sábado, 21 de mayo de 2022

Elogio de la cordura: Choque de reyes

 

Sábado, 14 de mayo
SOY UN CONSERVADOR

Al salir de Las Salesas me encuentro con una mesa de la “Consulta Popular Estatal Monarquía o República”. Voto con alegría en ese referéndum no vinculante. ¿Preferiría que lo hubiera sido? Por supuesto, pero no estoy muy seguro de que ese caso hubiera votado a la república. Los cambios de régimen, siempre ilusionantes para una parte de la población y traumáticos para otra, solo se producen con una quiebra clara del régimen precedente. Y si eso no ocurrió con el anterior jefe del Estado —el regalito que nos dejó Franco y que aceptamos como mal menor—, menos parece que vaya a ocurrir en fecha próxima con el actual, honesto y capaz. Si hubiera hoy un referéndum para decidir la forma del Estado, creo que ganaría por mayoría abrumadora la monarquía. Los votos republicanos no pasarían del treinta por ciento.

—¡Y entonces por qué tanto miedo a un referéndum? ¿Por qué la prensa no habla de este en el que has votado? ¿Por qué en muchos lugares se ha tratado de impedir la colocación de las mesas?

—Hay “demócratas” a los que les aterra dejar decidir a los ciudadanos. Mira lo que pasó en Cataluña. Si yo fuera miembro del Consejo de Estado…

—¡Eres un megalómano, Martín!

—Es una manera de hablar, Marcos. Quiero decir que si me pidieran consejo sobre cómo dar mayor legitimidad a la monarquía de Felipe VI, como marcar una ruptura clara con la de su padre, propondría una reforma de la Constitución para el final de esta legislatura. Una reforma de solo el punto en que ningún partido puede estar en desacuerdo: la desaparición de la preferencia del hombre sobre la mujer en la sucesión a la jefatura del Estado. Luego habría que someter esa reforma a referéndum y disolver las cortes. Los españoles tendrían una nueva ocasión de votar la Constitución y, por tanto, la forma monárquica del Estado.

—¿Y si no la aprueban?

—Ese el es miedo de algunos. La aprobarían, tenlo por seguro. Yo votaría sí. Podría salir el no, pero ese es un riesgo consustancial con la democracia.

—¡Estás hecho todo un hombre del sistema, Martín!

—La verdad es que soy poco aventurero, más bien un conservador. Pero conservador solo de lo que merece ser conservado.

Domingo, 15 de mayo
AMÉRICA CHÁVEZ

Mientras veo Doctor Strange en el metaverso de la locura recuerdo unos versos de Ángel González: “Yo mismo me encontré frente a mí mismo / en una encrucijada”.

Como a la mayoría de los adolescentes, me gustan las películas de superhéroes, que me parecen la versión contemporánea de las enredadas historias de dioses y semidioses en la antigüedad clásica. No siempre recuerdo quién es quién entre tantos personajes como se entrecruzan en estas sagas y a cada paso estoy a punto de tropezar con alguna inconsistencia, pero me dejo llevar por esa otro lógica, la de los sueños y los mitos.

América Chávez, qué bonito nombre, es una adolescente que pasa, no sabe cómo ni por qué, de un universo a otro. ¿Habrá alguno en el que yo, sin dejar de ser yo, lleve la vida que me gustaría vivir? Aunque en realidad, ya la llevo en un ochenta por ciento y para el veinte restante, en lugar de andar dando vueltas por el metaverso, prefiero el ensueño y la fantasía.

Lunes, 16 de mayo
LA MADRE O EL PADRE

Encuentro de pronto, en el revuelto batiburrillo de libros nuevos y viejos en que vivo, los tres tomos de la Revista Española de Ambos Mundos, que se publicó entre 1853 y 1855. Más que la parte literaria, me interesa la crónica política y el minucioso relato —se publica en tres partes— del “Alzamiento popular de 1854, desde la cuestión de ferrocarriles hasta la entrada del duque de la Victoria en Madrid, y disposiciones posteriores”, la famosa Vicalvarada o Revolución de Julio. Y me llama la atención especialmente todo lo que tiene que ver con la reina emérita de entonces. Un escrito enviado por los sublevados a Isabel II decía así: “Desoiga vuestra majestad los consejos artificiosos y parciales de la reina madre. Esa señora parece que llevó a vuestra majestad en su seno y la dio a luz para complacerse luego en inmolarla a su capricho. Poco severa ella misma en los principios de sana moral, ni supo inculcarlos en el ánimo de vuestra majestad cuando fue niña, ni se cuidó más que de acumular oro y de preparar desde temprano un peculio crecido a su futura prole. Llegada la época del matrimonio, vuestra majestad sabe muy bien las sugestiones que empleó la reina madre para que aceptase un esposo que no tenía otro mérito, a sus ojos, que el de no creerlo hábil para menoscabar la influencia que ella quería ejercer en los negocios del Estado. Jamás madre alguna obró con menos solicitud para asegurar la felicidad doméstica de su hija. Por este medio continuó siendo el alma del gobierno, dando siempre consejos encaminados a su propio beneficio. Apenas ha habido contratas lustrosas de buena o mala ley, especulaciones onerosas, privilegios monopolizadores a que no se haya visto asociado el nombre de la reina madre. El resorte para que un ministro o un hombre público hayan obtenido la protección y apoyo de esa señora, o provocado su animadversión, ha sido pactar o no con ella el servicio de sus intereses”.

            La condición primera de los revolucionarios para seguir aceptando como reina a Isabel II fue que desterrara a su madre, María Cristina de Borbón, a pesar de lo que había hecho por el liberalismo. Se marchó de España en 1854 y solo volvió, fugazmente, cuando su nieto, Alfonso XII, fue rey. En París siguió con sus sucios negocios, el más lucrativo de los cuales fue el de la esclavitud.

            ¡Que diferentes y qué semejantes la España de ayer a la de hoy!

Martes, 17 de mayo
EL DAÑO QUE TÚ ME HICISTE

En alguna parte del metaverso soy otro sin dejar de ser yo; de vez en cuando, en el sueño o en la vigilia, me llegan ráfagas de esas distintas vidas. Entrecierro los ojos y me oigo cantar con voz ronca: “El daño que tú me hiciste / lo tengo bien olvidado, / el que sin querer te hice / todavía me hace daño”.

Miércoles, 18 de mayo
ESPAÑA, ESPAÑA

En la tertulia virtual, Jon Juaristi, que es una caja de sorpresas, canta “La República en España”, del mexicano Guty Gutiérrez: “A contarles vengo la última noticia / que en el mundo entero la atención merece: / hoy la vieja España es republicana / y ya no es monarca don Alfonso XIII”. Yo ni había oído hablar de ese corrido. Me gusta el estribillo: ”España, España, tu valentía / la monarquía ya destruyó; / España, España, tu vieja historia / tiene otra gloria por tu valor”.

            A Guty Gutiérrez lo asesinaron poco después en una cantina de ciudad de México. El asesino fue un comerciante español, ferviente monárquico, Ángel Peláez Villa, natural de Posada de Llanes.

Jueves, 19 de mayo
HABÉIS DE JURAR, SEÑOR

Asisto, en Santa Gadea de Burgos, “do juran los fijosdalgos”, a la solemne proclamación del rey. De pronto, me levanto, me acerco al estrado y, nuevo Cid Campeador (hasta en los sueños soy un poco megalómano), con voz solemne me dirijo al todavía príncipe, ante el silencio pasmado de la concurrencia: “Que arte ni parte tuvisteis / habéis de jurar, Señor, / en turbios tejemanejes / de vuestro progenitor. / Y si juráis os prometo / que como buen español / honrado me sentiré /de ser vuestro servidor. / Si no juráis o mentís, / que os empapele Garzón / y que os expulsen de España / a Beijing  o a Waterloo  /  y que vuelva la República /  que reluce más que el sol”.

Viernes, 20 de mayo
QUE NO QUIERO VERLE

“Señor presidente, señor presidente, ¿no podría prepararme usted un improrrogable viaje de Estado para esta semana? Ir a Kiev, por ejemplo, para mostrarle a Zelenski el inquebrantable apoyo del pueblo español al ucraniano en su heroica lucha contra los invasores”, “Imposible en tan corto plazo, Majestad; esas cosas requieren su tiempo”, “Es que no quiero verle, no quiero verle. Qué bien ha hecho mi madre en largarse a Miami. ¿Puedo hablar claro, presidente? ¿Ha desinfectado bien de Pegasus su teléfono? No quiero verle, capaz es de abroncarme delante de todos. Fuera de casa parece muy campechano y simpático, pero no quiera saber usted el mal genio que se gasta dentro. Retemblaban los muros de la Zarzuela cuando perdía los nervios porque alguien se atrevía a llevarle la contraria. ¿No podríamos evitar a los medios de comunicación, con el pretexto de que es una visita privada, y hacerle entrar por una puerta y salir por la otra sin que yo ni siquiera tenga que saludarle?”, “Se hará lo posible, Majestad. Pero son asuntos de familia en los que el gobierno ni entra ni sale. Y en cuanto al Pegasus ese, ¿pues qué quiere que le diga? Uno lo compra para espiar a los catalanes y luego hasta me espía a mí, el regador regado. A lo mejor nos encontramos un día con esta conversación en un periódico, pero no se preocupe, nadie va a creérsela”.



sábado, 14 de mayo de 2022

Elogio de la cordura: Guerra y paz

 

Domingo, 8 de mayo
LA RUSIA ACTUAL

Si en ciertas cuestiones he sido el hombre más desafortunado del mundo (en el amor, sin ir más lejos), en otras he tenido suerte. Como otros su dosis de whisky, o de lo que sea, yo para sentirme a gusto necesito un libro que me apasione. Esta mañana, en un puesto de todos a un euro, encuentro tres. El primero que hojeo es de Gómez Carrillo. Se editó en París en 1906 y está dedicado, con primorosa caligrafía de la época, a Gómez de Baquero, el crítico que sucedió a Clarín. ¿Cómo habrá llegado hasta aquí? Qué apasionante novela la que contara su historia desde que salió de la Rue des Saints-Pères, donde estaba la imprenta de Garnier Hermanos, los mecenas de la bohemia española  de fin de siglo, hasta este mercadillo ovetense.

            La Rusia Actual de la que nos habla Gómez Carrillo es la inmediatamente posterior a la revolución de 1905. El frívolo cronista del bulevar se pone serio y se ocupa de la situación del campesinado, los obreros, los estudiantes, los judíos y de la inmisericorde represión de un zar aturdido y en manos de aristócratas descerebrados y fanáticos religiosos. En el último capítulo, abandona la ambición sociológica para trazar estampas costumbristas. Un amigo le lleva al Acuario, el más famoso local de la “alta galantería”.

            —Los que quieren divertirse se encierran en los gabinetes particulares. Una vez allí se acabó la gravedad. El señor feudal surge cruel, exigente. Ante su voluntad todo debe doblegarse. Para eso paga. A los camareros los trata como a esclavos y a las mujeres peor aún. En cuanto un grupo se pone de acuerdo sobre la belleza de una de las chicas que cantan, ya se sabe: toman un salón y llaman al gerente. “¡Champaña y la número tantos!”. Porque para ellos las mujeres no tienen nombre, solo el número con que figuran en el programa. ¡Y la número tantos tiene que acudir! ¡Y tiene que beber! ¡Y tienen que prestarse a todos los caprichos! Las rebeldías son raras. Las pobres saben que si disgustan a los señores, el empresario las echará, obligándolas a pagar una indemnización o haciéndolas encarcelar con cualquier pretexto. Hace apenas quince días una bailarina americana se negó a bailar en la intimidad ante tres o cuatro personajes borrachos. Los bárbaros comenzaron por maltratarla brutalmente. Luego, para evitar reclamaciones, la acusaron de haberles robado un alfiler de diamantes. Como se trataba de una mujer enérgica que supo hacerse proteger por su cónsul, hubo un escándalo. ¡Pero si supierais lo que se hace con las rusas, que no tienen recursos diplomáticos, o con las españolas o con las italianas! Yo he visto a más de una bella sevillana llorar, con el traje roto y con el cuerpo herido, en esos pasillos misteriosos.

Lunes, 9 de mayo
VAYA, VAYA
 

Parece que, según leo hoy en El País, el gobierno intentó “poner en marcha una reforma legal para cambiar o eliminar la actual inviolabilidad del rey sin necesidad de modificar la Constitución”. A juicio de la entonces vicepresidenta, Carmen Calvo, “jurista y doctora en Derecho Constitucional”, según enfatiza el diario, para cambiar la inviolabilidad del monarca no habría que tocar la Constitución, bastaría “con revisar una ley o un estatuto de la Casa Real”.

            No me extraña que Carmen Calvo coincida conmigo y con cualquier persona que sepa leer y lea íntegro el artículo 56.3 de la Constitución, en el que queda claro que la inviolabilidad se refiere solo a los actos que llevan el refrendo del gobierno, a las actuaciones como jefe del Estado. Lo que sería preciso es una disposición que indique a qué tribunal le corresponde enjuiciar los posibles delitos privados. Que ya no son solo una muy verosímil hipótesis en el caso del rey desterrado. La Fiscalía del Tribunal Supremo lo investigó —por lo tanto puede ser investigado ante cualquier indicio de criminalidad— y probó que había defraudado a Hacienda, aunque luego archivara la causa “conforme a la interpretación que del alcance de la inviolabilidad viene haciendo la Fiscalía del Tribunal Supremo y la Sala Segunda del Tribunal Supremo”. Me gusta ese “viene haciendo”, que deja bien a las claras que podría hacerse otra interpretación —la de Carmen Calvo, por ejemplo— que no permitiera a un Al Capone (al que en principio detuvieron por no pagar a Hacienda, no lo olvidemos, y no por los delitos que le permitieron acumular la fortuna por la que no pagaba a Hacienda) ser jefe del Estado español.

Martes, 10 de mayo
MI BUENA FORTUNA
 

Hace veinte años comenzaron los encuentros poéticos de Valdediós. Este verano participará de nuevo Xuan Bello, uno de los cuatro poetas que leyeron entonces. Le hago una foto para el libro correspondiente y la comparo con la que aparece en el que inaugura la serie. El tiempo, gran escultor, no deja de manosear su obra, pero no siempre para mal. Hace veinte años ya conocía yo a Xuan Bello desde hacía otros veinte años. Y sigue siendo mi amigo, aunque yo no soy un amigo fácil: nunca tuve nada de peluche ni de paño de lágrimas y sí mucho de puercoespín.

Otros también han seguido siendo amigos a pesar de que son escritores y yo he hablado de sus libros no siempre para bien, o no he hablado, lo que es peor. Los hay que no, claro, y yo tiendo a creer que los menos inteligentes, pero no estoy seguro de que se trate siempre de una cuestión de inteligencia. Yo suelo —lo sé de sobra, no falta quien me lo repita— sobrevalorar la propia y minusvalorar la de los demás. Algo muy humano, por otra parte. En mi caso, hay algo de pose. Conozco mis limitaciones, pero detesto tanto la falsa modestia —soy alérgico— que me gusta incurrir en lo contrario: la falsa vanidad. Quizá lo que sobrevalore no sea mi inteligencia (que valoro en su justo punto), sino la inteligencia en general. Pero eso no puedo evitarlo. Y no entiendo por tal solo la capacidad de resolver arduas cuestiones físicas o metafísicas, sino la de, ante un problema concreto, ser capaz de encontrar la mejor solución en el menor tiempo posible, sea un pequeño problema doméstico o sentimental o grandes embrollos como en los que andamos metidos. ¡Aterra pensar que Europa está en manos de úrsulas y borreles!  Y de gobernantes que no utilizan la inteligencia, sino los servicios de inteligencia, que no es exactamente lo mismo, sino más bien todo lo contrario.

            Hago recuento de los amigos que dejaron de serlo —todos ellos escritores y, salvo Miguel d’Ors, bastante mediocres— y de los que siguen siéndolo a pesar de todo. Ganan por goleada. Podré sobrevalorar mi inteligencia, pero lo que no sobrevaloro es mi buena fortuna.

Miércoles, 11 de mayo
EGOÍSMO Y GLORIA

No tengo nada de bibliófilo, no compro los libros por su rareza, sino porque me apetece leerlos de inmediato. Entre los hallazgos del domingo en el Fontán, se encuentran los Estudios literarios de Lord Macaulay. Se editaron en 1879 y llevan un sello de la librería de Juan Martínez en la plazuela de Riego. Seguro que los compró un amigo de Clarín o el propio Clarín. No han perdido nada de su encanto, a ratos disparatado, muy inglés. Le gusta al joven Macaulay —los escribió cuando tenía veintipocos años— cuestionar a figuras ilustres. La fama de Petrarca le parece desproporcionada. Petrarca era un egoísta, pero este defecto, aborrecido de todos en la vida real, “presta a las narraciones, cuando son escritas, un encanto indecible”. Pone los ejemplos de Rousseau, Byron, Wordsworth. “Hay ahora —añade— una multitud de pretendientes a la celebridad que hacen los mayores esfuerzos para lograr el interés del público mostrando las deformidades y llagas de su modo de ser moral e intelectual, y hay otros que aún llevan más lejos su imitación de los mendigos, pues simulan males que no tienen para llamar la atención e implorar mejor la atención pública. Este artificio presta indefinible seducción a las obras que ya por sí mismas tienen mérito verdadero, debido a que siempre tenemos curiosidad de saber algo del carácter y de las interioridades de aquellos hombres cuyas producciones leemos con placer”.

            O sea que quien solo se preocupa y habla de sí mismo en la vida cotidiana resulta detestable, pero en literatura alcanza gloria y fama. No me vendría mal que Lord Macaulay, en este punto, tuviera razón.

Jueves, 12 de mayo
VA PARA LARGO

“Parece que lo de Ucrania va para largo”, me dice Abbás al servirme el primer café. “Hasta las próximas elecciones norteamericanas por lo menos”, le respondo. “Yo creía que se iba a llegar pronto a un acuerdo, pero me equivoqué. A una de las partes no le interesa ningún acuerdo, sino desgastar a Rusia lo más posible para el mundo solo tenga un amo”.

Viernes, 13 de mayo
GANAR Y PERDER

¿De qué te quejas, amigo Martín? Para una persona como tú, que desprecia tanto la inteligencia de los demás, triunfar, ser aclamado por la mayoría, homenajeado por las instituciones, sería un fracaso. Y que te marginen, que no tengan en cuenta tus sabios dictámenes sobre esto y aquello, todo un triunfo.

            —No me quejo, amigo Bueres.




sábado, 7 de mayo de 2022

Elogio de la cordura: Yo, sí

 

Sábado, 30 de abril
INCLUSO EL DIABLO

“Un cierto número de biografías e innumerables historias escritas en el ardor de las batallas de propaganda de dos guerras mundiales me han descrito bajo todos los defectos inimaginables. He sido representado como maestro de espías y hombre misterioso, como intrigante y conspirador político y como diplomático de dos rostros. Me han tenido por un ser atontado y un candoroso jinete incapaz de comprender las verdaderas ilaciones de una situación política. Se ha escrito de mí que soy un reaccionario de corazón endurecido que deliberadamente urdió la subida de Hitler al poder y apoyó el régimen nazi con toda la influencia a su alcance. He sido acusado como el arquitecto de la sumisión de Austria y el exponente de la política agresiva de Hitler cuando fui embajador en Turquía”.

            ¿Cómo no sentirse atraído por un personaje así? Comenzó su trayectoria pública con el puesto de agregado militar de la embajada alemana en el México de la revolución. El ministro de la guerra, el general Blanquet, en la presentación oficial, le saludó con estas palabras. “Yo fui el sargento que mandaba el pelotón de fusilamiento que ejecutó al emperador Maximiliano en Querétaro”. Más de medio siglo después describió desde dentro —era uno de los inculpados— el proceso de Nuremberg, tan dudoso legalmente, tan justificado política y quizá moralmente. Y describe así al principal inculpado: “En las conversaciones que celebré con Goering durante el período final del proceso y el pronunciamiento de las sentencias, encontré en él el mismo carácter jovial y franco que siempre le conocí. Sin preocupación alguna por su muerte segura, discutía a menudo con Neurath, Keitel y conmigo ciertas fases del pasado. Me contó que en los últimos años de la guerra llegó a pensar que Hitler estaba loco, pero no pudo hacer nada por remediarlo. Como persona, Goering tuvo muchas virtudes. Fue un hombre de carácter abierto y varonil, con un gran encanto personal. Mantuvo este hasta el final”.

            Hojeo las Memorias de Franz von Papen, de quien solo sabía que fue el aprendiz de brujo que entregó a Hitler la jefatura del gobierno creyendo poder manejarlo, y de inmediato comienzo a leerlas y no puedo dejar de hacerlo hasta la última página, y son más de seiscientas. Medio siglo de historia de Europa vista desde otro punto de vista. El confortable blanco y negro desaparece y es sustituido por una infinita gama de grises. Incluso el diablo tiene sus razones. Qué apasionante sería escucharlas.

Domingo, 1 de mayo
TODAVÍA

Los dos versos finales de un soneto de Edna Saint Vincent Millay me vienen con frecuencia a la memoria: “Solo sé que el verano cantó en mí / un breve tiempo, y ya no canta más”.

            Pero yo de vez en cuando aún oigo cantar al pájaro de la felicidad. El breve tiempo, aunque sea intermitentemente, dura todavía.

Lunes, 2 de mayo
LAS DOS VARAS DE MEDIR

“Oigo patria tu aflicción / y escucho el triste concierto / que forman tocando a muerto / la campana y el cañón.”

            Como de niño me enseñaron a admirar el heroico comportamiento de los españoles el 2 de mayo, luchando contra los invasores y el gobierno que los legitimaba (a un representante de ese gobierno, el poeta Meléndez Valdés, estuvieron a punto de lincharle en Oviedo), nunca acabé de entender del todo la diferencia entre un patriota, digno de todos los honores, y un despreciable nacionalista capaz de llegar al crimen por defender a su país.

“En este mundo traidor, / nada es verdad ni es mentira. / Todo es según el color / del cristal con que se mira”.

Martes, 3 de mayo
LO QUE NO CUENTO

Una vez a la semana, más o menos, visito a mi psicoanalista de cabecera y le cuento cosas que no me atrevería a contar ni al más íntimo de mis amigos.

            —-Cada vez me invade más la sensación de fracaso. No por no ser rico (soy más bien austero y como no tengo familia me bastaría con el salario mínimo); no por vivir solo (creo que nadie me aguantaría, ni yo aguantaría a nadie, más de una semana); no por no haber recibido premios, importantes o no (soy de los que piensan que galardón rima con baldón y con humillación), sino por no tener poder, capacidad de influir, de manipular a la opinión pública. Debería haber sido más ambicioso, pero escogí —equivocadamente— ser feliz antes que ser importante. Y ahora, ni una cosa ni otra. Veo, como Casandra, las desdichas que se avecinan y no puedo hacer nada por evitarlas porque nadie escucha mis advertencias. En el actual conflicto entre Rusia y la OTAN, Ucrania pone los muertos, Europa sufre las consecuencias económicas y Estados Unidos se frota las manos mientras su economía crece y crecen los votos para el partido del Presidente. En Ucrania —que tiene un actor en la jefatura del Estado— se está representando una versión actualizada de La Numancia de Cervantes. Los numantinos no pueden vencer a los romanos, pero pueden desgastarlos lo más posible, antes de perecer por completo, mientras lejos del conflicto, al otro lado del mar, los rivales de los romanos se frotan las manos. A Europa y a Ucrania les conviene llevarse lo mejor posible con Rusia, que es parte y prolongación de Europa. A Estados Unidos, que se lleven de la peor manera posible para que la Federación Rusa no les haga sombra en el liderazgo mundial, ahora que China se ha enredado los pies de la más estúpida manera con el famoso virus que creyeron haber derrotado triunfalmente. ¿Que qué haría yo para terminar esta guerra? Forzar a las dos partes a negociar. Una Ucrania neutral, las regiones culturalmente rusas con una autonomía especial que protegiera su identidad (algo así como la de Euskadi en el Estado español), una investigación imparcial e internacional de los posibles crímenes de guerra, cosas así. Lo que inevitablemente acabará ocurriendo (aunque con bastantes más muertos y destrucción de por medio) si a alguno de los monaguillos de la OTAN (el gobierno inglés ya está en ello) no se les ocurre añadir al guion de Zelenski unas líneas para que envíe algunos de esos misiles que recibe como ayuda humanitaria a territorio ruso. Entraríamos en un principio de acción y reacción que pasaría a la historia —si después sigue habiendo historia— como tercera guerra mundial. De más nimia manera (y sin que nadie se diera cuenta de lo que se les venía encima) empezaron las anteriores, si es que esta todavía no ha empezado.

            Estas cosas le cuento yo a mi psicoanalista, o se las contaría si tuviera psicoanalista. Mejor así. Mejor no contárselas a nadie. Vivimos en un mundo en el que la Verdad es lo que las autoridades competentes —en Rusia o en “el mundo libre”— deciden que sea la verdad. Pensar por cuenta propia se ha convertido en una actividad de riesgo.

Miércoles, 4 de mayo
POR QUÉ SOY TAN IRRITANTE

“No eres mala persona, no careces de ingenio, pero eso no impide que seas pesado e insoportable, ni que resulte sumamente penoso convivir contigo. Todas tus buenas cualidades quedan ensombrecidas y son inútiles para el mundo porque eres incapaz de dominar la manía de tener siempre la razón, de criticarlo todo y ser maestro en todo. Eso te convierte en la persona más irritante que conozco.”

            Seguro que la mayoría de los contertulios de los miércoles —y no solo— tienen esa opinión de mí, pero son palabras que las madre de Arthur Schopenhauer le escribió a su hijo, por entonces de diecinueve años. Como Arthur se creía un genio, y lo era (en lo primero nos parecemos), seguro que le hicieron tanta gracia como me hacen a mí.

Jueves, 5 de mayo
ABUELITO, CUÉNTAME

Asisto al estreno del largometraje, largo de verdad, Más moderna que Londres, de Iván Martínez y Carlos Navarro, sobre el Oviedo de los ochenta. Parece que entonces la ciudad levítica que dormía la siesta sintió de pronto un apretón psicodélico y se puso perdida de sexo, drogas y rock and roll. Yo ni mi enteré. En aquellos años, como ahora, me retiraba a casa en torno a las diez, salvo que Enrique Bueres me invitara a su programa “El expreso de media noche”, que hizo un poco de hilo musical de la época, pero en el que también se hablaba de literatura. Me aburre un tanto todo este recuento de bares míticos, pero me divierte verme en pantalla grande hablando de la tertulia Óliver junto a imágenes de los contertulios de entonces, tan jovencitos. Y me emociona ver a Víctor Botas (Miguel Munárriz cuenta la vieja historia de que algunos pensaron que era una invención mía) haciendo su último saludo desde el escenario. Yo le vi salir de la cafetería tras aquel saludo y luego ya no le vi más, aunque nunca dejara de verle y de leerle. Enrique Bueres es uno de los hilos conductores de este cuento de viejos que un día fueron jóvenes que viajaban a Londres y que lograron que fuéramos más modernos que Móstoles. Se trata de un Enrique Bueres que hace tiempo que se ha bajado de su legendario expreso y ahora se dedica a alertarnos sobre las amenazas del feminismo y del pensamiento inclusivo. “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, que diría Neruda. ¿Nosotros? Yo, sí, y así me luce “el poco pelo que me va quedando”, que diría Víctor Botas.




 

 

 

sábado, 30 de abril de 2022

Elogio de la cordura: Orgullo y melancolía

  

Sábado, 23 de abril
VAYA SEMANITA

El miércoles comí con Luis García Montero, Jon Juaristi y Darío Villanueva; el jueves, con los reyes y con un centenar de políticos, poetas, novelistas y pintorescas estrellas mediáticas, como Paz Padilla; hoy sábado acompaño en La Corte ovetense a Luis Alberto de Cuenca. Una semanita entretenida, ciertamente.

            A Luis Alberto de Cuenca le conozco desde hace medio siglo. Al principio formaba pareja —literaria se entiende— con Luis Antonio de Villena y ambos eran los dos poetas jóvenes que desde Madrid se incorporaban a la nómina novísima de Castellet. En un principio, a mí me interesaba más el segundo que el primero, que me parecía en exceso libresco y pedantesco. Pero luego, más o menos a mediados de los ochenta, Villena dejó de entusiasmarme y mi admiración se desplazó hacia Luis Alberto. En 1988, vino por primera vez a Oviedo y leyó sus versos en la Biblioteca del Fontán en un acto organizado por Eduardo Errasti, de tan errática y desdichada peripecia vital. He coincidido con él muchas veces y en muchos sitios (recuerdo, especialmente, un encuentro en Sofía) y he hablado bien y mal de sus libros. Él se lo ha tomado todo con su caballerosidad habitual y ha seguido siendo buen amigo mío, como lo es de todo el mundo. Yo admiro en él todo aquello en lo que no se parece a mí.

Como los anfitriones ovetenses le han dejado a su aire, sin hotel en el que cobijarse en este día lluvioso, me acompaña a casa. Le advierto de que es más revuelta leonera de estudiante, con libros amontonados por todas partes, hasta en la cocina que lugar para recibir visitas. “¡Cuánto has escrito! —me dice al ver la media docena de estanterías con mis publicaciones—¡Más que yo, pero no tanto como Trapiello!”

            Pasamos un rato divertido entremezclando a Calímaco con Colinas, a Alfonso de Valdés con Alfonso López Gradolí, hasta que nos llega la hora de acudir al palacio del Conde de Toreno, aquel prócer al que tan poco quería Espronceda, para hablar de la poesía de Emilio Alarcos. Intervenían también, además de su hijo Miguel, Ricardo Labra y Javier Almuzara. El primero todavía no me ha perdonado los reparos que puse a su obra magna sobre Ángel González (tampoco era para tanto, teniendo en cuenta que yo le pongo peros al lucero del alba); le regalé un ejemplar de mi libro Casual, en un intento de hacer las paces; no dijo ni gracias, pero por lo menos se lo quedó (a lo mejor lo tiró al salir a la papelera, como hizo García Montero con las obras completas de no sé qué vate local). Almuzara estuvo tan brillante como de costumbre y ya parece haber aprendido a callarse a tiempo y no alargarse con propinas que acaban fatigando. Al final del acto, se le acercó una de las asistentes. “Ha sido el mejor de todos”, le dijo en voz muy alta de manera que nos enteráramos todos. Y tenía razón

Domingo, 24 de abril
CARTA Y PARÁBOLAS

En un número de la revista El hogar, “ilustración semanal argentina para la mujer, la casa y el niño”, correspondiente a mayo de 1940, encuentro un texto desconocido de Borges —o eso me parece: no lleva firma— y “Una carta del doctor Fritz Thysssen, miembro del Reichstag, a Hitler”. La carta está fechada en Locarno el 28 de diciembre de 1939, poco después de conocer que le han desposeído de todos sus bienes: “Mi conciencia está limpia. Me siento libre de toda culpa. Mi único error ha sido el de haber creído en usted, el Führer Adolfo Hitler, y en el movimiento dirigido por usted, en el que creí con el corazón ardiente de un alemán apasionado. Desde el año 1923 me he empeñado con los mayores sacrificios por el movimiento nacionalsocialista, he hecho prosélitos y he luchado por usted, sin desear o pedir nada para mí, animado exclusivamente por la esperanza de ayudar con ello a nuestro desgraciado pueblo alemán”.

            Parece que Thyssen y Hitler, antes de ser enemigos mortales, fueron los mejores amigos. Leo esa carta, hoy un documento histórico, como cuando era un arma de combate. Hitler en 1940 era el futuro; estar con él era estar con los vencedores. Las viejas revistas son el mejor modo de viajar en el tiempo, volver a un pasado que el presente siempre simplifica. Y la propina, en este número de El hogar, una revista para la mujer que no trataba a la mujer como si fuera menor de edad intelectual, de tres parábolas arameas, que a mí me gusta pensar que Borges escribió o reescribió.

            Un leopardo encontró a una oveja muerta de frío. “Ven —le dijo— que yo te arroparé con mi piel”. Y la arropó tan bien en su interior que la oveja no volvió a sentir frío.

            Un oso hambriento se acercó a un rebaño de corderos. “Si me entregáis uno, os dejaré en paz”. Le dieron al más débil y le gustó tanto que a partir de entonces  volvió todos los días a por otro hasta que no quedó ninguno.

            El dios sol, cansado de rodar por el cielo, se hizo hombre y se enamoró de una pastora. Tuvieron siete hijos como siete soles.

Lunes, 25 de abril
PARTE DE MI VIDA

No me había dado cuenta del día que era hoy hasta que, inesperadamente, me llegó un intenso aroma de felicidad. El 25 de abril, nunca del todo ajados los claveles, no es solo una fiesta institucional portuguesa, es también un episodio de mi biografía. Me enteré confusamente, cuando iba a tomar un tren esa mañana, y al principio creí que los militares se sublevaban para reforzar la dictadura y evitar la supuesta apertura de Marcelo Caetano. No hacía mucho que Pinochet había hecho de las suyas en Chile. Pronto supe la verdad. La revolución podía ser como una fiesta.

Cuando unos meses después me detuvieron, los policías se llevaron de mi casa todos los libros en portugués, aunque fueran Os Lusiadas, convertidos de pronto en materia subversiva y las cartas de un poeta de Braga con el que había iniciado correspondencia tras la publicación de Marineros perdidos en los puertos. Por breve tiempo, Portugal fue un país familiar y utópico. Recuerdo aquel puente de hierro tembloroso sobre el Miño, la primera frontera que crucé. Y todavía, cuando llega esta fecha, siento que queda algo de la fragancia de aquellos claveles en el fondo del vaso.

Martes, 26 de abril
NO SIMPLIFIQUÉIS

“Cómo te gusta llevar la contraria”, me reprochan. Y tienen toda la razón. Las unanimidades siempre me han resultado sospechosas. Basta que todos digan blanco para que yo diga negro, y no porque crea que es negro, sino para llamar la atención de que nada es tan blanco como parece.

            “El que no está conmigo está contra mí”, dicen los enemigos de la equidistancia, del escuchar a ambas partes antes de tomar partido. Y, al menos en mi caso, tienen razón. Yo estoy en contra de todos los que piensan así.

Miércoles, 27 de abril
PARA NO REPETIR

Para no repetir lo que otros habían dicho, decidió leer todos los libros antes de escribir alguno. Y no escribió ninguno.

Sus poemas eran tan buenos que no le parecían suyos y, en efecto, no lo eran.

Aquel autor de best seller hasta que no publicó un libro que vendió solo media docena de ejemplares no se creyó un escritor de verdad.

Era un poeta tan hermético que sus libros se vendían con un abrelatas.

Solo publicaba primeros versos, esos que dicen que son regalos de los dioses.

Era tan elegante que, para tomar partido, siempre esperaba a que estuviera claro quién iba a ser el perdedor.

No entender lo que no se quiere entender, aunque se entienda, es todo un arte.

Se enamoraba siempre de la misma mujer, aunque cada vez se enamorara de una mujer distinta.

¿Todo libro contiene algo bueno? En ciertos casos, la palabra fin.

Hay libros de un solo uso.

La retórica es el arte de decir bien lo que queremos decir y de callar mejor lo que no queremos decir.

El dolor hecho arte duele menos, pero emociona más.

Callar a tiempo y hablar en el momento justo, en eso radica el arte de la conversación.

Las novelas son para los que se aburren con la vida.           

Jueves, 28 de abril
UN PEQUEÑO PASO

Esta mañana di mis últimas clases. Las primeras, lo recuerdo bien, tuvieron lugar en marzo de 1972. “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”, dijo Neil Armstrong al pisar la luna. En mi caso, es insignificante para la humanidad, pero nada desdeñable para un hombre. Algo de orgullo se mezcla con la melancolía propia de la ocasión.

Viernes, 29 de abril
SER Y NO SER

No hay un día en que al despertar no me asombre de la existencia del mundo.

Hay muchas maneras de existir y Dios ha escogido la más cómoda.