Domingo, 1 de noviembre
LO QUE HA PASADO
---¿Vas
a seguir votando a Pedro Sánchez después de lo que ha pasado? ¡Ese canalla de
ministro!
---¿De lo que ha pasado? Se sabe
desde pocos momentos después del accidente, pero todos tratan de ocultarlo, o
enturbiarlo o de echar balones fuera.
---No te entiendo.
---La derecha rabiosa sale a la
calle a exigir linchamientos; si por ella fuera se encarcelaría a todo el
consejo de ministros y al dictador que lo preside se le cortaría la cabeza,
como al coronel Riego, y se pasearía su cabeza por las calles de Madrid. La
izquierda habla de falta de inversiones, de si había un sistema de control que
no era el más moderno, de si los trabajadores estaban estresados y bla bla bla,
Saben que este accidente les va a restar votos y tratan de minimizar los daños.
---Y tú sabes lo que pasó.
---Y lo sabe todo el mundo. Alguien
–un ser humano, no un sistema informático averiado-- ordenó al maquinista de un
tren cargado de pasajeros que se lanzara contra otro tren, también lleno de
pasajeros, detenido unos pocos kilómetros más allá.
---¡Qué bruto eres!
---Pues eso fue lo que ocurrió. Los
trenes se detuvieron porque falló el sistema que los contralaba, como había sucedido
otras veces por diversas causas, pero ese fallo no puso en riesgo la seguridad
de nadie. A partir de este momento, el control quedó a cargo de trabajadores
especializados. El problema que se planteaba era de fácil solución.
---¡Se equivocaron de protocolo!
---¡Qué protocolo ni qué narices!
Hasta un alumno de primaría podría resolverlo: tengo dos trenes parados en la
misma vía y que van al mismo destino, ¿cuál debo poner primero en marcha, el
que está delante o el que está detrás?
---Simplificas la tragedia como si
fuera un juego de niños.
---Quien dio la orden al segundo
tren de avanzar a la alta velocidad normal ¿no sabía que había un poco más
adelante otro tren detenido?
---Creía que ya se había puesto en
marcha.
---¿Y no tuvo la precaución de
comprobarlo cuando de ello dependía la vida de cientos de personas? Yo no sé si
el ministro dimitirá o no, yo no sé si la extrema derecha arrasará o no en las
próximas elecciones, lo que sí sé es que, aunque la alta velocidad española fuera
la más modernizada del mundo, el accidente de Urda podría haber ocurrido
igualmente: cualquier sistema de señalización puede fallar en algún momento por
causas propias o ajenas y eso no supone ningún riesgo, ni con el BLZ ni con el ERTMS. En ambos casos se detienen los
trenes y quedan a cargo de un controlador hasta que se recupere el sistema. A
ver qué dice la jueza encargada del caso, pero en principio parece tratarse de un
homicidio involuntario. Y si el trabajador fuera de origen marroquí o de
cualquier país musulmán, seguro que ya se estaría investigando como un posible
caso de terrorismo.
Martes, 3 de noviembre
LA PRINCESA
LAVANDERA
Cuántas
cosas que ignoro, afortunadamente. Encuentro hoy en la librería de viejo
habitual, Mis memorias, de María de las Nieves de Braganza y Borbón.
Nunca había oído hablar de ella, una heroína del carlismo.
Estas memorias se publicaron en
1934, pero tratan de hechos ocurridos sesenta años atrás: Mis memorias sobre
nuestra campaña en Cataluña en 1872 y 1873 y en el centro en 1874. Se basan
en el Diario de campaña que llevó la autora por aquellas fechas, las de
la tercera guerra carlista, por eso están llenas de pequeños detalles exactos,
los que a mí más me gustan.
En 1872, Amadeo en el trono de
España, el pretendiente carlista, Carlos VII, llama a su hermano Alfonso, que
entonces residía en Malta, para ponerle al frente de la sublevación que pronto se
va a iniciar en Cataluña. Alfonso desembarca en Marsella con su mujer, María de la Nieves, de veinte años, y la
policía francesa hace todo lo posible para impedir su paso a España. Durante un
tiempo se han de alojar, de incógnitos, en diversas residencias de
simpatizantes. Una de ellas, situada en Bedarieux, “una pequeña ciudad
industrial, apartada, a la que conduce una línea lateral de ferrocarril”, tiene
enfrente un colegio femenino. La calle era estrecha “y cada vez que Alfonso se
asomaba un poco a la ventana, se asomaban las pollitas a la suya para mirar al
interesante y bien parecido joven”.
Otra vez se alojaron en un castillo
con un hermoso parque, y allí María Nieves se encontró con un problema: “Como
se sabía que los señores del castillo no se encontraban a la sazón en este,
existía cierta dificultad para la colada. Una vez, estando Alfonso fastidiado
por no tener camisa de noche limpia, aproveché cierto día que tuvo que ir a
Breziers a una entrevista con gente de la Causa, y me puse a hacer de
lavandera. La única experiencia de este oficio la tenía cuando de niña lavaba
la ropa de mis muñecas; además, el hacerlo en aquella ocasión resultaba
bastante difícil, pues que carecía de agua caliente; así que, poco a poco, tuve
que hacerla hervir en una máquina de té, pero de modestas dimensiones. Cuando
volvió Alfonso, estaban mis dedos ensangrentados a causa del enérgico frotar;
pero la camisa, limpia”.
Miércoles, 4 de noviembre
ACOSO A LA VERDAD
El
ministro de Transportes, con buen criterio, ha decidido dimitir después de
aclarar, hasta donde le ha sido posible, el accidente de Urda y tomar todas las
medidas posibles para mejorar la seguridad. Y lo curioso es que buena parte de
los reproches que recibe se deben a que trató de decir, desde el primer
momento, la verdad. “¿Qué hubieran hecho ustedes en mi lugar? ¿Cuál era la
alternativa, ocultarlo, disfrazarlo, inventarlo? ¿Hay alguna versión
alternativa de los hechos?”, se ve obligado a preguntar.
La pasión política lleva a esos
extremos: si para echar toda la culpa al gobierno hay que ocultar la causa
inmediata del accidente, que no se debió a ninguna avería ni a ningún fallo
mecánico, sino a una orden errónea dada por un controlador, pues se oculta y a
seguir con la labor de acoso y derribo, que es lo único que importa.
Me da la impresión de que, tras los tropiezos de Brasil y Estados Unidos, la oposición teme que, a pesar de tener todas las encuestas a favor, a ellos les ocurra lo mismo.
Jueves, 5 de noviembre
DOS CABALLOS
¡Qué
personaje María de las Nieves de Braganza y Borbón! Memorias de un hombre de
acción tituló Baroja la serie de novelas que dedicó a Aviraneta; Memoria
de una mujer de acción podría titularse una serie protagonizada por María
de las Nieves, y no sería menos apasionante.
Aparte de sus andanzas por España
durante la tercera guerra carlista, tuvo tiempo de recorrer el mundo, visitar
las trincheras de la Gran Guerra, participar activamente en el frustrado golpe
de Sanjurjo, apoyar la sublevación de 1936 con la idea de que acabaría
colocando a su marido, convertido en pretendiente desde 1931, en el trono de
España. Luchó siempre –desde los veinte años hasta su muerte, cerca de los
noventa-- por una causa que no era la mía, pero no puedo dejar de admirarla. En
sus memorias, no incluye ninguna fotografía del rey cuya causa defendía, el
Carlos VII que admiró Valle-Inclán y al que Rubén Darío conoció en Venecia,
pero sí de sus dos caballos favoritos durante las campañas de 1873 y 1874:
Tordito, caballo andaluz que le fue regalado por la Junta Carlista de Gerona, y
Calatravo, de pelo castaño y negruzco, que “fue cogido al enemigo con todo un
escuadrón de caballería del regimiento de Calatrava” y al que llevaron consigo
a la emigración. “Murió –anota con cariño--
a la edad de treinta y tres años; tenía a la sazón los bríos de un
caballo joven”.
Viernes, 6 de noviembre
PINTOR Y POETA
En
cuestión de enfados por las inevitables asperezas de la relación humana, no creo
ser yo de los rencorosos. Las deudas conmigo, como con Hacienda, prescriben
pasado un cierto tiempo. Pero hay quien, cuando se ofende, se ofende para toda
la vida.
Cernuda intentó la reconciliación
con Ramón Gaya, que había sido su gran amigo en la época de la República y las
Misiones Pedagógicas, dedicándole, en la edición de 1958 de La realidad y el
deseo, la última que editó en vida, “Retrato de poeta”, un poema que habla
de pintura y destierro. Era un gesto de reconciliación, pero Gaya, el
inflexible Gaya, no aceptó esa mano que Cernuda le tendía.
¿Cuál había sido la imperdonable
ofensa? La acaba de contar Eloy Sánchez Rosillo en Plenitud del presente, un
hermoso recuento de su amistad con el pintor. Ocurrió en 1949, durante
unas vacaciones de Cernuda en México, donde vivía Gaya. Concha de Albornoz
acudió a visitarle a su estudio acompañado de Leonora Carrington, la pintora
surrealista, y de Cernuda. Gaya tenía clavadas en la pared con chinchetas
algunas reproducciones de obras que admiraba y el poeta, a poco de llegar, hizo
algún comentario jocoso acerca de una de ellas. Gaya, irritado, le dijo que a
partir de ese momento “seguiría leyéndolo, pero que sus relaciones personales
se habían acabado”. Y se acabaron para siempre.
Yo, algo burlón y bastante impertinente
por naturaleza, me he topado también con ciertos Gaya.



















.jpeg)
.jpeg)








.jpg)


.jpeg)