ninguna. Pero me divierte que tanta gente piense mal de mí sin conocerme. Algo bueno habré hecho.

            ---¿Algo bueno?

            ---Sí, decir lo que nadie dice: que el rey está desnudo.

            ---¡Siempre presumiendo! Antes te creías más listo que nadie y ahora más valiente que nadie.

            ---¿Valiente por decir que el último libro de un poeta que tuvo sus momentos es muy poquita cosa o que este ilustre historiador plagia incluso los errores de la Wikipedia o que el simpático Amorós, cuando habla de poesía, no siempre sabe de lo que habla? Bah, eso es solo ser un buen profesional. Si de humanos es equivocarse, yo seguramente soy muy humano. Lo que no hago nunca es engañar. Y rabie quien quiera en su chiringuito digital. Yo no pienso asomarme a leerlo. 

Jueves, 9 de abril
LIBRERÍA DE VIEJO

Paso, antes del primer café, por la librería de viejo que tengo al lado de casa, no a comprar libros, sino a llevar unos cuantos que han de dejar sitio a otros, pero no puedo evitar abrir al azar un grueso tomo y encontrarme con un poema que se titula precisamente “Librería de viejo”: “Los libros son más hondos en esta librería / donde se huele a historia, silogismo y soneto; / y dicen lo que dicen con más melancolía / como si nos contaran algún dulce secreto. / Aquí son más cercanos y amigos los poetas. / Más nuestros, en los atlas, los ríos, las naciones. / Y puede uno llevarse dos duros de planetas / y robar los eclipses y las constelaciones”.

Sin duda este volumen me estaba esperando. Sigo leyendo: “Y los mapas… Los mapas con su sueño imposible: / su rota Escandinavia; su Grecia temblorosa; / su Atlántico celeste; su Himalaya accesible; / y los vientos dormidos en la rosa”.

            El autor tuvo su momento y ahora está en un purgatorio del que solo le rescata el facherío: José María Pemán. Yo tengo cierta debilidad por él. Quizá porque me gusta llevar la contraria o porque disfruto conversando con quien tiene ingenio, talento y cultura y piensa de distinta manera que yo. Es como jugar al ajedrez o resolver un problema matemático. Me gusta cazar sofismas, soy un especialista en ello, no se me escapa uno, pero me gusta todavía más cuando descubro que soy yo el que estaba equivocado. Rectifico con facilidad, sin buscar excusas, y siempre doy las gracias a quien me señala una errata en la escritura, en la información o en el pensamiento. 

Viernes, 10 de abril
QUÉ VOY A DECIR

---¿Y no vas a hablar de las sanguinarias patochadas de Trump? ¿No te das cuenta de que eso es lo que interesa y no tus libros viejos y tus encontronazos con este o aquel poetastro por un quítame allá esos ripios?

            ---¿Y qué voy a decir que no haya sido dicho ya? Eso de “en una noche voy a destruir una civilización entera” no se le había ocurrido antes ni a Atila, rey de los hunos. Hasta Franco, cuando trataba de exterminar todo lo que oliera a libertad y república, dijo que venía a defender “la civilización occidental cristiana”. Pero todo tiene su lado bueno. El que Trump actúe como un matón, el que no tenga ningún filtro, ha obligado por fin a los genuflexos monaguillos de la Unión Europea a tomar distancia del “amigo americano”. Si no fuera por sus desplantes e impertinencias, aún estarían haciendo cola en Washington para besarle en salva sea la parte.

            ---Tú prefieres que, como Orbán, se la besen a Putin.

            ---Que no ha invadido ni masacrado ningún país, por cierto, diga lo que diga la prensa “libre”, sino ayudado a una de las partes en la guerra civil que en 2014 comenzó entre las regiones de Ucrania contrarias a Rusia y las de habla y cultura rusa.

            ---¡Va a pasar a la historia como liberador de los pueblos!

            ---Sospecho que en la historia de su país ocupará un lugar bastante más destacado que Netanyahu o Trump en la del suyo. Lo salvó cuando estaba en almoneda tras la desintegración de la Unión Soviética; los otros dos metieron a sus países en aventuras que multiplicaron por mil las víctimas de la guerra en Ucrania y que nadie sabe cómo acabarán.



 

viernes, 3 de abril de 2026

La rueda de la fortuna: De nuevo en casa

  

Sábado, 28 de marzo
LA LLAVE DE ORO

Llego a Bragança con la melancolía del atardecer y lo primero que hago es buscar mi refugio en la Praça da Sé, la cafetería O Chave d’Ouro. En el centro, entre dos calles que descienden hasta el río y luego ascienden hasta la ciudadela, en un edificio circular con ese aire de oriente tan característicamente portugués.

Pero está cerrada, un cartel invita a los clientes “que fueron fieles a esta casa durante más de cien años” a un brindis el lunes, 16 de marzo, a las cuatro de la tarde. Llego tarde para ese adiós, que parece que no será definitivo (dice que solo cierran “para realizar una renovación histórica”), pero sospecho que el café que vuelva ya no será el mismo. Se convertirá en restaurante o se reducirá el espacio y ya no cabrán los fantasmas.

Era uno de esos lugares en los que uno entra, se sienta y al momento tiene la sensación de ser un cliente de toda la vida. En una de sus mesas, casi siempre la misma, leí la prensa, escribí versos, dejé que las horas pasaran, como pasan en Portugal, sin prisa ninguna.

            ¡Y qué hermoso nombre para este rincón de otro tiempo! ¡La llave de oro! Sí, la llave de oro que abre la entrada a un reino maravilloso, como llamó Miguel Torga a Trás-os-Montes.

La primera edición de su libro, Portugal, que es de 1950, el mismo año en que yo nací, la encontré polvorienta y traspapelada en una pequeña librería, frente a la entrada de la antigua catedral, que también tenía y tiene un hermoso nombre: La Rosa de Oro. A Miguel Torga lo había descubierto, allá por 1980, en Coímbra, también en las ediciones, tan austeras, que él mismo hacía de sus obras; por entonces aún podían encontrarse fácilmente en cualquier librería. Yo encontré varios tomos, lo recuerdo bien, en una que estaba junto al arco de la Almedina y los comencé a leer de inmediato en el cercano Café Arcádia, en la rúa Ferreira Borges por la que todavía circulaba el tranvía.

El capítulo dedicado a Trás-os-Montes comienza así: “Voy a hablaros de un reino maravilloso, el más bello que os podáis imaginar. Está en la cima de Portugal, como los nidos en las cimas de los arboles para que la distancia los haga más imposibles y deseados. Al niño que logra trepar hasta allí y alcanzar la cima de sus sueños le parece que está viendo al mismo Dios en el cielo”.

            Ya los niños no se suben a los árboles para coger nidos ni habitan esta tierra los nobles y rudos campesinos de los que hablaba Torga, pero el paisaje sigue siendo el mismo: “Una inmensidad de tierra gruesa, pedregosa, bravía, que tan pronto se levanta a pulso con un ímpetu de subir al cielo como se hunde en abismos de angustia por una especie de misteriosa condición telúrica. Montañas paralelas a montañas y entre ellas, ceñidos entre roquedales, ríos de agua cristalina, cantarines, apagando la sed de tanta aridez y, de vez en cuando, un valle en el que los ojos descansan de la agresión de los roquedales”.

Domingo, 29 de marzo
BRAGANÇA

Tras las melancolías de ayer, el esplendor del Domingo de Ramos, que para mí en la infancia siempre tenía un aroma de felicidad antes de las lobregueces de la semana santa.

Había estado varias veces en esta ciudad, pero nunca hasta ahora había recorrido entera la senda verde del río Fervença. Son las ventajas de viajar con niños.

Abajo el río entre rocas y saltos de agua y a un lado y a otro todo el esplendor de la primavera. El Fervença es un río laborioso, antes hacía funcionar molinos y una central eléctrica en el centro de la ciudad. Lo sigue haciendo: un antiguo molino es ahora la Casa de la Seda, dedicada a contarnos la historia de esa tela suntuosa que vistió a reyes y tiene su origen en un humilde gusano, y la central eléctrica se ha transformado en el Museo de Ciencia Viva, pero a ambos les sigue proporcionando luz y calor el agua cristalina y cantarina del Fervença.

El café O Chave d’Ouro no era mi única casa en Bragança, pero sí la más literaria. De la otra, en la que me encuentro igual de a gusto, no suelo hablar y, desde luego, no se me ocurre visitarla si viajo acompañado. Se trata del Bragança Shopping, la versión local de mis cotidianos Los Prados y Las Salesas. No solo he escrito poemas en la atmósfera vintage de ese café, también en la planta alta del centro comercial, a un lado una librería y al otro los locales de comida rápida (que no son iguales en todas partes: solo aquí sirven sopa). Los niños y yo preferimos este lugar al afamado Solar Bragançano, que es naturalmente el único que recomiendo.

            Como todo en esta ciudad, el Bragança Shopping está en la ladera de una colina y por ello el último piso también da a la calle, muy cerca de la antigua estación. ¿Antigua? Por Bragança ya no pasan trenes, pero la estación, con su característica arquitectura, sigue siéndolo, ahora de autobuses. A su lado se ha construido un museo del ferrocarril.

            El día hermoso y largo, como son los domingos de ramos en mi memoria, termina “el jardín de los espejos empañados”, como yo llamo al que se encuentra entre la plaza de la catedral y el río. En el centro, una fuente sin agua, con la geométrica elegancia del art decó, y apoyados en los árboles varios espejos redondos que reflejan desvaídamente el paisaje. La luna se asomaba entre las ramas y yo, no sé por qué, pensé en Verlaine y en sus romanzas sin palabras y a la memoria me vinieron unos versos que quizá había leído en una traducción de Enrique Díez-Canedo: “Violines sigilosos / en el parque sin nadie / avisan que es la hora. / Qué pronto se ha hecho tarde. / A su casa se han vuelto / los niños con sus madres / y los enamorados / cansados de mirarse. /Ya sopla un viento frío, ya suenan los metales. / Remordimientos viejos / llegan para quedarse. / Romanzas sin palabras / que son aire en el aire / susurran que es la hora. / ¿De qué? Nadie lo sabe. / Yo sé que fui feliz / y que he vivido en balde”.

Lunes, 30 de marzo
MIRANDELA

De paso para Mirandela, me detengo en Macedo de Cavaleiros (qué bello nombre el de los pueblos de esta zona, mi favorito: Freixo da Espada ao Cinto) y lo que de allí me traigo, sin tiempo para visitar sus maravillas naturales, son solo un puñado de exvotos del Museo de Arte Sacro. Mi favorito es el que Joze Alves Meixedo dedica a Nuestra Señora de Balsamao, agradecido porque, cuando estaba en el monte, le sorprendió una tormenta y tras pedírselo a la virgen esta cesó de inmediato.

            De Mirandela había oído hablar a un amigo que era de esta zona. A mí su nombre me recordaba a un personaje de Goldoni. Abunda en caserones desvencijados en las laderas de una colina que no preside la iglesia, que se hace a un lado, sino el palacio de los Távora, del que desciende una escalinata que lleva al largo puente sobre el ancho río. Los Távora disfrutaron poco de su dieciochesco palacio; fueron ejecutados en 1758 acusados de un intento de regicidio. Del río se alza un chorro de agua, a semejanza del Jet d’eau de Ginebra, y en su otra orilla sorprende un santuario con jardín, el de la Virgen del Amparo. Mirandela tiene algo de grácil dama venida a menos, muy a menos, que recupera la florida juventud en los apacibles paseos del otro lado del Tua.

Martes, 31 de marzo
MIRANDA

Siempre que paso por Miranda do Douro, tras saludar a las tierras de España al otro lado del río y al Menino Jesús de la Cartolinha, que salvó a la ciudad de los españoles hace siglos, pero que ya nada puede ni quiere hacer contra los que invaden las tiendas de saldos de la parte baja, compro algunos libros en mirandés y luego me siento a hojearlos en la terraza del Café Arcádia, frente a la iglesia de la Misericordia.

            Hoy la cosecha ha sido buena: Belheç, de Fracisco Niebro, que me aconsejó Martín López-Vega, una traducción del Mensagem de Pessoa, una antología de un poeta de la tierra, Ferna do de Castro Branco, y Literatura oural mirandesa, recopilación de textos populares.

            “Miranda do Douro es el único lugar del mundo en que el asturiano es lengua oficial”, me decía Xuan Bello cuando hablábamos de esta ciudad. Y alguna razón tenía: el portugués “É a hora” que concluye el libro de Pessoa se traduce en ambas lenguas por “Ye la hora”.

Me entristece pensar que ya no podré comentar estos libros con Xuan en la mesa redonda de Los Porches ni oírle contar, a su manera, la historia del lobo español que anduvo por tierra de Miranda y acabó burlado y chasqueado.  ¿Pero de verdad no podré? No estoy yo tan seguro. Todavía sigue siendo uno de mis más fieles interlocutores.



 

 

 

 

viernes, 27 de marzo de 2026

La rueda de la fortuna: Asombro y maravilla

 

Sábado, 21 de marzo
UN REGALO INESPERADO

No es mal sitio para presentar libros una antigua estación de ferrocarril. Al final de la presentación de Aire en el aire, en el maravilloso Museo del Ferrocarril de Gijón, mientras estoy firmando ejemplares, alguien le entrega al presentador, José Luis Argüelles, para que me lo pase un sobre con un libro mío que compró en un mercadillo de Mieres.

Se trata de Tinta y papel, publicado hace cuarenta años, y lleva pegadas a las páginas en blanco varias fotografías mías aparecidas en la prensa. En una de ellas, que no recordaba, estoy con Ángel González y Carmen Gómez Ojea.

En libro lleva un curioso exlibris familiar, que no aclara el nombre del propietario. Bajo las siluetas de una mujer y un hombre aparecen las iniciales y las fechas de nacimiento; en el centro, dos círculos que se entrecruzan y una fecha, que debe ser la de la boda; de ellos surge un árbol con cinco ramas, cada una también con una fecha, que debe ser las del nacimiento de los hijos. Entre las páginas, encuentro recortes periodísticos de algunas páginas de mi diario.

¡Cómo me gustaría saber quién fue este anónimo lector, charlar con él, averiguar cómo este libro, que conservó cuidadosamente durante tanto tiempo, fue a parar a un mercadillo!

Bueno, esto último parece fácil de adivinar. Tras su muerte –ahora estaría cerca de los cien años, nació en 1928--, los herederos tendrían que deshacer la casa y los libros se pusieron a volar por su cuenta. Y Tinta y papel, a través de manos anónimas, supo llegar hasta las mías. Qué maravillosa manera de celebrar la entrada de la primavera y el día de la poesía.

Domingo, 22 de marzo
FICCIÓN Y AUTOFICCIÒN

Al salir del cine, como cada domingo (me gusta mantener las buenas costumbres), me encuentro con mi amigo Ángel.

            ---¿Qué película has ido a ver? Déjame que adivine. Torrente presidente seguro que no. Habrás ido a ver a Almodóvar. Eres como Carlos Boyero. Te parece vomitivo, pero no te pierdes ninguno de sus estrenos.

            ---Hombre, vomitivo… Yo no diría eso. Reconozco que lo hago con algo de mala conciencia. Sé que voy a encontrarme con una nadería pretenciosa, pero no lo paso mal riéndome de su ampulosidad y disfrutando con la puesta en escena. Tiene gusto como decorador, de eso no hay duda. Y sabe dirigir a los actores. Incluso podría ser un buen director de cine si no se empeñara en rodar sus propios guiones. Este último lo ha promocionado diciendo que es una obra de autoficción, pero por lo que se ve parece que sabe tanto de autoficción, como Carmen Machi, que hace de Carmen Machi en un sketch tópicamente almodovariano (Rosy de Palma hace de Rosy de Palma en otro), de lo que es un cineasta de culto. El protagonista es un actor de unos cincuenta años, Leonardo Sbaraglia, que representa a un viejo y famoso director (Almodóvar) que depende de sus ayudantes para que le recuerden desde cuando tiene que tomar las medicinas hasta cuando tiene que ir al baño (nunca he visto un mayor error de casting). Lleva años sin dirigir, pero no por falta de un productor, sino porque no se le ocurre nada que contar. Almodóvar no parece haberse enterado de que esa es una profesión distinta que solo en raros casos (y en malas películas por lo general) coincide con la del director. Por fin tiene una idea y comienza a escribirla. Hablará de la crisis de una directora, no de un director, y ese guion es lo que vemos, ya filmado, alternando con la historia del alter ego de Almodóvar. Mise-en-abyme e ingenuo cine dentro del cine. La alter ego del alter ego del director manchego tiene un amante que es bombero y en sus ratos libres stripper que actúa en despedidas de soltera (lo que le sirve de pretexto a Almodovar para ofrecernos una de sus actuaciones completas y una, afortunadamente breve, incursión en el vestuario de los bomberos). El conflicto dramático, el gran problema que se plantea nuestro gran cineasta, es el daño que se puede hacer con la autoficción. Su ayudante arma una escandalera porque, al leer el nuevo guion del jefe, todavía sin terminar, se encuentra con que la protagonista tiene una amiga que ha perdido un hijo en accidente y ella tiene una amiga que ha perdido un hijo por enfermedad.

            ---¡Pues menuda intromisión!

            ---Habría que explicarle a nuestro Bergman y Fellini, todo en una pieza, que, más que en la autoficción, la intromisión se produce en las novelas en clave, en las que tras los personajes se esconden personajes reales y se nos cuentan sus secretos y sus fechorías. En la autoficción, el protagonista de la novela coincide, en nombre y otras circunstancias, con el autor, al igual que en la autobiografía, pero en lo que se cuenta aparecen detalles ficticios: el narrador se llama Javier Cercas, por ejemplo, pero nos habla de su paso por la cárcel cuando sabemos que nunca estuvo en ella.

Lunes, 23 de marzo
NO TENGO CORAZÓN
 

---Una cosa que me ha sorprendido de tu poesía reunida –me dice uno de los primeros lectores de Aire en el aire-- es que no hay en todo el libro una sola dedicatoria. Debes de ser el único poeta que no se acuerda nunca ni de su familia ni de sus amigos. Tampoco aparece el nombre de ninguna pareja. Parece que eres una máquina de leer y escribir, una máquina sin corazón.

            ---¡Ojalá lo fuera! Yo tengo otras maneras de agradecer cariño y compañía. El poema, si verdaderamente lo es, y no un desahogo, debe volar libre, al margen de las circunstancias del autor.

Martes, 24 de marzo
SE ACLARA EL ENIGMA

---José Luis, esto es magia. Sin conocernos de nada, el algoritmo de Facebook nos ha conectado. El domingo, al abrir el teléfono, me sale la foto del exlibris de mi padre. Soy Luci, la del 57. Vivo en Huelva. Mi padre se llamaba Marino Fernández Canga. Vivía en Mieres. Tenía una biblioteca estupenda, con más de cinco mil volúmenes. Siempre nos decía que cuando él no estuviese nos encargásemos de los libros. Que repartiéramos primero entre nosotros y después hacer una donación a una biblioteca y que la sección de apicultura con todas las revistas de Vida Apícola se la regaláramos a un apicultor.

Ninguna biblioteca nos quiso los libros. Encontramos al apicultor y a muchos amigos de mi padre que nos ayudaron, se llevaron muchos libros, pero aquello no descendía. Teníamos treinta días para poner la casa en venta. Guardamos solo sus escritos: de etnografía, inventos, mapas y poesía. Desde hace muchos años escribía e ilustraba haikus. Le adjunto el que dedicó a la muerte de su mujer, "Tristeza". También guardamos, por supuesto, sus cuadros y sus esculturas. Las fotografías eran un tema difícil. Un amigo de mi padre, al que conocimos en ese momento, nos propuso hacer un archivo fotográfico y le dejamos todos los álbumes y fotografías familiares. Pero llegó un momento en el que el tiempo se nos echó encima y no conseguimos deshacernos de todos los libros. Lo pasamos bastante mal. Después de consultar con distintas empresas que compran libros especiales, tenía que decidir qué hacer. Al final, sin tiempo, y con muchísima pena, terminaron como el tuyo en el mercadillo.

Jueves, 26 de marzo
COLECCIÓN PARTICULAR

Desde hace tiempo me ha dado por coleccionar estrictos coetáneos, gente nacida en 1950, y ver cómo envejecen. Almodóvar es uno de ellos, el poeta Luis Alberto de Cuenta otro. No nos parecemos en nada, salvo en el deterioro que traen los años y del que todos se dan cuenta menos uno mismo, que se sigue viendo como siempre.

“Tú, que has siido tan cruel, y lo sigues siendo, con la etapa ultima de Guillén, ¿no temes que a ti ahora te acusen de lo mismo, de escribir poemas facilones y llenos de ripios?”, me preguntó José Luis Argüelles a propósito de mi libro Entrada libre.

            La verdad es que no lo temo y para demostrarlo esta mañana, en Los Porches, tras leer La vejez del poeta, de Javier Salvago, otro de 1950, escribí unas “Aleluyas de la edad” que subí inmediatamente a Facebook: “Se multiplican los dones / y también los tropezones. / Son las cosas de la edad, / conviene conformidad. / Por si amor llama a tu puerta, / procuras dejarla abierta. / Y siempre con alegría / saludas al nuevo día. / Lo que fui lo sigo siendo / y conmigo bien me entiendo. / Cualquier cosa me entretiene, / ese insecto que va y viene. / Pessoa, Dante, Machado / comienzo a dejar de lado. / Lo que yo en ellos buscaba / en ellos no está ni estaba. / ¿Estará en alguna parte? / Otros sabrán contestarte. / Yo soy de buen conformar. / Me basta ver y admirar”. 

Viernes, 27 de marzo
DE VEZ EN CUANDO

Qué aburrido tratar de ser sublime sin interrupción. De vez en cuando, viene bien hacer un poco el ridículo. Son cosas que se aprenden con la edad.



 

 

viernes, 20 de marzo de 2026

La rueda de la fortuna: Morir, matar, mirar para otro lado


Sábado, 14 de marzo
ESCRIBO TU LIBRO

Recupero mi sitio en el café del Atrio, cerrado por cambio de propietario las últimas semanas, y eso me pone de buen humor, a pesar de la que está cayendo. La verdad es que mi idea del paraíso tiene mucho que ver con que nada ni nadie altere mis rutinas. Supongo que todo el mundo acabaría cansándose si, tras la muerte, un Dios bondadoso le dijera: “A partir de ahora, vas a dedicarte a hacer lo que más te gusta hacer durante toda la eternidad”. Yo no me cansaría, eso seguro.

            En el Atrio tomo, desde 1990, todos los sábados un café con libro o con charla. Hoy toca charla.

            ---¿Has visto esos anuncios que aparecen en las redes sociales que dicen algo así como “escribimos, maquetamos y publicamos tu libro en noventa días”? Pero, si lo escriben ellos, ¡cómo va a ser “tu” libro! Siempre ha habido “negros”, no sé si pueden seguir llamándose así, en la industria editorial, pero hasta ahora se escondían. Parece que ya han perdido la vergüenza.

            ---No solo he visto el anuncio, sino también el video promocional que lo acompaña. Me ha divertido mucho escuchar que, si estás parado o eres un pensionista, te abstengas de solicitar sus servicios. Son muy profesionales y por eso nada baratos. No indican sus honorarios, pero sí que son de cuatro cifras, o sea, entre mil y un euro menos que diez mil.

            ---¿Y a ti no te escandalizan esas cosas? ¡El capitalismo puro y duro pisoteando la literatura, el último reducto libre!

            ---¿Libre? ¡Qué ingenuo eres! Los libros no son solo literatura, o lo que se entiende por literatura, novela, poesía y cosas así. Las memorias de un político, que suelen publicarse a poco de dejar el cargo, ¿tú crees que las escribe el político? Los libros que firman Aznar, Sánchez o Rajoy, sabemos que no los han escrito ellos, incluso conocemos el nombre del verdadero autor o autora, y nadie se escandaliza, como nadie se escandaliza de que los discursos del rey o del presidente del gobierno tengan detrás un equipo de redactores. Ellos sugieren y supervisan, pero la redacción y la búsqueda de datos queda a cargo de otros.

            ---Eso es otra cosa.

            ---No veo yo por qué. Si tengo una historia interesante que contar, que generalmente es la historia de mi vida o la de mi familia, ¿qué tiene de malo que se la cuente a otro y le facilite la documentación necesaria y que la escriba él?

            ---Sí, pero que la firme con su nombre, como hacían Marino Gómez Santos o Pérez Ferrero cuando publicaban una entrevista biográfica a Marañón o Baroja.

---El que redacta no es más autor que el que idea la trama. Y la firma que figura en la portada debe ser la que incita a la lectura. Leemos, los que lo lean, Manual de resistencia para escuchar a un determinado político sus desventuras hasta llegar a lo más alto, no por los primores estilísticos de Irene Lozano o quien haya transcrito y ordenado las aventuras que él le contó.

Domingo, 15 de marzo
REÍR POR NO LLORAR

En España se convocan actualmente más premios literarios que en ningún otro país. ¿A quién se le puede ocurrir la idea de competir con los grandes mecenas que en el mundo han sido y darle un renovado impulso a la cultura creando un premio literario más?

Pues a Maurici Lucena, político y economista español, que ha sido diputado, asesor económico de José Montilla y Pedro Sánchez, no sé qué cargo en el Sabadell y actualmente es presidente y consejero delegado de Aena, una empresa pública (aunque parcialmente privatizada) que gestiona los aeropuertos españoles.  A esa lumbrera de la economía, que da la impresión de no tener muchas luces en todo lo demás, se le ha ocurrido la idea de crear el premio Aena de narrativa dotado con un millón de euros. ¿Otro Planeta? No, porque el Planeta es para obras inéditas y el Aena es para obras ya publicadas.

Después de lucirse en los medios junto a Rosa Montero, que será la presidenta del jurado (los escritores, por un puñado de euros, no tienen inconveniente en participar en cualquier merengue), el presidente y consejero delegado se explica en el artículo, “Mecenazgo, lectura y prestigio literario”.

Me ha hecho reír y eso es muy de agradecer en los tiempos que corren. Comienza afirmando que la simple presentación de este premio “ha producido una sacudida en el mundo cultural de España y América Latina”. ¡Eso sí que es un premio y no el gordo de la lotería!

Semejante “sacudida” resultará una buena oportunidad para “reflexionar serenamente sobre el mecenazgo”, más propio de otros países que del nuestro. Como excepciones (y “dejando a un lado consideraciones morales”, aclara), aquí hemos tenido, entre otros, a Juan March, pero March, fuera o no “el último pirata del Mediterráneo”, creó su exitosa y eficaz fundación con su propio dinero, mientras que Maurici Lucena juega a mecenas, no con sus ahorrillos (que algunos tendrá después de tantas puertas giratorias), sino con los fondos de la compañía que hoy dirige y mañana, en cuanto cambie el gobierno, dejará de dirigir.

Pero “vayamos de lo general a lo concreto”, como afirma él en su artículo antes de hacerse la pregunta que nos hacemos todos: “¿por qué una compañía dedicada a los aeropuertos ha elegido un premio literario como actuación de mecenazgo?”

            Las razones “concretas” son tres: en primer lugar, los malos resultados del informe PISA en cuanto al rendimiento de la lectura “justifican iniciativas de fomento del hábito de la lectura y de la publicación de libros de calidad”; en segundo lugar, porque en una comunidad de 630 millones de hispanohablantes no existe un premio consolidado de narrativa comparable a los Goncourt, Booker o National Book Award; y en tercer lugar, para fortalecer “uno de los activos invisibles más valiosos de nuestro país: la relación privilegiada con América Latina”, por cuya razón “el Premio Aena irradiará las dos orillas del Atlántico”.

            ¡Menuda empanada mental la de este ilustre –es un decir-- economista! ¿En qué puede mejorar la lectura el que se cree un premio literario de un millón de euros? En todo caso, fomentaría la escritura y publicación de novelas (que no necesita ser fomentada, por cierto). ¿Y de verdad cree este buen hombre que el prestigio del Goncourt, o de cualquiera de esos otros premios que cita, tiene que ver con el importe del galardón? ¡Qué sorpresa se llevará cuando le digan sus asesores, o simplemente consulte la Wikipedia, que el importe del Goncourt son solo diez euros! ¿Y qué comentario se le puede hacer a lo de que el premio fortalecerá la relación entre España y América Latina porque “irradiará las dos orillas”? Solo soltar una carcajada, algo para lo que no nos da muchos motivos el panorama internacional.

Maurici, Maurici, no sé si pasarás a la historia de la economía, pero me temo que no ocuparás un lugar entre los grandes mecenas, aunque dispares con pólvora del rey o de los sufridos usuarios de los aeropuertos españoles que la compañía que casualmente presides explota en régimen de monopolio. 

Jueves, 19 de marzo
CINCEL Y BAILARINA

En el Museo de Bellas Artes, monólogos alternos entre el escultor Fernando Alba y el poeta Fernando Beltrán. Uno habla de su obra, otro se representa a sí mismo, su mejor obra. Encandila siempre al auditorio, como Lorca fascinaba al suyo. y nos hace reír y llorar.

También yo me dejo seducir por su encanto, pero solo hasta que uno de los poemas que lee es el mismo que aparece en el cartel anunciador, reproducido en una pantalla: “Forjar es trabajar / con el fuego y el agua… / Oí decir un día al escultor. / Lanzó después al aire su cincel, / como lanza la cinta la gimnasta, / y al caer ya se había convertido / la bailarina en hierro”. ¿La bailarina en hierro o el hierro en bailarina? Lo primero resulta un poco aterrador, lo vivo y grácil se convierte en inerte y pesado; lo segundo, que es quizá en lo que estaba pensando el autor, tiene algo de magia: el hierro se pone a danzar.

Pero los poemas de Fernando Beltrán no están hechos para ser leídos con atención, sino para ser escuchados –y en su propia voz-- con emoción.

Viernes, 20 de marzo
ASESINOS EN SERIE

Unos colonos israelíes, en la Cisjordania ocupada, matan a un anciano pastor que cuidaba a sus ovejas acompañado de sus nietos de corta edad. Por supuesto, a los nietos también los matan, y a las ovejas. Me los imagino soplando luego el cañón humeante de las armas, sonriendo felices y yéndose a tomar un trago, como en las películas del Oeste.

            En la historia universal de la infamia, Israel ocupa ya un primer lugar, por delante de la Alemania nazi. Quizá la indignación y la impotencia ante estos asesinos en serie me lleva a exagerar. Es posible –aunque a mí no me lo parezca-- que no ocupen el primer lugar, sino que solo estén empatados.