Sábado,
14 de marzo
ESCRIBO TU LIBRO
Recupero mi sitio en el café del Atrio, cerrado por
cambio de propietario las últimas semanas, y eso me pone de buen humor, a pesar
de la que está cayendo. La verdad es que mi idea del paraíso tiene mucho que
ver con que nada ni nadie altere mis rutinas. Supongo que todo el mundo
acabaría cansándose si, tras la muerte, un Dios bondadoso le dijera: “A partir
de ahora, vas a dedicarte a hacer lo que más te gusta hacer durante toda la
eternidad”. Yo no me cansaría, eso seguro.
En
el Atrio tomo, desde 1990, todos los sábados un café con libro o con charla.
Hoy toco charla.
---¿Has
visto esos anuncios que aparecen en las redes sociales que dicen algo así como
“escribimos, maquetamos y publicamos tu libro en noventa días”? Pero, si lo
escriben ellos, ¡cómo va a ser “tu” libro! Siempre ha habido “negros”, no sé si
pueden seguir llamándose así, en la industria editorial, pero hasta ahora se
escondían. Parece que ya han perdió la vergüenza.
---No
solo visto el anuncio, sino también el video promocional que lo acompaña. Me ha
divertido mucho escuchar que, si estás parado o eres un pensionista, te
abstengas de solicitar sus servicios. Son muy profesionales y por eso nada
baratos. No indican sus honorarios, pero sí que son de cuatro cifras, o sea,
entre mil y un euro menos que diez mil.
---¿Y
a ti no te escandalizan esas cosas? ¡El capitalismo puro y duro pisoteando la
literatura, el último reducto libre!
---¿Libre?
¡Qué ingenuo eres! Los libros no son solo literatura, o lo que se entiende por
literatura, novela, poesía y cosas así. Las memorias de un político, que suelen
publicarse a poco de dejar el cargo, ¿tú crees que las escribe el político? Los
libros que firman Aznar, Sánchez o Rajoy, sabemos que no los han escrito ellos,
incluso conocemos el nombre del verdadero autor o autora, y nadie se
escandaliza, como nadie se escandaliza de que los discursos del rey o del
presidente del gobierno tengan detrás un equipo de redactores. Ellos sugieren y
supervisan, pero la redacción y la búsqueda de datos queda a cargo de otros.
---Eso
es otra cosa.
---No
veo yo por qué. Si tengo una historia interesante que contar, que generalmente
es la historia de mi vida o la de mi familia, ¿qué tiene de malo que se la
cuente a otro y le facilite la documentación necesaria y que la escriba él?
---Sí,
pero que la firme con su nombre, como hacían Marino Gómez Santos o Pérez
Ferrero cuando publicaban una entrevista biográfica a Marañón o Baroja.
---El que redacta no es más autor que el que idea la trama. Y la firma que figura en la portada debe ser la que incita a la lectura. Leemos, los que lo lean, Manual de resistencia para escuchar a un determinado político sus desventuras hasta llegar a lo más alto, no por los primores estilísticos de Irene Lozano o quien haya transcrito y ordenado las aventuras que él le contó.
Domingo,
15 de marzo
REÍR POR NO LLORAR
En España se convocan actualmente más premios
literarios que en ningún otro país. ¿A quién se le puede ocurrir la idea de
competir con los grandes mecenas que en el mundo han sido y darle un renovado
impulso a la cultura creando un premio literario más?
Pues a
Maurici Lucena, político y economista español, que ha sido diputado, asesor económico
de José Montilla y Pedro Sánchez, no sé qué cargo en el Sabadell y actualmente
es presidente y consejero delegado de Aena, una empresa pública (aunque
parcialmente privatizada) que gestiona los aeropuertos españoles. A esa lumbrera de la economía, que da la
impresión de no tener muchas luces en todo lo demás, se le ha ocurrido la idea
de crear el premio Aena de narrativa dotado con un millón de euros. ¿Otro
Planeta? No, porque el Planeta es para obras inéditas y el Aena es para obras
ya publicadas.
Después
de lucirse en los medios junto a Rosa Montero, que será la presidenta del
jurado (los escritores, por un puñado de euros, no tienen inconveniente en
participar en cualquier merengue), el presidente y consejero delegado se
explica en el artículo , “Mecenazgo, lectura y prestigio literario”.
Me ha
hecho reír y eso es muy de agradecer en los tiempos que corren. Comienza
afirmando que la simple presentación de este premio “ha producido una sacudida
en el mundo cultural de España y América Latina”. ¡Eso sí que es un premio y no
el gordo de la lotería!
Semejante
“sacudida” resultara una buena oportunidad para “reflexionar serenamente sobre
el mecenazgo”, más propio de otros países que del nuestro. Como excepciones (y
“dejando a un lado consideraciones morales”, aclara), aquí hemos tenido, entre
otros, a Juan March, pero March, fuera o no “el último pirata del
Mediterráneo”, creó su exitosa y eficaz fundación con su propio dinero, mientras
que Maurici Lucena juega a mecenas, no con sus ahorrillos (que algunos tendrá
después de tantas puertas giratorias), sino con los fondos de la compañía que
hoy dirige y mañana, en cuanto cambie el gobierno, dejará de dirigir.
Pero
“vayamos de lo general a lo concreto”, como afirma él en su artículo antes de
hacerse la pregunta que nos hacemos todos: “¿por qué una compañía dedicada a
los aeropuertos ha elegido un premio literario como actuación de mecenazgo?”
Las
razones “concretas” son tres: en primer lugar, los malos resultados del informe
PISA en cuanto al rendimiento de
la lectura “justifican iniciativas de fomento del hábito de la lectura y de la
publicación de libros de calidad”; en segundo lugar, porque en una comunidad de
630 millones de hispanohablantes no existe un premio consolidado de narrativa
comparable a los Goncourt, Booker o National Book Award; y en tercer lugar,
para fortalecer “uno de los activos invisibles más valiosos de nuestro país: la
relación privilegiada con América Latina”, por cuya razón “el Premio Aena
irradiará las dos orillas del Atlántico”.
¡Menuda
empanada mental la de este ilustre –es un decir-- economista! ¿En qué puede
mejorar la lectura el que se cree un premio literario de un millón de euros? En
todo caso, fomentaría la escritura y publicación de novelas (que no necesita
ser fomentada, por cierto). ¿Y de verdad cree este buen hombre que el prestigio
del Goncourt, o de cualquiera de esos otros premios que cita, tiene que ver con
el importe del galardón? ¡Qué sorpresa se llevará cuando le digan sus asesores,
o simplemente consulte la Wikipedia, que el importe del Goncourt son solo diez
euros! ¿Y qué comentario se le puede hacer a lo de que el premio fortalecerá la
relación entre España y América Latina porque “irradiará las dos orillas”? Solo
soltar una carcajada, algo para lo que no nos da muchos motivos el panorama
internacional.
Maurici,
Maurici, no sé si pasarás a la historia de la economía, pero me temo que no
ocuparás un lugar entre los grandes mecenas, aunque dispares con pólvora del
rey o de los sufrido usuarios de los aeropuertos españoles que la compañía que
casualmente presides explota en régimen de monopolio.
Jueves,
19 de marzo
CINCEL Y BAILARINA
En el Museo de Bellas Artes, monólogos alternos
entre el escultor Fernando Alba y el poeta Fernando Beltrán. Uno habla de su obra,
otro se representa a sí mismo, su mejor obra. Encandila siempre al auditorio,
como Lorca fascinaba al suyo. y nos hace reír y llorar.
También
yo me dejo seducir por su encanto, pero solo hasta que uno de los poemas que
lee es el mismo que aparece en el cartel anunciador, reproducido en una
pantalla: “Forjar es trabajar / con el fuego y el agua… / Oí decir un día al
escultor. / Lanzó después al aire su cincel, / como lanza la cinta la gimnasta,
/ y al caer ya se había convertido / la bailarina en hierro”. ¿La bailarina en
hierro o el hierro en bailarina? Lo primero resulta un poco aterrador, lo vivo
y grácil se convierte en inerte y pesado; lo segundo, que es quizá en lo que
estaba pensando el autor, tiene algo de magia: el hierro se pone a danzar.
Pero los
poemas de Fernando Beltrán no están hechos para ser leídos con atención, sino
para ser escuchados –y en su propia voz-- con emoción.
Viernes,
20 de marzo
ASESINOS EN SERIE
Unos colonos israelíes, en la Cisjordania ocupada,
matan a un anciano pastor que cuidaba a sus ovejas acompañado de sus nietos de
corta edad. Por supuesto, a los nietos también los matan, y a las ovejas. Me
los imagino soplando luego el cañón humeante de las armas, sonriendo felices y
yéndose a tomar un trago, como en las películas del Oeste.
En
la historia universal de la infamia, Israel ocupar ya un primer lugar, por
delante de la Alemania nazi. Quizá la indignación y la impotencia ante estos asesinos
en serie me lleva a exagerar. Es posible –aunque a mí no me lo parezca-- que no
ocupen el primer lugar, sino que solo estén empatados.






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