Domingo,
1 de febrero
A TODOS NOS LLEGA
A todos nos llega el momento de la despedida, pero
no a todos al mismo tiempo. A los deportistas les llega antes y a los
escritores después que a los cantantes. También hay diferencias entre los
escritores: los novelistas echan el cierre antes que los poetas.
Yo
he sido particularmente cruel con los que han continuado después de que debían
hacer el mutis. Recuerdo mis comentarios, primero de Jorge Guillén, luego de
Dámaso Alonso, más tarde de Pere Gimferrer. Pero mi indignación no era tanto
contra esos poetas como contra los reseñistas habituales que recibieron Duda
y afirmación sobre el Ser Supremo como si fuera otro Hijos de la ira. Me
parecieron cómplices de una estafa y yo entonces me consideraba una especie de
justiciero al servicio del buen lector. Solo más tarde supe de los problemas de
salud mental de Dámaso Alonso en los últimos años.
¿Fui
también algo cruel con el libro sobre Galdós de Vargas Llosa? Es posible, pero
yo no podía dejar de señalar que aquel laborioso empeño de su vejez --leyó y
anotó todas las obras de Galdós, el teatro incluido-- hacía aguas por todas
partes.
Más
pronto o más tarde, o incluso muy tarde –ahí está Manuel Vicent, tan terne, a
los noventa años--, a todos nos llega el momento de la despedida si la vida
discurre por cauces naturales (puede haber un corte brusco). Pero unos se dan
cuenta y otros no.
¿Me
encontraré yo entre los primeros o entre los segundos? De lo que estoy seguro,
es de que si estoy entre los primeros mis puerilidades seniles no serán
recibidas con un unánime aplauso por los suplementos literarios. Lo bueno de no
haber estado nunca en la cima del éxito, ni en las proximidades, es que se
evita uno las melancolías de que le vayan haciendo cada vez menos caso.
Ando ahora preparando una reedición de mis versos y,
en algunos casos, es la primera vez que los releo después de publicados. Creo
ver un cierto ascenso hasta más o menos el año 2010 y un declive posterior,
aunque quizá sea solo un cambio de poética.
Algún
amigo malintencionado ya me había advertido de ello, pero yo no quise creerle.
Las obras finales de Tiziano no tienen el esplendor de las de su etapa de
madurez, pero lo compensan con una sencillez que solo es posible después de
haber desaprendido mucho.
Lunes,
2 de febrero
PUEDO EQUIVOCARME
Leo una extensa entrevista con David Uclés, el autor
de moda, para bien y para mal, y me da un poco de pena el personaje. Me temo
que su futuro es el de ser un juguete roto. Cierto que ha publicado una novela
que agota edición tras edición, pero no he conseguido encontrar a nadie que la
haya leído entera.
Yo ni
siquiera la he hojeado. Me bastan las referencias para saber que hay mejores
maneras de perder el tiempo que enfrascarse en ese ladrillo de setecientas
páginas.
Alguien
que ha leído ya su premio Nadal me cuenta que es todavía más formularia e inane
que la anterior. Pero se venderá mucho, sin duda. Ya se encargarán los
fontaneros de Planeta de que así sea. Y las embestidas de la derecha selvática
–o no, hasta mi amigo Daniel Sánchez Rodero le ha llamado “pequeño, peludo y
suave”, como el borriquillo de Juan Ramón-- le mantendrán un cierto tiempo en
el escenario. Tiene muchos enemigos con acceso a los medios de comunicación (ya
me gustaría a mí) y eso es siempre una garantía.
A
Javier Cercas le ocurrió algo semejante con Soldados de Salamina. No
creo que Uclés sepa salir adelante como hizo Cercas. No tiene ni su cultura ni
su talento literario ni su habilidad para convertirse en intelectual orgánico.
Cuando se acabe el efecto bandada de estorninos o bola de nieve (a un libro le
toca la lotería y se compra porque se compra y porque todos hablan de él), será
un juguete roto sin necesidad de que para ello hagan falta las estocadas de
ningún espadachín.
Puedo
equivocarme, claro. Y mucho me gustaría. Me han conmovido sus recuerdos de
infancia y maltrato.
Martes,
3 de febrero
AÚN NO
El arte de perder amigos se me da bastante bien,
debo reconocerlo. No nací para la diplomacia ni para templar gaitas. Pero como
soy un optimista nato y procuro siempre mirar las cosas desde el punto de vista
que más me favorece, se me ocurre pensar que para perder amigos es condición
indispensable tenerlos. Como llevo perdiendo amigos más o menos desde que
comencé a publicar, y aún antes, eso significa que también he ido añadiendo
amigos desde entonces.
Dicen
que, a partir de cierta edad, ya no se hacen nuevos amigos. No es mi caso. Y no
me refiero a los cinco o seis mil “amigos” de Facebook, sino a aquellos que, si
lo necesitaran, saben que podrían venir a llorar sobre tu hombro y tú también
podrías ir a llorar sobre el suyo, aunque yo soy de los educados con aquello de
que los hombres no llorar.
Amigos
de verdad, tengo los mismos que tenía hace cuarenta años. Claro que no todos
son los mismos. ¿Llegará un momento en que no haya reemplazo para los que se
cansan de que te escondas en un caparazón lleno de espinas?
Llegará,
todo llega, pero aún no ha llegado. Y yo procuro no ser de los que –como diría
Machado-- “no gozan de lo que tienen / por ansia de lo que esperan”, o por
miedo de lo que temen, añado yo.
Miércoles,
4 de febrero
NO SIEMPRE
Subrayo en una conferencia de William James: “Los
libros fundamentales se leen antes de los veinte años; todos los demás son
prescindibles o complementarios”.
Jueves,
5 de febrero
UN MIURA SEVILLANO
---Es raro que no te gusten los toros, Martín,
porque dominas perfectamente el arte de torear. ¡Hay que ver cómo le has ido
dando cambiadas a ese miura sevillano que trataba de cornearte!
---¿Te
refieres a los comentarios a mi blog de Abelardo Linares? Una broma entre
amigos.
---Pues
a él no parece que le hiciera mucha gracia, aunque al tendido sí que nos hacía
bastante. ¿No oías los aplausos cada vez que le dabas un buen pase con la
muleta?
---¡Qué
exagerado eres! La verdad es que me he divertido un poco en ese combate en
verso.
---Sospecho
que él no tanto. Un primer acierto hacerle abandonar la prosa, que se le da
mejor que el verso, que no parece que sea lo suyo. Se ha despedido un poco
enfadado y “hasta el cogote”, según dice.
---Lástima,
porque a mí me divertía este pin pan pun. Él se lo pensaba más, yo le devolvía
la pelota de inmediato. Él quería pincharme con sus reparos y yo me las
arreglaba para convertirlos en elogios.
---Tenías
que haberle dejado ganar alguna partida.
---Lo
tendré en cuenta para otra vez.
---No creo que vuelva a por otra.
Viernes,
6 de febrero
ENSEÑANZAS DE LA EDAD
El orden de las palabras, al contrario que el de los
factores, para decirlo con la fórmula que nos enseñaron en la escuela, sí
altera el producto. No es lo mismo decir “tarde, pero aprendo”, que es mi lema,
que “aprendo, pero tarde” que es lo que suele suceder.
¿Y
qué he aprendido yo un poco tarde, pero a tiempo? Los mecanismos del amor y del
desamor, que ahora manejo sin pincharme ni cortarme y sin poner nunca toda la
carne en el asador.
También
a manipular mi vanidad (y la ajena), a reírme de ella, a exagerarla más que a
disimularla.
A
quejarme lo justo, y sin creérmelo del todo, para evitar envidiosas zancadillas
o puñaladas en la espalda.
A
no dejar que la costumbre me vuelva invisibles los milagros de cada día.
La
vida no es un cuento de hadas, ya lo sé (o sí lo es, pero de los que se
contaban en las noches de invierno alrededor de una hoguera, no de los
edulcorados para infantes), y la desdicha acecha en cada recodo del camino.
Vendrán tiempos peores, quién lo duda, pero mientras tanto disfruto y agradezco
lo que tengo. Eso he aprendido.
Ya
me imagino lo que diría mi contrincante favorito, el miura sevillano, si leyera
estos apuntes que escribo para mí solo.
---Acabarás
publicando libros de autoayuda. A lo mejor te va mejor que con tus ripiosos
poemas y te conviertes en un nuevo Paolo Coelho.






No hay comentarios:
Publicar un comentario