viernes, 27 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: Vaya semanita

 

Domingo, 22 de febrero
POBRE DIABLO

No formo parte de la red social de Elon Musk, tan denostada como frecuentada, y por ello no me habría enterado de que hoy fui héroe por un día (es un decir) sin la amabilidad de Enrique Bueres, que está al tanto de todo. Resulta que un usuario, Julio Arrieta Sanz, compartió mi reseña al libro Vidas españolas, firmado por dos prestigiosos catedráticos, y la calificó como “la más devastadora de un libro de historia que haya leído nunca”.  Javier Gomá, prologuista y promotor, pone un de inmediato un comentario: “Borra el tuit, Julio. No sabes lo que dices. La reseña no es devastadora sino ridícula porque su autor es un pobre diablo”. Y luego añade: “Compara al pobre diablo de la reseña –que conozco desde hace muchos años y es un hombre torturado-- con la autoridad nacional de los dos autores. El pobre diablo encuentra tres erratas y el otro sale con lo de la ridícula devastación”.

            A lo de “pobre diablo” no tengo nada que añadir, pero me divierte lo de “un hombre torturado” y me extraña eso de que me conoce desde hace muchos años. Es cierto que hace ocho o nueve, no recuerdo bien, coincidimos en una comida protocolaria (éramos cerca de cien los invitados) y al final se acercó a saludarme, quizá porque había aparecido una entrevista con él en la revista que yo dirigía, Clarín. Debió de ser entonces cuando descubrió que yo era un “hombre torturado”.

¿Torturado como Unamuno por haber perdido la fe? ¿Torturado como Pessoa por miedo a la locura? Sospecho que lo de “torturado” es solo una errata como las que abundan en Vidas españolas (son más de tres, aunque bastantes menos que los errores), que lo que quiso decir es “fracasado”. Y tiene toda la razón. Si se me compara con el brillante teórico de la ejemplaridad, director de la Fundación March, y con la “autoridad nacional” de los dos “autores”, ¿quién no se sentiría fracasado?

Miércoles, 25 de febrero
TODO SE EXPLICA

---¡La que has liado, Martín!

            ---Yo no he liado nada. Soy inocente como un angelito.

            ---Estos días has aparecido en todos los periódicos nacionales, tú que solo eres habitual del periódico de tu pueblo.

            ---Te cuento lo que ha pasado, a ver si así yo también me aclaro un poco. Entro en mi librería habitual y en la mesa de novedades encuentro un libro que me llama la atención: Vidas españolas, editado por una editorial de prestigio, prologado por un escritor que admiro, Javier Gomá y con el nombre de dos conocidos catedráticos de historia en la portada. Lo compro y comienzo a leerlo de inmediato en Los Porches, mi cafetería habitual. No tardo en darme cuenta de que allí pasa algo raro. Yo esperaba miniaturas biográficas a la manera de Zweig, Ludwig o Maurois y me encuentro con textos pésimamente redactados, con un capítulo dedicado a la generación del 98 y otro a “Unamuno en Bilbao”. Pero eso no era lo peor: abundaban los errores incomprensibles. ¿Cómo puede Juan Pablo Fusi escribir que toda la obra de Galdós, incluidos los Episodios nacionales, se incluye en el marco cronológico que va de 1868 a 1874? ¿Ha olvidado que la primera serie comienza con Trafalgar y narra la Guerra de la Independencia? Hacía poco había consultado la entrada de Wikipedia sobre María de Zayas y por eso un párrafo me llama la atención: está copiado de ella. No me podía explicar lo que había ocurrido. Supuse que el libro era un “producto editorial” que no había sido revisado ni por el prologuista ni por los que figuraban como autores. Esa es mi hipótesis. Lo que no es una hipótesis es que tiene todo el aspecto de haber sido preparado con las herramientas de la IA y por eso se citan autores que no aparecen en la bibliografía y se copian párrafos literales sin entrecomillar ni citar la fuente. Esto lo conté en mi reseña habitual de los viernes. Me imaginé que pasaría inadvertida, como todas las mías. No podía dejar de señalar que a las librerías había llegado un producto defectuoso. Claro que también podría haberme limitado a devolverlo y exigir mi dinero. Pero soy crítico literario e hice mi trabajo.

Un periodista de El Diario Montañés reprodujo la reseña en X. Y ahí empezó todo. Javier Gomá le exigió que la retirara de inmediato porque el autor era un pobre diablo. Y luego siguió y siguió con la catarata de descalificaciones, pero sin desmentir ninguno de los errores que yo había señalado (solo unos pocos, una muestra). Como no estoy en la red de Elon Musk (ni pienso estar), no me habría enterado de que nada a no ser por un amigo que me fue puntualmente informando. Las descalificaciones de Javier Gomá iban subiendo ,de tono: lo más suave que me llama es “mamarracho” y no se limita a eso. también me amenaza con llevarme ante la justicia. Los periódicos tradicionales, que se fían más de X que de lo que ellos publican (mi reseña había aparecido en varios periódicos sin que a nadie le llamara la atención), entran al trapo y dan noticia de la escandalera entrevistando a las presuntas víctimas. Salvo uno, ninguno tiene la deferencia de preguntarme a mí. No importa. Las declaraciones de los dos catedráticos dan suficientes pistas para resolver el embrollo en que se vieron envueltos

Ricardo García Cárcel, en sus declaraciones a Público, afirma que el libro estaba olvidado en un cajón desde diciembre de 2024 porque formaba parte de un proyecto más amplio que había quedado paralizado. “Entonces –continúa-- llegó la decisión de sacar el libro de todas formas y entró en proceso de edición que se hizo a toda prisa y con torpeza. Esa responsabilidad es tanto nuestra como de la editorial”.

            Y Juan Pablo Fusi, según leo en El País, “no responsabiliza directamente a la editorial”, que habría hecho una corrección “muy minuciosa”, sino a un problema de lectura suyo: “La leí muy mal –supongo que ese “la” se refiere a las pruebas de imprenta-- porque la leí en el teléfono móvil por un problema de sincronización entre el correo electrónico de mi móvil y ese mismo correo en mi ordenador, desincronización que me han dicho es irreversible”. Nadie le ha explicado que puede cambiar de móvil y de ordenador para librarse de esa enigmática “desincronización irreversible”. Y el coordinador del proyecto no ha tenido la delicadeza de enviarle las pruebas en papel. Como yo suponía, Fusi no ha leído –por problemas con el móvil, según él-- la versión final de su colaboración en Vidas españolas. Eso explica ciertos errores que no habría cometido un estudiante de bachillerato.

            No hace falta ser Sherlock Holmes para aclarar el enigma. Por razones que él sabrá explicar, el director de la colección y mandamás de la March decidió de pronto que un proyecto abandonado tenía que publicarse deprisa y corriendo. Envió el borrador a la editorial y allí lo completaron anónimos y poco expertos colaboradores con ayuda de la IA (y esto, oh irascible Gomá, no es una hipótesis ni menos una calumnia: hay herramientas informáticas que permiten detectar los textos generados con ella). Luego, sin revisión final de nadie, fue a la imprenta y llegó a las librerías y a un primer lector, que dio la casualidad (qué mala suerte) de que fui yo. Elemental, querido Watson.

Jueves, 26 de febrero
DON ERRE QUE ERRE

Lo último de don Javier Gomá Lanzón: “Salgo en defensa vehemente y a veces sarcástica de dos escritores prestigiosos, que han sido objeto de una horrible calumnia y no pueden defenderse en esta red y hoy un artículo de opinión de El Correo dice que he sido poco ejemplar y se pone del lado de calumniador” ( “el tontaina de Asturias, o sea, yo). Y continúa: “Se trata del mismo individuo con pseudónimo femenino”.

El artículo lo firma María Maizkurrena. Una simple consulta a Google nos informa de que nació en Londres en 1962, que es autora de varios libros de poesía, también de novelas, y columnista habitual.  Si Fusi tiene problemas con el uso del móvil, Gomá con el de internet. Podría pedir ayuda a su secretaria ante de hacer públicamente el ridículo.

Viernes, 27 de febrero
QUE PAREZCA UN ACCIDENTE

Cuento las peripecias de esta semana en la tertulia. “Has dado en la diana, Martín, estarás contento”, me dicen.

Y no, no lo estoy, porque la diana es el corazón de un predicador de la ejemplaridad al que he leído y admirado. Un prócer con pies de barro, por lo que parece, un doctor Jekyll que se metamorfosea en míster Hyde cuando bebe la pócima de Elon Musk.

“No te preocupes, no tengas piedad por ese santón al que has dejado con el culo al aire. Él no la tendrá contigo: no solo te insulta y trata de ridiculizarte, sino que amenaza con llevarte ante la justicia civil y militar. Cuídate, sastrecillo valiente, no vaya a ser que unos matones te rompan las piernas o la cabeza de forma que parezca un accidente”.

 

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