Domingo,
8 de febrero
MISOGINIA
---¡Cómo me aburrí viendo Hamnet, la aclamada
y sensible película de Chloé Zhao! Tiene una parte muy de llorar, pero cuando
llegó yo ya estaba pensando en otra cosa a la espera de que al guionista se le
ocurriera por fin dejar a la sufrida esposa y seguir a Shakespeare en sus
correrías por Londres.
—Eres
un machista, Martín.
---Es
posible. Seguro que Agnes, la mujer de Shakespeare, merece toda la admiración y
todo el respeto, como la mayor parte de las esposas de los grandes hombres, y
de los no tan grandes, pero, ¿qué quieres que te diga?, en el cine dan más
juego las malas mujeres y los pícaros con gracia. Me aburrió Hamnet, pero
no dejé de prestar atención a la pantalla ni un instante en Marty Supreme y
eso que a mí el ping pong me interesa más bien poco. Si el protagonista hubiera
sido un chico ejemplar, un Carlos Alcaraz, seguro que me habría aburrido como con
Hamnet, pero era un simpático mal bicho, un pícaro sin escrúpulos, y el
escenario –el Nueva York de los cincuenta con su sordidez y su magia-- estaba
retratado con verdad, era creíble. ¿Una película muy masculina, llena de
crueldad y testosterona, frente a otra muy femenina y delicada? No sé, no sé.
Lo cierto es que una película que cuente el ascenso y caída de Mario Conde, en
principio, siempre interesará más que otra sobre la vida de un banquero
respetuoso con la ley. Y, por cierto, qué falso todo en la película de Chloé
Zhao, no sé si en la exitosa novela de Maggie O’Farrell, aunque me imagino que
también, ya que es coautora del guion. Se basa en un bulo pseudo erudito que no
tiene más fundamento que la coincidencia (aproximada) de nombre entre el hijo
de Shakespeare que murió a los once años y el protagonista de su obra más
famosa. Pero el príncipe de Dinamarca ya se llamaba Hamlet en la historia que
le sirvió de punto de partida. Y el que esa obra, que trata del dolor por la
muerte de un padre y los deseos de venganza, tenga que ver con el dolor por la
muerte de un hijo me parece tan rebuscado como poco creíble.
---Eres
un machista, Martín, como toda la gente de tu edad, aunque trates de
disimularlo. Acabo de leer esa obrita de teatro, “Escenas de caza”, que acabas
de publicar en Los setenta, la nueva revista de tu amigo Abelardo, y
rebosa misoginia por todas partes.
---¿Tú
crees? A mí me hace mucha gracia y lo puedo decir porque el autor es Anton
Chéjov. Yo solo soy el adaptador.
Lunes,
9 de febrero
VIVA CUBA
Mientras Trump quiere hacer de Cuba una nueva Gaza y
rendir por hambre a sus habitantes, Europa sigue empeñada en enviar más y más
misiles a Ucrania para continuar una guerra absurda que nunca podrá ganar un
Zelenski que no tiene necesidad de falsificar elecciones porque se limita a no
celebrarlas como cualquier dictador que se precie.
Ya
resulta evidente que las desdichas de Cuba se deben más a la política del
gobierno norteamericano que a la de su propio gobierno (y ya es decir)
Martes,
10 de febrero
VOLVER
Vuelvo a Buenos Aires de la mano de Sergio Hojman,
un arquitecto que tuvo que exiliarse en tiempos de la dictadura. Qué placer
curiosear de nuevo en el mercadillo de San Telmo, cruzar el parque Lezama,
caminar sin prisas hasta la Boca, comparar lo vivo y lo pintado en el museo
Quinquela. Y tomar un café en la Biela, tratando de imaginar lo que dicen en la
mesa de al lado Borges y Bioy Casares. Y entrar en la galería Güemes imaginando
que, por un raro azar, vamos a salir en París, como en el relato de Cortázar.
Sergio
Hojman nos cuenta cómo era la ciudad de su infancia y la contrapone a la de
ahora. Aquel Buenos Aires tenía una magia que no ha perdido del todo o que
perdió en parte, pero ha ido poco a poco recuperando.
Nunca
estuve más de una semana en Buenos Aires, pero lo pateé tanto y con tanta
atención que puedo cerrar los ojos e ir de un sitio a otro --de la torre
Barolo, en la Avenida de Mayo, al
edificio Kavanagh, en la plaza San Martín-- por el camino más corto y
describiendo lo que encuentro a mi paso. Para las ciudades que me gustan,
también para las personas, tengo algo de Funes el Memorioso.
El que
desde el primer momento me encontrara en Buenos Aires como en casa tuvo que
ver, más que con los cafés y librerías, con las Galerías Pacífico que de
inmediato convertí en el equivalente porteño de las Salesas, “apeadero feliz de
mi costumbre”, que diría parafraseando a Unamuno. Pero no sé si la próxima vez
que vuelva me encontraré tan a gusto.
En 1987,
se estaba rodando una película en las Galerías Pacífico. Arturo Santana, el
director de fotografía, un superviviente de la represión militar, bajó a los
sótanos y reconoció el lugar en que había sido torturado en 1976. “La
investigación reveló –cuenta Sergio Hojman-- que durante los años de terror el
Primer Cuerpo del Ejército había instalado en las mismas tripas de aquel centro
comercial en el que diariamente miles de porteños paseaban, charlaban, reían,
aquella mazmorra en cuyas paredes se podían ver las marcas de los prisioneros:
nombres, fechas, súplicas de ayuda”. En otro lugar del libro, nos indica que su
hermano Roberto fue uno de los desaparecidos.
Miércoles,
11 de febrero
UN CONSEJO
---En lugar de escribir sobre los libros que te
encuentras en el Fontán, Martín, deberías hablar más de política. Incluso
harías buen papel en una de esas tertulias radiofónicas o televisivas que tanto
abundan. Eres un polemista terrible.
---¿Y tú crees que lo que yo dijera serviría para algo, amigo Bueres? Sería añadir más ruido al ruido, aumentar el guirigay. Mejor seguir con poetas y poetastros y con los libros del Fontán.
Jueves,
12 de febrero
UN CUENTO CHINO
Al poeta chino Gu Cheng (1956-1993) le conocí en una
de las prodigiosas viñetas que Juan Forn publicaba en un diario argentino. Fue
un niño prodigio, el poeta chino más famoso de su tiempo, dentro y fuera de
China. En la revista Fábula encuentro algunos de sus poemas traducidos
por María Ferrer Lledó. Son bien poquita cosa, al contrario que el personaje
que fascinó al mundo. Se había casado con una de sus mayores admiradoras, Xie
Ye, que se encargaba de transcribir sus poemas y de todas las pequeñeces de la
vida diaria, además de servirle de intérprete en sus viajes al extranjero
porque Gu Cheng solo hablaba chino. En una comida con Eliot Weinberger –cuenta
Font--, Gu Cheng afirma que “el camino del Tao autoriza a matar, y a matarse,
ya que en el camino del Tao nada importa si no conduce a la nada”.
Cuando el
poeta se levanta para ir al baño, Xie Ye, sin perder la sonrisa luminosa que la
caracterizaba, pronuncia las únicas palabras propias que Wisenberger le escuchó
en toda la velada: “Ojalá se muera de una vez”. Dos años tardó en cumplirse el
deseo de Xie Lei, “solo que, antes de ahorcarse, Gu Cheng asesinó a su esposa a
hachazos”.
María
Ferrer Lledó lo cuenta de manera más confusa, pero no menos siniestra: “Aunque
tuvieron un hijo, Xie Ye quiso romper la relación y llegó a invitar a una joven
china a vivir con ellos con el objetivo de que su marido se enamorara de ella y
así poder alejarse de él. Al contrario de lo esperado, tras la partida de la
amante, la situación empeoró y Gu Cheng fue internado en un psiquiátrico.
Finalmente, en 1993 Xie Ye decidió romper definitivamente el matrimonio y salir
con otro hombre, pero Gu Cheng la mató y terminó suicidándose”.
Qué
poca cosa los poemas de este psicópata que fue paseado en andas por el mundo
occidental como manera de ayudar a la disidencia de su país. Quizá solo eran
grandes poemas para quienes no sabían chino si los recitaba él en chino.
“Vendedor ambulante” dice así: “En la esquina de la calle / se extiende una
lona. / Adelante hay una calle / Qué ágiles son ellos / Son arañas sobre su
tela / Qué ignorantes son ellos / Son presas en la tela”.
Se puede
echar la culpa a la traducción, pero me temo que eso no lo salva ni Marcela de
Juan.
Viernes,
13 de febrero
CRUZO LOS DEDOS
No soy supersticioso, por supuesto, pero cruzo los
dedos al levantarme hoy. Fue un 13 de febrero cuando Larra se pegó un tiro tras
su último intento de reconciliación con Dolores Armijo.
Visto lo
visto, creo que la fecha más adecuada para celebrar San Valentín sería no un
14, sino un 13 de febrero que cayera siempre en viernes. El amor es un virus
maligno para el que todavía no se ha encontrado vacuna.





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