sábado, 14 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: El amor y otras calamidades

 

Domingo, 8 de febrero
MISOGINIA

---¡Cómo me aburrí viendo Hamnet, la aclamada y sensible película de Chloé Zhao! Tiene una parte muy de llorar, pero cuando llegó yo ya estaba pensando en otra cosa a la espera de que al guionista se le ocurriera por fin dejar a la sufrida esposa y seguir a Shakespeare en sus correrías por Londres.

           —Eres un machista, Martín.

---Es posible. Seguro que Agnes, la mujer de Shakespeare, merece toda la admiración y todo el respeto, como la mayor parte de las esposas de los grandes hombres, y de los no tan grandes, pero, ¿qué quieres que te diga?, en el cine dan más juego las malas mujeres y los pícaros con gracia. Me aburrió Hamnet, pero no dejé de prestar atención a la pantalla ni un instante en Marty Supreme y eso que a mí el ping pong me interesa más bien poco. Si el protagonista hubiera sido un chico ejemplar, un Carlos Alcaraz, seguro que me habría aburrido como con Hamnet, pero era un simpático mal bicho, un pícaro sin escrúpulos, y el escenario –el Nueva York de los cincuenta con su sordidez y su magia-- estaba retratado con verdad, era creíble. ¿Una película muy masculina, llena de crueldad y testosterona, frente a otra muy femenina y delicada? No sé, no sé. Lo cierto es que una película que cuente el ascenso y caída de Mario Conde, en principio, siempre interesará más que otra sobre la vida de un banquero respetuoso con la ley. Y, por cierto, qué falso todo en la película de Chloé Zhao, no sé si en la exitosa novela de Maggie O’Farrell, aunque me imagino que también, ya que es coautora del guion. Se basa en un bulo pseudo erudito que no tiene más fundamento que la coincidencia (aproximada) de nombre entre el hijo de Shakespeare que murió a los once años y el protagonista de su obra más famosa. Pero el príncipe de Dinamarca ya se llamaba Hamlet en la historia que le sirvió de punto de partida. Y el que esa obra, que trata del dolor por la muerte de un padre y los deseos de venganza, tenga que ver con el dolor por la muerte de un hijo me parece tan rebuscado como poco creíble.

            ---Eres un machista, Martín, como toda la gente de tu edad, aunque trates de disimularlo. Acabo de leer esa obrita de teatro, “Escenas de caza”, que acabas de publicar en Los setenta, la nueva revista de tu amigo Abelardo, y rebosa misoginia por todas partes.

            ---¿Tú crees? A mí me hace mucha gracia y lo puedo decir porque el autor es Anton Chéjov. Yo solo soy el adaptador.


Lunes, 9 de febrero
VIVA CUBA

Mientras Trump quiere hacer de Cuba una nueva Gaza y rendir por hambre a sus habitantes, Europa sigue empeñada en enviar más y más misiles a Ucrania para continuar una guerra absurda que nunca podrá ganar un Zelenski que no tiene necesidad de falsificar elecciones porque se limita a no celebrarlas como cualquier dictador que se precie.

            Ya resulta evidente que las desdichas de Cuba se deben más a la política del gobierno norteamericano que a la de su propio gobierno (y ya es decir) 

Martes, 10 de febrero
VOLVER

Vuelvo a Buenos Aires de la mano de Sergio Hojman, un arquitecto que tuvo que exiliarse en tiempos de la dictadura. Qué placer curiosear de nuevo en el mercadillo de San Telmo, cruzar el parque Lezama, caminar sin prisas hasta la Boca, comparar lo vivo y lo pintado en el museo Quinquela. Y tomar un café en la Biela, tratando de imaginar lo que dicen en la mesa de al lado Borges y Bioy Casares. Y entrar en la galería Güemes imaginando que, por un raro azar, vamos a salir en París, como en el relato de Cortázar.

Sergio Hojman nos cuenta cómo era la ciudad de su infancia y la contrapone a la de ahora. Aquel Buenos Aires tenía una magia que no ha perdido del todo o que perdió en parte, pero ha ido poco a poco recuperando.

Nunca estuve más de una semana en Buenos Aires, pero lo pateé tanto y con tanta atención que puedo cerrar los ojos e ir de un sitio a otro --de la torre Barolo, en la Avenida de Mayo,  al edificio Kavanagh, en la plaza San Martín-- por el camino más corto y describiendo lo que encuentro a mi paso. Para las ciudades que me gustan, también para las personas, tengo algo de Funes el Memorioso.

El que desde el primer momento me encontrara en Buenos Aires como en casa tuvo que ver, más que con los cafés y librerías, con las Galerías Pacífico que de inmediato convertí en el equivalente porteño de las Salesas, “apeadero feliz de mi costumbre”, que diría parafraseando a Unamuno. Pero no sé si la próxima vez que vuelva me encontraré tan a gusto.

En 1987, se estaba rodando una película en las Galerías Pacífico. Arturo Santana, el director de fotografía, un superviviente de la represión militar, bajó a los sótanos y reconoció el lugar en que había sido torturado en 1976. “La investigación reveló –cuenta Sergio Hojman-- que durante los años de terror el Primer Cuerpo del Ejército había instalado en las mismas tripas de aquel centro comercial en el que diariamente miles de porteños paseaban, charlaban, reían, aquella mazmorra en cuyas paredes se podían ver las marcas de los prisioneros: nombres, fechas, súplicas de ayuda”. En otro lugar del libro, nos indica que su hermano Roberto fue uno de los desaparecidos. 

Miércoles, 11 de febrero
UN CONSEJO

---En lugar de escribir sobre los libros que te encuentras en el Fontán, Martín, deberías hablar más de política. Incluso harías buen papel en una de esas tertulias radiofónicas o televisivas que tanto abundan. Eres un polemista terrible.

            ---¿Y tú crees que lo que yo dijera serviría para algo, amigo Bueres? Sería añadir más ruido al ruido, aumentar el guirigay. Mejor seguir con poetas y poetastros y con los libros del Fontán.

Jueves, 12 de febrero
UN CUENTO CHINO

Al poeta chino Gu Cheng (1956-1993) le conocí en una de las prodigiosas viñetas que Juan Forn publicaba en un diario argentino. Fue un niño prodigio, el poeta chino más famoso de su tiempo, dentro y fuera de China. En la revista Fábula encuentro algunos de sus poemas traducidos por María Ferrer Lledó. Son bien poquita cosa, al contrario que el personaje que fascinó al mundo. Se había casado con una de sus mayores admiradoras, Xie Ye, que se encargaba de transcribir sus poemas y de todas las pequeñeces de la vida diaria, además de servirle de intérprete en sus viajes al extranjero porque Gu Cheng solo hablaba chino. En una comida con Eliot Weinberger –cuenta Font--, Gu Cheng afirma que “el camino del Tao autoriza a matar, y a matarse, ya que en el camino del Tao nada importa si no conduce a la nada”.

Cuando el poeta se levanta para ir al baño, Xie Ye, sin perder la sonrisa luminosa que la caracterizaba, pronuncia las únicas palabras propias que Wisenberger le escuchó en toda la velada: “Ojalá se muera de una vez”. Dos años tardó en cumplirse el deseo de Xie Lei, “solo que, antes de ahorcarse, Gu Cheng asesinó a su esposa a hachazos”.

            María Ferrer Lledó lo cuenta de manera más confusa, pero no menos siniestra: “Aunque tuvieron un hijo, Xie Ye quiso romper la relación y llegó a invitar a una joven china a vivir con ellos con el objetivo de que su marido se enamorara de ella y así poder alejarse de él. Al contrario de lo esperado, tras la partida de la amante, la situación empeoró y Gu Cheng fue internado en un psiquiátrico. Finalmente, en 1993 Xie Ye decidió romper definitivamente el matrimonio y salir con otro hombre, pero Gu Cheng la mató y terminó suicidándose”.

            Qué poca cosa los poemas de este psicópata que fue paseado en andas por el mundo occidental como manera de ayudar a la disidencia de su país. Quizá solo eran grandes poemas para quienes no sabían chino si los recitaba él en chino. “Vendedor ambulante” dice así: “En la esquina de la calle / se extiende una lona. / Adelante hay una calle / Qué ágiles son ellos / Son arañas sobre su tela / Qué ignorantes son ellos / Son presas en la tela”.

Se puede echar la culpa a la traducción, pero me temo que eso no lo salva ni Marcela de Juan.

Viernes, 13 de febrero
CRUZO LOS DEDOS

No soy supersticioso, por supuesto, pero cruzo los dedos al levantarme hoy. Fue un 13 de febrero cuando Larra se pegó un tiro tras su último intento de reconciliación con Dolores Armijo.

Visto lo visto, creo que la fecha más adecuada para celebrar San Valentín sería no un 14, sino un 13 de febrero que cayera siempre en viernes. El amor es un virus maligno para el que todavía no se ha encontrado vacuna.

 

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