Domingo, 18 de octubre
UN NIETO DEL CID
La
historia de la literatura, como cualquier historia, tiene mucho de cuento. ¿Es
un gran poeta Vicente Huidobro? De los grandes poetas que aparecen en los
manuales de literatura española es quizá el menos poeta, el más mixtificador.
Al margen de alguna de las cartas que se intercambiaron, anotó Guillermo de
Torre: “Este hombre no sabe escribir ni en castellano ni en francés”. Puso toda
su fortuna –que era mucha-- al servicio de sus ambiciones literarias. A mí
recuerda al caso de Justo Jorge Padrón, no mal poeta al principio, en la estela
de los que a mí más interesaban en los años setenta: Francisco Brines, Juan
Luis Panero, Juan Gil-Albert. Luego enloqueció de megalomanía y su única
obsesión era ganar el Nobel.
Por un curioso azar hoy encuentro su
Obra poética 1971-1980, con una generosa dedicatoria, y el Mio Cid
Campeador, de Huidobro, que seguía intonso desde que lo compré, y que me
entretengo en abrir y leer. Pero no acaban aquí las coincidencias. Por mi
oficina de Los Prados, es un decir, pasan esta tarde Virginia Gil Amate y
Carlos Fernández, un profesor de Santander que mañana imparte en el Milán una
conferencia sobre Huidobro que demuestra, con nuevos documentos, lo que ya se
sabía: que El espejo de agua, la obra inaugural del creacionismo,
supuestamente publicado en Buenos Aires y en 1916, en realidad se publicó en
Madrid y años después, cuando ya el poeta había pasado por París y se había
puesto al tanto de las últimas modas literarias.
Al volver a casa, releo la
correspondencia de Huidobro con Guillermo de Torre, que me divierte bastante
más que la obra literaria de uno y de otro. El término creacionismo, afirma,
nada tendría que ver con Reverdy, surgió en una conferencia que él dio en
Buenos Aires en 1916. Pero ahora Carlos Fernández ha encontrado varias
referencias periodísticas a esa conferencia que parecen indicar que en ella no
se habló para nada del creacionismo.
Me gusta una frase que leo que una
de las cartas de Huidobro: “El ultraísmo no es más que el futurismo en tonto”.
Borges, uno de sus inventores, tenía razón al considerarlo poco más que una
olvidable anécdota. Ningún lector verdadero de poesía se interesa por él, pero
da mucho juego a los investigadores de intrascendentes minucias y ocupa su
lugar en las clases de literatura.
Justo Jorge Padrón, de quien
acabaron renegando todos sus valedores, empezando por Aleixandre, puso todo su
empeño y su fortuna en ocupar un sitio en la historia de la literatura, pero ha
desaparecido por el escotillón tras ser considerado poco más que un pintoresco
figurón. Huidobro, ahí sigue, una de las glorias poéticas de Chile, que no todo
ha de ser Neruda.
Mio Cid Campeador, con
ilustraciones de Ontañón que conservan todo su llamativo colorido, se lo
dedica a un abuelo suyo que al parecer descendía de Alfonso X el Sabio, que a
su vez estaba emparentado con el Cid. El mamotreto –novela de poeta, lo
califica-- es un disparate que, a ratos, no deja de tener gracia. Así describe
el momento en que es engendrado el Cid: “Diego Laínez, fogoso, rudo, infantil,
se precipita sobre su mujer y entra en su carne, se hunde debajo de su piel con
energías de guerrero descansado, ansioso de batallas, impaciente de victorias. La
tierra toma el ritmo de esos cuerpos resollantes y suspira como una montaña. El
infinito se vacía, el universo vacila y durante un minuto el sistema planetario
se detiene. Dios, mirando por el ojo de la cerradura del cielo, sonríe”.
Lunes, 19 de octubre
DIARIO SECRETO
Un
amigo me regala, defraudado, un libro que lleva el titulo de Diario secreto
de José Antonio. “¡Yo creí que iba a hablar de sus amores secretos con
Lorca!”, me dice. “No estaría mal para completar este año de locura lorquiana”,
le responde.
Ya Celaya contó que Lorca y José
Antonio se veían todas las semanas. Al parecer, daban vueltas por Madrid en un
coche con las cortinillas corridas (¿había coches así?), no se sabe si
conspirando o plagiando un famoso pasaje erótico de Madame Bobary. A
Ximénez de Sandoval, autor de una biografía apasionada de José Antonio, le
escuché yo una conferencia en Avilés en la que insinuaba ciertas afinidades
entre ambos a las que no se atrevía a poner nombre. ¡Qué otra bola negra o bola
infinita podría sacar de aquí un guionista imaginativo!
Pero en este diario secreto –en
realidad, una agenda con muy pocas páginas escritas-- la única escena erótica
que aparece, bastante inesperada, por cierto, es con una amiga y en un coche.
José Antonio, católico a machamartillo, parece luego muy arrepentido de haber
pecado.
En el libro se alude a un poema de
Alfonso López Gradolí, uno de los primeros poetas que yo conocí personalmente.
Fue en 1971, en Burgos, a donde había ido a recoger un premio literario, el
único al que me presenté en mi vida, organizado por la revista Artesa. Él había
ganado otro premio, en su caso a un poema. Me lo enseñó el organizador, Antonio
L. Bouza, y yo nada más leer los primeros versos dije: “¡Pero este poema no es
inédito!¡Se ha publicado en la revista Papeles de Son Armadans!”. “¿De
veras?”, me dijo, sin acabar de creérselo del todo. “¡Si yo estoy suscrito!”.
Lo comprobamos y él escondió el ejemplar: “Calla, calla, tengamos la fiesta en
paz”.
Recuerdo que Félix Grande, que acompañó
la entrega de premios con una conferencia acerca de la joven poesía española,
contó un chiste sobre los nuevos poetas entonces más polémicos: “Dicen que
Castellet, después de los Nueve novísimos, va a publicar otra antología
que titulará Siete mesinos”.
Más tarde repetiría Gradolí el engaño de Artesa: en 1977 ganó el premio Provincia con un libro, Las palabras, que ya había sido publicado en 1971 con el título de Las señales del tiempo sin más cambios que dedicarle el primer poema a Antonio Gamoneda, que formaba parte del jurado junto a Emilio Alarcos. Yo conté la pequeña estafa, creo que en una reseña de Jugar con fuego, pero nadie me hizo caso. Y el poeta poco escrupuloso, que por entonces ganaba muchos premios y publicaba en todas las revistas, no me lo tuvo en cuenta y en 1985 me envió, amablemente dedicados, sus Poemas falangistas. Releo ahora uno de ellos, “Era el día veintinueve, aludido por Martín Otín en su supuesto Diario secreto de José Antonio, una especie de collage periodístico sobre el día en que se fundó la Falange y me parece que tiene un valor que por antipatías ideológicas yo no quise ver en su momento.
Martes, 20 de octubre
CONTRA LA
LITERATURA
La vida de ciertos escritores resulta a veces más interesante que su obra literaria. Es el caso de Lord Byron, es el caso de González-Ruano. A la larga, con muchos escritores ocurre lo mismo. O acaso sea que a mí, con los años, me va interesando más la vida que la literatura. Paso hoy por la librería de viejo habitual y salgo con un número de Espadaña, la revista leonesa de poesía y crítica, y con un número del ABC cuando todavía no era diario y me entretienen más los anuncios por palabras del segundo que los sonetos y otras gaitas (“Poesía es esperanza” afirma en el editorial) del primero.
Miércoles, 21 de octubre
MI CABALLO DE
TROYA
Soy muy
sensible a la adulación, es mi caballo de Troya. Como yo no tengo la costumbre
de mentir y jamás he elogiado a ningún escritor por conveniencia o cortesía,
tiendo a pensar que todos los demás hacen lo mismo y recibo con los brazos
abiertos a cualquiera que se me acerca afirmando que le gusta mucho lo que
escribo. Luego resulta que la admiración solo dura hasta que, tras varios
intentos, se decide a pasarme para que lea, sin compromiso, y sea lo más
sincero posible en la crítica, un libro suyo de poemas inéditos o, peor aún,
una novela. Como no suelo responder a su admiración con la mía, en el mejor de
los casos, el admirador o admiradora deja de aparecer por la tertulia; en el
peor, pone algún desagradable comentario anónimo en alguno de los blogs que
publico todas las semanas. El último anónimo –un anónimo muy reconocible-- me
acusaba de ser un plagiario: “Un amigo mío está preparando una tesis doctoral con
un catedrático de Valladolid que va a sacarte los colores de la cara
descubriendo lo mucho que has robado a otros”.
“Lástima grande que no sea verdad tanta belleza”, le repliqué plagiando a los Argensola.
Viernes, 23 de octubre
UN DILEMA
---Si
tuvieras que escoger entre una vida de éxito literario y el olvido posterior o
una vida de fracasos y la gloria póstuma, ¿qué escogerías?
---¿Ser Bécquer o ser Manuel Vilas,
quieres decir? Es broma. Yo la verdad es que soy poco ambicioso, me conformo
con tener un puñado de buenos lectores ahora y con seguir teniéndolos por toda
la eternidad.






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