viernes, 16 de octubre de 2026

Aguas bravas: Acechan todavía


Domingo, 11 de octubre
VERDAD Y LENTEJUELAS

El placer de ir al cine, que yo conservo desde la adolescencia, no sería completo sin poder comentar la película con quien la ha visto a la vez que nosotros, sin miedo así a cometer ese nefando pecado contemporáneo que se llama spoiler. Hace tiempo que voy solo, pero al salir de la sala –llena al completo y con aplausos al final-- me encuentro con un amigo que quiere conocer mi opinión sobre la película que acabamos de ver, La bola negra. “A mí me ha gustado y en muchos momentos me ha emocionado”, dice.

            ---A mí también me ha emocionado y me parece muy oportuna en este momento. Me ha molestado una escena de sexo explícito, supongo que a como todo el mundo, pero nadie lo dirá por miedo a ser tomado por moralista o puritano. Es una mala costumbre cinematográfica que parece inevitable. Evitables, en cambio, son las llamativas incoherencias en el guion. Comienzan con la primera escena. Unos aviones pueden bombardear por error a los de su propio bando (creo que ocurrió una vez durante la guerra civil), pero lo que resulta inverosímil es que un pueblo prepare un recibimiento a lo “bienvenido, míster Marshal” porque una escuadrilla lo va a sobrevolar. ¿De verdad creían que se iba a ver desde el aire la sábana colgada con el nombre de Mussolini, que iban a escuchar los pilotos entre el ruido de los motores a la banda municipal? La bola negra es una historia de ficción basada en hechos reales, por eso no hay que juzgarla por su fidelidad a los hechos históricos, pero la ficción –incluso la del género fantástico.-- tiene su propia coherencia interna, que conviene respetar. ¿Qué pinta ese friso de floridos marineritos, como de anuncio de Jean Paul Gaultier, en la Granada de 1932? ¿O esa monja que lava minuciosamente a un miliciano desnudo, sin la cortesía de un taparrabos, y luego le pide al soldado que se encarga de su custodia que lo seque?¿Cómo es que ese soldado, que recibió una carta del miliciano para que se la entregue a su familia, la guarda durante ochenta años y, a su muerte, la deja en el testamento a su nieto para que sea él quien lo haga? Lo mismo que actualmente hay un coordinador de intimidad en las películas, para evitar los abusos de otras épocas, debería haber un coordinador de coherencia. No en el rodaje de la película, que esta vez ha estado en manos de buenos profesionales, sino en el momento de darle el visto bueno final al guion.  Guitarricadelafuente (curioso pseudónimo el de esta actor y cantante) está muy bien en su papel del pueblerino Sebastián, pero Miguel Bernardeau, que hace de Rafael Rodríguez Rapún, más que un soldado republicano malherido que ha sufrido las penurias de la guerra, parece siempre recién salido del gimnasio. Y toda esa historia de que el tímido Sebastián abandonara años después a su mujer embarazada para irse a vivir a Cantabria con un señor que había conocido en el cine Carretas no tiene un pase. ¿Cómo es que ella no lo denunció por abandono e inmoralidad en aquella España franquista? Y que viviera más de cien años, murió en 2017, sin que en la película se haga mención a ese hecho, también resulta extraño. O que salvara el original de la obra de Lorca que da título a la película para luego tenerla escondida y dejársela en herencia a un nieto al que no ha visto nunca.

            ---O sea, que no te ha gustado.

            ---Todo lo contrario. Es un espléndido disparate lleno de verdad y lentejuelas. Y qué bien concluye con esos versos finales del soneto que Lorca le dedicó a Rodríguez Rapún: “Pero sigue durmiendo, vida mía. / ¡Oye mi sangra rota en los violines! / ¡Mira que nos acechan todavía!”

Lunes, 12 de octubre
UNA VIDA ESPAÑOLA

Releo Seguro azar, de Pedro Salinas en un ejemplar de la primera edición con la firma de su anterior propietario: “Luis Leal Crespo. Tenerife, 1929”.

            Tecleo con curiosidad en el teléfono ya los pocos instantes una ejemplar vida española aparece entera ante mis ojos: “Nació en Madrid en 1902. Maestro nacional y profesor de Escuela Normal. Desde 1927 a 1930 fue profesor en la Escuela Normal de La Laguna y desde 1930 a 1936 en la de Oviedo, de la que fue director desde junio de 1931. En diciembre de 1930 participó en la fundación de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza de Asturias. Procedente del Partido Republicano Radical Socialista ingresó en el PSOE en 1932. Aunque no tomó parte en la revolución de octubre de 1934, fue detenido permaneciendo un mes preso. Al producirse el golpe de julio de 1936, permaneció oculto en Oviedo hasta el 26 de septiembre siguiente que consiguió salir de la ciudad por el Naranco. En noviembre de 1936, embarcó en Santander hacia Francia, desembarcando en San Juan de Luz para desde allí trasladarse a Barcelona con el fin de hacerse cargo de los hijos de su hermano, inspector de Primera Enseñanza en Mallorca que había sido fusilado el 26 de agosto de 1936. Desde febrero de 1937 fue profesor de español en Béziers , organizando en dicha localidad el Comité de Ayuda a la República Española. En Béziers contrajo matrimonio con Pilar Munárriz Sánchez. Desde octubre de 1938 a febrero de 1939, perteneció al ejército republicano. Finalizada la guerra civil, se exilió a Francia cruzando la frontera por La Junquera el 5 de febrero de 1939. Desde Béziers, el 17 de marzo siguiente escribió a la Embajada de México en Francia solicitando ayuda para trasladarse a dicho país. Finalmente embarcó en Burdeos rumbo a la Republica Dominicana llegando a Ciudad Trujillo el 18 de enero de 1940. Dio clases en la Escuela Normal de San Cristóbal y en Ciudad Trujillo hasta que el 27 de septiembre de 1944 logró salir de la isla en avión con dirección a Caracas Impartió clases en Valencia y después en Caracas en diversos centros educativos hasta que en 1953 fundó su propio centro, el Colegio Leal. Falleció en Miranda (Venezuela) el 14 de abril de 1976”.

            Todavía quedan alumnos que le recuerdan con cariño y han subido alguna foto suya a Internet.

Martes, 13 de octubre
ME GUSTA PRESUMIR
 

Abro el último libro de Manuel Alberca, publicado nada menos que por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y lo primero que me encuentro es con una frase lapidaria sobre mí: “García Martín, que alardea de sus defectos y manías, se tiene por el más inteligente de todos los diaristas y el más temido”.

            Qué bien me conoce este docto catedrático.

Miércoles, 14 de octubre
LORCA Y CERNUDA

“¿Le habría gustado a Lorca verse convertido en icono gay?”, me han preguntado alguna vez. Si viviera hoy, seguro que sí, pero al Lorca histórico por supuesto que no. Su orientación sexual perteneció por completo a su vida privada, nunca se refirió a ella en su obra, nunca habló de ella en público y en privado solo con amigos que participaran de las mismas inclinaciones.

            No es enteramente cierto que su familia tratara de ocultar esa faceta de su vida dificultando la publicación de ciertos textos, como los llamados “Sonetos del amor oscuro”, un título, por cierto, que no le puso él, sino Aleixandre, tan discreto como Lorca en su vida y en su obra sobre sus preferencias eróticas.

            El único que se salió del guion establecido en la época fue Cernuda, y pagó por ello (cuántas burlas en el epistolario Salinas-Guillén, qué aspavientos hace Juan Ramón Jiménez al aludir a la musa efébica de La realidad y el deseo). No tiene, por eso, mucho sentido la referencia a él que, en La bola negra, hace la hispanista que presenta un libro sobre Lorca gay en la biblioteca del Ateneo madrileño. Sobre Cernuda no hay secretos que desvelar.

            Si los ”Sonetos del amor oscuro” tardaron en publicarse fue porque solo había borradores y se esperaba encontrar una copia en limpio. Y no son en absoluto explícitos. El dedicado al parecer a Rodríguez Rapún, que tanto juego da en la película, se titula “El amor duerme en el pecho del poeta”; el amor, no el amante, que aclararía demasiado.

            A Cernuda, por cierto, aunque escribió aquello de “los marineros son las alas del amor”, no le gustaban demasiado ciertos exhibicionismos. Hizo todo los posible para que sus Poemas para un cuerpo no fueran ilustrados por Álvarez Ortega porque recelaba de la índole “escandalosa” que pudieran tener esos dibujos. En carta al editor, aclara: “A mí no me importa que sus dibujos o mis versos puedan escandalizar a los españoles. Lo que me importa es que me haga ir más allá de donde yo me propongo ir ni tampoco que se quede más acá de dónde yo fui”. Aceptó por fin, pero no sin dejar de indicar que los consideraba inadecuados, triviales y en algún caso indecorosos (se negó a que aparecieran). A propósito de uno de ellos, escribió: “Qué obsesión con las braguetas tiene el bueno de Álvarez Ortega”. Resulta divertido imaginar lo que Cernuda habría opinado sobre La bola negra. 

Viernes, 16 de octubre
SÍ Y NO

¿De verdad me tengo por más inteligente que nadie, como afirman Manuel Alberca y la mayoría de mis amigos?

            Qué tontería. No sería tan inteligente como me creo si no supiera que no soy tan inteligente como me creo.

 

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