Sábado,
21 de marzo
UN REGALO INESPERADO
No es mal sitio para presentar libros una antigua
estación de ferrocarril. Al final de la presentación de Aire en el aire,
en el maravilloso Museo del Ferrocarril de Gijón, mientras estoy firmando
ejemplares, alguien le entrega al presentador, José Luis Argüelles, para que me
lo pase un sobre con un libro mío que compró en un mercadillo de Mieres.
Se trata
de Tinta y papel, publicado hace cuarenta años, y lleva pegadas a las
páginas en blanco varias fotografías mías aparecidas en la prensa. En una de
ellos, que no recordaba, estoy con Ángel González y Carmen Gómez Ojea.
En libro
lleva un curioso exlibris familiar, que no aclara el nombre del propietario.
Bajo las siluetas de una mujer y un hombre aparecen las iniciales y las fechas
de nacimiento; en el centro, dos círculos que se entrecruzan y una fecha, que
debe ser la de la boda; de ellos surge un árbol con cinco ramas, cada una
también con una fecha, que debe ser las del nacimiento de los hijos. Entre las
páginas, encuentro recortes periodísticos de algunas páginas de mi diario.
¡Cómo me
gustaría saber quién fue este anónimo lector, charlar con él, averiguar cómo
este libro, que conservó cuidadosamente durante tanto tiempo, fue a parar a un
mercadillo!
Bueno, esto último parece fácil de adivinar. Tras su muerte –ahora estaría cerca de los cien años, nació en 1928--, los herederos tendrían que deshacer la casa y los libros se pusieron a volar por su cuenta. Y Tinta y papel, a través de manos anónimas, supo llegar hasta las mías. Qué maravillosa manera de celebrar la entrada de la primavera y el día de la poesía.
Domingo,
22 de marzo
FICCIÓN Y AUTOFICCIÒN
Al salir del cine, como cada domingo (me gusta
mantener las buenas costumbres), me encuentro con mi amigo Ángel.
---¿Qué
película has ido a ver? Déjame que adivine. Torrente presidente seguro
que no. Habrás ido a ver a Almodóvar. Eres como Carlos Boyero. Te parece
vomitivo, pero no te pierdes ninguno de sus estrenos.
---Hombre,
vomitivo… Yo no diría eso. Reconozco que lo hago con algo de mala conciencia.
Sé que voy a encontrarme con una nadería pretenciosa, pero no lo paso mal
riéndome de su ampulosidad y disfrutando con la puesta en escena. Tiene gusto
como decorador, de eso no hay duda. Y sabe dirigir a los actores. Incluso
podría ser un buen director de cine si no se empeñara en rodar sus propios
guiones. Este último lo ha promocionado diciendo que es una obra de
autoficción, pero por lo que se ve parece que sabe tanto de autoficción, como
Carmen Machi, que hace de Carmen Machi en un sketch tópicamente almodovariano
(Rosy de Palma hace de Rosy de Palma en otro), de lo que es un cineasta de
culto. El protagonista es un actor de unos cincuenta años, Leonardo Sbaraglia, que
representa a un viejo y famoso director (Almodóvar) que depende de sus
ayudantes para que le recuerden desde cuando tiene que tomar las medicinas
hasta cuando tiene que ir al año (nunca he visto un mayor error de casting).
Lleva años sin dirigir, pero no por falta de un productor, sino porque no se le
ocurre nada que contar. Almodóvar no parece haberse enterado de que esa es una
profesión distinta que solo en raros casos (y en malas películas por lo
general) coincide con la del director. Por fin tiene una idea y comienza a
escribirla. Hablará de la crisis de una directora, no de un director, y ese
guion es lo que vemos, ya filmado, alternando con la historia del alter ego de
Almodóvar. Mise-en-abyme e ingenuo cine dentro del cine. La alter ego del alter
ego del director manchego tiene un amante que es bombero y en sus ratos libres
stripper que actúa en despedidas de soltera (lo que le sirve de pretexto a
Almodovar para ofrecernos una de sus actuaciones completas y una,
afortunadamente breve, incursión en el vestuario de los bomberos). El conflicto
dramático, el gran problema que se plantea nuestro gran cineasta, es el daño
que se puede hacer con la autoficción. Su ayudante arma una escandalera porque,
al leer el nuevo guion del jefe, todavía sin terminar, se encuentra con que la
protagonista tiene una amiga que ha perdido un hijo en accidente y ella tiene
una amiga que ha perdido un hijo por enfermedad.
---¡Pues
menuda intromisión!
---Habría
que explicarle a nuestro Bergman y Fellini, todo en una pieza, que, más que en
la autoficción, la intromisión se produce en las novelas en clave, en las que
tras los personajes se esconden personajes reales y se nos cuentan sus secretos
y sus fechorías. En la autoficción, el protagonista de la novela coincide, en
nombre y otras circunstancias, con el autor, al igual que en la autobiografía,
pero en lo que se cuenta aparecen detalles ficticios: el narrador se llama
Javier Cercas, por ejemplo, pero nos habla de su paso por la cárcel cuando
sabemos que nunca estuvo en ella.
Lunes,
23 de marzo
NO TENGO CORAZÓN
---Una cosa que me ha sorprendido de tu poesía
reunida –me dice uno de los primeros lectores de Aire en el aire-- es
que no hay en todo el libro una sola dedicatoria. Debes de ser el único poeta
que no se acuerda nunca ni de su familia ni de sus amigos. Tampoco aparece el
nombre de ninguna pareja. Parece que eres una máquina de leer y escribir, una
máquina sin corazón.
---¡Ojalá lo fuera! Yo tengo otras maneras de agradecer cariño y compañía. El poema, si verdaderamente lo es, y no un desahogo, debe volar libre, al margen de las circunstancias del autor.
Martes,
24 de marzo
SE ACLARA EL
ENIGMA
---José
Luis, esto es magia. Sin conocernos de nada, el algoritmo de Facebook nos ha
conectado. El domingo, al abrir el teléfono, me sale la foto del exlibris de mi
padre. Soy Luci, la del 57. Vivo en Huelva. Mi padre se llamaba Marino
Fernández Canga. Vivía en Mieres. Tenía una biblioteca estupenda, con más de
cinco mil volúmenes. Siempre nos decía que cuando él no estuviese nos
encargásemos de los libros. Que repartiéramos primero entre nosotros y después
hacer una donación a una biblioteca y que la sección de apicultura con todas
las revistas de Vida Apícola se la regaláramos a un apicultor.
Ninguna
biblioteca nos quiso los libros. Encontramos al apicultor y a muchos amigos de
mi padre que nos ayudaron, se llevaron muchos libros, pero aquello no
descendía. Teníamos treinta días para poner la casa en venta. Guardamos solo
sus escritos: de etnografía, inventos, mapas y poesía. Desde hace muchos años
escribía e ilustraba haikus. Le adjunto el que dedicó a la muerte de su mujer, "Tristeza". También guardamos, por supuesto, sus cuadros y sus
esculturas. Las fotografías eran un tema difícil. Un amigo de mi padre, al que
conocimos en ese momento, nos propuso hacer un archivo fotográfico y le dejamos
todos los álbumes y fotografías familiares. Pero llegó un momento en el que el
tiempo se nos echó encima y no conseguimos deshacernos de todos los libros. Lo
pasamos bastante mal. Después de consultar con distintas empresas que compran
libros especiales, tenía que decidir qué hacer. Al final, sin tiempo, y con
muchísima pena, terminaron como el tuyo en el mercadillo.
Jueves,
26 de marzo
COLECCIÓN PARTICULAR
Desde hace tiempo me ha dado por coleccionar
estrictos coetáneos, gente nacida en 1950, y ver cómo envejecen. Almodóvar es
uno de ellos, el poeta Luis Alberto de Cuenta otro. No nos parecemos en nada,
salvo en el deterioro que traen los años y del que todos se dan cuenta menos
uno mismo, que se sigue viendo como siempre.
“Tú, que
has sigo tan cruel, y lo siguen siendo, con la etapa ultima de Guillén, ¿no
temes que a ti ahora te acusen de lo mismo, de escribir poemas facilones y
llenos de ripios?”, me preguntó José Luis Argüelles a propósito de mi libro Entrada
libre.
La
verdad es que no lo temo y para demostrarlo esta mañana, en Los Porches, tras
leer La vejez del poeta, de Javier Salvago, otro de 1950, escribí unas
“Aleluyas de la edad” que subí inmediatamente a Facebook: “Se multiplican los dones /
y también los tropezones. / Son las cosas de la edad, / conviene conformidad. / Por si amor llama a tu puerta, / procuras dejarla abierta. / Y siempre con alegría / saludas al nuevo día. / Lo que fui lo sigo siendo / y conmigo bien me entiendo. / Cualquier cosa me entretiene, / ese insecto que va y viene. / Pessoa, Dante, Machado / comienzo a dejar de lado. / Lo que yo en ellos buscaba / en ellos no está ni estaba. / ¿Estará en alguna parte? / Otros sabrán contestarte. / Yo soy de buen conformar. / Me basta ver y admirar”.
Viernes, 27 de marzo
DE VEZ EN CUANDO
Qué
aburrido tratar de ser sublime sin interrupción. De vez en cuando, viene bien
hacer un poco el ridículo. Son cosas que se aprenden con la edad.


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