domingo, 22 de noviembre de 2015

El arte de quedarse solo: La Historia y otras historias


Viernes, 13 de noviembre
DON BENITO

Leo poemas en el colegio Claret de Don Benito para un inquieto auditorio de adolescentes. Son cerca de un centenar, alumnos de bachillerato. Dejo pronto los poemas, temeroso de que les suenen a chino, y pasamos al coloquio. Les han repartido un cuadernillo con unos cuantos textos míos, entre ellos una selección de aforismos. La primera pregunta: “Usted ha escrito que nadie verdaderamente inteligente se dedica a la crítica. ¿No se considera inteligente?”. Sonrío: “Bueno, no hay regla sin excepción”.
            Lo cierto es que presumo demasiado de ello como para ser inteligente: dime de qué presumes… Pero de que la inteligencia es la cualidad que más admiro no me cabe la menor duda. ¿Y qué entiendo yo por inteligencia? La capacidad de ver claro, de no dejarse obnubilar por los prejuicios, de tomar la decisión más adecuada con los datos de los que se dispone, de entender el mundo y sus gentes, de hacerlo más habitable. Es la única cualidad que envidio. No me importa que alguien sea más rico, más joven, tenga más éxito que yo. Lo que me fastidia es que tenga más talento.
            Don Benito, hasta hoy, era para mí solo el escenario de un crimen famoso. Curiosamente, uno de los profesores que dirigen el aula Guadiana, en la que me toca hoy participar, se llama como el asesino de las dos indefensas mujeres, Carlos García de Paredes, y mi amiga, la profesora Inés Illán, que nació en Don Benito, tiene de segundo apellido Calderón, como Inés Calderón, la joven víctima. Aquellos hechos ocurrieron en 1902 y pudieron haber quedado sin esclarecer ni castigar si el pueblo no se hubiera puesto en pie contra los caciques.
            Este Don Benito, de calles anchas y casas blancas, apacible y próspero, poco se parece a aquel. Tiene una hermosa biblioteca en un edifico construido por Rafael Moneo y un fascinante museo etnográfico en la Casa del Conde, un edificio modernista construido a principios del XX por los condes de Orellana. Más que un museo, es una máquina de viajar en el tiempo: en sus diversas estancias, con la escuela a la que yo fui, con la botica de mi infancia, la droguería, el consultorio médico, con lo que fue la vida tradicional, en la ciudad y en el campo, hasta casi ayer mismo. Vale la pena venir hasta Don Benito solo para ver este museo y para dejar de asociar su nombre a un remoto crimen.
            En la plaza principal, frente a la iglesia de Santiago, una gran fuente con un empaque clásico que reconozco bien. Me acerco y, como me imaginaba, es de Pérez Comendador, el escultor de Hervás que no solo sabía esculpir frailes y conquistadores. Aquí el río, como en la estatuaria clásica, es un hombre desnudo, medio tendido, y la tierra un desnudo de mujer; el uno en piedra y el otro en bronce. No sé por qué les encuentro una pátina de pretenciosidad desarrollista, muy años sesenta. Nada que ver con las líricas geometrías de mi paisano Ángel Duarte, a las que no le ha salido ni una arruga.


Sábado, 14 de noviembre
CRIMEN EN EL PARAÍSO

El hermoso día de otoño se nubla con las noticias de la noche de ayer. Antes de dormirme, no veo ni escucho ningún informativo y eso me permitió descansar apaciblemente. Me despierto temprano, como de costumbre, y desde la terraza de la habitación veo amanecer tras el castillo de Medellín, que se recorta fantasmagórico en lo alto de una colina; a sus pies, el caserío del pueblo y al otro lado el largo puente sobre el Guadiana construido por los Austrias. Naturaleza e historia: un poco más allá está la llamada “bolsa de la Serena”, uno de los últimos reductos republicanos durante la guerra civil, y en Medellín nació Hernán Cortés, cuya estatua se alza poderosa en medio de la empequeñecida plaza del pueblo.
            A Hernán Cortés ya no se le admira tanto como cuando yo era niño. También el heroísmo tiene fecha de caducidad. A fin de cuentas, un genocida no viene a ser a menudo más que un héroe visto desde el lado de las víctimas.
            No es el momento de pensar en esas cosas, hoy que sangra París. Pero yo no puedo dejar de pensar en ello y algo más. En el fracaso clamoroso que ese múltiple crimen supone. No fue obra de un fanático aislado, sino de varios grupos que tuvieron que organizarse, coordinarse, armarse. ¿A qué se dedicaban los servicios de inteligencia de Francia? ¿Y los de Estados Unidos, esos que interceptan sin control alguno las comunicaciones de millones de ciudadanos? ¿A espiar a Angela Merkel?
            En toda guerra siempre hay dos bandos, ellos y nosotros, y este atentado terrorista vale por una gran batalla que han ganado ellos. Ahora a ver cómo reaccionamos. Me imagino que bombardeando Siria, sacando el ejército a la calle, cerrando las fronteras, haciéndoles la vida más difícil a los refugiados y a los que viven en barrios marginales de París o Bruselas. Y esa será una segunda batalla que también ganarán ellos. De qué poco vale la fuerza sin inteligencia. Pensamos en los integrantes del llamado Estado Islámico como en una banda de fanáticos descerebrados. Y así nos va. No solo son más crueles que el civilizado mundo occidental, también más hábiles y astutos. La guerra será larga. Y lo más preocupante es que quienes dirigen el bando del que yo formo parte fueron los mismos que se dedicaron a dar patadas en el avispero de Oriente y dejaron libres a toda esa bandada de terroríficas avispas que ahora nos amenazan.


Domingo, 15 de noviembre
ELLOS Y NOSOTROS

Mientras paseaba por Trujillo, un espléndido azul sobre los caserones de piedra, no podía dejar de pensar en las paradojas de la historia. Toda esta riqueza, todos estos testimonios de un glorioso pasado, no son más que fruto del exterminio y el saqueo. Un ecuestre Pizarro, con fantasioso atuendo, luce orgulloso sobre su alto pedestal en medio de la plaza. En Perú todavía quedan admiradores suyos, al contrario de lo que ocurre en México con el más refinado y culto Hernán Cortés.
            Es momento solo para el duelo, para lamentar los muertos alevosamente asesinados una hermosa noche de otoño en París, pero yo no puedo ponerle riendas a la imaginación. ¿Qué pasaría si esta guerra la ganan, con dos o tres golpes de audacia, como los de Cortes en el imperio azteca o los de Pizarro en el inca, los partidarios del Estado Islámico, ni más mi menos fanáticos que quienes llevaron el cristianismo a América, el piadoso cristianismo que aceptaba la esclavitud y todo tipo de barbarie contra los herejes? ¿Quiénes serían entonces los héroes? ¿De qué muertos no se acordarían nadie, serían solo una estadísticas como la de los miles y miles de indígenas asesinados en América?
            Estas cosas no se pueden decir en voz alta. Y yo no las digo. Solo las pienso. No hay piedad en las guerras. La razón la tiene siempre el que gana y estas primeras batallas las están ganando ellos.
            Ellos, nosotros. Sí, en las guerras no se puede no tomar partido. En las guerras todo el que no está conmigo está contra mí.
            Paseo por Trujillo, subo a la Torre de la Aguja, entro en iglesias y palacios, compro dulces en un convento de clausura, y no puedo dejar de pensar en toda la sangre inocente que sirvió de cimiento a esta dorada tranquilidad.
            También el civilizado mundo de hoy está construido sobre la injusticia, unos ponen bombas y otros bombardean. Un día mueren docenas de inocentes en París, todos los días mueren centenares de inocentes en Siria o Irak. Pero cuando llega el momento de tomar partido cada uno se junta con los suyos. A mi me duelen más los muertos de París que los de Mosul. En esta guerra sé quiénes son los míos, sean cristianos o musulmanes, que eso importa poco. Y sé quién es el enemigo: los que ponen su fe y su Dios por encima de todo.  


Lunes, 16 de noviembre
EL EQUILIBRISTA

Juego con tres o cuatro platos a la vez. Los lanzo al aire, los recojo, me doy la vuelta, me inclino saludando a los espectadores. Y ninguno cae al suelo.
            Ninguno ha caído todavía al suelo. ¿Cuánto tiempo durará el milagro?
            El mundo parece temblar sobre sus cimientos, silban las balas en torno mío, y yo sonrío feliz, como si nada de ello fuera conmigo.


Martes, 17 de noviembre
DOBLE ERROR

No actuar antes, sobreactuar después. ¡Qué inútil tratar de compensar un error con otro error!


Miércoles, 18 de noviembre
UNOS AMIGOS

Por la mañana comento en clase los haikus de Lluvia menuda (“Juega el niño / a enterrar a su padre. / Día de playa”) y por la tarde, inesperadamente, aparece en el café Vetusta su autora, Susana Benet. Ha venido a conocer Oviedo acompañada del pintor Gabriel Alonso. Me entrega su último libro, Lo olvidado, impreso en el otro Medellín, el de Colombia, que nada tiene que ver con el que apacible sestea entre el castillo y el largo puente sobre el Guadiana y del que yo acabo de regresar. Al comienzo del libro, una cita de Cheng Chu-Yu. “Soy más grande que el infinito / y más pequeño que un grano de arena”.
            Perfecta definición del haiku, de Susana Benet, de mí, de cualquier ser humano. Mientras paseamos la noche de Oviedo recuerdo, o invento, versos suyos: “Unos amigos. / Omnipotente y solo / Dios los envidia”.


Jueves, 19 de noviembre
EL MUNDO ESTÁ BIEN HECHO

Tras un día trabajosamente rutinario, sin la alacridad de costumbre, con plomo en las alas, el colofón feliz de Mozart y sus bodas en el teatro Campoamor. El mundo vuelve a estar bien hecho, aunque sea solo durante tres horas. Cae el telón y otra vez silban las balas.



domingo, 15 de noviembre de 2015

El arte de quedarse solo: De todas las historias de la historia



Viernes, 6 de noviembre
CONAN DOYLE Y MAS

Mientras caminamos por la calle Princesa, tras la presentación del más reciente tomo de mis diarios, le comento a Abelardo Linares lo mucho que me ha sorprendido uno de los relatos de Conan Doyle incluidos en Una agitada víspera de Navidad, que acaba de editar. Se titula “El último recurso” y lo escribió en 1930, el último año de su vida. En él nos cuenta cómo se acabó con la corrupción en una gran ciudad norteamericana. Son los tiempos de la ley seca. Estamos lejos del mundo de Sherlock Holmes en que la inteligencia puede solucionar cualquier problema. Lejos o no tan lejos. Ahora el protagonista se llama Gideon H. Fanshave: “Algunos pensaban que estaba loco. Otros creían que era un genio. Era un hombre rico, muy rico. Se pasaba la vida metido en su biblioteca entre libros y ensoñaciones, pero de vez en cuando se espabilaba y entonces empezaban a suceder cosas”.
            Lo que esta vez sucede es que organiza un complot con los pocos hombres buenos que quedan, detiene  por sorpresa a gánsteres y corruptos y los encierra en una gran sala de baile, el Odeón; allí, tras el correspondiente sermón en defensa de la ley y la democracia, unas ametralladoras, hasta entonces ocultas, comienzan a disparar: “Los vi correr hacia las puertas. Trepar hasta las ventanas selladas. Amontonarse en las esquinas como hacen las ratas cuando se suelta un terrier. Los vi correr y gritar, esconderse unos detrás de otros y amontonarse los cadáveres”.
            ––Ese sueño de Conan Doyle, hacer limpieza --le digo al editor–, es el que tuvieron Hitler, Pinochet y todos los salvadores de la patria que en el mundo han sido.
            ––Más bien fue lo que ocurrió en Paracuellos. .
            ––Hombre, Abelardo, no es lo mismo. Madrid era una ciudad sitiada, había bombardeos sobre la población civil, el gobierno había marchado a Valencia…
            ––Tú siempre buscando justificación para los bolivarianos y los nacionalistas.
            ––No justifico nada. Pero las circunstancias son muy distintas. Los ejecutados en el relato de Conan Doyle son casi todos de origen extranjero, hispanos e italianos especialmente, solo hay entre ellos algunos norteamericanos que se han dejado corromper. Fascismo en estado puro, me parece. Conan Doyle, el perfecto caballero británico, habría acabado apoyando a Hitler. Triste final para Sherlock Holmes.
Y yo pienso en la suerte de que en España ya no tenemos quien quiera hacer una limpieza de ese tipo. Ahora las discrepancias las arreglamos más civilizadamente. Y lo que pasa en Cataluña, contra lo que pudiera parecer, es el mejor ejemplo. Quién lo dude,  qué poco conoce la historia de España.
            ––Conan Doyle era un fascista y Mas un perfecto caballero. ¡Lo que hay que oír!


Sábado, 7 de noviembre
LEER BIEN, VIVIR MEJOR

No veranillo, sino pleno verano este hermoso día de otoño madrileño. Me acerco hasta las naves de Matadero (qué feo nombre: solo faltaría que se celebrara en ellas una exposición sobre la guerra civil) y allí me encuentro, en la Casa del Lector (este sí un hermoso nombre), con un viejo amigo: Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Aquí está el manuscrito de El Gatopardo, muchos de sus libros, las fichas en que los fue clasificando, el archivador de madera en que las guardó.
            Y muchas cosas más: un retrato al óleo de su bisabuelo, Giulio Fabrizio Tomasi, en quien se basó para crear al príncipe de Salina, y una pitillera y una fosforera de plata que fueron suyas. De la primera se ha eliminado cuidadosamente una de las palabras de la inscripción que todavía figura entera en la segunda: “Spes mea in deo est”. ¿En qué momento dejó el príncipe Tomasi de poner su esperanza en Dios?
            Aquí están las imágenes en blanco y negro de infancia y juventud y las residencias veraniegas de la familia y el palacio de Palermo en el Vicolo Lampedusa– destruido por las bombas.
            “Leer bien para vivir mejor” se titula la exposición. Leer para sobrevivir, podría ser otro título. La inauguró Gioachino Lanza Tomasi, uno de los jóvenes de los que Lampedusa se rodeó en los últimos años y al que acabó adoptando. Me habría gustado conocerle.
            Aquí están también carteles y fotografías de la película de Visconti, inseparables ya de la novela, ¡Ese paseo de Angelica y Tancredi por los pasillos y los cuartos abandonados de Donnafugata! Pocas veces los fantasmas del deseo se han expresado con tan maravillosa y casi dolorosa intensidad.
            Y el puerto de Palermo y la silueta de la ciudad en un óleo dieciochesco, que parece pintado para ilustrar las palabras de Goethe cuando quiso transmitirnos “la imagen de esta incomparable y extensa bahía” en su Viaje a Italia.


Domingo, 8 de noviembre
CONTAR UN CUENTO

Me siento en la butaca, abro bien los ojos y me dejo seducir desde la primera imagen como el niño ante un cuento de hadas, como el adolescente que pasa página tras página de Los tres mosqueteros o de La isla misteriosa sin levantar la vista del libro, como el beduino que se incorpora al corro en un mercado árabe para escuchar los lances de Las mil y una noches.
            Magia del cine, magia de Spectre, la última película de James Bond. Los esqueletos que danzan en las calles de la ciudad de México, el helicóptero haciendo mortales piruetas sobre el Zócalo lleno de gente. Y el Lungotevere romano, el ponte Sisto, las conversaciones en el restaurante del tren, las conspiraciones misteriosas, la estación en medio del desierto, las terrazas y los sótanos de Londres…
            ¿Que todo al final se desvanece como una irisada pompa de jabón al viento? Poco importa si antes hubo dos horas y media de irresponsable felicidad.


Lunes, 9 de noviembre
HACER HISTORIA

¿Asistirá Dios a la historia del mundo como nosotros a las películas de James Bond, como a un brillante espectáculo en el que es imposible aburrirse?
            Imposible aburrirse en el capítulo de la historia de España que nos ha tocado vivir. Imposible también parece no tomar partido. Yo lo hago, según quijotesca costumbre, por los más débiles, que casi siempre son también los que tienen la razón de su parte.
            Hay gente asustada por lo que está pasando, o por lo que puede pasar en Cataluña. Yo estoy más bien ilusionado. Ningún problema es verdaderamente grave mientras se pueda resolver votando.


Martes, 10 de noviembre
PARÍS-MODIANO

Los libros nuevos de cada día son parte del placer del día, la mejor parte. Hoy me llegan, entre otros, un breve diario de Concha García, Los antiguos domicilios; el diario romano de Bruno Mesa, en el que aparezco (“Llegan García Martín, Xuan y Almuzara a la Academia para participar en un recital en el que hago el papel de introductor. Antes de saludar a Martín ya estoy discutiendo con él”); Nuestras calles, de Alesssandra Lavagnino; una antología de poesía amorosa de Benítez Ariza y, sobre todo, el maravilloso París-Modiano de Fernando Castillo.
            Hojeo todos los libros, pero es este último el que más me seduce: el París en blanco y negro de la ocupación, el París difuminado y doliente de las novelas de Modiano, uno de esos lugares a los que siempre gusta volver, en cuyos laberintos emocionales queda uno enredado para siempre.
            Nunca he sentido el síndrome de los demasiados libros, tan bien estudiado por Gabriel Zaid. Los libros nunca son demasiados: no hay que leerlos todos.
            ––¿Nunca has leído un libro por obligación?, me preguntan a veces.
            ––Nunca, me resultaría tan imposible como hacer el amor por obligación (compadezco por eso a los casados y a los estudiantes de literatura).
            ––Pues también has leído, o al menos reseñado, libros muy malos.
            ––Los malos libros son a menudo los que más me divierten. Disfruto mucho destrozando un libro vacuo y pretencioso.
            ––Te gusta hacer sangre, incluso tus mejores amigos han tenido ocasión de notarlo.
            ––Tampoco es para tanto. En mi esgrima verbal nunca paso de algún rasguño más o menos ligero en la vanidad.
            ––Esas son precisamente las heridas que no se curan nunca.


Miércoles, 11 de noviembre
LOS MISTERIOS DE BARCELONA

La realidad nunca deja de fascinarme. Es la mejor novela de misterio y aventuras, la de peripecias más inesperadas. No tendrá que esforzarse mucho el gobierno español para hacer descarrilar el independentismo catalán, de eso ya se encarga la CUP.
                Contra lo que pudiera pensarse, el hombre de Rajoy en Cataluña no es García Albiol, sino Antonio Baños. A la memoria me viene El hombre que fue Jueves, con aquella organización subversiva en la que todos los integrantes de la cúpula eran policías.
            Pero no es necesario pensar en fondos reservados. Para hacer el juego al sistema el perfecto militante antisistema no necesita estar a sueldo de la policía: lo hace gratis.


Jueves, 12 de noviembre
CONTINUARÁ

“De todas las historias de la historia / sin duda la más triste es la de España / porque termina mal”, escribió Gil de Biedma. Yo no soy tan pesimista, ni mucho menos.
            En primer lugar, porque no termina. Al final de cada capítulo, siempre aparece la palabra “continuará”. Y en segundo lugar porque siempre podemos repetir el verso de Machado: “si el hoy es malo, el mañana es mío”.
            La que termina, sin continuará posible, y termina mal, inevitablemente, es otra historia: la mia, la tuya, la de cada uno de nosotros. Pero mejor no pensar en ello y seguir atentos a la pantalla: ni las películas de James Bond ni la actualidad se cansan nunca de asombrarnos.


domingo, 8 de noviembre de 2015

El arte de quedarse solo: Otoño mágico


Jueves, 29 de octubre
EL MAGO BIENVENIDO

El local se llama la Judería, pero al ser un nombre de uso demasiado frecuente en Hervás se le conoce como Los Cordobeses, por la procedencia de sus dueños. El camarero, de poco más de veinte años, es mago y cuando le apetece entretiene a los clientes con algún truco. Durante nuestra cena, se limita a los juegos de mano con la baraja, pero como también adivina el pensamiento yo me lo imagino trayéndoles a los clientes lo que desean comer antes de que estos se lo pidan.
            Tardo en dormirme. Decido salir un rato a la terraza de mi habitación, en el Jardín del Convento, a pesar del frío de la noche, y entretenerme con la fosca silueta de las montañas que cierran el horizonte y co el cielo cuajado de estrellas. Paso un rato abstraído en mis pensamientos y de pronto noto algo extraño, vuelvo la cabeza y veo al mago Bienvenido (ese es su nombre) apoyado en el otro extremo de la barandilla, sonriente, fumando y bebiendo de un gran vaso con un extraño licor verde que parecía tener una luz y todo lo volvía de ese color.
            ––¿Qué haces aquí?
            ––En realidad no estoy aquí, pero como soy mago puedo estar donde no estoy. He venido porque adiviné que algo te preocupaba. Dime qué es.
            ––No es algo que se pueda arreglar con ningún truco.
            ––Yo soy un mago de verdad, no un ilusionista. No engaño a la gente haciéndoles creer que ven lo que no ven. Si no fuera un mago de verdad, ¿cómo iba a estar aquí?
            ––Pues te voy a contar lo que me pasa, seas un mago o no. A menudo tengo la impresión de que no soy real, de que nada es real.
            ––La vida es sueño, ya lo dijo Calderón.
            ––O más bien de que yo soy real, pero no es real nada de lo que me pasa. Solo soy un actor que interpreta un papel que han escrito otros.
            ––Como todos. El gran teatro del mundo, también lo dijo Calderón.
            ––Y otra cosa peor. Que hubo un error de casting, que mi vida es un desastre porque el papel que me asignaron no era el que más me convenía.
            ––“A debida distancia, / cualquier vida es de pena”.
            ––¿También has leído a Brines?
            No me respondió, bajó hasta el jardín e iluminado por la luz verde de lo que me había parecido un vaso y era una lámpara, desapareció caminando por la huerta.

       
Viernes, 30 de octubre
DE LA MANO DE LA  MELANCOLÍA

He venido a Extremadura como pregonero del “Otoño Mágico” que se celebra los fines de semana de noviembre en el valle del Ambroz, el río de mi pueblo. Afortunadamente el pregón es en Hervás, donde siempre me encuentro a gusto, y no en Aldeanueva del Camino, donde no hay un rincón que no esté lleno de viejos fantasmas, de punzantes esquirlas..
            Salgo del paso como puedo, con recuerdos de infancia, vagos elogios y verdadera emoción. Hablar de estas tierras ya no es para mí hablar solo de estas tierras, sino de otras cosas demasiado importantes como para hablar directamente de ellas. Termino con tres sonetos. El verso siempre ayuda a decir las cosas de la manera más memorable y con las menos palabras posibles.

De las cuatro estaciones de la vida,
la fama se la lleva primavera,
pero para pasar la vida entera
sin duda es la mejor la que hoy convida

a gozar de los frutos y los oros
de este valle, estos bosques y este río.
Más dulce el fruto cuanto más tardío,
el tiempo nunca agota sus tesoros.

Baños, Hervás, Segura y Abadía
donde aún dialogan Lope y Garcilaso,
Garganta, Gargantilla, paso a paso,
de la mano de la melancolía,

hasta Casas del Monte, hasta un camino
que en Aldeanueva marca mi destino.


 Sábado, 31 de octubre
CORRIENTES AGUAS, PURAS, CRISTALINAS

Hablé del valle del Ambroz y luego recorrí los pueblos al norte de mi pueblo: Gargantilla, Segura de Toro, Casas del Monte. En todos ellos, lo que más me sorprendió fue el insistente rumor de las aguas, la banda sonora de los arroyos que bajan de la montaña. Parecían ponerle música a los versos de Garcilaso que una y otra vez volvían a mi memoria:

Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde Prado de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
yedra que por los árboles caminas
torciendo el paso por su verde seno...

            Un virgiliano edén, pienso. Pero si a Adán no le hubieran expulsado del paraíso, ¿cuánto tiempo habría continuado siendo un paraíso?


Domingo, 1 de noviembre
LA MÁS ANTIGUA COSTUMBRE

“Morir es una costumbre / que sabe tener la gente”, escribió Borges en una de sus milongas. Y a veces pienso que no es una mala costumbre, siempre que se practique a su debido tiempo.
            Si yo pudiera escoger el mío, ¿qué tiempo sería ese? Cuando dejara de interesarme por lo que pasa en el mundo, cuando pensara que todos los políticos son iguales, que ya no se publica nada que valga la pena, que los jóvenes hablan cada vez peor, que ya no se respeta la ortografía, que a dónde vamos a ir a parar… Cuando escuchara cualquier tópica tontería (la diga quien la diga, incluso un buen amigo), y no me dejara llevar por las maleducadas ganas de rebatirla de inmediato.
            Antes pensaba que cuando dejara de ser capaz de enamorarme, pero ya he aprendido que sin estar enamorado se vive bastante mejor..
            Sin estar enamorado de otra persona, quiero decir. Porque sin estar enamorado de mí mismo creo que no podría vivir ni medio minuto.


Martes, 3 de noviembre
A TODO HAY QUIEN GANE

El próximo viernes, Andrés Trapiello presenta una obra mía en la librería Alberti. “Es una librería pequeña –me advierte un amigo–, quizá no quepan en ella dos egos tan grandes”.
            Llevo discrepando de Andrés Trapiello desde hace más de treinta años. No hay libro suyo que no haya elogiado públicamente (salvo quizá sus novelas) ni del que no haya discrepado. Lo último, su versión del Quijote, que a mí me parece muy atinada cuando pone en lenguaje contemporáneo lo que hoy no se entiende de la novela para que podamos leerla como los contemporáneos de Cervantes, y un completo disparate cuando le quita innecesariamente su sabor y su color a la prosa cervantina, como un aplicado y poco ducho corrector de estilo.
            A pesar de todo, sigue siendo amigo mío. Yo creo que es el que más tiempo me ha resistido. Me gusta discutir, ponerlo todo en cuestión, no aceptar tópicos y eso supone demasiada tensión para la mayoría de la gente, sobre todo a partir de cierta edad. De vez en cuando, algún amigo se harta y no quiere saber más de mí (el último, mi librero favorito). Lo lamento, claro, pero no demasiado: mientras queden otros con los que entretenerme llevándoles la contraria..
            Yo, en cambio, no me canso de nadie, por muy dogmático, pesado y de derechas que sea. En realidad, cuando menos se parezca a mí una persona más me gusta hablar con ella; me fascina la infinita variedad de la mente humana.
            Siempre recuerdo lo que me dijo Martín López-Vega: “Tú no trabajas, juegas a que trabajas”. Es verdad. Y también que yo no me peleo con la gente: juego a que me peleo. Pero todo tiene una excepción. Esta vez, esta única vez, he sido yo quien se ha cansado de colaborar con una vieja amiga, de tratar de ponerle razonables compuertas a su desmedido afán de imponer a toda costa su voluntad.
            Recuerdo una cena con Ángel González, Luis García Montero, Jon Juaristi y creo que Aurora Luque. García Montero, medio en broma, dijo que Josefina Martínez y yo nos parecíamos bastante. Respondí de inmediato que no teníamos nada en común, que no podíamos ser más opuestos, que yo no, que yo nunca, que etc., etc. Por entonces, ya era en sus últimos años, Ángel González hablaba poco; se sentaba en una esquina de la mesa, escuchaba y sonreía. Yo me sentaba a su lado. En voz baja le escuché decir: “Algo os parecéis; sois los dos igual de cabrones”. “¿Cómo?”, “Que sois los dos igual de cabezones”.  “Ah, qué susto. Creí oír otra cosa”. Pero sigo creyendo que la primera vez oí perfectamente.
            Por una vez he sido yo el que no ha tenido paciencia. ¿Quiere eso decir que por fin he encontrado a alguien todavía más tercamente insoportable que yo o solo que me estoy haciendo viejo?


Miércoles, 4 de noviembre
CADA VEZ MENOS

Lo que de verdad nos mantiene vivos es tener un buen enemigo que combatir. Yo voy teniendo cada vez menos enemigos (ventajas de no ser importante), pero para compensar sospecho que los amigos se fían cada vez menos de mí. 




domingo, 1 de noviembre de 2015

El arte de quedarse solo: Las cosas claras


Viernes, 23 de octubre
¿MONARQUÍA O REPÚBLICA?

Como era de esperar, nada más llegar hoy a la tertulia, tras los fastos principescos, me enzarzo en una nueva discusión sobre monarquía o república. Sin escuchar mis argumentos, hay quien replica “eres un vendido, Martín, eres un vendido”. Y yo, que soy inasequible al desaliento y nunca me canso de repetir las mismas ponderadas razones, vuelvo a tratar de poner las cosas en su sitio.
            ––A igualdad de los otros términos, la elección del Jefe del Estado por parte de los ciudadanos (y por un periodo limitado de tiempo) resulta preferible a su carácter vitalicio y hereditario. Si se crea un nuevo Estado, siempre será republicano, a nadie en su sano juicio se le ocurrirá optar por la monarquía. ¿Pero cómo cambia de régimen una nación que ya lleva años o siglos funcionando con uno determinado? O por medio de unas elecciones o mediante la acción revolucionaria. Y en el primero de los casos solo ocurre cuando el régimen anterior fracasa, no por el mero deseo de cambiar. La dos repúblicas que tuvo España llegaron por medio de los votos: la primera tras la abdicación de Amadeo de Saboya; la segunda tras el incumplimiento por parte del rey Alfonso XIII de sus deberes constitucionales con su apoyo a la dictadura de Primo de Rivera. Las intentonas revolucionarias republicanas fracasaron siempre (no, por desgracia, las antirrepublicanas). De la misma manera, la tercera República llegará cuando los españoles quieran.
            ––¡Y cómo vamos a saber que la quieren si no nos dejan votar! ¿Para cuándo un referéndum que nos permita elegir entre monarquía o república?
            ––No fue necesario ningún referéndum para que llegara la segunda República: bastaron unas elecciones municipales. Bastarían unas elecciones generales, las próximas por ejemplo, para que comenzara el principio del fin de la monarquía actual: para ellos sería suficiente con que los partidos republicanos obtengan mayoría en el próximo congreso de los diputados.
            ––¡Pero eso no va a ocurrir!
            ––Pues si no ocurre, lo democrático es que España sea una monarquía; en estos momentos, y mientras los españoles no cambien de opinión, solo una dictadura podría cambiar el régimen.
            ––¡Tú serías de los que no dejan a la gente manifestarse por la república y contra los premios!
            ––Esa es otra cuestión. Hay quienes piensan (o la han decidido sin ponerse a pensar en ells siguiera) que estar a favor de la república es estar en contra de los premios Princesa de Asturias. No, es solo estar en contra del nombre que llevan. Una hipotética tercera república española, si actúa con inteligencia, no prescindiría de estos premios: solo les cambiaría de nombre y los entregaría, como ahora, el Jefe del Estado, no su heredero (cargo que no existiría). La Academia de España en Roma fue una idea de Castelar durante la primera República a la que dio definitiva forma jurídica el rey Alfonso XII. La Universidad Menéndez Pelayo fue un invento republicano, con el nombre de Universidad Internacional de Santander, continuado por los regímenes posteriores.
            ––O sea que los premios son como la Semana Negra: cambian los alcaldes de Gijón, pero no hay quien la elimine.
            ––Algo así. Una buena idea al margen de connotaciones políticas. Eso no quiere decir que no sean mejorables, como se intenta hacer cada año. Valorarlos no te convierte en monárquico. Yo me los imagino perfectamente siendo entregados por Emilio Lledó, presidente de la tercera República española. Pero tampoco están mal tal como están. A mí me gusta mucho la parte didáctica de los discursos de Felipe de Borbón. Habría sido un buen profesor. Como Fidel Castro, por otra parte, al que no se parece en nada, pero al que me recuerda en su gusto por convertir los discursos en didácticas explicaciones.


Sábado, 24 de octubre
ALGO HEMOS AVANZADO

Leo las cartas a su hija de Madame de Sevigné, escritas con tanta alacridad como amor a las pequeñas cosas de la vida, y de pronto me encuentro su referencia a la represión de un motín popular: “Se ha prendido a sesenta; mañana comenzarán a colgarles. Esta provincia es un buen ejemplo para las otras, y sobre todo para enseñar a gobernadores y gobernados que no se debe injuriar, que no se deben tirar piedras contra los jardines”.
            El delito de aquellos alborotadores: arrojar piedras al parque de uno de sus amigos, el duque de Chulnes, que alguien le llamara “gros cochon” cuando paseaba a caballo. A la dulce y espiritual madame de Sevigné no le importa que paguen justos por pecadores (la mayoría de los alborotadores ha escapado) con tal de que su amigo y ella misma puedan pasean tranquilamente por los bosques en “esos hermosos días de cristal del otoño en que el sol ya no calienta y aún no ha llegado el frío”.
            Algo hemos avanzado, supongo. Pero no sé yo si Madame de Sevigné no seguiría escribiendo de la misma manera si viviera, por ejemplo, en Israel.


Domingo, 25 de octubre
MUERTE EN EL OLVIDO

Me entero de la muerte de Carlos Bousoño, que llevaba ya muchos años fuera de escena, y trato de recuperar mi antigua admiración por su poesía. Abro un libro y otro y otro y todos me dejan indiferente. El verbo admirar no admite el imperativo.
            Sospecho que el tiempo ha sido tan impiadoso con su poesía como con la de su maestro Vicente Aleixandre. La Teoría de la expresión poética me parece que ha resistido mejor, al menos en mi recuerdo (todavía sigo explicando ciertos poemas tal como aprendí en ella); no me atrevo, sin embargo, a releerla.
            Pero uno y otro poeta siguen gozando oficialmente de toda consideración. Seguro que mañana y pasado se publican artículos laudatorios en todos los periódicos (artículos que nadie leerá, por supuesto). Luego volverá el inmisericorde olvido.


Lunes, 26 de octubre
SER FELIZ

Ser feliz es ser feliz solo de vez en cuando. Yo, que no soy nada ambicioso, me conformo son serlo dos o tres veces al día.


Martes, 27 de octubre
ROMPO POR PRIMERA VEZ

Nunca he dejado a nadie, siempre me han dejado. De esa forma, a la tristeza de terminar una relación, nunca se ha añadido la mala conciencia. Ha sido así no solo en las relaciones de amor, sino también en cualquier otro asunto. ¿La razón de ese comportamiento?  Mi mayor amor ha sido siempre el amor a la rutina.
            Pero a veces hay que tomar una decisión. La tarde de ayer, que se prometía feliz, fue poco a poco convirtiéndose en una pesadilla. Lorenzo Oliván, un viejo amigo, un admirado poeta, hablaba del tema “Poesía y universidad” y presentaba el libro “Homenaje a los poetas de la Cátedra”, todo ello en el Aula Magna de la Universidad de Oviedo. Leían luego sus versos varios de los poetas jóvenes antologados. Comenzó Raquel Fernández Menéndez con un hermoso poema dedicado a la profesora Amparo Pedregal, recientemente fallecida, y luego indicó su intención de leer un poema en asturiano. Vi la cara de la directora de la Cátedra, me temí lo peor. Y lo peor vino después con una intervención ofensiva para la lengua asturiana y para mí que había invitado a los poetas a formar parte de la antología y a participar en el acto.
            Y como propina la cena, una de esas cenas que se sabe cuándo empiezan, pero no cuánto terminan. Como soy inasequible al desaliento, traté de hacer entender a la directora de la Cátedra que cada uno puede tener los prejuicios que quiera, pero que con dinero público no se deben hacer discriminaciones. En vano.
            Llevo más de quince años discrepando con ella en cuestiones fundamentales. Ya debería haber dejado de contar conmigo para las actividades de la Cátedra, que yo siempre me he esforzado en lograr que fueran lo menos patrimonialista posibles. No se financia (como ocurre con otras fundaciones, casi ninguna española) de manera privada, sino íntegramente con dinero público. Pero ella no ha prescindido de mí, como debiera haber hecho hace tiempo, y yo he seguido colaborando por este maldito apego mío a la rutina y por mi incorregible vanidad que me lleva a pensar que, sin mí, todo habría resultado aún más personalista.
            Recibo hoy la carta de protesta que Raquel Fernández Menéndez dirige al Ayuntamiento y la avalo con mi firma.
            Me resulta inexplicable que alguien pueda considerar una ofensa que un poema en asturiano se lea en la Universidad de Oviedo. No tengo ni la más mínima duda de que Emilio Alarcos, que fue mi profesor, del que soy atento lector y editor de buena parte de sus libros, firmaría también sin ninguna duda la carta de la poeta, pensara lo que pensara sobre la cuestión de si el asturiano debe o no convertirse en lengua oficial.


Miércoles, 28 de octubre
LAS DOS ORILLAS

Tiempos complejos estos. En treinta años no cambié una vez de voto y ahora ando en continuas vacilaciones. Escucho a un simpático Pablo Iglesias decir en El intermedio que él aceptaría los votos de los socialistas si los necesita para ser presidente del gobierno, pero que en ningún caso votaría por un candidato socialista. ¿La razón? Populares y socialistas son la misma cosa, acaban uniéndose siempre para frustrar las aspiraciones populares.
            Eso me suena. Es exactamente la teoría de las dos orillas de Julio Anguita. Me alegra que Pablo Iglesias se haya mostrado tan clarificador. A no ser que den un vuelco las encuestas (todo es posible, pero no parece probable), el próximo presidente del Gobierno será Mariano Rajoy o Pedro Sánchez, y parece que cualquiera de ellos necesitará algo más que los votos de su propio partido.
            Tras las declaraciones de Pablo Iglesias, sabemos que quienes deseen que sea presidente el segundo, que haya un gobierno de izquierdas en España, tienen dos opciones: votar PSOE o votar a Izquierda Unida en sus diversas coaliciones electorales. Los que desean que continúe Mariano Rajoy tiene en cambio tres opciones: votar PP, votar Ciudadanos o votar Podemos.




domingo, 25 de octubre de 2015

El arte de quedarse solo: En toda la espaciosa y triste España


Sábado, 17 de octubre
VENECIA EN PRAVIA

La anécdota es bien conocida. Viajaban Baroja y Ortega, con otros amigos, por la Sierra de Gata. El filósofo iba movido solo por el entusiasmo visual, “ese deleite incalculable de revolcar la retina sobre paisajes no vistos aún”; el novelista corregía un nuevo tomo de las andanzas de Aviraneta y quería visitar los lugares en los que transcurría la acción. Descansaban en una posada de Coria (Ortega describe Coria con una greguería: “ciudad inverosímil, sombría, torva e inmóvil como un susto en medio de un camino”), cuando Baroja alzó la vista de los papeles que tenía entre manos e interrumpió de pronto la conversación general sobre Goethe y su ideal pagano.
            –– ¿Lo ven ustedes? No hay cosa peor que ponerse a pensar en cómo se deben decir las cosas, porque acaba uno por perder la cabeza. Yo había escrito aquí: Aviraneta bajó de zapatillas. Pero me he preguntado si estaba bien o mal dicho, y ya no sé si se debe decir: Aviraneta bajó de zapatillas o bajó con zapatillas o bajó a zapatillas…
            Paseaba yo por Pravia, también inverosímil e inmóvil, o así me pareció, pero nada torva ni sombría, con su estatua del rey Silo, sus plazas apacibles, sus caserones desvencijados y el cerco de verdor, cuando me hicieron una barojiana consulta: “Verás, estoy escribiendo un texto y he llegado a un callejón sin salida. Mi duda es si la siguiente expresión es correcta: …que por aquellos años bullía en triste actividad taimada. De repente no soy capaz de distinguir si es bullir con, bullir en, o qué carajo. Perdona la nimiedad, pero llevo un rato con ello.”
            Contesté lo que yo diría, que es lo que siempre hago en estos asuntos, sin importarme lo que diga la gramática, si es que dice algo. Ortega no apunta lo que le respondieron a Baroja. Yo le habría dicho: “Aviraneta bajó en zapatillas”.
            Nada nuevo. Solo que la consulta de mi amigo Ángel Pernia Garrido me llegó por Messenger y desde Venecia, donde él vive.
            Un hecho trivial, ya lo sé. Un ligero aviso del teléfono, casi imperceptible; me detengo un momento en la acera; respondo a mi amigo y él sigue escribiendo allá en Venecia y yo paseando acá en Pravia.
            Un hecho trivial, a nadie se le ocurriría contarlo. Pero a mí me parece un milagro más admirable que los que hacía el sabio Merlín en el reino de Camelot.


Domingo, 18 de octubre
LAS TENTACIONES DE SAN ANTONIO

La anécdota de ayer me ha hecho volver a Ortega, a quien tenía un tanto olvidado. Hojeo de nuevo el manoseado tomo de El espectador, publicado por Biblioteca Nueva en 1943, al que debo tantos buenos ratos..
            “Cada cosa, para ser bien vista, nos impone una distancia determinada”. Cada cosa y cada persona. Todo el arte de llevarse bien con la gente está en calcular las distancias y en no traspasarlas nunca. ¿Nunca? De vez en cuando tiene su gracia romper el protocolo. O que alguien se meta en tu vida sin llamar siquiera a la puerta.
            “Vivir es siempre vivir por algo o para algo: es un verbo transitivo”. Si no vives para alguien, no vives, te sobrevives. ¿Y para quién vivo yo? Prefiero no contestar a esa pregunta.
            “Aprendamos a preferir la trémula mudanza de la existencia a la esquemática y lívida eternidad. Seamos de nuestro día: mozos al tiempo debido, y luego espectros o sombras en fuga”. A Cernuda le irritaba la retórica de Ortega; yo la disfruto como un pastel algo dulzón del que no conviene abusar. Me temo que he sido mozo más tiempo del debido, ahora va siento hora de que aprenda a irme convirtiendo en espectro o sombra en fuga. Maldita aldita la gracia que me hace.
            ¿Cómo no sentirse seducido por Ortega, estemos o no de acuerdo con lo que dice? ¿Quién se atrevería hoy a retratar así a España?
            “Hay la voluptuosidad de Levante, festiva, decorativa; hay la voluptuosidad cantábrica de la comilona y el hogar confortable; hay la voluptuosidad andaluza de la postura, el perfume y el aire blando; hay la voluptuosidad gallega y lusitana, que es un gozar del dolor, una embriaguez con las lágrimas, una complacencia querulante en la propia tristeza al son del fado, un deleitoso morirse disuelto en la melancolía atlántica. En medio de esta varia delicia, Castilla, recluida en su desierto, toma el aire de un enjuto San Antonio asediado por una periferia de tentaciones”.
           

Lunes, 19 de octubre
NO PENSAR

“¡Siempre tan ocupado!”, me dice un amigo. “Tómate las cosas con más calma”. Y yo le recuerdo una cita de Madame de Sevigné: “Sin hacer nada, los días pasan y nuestra pobre vida está compuesta de esos días, y se envejece y se muere”.
            Haciendo algo también pasan los días, y quizá más deprisa, pero al menos está uno entretenido y no piensa en lo que le espera.


Martes, 20 de octubre
DISCUSIÓN EN VETUSTA

Discrepo un rato con Inés Illán, Elena Apaolaza y Aida Masip en el café Vetusta, tratando de demostrar (según costumbre) que soy el más listo;  luego, ya más relajado, me lamento de mis compromisos de la semana.
            ––En cualquier acto público, solo hay dos puestos que me agradan. Uno es el de participante anónimo que mira sin ser visto, que juzga sin ser juzgado, que si se aburre recurre a su teléfono y se pone a mirar el correo o las últimas noticias. El otro es el de máxima estrella de la fiesta. En todos los demás casos, cuando soy organizador, presentador, un comparsa más en el escenario, lo paso mal. El jueves Leonardo Padura dialoga con estudiantes y profesores en el Milán y yo soy solo el que pasa la palabra a unos y a otros. Ni siquiera puedo preguntar por mi cuenta.
            ––O sea que tú en el Campoamor, durante la entrega de los premios Princesa de Asturias, solo disfrutarías si eres uno de los premiados.
            ––No, no, ya te dije que yo, de no ser la estrella, lo paso bien observando a unos y a otros, cotilleando en la comida del Reconquista o en el teatro antes de que comience el acto. La otra manera de pasarlo bien no consistiría en ser uno de los premiados, sentados muy formalitos, como escolares aplicados, a un lado del escenario, sino estar en el centro: ser el rey.
            ––Que es lo que te gustaría ser siempre estés donde estés.
            ––Sí, en eso soy como todo el mundo.


Miércoles, 21 de octubre
EL SÍNDROME DEL VIEJO PROFESOR

En el café de la Ópera, frente al Campoamor, la productora televisiva de Xuan Bello, presenta su programa “Manos a la ópera”, que se estrena este domingo en la televisión autonómica. El guionista es Javier Almuzara, que también interviene en cada episodio contando una anécdota operística.
            Mientras espero a que comience el acto, hojeo el libreto que le han encargado para una nueva ópera y me entretengo imaginando la música del coro de solteros (“Yo amo la libertad / y mi amante es celosa. / ¿Casarse y esposarse / no son la misma cosa?”) y solteras (“Por eso a nadie envidio / la suerte en el amor; / cuando no sale mal, / sale mucho peor”). Como libretista, está a la altura de Lorenzo da Ponte, pero Mozart no hubo más que uno. El proyecto es todavía alto secreto y yo, de probada discreción, soy uno de los pocos afortunados que ha tenido acceso a estos versos para cantar que parecen de Lope, pero son de Almuzara.
            Después de ver el primer programa de “Manos a la ópera”, me sorprende la profesionalidad del resultado. Recuerdo cuando productor y guionista aparecieron por la tertulia, allá por los años ochenta y yo corregía sus primeros poemas. Siento el síndrome del viejo profesor, orgulloso de ver a dónde han llegado sus alumnos, pero también un poco fastidiado. Está bien que los alumnos te superen, pero que no se den demasiada prisa, que esperen un poco. A que uno cumpla los ochenta años, por ejemplo.
            Salgo del café de la Ópera, camino de otro café, donde me espera una amiga, pensando en que esto no puede quedar así, que he de correr más y mejor hasta alcanzarlos y superarlos de nuevo.

           
Jueves, 22 de octubre
MIENTRAS ME QUEDE VOZ

De pronto, en un programa de humor que es el único programa informativo que procuro no perderme, El intermedio, aparece Hilda Farfante contando su historia. No puedo evitar que los ojos se me llenen de lágrimas. Previamente, un gesticulante senador del PP se burla de los que pretenden reactivar la ley de la Memoria Histórica: “¡Pero si ya no hay fosas por descubrir! ¡Cómo no quieran dinero para seguir buscando a García Lorca por los cuatro puntos cardinales!”
            Hilda Farfante nació en Cangas del Narcea en 1931. Sorprende la serenidad y la lucidez con que habla. A su madre, maestra, la detuvieron cuando iba a abrir el colegio del que era directora. A su padre, también maestro en el mismo centro, unos días después. Los asesinaron a los dos y los enterraron en alguna fosa común. Eran tres hermanas. No volvieron a vivir juntas. A ella la crió su tía Guillermina. Poco después de las muertes una vecina les aconsejó que no se quedaran llorando en casa. Y tuvieron que salir y alzar el brazo y cantar el “Cara al sol” y escuchar cómo el cura del pueblo decía que todos los rojos eran unos asesinos. “Todavía no sé –dice– si a mis padres los mataron por maestros o por republicanos. El único arma que tenía mi madre era la llave de la escuela”. Pide permiso para recitar unos versos de Marisa Peña: “Mientras me quede voz, / hablaré de los muertos, / tan quietos, tan callados, / tan molestos. / Mientras me quede voz, / hablaré de sus sueños, / de todas las traiciones, / de todos los silencios, / de los huesos sin nombre / esperando el regreso, / de su entrega absoluta, / de su dolor de invierno. / Mientras me quede voz, / no han de callar mis muertos”.
            “¿He dicho ya que son de Marisa Peña?”, pregunta Hilda Farfante. “Ella también tiene su historia, pobre”.
            Al burlón senador del PP yo le condenaría a escuchar esa historia, una y otra vez, si no durante toda la eternidad, al menos hasta que no quede ninguna fosa por abrir, ninguna víctima por honrar, “en toda la espaciosa y triste España”.




domingo, 18 de octubre de 2015

El arte de quedarse solo: Sherlock, Jesús y Ana


Sábado, 10 de octubre
COMIENZA LA AVENTURA

El amor es como las historias de Sherlock Holmes. Lo mejor es el comienzo. Todo lo demás, si se ha dejado atrás la adolescencia, resulta aburrido, previsible y con un defraudante desenlace. Pero el comienzo, cualquier comienzo:
            “Estoy viendo Watson, que no tendré más remedio que ir –-me dijo Holmes cierta mañana cuando estábamos desayunando juntos.
            –-¿Ir ¿ ¿A dónde?
            –A Dartmoor… a King’s Pyland”
            Y una hora más tarde están en un tren que cruza la campiña inglesa a toda velocidad. Holmes hojea rápidamente el montón de periódicos que acaba de comprar en la estación de Paddington.
            El placer del comienzo, el placer de la aventura… Yo ahora de un salto me he subido a otro tren. Descarrilará pronto, como siempre. Pero mientas tanto.


Lunes, 12 de octubre
FIESTA NACIONAL

Ayer una joven pareja amiga me invita a conocer su nueva casa y, como siempre ocurre, lo que más me divierte es curiosear en la biblioteca. En seguida encuentro libros que me apetece leer. En uno de ellos, Baladas y canciones, me llamó la atención un desconocido soneto de Rubén Darío, que hoy me apeteció compartir en Facebook, como mi manera de celebrar la fiesta nacional.

Yo siempre fui, por alma y por cabeza,
español de conciencia, obra y deseo,
y todo lo concibo y todo veo
desde esa mi mejor naturaleza.

Con la España que acaba y la que empieza,
canto y auguro, profetizo y creo,
pues Hércules aquí fue como Orfeo.
Ser español es timbre de nobleza.

No es cadena perpetua, no es tijeras
con que cortar las alas a ninguno
e  impedirle soñar mejor mañana.

Soy español: sé tú lo que tú quieras.
Hay muchas patrias, pero el mundo es uno.
Siempre un amor con otro amor se hermana.

Me identifico con los cuartetos. El amor al propio país se ha utilizado muchas veces para oprimir a otros, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que sea un amor perverso. Con los tercetos me identifico tanto que en realidad no los escribió Rubén, sino yo. El suyo, un soneto muy menor y de circunstancias, termina con un “¡Viva la República Argentina!”. Yo jugué a decir sin decir, para que no se asustara nadie, “¡Viva Cataluña!”. Hay un nacionalismo que busca la prosperidad de su país en armonía con el resto del mundo y otro que pretende imponerse a los demás. En el caso del nacionalismo español (que a menudo no se atreve a decir su nombre) y del catalán (que lo proclama orgulloso) no diré cuál es el bueno y cuál el malo. Hay cosas que no se pueden decir sin enfadar a mucha gente y yo no quiero perder lectores. Por eso no afirmo, solo insinúo, apropiándome de unos versos de Rubén Darío, que el mito de la Unidad es eso, un mito, férreamente enquistado en el alma de mis compatriotas, sean de derechas o de izquierdas.
            Ni Cataluña es menos libre ni menos Cataluña por formar parte del Estado español, si así lo desean sus ciudadanos; ni España pierde nada si Cataluña deja de formar parte del Estado español, si así lo desean los catalanes. Los problemas que se plantean en el primer caso los estamos viendo todos los días; los que se plantearían en el segundo no serían mayores mi más difíciles de solucionar.
            El amor a España no es incompatible con el amor a Cataluña. Pero un amor que ata no es amor.


Martes, 13 de octubre
NO SER ES NO HABER SIDO

Si en este instante, una gran explosión hiciera estallar el planeta Tierra y muriéramos todos sus habitantes sin siquiera darnos cuenta de ello y los fragmentos se diseminaran por la inmensidad del espacio y no existiera más vida inteligente en el universo, ¿habría existido alguna vez la civilización humana?
            La respuesta a esa pregunta resulta indiferente porque no habría nadie para hacérsela.


Miércoles, 14 de octubre
DE LOS NOMBRES DEL INFIERNO

Leo Necesario pero imposible, de Javier Gomá, y me queda clara la segunda parte del título, pero no la primera. Es el último de cuatro libros a los que considera “otros tantos capítulos de una confesión íntima”. Contendrían la instrucciones que el autor se ha dado para conseguir un doble objetivo: “llegar a ser individual en este mundo y a la vez albergar la esperanza –contra toda experiencia– de seguir siéndolo fuera de él”. Pretende “mantener simultáneamente dos platillos en el aire sin dejar de mover las manos ni avanzar por el camino”.
            Sospecho que al menos uno de esos platillos se le cae estrepitosamente. Si he entendido bien, la razón de que el hombre pueda aspirar a la inmortalidad (él habla de “mortalidad prorrogada”) es que hubo un hombre, el más ejemplar de todos, que resucitó: Jesús de Nazaret.
            Javier Gomá desmonta con mucha inteligencia lo que en el cristianismo hay de artificiosa construcción teológica (muy ligada a un tiempo concreto) para quedarse con la figura histórica de Jesús, tal como puede deducirse de los evangelios.
            ¿Son los evangelios una obra histórica? Sí, aunque eso no quiere decir que todos sus datos sean exactos. El hecho de que hablan de un personaje que ha existido realmente según los testimonios de los que le conocieron (los evangelios están redactados por la segunda generación de seguidores de Cristo, décadas después de su muerte), lo demuestra que cuenten de él cosas que contradicen algunos de los dogmas del cristianismo. ¿Creía Jesucristo que era Dios? Nada hace pensar eso.
            Javier Gomá es tan eficaz demoliendo el cristianismo oficial –creación humana, demasiado humana– como cualquier escéptico enciclopedista. Su cristianismo es otro: se basa en lo que sabemos del Cristo histórico, no en las construcciones teológicas posteriores; ni siquiera confía demasiado en San Pablo, que no le conoció ni se intereso por su vida y milagros, salvo el de la resurrección.
            Pero ese hecho ya no es histórico (ni tampoco excepcional). Lo histórico es que algunos de sus seguidores contaron que le vieron después de muerto. También Conan Doyle cuenta en sus memorias que vio a su madre, después de muerta, con tanta claridad como en vida: “En la oscuridad, el rostro de mi madre resplandecía, apacible, feliz, ligeramente inclinado a mi lado, con los ojos cerrados. Mi mujer, que estaba a mi derecha, y una dama, que estaba a mi izquierda, la vieron con la misma claridad que yo. La dama, que no había conocido a mi madre, dijo: ¡Cómo se parece a su hijo!”
            Tan fiable o más que el de los discípulos sobre Cristo (nos ha llegado indirectamente, ninguno de ellos escribió sobre su experiencia) es el de Conan Doyle, un caballero británico incapaz de mentir, sobre su madre.
            Si he entendido bien, a la vida después de la muerte de la que habla Gomá no pueden aspirar todos, sino solo aquellos que hayan logrado, como Cristo, la máxima ejemplaridad. Derrocha mucha inteligencia y bien asimilada erudición para convencernos de que, si no hay certeza de ello (no puede haberla), al menos hay esperanza, una esperanza enteramente racional.
            No lo consigue, como comprobará cualquiera que tenga la paciencia de leerle. Y a mí me parece que lo que anhela no es ni necesario ni es deseable. ¿Ser conscientes de que el mundo sigue sin nosotros y no poder intervenir en él? Más deseable que esa “mortalidad prorrogada” (si he entendido bien, una especie de condena a muerte que se pospone indefinidamente gracias a nuestra ejemplaridad) es la muerte concebida como un dulce sueño sin sueños, solo triste para el que queda, no para el que marcha. Nadie ha sido capaz de imaginar un paraíso mejor. La mortalidad prorrogada indefinidamente es otro de los nombres del infierno.


Jueves, 15 de octubre
UN GOL EN PROPIA PUERTA

Sherlock nunca defrauda. “El periodismo es una institución muy valiosa”, le dice a Watson, “a condición de saber cómo servirse de ella”. Si la vicealcaldesa Ana Taboada le hubiera leído, no habría metido tan estrepitosamente la pata en su sonada entrevista. Además de la contundente arremetida de Graciano García, ahora incluso se ha creado una asociación para defender a los premios Princesa de Asturias de su acusación de estar “pasados de moda”.
            Esa asociación no busca defender los premios, que se defienden solos, sino atacar a Podemos. Ana Taboada se ha metido un gol en propia puerta. Yo lamenté sus irreflexivas declaraciones nada más leerlas, pero no como jurado de los premios, sino como votante de Somos Oviedo.


Viernes, 16 de octubre
UNA INTELIGENCIA SUPERIOR


Una inteligencia superior siempre resulta incómoda, salvo que vaya acompañada de juventud e inexperiencia. En ese caso es un placer conversar con ella: nos hacemos la ilusión no solo de estar a su altura, sino incluso un poco por encima, que es la posición que todos preferimos para tratar con los demás seres humanos, aunque algunos, como yo, hayamos aprendido a disimularlo.