viernes, 6 de noviembre de 2026

Aguas bravas: Las cosas claras

 

Domingo, 1 de noviembre
LO QUE HA PASADO

---¿Vas a seguir votando a Pedro Sánchez después de lo que ha pasado? ¡Ese canalla de ministro!

            ---¿De lo que ha pasado? Se sabe desde pocos momentos después del accidente, pero todos tratan de ocultarlo, o enturbiarlo o de echar balones fuera.

            ---No te entiendo.

            ---La derecha rabiosa sale a la calle a exigir linchamientos; si por ella fuera se encarcelaría a todo el consejo de ministros y al dictador que lo preside se le cortaría la cabeza, como al coronel Riego, y se pasearía su cabeza por las calles de Madrid. La izquierda habla de falta de inversiones, de si había un sistema de control que no era el más moderno, de si los trabajadores estaban estresados y bla bla bla, Saben que este accidente les va a restar votos y tratan de minimizar los daños.

            ---Y tú sabes lo que pasó.

            ---Y lo sabe todo el mundo. Alguien –un ser humano, no un sistema informático averiado-- ordenó al maquinista de un tren cargado de pasajeros que se lanzara contra otro tren, también lleno de pasajeros, detenido unos pocos kilómetros más allá.

            ---¡Qué bruto eres!

            ---Pues eso fue lo que ocurrió. Los trenes se detuvieron porque falló el sistema que los contralaba, como había sucedido otras veces por diversas causas, pero ese fallo no puso en riesgo la seguridad de nadie. A partir de este momento, el control quedó a cargo de trabajadores especializados. El problema que se planteaba era de fácil solución.

            ---¡Se equivocaron de protocolo!

            ---¡Qué protocolo ni qué narices! Hasta un alumno de primaría podría resolverlo: tengo dos trenes parados en la misma vía y que van al mismo destino, ¿cuál debo poner primero en marcha, el que está delante o el que está detrás?

            ---Simplificas la tragedia como si fuera un juego de niños.

            ---Quien dio la orden al segundo tren de avanzar a la alta velocidad normal ¿no sabía que había un poco más adelante otro tren detenido?

            ---Creía que ya se había puesto en marcha.

            ---¿Y no tuvo la precaución de comprobarlo cuando de ello dependía la vida de cientos de personas? Yo no sé si el ministro dimitirá o no, yo no sé si la extrema derecha arrasará o no en las próximas elecciones, lo que sí sé es que, aunque la alta velocidad española fuera la más modernizada del mundo, el accidente de Urda podría haber ocurrido igualmente: cualquier sistema de señalización puede fallar en algún momento por causas propias o ajenas y eso no supone ningún riesgo, ni con el BLZ ni con el ERTMS. En ambos casos se detienen los trenes y quedan a cargo de un controlador hasta que se recupere el sistema. A ver qué dice la jueza encargada del caso, pero en principio parece tratarse de un homicidio involuntario. Y si el trabajador fuera de origen marroquí o de cualquier país musulmán, seguro que ya se estaría investigando como un posible caso de terrorismo. 

Martes, 3 de noviembre
LA PRINCESA LAVANDERA

Cuántas cosas que ignoro, afortunadamente. Encuentro hoy en la librería de viejo habitual, Mis memorias, de María de las Nieves de Braganza y Borbón. Nunca había oído hablar de ella, una heroína del carlismo.

            Estas memorias se publicaron en 1934, pero tratan de hechos ocurridos sesenta años atrás: Mis memorias sobre nuestra campaña en Cataluña en 1872 y 1873 y en el centro en 1874. Se basan en el Diario de campaña que llevó la autora por aquellas fechas, las de la tercera guerra carlista, por eso están llenas de pequeños detalles exactos, los que a mí más me gustan.

            En 1872, Amadeo en el trono de España, el pretendiente carlista, Carlos VII, llama a su hermano Alfonso, que entonces residía en Malta, para ponerle al frente de la sublevación que pronto se va a iniciar en Cataluña. Alfonso desembarca en Marsella con su mujer,  María de la Nieves, de veinte años, y la policía francesa hace todo lo posible para impedir su paso a España. Durante un tiempo se han de alojar, de incógnitos, en diversas residencias de simpatizantes. Una de ellas, situada en Bedarieux, “una pequeña ciudad industrial, apartada, a la que conduce una línea lateral de ferrocarril”, tiene enfrente un colegio femenino. La calle era estrecha “y cada vez que Alfonso se asomaba un poco a la ventana, se asomaban las pollitas a la suya para mirar al interesante y bien parecido joven”.

            Otra vez se alojaron en un castillo con un hermoso parque, y allí María Nieves se encontró con un problema: “Como se sabía que los señores del castillo no se encontraban a la sazón en este, existía cierta dificultad para la colada. Una vez, estando Alfonso fastidiado por no tener camisa de noche limpia, aproveché cierto día que tuvo que ir a Breziers a una entrevista con gente de la Causa, y me puse a hacer de lavandera. La única experiencia de este oficio la tenía cuando de niña lavaba la ropa de mis muñecas; además, el hacerlo en aquella ocasión resultaba bastante difícil, pues que carecía de agua caliente; así que, poco a poco, tuve que hacerla hervir en una máquina de té, pero de modestas dimensiones. Cuando volvió Alfonso, estaban mis dedos ensangrentados a causa del enérgico frotar; pero la camisa, limpia”.

Miércoles, 4 de noviembre
ACOSO A LA VERDAD

El ministro de Transportes, con buen criterio, ha decidido dimitir después de aclarar, hasta donde le ha sido posible, el accidente de Urda y tomar todas las medidas posibles para mejorar la seguridad. Y lo curioso es que buena parte de los reproches que recibe se deben a que trató de decir, desde el primer momento, la verdad. “¿Qué hubieran hecho ustedes en mi lugar? ¿Cuál era la alternativa, ocultarlo, disfrazarlo, inventarlo? ¿Hay alguna versión alternativa de los hechos?”, se ve obligado a preguntar.

            La pasión política lleva a esos extremos: si para echar toda la culpa al gobierno hay que ocultar la causa inmediata del accidente, que no se debió a ninguna avería ni a ningún fallo mecánico, sino a una orden errónea dada por un controlador, pues se oculta y a seguir con la labor de acoso y derribo, que es lo único que importa.

            Me da la impresión de que, tras los tropiezos de Brasil y Estados Unidos, la oposición teme que, a pesar de tener todas las encuestas a favor, a ellos les ocurra lo mismo.

Jueves, 5 de noviembre
DOS CABALLOS
 

¡Qué personaje María de las Nieves de Braganza y Borbón! Memorias de un hombre de acción tituló Baroja la serie de novelas que dedicó a Aviraneta; Memoria de una mujer de acción podría titularse una serie protagonizada por María de las Nieves, y no sería menos apasionante.

            Aparte de sus andanzas por España durante la tercera guerra carlista, tuvo tiempo de recorrer el mundo, visitar las trincheras de la Gran Guerra, participar activamente en el frustrado golpe de Sanjurjo, apoyar la sublevación de 1936 con la idea de que acabaría colocando a su marido, convertido en pretendiente desde 1931, en el trono de España. Luchó siempre –desde los veinte años hasta su muerte, cerca de los noventa-- por una causa que no era la mía, pero no puedo dejar de admirarla. En sus memorias, no incluye ninguna fotografía del rey cuya causa defendía, el Carlos VII que admiró Valle-Inclán y al que Rubén Darío conoció en Venecia, pero sí de sus dos caballos favoritos durante las campañas de 1873 y 1874: Tordito, caballo andaluz que le fue regalado por la Junta Carlista de Gerona, y Calatravo, de pelo castaño y negruzco, que “fue cogido al enemigo con todo un escuadrón de caballería del regimiento de Calatrava” y al que llevaron consigo a la emigración. “Murió –anota con cariño--  a la edad de treinta y tres años; tenía a la sazón los bríos de un caballo joven”.

Viernes, 6 de noviembre
PINTOR Y POETA

En cuestión de enfados por las inevitables asperezas de la relación humana, no creo ser yo de los rencorosos. Las deudas conmigo, como con Hacienda, prescriben pasado un cierto tiempo. Pero hay quien, cuando se ofende, se ofende para toda la vida.

            Cernuda intentó la reconciliación con Ramón Gaya, que había sido su gran amigo en la época de la República y las Misiones Pedagógicas, dedicándole, en la edición de 1958 de La realidad y el deseo, la última que editó en vida, “Retrato de poeta”, un poema que habla de pintura y destierro. Era un gesto de reconciliación, pero Gaya, el inflexible Gaya, no aceptó esa mano que Cernuda le tendía.

            ¿Cuál había sido la imperdonable ofensa? La acaba de contar Eloy Sánchez Rosillo en Plenitud del presente, un hermoso recuento de su amistad con el pintor. Ocurrió en 1949, durante unas vacaciones de Cernuda en México, donde vivía Gaya. Concha de Albornoz acudió a visitarle a su estudio acompañado de Leonora Carrington, la pintora surrealista, y de Cernuda. Gaya tenía clavadas en la pared con chinchetas algunas reproducciones de obras que admiraba y el poeta, a poco de llegar, hizo algún comentario jocoso acerca de una de ellas. Gaya, irritado, le dijo que a partir de ese momento “seguiría leyéndolo, pero que sus relaciones personales se habían acabado”. Y se acabaron para siempre.

            Yo, algo burlón y bastante impertinente por naturaleza, me he topado también con ciertos Gaya.



 

viernes, 30 de octubre de 2026

Aguas bravas: Me angustia una certeza

 

 

Lunes, 26 de octubre
SOY COMO SOY

No soy yo de los que gustan de repetir los elogios que reciben; prefiero contar los denuestos, que resultan más divertidos. Las medallas que uno mismo se cuelga son siempre falsas, aunque sean verdaderas.

            No cité por eso, en la reseña que acabo de dedicarle al libro de Manuel Alberca Los diarios íntimos de la gente corriente, los párrafos que me dedica. Son, aparte de elogiosos, bastante atinados. Pero el libro, en su conjunto, es un disparate y así lo hago constar, más o menos veladamente (aunque a mí los disimulos se me dan muy mal: siempre se entiende todo lo que digo), en la reseña que acabo de enviar al periódico. Nada más hacerlo me entra mala conciencia. ¿No sería mejor haber hablado de otra obra, de los escarceos eróticos de Juan Ramírez de Lucas con Lorca, por ejemplo? ¿A qué darle un disgusto al profesor Manuel Alberca, que tanto ha hecho por la promoción de la literatura autobiográfica?

            Ramírez de Lucas, por cierto, no solo cuenta sus devaneos con el poeta, que calló durante más de medio siglo, y solo quiso que se hicieran públicos tras su muerte, sino que se permite un chisme, claramente homófobo contra Manuel Azaña, “presidente de la República, del que todos los intelectuales sabían su homosexualidad, que le había llevado a tomar por esposa a la hermana de su amante”.

            Lo siento por Manuel Alberca, que tan bien me ha tratado siempre, pero cada uno es como es (ya me gustaría a mí ser de otra manera), y yo soy más amigo de la verdad que de Platón. O mejor dicho: cuando comento un libro nunca pienso en el autor, solo en los lectores. Me habré equivocado muchas veces (los errores son involuntarios), pero jamás he engañado (eso sí depende de la voluntad), ni siquiera cuando se trata de un mero acto de cortesía.

            Cuando era joven, creía que era uno de mis mayores méritos (¡el crítico feroz!), ahora sé que es uno de mis principales defectos.

Martes, 27 de octubre
BIEN QUE ME ARREPIENTO

Anticipando el centenario del 27, me toca hoy hablar en Santander de los dos seniors de la generación, Pedro Salinas y Jorge Guillén. Con este motivo, he releído la mayor parte de su poesía, que forma parte de mis mayores admiraciones juveniles. Me fascinó el Cántico de 1928, cuya primera edición encontré en la biblioteca Bances Candamo, y también La voz a ti debida, que leí a mis quince o dieciséis años.

            Mi devoción por Guillén hace tiempo que ha decaído bastante: es un poeta esforzado y ripioso. Al releerlo ahora, creo que su poesía dejó de crecer –y se limitó a engordar-- en 1936, cuando publicó la segunda edición de Cántico (en ella está “Muerte a lo lejos”, el soneto que yo me repito tantas veces); de lo escrito después, apenas si se salvan algunos poemas de Homenaje.

            ¿Y qué decir de Pedro Salinas? El poeta ingenioso, muy a la moda de su tiempo, se convirtió en poeta de verdad en La voz a ti debida, ese libro jubiloso en que el tiempo no ha puesto ni una arruga. Todo lo demás es “largo lamento” (qué aburrido el libro que lleva ese título, un libro que con razón no quiso publicar en vida) y buenas intenciones, aunque también, acá y allá, es posible repescar algún poema que sigue vivo.

            No puedo evitar contar en la charla de Santander aquel momento mágico en que Pedro Salinas, que hablaba de la generación del 98 (fue el primero en tratar académicamente un tema luego tan manoseado), vio entrar en clase a dos estudiantes que llegaban tarde. A una la conocía, a la otra la vio por primera vez. Y ya no pudo olvidarla nunca. Le dio toda la felicidad del mundo durante unos pocos meses y luego le hizo desdichado para el resto de su vida.

            Recuerdo el verso de Borges: “Es el amor. Tendré que esconderme o que huir”. Esconderse o huir, esas son las únicas decisiones inteligentes ante su amenaza. Y una persona como yo, a quien tanto le gusta presumir de inteligente, no podía tomar –en las dos o tres ocasiones en que se me presentó delante, entero y verdadero-- otra decisión. Sé que hice bien, pero bien que me arrepiento.

Miércoles, 28 de octubre
CÁNTICO Y CLAMOR

Paso la mañana, una hermosa mañana de otoño, soleada y ventosa, paseando por la senda que lleva hasta la playa de los Molinucos y luego hasta el Cabo Mayor.

            Qué hermosas las vistas de la bahía del Sardinero, la península de la Magdalena al fondo, y luego las del ancho mar, con el que tanto soñé de niño, desde el blanco faro. (El verdadero faro de Santander, no el otro al que ahora han llamado así después de medio cegarle un ojo y ponerle por peineta o clavarle en el testuz una inmensa banderilla española).

            Como mi memoria está llena de literatura que me impide ver la realidad (o me permiten verla mejor), a la memoria me vienen versos de José del Río Sainz: “El viejo capitán que lentamente / pasea por el suelo de madera / tuvo una juventud resplandeciente / y ahora, viendo salir a los vapores, / como una antorcha al viento se consume”. Y su eco en otros de Pere Gimferrer: “Oh ser un capitán de quince años / viejo lobo marino las velas desplegadas / las sirenas de los puertos y el hollín, / los relatos de pulpos, serpientes y ballenas / de oro enterrado y de filibusteros”.

            Me siento luego en el parque de Mataleñas y anoto unos versos que de inmediato echo a volar por la Red junto a alguna foto tomada durante el paseo: “Hoy es siempre todavía. / Subo hasta el Cabo Mayor / y cualquier negrura mía / se la llevan viento y sol”.

            Mañana fuera del mundo, a solas conmigo y en guilleniana plenitud, y de pronto, al regresar al hotel y consultar las noticias, el choque de trenes con la realidad y los muertos que se van amontonando.

Jueves, 29 de octubre
SIEMPRE OCURRE LO INESPERADO

Lorenzo Oliván, a quien di clases hace más de treinta años y a quien vuelvo a encontrar sentado frente a mí, en el cursillo para profesores de Santander, no acababa de estar de acuerdo con la explicación del soneto “Muerte a lo lejos”, en especial de lo que se refiere al último verso.

            En los cuartetos, la muerte es una certeza que solo nos angustia “alguna vez”, una certeza racional, pero todavía no del corazón. Ahora –cuando el poeta escribió estos versos tenia cuarenta años--  “lo urgente es el maduro fruto. La mano ya lo descorteza”. Luego viene una pausa (los tercetos comienzan con puntos suspensivos) y la imagen de ese día que a todos, más pronto o más tarde, no ha de llegar: “Tenderse deberá la mano / sin afán. Y acatando el inminente / poder, diré con lágrimas: embiste, / justa fatalidad. El muro cano / va a imponerme su ley, no su accidente”.

            Acatamos la muerte, justa fatalidad inherente a la condición humana, cuando llega a su debido tiempo, pero acatamos su ley no su accidente, no su llegada anticipada e inesperada.

            Cómo me vienen una y otra vez a la cabeza esos versos de Guillén cuando pienso en todos los que subieron a uno y otro tren en Atocha sin saber que la muerte les estaba esperando antes de llegar a Córdoba o a Sevilla o a donde fueran.

  

Viernes, 30 de octubre
SOBRE UN SECRETO AMOR

Manuel Alberca, en ese libro que tan bien me pone y que yo tan mal he puesto, afirma que acierto a exponer con desparpajo mis contradicciones, pero que dejo siempre interrogantes pendientes. Y añade: “quien le lee debe saber que todo es más complejo de lo que parece y que el personaje no agota a la persona, que no comparece ni se deja conocer”.

            Todo es más complejo de lo que parece. ¿Quién fue Juan Ramírez de Lucas, cuya vida sentimental –y cuya entera y productiva vida de más de noventa años-- parece quedar reducida ahora a los tres meses que vivió junto a Lorca? ¿Tuvo otros amantes o vivió solo de aquel secreto poco a poco convertido en un secreto a voces? En su opinión, la culpa del “desdichado fin de Federico” no fue la vesania de aquellos con los que acabó colaborando (estuvo en la División Azul), sino la envidia de Rafael Alberti, “envenenado por la verdadera bruja María Teresa León, que lo tenía hechizado”.

            Todos somos, de alguna manera, Juan Ramírez de Lucas, todos tenemos un secreto del que no queremos hablar y que acaba devorándonos.



viernes, 23 de octubre de 2026

Aguas bravas: Vida y literatura


Domingo, 18 de octubre
UN NIETO DEL CID

La historia de la literatura, como cualquier historia, tiene mucho de cuento. ¿Es un gran poeta Vicente Huidobro? De los grandes poetas que aparecen en los manuales de literatura española es quizá el menos poeta, el más mixtificador. Al margen de alguna de las cartas que se intercambiaron, anotó Guillermo de Torre: “Este hombre no sabe escribir ni en castellano ni en francés”. Puso toda su fortuna –que era mucha-- al servicio de sus ambiciones literarias. A mí recuerda al caso de Justo Jorge Padrón, no mal poeta al principio, en la estela de los que a mí más interesaban en los años setenta: Francisco Brines, Juan Luis Panero, Juan Gil-Albert. Luego enloqueció de megalomanía y su única obsesión era ganar el Nobel. 

            Por un curioso azar hoy encuentro su Obra poética 1971-1980, con una generosa dedicatoria, y el Mio Cid Campeador, de Huidobro, que seguía intonso desde que lo compré, y que me entretengo en abrir y leer. Pero no acaban aquí las coincidencias. Por mi oficina de Los Prados, es un decir, pasan esta tarde Virginia Gil Amate y Carlos Fernández, un profesor de Santander que mañana imparte en el Milán una conferencia sobre Huidobro que demuestra, con nuevos documentos, lo que ya se sabía: que El espejo de agua, la obra inaugural del creacionismo, supuestamente publicado en Buenos Aires y en 1916, en realidad se publicó en Madrid y años después, cuando ya el poeta había pasado por París y se había puesto al tanto de las últimas modas literarias.

            Al volver a casa, releo la correspondencia de Huidobro con Guillermo de Torre, que me divierte bastante más que la obra literaria de uno y de otro. El término creacionismo, afirma, nada tendría que ver con Reverdy, surgió en una conferencia que él dio en Buenos Aires en 1916. Pero ahora Carlos Fernández ha encontrado varias referencias periodísticas a esa conferencia que parecen indicar que en ella no se habló para nada del creacionismo.

            Me gusta una frase que leo que una de las cartas de Huidobro: “El ultraísmo no es más que el futurismo en tonto”. Borges, uno de sus inventores, tenía razón al considerarlo poco más que una olvidable anécdota. Ningún lector verdadero de poesía se interesa por él, pero da mucho juego a los investigadores de intrascendentes minucias y ocupa su lugar en las clases de literatura.

            Justo Jorge Padrón, de quien acabaron renegando todos sus valedores, empezando por Aleixandre, puso todo su empeño y su fortuna en ocupar un sitio en la historia de la literatura, pero ha desaparecido por el escotillón tras ser considerado poco más que un pintoresco figurón. Huidobro, ahí sigue, una de las glorias poéticas de Chile, que no todo ha de ser Neruda.

            Mio Cid Campeador, con ilustraciones de Ontañón que conservan todo su llamativo colorido, se lo dedica a un abuelo suyo que al parecer descendía de Alfonso X el Sabio, que a su vez estaba emparentado con el Cid. El mamotreto –novela de poeta, lo califica-- es un disparate que, a ratos, no deja de tener gracia. Así describe el momento en que es engendrado el Cid: “Diego Laínez, fogoso, rudo, infantil, se precipita sobre su mujer y entra en su carne, se hunde debajo de su piel con energías de guerrero descansado, ansioso de batallas, impaciente de victorias. La tierra toma el ritmo de esos cuerpos resollantes y suspira como una montaña. El infinito se vacía, el universo vacila y durante un minuto el sistema planetario se detiene. Dios, mirando por el ojo de la cerradura del cielo, sonríe”. 

Lunes, 19 de octubre
DIARIO SECRETO

Un amigo me regala, defraudado, un libro que lleva el titulo de Diario secreto de José Antonio. “¡Yo creí que iba a hablar de sus amores secretos con Lorca!”, me dice. “No estaría mal para completar este año de locura lorquiana”, le respondo.

            Ya Celaya contó que Lorca y José Antonio se veían todas las semanas. Al parecer, daban vueltas por Madrid en un coche con las cortinillas corridas (¿había coches así?), no se sabe si conspirando o plagiando un famoso pasaje erótico de Madame Bobary. A Ximénez de Sandoval, autor de una biografía apasionada de José Antonio, le escuché yo una conferencia en Avilés en la que insinuaba ciertas afinidades entre ambos a las que no se atrevía a poner nombre. ¡Qué otra bola negra o bola infinita podría sacar de aquí un guionista imaginativo!

            Pero en este diario secreto –en realidad, una agenda con muy pocas páginas escritas-- la única escena erótica que aparece, bastante inesperada, por cierto, es con una amiga y en un coche. José Antonio, católico a machamartillo, parece luego muy arrepentido de haber pecado.

            En el libro se alude a un poema de Alfonso López Gradolí, uno de los primeros poetas que yo conocí personalmente. Fue en 1971, en Burgos, a donde había ido a recoger un premio literario, el único al que me presenté en mi vida, organizado por la revista Artesa. Él había ganado otro premio, en su caso a un poema. Me lo enseñó el organizador, Antonio L. Bouza, y yo nada más leer los primeros versos dije: “¡Pero este poema no es inédito!¡Se ha publicado en la revista Papeles de Son Armadans!”. “¿De veras?”, me dijo, sin acabar de creérselo del todo. “¡Si yo estoy suscrito!”. Lo comprobamos y él escondió el ejemplar: “Calla, calla, tengamos la fiesta en paz”.

            Recuerdo que Félix Grande, que acompañó la entrega de premios con una conferencia acerca de la joven poesía española, contó un chiste sobre los nuevos poetas entonces más polémicos: “Dicen que Castellet, después de los Nueve novísimos, va a publicar otra antología que titulará Siete mesinos”.

            Más tarde repetiría Gradolí el engaño de Artesa: en 1977 ganó el premio Provincia con un libro, Las palabras, que ya había sido publicado en 1971 con el título de Las señales del tiempo sin más cambios que dedicarle el primer poema a Antonio Gamoneda, que formaba parte del jurado junto a Emilio Alarcos. Yo conté la pequeña estafa, creo que en una reseña de Jugar con fuego, pero nadie me hizo caso. Y el poeta poco escrupuloso, que por entonces ganaba muchos premios y publicaba en todas las revistas, no me lo tuvo en cuenta y en 1985 me envió, amablemente dedicados, sus Poemas falangistas. Releo ahora uno de ellos, “Era el día veintinueve", aludido por Martín Otín en su supuesto Diario secreto de José Antonio, una especie de collage periodístico sobre el día en que se fundó la Falange y me parece que tiene un valor que por antipatías ideológicas yo no quise ver en su momento.

Martes, 20 de octubre
CONTRA LA LITERATURA

La vida de ciertos escritores resulta a veces más interesante que su obra literaria. Es el caso de Lord Byron, es el caso de González-Ruano. A la larga, con muchos escritores ocurre lo mismo. O acaso sea que a mí, con los años, me va interesando más la vida que la literatura. Paso hoy por la librería de viejo habitual y salgo con un número de Espadaña, la revista leonesa de poesía y crítica, y con un número del ABC cuando todavía no era diario y me entretienen más los anuncios por palabras del segundo que los sonetos y otras gaitas (“Poesía es esperanza” afirma en el editorial) del primero.

Miércoles, 21 de octubre
MI CABALLO DE TROYA

Soy muy sensible a la adulación, es mi caballo de Troya. Como yo no tengo la costumbre de mentir y jamás he elogiado a ningún escritor por conveniencia o cortesía, tiendo a pensar que todos los demás hacen lo mismo y recibo con los brazos abiertos a cualquiera que se me acerca afirmando que le gusta mucho lo que escribo. Luego resulta que la admiración solo dura hasta que, tras varios intentos, se decide a pasarme para que lea, sin compromiso, y sea lo más sincero posible en la crítica, un libro suyo de poemas inéditos o, peor aún, una novela. Como no suelo responder a su admiración con la mía, en el mejor de los casos, el admirador o admiradora deja de aparecer por la tertulia; en el peor, pone algún desagradable comentario anónimo en alguno de los blogs que publico todas las semanas. El último anónimo –un anónimo muy reconocible-- me acusaba de ser un plagiario: “Un amigo mío está preparando una tesis doctoral con un catedrático de Valladolid que va a sacarte los colores de la cara descubriendo lo mucho que has robado a otros”.

            “Lástima grande que no sea verdad tanta belleza”, le repliqué plagiando a los Argensola.

Viernes, 23 de octubre
UN DILEMA

---Si tuvieras que escoger entre una vida de éxito literario y el olvido posterior o una vida de fracasos y la gloria póstuma, ¿qué escogerías?

            ---¿Ser Bécquer o ser Manuel Vilas, quieres decir? Es broma. Yo la verdad es que soy poco ambicioso, me conformo con tener un puñado de buenos lectores ahora y con seguir teniéndolos por toda la eternidad.




 

viernes, 16 de octubre de 2026

Aguas bravas: Acechan todavía


Domingo, 11 de octubre
VERDAD Y LENTEJUELAS

El placer de ir al cine, que yo conservo desde la adolescencia, no sería completo sin poder comentar la película con quien la ha visto a la vez que nosotros, sin miedo así a cometer ese nefando pecado contemporáneo que se llama spoiler. Hace tiempo que voy solo, pero al salir de la sala –llena al completo y con aplausos al final-- me encuentro con un amigo que quiere conocer mi opinión sobre la película que acabamos de ver, La bola negra. “A mí me ha gustado y en muchos momentos me ha emocionado”, dice.

            ---A mí también me ha emocionado y me parece muy oportuna en este momento. Me ha molestado una escena de sexo explícito, supongo que a como todo el mundo, pero nadie lo dirá por miedo a ser tomado por moralista o puritano. Es una mala costumbre cinematográfica que parece inevitable. Evitables, en cambio, son las llamativas incoherencias en el guion. Comienzan con la primera escena. Unos aviones pueden bombardear por error a los de su propio bando (creo que ocurrió una vez durante la guerra civil), pero lo que resulta inverosímil es que un pueblo prepare un recibimiento a lo “bienvenido, míster Marshal” porque una escuadrilla lo va a sobrevolar. ¿De verdad creían que se iba a ver desde el aire la sábana colgada con el nombre de Mussolini, que iban a escuchar los pilotos entre el ruido de los motores a la banda municipal? La bola negra es una historia de ficción basada en hechos reales, por eso no hay que juzgarla por su fidelidad a los hechos históricos, pero la ficción –incluso la del género fantástico— tiene su propia coherencia interna, que conviene respetar. ¿Qué pinta ese friso de floridos marineritos, como de anuncio de Jean Paul Gaultier, en la Granada de 1932? ¿O esa monja que lava minuciosamente a un miliciano desnudo, sin la cortesía de un taparrabos, y luego le pide al soldado que se encarga de su custodia que lo seque?¿Cómo es que ese soldado, que recibió una carta del miliciano para que se la entregue a su familia, la guarda durante ochenta años y, a su muerte, la deja en el testamento a su nieto para que sea él quien lo haga? Lo mismo que actualmente hay un coordinador de intimidad en las películas, para evitar los abusos de otras épocas, debería haber un coordinador de coherencia. No en el rodaje de la película, que esta vez ha estado en manos de buenos profesionales, sino en el momento de darle el visto bueno final al guion.  Guitarricadelafuente (curioso pseudónimo el de este actor y cantante) está muy bien en su papel del pueblerino Sebastián, pero Miguel Bernardeau, que hace de Rafael Rodríguez Rapún, más que un soldado republicano malherido que ha sufrido las penurias de la guerra, parece siempre recién salido del gimnasio. Y toda esa historia de que el tímido Sebastián abandonara años después a su mujer embarazada para irse a vivir a Cantabria con un señor que había conocido en el cine Carretas no tiene un pase. ¿Cómo es que ella no lo denunció por abandono e inmoralidad en aquella España franquista? Y que viviera más de cien años, murió en 2017, sin que en la película se haga mención a ese hecho, también resulta extraño. O que salvara el original de la obra de Lorca que da título a la película para luego tenerla escondida y dejársela en herencia a un nieto al que no ha visto nunca.

            ---O sea, que no te ha gustado.

            ---Todo lo contrario. Es un espléndido disparate lleno de verdad y lentejuelas. Y qué bien concluye con esos versos finales del soneto que Lorca le dedicó a Rodríguez Rapún: “Pero sigue durmiendo, vida mía. / ¡Oye mi sangre rota en los violines! / ¡Mira que nos acechan todavía!”

Lunes, 12 de octubre
UNA VIDA ESPAÑOLA

Releo Seguro azar, de Pedro Salinas en un ejemplar de la primera edición con la firma de su anterior propietario: “Luis Leal Crespo. Tenerife, 1929”.

            Tecleo con curiosidad en el teléfono ya los pocos instantes una ejemplar vida española aparece entera ante mis ojos: “Nació en Madrid en 1902. Maestro nacional y profesor de Escuela Normal. Desde 1927 a 1930 fue profesor en la Escuela Normal de La Laguna y desde 1930 a 1936 en la de Oviedo, de la que fue director desde junio de 1931. En diciembre de 1930 participó en la fundación de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza de Asturias. Procedente del Partido Republicano Radical Socialista ingresó en el PSOE en 1932. Aunque no tomó parte en la revolución de octubre de 1934, fue detenido permaneciendo un mes preso. Al producirse el golpe de julio de 1936, permaneció oculto en Oviedo hasta el 26 de septiembre siguiente que consiguió salir de la ciudad por el Naranco. En noviembre de 1936, embarcó en Santander hacia Francia, desembarcando en San Juan de Luz para desde allí trasladarse a Barcelona con el fin de hacerse cargo de los hijos de su hermano, inspector de Primera Enseñanza en Mallorca que había sido fusilado el 26 de agosto de 1936. Desde febrero de 1937 fue profesor de español en Béziers , organizando en dicha localidad el Comité de Ayuda a la República Española. En Béziers contrajo matrimonio con Pilar Munárriz Sánchez. Desde octubre de 1938 a febrero de 1939, perteneció al ejército republicano. Finalizada la guerra civil, se exilió a Francia cruzando la frontera por La Junquera el 5 de febrero de 1939. Desde Béziers, el 17 de marzo siguiente escribió a la Embajada de México en Francia solicitando ayuda para trasladarse a dicho país. Finalmente embarcó en Burdeos rumbo a la Republica Dominicana llegando a Ciudad Trujillo el 18 de enero de 1940. Dio clases en la Escuela Normal de San Cristóbal y en Ciudad Trujillo hasta que el 27 de septiembre de 1944 logró salir de la isla en avión con dirección a Caracas. Impartió clases en Valencia y después en Caracas en diversos centros educativos hasta que en 1953 fundó su propio centro, el Colegio Leal. Falleció en Miranda (Venezuela) el 14 de abril de 1976”.

            Todavía quedan alumnos que le recuerdan con cariño y han subido alguna foto suya a Internet.

Martes, 13 de octubre
ME GUSTA PRESUMIR
 

Abro el último libro de Manuel Alberca, publicado nada menos que por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y lo primero que me encuentro es con una frase lapidaria sobre mí: “García Martín, que alardea de sus defectos y manías, se tiene por el más inteligente de todos los diaristas y el más temido”.

            Qué bien me conoce este docto catedrático.

Miércoles, 14 de octubre
LORCA Y CERNUDA

“¿Le habría gustado a Lorca verse convertido en icono gay?”, me han preguntado alguna vez. Si viviera hoy, seguro que sí, pero al Lorca histórico por supuesto que no. Su orientación sexual perteneció por completo a su vida privada, nunca se refirió a ella en su obra, nunca habló de ella en público y en privado solo con amigos que participaran de las mismas inclinaciones.

            No es enteramente cierto que su familia tratara de ocultar esa faceta de su vida dificultando la publicación de ciertos textos, como los llamados “Sonetos del amor oscuro”, un título, por cierto, que no le puso él, sino Aleixandre, tan discreto como Lorca en su vida y en su obra sobre sus preferencias eróticas.

            El único que se salió del guion establecido en la época fue Cernuda, y pagó por ello (cuántas burlas en el epistolario Salinas-Guillén, qué aspavientos hace Juan Ramón Jiménez al aludir a la musa efébica de La realidad y el deseo). No tiene, por eso, mucho sentido la referencia a él que, en La bola negra, hace la hispanista que presenta un libro sobre Lorca gay en la biblioteca del Ateneo madrileño. Sobre Cernuda no hay secretos que desvelar.

            Si los ”Sonetos del amor oscuro” tardaron en publicarse fue porque solo había borradores y se esperaba encontrar una copia en limpio. Y no son en absoluto explícitos. El dedicado al parecer a Rodríguez Rapún, que tanto juego da en la película, se titula “El amor duerme en el pecho del poeta”; el amor, no el amante, que aclararía demasiado.

            A Cernuda, por cierto, aunque escribió aquello de “los marineros son las alas del amor”, no le gustaban demasiado ciertos exhibicionismos. Hizo todo lo posible para que sus Poemas para un cuerpo no fueran ilustrados por Álvarez Ortega porque recelaba de la índole “escandalosa” que pudieran tener esos dibujos. En carta al editor, aclara: “A mí no me importa que sus dibujos o mis versos puedan escandalizar a los españoles. Lo que me importa es que me haga ir más allá de donde yo me propongo ir ni tampoco que se quede más acá de dónde yo fui”. Aceptó por fin, pero no sin dejar de indicar que los consideraba inadecuados, triviales y en algún caso indecorosos (se negó a que aparecieran). A propósito de uno de ellos, escribió: “Qué obsesión con las braguetas tiene el bueno de Álvarez Ortega”. Resulta divertido imaginar lo que Cernuda habría opinado sobre La bola negra. 

Viernes, 16 de octubre
SÍ Y NO

¿De verdad me tengo por más inteligente que nadie, como afirman Manuel Alberca y la mayoría de mis amigos?

            Qué tontería. No sería tan inteligente como me creo si no supiera que no soy tan inteligente como me creo.





 

viernes, 9 de octubre de 2026

Aguas bravas: Tiempos recios

 

 

Domingo, 4 de octubre
CUARENTA AÑOS DESPUÉS

De la librería Matadero Uno me dicen que Bernardo Atxaga ha dejado un libro de Joseba Sarrionandia para mí. Paso a recogerlo, y resulta que ni siquiera es una obra suya, sino de Ángel Katarain, de quien ni siquiera he oído hablar.

            Con Sarrionandia tuve una breve relación epistolar hace más de cuarenta años. En no sé qué periódico de Madrid, apareció una breve reseña sobre los Cuadernos de Óliver que publicábamos por entonces. Nos escribió interesándose por ellos desde el lugar en que se encontraba por aquellas fechas: la prisión de Martutene. La correspondencia duró poco y recuerdo que hablamos de Pessoa, a quien él también había traducido. Me mandó un ejemplar de su versión de El marinero, una pequeña pieza dramática pessoana de no demasiado interés. De pronto, su nombre apareció en todos los periódicos. Se había fugado de manera rocambolesca escondido en los bafles de un grupo musical que actuaba en la cárcel. Y no supe más de él.

            ¿Por qué me hará llegar ahora este libro donde cuenta su vida un técnico de sonido que ha acompañado en sus giras –según leo en la solapa—“a un buen número de grupos del panorama musical vasco”?

             Mientras tomo un café, hojeo el libro y no tardo en averiguarlo. El capítulo titulado “Cuba, Martín, Martutene” viene a ser como una continuación de aquella remota correspondencia. En él se cuenta la sonada fuga de Sarrionandia, en la que Katarain tuvo un papel importante, y algo de lo que fue su vida en los años en que estuvo desaparecido.

            Cómo me habría gustado hablar de esto con Xuan Bello, gran amigo de Atxaga y la única persona que de vez en cuando me daba noticias de Sarrionandia y me pasaba poemas suyos.

Lunes, 5 de octubre
CADA VEZ MÁS CERCA
 

Estábamos charlando en la cafetería cuando se nos acercó un desconocido. “¿José Luis García Martín? ¿Podemos hablar un momento?”, me dijo muy serio.

            Salimos fuera, yo sorprendido y un poco asustado. Y no era para menos: un hermano suyo, amigo mío, se había suicidado y quería darme la noticia.

            Últimamente, Carlos Moreno y yo habíamos perdido el contacto. Personalmente solo nos habíamos visto una vez, hacía años, en Barcelona. Yo sabía poco de él, pero él parecía saber todo de mí: compraba mis libros desde hacía más de veinte años y alguna vez escribió sobre ellos. También publicó en Clarín atinadas reseñas sobre autores a los que los dos admirábamos mucho. Era un hombre culto y ponderado, con un trabajo ajeno a la literatura, y al que yo me imaginaba lo más alejado posible de los desarreglos afectivos propios de los escritores.

            Al llegar a casa, releo lo que escribió sobre mí en un libro homenaje que organizó Hilario Barrero: “Desde el principio, simpatizó uno con el personaje que protagoniza el diario, tal vez por procesos de identificación profundos, lo que incluyó a la persona del autor cuando tuve ocasión de conocerle personalmente en Barcelona. Me dejó la impresión de un carácter solitario, cordial, inteligente, generoso, culto y sensible”. En esas palabras, no me vi yo reflejado, pero sí le vi a él.

            No tenía pareja ni hijos, vivía solo en un piso con miles de libros, pulcramente colocados en estanterías que llenaban todas las paredes (el hermano me enseñó fotos), era de mi edad, no estaba enfermo. ¿Qué pasaría por su cabeza para hacer lo que hizo? En su familia nadie se lo explica.

            Y yo, con ese egoísmo que nos caracteriza a los seres humanos (especie a la que, muy a mi pesar, sigo perteneciendo), siento su muerte menos por él que por mí. ¿Quién está a salvo, por muy razonable que sea, de que algún día se le crucen los cables y haga alguna locura?

            Pasan los años. Los tiros suenan cada vez más cerca.

Martes, 6 de octubre
UNA OBVIEDAD

Como me gusta llevar la contraria, yo procuro no hablar de política. Pero no puedo dejar de anotar, después de escuchar una y otra vez a tantas mentes preclaras acusar a Pedro Sánchez de no respetar la Constitución con la ley de la amnistía, que quien no la respetaba (y de manera gravísima, atentando contra los derechos de determinados ciudadanos) era el Tribunal Supremo.

            Y no añado nada a esa obviedad, que de sobra sé cómo se las gastan sus señorías.

Miércoles, 7 de octubre
MATAR ES MÁS VIRIL

Agustín Miranda fue uno de los más prometedores escritores jóvenes de los años treinta. Poeta innovador, colaborador de la Revista de Occidente, abandonó la literatura en 1935, a los veinticinco años. Solo publicó un libro, Cartas de la Guinea. Entre 1937 y 1939 había residido en esa colonia española. El azar –que es mi mejor guía de lecturas-- hace que me lo encuentre en mi librería de viejo habitual y que lo lea mientras tomo un café en Los Porches. Es un ejemplo de la mejor literatura, su prosa poco tiene que envidiar a Ortega o a Jarnés, puesta al servicio de la peor causa.

            “Ante el bosque, ante lo salvaje, como ante la fiera, caben dos actitudes: matarla o domesticarla. El resultado es el mismo. La diferencia estriba en que matarla es más viril; pero, en cambio, tiene más gracia domesticarla”.

            “La población indígena, en las colonias que por su clima admiten la repoblación del hombre blanco, puede ser ignorada por los colonizadores o incluso, si principios superiores no se lo vedan, ser exterminada”.

            “Para evadirse de su mundo, el negro solo encuentra un camino: el alcohol. El problema del alcoholismo del indígena hay que buscarlo en esa psicosis creada en sus espíritus por su conciencia de ser los habitantes de un mundo donde todos los apoyos ceden bajo sus manos ansiosas, donde no hay escape posible”.

            “Civilizar al negro es, pues, en el más literal sentido de la palabra, liberarlo, trasplantarlo a un mundo de luz y esperanza, a un mundo ordenado y estable, regido por la razón”.

            No sé por qué me asombra este almibarado racismo, este razonar con cuidada caligrafía, la barbarie colonialista, la supremacía del hombre blanco, que entonces parecía tan natural como la superioridad del hombre sobre la mujer. Hace tiempo que sé de la admiración de Heidegger, y otras mentes preclaras, por Hitler.

            En realidad, no me asombra, me aterra. Entre los jóvenes escritores que admiro y sigo hay más de un Agustín Miranda. El fascismo de antes, como el neofascismo que se nos echa encima, no es cosa solo de políticos sin escrúpulos, matones descerebrados y multitudes asustadizas y crédulas. Y eso es lo que me da más miedo.

Jueves, 8 de octubre
UN GRANO EN EL CULO

---¿Pero no tienes nada que decir sobre la acampada de Sol, el adelanto electoral, la muerte de la anciana desahuciada?

            ---Prefiero no hablar de política, Bueres, ya sabes. La invasión de los ultracuerpos, recuerda la película, parece avanzar imparable. Ya ni los jueces ni la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, tan aplaudida por la derecha como sostén de la democracia, son lo que eran. Leo en los periódicos –al principio pensé en un bulo, pero parece que va en serio-- que jueces y abogados participantes en una siniestra trama que pretendía asustar a la jueza Beatriz Biedma para que dejara en paz al hermano de Sánchez contactaron, por Facebook, con una mujer conocida como La Celsa, viuda de un narcotraficante muerto en ajuste de cuentas, para que le diera un susto. Desde otro perfil de Facebook, al parecer falso, le plantearon la necesidad de “hacer una limpieza” en los juzgados de Badajoz. ¿No sería que querían contratar a una limpiadora?, me pregunto con una carcajada. Cuando España, media España para ser más ciertos, no había perdido la cabeza, un informe así va directamente a la papelera y el magistrado le monta una bronca a quien se lo trae: “Pero, criaturas, ¿dónde habéis aprendido a investigar? ¡Esa trama resulta inverosímil incluso en las aventuras de Mortadelo y Filemón!”. Claro que también podemos verle el lado bueno a estos disparates utilizados como munición electoral. Si la UCO no tiene cosa mejor que hacer que investigar las declaraciones de una buena señora que afirma, en un programa de entretenimiento televisivo, que un juez la llamó para decirle que una jueza era como “un grano en el culo”, es que vivimos en el mejor de los mundos posibles.          

Viernes, 9 de octubre
SIGUEN AHÍ

En política, un problema solo es problema si acapara los titulares. Con el covid, que todavía anda por ahí vivito y coleando, dejaron de aterrarnos en cuanto abandonó las primeras páginas porque había comenzado la guerra de Ucrania. Ahora Ceuta, una de las grandes bazas electorales de la oposición, pasa a segundo plano por el asuntillo de la vivienda. No tardará un golpe de efecto judicial (¡lástima que se jubilara el juez Peinado!) en tratar de tapar a Maricarmen.

            Lo malo es que los problemas, los mayores, los menores y los aterradores, como el genocidio en Gaza, siguen existiendo, aunque dejen de ser trending topic.