viernes, 27 de marzo de 2026

La rueda de la fortuna: Asombro y maravilla

 

Sábado, 21 de marzo
UN REGALO INESPERADO

No es mal sitio para presentar libros una antigua estación de ferrocarril. Al final de la presentación de Aire en el aire, en el maravilloso Museo del Ferrocarril de Gijón, mientras estoy firmando ejemplares, alguien le entrega al presentador, José Luis Argüelles, para que me lo pase un sobre con un libro mío que compró en un mercadillo de Mieres.

Se trata de Tinta y papel, publicado hace cuarenta años, y lleva pegadas a las páginas en blanco varias fotografías mías aparecidas en la prensa. En una de ellos, que no recordaba, estoy con Ángel González y Carmen Gómez Ojea.

En libro lleva un curioso exlibris familiar, que no aclara el nombre del propietario. Bajo las siluetas de una mujer y un hombre aparecen las iniciales y las fechas de nacimiento; en el centro, dos círculos que se entrecruzan y una fecha, que debe ser la de la boda; de ellos surge un árbol con cinco ramas, cada una también con una fecha, que debe ser las del nacimiento de los hijos. Entre las páginas, encuentro recortes periodísticos de algunas páginas de mi diario.

¡Cómo me gustaría saber quién fue este anónimo lector, charlar con él, averiguar cómo este libro, que conservó cuidadosamente durante tanto tiempo, fue a parar a un mercadillo!

Bueno, esto último parece fácil de adivinar. Tras su muerte –ahora estaría cerca de los cien años, nació en 1928--, los herederos tendrían que deshacer la casa y los libros se pusieron a volar por su cuenta. Y Tinta y papel, a través de manos anónimas, supo llegar hasta las mías. Qué maravillosa manera de celebrar la entrada de la primavera y el día de la poesía.

Domingo, 22 de marzo
FICCIÓN Y AUTOFICCIÒN

Al salir del cine, como cada domingo (me gusta mantener las buenas costumbres), me encuentro con mi amigo Ángel.

            ---¿Qué película has ido a ver? Déjame que adivine. Torrente presidente seguro que no. Habrás ido a ver a Almodóvar. Eres como Carlos Boyero. Te parece vomitivo, pero no te pierdes ninguno de sus estrenos.

            ---Hombre, vomitivo… Yo no diría eso. Reconozco que lo hago con algo de mala conciencia. Sé que voy a encontrarme con una nadería pretenciosa, pero no lo paso mal riéndome de su ampulosidad y disfrutando con la puesta en escena. Tiene gusto como decorador, de eso no hay duda. Y sabe dirigir a los actores. Incluso podría ser un buen director de cine si no se empeñara en rodar sus propios guiones. Este último lo ha promocionado diciendo que es una obra de autoficción, pero por lo que se ve parece que sabe tanto de autoficción, como Carmen Machi, que hace de Carmen Machi en un sketch tópicamente almodovariano (Rosy de Palma hace de Rosy de Palma en otro), de lo que es un cineasta de culto. El protagonista es un actor de unos cincuenta años, Leonardo Sbaraglia, que representa a un viejo y famoso director (Almodóvar) que depende de sus ayudantes para que le recuerden desde cuando tiene que tomar las medicinas hasta cuando tiene que ir al año (nunca he visto un mayor error de casting). Lleva años sin dirigir, pero no por falta de un productor, sino porque no se le ocurre nada que contar. Almodóvar no parece haberse enterado de que esa es una profesión distinta que solo en raros casos (y en malas películas por lo general) coincide con la del director. Por fin tiene una idea y comienza a escribirla. Hablará de la crisis de una directora, no de un director, y ese guion es lo que vemos, ya filmado, alternando con la historia del alter ego de Almodóvar. Mise-en-abyme e ingenuo cine dentro del cine. La alter ego del alter ego del director manchego tiene un amante que es bombero y en sus ratos libres stripper que actúa en despedidas de soltera (lo que le sirve de pretexto a Almodovar para ofrecernos una de sus actuaciones completas y una, afortunadamente breve, incursión en el vestuario de los bomberos). El conflicto dramático, el gran problema que se plantea nuestro gran cineasta, es el daño que se puede hacer con la autoficción. Su ayudante arma una escandalera porque, al leer el nuevo guion del jefe, todavía sin terminar, se encuentra con que la protagonista tiene una amiga que ha perdido un hijo en accidente y ella tiene una amiga que ha perdido un hijo por enfermedad.

            ---¡Pues menuda intromisión!

            ---Habría que explicarle a nuestro Bergman y Fellini, todo en una pieza, que, más que en la autoficción, la intromisión se produce en las novelas en clave, en las que tras los personajes se esconden personajes reales y se nos cuentan sus secretos y sus fechorías. En la autoficción, el protagonista de la novela coincide, en nombre y otras circunstancias, con el autor, al igual que en la autobiografía, pero en lo que se cuenta aparecen detalles ficticios: el narrador se llama Javier Cercas, por ejemplo, pero nos habla de su paso por la cárcel cuando sabemos que nunca estuvo en ella.

Lunes, 23 de marzo
NO TENGO CORAZÓN
 

---Una cosa que me ha sorprendido de tu poesía reunida –me dice uno de los primeros lectores de Aire en el aire-- es que no hay en todo el libro una sola dedicatoria. Debes de ser el único poeta que no se acuerda nunca ni de su familia ni de sus amigos. Tampoco aparece el nombre de ninguna pareja. Parece que eres una máquina de leer y escribir, una máquina sin corazón.

            ---¡Ojalá lo fuera! Yo tengo otras maneras de agradecer cariño y compañía. El poema, si verdaderamente lo es, y no un desahogo, debe volar libre, al margen de las circunstancias del autor.

Martes, 24 de marzo
SE ACLARA EL ENIGMA

---José Luis, esto es magia. Sin conocernos de nada, el algoritmo de Facebook nos ha conectado. El domingo, al abrir el teléfono, me sale la foto del exlibris de mi padre. Soy Luci, la del 57. Vivo en Huelva. Mi padre se llamaba Marino Fernández Canga. Vivía en Mieres. Tenía una biblioteca estupenda, con más de cinco mil volúmenes. Siempre nos decía que cuando él no estuviese nos encargásemos de los libros. Que repartiéramos primero entre nosotros y después hacer una donación a una biblioteca y que la sección de apicultura con todas las revistas de Vida Apícola se la regaláramos a un apicultor.

Ninguna biblioteca nos quiso los libros. Encontramos al apicultor y a muchos amigos de mi padre que nos ayudaron, se llevaron muchos libros, pero aquello no descendía. Teníamos treinta días para poner la casa en venta. Guardamos solo sus escritos: de etnografía, inventos, mapas y poesía. Desde hace muchos años escribía e ilustraba haikus. Le adjunto el que dedicó a la muerte de su mujer, "Tristeza". También guardamos, por supuesto, sus cuadros y sus esculturas. Las fotografías eran un tema difícil. Un amigo de mi padre, al que conocimos en ese momento, nos propuso hacer un archivo fotográfico y le dejamos todos los álbumes y fotografías familiares. Pero llegó un momento en el que el tiempo se nos echó encima y no conseguimos deshacernos de todos los libros. Lo pasamos bastante mal. Después de consultar con distintas empresas que compran libros especiales, tenía que decidir qué hacer. Al final, sin tiempo, y con muchísima pena, terminaron como el tuyo en el mercadillo.

Jueves, 26 de marzo
COLECCIÓN PARTICULAR

Desde hace tiempo me ha dado por coleccionar estrictos coetáneos, gente nacida en 1950, y ver cómo envejecen. Almodóvar es uno de ellos, el poeta Luis Alberto de Cuenta otro. No nos parecemos en nada, salvo en el deterioro que traen los años y del que todos se dan cuenta menos uno mismo, que se sigue viendo como siempre.

“Tú, que has sigo tan cruel, y lo siguen siendo, con la etapa ultima de Guillén, ¿no temes que a ti ahora te acusen de lo mismo, de escribir poemas facilones y llenos de ripios?”, me preguntó José Luis Argüelles a propósito de mi libro Entrada libre.

            La verdad es que no lo temo y para demostrarlo esta mañana, en Los Porches, tras leer La vejez del poeta, de Javier Salvago, otro de 1950, escribí unas “Aleluyas de la edad” que subí inmediatamente a Facebook: “Se multiplican los dones /

y también los tropezones. / Son las cosas de la edad, / conviene conformidad. / Por si amor llama a tu puerta, / procuras dejarla abierta. / Y siempre con alegría / saludas al nuevo día. / Lo que fui lo sigo siendo / y conmigo bien me entiendo. / Cualquier cosa me entretiene, / ese insecto que va y viene. / Pessoa, Dante, Machado / comienzo a dejar de lado. / Lo que yo en ellos buscaba / en ellos no está ni estaba. / ¿Estará en alguna parte? / Otros sabrán contestarte. / Yo soy de buen conformar. / Me basta ver y admirar”. 

Viernes, 27 de marzo
DE VEZ EN CUANDO

Qué aburrido tratar de ser sublime sin interrupción. De vez en cuando, viene bien hacer un poco el ridículo. Son cosas que se aprenden con la edad.

 

 

viernes, 20 de marzo de 2026

La rueda de la fortuna: Morir, matar, mirar para otro lado


Sábado, 14 de marzo
ESCRIBO TU LIBRO

Recupero mi sitio en el café del Atrio, cerrado por cambio de propietario las últimas semanas, y eso me pone de buen humor, a pesar de la que está cayendo. La verdad es que mi idea del paraíso tiene mucho que ver con que nada ni nadie altere mis rutinas. Supongo que todo el mundo acabaría cansándose si, tras la muerte, un Dios bondadoso le dijera: “A partir de ahora, vas a dedicarte a hacer lo que más te gusta hacer durante toda la eternidad”. Yo no me cansaría, eso seguro.

            En el Atrio tomo, desde 1990, todos los sábados un café con libro o con charla. Hoy toca charla.

            ---¿Has visto esos anuncios que aparecen en las redes sociales que dicen algo así como “escribimos, maquetamos y publicamos tu libro en noventa días”? Pero, si lo escriben ellos, ¡cómo va a ser “tu” libro! Siempre ha habido “negros”, no sé si pueden seguir llamándose así, en la industria editorial, pero hasta ahora se escondían. Parece que ya han perdido la vergüenza.

            ---No solo he visto el anuncio, sino también el video promocional que lo acompaña. Me ha divertido mucho escuchar que, si estás parado o eres un pensionista, te abstengas de solicitar sus servicios. Son muy profesionales y por eso nada baratos. No indican sus honorarios, pero sí que son de cuatro cifras, o sea, entre mil y un euro menos que diez mil.

            ---¿Y a ti no te escandalizan esas cosas? ¡El capitalismo puro y duro pisoteando la literatura, el último reducto libre!

            ---¿Libre? ¡Qué ingenuo eres! Los libros no son solo literatura, o lo que se entiende por literatura, novela, poesía y cosas así. Las memorias de un político, que suelen publicarse a poco de dejar el cargo, ¿tú crees que las escribe el político? Los libros que firman Aznar, Sánchez o Rajoy, sabemos que no los han escrito ellos, incluso conocemos el nombre del verdadero autor o autora, y nadie se escandaliza, como nadie se escandaliza de que los discursos del rey o del presidente del gobierno tengan detrás un equipo de redactores. Ellos sugieren y supervisan, pero la redacción y la búsqueda de datos queda a cargo de otros.

            ---Eso es otra cosa.

            ---No veo yo por qué. Si tengo una historia interesante que contar, que generalmente es la historia de mi vida o la de mi familia, ¿qué tiene de malo que se la cuente a otro y le facilite la documentación necesaria y que la escriba él?

            ---Sí, pero que la firme con su nombre, como hacían Marino Gómez Santos o Pérez Ferrero cuando publicaban una entrevista biográfica a Marañón o Baroja.

---El que redacta no es más autor que el que idea la trama. Y la firma que figura en la portada debe ser la que incita a la lectura. Leemos, los que lo lean, Manual de resistencia para escuchar a un determinado político sus desventuras hasta llegar a lo más alto, no por los primores estilísticos de Irene Lozano o quien haya transcrito y ordenado las aventuras que él le contó.

Domingo, 15 de marzo
REÍR POR NO LLORAR

En España se convocan actualmente más premios literarios que en ningún otro país. ¿A quién se le puede ocurrir la idea de competir con los grandes mecenas que en el mundo han sido y darle un renovado impulso a la cultura creando un premio literario más?

Pues a Maurici Lucena, político y economista español, que ha sido diputado, asesor económico de José Montilla y Pedro Sánchez, no sé qué cargo en el Sabadell y actualmente es presidente y consejero delegado de Aena, una empresa pública (aunque parcialmente privatizada) que gestiona los aeropuertos españoles.  A esa lumbrera de la economía, que da la impresión de no tener muchas luces en todo lo demás, se le ha ocurrido la idea de crear el premio Aena de narrativa dotado con un millón de euros. ¿Otro Planeta? No, porque el Planeta es para obras inéditas y el Aena es para obras ya publicadas.

Después de lucirse en los medios junto a Rosa Montero, que será la presidenta del jurado (los escritores, por un puñado de euros, no tienen inconveniente en participar en cualquier merengue), el presidente y consejero delegado se explica en el artículo, “Mecenazgo, lectura y prestigio literario”.

Me ha hecho reír y eso es muy de agradecer en los tiempos que corren. Comienza afirmando que la simple presentación de este premio “ha producido una sacudida en el mundo cultural de España y América Latina”. ¡Eso sí que es un premio y no el gordo de la lotería!

Semejante “sacudida” resultará una buena oportunidad para “reflexionar serenamente sobre el mecenazgo”, más propio de otros países que del nuestro. Como excepciones (y “dejando a un lado consideraciones morales”, aclara), aquí hemos tenido, entre otros, a Juan March, pero March, fuera o no “el último pirata del Mediterráneo”, creó su exitosa y eficaz fundación con su propio dinero, mientras que Maurici Lucena juega a mecenas, no con sus ahorrillos (que algunos tendrá después de tantas puertas giratorias), sino con los fondos de la compañía que hoy dirige y mañana, en cuanto cambie el gobierno, dejará de dirigir.

Pero “vayamos de lo general a lo concreto”, como afirma él en su artículo antes de hacerse la pregunta que nos hacemos todos: “¿por qué una compañía dedicada a los aeropuertos ha elegido un premio literario como actuación de mecenazgo?”

            Las razones “concretas” son tres: en primer lugar, los malos resultados del informe PISA en cuanto al rendimiento de la lectura “justifican iniciativas de fomento del hábito de la lectura y de la publicación de libros de calidad”; en segundo lugar, porque en una comunidad de 630 millones de hispanohablantes no existe un premio consolidado de narrativa comparable a los Goncourt, Booker o National Book Award; y en tercer lugar, para fortalecer “uno de los activos invisibles más valiosos de nuestro país: la relación privilegiada con América Latina”, por cuya razón “el Premio Aena irradiará las dos orillas del Atlántico”.

            ¡Menuda empanada mental la de este ilustre –es un decir-- economista! ¿En qué puede mejorar la lectura el que se cree un premio literario de un millón de euros? En todo caso, fomentaría la escritura y publicación de novelas (que no necesita ser fomentada, por cierto). ¿Y de verdad cree este buen hombre que el prestigio del Goncourt, o de cualquiera de esos otros premios que cita, tiene que ver con el importe del galardón? ¡Qué sorpresa se llevará cuando le digan sus asesores, o simplemente consulte la Wikipedia, que el importe del Goncourt son solo diez euros! ¿Y qué comentario se le puede hacer a lo de que el premio fortalecerá la relación entre España y América Latina porque “irradiará las dos orillas”? Solo soltar una carcajada, algo para lo que no nos da muchos motivos el panorama internacional.

Maurici, Maurici, no sé si pasarás a la historia de la economía, pero me temo que no ocuparás un lugar entre los grandes mecenas, aunque dispares con pólvora del rey o de los sufridos usuarios de los aeropuertos españoles que la compañía que casualmente presides explota en régimen de monopolio. 

Jueves, 19 de marzo
CINCEL Y BAILARINA

En el Museo de Bellas Artes, monólogos alternos entre el escultor Fernando Alba y el poeta Fernando Beltrán. Uno habla de su obra, otro se representa a sí mismo, su mejor obra. Encandila siempre al auditorio, como Lorca fascinaba al suyo. y nos hace reír y llorar.

También yo me dejo seducir por su encanto, pero solo hasta que uno de los poemas que lee es el mismo que aparece en el cartel anunciador, reproducido en una pantalla: “Forjar es trabajar / con el fuego y el agua… / Oí decir un día al escultor. / Lanzó después al aire su cincel, / como lanza la cinta la gimnasta, / y al caer ya se había convertido / la bailarina en hierro”. ¿La bailarina en hierro o el hierro en bailarina? Lo primero resulta un poco aterrador, lo vivo y grácil se convierte en inerte y pesado; lo segundo, que es quizá en lo que estaba pensando el autor, tiene algo de magia: el hierro se pone a danzar.

Pero los poemas de Fernando Beltrán no están hechos para ser leídos con atención, sino para ser escuchados –y en su propia voz-- con emoción.

Viernes, 20 de marzo
ASESINOS EN SERIE

Unos colonos israelíes, en la Cisjordania ocupada, matan a un anciano pastor que cuidaba a sus ovejas acompañado de sus nietos de corta edad. Por supuesto, a los nietos también los matan, y a las ovejas. Me los imagino soplando luego el cañón humeante de las armas, sonriendo felices y yéndose a tomar un trago, como en las películas del Oeste.

            En la historia universal de la infamia, Israel ocupa ya un primer lugar, por delante de la Alemania nazi. Quizá la indignación y la impotencia ante estos asesinos en serie me lleva a exagerar. Es posible –aunque a mí no me lo parezca-- que no ocupen el primer lugar, sino que solo estén empatados.



 











sábado, 14 de marzo de 2026

La rueda de la fortuna: A debida distancia

 

Domingo, 8 de marzo
LIBERAR A BOMBAZOS
 

A la salida del cine, me encuentro con un amigo que me pregunta si me ha gustado la película que acabo de ver, El mago del Kremlin.

            ---Me ha interesado. Sobre todo, la parte primera, cuando habla del caos a la vez constructivo y creativo en que se convirtió la Rusia de Boris Yelsin. Luego no es más que un panfleto contra Putin.

            ---No sé de dónde te viene esa simpatía por los tiranos, Martín. Vosotros, los rojillos, criticáis la invasión de Ucrania para disimular, pero lo que os jode es que Trump luche por la libertad de Irán.

            ---Y Netanyahu por la de Gaza, por supuesto. Esa manera de liberar a los países de regímenes no democráticos me jode bastante. Es como si para librarnos de Franco, allá por los sesenta, los norteamericanos hubieran bombardeado Madrid, con alguna que otra bomba que se equivoca y, en lugar de en un cuartel, lleno de soldaditos haciendo la mili, impacta en una escuela. O secuestrara al caudillo y en su lugar pusiera a Carrero Blanco, como ha hecho en Venezuela. Pero prefiero eso, el secuestro, al asesinato de toda la familia, como en Irán: Franco, su mujer, su hija, algún nieto, todos destrozados de un bombazo, entre el aplauso de los líderes democráticos.

Lunes, 9 de marzo
EN ELLO ESTOY

Una larga entrevista promocional con Almodóvar, como es habitual cuando estrena una nueva película. La verdad es que, como a la mayor parte de los espectadores, su cine me ha ido interesando cada vez menos, pero no he dejado de sentir curiosidad por el personaje.

Nacimos el mismo año y eso hace que todos los acontecimientos importantes de la historia de España y del mundo nos pillen a la misma edad. Por lo demás, no nos parecemos en nada: él ha triunfado en su oficio y yo, en el mío, ni siquiera lo he intentado.

Pero no estoy del todo seguro de que su vida haya sido más afortunada que la mía. Me gusta repetir unos versos de Francisco Brines: “A debida distancia, / cualquier vida es de pena”. Cierto, aunque también puede encerrar múltiples ocasiones de felicidad.

 “Al dedicarme tanto a esto del cine –afirma--, he descuidado otras partes de mi vida. Ya no sé si son recuperables”.

            Al dedicarme tanto a esto de la literatura, ¿he descuidado yo otras partes de mi vida? Es posible, pero en mi caso las que de verdad me interesan son recuperables. Y en ello estoy. 

Miércoles, 11 de marzo
POETA INCONTINENTE

¿Llega un momento en que un escritor pierde su capacidad autocrítica y publica o le publican cualquier tontería salida de su pluma? Siempre cito el caso de Jorge Guillén, que cuando yo comencé a publicar, en los años setenta, encabezaba todas las revistas de poesía con un poema inédito y manuscrito. “Viejo poeta incontinente”, como en el epigrama de Ángel González

Ahora son otros poetas los que hacen lo mismo, y no solo poetas. Y algunos incluso más jóvenes que yo, como Luis Alberto de Cuenca, que tiene cinco meses menos que yo.

¿Me estará ocurriendo a mí algo semejante, ahora que escribo casi un poema al día, como Unamuno? ¿No habrá un buen amigo que me advierta de ello? Claro que, aunque lo hubiera, me temo que yo no le haría ningún caso. Tampoco se lo hizo Unamuno.

Jueves, 12 de marzo
UNA DEDICATORIA

Hace unos días entré en la librería de viejo que tengo al lado de casa y me dio por hojear, como quien saluda a un viejo conocido, La poesía de Ángel González, que yo mismo me ocupé de reeditar hace exactamente treinta años.

Una inesperada sorpresa, un regalo que me alegró el día, ver que estaba dedicado por los dos, el poeta y el crítico, Emilio Alarcos, y que además tenía una indicación a lápiz: “mayo-junio 96 / Regalo de Lola”. Esa Lola no podía ser otra que Lola Lucio, la fundadora de Tribuna Ciudadana junto con Juan Benito, buenos amigos míos ambos, y el Ricardo a quien dedicaban el libro no podía ser otro que Ricardo Labra, que tanto había hecho por la difusión de la poesía de Ángel González desde los tiempos de la revista Luna de abajo.

Así lo conté en Facebook y de inmediato respondió Labra: “Lola Lucio nunca me hizo llegar ese libro. Es absurdo pensar que yo pueda desprenderme de un libro dedicado por Ángel y Emilio. Detrás de un libro también puede esconderse una historia de pequeñas miserias y traiciones”.

No entendí bien esas palabras y de ahí mi respuesta: “Yo pensaba que el libro podía haberse traspapelado entre los que te sobraban en casa. ¿Quién sería ese otro Ricardo, al que Lola (que no puede ser otra que Lola Lucio) le regala un libro con la firma de Ángel González y Emilio Alarcos? Cada dedicatoria lleva consigo su novela”.

Pero lo que Labra quería decir es que ese Ricardo era él: “Yo creo que tendrías que hacérmelo llegar para que el libro complete su largo viaje por manos espurias hasta su auténtico destinatario”.

Entendí entonces lo de la “historia de pequeñas miserias y traiciones”: el poeta y el crítico le dedicaron un ejemplar a Ricardo Labra y se lo dejaron a Lola Lucio para que se lo entregara, pero esta se enfadó por entonces con él, a propósito de no sé qué homenaje a Ángel González y su generación que financiaba el ayuntamiento de Oviedo, y decidió regalárselo a otra persona y de ahí la anotación a lápiz.

Por supuesto, le dije a Labra que estaría encantado de entregarle ese ejemplar, suyo en realidad, y quedamos mañana viernes en la tertulia. Hace algún tiempo había reseñado su tesis doctoral, precisamente sobre Ángel González, y a él no le sentaron nada bien mis reparos. Intercambiamos varias réplicas y contrarréplicas y la consecuencia fue que, la siguiente vez que nos vimos, cuando fui a saludarle él volvió la cara hacia otro lado. Dejó de ser amigo mío, pero yo no dejé de apreciarle. Me alegra que un libro que ha tardado treinta años en llegar a sus manos sirva de pretexto para la reconciliación. Ángel González sonreiría gustoso.

La historia sin embargo no termina aquí. Esta mañana encuentro un comentario de Susana Rivera:  “Ese Ricardo es otro. Era muy amigo de Lola desde su juventud. Se pasaba de vez en cuando por la cafetería Santa Fe, donde íbamos casi todos los días cuando estábamos en Oviedo, antes de comer, Ángel y yo, a tomarnos un aperitivo con Lola y Juan, Mediavilla, Menchines, Pimpe y Elena, Faustino y Luisa, Chus Quirós y Rosa, Tony, el de la joyería de al lado, y otros que no recuerdo ahora. A ese Ricardo le prestaba acompañarnos a La Paloma a tomar vermú y degustar gambas a la gabardina. Lamento no saber su apellido. Como ya murió, se habrán deshecho de sus pertenencias”.

Viernes, 13 de marzo
SIGUE LA NOVELA

Ricardo Labra agradece la explicación de Susana Rivera sobre la dedicatoria que creía que le estaba destinada y decide no pasar a recoger el libro que a mí gustaría llegara a sus manos. Pero hoy aparece un comentario de María Jesús Flórez: “Bien pudiera tratarse de Ricardo, el hermano de Lola. Si ese fuera el caso, aún no habiendo querido desprenderse de él, llegados a cierta edad, quién sabe lo que va siendo de nuestras cosas”.

Y de inmediato responde Susana: “¡Claro, yo confundí un amigo de la juventud con su hermano! Vaya lapsus de memoria el mío. ¿Tienes alguna idea de cómo pudiera ponerme en contacto con alguien cercano a él? Pregunto porque Lola tenía algunas cosas nuestras que me gustaría recuperar para cuando deposite el legado de Ángel González. Entre ellas, un cuadro que vi hace poco en El Comercio a propósito de la muerte de Gregorio Morán (me lo regaló a mí alguien relacionado con la universidad), y una pequeña escultura de un acebo, creo que es un premio, pero no me acuerdo. ¿Tienes alguna idea de lo que podría ser? Podría haber más cosas, tengo que hacer memoria. Siempre decíamos Ángel y yo que nos llevaríamos todo a Madrid cuando hiciéramos un viaje en coche, pero ese día nunca llegó hasta que volví con sus cenizas en el coche de mi amigo Javier Rioyo”.

            Parece que en el entorno de Lola Lucio había más de un Ricardo. Susana no sabe a quién iba destinado el libro y su memoria, en cualquier caso, resulta poco fiable. ¡Y eso de ocurrírsele ahora, cuando ya se habrá repartido su herencia, recuperar las cosas que Ángel González había dejado en su casa de la calle Independencia!

La hipótesis primera, la de una dedicatoria a Ricardo Labra, me vuelve a parecer la más verosímil. Y la de la mezquina venganza, la más novelesca. Y que yo haga llegar ese volumen treinta años después a quien bien se lo merece, el mejor final para esta historia que comenzó en una librería de viejo.



 

sábado, 7 de marzo de 2026

La rueda de la fortuna: A sangre y fuego

Sábado, 28 de febrero
DIEZ MIL PESETAS

Dos horas con Amancio Prada y con algunos buenos amigos, Rosalía y Bécquer, Machado y Lorca, en el Niemeyer. Prada canta y cuenta y las dos cosas las hace igual de bien. Tenemos muchas primeras lecturas en común (¡aquellos tomitos de la colección Austral!) y las principales se quedaron con nosotros para siempre: “En el corazón tenía / la espina de una pasión. / Logré arrancármela un día. / Ya no siento el corazón”.

Hoy cuenta una anécdota, que seguramente ha contado muchas veces, pero que yo no le había oído antes, y que me ha hecho sonreír. A los veinte años, le premiaron en un concurso de cantautores que se celebraba en un pueblo de Valladolid; a los veinte años premiaron mi primer libro en Burgos. Con las diez mil pesetas que le dieron, compró Prada una guitarra; con las diez mil pesetas que obtuve yo, compré una máquina de escribir.

De alguna manera, más de medio siglo después, él sigue tañendo las cuerdas de aquella guitarra y yo golpeando las teclas de aquella máquina de escribir. Uno con más éxito que otro, por supuesto, pero los dos, o eso creo, con la satisfacción de haber cumplido el encargo que en la adolescencia nos hicimos a nosotros mismos, o nos lo hizo alguien que no existe y que nos conocía bien.

Domingo, 1 de marzo
APOCALIPSIS NOW

Antes de dormirme, y contra mi costumbre, miro los titulares de las noticias en el móvil. No, no dicen “¡Ha comenzado la Tercera Guerra Mundial!”. Tampoco lo decían el 1 de septiembre de 1939.

Estados Unidos e Israel matan alevosamente, sin arriesgarse, un puñado de líderes y unos cientos de civiles (las niñas de una escuela entre ellos), y los países que forman el núcleo de la civilizada Europa, Francia, Alemania y Reino Unido, se declaran dispuestos a intervenir, pero no para defender a los agredidos, sino para ayudar a los agresores. Como si cuando Hitler invadió Polonia, Francia e Inglaterra hubieran declarado la guerra a Polonia.

Lunes, 2 de marzo
QUÉ TE VOY A DECIR

---Entretenido con tus querellas personales con el príncipe de la ejemplaridad, ese tal Javier Gomá, que en tiempos de tu paisano Clarín no se habría limitado a insultarte en las redes sociales, sino que te habría mandado sus padrinos, no has dicho nada de esos papeles secretos del 23-F que al parecer han blanqueado la figura del rey presunto.

            ---Pues la verdad es que poco tengo que decir. Me han divertido los temores de Feijoo y su entorno, que al parecer temían que apareciera un escrito que dijera: “Yo, Juan Carlos de Borbón, de profesión rey de España, con Documento Nacional de Identidad número tal y tal, autorizo a don Alfonso Armada, de profesión militar, con DNI número tal y tal, a que dé un golpe de Estado en mi nombre”. Como no ha aparecido, exigen que el huido de Abu Davi regrese triunfalmente a España y se instale en el palacio real. Eso me ha divertido, el esperpento continúa. Pero me ha dado un poco de pena que una conversación privada, la de la mujer de Tejero con su marido, haya servido de pitorreo en todos los periódicos, no solo en los memes de las redes sociales. Del Presunto Emérito, ¿qué te voy a decir? Su relación con el golpe hace tiempo que está clara, no hacen falta más papeles: lo inspiró, lo alentó, cuando se produjo esperó hasta convencerse de que no tenía ninguna posibilidad de triunfar y entonces, solo entonces, se puso en contra. Con razón, los que le tenían por jefe, los golpistas, se sintieron traicionados y de ahí que aparezcan esas declaraciones en contra del Borbón, pero están hechas meses después, no antes. Juan Carlos de Borbón, presunto defensor de la Constitución, la incumplió al arremeter contra Suárez delante de todo el mundo, incluidos los militares. Pero, en fin, de ese presunto señor, ¿qué te voy a decir que no se haya dicho ya? Quizás algo que se ha dicho menos de lo que debiera: que de todos sus presuntos, o no tan presuntos,  delitos son colaboradores necesarios los sucesivos presidentes de gobierno o los ministros del rey, que son los responsables de los actos del jefe del Estado, según la Constitución. Pedro Sánchez se salva porque le nombró otro jefe del Estado, Felipe VI, este sí ejemplar.

            ---Eres un adulador, Martín, como aquellos que decían que no eran monárquicos, pero era juancarlistas.

            ---Es posible, pero si se descubriera que es como su padre, cosa bastante improbable, no te preocupes que yo no sería el último en tirarle la primera piedra. 

Miércoles, 4 de marzo
UNA ESPAÑA LIBRE

Me acaba de llegar una información reservada, que yo hasta hace bien poco consideraría completamente inverosímil, pero ya no estaría tan seguro. Solo en los dos meses que llevamos del nuevo año, los límites de lo verosímil se han aumentado considerablemente.

            Al parecer, la irritación de Donald Trump porque un líder insignificante, Pedro Sánchez, y un pequeño país que ni siquiera sabe muy bien hacia dónde queda, ¿al norte o al sur de Venezuela?, se haya atrevido a plantarle cara mientras la poderosa Alemania se arrodilla ante él y toca la frente con el suelo, al parecer, digo, esa irritación no se ha limitado a las amenazas de un boicot a las empresas españolas, sino que también piensa en una acción relámpago a lo Maduro, su mayor éxito mundial: un comando aterriza en la Moncloa y se lleva al presidente y a su odiada esposa y procesa a ambos en Estados Unidos por delitos de narcotráfico, trata de menores y lo que se tercie. En su lugar coloca, no a la vicepresidenta primera, todavía más corrupta y antinorteamericana que el presidente, sino a Felipe González. Pero la operación no acabaría ahí: simultáneamente, otro comando se lleva al rey y en su lugar coloca al héroe del 23F, que lleva años arrepentido de la abdicación. Todo en pocas horas y sin más daños colaterales que la muerte de doscientas o trescientas personas, entre policías nacionales, guardia real y empleados de Moncloa y Zarzuela y algún grupo de escolares que pasaba por allí.

            No me parece a mí que esos planes, de haberlos pensado alguna vez Trump o habérselos sugerido alguno de sus amigos españoles (“¡Sánchez es el más siniestro dictador que haya tenido nunca ningún país! ¡Hasta Stalin o Castro, comparados con él, eran unos benditos!”), se lleven nunca a cabo, pero de ser así, de lo que estoy absolutamente seguro en que buena parte de la derecha española, la más patriótica, la más rojigualda, los aplaudiría entusiasmada. Feijoo no, Feijoo disimularía y declararía en X que el buen fin no justifica cualquier medio, que habría que haber respetado más el derecho internacional y que espera que pronto, como él lleva pidiendo desde hace años, se celebren elecciones libres en una España que, por fin, gracias a la ayuda de Trump, comienza a respirar tranquila. 

Jueves, 5 de marzo
NO ESCARMIENTO

Llevo comentado un libro cada semana exactamente desde 1988, primero en un suplemento literario y luego en otro. A cincuenta libros por año, suman bastantes. Y no son los únicos libros que he comentado. No escribo precisamente para hacer amigos. Ni a autores ni a editores suelen gustarle mis reseñas, que muchas veces son las primeras y a veces las únicas que parecen haber leído la obra de la que tratan.

            “¿Y por qué no hablas solo del libro que te gusta?”, me aconsejan con frecuencia amigos bienintencionados. Te iría mejor. Con los malos libros, no merece la pena perder el tiempo”.

            Pero yo no escarmiento. Compré ayer la última publicación de Andrés Amorós, a quien conozco y admiro (o admiré, recuerdo que Martínez Cachero nos lo presentó como una joven promesa de la filología española), la hojeé en Los Porches y enseguida me di cuenta de que, si el título es un sugestivo verso de Antonio Machado, Se canta lo que se pierde, el subtítulo, “Los cincuenta mejores poemas españoles”, es una engañifa: no son cincuenta, sino bastantes más (cincuenta son los capítulos, a los que se añade un colofón), no todos son poemas (se incluye un nimio fragmento de La venganza de don Mendo), no son los mejores (si siquiera Amorós puede considerar que la “Oda a Platko” de Alberti es su mejor poema), no todos son españoles, aunque todos estén escritos en español, y varios de ellos ni siquiera se reproducen completos: ni las “Coplas a la muerte de su padre” ni el poema de Pemán (sí, está Pemán en una antología en la que faltan Jorge Guillén o Blas de Otero), por citar dos ejemplos. ¿Por razones de espacio? Bueno, las páginas son 565 páginas y además tampoco se incluye completo “El viaje definitivo”, de Juan Ramón Jiménez, que solo tiene, si no recuerdo mal, quince versos.

            ¿Cómo no voy a comentar un libro así, que además es muy ameno y está bien promocionado, para que los lectores sepan a qué atenerse?



 

 

 

 

viernes, 27 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: Vaya semanita

 

Domingo, 22 de febrero
POBRE DIABLO

No formo parte de la red social de Elon Musk, tan denostada como frecuentada, y por ello no me habría enterado de que hoy fui héroe por un día (es un decir) sin la amabilidad de Enrique Bueres, que está al tanto de todo. Resulta que un usuario, Julio Arrieta Sanz, compartió mi reseña al libro Vidas españolas, firmado por dos prestigiosos catedráticos, y la calificó como “la más devastadora de un libro de historia que haya leído nunca”.  Javier Gomá, prologuista y promotor, pone de inmediato un comentario: “Borra el tuit, Julio. No sabes lo que dices. La reseña no es devastadora sino ridícula porque su autor es un pobre diablo”. Y luego añade: “Compara al pobre diablo de la reseña –que conozco desde hace muchos años y es un hombre torturado-- con la autoridad nacional de los dos autores. El pobre diablo encuentra tres erratas y el otro sale con lo de la ridícula devastación”.

            A lo de “pobre diablo” no tengo nada que añadir, pero me divierte lo de “un hombre torturado” y me extraña eso de que me conoce desde hace muchos años. Es cierto que hace ocho o nueve, no recuerdo bien, coincidimos en una comida protocolaria (éramos cerca de cien los invitados) y al final se acercó a saludarme, quizá porque había aparecido una entrevista con él en la revista que yo dirigía, Clarín. Debió de ser entonces cuando descubrió que yo era un “hombre torturado”.

¿Torturado como Unamuno por haber perdido la fe? ¿Torturado como Pessoa por miedo a la locura? Sospecho que lo de “torturado” es solo una errata como las que abundan en Vidas españolas (son más de tres, aunque bastantes menos que los errores), que lo que quiso decir es “fracasado”. Y tiene toda la razón. Si se me compara con el brillante teórico de la ejemplaridad, director de la Fundación March, y con la “autoridad nacional” de los dos “autores”, ¿quién no se sentiría fracasado?

Miércoles, 25 de febrero
TODO SE EXPLICA

---¡La que has liado, Martín!

            ---Yo no he liado nada. Soy inocente como un angelito.

            ---Estos días has aparecido en todos los periódicos nacionales, tú que solo eres habitual del periódico de tu pueblo.

            ---Te cuento lo que ha pasado, a ver si así yo también me aclaro un poco. Entro en mi librería habitual y en la mesa de novedades encuentro un libro que me llama la atención: Vidas españolas, editado por una editorial de prestigio, prologado por un escritor que admiro, Javier Gomá y con el nombre de dos conocidos catedráticos de historia en la portada. Lo compro y comienzo a leerlo de inmediato en Los Porches, mi cafetería habitual. No tardo en darme cuenta de que allí pasa algo raro. Yo esperaba miniaturas biográficas a la manera de Zweig, Ludwig o Maurois y me encuentro con textos pésimamente redactados, con un capítulo dedicado a la generación del 98 y otro a “Unamuno en Bilbao”. Pero eso no era lo peor: abundaban los errores incomprensibles. ¿Cómo puede Juan Pablo Fusi escribir que toda la obra de Galdós, incluidos los Episodios nacionales, se incluye en el marco cronológico que va de 1868 a 1874? ¿Ha olvidado que la primera serie comienza con Trafalgar y narra la Guerra de la Independencia? Hacía poco había consultado la entrada de Wikipedia sobre María de Zayas y por eso un párrafo me llama la atención: está copiado de ella. No me podía explicar lo que había ocurrido. Supuse que el libro era un “producto editorial” que no había sido revisado ni por el prologuista ni por los que figuraban como autores. Esa es mi hipótesis. Lo que no es una hipótesis es que tiene todo el aspecto de haber sido preparado con las herramientas de la IA y por eso se citan autores que no aparecen en la bibliografía y se copian párrafos literales sin entrecomillar ni citar la fuente. Esto lo conté en mi reseña habitual de los viernes. Me imaginé que pasaría inadvertida, como todas las mías. No podía dejar de señalar que a las librerías había llegado un producto defectuoso. Claro que también podría haberme limitado a devolverlo y exigir mi dinero. Pero soy crítico literario e hice mi trabajo.

Un periodista de El Diario Montañés reprodujo la reseña en X. Y ahí empezó todo. Javier Gomá le exigió que la retirara de inmediato porque el autor era un pobre diablo. Y luego siguió y siguió con la catarata de descalificaciones, pero sin desmentir ninguno de los errores que yo había señalado (solo unos pocos, una muestra). Como no estoy en la red de Elon Musk (ni pienso estar), no me habría enterado de nada a no ser por un amigo que me fue puntualmente informando. Las descalificaciones de Javier Gomá iban subiendo de tono: lo más suave que me llama es “mamarracho” y no se limita a eso. También me amenaza con llevarme ante la justicia. Los periódicos tradicionales, que se fían más de X que de lo que ellos publican (mi reseña había aparecido en varios periódicos sin que a nadie le llamara la atención), entran al trapo y dan noticia de la escandalera entrevistando a las presuntas víctimas. Salvo uno, ninguno tiene la deferencia de preguntarme a mí. No importa. Las declaraciones de los dos catedráticos dan suficientes pistas para resolver el embrollo en que se vieron envueltos

Ricardo García Cárcel, en sus declaraciones a Público, afirma que el libro estaba olvidado en un cajón desde diciembre de 2024 porque formaba parte de un proyecto más amplio que había quedado paralizado. “Entonces –continúa-- llegó la decisión de sacar el libro de todas formas y entró en proceso de edición que se hizo a toda prisa y con torpeza. Esa responsabilidad es tanto nuestra como de la editorial”.

            Y Juan Pablo Fusi, según leo en El País, “no responsabiliza directamente a la editorial”, que habría hecho una corrección “muy minuciosa”, sino a un problema de lectura suyo: “La leí muy mal –supongo que ese “la” se refiere a las pruebas de imprenta-- porque la leí en el teléfono móvil por un problema de sincronización entre el correo electrónico de mi móvil y ese mismo correo en mi ordenador, desincronización que me han dicho es irreversible”. Nadie le ha explicado que puede cambiar de móvil y de ordenador para librarse de esa enigmática “desincronización irreversible”. Y el coordinador del proyecto no ha tenido la delicadeza de enviarle las pruebas en papel. Como yo suponía, Fusi no ha leído –por problemas con el móvil, según él-- la versión final de su colaboración en Vidas españolas. Eso explica ciertos errores que no habría cometido un estudiante de bachillerato.

            No hace falta ser Sherlock Holmes para aclarar el enigma. Por razones que él sabrá explicar, el director de la colección y mandamás de la March decidió de pronto que un proyecto abandonado tenía que publicarse deprisa y corriendo. Envió el borrador a la editorial y allí lo completaron anónimos y poco expertos colaboradores con ayuda de la IA (y esto, oh irascible Gomá, no es una hipótesis ni menos una calumnia: hay herramientas informáticas que permiten detectar los textos generados con ella). Luego, sin revisión final de nadie, fue a la imprenta y llegó a las librerías y a un primer lector, que dio la casualidad (qué mala suerte) de que fui yo. Elemental, querido Watson.

Jueves, 26 de febrero
DON ERRE QUE ERRE

Lo último de don Javier Gomá Lanzón: “Salgo en defensa vehemente y a veces sarcástica de dos escritores prestigiosos, que han sido objeto de una horrible calumnia y no pueden defenderse en esta red y hoy un artículo de opinión de El Correo dice que he sido poco ejemplar y se pone del lado de calumniador” ( “el tontaina de Asturias", o sea, yo). Y continúa: “Se trata del mismo individuo con pseudónimo femenino”.

El artículo lo firma María Maizkurrena. Una simple consulta a Google nos informa de que nació en Londres en 1962, que es autora de varios libros de poesía, también de novelas, y columnista habitual.  Si Fusi tiene problemas con el uso del móvil, Gomá con el de internet. Podría pedir ayuda a su secretaria ante de hacer públicamente el ridículo.

Viernes, 27 de febrero
QUE PAREZCA UN ACCIDENTE

Cuento las peripecias de esta semana en la tertulia. “Has dado en la diana, Martín, estarás contento”, me dicen.

Y no, no lo estoy, porque la diana es el corazón de un predicador de la ejemplaridad al que he leído y admirado. Un prócer con pies de barro, por lo que parece, un doctor Jekyll que se metamorfosea en míster Hyde cuando bebe la pócima de Elon Musk.

“No te preocupes, no tengas piedad por ese santón al que has dejado con el culo al aire. Él no la tendrá contigo: no solo te insulta y trata de ridiculizarte, sino que amenaza con llevarte ante la justicia civil y militar. Cuídate, sastrecillo valiente, no vaya a ser que unos matones te rompan las piernas o la cabeza de forma que parezca un accidente”.