Domingo,
22 de febrero
POBRE DIABLO
No formo parte de la red social de Elon Musk, tan
denostada como frecuentada, y por ello no me habría enterado de que hoy fui
héroe por un día (es un decir) sin la amabilidad de Enrique Bueres, que está al
tanto de todo. Resulta que un usuario, Julio Arrieta Sanz, compartió mi reseña
al libro Vidas españolas, firmado por dos prestigiosos catedráticos, y
la calificó como “la más devastadora de un libro de historia que haya leído
nunca”. Javier Gomá, prologuista y
promotor, pone un de inmediato un comentario: “Borra el tuit, Julio. No sabes
lo que dices. La reseña no es devastadora sino ridícula porque su autor es un
pobre diablo”. Y luego añade: “Compara al pobre diablo de la reseña –que
conozco desde hace muchos años y es un hombre torturado-- con la autoridad
nacional de los dos autores. El pobre diablo encuentra tres erratas y el otro
sale con lo de la ridícula devastación”.
A
lo de “pobre diablo” no tengo nada que añadir, pero me divierte lo de “un
hombre torturado” y me extraña eso de que me conoce desde hace muchos años. Es
cierto que hace ocho o nueve, no recuerdo bien, coincidimos en una comida
protocolaria (éramos cerca de cien los invitados) y al final se acercó a
saludarme, quizá porque había aparecido una entrevista con él en la revista que
yo dirigía, Clarín. Debió de ser entonces cuando descubrió que yo era un
“hombre torturado”.
¿Torturado como Unamuno por haber perdido la fe? ¿Torturado como Pessoa por miedo a la locura? Sospecho que lo de “torturado” es solo una errata como las que abundan en Vidas españolas (son más de tres, aunque bastantes menos que los errores), que lo que quiso decir es “fracasado”. Y tiene toda la razón. Si se me compara con el brillante teórico de la ejemplaridad, director de la Fundación March, y con la “autoridad nacional” de los dos “autores”, ¿quién no se sentiría fracasado?
Miércoles,
25 de febrero
TODO SE EXPLICA
---¡La que has liado, Martín!
---Yo
no he liado nada. Soy inocente como un angelito.
---Estos
días has aparecido en todos los periódicos nacionales, tú que solo eres
habitual del periódico de tu pueblo.
---Te
cuento lo que ha pasado, a ver si así yo también me aclaro un poco. Entro en mi
librería habitual y en la mesa de novedades encuentro un libro que me llama la
atención: Vidas españolas, editado por una editorial de prestigio,
prologado por un escritor que admiro, Javier Gomá y con el nombre de dos conocidos
catedráticos de historia en la portada. Lo compro y comienzo a leerlo de
inmediato en Los Porches, mi cafetería habitual. No tardo en darme cuenta de
que allí pasa algo raro. Yo esperaba miniaturas biográficas a la manera de
Zweig, Ludwig o Maurois y me encuentro con textos pésimamente redactados, con
un capítulo dedicado a la generación del 98 y otro a “Unamuno en Bilbao”. Pero
eso no era lo peor: abundaban los errores incomprensibles. ¿Cómo puede Juan
Pablo Fusi escribir que toda la obra de Galdós, incluidos los Episodios
nacionales, se incluye en el marco cronológico que va de 1868 a 1874? ¿Ha
olvidado que la primera serie comienza con Trafalgar y narra la Guerra
de la Independencia? Hacía poco había consultado la entrada de Wikipedia sobre
María de Zayas y por eso un párrafo me llama la atención: está copiado de ella.
No me podía explicar lo que había ocurrido. Supuse que el libro era un
“producto editorial” que no había sido revisado ni por el prologuista ni por
los que figuraban como autores. Esa es mi hipótesis. Lo que no es una hipótesis
es que tiene todo el aspecto de haber sido preparado con las herramientas de la
IA y por eso se citan autores que no aparecen en la bibliografía y se copian
párrafos literales sin entrecomillar ni citar la fuente. Esto lo conté en mi
reseña habitual de los viernes. Me imaginé que pasaría inadvertida, como todas
las mías. No podía dejar de señalar que a las librerías había llegado un
producto defectuoso. Claro que también podría haberme limitado a devolverlo y
exigir mi dinero. Pero soy crítico literario e hice mi trabajo.
Un
periodista de El Diario Montañés reprodujo la reseña en X. Y ahí empezó
todo. Javier Gomá le exigió que la retirara de inmediato porque el autor era un
pobre diablo. Y luego siguió y siguió con la catarata de descalificaciones,
pero sin desmentir ninguno de los errores que yo había señalado (solo unos
pocos, una muestra). Como no estoy en la red de Elon Musk (ni pienso estar), no
me habría enterado de que nada a no ser por un amigo que me fue puntualmente
informando. Las descalificaciones de Javier Gomá iban subiendo ,de tono: lo más
suave que me llama es “mamarracho” y no se limita a eso. también me amenaza con
llevarme ante la justicia. Los periódicos tradicionales, que se fían más de X
que de lo que ellos publican (mi reseña había aparecido en varios periódicos
sin que a nadie le llamara la atención), entran al trapo y dan noticia de la
escandalera entrevistando a las presuntas víctimas. Salvo uno, ninguno tiene la
deferencia de preguntarme a mí. No importa. Las declaraciones de los dos
catedráticos dan suficientes pistas para resolver el embrollo en que se vieron
envueltos
Ricardo
García Cárcel, en sus declaraciones a Público, afirma que el libro estaba
olvidado en un cajón desde diciembre de 2024 porque formaba parte de un
proyecto más amplio que había quedado paralizado. “Entonces –continúa-- llegó
la decisión de sacar el libro de todas formas y entró en proceso de edición que
se hizo a toda prisa y con torpeza. Esa responsabilidad es tanto nuestra como
de la editorial”.
Y
Juan Pablo Fusi, según leo en El País, “no responsabiliza directamente a
la editorial”, que habría hecho una corrección “muy minuciosa”, sino a un
problema de lectura suyo: “La leí muy mal –supongo que ese “la” se refiere a
las pruebas de imprenta-- porque la leí en el teléfono móvil por un problema de
sincronización entre el correo electrónico de mi móvil y ese mismo correo en mi
ordenador, desincronización que me han dicho es irreversible”. Nadie le ha
explicado que puede cambiar de móvil y de ordenador para librarse de esa
enigmática “desincronización irreversible”. Y el coordinador del proyecto no ha
tenido la delicadeza de enviarle las pruebas en papel. Como yo suponía, Fusi no
ha leído –por problemas con el móvil, según él-- la versión final de su
colaboración en Vidas españolas. Eso explica ciertos errores que no
habría cometido un estudiante de bachillerato.
No hace falta ser Sherlock Holmes para aclarar el enigma. Por razones que él sabrá explicar, el director de la colección y mandamás de la March decidió de pronto que un proyecto abandonado tenía que publicarse deprisa y corriendo. Envió el borrador a la editorial y allí lo completaron anónimos y poco expertos colaboradores con ayuda de la IA (y esto, oh irascible Gomá, no es una hipótesis ni menos una calumnia: hay herramientas informáticas que permiten detectar los textos generados con ella). Luego, sin revisión final de nadie, fue a la imprenta y llegó a las librerías y a un primer lector, que dio la casualidad (qué mala suerte) de que fui yo. Elemental, querido Watson.
Jueves,
26 de febrero
DON ERRE QUE ERRE
Lo último de don Javier Gomá Lanzón: “Salgo en
defensa vehemente y a veces sarcástica de dos escritores prestigiosos, que han
sido objeto de una horrible calumnia y no pueden defenderse en esta red y hoy
un artículo de opinión de El Correo dice que he sido poco ejemplar y se
pone del lado de calumniador” ( “el tontaina de Asturias, o sea, yo). Y
continúa: “Se trata del mismo individuo con pseudónimo femenino”.
El artículo lo firma María Maizkurrena. Una simple consulta a Google nos informa de que nació en Londres en 1962, que es autora de varios libros de poesía, también de novelas, y columnista habitual. Si Fusi tiene problemas con el uso del móvil, Gomá con el de internet. Podría pedir ayuda a su secretaria ante de hacer públicamente el ridículo.
Viernes,
27 de febrero
QUE PAREZCA UN ACCIDENTE
Cuento las peripecias de esta semana en la tertulia.
“Has dado en la diana, Martín, estarás contento”, me dicen.
Y no, no
lo estoy, porque la diana es el corazón de un predicador de la ejemplaridad al
que he leído y admirado. Un prócer con pies de barro, por lo que parece, un
doctor Jekyll que se metamorfosea en míster Hyde cuando bebe la pócima de Elon
Musk.
“No te
preocupes, no tengas piedad por ese santón al que has dejado con el culo al
aire. Él no la tendrá contigo: no solo te insulta y trata de ridiculizarte,
sino que amenaza con llevarte ante la justicia civil y militar. Cuídate,
sastrecillo valiente, no vaya a ser que unos matones te rompan las piernas o la
cabeza de forma que parezca un accidente”.



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