sábado, 7 de marzo de 2026

La rueda de la fortuna: A sangre y fuego

Sábado, 28 de febrero
DIEZ MIL PESETAS

Dos horas con Amancio Prada y con algunos buenos amigos, Rosalía y Bécquer, Machado y Lorca, en el Niemeyer. Prada canta y cuenta y las dos cosas las hace igual de bien. Tenemos muchas primeras lecturas en común (¡aquellos tomitos de la colección Austral!) y las principales se quedaron con nosotros para siempre: “En el corazón tenía / la espina de una pasión. / Logré arrancármela un día. / Ya no siento el corazón”.

Hoy cuenta una anécdota, que seguramente ha contado muchas veces, pero que yo no le había oído antes, y que me ha hecho sonreír. A los veinte años, le premiaron en un concurso de cantautores que se celebraba en un pueblo de Valladolid; a los veinte años premiaron mi primer libro en Burgos. Con las diez mil pesetas que le dieron, compró Prada una guitarra; con las diez mil pesetas que obtuve yo, compré una máquina de escribir.

De alguna manera, más de medio siglo después, él sigue tañendo las cuerdas de aquella guitarra y yo golpeando las teclas de aquella máquina de escribir. Uno con más éxito que otro, por supuesto, pero los dos, o eso creo, con la satisfacción de haber cumplido el encargo que en la adolescencia nos hicimos a nosotros mismos, o nos lo hizo alguien que no existe y que nos conocía bien.

Domingo, 1 de marzo
APOCALIPSIS NOW

Antes de dormirme, y contra mi costumbre, miro los titulares de las noticias en el móvil. No, no dicen “¡Ha comenzado la Tercera Guerra Mundial!”. Tampoco lo decían el 1 de septiembre de 1939.

Estados Unidos e Israel matan alevosamente, sin arriesgarse, un puñado de líderes y unos cientos de civiles (las niñas de una escuela entre ellos), y los países que forman el núcleo de la civilizada Europa, Francia, Alemania y Reino Unido, se declaran dispuestos a intervenir, pero no para defender a los agredidos, sino para ayudar a los agresores. Como si cuando Hitler invadió Polonia, Francia e Inglaterra hubieran declarado la guerra a Polonia.

Lunes, 2 de marzo
QUÉ TE VOY A DECIR

---Entretenido con tus querellas personales con el príncipe de la ejemplaridad, ese tal Javier Gomá, que en tiempos de tu paisano Clarín no se habría limitado a insultarte en las redes sociales, sino que te habría mandado sus padrinos, no has dicho nada de esos papeles secretos del 23-F que al parecer han blanqueado la figura del rey presunto.

            ---Pues la verdad es que poco tengo que decir. Me han divertido los temores de Feijoo y su entorno, que al parecer temían que apareciera un escrito que dijera: “Yo, Juan Carlos de Borbón, de profesión rey de España, con Documento Nacional de Identidad número tal y tal, autorizo a don Alfonso Armada, de profesión militar, con DNI número tal y tal, a que dé un golpe de Estado en mi nombre”. Como no ha aparecido, exigen que el huido de Abu Davi regrese triunfalmente a España y se instale en el palacio real. Eso me ha divertido, el esperpento continúa. Pero me ha dado un poco de pena que una conversación privada, la de la mujer de Tejero con su marido, haya servido de pitorreo en todos los periódicos, no solo en los memes de las redes sociales. Del Presunto Emérito, ¿qué te voy a decir? Su relación con el golpe hace tiempo que está clara, no hacen falta más papeles: lo inspiró, lo alentó, cuando se produjo esperó hasta convencerse de que no tenía ninguna posibilidad de triunfar y entonces, solo entonces, se puso en contra. Con razón, los que le tenían por jefe, los golpistas, se sintieron traicionados y de ahí que aparezcan esas declaraciones en contra del Borbón, pero están hechas meses después, no antes. Juan Carlos de Borbón, presunto defensor de la Constitución, la incumplió al arremeter contra Suárez delante de todo el mundo, incluidos los militares. Pero, en fin, de ese presunto señor, ¿qué te voy a decir que no se haya dicho ya? Quizás algo que se ha dicho menos de lo que debiera: que de todos sus presuntos, o no tan presuntos,  delitos son colaboradores necesarios los sucesivos presidentes de gobierno o los ministros del rey, que son los responsables de los actos del jefe del Estado, según la Constitución. Pedro Sánchez se salva porque le nombró otro jefe del Estado, Felipe VI, este sí ejemplar.

            ---Eres un adulador, Martín, como aquellos que decían que no eran monárquicos, pero era juancarlistas.

            ---Es posible, pero si se descubriera que es como su padre, cosa bastante improbable, no te preocupes que yo no sería el último en tirarle la primera piedra. 

Miércoles, 4 de marzo
UNA ESPAÑA LIBRE

Me acaba de llegar una información reservada, que yo hasta hace bien poco consideraría completamente inverosímil, pero ya no estaría tan seguro. Solo en los dos meses que llevamos del nuevo año, los límites de lo verosímil se han aumentado considerablemente.

            Al parecer, la irritación de Donald Trump porque un líder insignificante, Pedro Sánchez, y un pequeño país que ni siquiera sabe muy bien hacia dónde queda, ¿al norte o al sur de Venezuela?, se haya atrevido a plantarle cara mientras la poderosa Alemania se arrodilla ante él y toca la frente con el suelo, al parecer, digo, esa irritación no se ha limitado a las amenazas de un boicot a las empresas españolas, sino que también piensa en una acción relámpago a lo Maduro, su mayor éxito mundial: un comando aterriza en la Moncloa y se lleva al presidente y a su odiada esposa y procesa a ambos en Estados Unidos por delitos de narcotráfico, trata de menores y lo que se tercie. En su lugar coloca, no a la vicepresidenta primera, todavía más corrupta y antinorteamericana que el presidente, sino a Felipe González. Pero la operación no acabaría ahí: simultáneamente, otro comando se lleva al rey y en su lugar coloca al héroe del 23F, que lleva años arrepentido de la abdicación. Todo en pocas horas y sin más daños colaterales que la muerte de doscientas o trescientas personas, entre policías nacionales, guardia real y empleados de Moncloa y Zarzuela y algún grupo de escolares que pasaba por allí.

            No me parece a mí que esos planes, de haberlos pensado alguna vez Trump o habérselos sugerido alguno de sus amigos españoles (“¡Sánchez es el más siniestro dictador que haya tenido nunca ningún país! ¡Hasta Stalin o Castro, comparados con él, eran unos benditos!”), se lleven nunca a cabo, pero de ser así, de lo que estoy absolutamente seguro en que buena parte de la derecha española, la más patriótica, la más rojigualda, los aplaudiría entusiasmada. Feijoo no, Feijoo disimularía y declararía en X que el buen fin no justifica cualquier medio, que habría que haber respetado más el derecho internacional y que espera que pronto, como él lleva pidiendo desde hace años, se celebren elecciones libres en una España que, por fin, gracias a la ayuda de Trump, comienza a respirar tranquila. 

Jueves, 5 de marzo
NO ESCARMIENTO

Llevo comentado un libro cada semana exactamente desde 1988, primero en un suplemento literario y luego en otro. A cincuenta libros por año, suman bastantes. Y no son los únicos libros que he comentado. No escribo precisamente para hacer amigos. Ni a autores ni a editores suelen gustarle mis reseñas, que muchas veces son las primeras y a veces las únicas que parecen haber leído la obra de la que tratan.

            “¿Y por qué no hablas solo del libro que te gusta?”, me aconsejan con frecuencia amigos bienintencionados. Te iría mejor. Con los malos libros, no merece la pena perder el tiempo”.

            Pero yo no escarmiento. Compré ayer la última publicación de Andrés Amorós, a quien conozco y admiro (o admiré, recuerdo que Martínez Cachero nos lo presentó como una joven promesa de la filología española), la hojeé en Los Porches y enseguida me di cuenta de que, si el título es un sugestivo verso de Antonio Machado, Se canta lo que se pierde, el subtítulo, “Los cincuenta mejores poemas españoles”, es una engañifa: no son cincuenta, sino bastantes más (cincuenta son los capítulos, a los que se añade un colofón), no todos son poemas (se incluye un nimio fragmento de La venganza de don Mendo), no son los mejores (si siquiera Amorós puede considerar que la “Oda a Platko” de Alberti es su mejor poema), no todos son españoles, aunque todos estén escritos en español, y varios de ellos ni siquiera se reproducen completos: ni las “Coplas a la muerte de su padre” ni el poema de Pemán (sí, está Pemán en una antología en la que faltan Jorge Guillén o Blas de Otero), por citar dos ejemplos. ¿Por razones de espacio? Bueno, las páginas son 565 páginas y además tampoco se incluye completo “El viaje definitivo”, de Juan Ramón Jiménez, que solo tiene, si no recuerdo mal, quince versos.

            ¿Cómo no voy a comentar un libro así, que además es muy ameno y está bien promocionado, para que los lectores sepan a qué atenerse?



 

 

 

 

viernes, 27 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: Vaya semanita

 

Domingo, 22 de febrero
POBRE DIABLO

No formo parte de la red social de Elon Musk, tan denostada como frecuentada, y por ello no me habría enterado de que hoy fui héroe por un día (es un decir) sin la amabilidad de Enrique Bueres, que está al tanto de todo. Resulta que un usuario, Julio Arrieta Sanz, compartió mi reseña al libro Vidas españolas, firmado por dos prestigiosos catedráticos, y la calificó como “la más devastadora de un libro de historia que haya leído nunca”.  Javier Gomá, prologuista y promotor, pone de inmediato un comentario: “Borra el tuit, Julio. No sabes lo que dices. La reseña no es devastadora sino ridícula porque su autor es un pobre diablo”. Y luego añade: “Compara al pobre diablo de la reseña –que conozco desde hace muchos años y es un hombre torturado-- con la autoridad nacional de los dos autores. El pobre diablo encuentra tres erratas y el otro sale con lo de la ridícula devastación”.

            A lo de “pobre diablo” no tengo nada que añadir, pero me divierte lo de “un hombre torturado” y me extraña eso de que me conoce desde hace muchos años. Es cierto que hace ocho o nueve, no recuerdo bien, coincidimos en una comida protocolaria (éramos cerca de cien los invitados) y al final se acercó a saludarme, quizá porque había aparecido una entrevista con él en la revista que yo dirigía, Clarín. Debió de ser entonces cuando descubrió que yo era un “hombre torturado”.

¿Torturado como Unamuno por haber perdido la fe? ¿Torturado como Pessoa por miedo a la locura? Sospecho que lo de “torturado” es solo una errata como las que abundan en Vidas españolas (son más de tres, aunque bastantes menos que los errores), que lo que quiso decir es “fracasado”. Y tiene toda la razón. Si se me compara con el brillante teórico de la ejemplaridad, director de la Fundación March, y con la “autoridad nacional” de los dos “autores”, ¿quién no se sentiría fracasado?

Miércoles, 25 de febrero
TODO SE EXPLICA

---¡La que has liado, Martín!

            ---Yo no he liado nada. Soy inocente como un angelito.

            ---Estos días has aparecido en todos los periódicos nacionales, tú que solo eres habitual del periódico de tu pueblo.

            ---Te cuento lo que ha pasado, a ver si así yo también me aclaro un poco. Entro en mi librería habitual y en la mesa de novedades encuentro un libro que me llama la atención: Vidas españolas, editado por una editorial de prestigio, prologado por un escritor que admiro, Javier Gomá y con el nombre de dos conocidos catedráticos de historia en la portada. Lo compro y comienzo a leerlo de inmediato en Los Porches, mi cafetería habitual. No tardo en darme cuenta de que allí pasa algo raro. Yo esperaba miniaturas biográficas a la manera de Zweig, Ludwig o Maurois y me encuentro con textos pésimamente redactados, con un capítulo dedicado a la generación del 98 y otro a “Unamuno en Bilbao”. Pero eso no era lo peor: abundaban los errores incomprensibles. ¿Cómo puede Juan Pablo Fusi escribir que toda la obra de Galdós, incluidos los Episodios nacionales, se incluye en el marco cronológico que va de 1868 a 1874? ¿Ha olvidado que la primera serie comienza con Trafalgar y narra la Guerra de la Independencia? Hacía poco había consultado la entrada de Wikipedia sobre María de Zayas y por eso un párrafo me llama la atención: está copiado de ella. No me podía explicar lo que había ocurrido. Supuse que el libro era un “producto editorial” que no había sido revisado ni por el prologuista ni por los que figuraban como autores. Esa es mi hipótesis. Lo que no es una hipótesis es que tiene todo el aspecto de haber sido preparado con las herramientas de la IA y por eso se citan autores que no aparecen en la bibliografía y se copian párrafos literales sin entrecomillar ni citar la fuente. Esto lo conté en mi reseña habitual de los viernes. Me imaginé que pasaría inadvertida, como todas las mías. No podía dejar de señalar que a las librerías había llegado un producto defectuoso. Claro que también podría haberme limitado a devolverlo y exigir mi dinero. Pero soy crítico literario e hice mi trabajo.

Un periodista de El Diario Montañés reprodujo la reseña en X. Y ahí empezó todo. Javier Gomá le exigió que la retirara de inmediato porque el autor era un pobre diablo. Y luego siguió y siguió con la catarata de descalificaciones, pero sin desmentir ninguno de los errores que yo había señalado (solo unos pocos, una muestra). Como no estoy en la red de Elon Musk (ni pienso estar), no me habría enterado de nada a no ser por un amigo que me fue puntualmente informando. Las descalificaciones de Javier Gomá iban subiendo de tono: lo más suave que me llama es “mamarracho” y no se limita a eso. También me amenaza con llevarme ante la justicia. Los periódicos tradicionales, que se fían más de X que de lo que ellos publican (mi reseña había aparecido en varios periódicos sin que a nadie le llamara la atención), entran al trapo y dan noticia de la escandalera entrevistando a las presuntas víctimas. Salvo uno, ninguno tiene la deferencia de preguntarme a mí. No importa. Las declaraciones de los dos catedráticos dan suficientes pistas para resolver el embrollo en que se vieron envueltos

Ricardo García Cárcel, en sus declaraciones a Público, afirma que el libro estaba olvidado en un cajón desde diciembre de 2024 porque formaba parte de un proyecto más amplio que había quedado paralizado. “Entonces –continúa-- llegó la decisión de sacar el libro de todas formas y entró en proceso de edición que se hizo a toda prisa y con torpeza. Esa responsabilidad es tanto nuestra como de la editorial”.

            Y Juan Pablo Fusi, según leo en El País, “no responsabiliza directamente a la editorial”, que habría hecho una corrección “muy minuciosa”, sino a un problema de lectura suyo: “La leí muy mal –supongo que ese “la” se refiere a las pruebas de imprenta-- porque la leí en el teléfono móvil por un problema de sincronización entre el correo electrónico de mi móvil y ese mismo correo en mi ordenador, desincronización que me han dicho es irreversible”. Nadie le ha explicado que puede cambiar de móvil y de ordenador para librarse de esa enigmática “desincronización irreversible”. Y el coordinador del proyecto no ha tenido la delicadeza de enviarle las pruebas en papel. Como yo suponía, Fusi no ha leído –por problemas con el móvil, según él-- la versión final de su colaboración en Vidas españolas. Eso explica ciertos errores que no habría cometido un estudiante de bachillerato.

            No hace falta ser Sherlock Holmes para aclarar el enigma. Por razones que él sabrá explicar, el director de la colección y mandamás de la March decidió de pronto que un proyecto abandonado tenía que publicarse deprisa y corriendo. Envió el borrador a la editorial y allí lo completaron anónimos y poco expertos colaboradores con ayuda de la IA (y esto, oh irascible Gomá, no es una hipótesis ni menos una calumnia: hay herramientas informáticas que permiten detectar los textos generados con ella). Luego, sin revisión final de nadie, fue a la imprenta y llegó a las librerías y a un primer lector, que dio la casualidad (qué mala suerte) de que fui yo. Elemental, querido Watson.

Jueves, 26 de febrero
DON ERRE QUE ERRE

Lo último de don Javier Gomá Lanzón: “Salgo en defensa vehemente y a veces sarcástica de dos escritores prestigiosos, que han sido objeto de una horrible calumnia y no pueden defenderse en esta red y hoy un artículo de opinión de El Correo dice que he sido poco ejemplar y se pone del lado de calumniador” ( “el tontaina de Asturias", o sea, yo). Y continúa: “Se trata del mismo individuo con pseudónimo femenino”.

El artículo lo firma María Maizkurrena. Una simple consulta a Google nos informa de que nació en Londres en 1962, que es autora de varios libros de poesía, también de novelas, y columnista habitual.  Si Fusi tiene problemas con el uso del móvil, Gomá con el de internet. Podría pedir ayuda a su secretaria ante de hacer públicamente el ridículo.

Viernes, 27 de febrero
QUE PAREZCA UN ACCIDENTE

Cuento las peripecias de esta semana en la tertulia. “Has dado en la diana, Martín, estarás contento”, me dicen.

Y no, no lo estoy, porque la diana es el corazón de un predicador de la ejemplaridad al que he leído y admirado. Un prócer con pies de barro, por lo que parece, un doctor Jekyll que se metamorfosea en míster Hyde cuando bebe la pócima de Elon Musk.

“No te preocupes, no tengas piedad por ese santón al que has dejado con el culo al aire. Él no la tendrá contigo: no solo te insulta y trata de ridiculizarte, sino que amenaza con llevarte ante la justicia civil y militar. Cuídate, sastrecillo valiente, no vaya a ser que unos matones te rompan las piernas o la cabeza de forma que parezca un accidente”.



 





sábado, 21 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: La verdad tiene dos caras

 

Domingo, 15 de febrero
PARECE MENTIRA

---Parece mentira que una persona como tú, Martín, defienda a Putin y a Maduro.

---En cualquier conflicto, si escuchamos solo a una de las partes, es raro que esa parte no sea la que tiene razón. “Rusia es culpable” se oye gritar a izquierda y a derecha, como en la España de los años cuarenta, aunque entonces solo se gritaba a derecha. Pero lo primero que se hizo, a comienzo del conflicto en Ucrania, fue cortarle cualquier canal de comunicación y llenar todos los nuestros con la propaganda oficial de uno de los contendientes. Yo, hasta que no reciba información veraz, no le doy la razón ni a los separatistas que quieren ser parte de Rusia ni a la Ucrania antirrusa que quiere se parte de la Unión Europea e integrarse en la OTAN. Y en cuanto a Maduro, no me parece que tratara con mayor dureza a la oposición política ilegal que Trump a los emigrantes ilegales y no por eso aplaudiría que un comando de las fuerzas armadas chinas, rusas o colombianas, si tuvieran la capacidad operativa suficiente, lo secuestraran en su dormitorio de la Casa Blanca. Y en cuanto a Putin, todavía sus atentados contra algún opositor, no reconocidos oficialmente, todavía no han ido nunca acompañados de un centenar de homicidios. Víctimas sin nombre, por cierto. Aparte de sus familias, ¿alguien se acuerda de los asesinatos –no sé si ese es el término legal-- causados por el ejército de Estados Unidos?

---¿No te referirás a los tripulantes de las narcolanchas? ¡Recibieron su merecido!

---Lo que no se puede negar es que Trump, en eso, es muy patriota: a fin de cuentas la ley de Lynch es una arraigada tradición norteamericana y a los gazatíes su lugarteniente Netanyahu no pretende darles otro trato que el que se dio a los nativos americanos.

Lunes, 16 de febrero
UN RECUERDO AGRADECIDO

En mi casa los libros entran todos los días y salen todas las semanas. Si el buen lector, según se dice, o se decía, relee más que lee, yo no soy un buen lector. Todos los días necesito libros nuevos, pero no me paso el día leyendo, ni mucho menos. Pocos leo completos, aunque lea más de una vez los que reseño. A la mayoría solo necesito unos pocos minutos para comprobar que no tienen ningún interés o que no lo tienen para mí o que no son lecturas para ese momento.

Cada semana llevo una bolsa de libros a la librería de viejo que tengo al lado de casa. No los vendo, por supuesto: sin ese alivio, hace tiempo que no podría entrar en casa. Pero rara es la vez que salgo de ella sin ningún libro. Hoy le ha tocado el turno a Barrio de Cimadevilla, de Luciano Castañón. Conozco el barrio, conocí al autor, comparte colección con Valente y Ángel González, con Gimferrer y Gil de Biedma, lo venden a dos euros.

Leo el libro mientras tomo el primer café de la mañana en Noor. Luciano Castañón, cuando yo comenzaba a publicar, allá por los años setenta, hacía crítica literaria en el mismo periódico gijonés en que yo la hago ahora. Comentó generosamente todo lo que yo publicaba.

Más que los versos de este su primer libro de versos, me interesa el personaje. En la solapa viene una fotografía suya y una sintética autobiografía en tercera persona: “Luciano Castañón nació en 1926 en Gijón. Alumno en escuelas gratuitas… y de pago. Luego el paréntesis de la guerra. Largo y triste bachillerato. Más tiempo aún, pero ameno, como oscilante futbolista profesional. Un tiempo sin trabajo. Enfermo prequirúrgico. Hoy, Graduado Social, padre de familia numerosa y funcionario de un organismo paraestatal. Viajes por toda España y alguna escapada al extranjero. Afortunado en algún concurso literario. En el molesto lastre de los inéditos, como él mismo dice, hay novelas, teatro, cuentos, poemas y abundante documentación para trabajos asturianistas”.

De muchos libros, me interesan más los paratextos que los propios textos. Barrio de Cimadevilla incluye anuncios de revistas y de editoriales que me retrotraen a los tiempos de mi iniciación literaria. Tomo el primer café con unas gotas de melancolía.

De Luciano Castañón, en Gijón queda su memoria, el recuerdo de un hombre bueno y laborioso, pero a su labor literaria se la ha llevado el viento, como se lleva tantas cosas. Cien años después de su nacimiento, cuando se van a cumplir cuarenta de su muerte, el azar ha querido que yo relea hoy su primer libro de poemas y le dedique un recuerdo agradecido. 

Martes, 17 de febrero
CRÍMENES POLÍTICOS

En materia de violencia política, uno está curado de espanto. De sobra sé que para los que se benefician de ella siempre tendrá una justificación, que la justicia universal es una quimera, que nadie le pondrá el cascabel al gato de genocidas.

Lo que nunca había leído hasta ahora es un elogio de los asesinos del general Prim. Lo encuentro en el libro que Pedro Vallina dedicó a Fermín Salvochea, uno de los santos laicos del anarquismo español. Escribió su biografía, que tiene mucho de autobiografía, en los años cincuenta, en el exilio mexicano, sin papeles, y eso le añade imprecisión y encanto.

Tras la revolución de 1868, Prim era el mayor obstáculo de la causa republicana. Pedro Vallina cuenta que Salvochea le refirió lo siguiente: “Fue Paúl y Angulo el ejecutor de Prim. Días antes estuve en una reunión en la que se trató de tan grave asunto. Fue de noche y en la redacción de El Combate. Se discutió acaloradamente acerca de la situación política del país, que en su mayoría se manifestaba partidario de la República. Uno de los reunidos señaló indignado que el general Prin se oponía a la voluntad popular a lo que Paúl y Angulo objetó: En efecto, Prim es el culpable, pero pronto tendrá su merecido”.

Desde que Antonio Pedrol Rius publicó, en 1960, poco después del libro de Vallina, Los asesinos del general Prim, no hay duda de la intervención de Paúl y Angulo. Fue el que dio la orden de disparar a los matones que le acompañaban y que dudaron un momento tras un primer trabucazo fallido. Reconoció su voz el general, la reconocieron sus ayudantes. Pero Paúl y Angulo se pasaría el resto de su vida, negando que tuviera nada que ver en ese asesinato, a pesar de que había afirmado más de una vez que mataría al general “como a un perro”. Pedro Vallina no se explica por qué Paúl y Angulo, “el caballero jerezano sin tacha ni miedo”, renegó “de la página más resonante de su personal historia”.

Antonio Pedrol Ríus aclara muy bien que, si Paúl y Angulo y su cuadrilla fueron los autores materiales del atentado, en su preparación y en su financiación intervino alguien más que los ilusos republicanos. Intrigaba contra Prim el general Serrano, pero fue el duque de Montpensier, aspirante al trono vacante, quien más dinero puso en el empeño. Por eso, el sumario se cerró bruscamente cuando su hija se casó con Alfonso XII y él pasó a ser el padre de la reina.

El bueno de Pedro Vallina, un santo laico como Salvochea, como tantos anarquistas, elogia un magnicidio que acabaría trayendo la República, sí, pero por poco tiempo, solo el necesario para acabar con los preparativos de la restauración borbónica. También elogia a “un bravo anarquista italiano, Miguel Angiolillo, que ajustició a tiros al tirano repugnante que llevó el nombre de Antonio Cánovas del Castillo.”

¿Está justificado acabar con “un tirano repugnante”? Parece que no solo Trump piensa eso: hasta el bueno de Obama ordenó la ejecución de Osama bin Laden. Lo que ocurre es que el tirano para unos es para otros un líder venerado. 

Jueves, 19 de febrero
AMIGOS DE IDA Y VUELTA

“¿Por qué tantos poetas que fueron amigos tuyos, pienso en Miguel d’Ors, en Andrés Trapiello, en Martín López-Vega, en José Luis Piquero, han dejado de serlo?”, me pregunta Jesús Beades en una larga entrevista para su canal de YouTube.

            ---Bueno, salvo el último, todos ellos han dejado y han vuelto a serlo, algunos de ellos varias veces, como Trapiello. Recuerdo una presentación en la librería Alberti. Estuvo casi una hora arremetiendo contra mí sin dejarme decir una palabra. Todos sus rencores de muchos años salieron a la luz. Pero yo no tuve inconveniente en elogiar como se merecía un libro de poemas que publicó poco después y eso bastó para que me perdonara los reparos que había hecho a su versión actualizada del Quijote. Yo no me enfado con nadie, pero todo el mundo acaba enfadándose conmigo. Tengo el don de meter el dedo en la llaga y de pisar callo. Eso va en mi naturaleza. Yo soy tan vanidoso como el que más, pero a mí las heridas en la vanidad se me curan pronto. A otros les duran toda la vida. A los mejores, no. Y siempre acaban perdonándome que nos le elogie tanto como ellos creen merecer.



 

sábado, 14 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: El amor y otras calamidades

 

Domingo, 8 de febrero
MISOGINIA

---¡Cómo me aburrí viendo Hamnet, la aclamada y sensible película de Chloé Zhao! Tiene una parte muy de llorar, pero cuando llegó yo ya estaba pensando en otra cosa a la espera de que al guionista se le ocurriera por fin dejar a la sufrida esposa y seguir a Shakespeare en sus correrías por Londres.

           —Eres un machista, Martín.

---Es posible. Seguro que Agnes, la mujer de Shakespeare, merece toda la admiración y todo el respeto, como la mayor parte de las esposas de los grandes hombres, y de los no tan grandes, pero, ¿qué quieres que te diga?, en el cine dan más juego las malas mujeres y los pícaros con gracia. Me aburrió Hamnet, pero no dejé de prestar atención a la pantalla ni un instante en Marty Supreme y eso que a mí el ping pong me interesa más bien poco. Si el protagonista hubiera sido un chico ejemplar, un Carlos Alcaraz, seguro que me habría aburrido como con Hamnet, pero era un simpático mal bicho, un pícaro sin escrúpulos, y el escenario –el Nueva York de los cincuenta con su sordidez y su magia-- estaba retratado con verdad, era creíble. ¿Una película muy masculina, llena de crueldad y testosterona, frente a otra muy femenina y delicada? No sé, no sé. Lo cierto es que una película que cuente el ascenso y caída de Mario Conde, en principio, siempre interesará más que otra sobre la vida de un banquero respetuoso con la ley. Y, por cierto, qué falso todo en la película de Chloé Zhao, no sé si en la exitosa novela de Maggie O’Farrell, aunque me imagino que también, ya que es coautora del guion. Se basa en un bulo pseudo erudito que no tiene más fundamento que la coincidencia (aproximada) de nombre entre el hijo de Shakespeare que murió a los once años y el protagonista de su obra más famosa. Pero el príncipe de Dinamarca ya se llamaba Hamlet en la historia que le sirvió de punto de partida. Y el que esa obra, que trata del dolor por la muerte de un padre y los deseos de venganza, tenga que ver con el dolor por la muerte de un hijo me parece tan rebuscado como poco creíble.

            ---Eres un machista, Martín, como toda la gente de tu edad, aunque trates de disimularlo. Acabo de leer esa obrita de teatro, “Escenas de caza”, que acabas de publicar en Los setenta, la nueva revista de tu amigo Abelardo, y rebosa misoginia por todas partes.

            ---¿Tú crees? A mí me hace mucha gracia y lo puedo decir porque el autor es Anton Chéjov. Yo solo soy el adaptador.


Lunes, 9 de febrero
VIVA CUBA

Mientras Trump quiere hacer de Cuba una nueva Gaza y rendir por hambre a sus habitantes, Europa sigue empeñada en enviar más y más misiles a Ucrania para continuar una guerra absurda que nunca podrá ganar un Zelenski que no tiene necesidad de falsificar elecciones porque se limita a no celebrarlas como cualquier dictador que se precie.

            Ya resulta evidente que las desdichas de Cuba se deben más a la política del gobierno norteamericano que a la de su propio gobierno (y ya es decir) 

Martes, 10 de febrero
VOLVER

Vuelvo a Buenos Aires de la mano de Sergio Hojman, un arquitecto que tuvo que exiliarse en tiempos de la dictadura. Qué placer curiosear de nuevo en el mercadillo de San Telmo, cruzar el parque Lezama, caminar sin prisas hasta la Boca, comparar lo vivo y lo pintado en el museo Quinquela. Y tomar un café en la Biela, tratando de imaginar lo que dicen en la mesa de al lado Borges y Bioy Casares. Y entrar en la galería Güemes imaginando que, por un raro azar, vamos a salir en París, como en el relato de Cortázar.

Sergio Hojman nos cuenta cómo era la ciudad de su infancia y la contrapone a la de ahora. Aquel Buenos Aires tenía una magia que no ha perdido del todo o que perdió en parte, pero ha ido poco a poco recuperando.

Nunca estuve más de una semana en Buenos Aires, pero lo pateé tanto y con tanta atención que puedo cerrar los ojos e ir de un sitio a otro --de la torre Barolo, en la Avenida de Mayo,  al edificio Kavanagh, en la plaza San Martín-- por el camino más corto y describiendo lo que encuentro a mi paso. Para las ciudades que me gustan, también para las personas, tengo algo de Funes el Memorioso.

El que desde el primer momento me encontrara en Buenos Aires como en casa tuvo que ver, más que con los cafés y librerías, con las Galerías Pacífico que de inmediato convertí en el equivalente porteño de las Salesas, “apeadero feliz de mi costumbre”, que diría parafraseando a Unamuno. Pero no sé si la próxima vez que vuelva me encontraré tan a gusto.

En 1987, se estaba rodando una película en las Galerías Pacífico. Arturo Santana, el director de fotografía, un superviviente de la represión militar, bajó a los sótanos y reconoció el lugar en que había sido torturado en 1976. “La investigación reveló –cuenta Sergio Hojman-- que durante los años de terror el Primer Cuerpo del Ejército había instalado en las mismas tripas de aquel centro comercial en el que diariamente miles de porteños paseaban, charlaban, reían, aquella mazmorra en cuyas paredes se podían ver las marcas de los prisioneros: nombres, fechas, súplicas de ayuda”. En otro lugar del libro, nos indica que su hermano Roberto fue uno de los desaparecidos. 

Miércoles, 11 de febrero
UN CONSEJO

---En lugar de escribir sobre los libros que te encuentras en el Fontán, Martín, deberías hablar más de política. Incluso harías buen papel en una de esas tertulias radiofónicas o televisivas que tanto abundan. Eres un polemista terrible.

            ---¿Y tú crees que lo que yo dijera serviría para algo, amigo Bueres? Sería añadir más ruido al ruido, aumentar el guirigay. Mejor seguir con poetas y poetastros y con los libros del Fontán.

Jueves, 12 de febrero
UN CUENTO CHINO

Al poeta chino Gu Cheng (1956-1993) le conocí en una de las prodigiosas viñetas que Juan Forn publicaba en un diario argentino. Fue un niño prodigio, el poeta chino más famoso de su tiempo, dentro y fuera de China. En la revista Fábula encuentro algunos de sus poemas traducidos por María Ferrer Lledó. Son bien poquita cosa, al contrario que el personaje que fascinó al mundo. Se había casado con una de sus mayores admiradoras, Xie Ye, que se encargaba de transcribir sus poemas y de todas las pequeñeces de la vida diaria, además de servirle de intérprete en sus viajes al extranjero porque Gu Cheng solo hablaba chino. En una comida con Eliot Weinberger –cuenta Font--, Gu Cheng afirma que “el camino del Tao autoriza a matar, y a matarse, ya que en el camino del Tao nada importa si no conduce a la nada”.

Cuando el poeta se levanta para ir al baño, Xie Ye, sin perder la sonrisa luminosa que la caracterizaba, pronuncia las únicas palabras propias que Wisenberger le escuchó en toda la velada: “Ojalá se muera de una vez”. Dos años tardó en cumplirse el deseo de Xie Lei, “solo que, antes de ahorcarse, Gu Cheng asesinó a su esposa a hachazos”.

            María Ferrer Lledó lo cuenta de manera más confusa, pero no menos siniestra: “Aunque tuvieron un hijo, Xie Ye quiso romper la relación y llegó a invitar a una joven china a vivir con ellos con el objetivo de que su marido se enamorara de ella y así poder alejarse de él. Al contrario de lo esperado, tras la partida de la amante, la situación empeoró y Gu Cheng fue internado en un psiquiátrico. Finalmente, en 1993 Xie Ye decidió romper definitivamente el matrimonio y salir con otro hombre, pero Gu Cheng la mató y terminó suicidándose”.

            Qué poca cosa los poemas de este psicópata que fue paseado en andas por el mundo occidental como manera de ayudar a la disidencia de su país. Quizá solo eran grandes poemas para quienes no sabían chino si los recitaba él en chino. “Vendedor ambulante” dice así: “En la esquina de la calle / se extiende una lona. / Adelante hay una calle / Qué ágiles son ellos / Son arañas sobre su tela / Qué ignorantes son ellos / Son presas en la tela”.

Se puede echar la culpa a la traducción, pero me temo que eso no lo salva ni Marcela de Juan.

Viernes, 13 de febrero
CRUZO LOS DEDOS

No soy supersticioso, por supuesto, pero cruzo los dedos al levantarme hoy. Fue un 13 de febrero cuando Larra se pegó un tiro tras su último intento de reconciliación con Dolores Armijo.

Visto lo visto, creo que la fecha más adecuada para celebrar San Valentín sería no un 14, sino un 13 de febrero que cayera siempre en viernes. El amor es un virus maligno para el que todavía no se ha encontrado vacuna.



 

sábado, 7 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: El arte de torear

 

Domingo, 1 de febrero
A TODOS NOS LLEGA

A todos nos llega el momento de la despedida, pero no a todos al mismo tiempo. A los deportistas les llega antes y a los escritores después que a los cantantes. También hay diferencias entre los escritores: los novelistas echan el cierre antes que los poetas.

            Yo he sido particularmente cruel con los que han continuado después de que debían hacer el mutis. Recuerdo mis comentarios, primero de Jorge Guillén, luego de Dámaso Alonso, más tarde de Pere Gimferrer. Pero mi indignación no era tanto contra esos poetas como contra los reseñistas habituales que recibieron Duda y afirmación sobre el Ser Supremo como si fuera otro Hijos de la ira. Me parecieron cómplices de una estafa y yo entonces me consideraba una especie de justiciero al servicio del buen lector. Solo más tarde supe de los problemas de salud mental de Dámaso Alonso en los últimos años.

¿Fui también algo cruel con el libro sobre Galdós de Vargas Llosa? Es posible, pero yo no podía dejar de señalar que aquel laborioso empeño de su vejez --leyó y anotó todas las obras de Galdós, el teatro incluido-- hacía aguas por todas partes.

            Más pronto o más tarde, o incluso muy tarde –ahí está Manuel Vicent, tan terne, a los noventa años--, a todos nos llega el momento de la despedida si la vida discurre por cauces naturales (puede haber un corte brusco). Pero unos se dan cuenta y otros no.

¿Me encontraré yo entre los primeros o entre los segundos? De lo que estoy seguro, es de que si estoy entre los primeros mis puerilidades seniles no serán recibidas con un unánime aplauso por los suplementos literarios. Lo bueno de no haber estado nunca en la cima del éxito, ni en las proximidades, es que se evita uno las melancolías de que le vayan haciendo cada vez menos caso.

             Ando ahora preparando una reedición de mis versos y, en algunos casos, es la primera vez que los releo después de publicados. Creo ver un cierto ascenso hasta más o menos el año 2010 y un declive posterior, aunque quizá sea solo un cambio de poética.

Algún amigo malintencionado ya me había advertido de ello, pero yo no quise creerle. Las obras finales de Tiziano no tienen el esplendor de las de su etapa de madurez, pero lo compensan con una sencillez que solo es posible después de haber desaprendido mucho. 

Lunes, 2 de febrero
PUEDO EQUIVOCARME

Leo una extensa entrevista con David Uclés, el autor de moda, para bien y para mal, y me da un poco de pena el personaje. Me temo que su futuro es el de ser un juguete roto. Cierto que ha publicado una novela que agota edición tras edición, pero no he conseguido encontrar a nadie que la haya leído entera.

Yo ni siquiera la he hojeado. Me bastan las referencias para saber que hay mejores maneras de perder el tiempo que enfrascarse en ese ladrillo de setecientas páginas.

Alguien que ha leído ya su premio Nadal me cuenta que es todavía más formularia e inane que la anterior. Pero se venderá mucho, sin duda. Ya se encargarán los fontaneros de Planeta de que así sea. Y las embestidas de la derecha selvática –o no, hasta mi amigo Daniel Sánchez Rodero le ha llamado “pequeño, peludo y suave”, como el borriquillo de Juan Ramón-- le mantendrán un cierto tiempo en el escenario. Tiene muchos enemigos con acceso a los medios de comunicación (ya me gustaría a mí) y eso es siempre una garantía.

            A Javier Cercas le ocurrió algo semejante con Soldados de Salamina. No creo que Uclés sepa salir adelante como hizo Cercas. No tiene ni su cultura ni su talento literario ni su habilidad para convertirse en intelectual orgánico. Cuando se acabe el efecto bandada de estorninos o bola de nieve (a un libro le toca la lotería y se compra porque se compra y porque todos hablan de él), será un juguete roto sin necesidad de que para ello hagan falta las estocadas de ningún espadachín.

            Puedo equivocarme, claro. Y mucho me gustaría. Me han conmovido sus recuerdos de infancia y maltrato. 

Martes, 3 de febrero
AÚN NO

El arte de perder amigos se me da bastante bien, debo reconocerlo. No nací para la diplomacia ni para templar gaitas. Pero como soy un optimista nato y procuro siempre mirar las cosas desde el punto de vista que más me favorece, se me ocurre pensar que para perder amigos es condición indispensable tenerlos. Como llevo perdiendo amigos más o menos desde que comencé a publicar, y aún antes, eso significa que también he ido añadiendo amigos desde entonces.

            Dicen que, a partir de cierta edad, ya no se hacen nuevos amigos. No es mi caso. Y no me refiero a los cinco o seis mil “amigos” de Facebook, sino a aquellos que, si lo necesitaran, saben que podrían venir a llorar sobre tu hombro y tú también podrías ir a llorar sobre el suyo, aunque yo soy de los educados con aquello de que los hombres no lloran.

            Amigos de verdad, tengo los mismos que tenía hace cuarenta años. Claro que no todos son los mismos. ¿Llegará un momento en que no haya reemplazo para los que se cansan de que te escondas en un caparazón lleno de espinas?

Llegará, todo llega, pero aún no ha llegado. Y yo procuro no ser de los que –como diría Machado-- “no gozan de lo que tienen / por ansia de lo que esperan”, o por miedo de lo que temen, añado yo.

Miércoles, 4 de febrero
NO SIEMPRE

Subrayo en una conferencia de William James: “Los libros fundamentales se leen antes de los veinte años; todos los demás son prescindibles o complementarios”.

Jueves, 5 de febrero
UN MIURA SEVILLANO

---Es raro que no te gusten los toros, Martín, porque dominas perfectamente el arte de torear. ¡Hay que ver cómo le has ido dando cambiadas a ese miura sevillano que trataba de cornearte!

            ---¿Te refieres a los comentarios a mi blog de Abelardo Linares? Una broma entre amigos.

            ---Pues a él no parece que le hiciera mucha gracia, aunque al tendido sí que nos hacía bastante. ¿No oías los aplausos cada vez que le dabas un buen pase con la muleta?

            ---¡Qué exagerado eres! La verdad es que me he divertido un poco en ese combate en verso.

            ---Sospecho que él no tanto. Un primer acierto hacerle abandonar la prosa, que se le da mejor que el verso, que no parece que sea lo suyo. Se ha despedido un poco enfadado y “hasta el cogote”, según dice.

            ---Lástima, porque a mí me divertía este pin pan pun. Él se lo pensaba más, yo le devolvía la pelota de inmediato. Él quería pincharme con sus reparos y yo me las arreglaba para convertirlos en elogios.

            ---Tenías que haberle dejado ganar alguna partida.

            ---Lo tendré en cuenta para otra vez.

            ---No creo que vuelva a por otra.

Viernes, 6 de febrero
ENSEÑANZAS DE LA EDAD

El orden de las palabras, al contrario que el de los factores, para decirlo con la fórmula que nos enseñaron en la escuela, sí altera el producto. No es lo mismo decir “tarde, pero aprendo”, que es mi lema, que “aprendo, pero tarde” que es lo que suele suceder.

            ¿Y qué he aprendido yo un poco tarde, pero a tiempo? Los mecanismos del amor y del desamor, que ahora manejo sin pincharme ni cortarme y sin poner nunca toda la carne en el asador.

            También a manipular mi vanidad (y la ajena), a reírme de ella, a exagerarla más que a disimularla.

            A quejarme lo justo, y sin creérmelo del todo, para evitar envidiosas zancadillas o puñaladas en la espalda.

            A no dejar que la costumbre me vuelva invisibles los milagros de cada día.

            La vida no es un cuento de hadas, ya lo sé (o sí lo es, pero de los que se contaban en las noches de invierno alrededor de una hoguera, no de los edulcorados para infantes), y la desdicha acecha en cada recodo del camino. Vendrán tiempos peores, quién lo duda, pero mientras tanto disfruto y agradezco lo que tengo. Eso he aprendido.

            Ya me imagino lo que diría mi contrincante favorito, el miura sevillano, si leyera estos apuntes que escribo para mí solo.

            ---Acabarás publicando libros de autoayuda. A lo mejor te va mejor que con tus ripiosos poemas y te conviertes en un nuevo Paolo Coelho.