Sábado,
24 de septiembre
LO QUE
ME HACE FELICZ
Cosas que no cuestan dinero y que me hacen feliz: entrar en el café de siempre a la hora de siempre, ni un segundo antes ni un segundo después; salir al campo a descubrir (y fotografiar) flores e insectos en los que no me había fijado antes; ver salir el sol; llevar la contraria; enamorarme; desenamorarme; releer a Montaigne; pasear solo entre la gente; esperar en la estación la llegada de un amigo ausente largo tiempo; dudar de las certezas ajenas tanto como de las propias; cantar cuando nadie me escucha; repetirme de memoria mis poemas preferidos; no fumar; admirar; pasar la noche entera durmiendo; hacer monerías para entretener a un bebé; cerrar los ojos y no pensar en nada.
Domingo,
25 de septiembre
TORTURA, QUE ALGO QUEDA
Sabía que lo iba a pasar mal, pero no me
imaginaba que tan mal. El domingo pasado me tocó un relajante viaje al paraíso,
con amor y mar, exotismo e ingenio, y este sabía que me arriesgaba a un
puñetazo.
Me sentí lleno de angustia a los pocos
minutos, a punto estuve de salir corriendo. Pero todo pasó y me quedé hasta el
final, hasta el convencional final feliz. Alberto Rodríguez, en Modelo 77, cuenta
la olvidada historia de la COPEL, de la coordinadora de presos en lucha, que
ocupó las primeras páginas de los periódicos a poco de la muerte de Franco.
Pedían que la amnistía de los presos políticos les alcanzara también a los comunes.
Recuerdo las fotografías de sus líderes en la primera página de los periódicos
subidos a la cúpula de algunas prisiones. Historia reciente de España que para
algunos es ya historia antigua y para mí parte de mi vida.
El ritual de la entrada en la cárcel, el
encierro en una celda con tres desconocidos, los quince días del llamado
período sanitario, en que no te dejaban salir ni para ducharte. Todo eso, y
todo lo que vino después, de la huelga de hambre al motín, es agua pasada desde
hace tiempo. Más de una vez lo he contado como quien cuenta una película y ya
no sé si algunos detalles son ciertos o me los he inventado o retocado para
lograr un mayor impacto. Pero a oscuras, solo en la sala, volví a vivir aquella
historia y faltó muy poco para que me pusiera a gritar. El protagonista de Modelo
77 ha cometido un pequeño desfalco —nada que ver con lo que entonces
presuntamente se embolsaba el jefe del Estado al margen de sus ingresos legales—
y por ello ha de pasar largos años en prisión preventiva, no hay prisa ninguna
para el juicio. Pocos años antes, en el 74, yo era el perfecto falso culpable,
como en una película de terror. La mía tuvo un final feliz, aunque no faltaron
momentos de suspense a lo Hitchcock, y yo creía que aquellos remotos e
inverosímiles tormentos no habían dejado ninguna huella, que eran solo un
capítulo de mi biografía que parece inventado. Pero no. Nada desaparece del
todo. Freud lo sabía bien.
Al ir al cine este domingo me he puesto a
prueba, y al salir sonrío bajo la leve lluvia: creo que la he superado.
Lunes,
26 de septiembre
COSAS
QUE NO HAY QUE DECIR
—¿Qué catástrofe, Martín, qué catástrofe! El
país de Leonardo y Miguel Ángel ha caído en manos de la ultraderecha.
—¿Pues
qué quieres que te diga? Yo me alegro del triunfo de Giorgia Meloni y de que
los que buscaron un salvador de la patria que traía, para repartir entre los
partidos que se portaban bien, los millones de Europa bajo del brazo se hayan
tenido que ir a casa.
—¿Pero
estás contento con el trato que les quieren dar a los emigrantes?
—Por
malo que sea no será peor que el que les da Marlaska en connivencia con
Marruecos.
—¡En
lo que te has convertido, Martín! ¡Tú que siempre apoyabas a la izquierda!
—Y
la sigo apoyando en lo que merece mi apoyo, solo en eso. En lo que se refiere a
la gestión de la pandemia, al encierro de niños, a la obligatoriedad de usar
mascarillas en lugares abiertos y con distancia de seguridad, al chantaje para
conseguir ganar la carrera de la vacunación (teóricamente, no obligatoria),
pues ahí estoy más con Macarena Olona que llevó al Constitucional ciertos
preceptos muy poco constitucionales, mientras la izquierda (y la derecha
española, no Giorgia Meloni) bajaba la cabeza y ponía la otra mejilla. Además el otro día se fotografió sin
mascarilla en un tren, como si estuviera en Francia o en Bélgica, o en
cualquier país civilizado. Entre Darias, la ministra portavoz de las
farmacéuticas, y Olona, no tengo dudas de con quién me quedo. En este aspecto,
solo en este aspecto, claro.
—¡Tú
estás loco, Martín! No se te ocurra decir esas cosas en público. Te vetarán en
los periódicos, boicotearán tus conferencias.
—No te preocupes, que procuraré que no se me note lo que pienso de los que se pasaron los derechos de los ciudadanos por debajo del puente colgante y maltrataron nuestra salud con la excusa de protegerla. Pero me gusta decir cosas obvias que nadie dice. ¿Recuerdas la solución Armada, aquella que se pretendía implantar para acabar con el descontrol de finales de los setenta? Un hombre de prestigio, un general bien visto por el rey y por la mayoría de los partidos, al frente del gobierno, aunque no fuera diputado. Una especie de general De Gaulle. Pues bien esa solución Armada, que aquí impidió Tejero (el verdadero salvador de la democracia, aunque a su pesar), fue la habitual en Italia en los últimos años. Se sucedían los gobiernos y ninguno tenía al frente un presidente elegido por la ciudadanía, ninguno se había presentado a las elecciones. El último Armada italiano fue Mario Draghi, al que se le aplaudía mucho porque había conseguido ingentes fondos europeos. Ahora, tras estas elecciones, por fin parece que va a gobernar Italia quien han decidido los italianos. ¡Y todos los periódicos hablan de que la democracia está en grave peligro! ¿Pero qué idea tendrán esos demócratas de la democracia? Y la Unión Europea amenaza con no dar paso a los fondos de ayuda si hacen algo que no les gusta. Para algunos, la verdadera democracia es una democracia tutelada por ellos. Pues los italianos le han dicho a las úrsulas y a los borreles que basta de chantaje. ¡Brava Italia!
Martes,
27 de septiembre
MANTEN
LAS DISTANCIAS
El que se conoce demasiado a sí mismo acaba
perdiéndose el respeto.
Miércoles,
28 de septiembre
ALGUIEN
ME DICTA
Unas veces escribo y otras transcribo lo que
alguien me dicta. Muchos de los grandes libros de la humanidad se escribieron
de esa manera, pero la voz que a mí me habla no es la de ningún dios más o
menos verdadero. Y a veces no habla, canta: “Qué importa que no me quieras / si
te quiero por los dos. / Te doy la mitad del mío / y ya tienes corazón”. Borges
decía que a esa voz los antiguos la llamaban la musa y los modernos, más
prosaicamente, el inconsciente.
Jueves,
29 de septiembre
MALOS
TIEMPOS
Yo también, como Casandra, veo venir la
catástrofe y no puedo hacer nada por evitarla.
Viernes,
30 de septiembreEL PASADO QUE VUELVE
—El protagonista de Modelo 77 había
“distraído” cincuenta mil pesetas del negocio en que trabajaba. ¿Qué habías
hecho tú, Martín?
—Yo,
nada. Pero el tribunal militar me acusaba de un delito de terrorismo que, en
aquellos momento, aún vivía Franco, podía ser castigado con la pena de muerte. Y
de la misma galería en que yo estaba salió, poco después, uno de los fusilados
en Hoyos del Manzanares. Cuando la causa pasó al Tribunal de Orden Público, en
lo que a mí respecta fue sobreseída. Estaba suspendido de empleo y sueldo y me
abonaron el sueldo de aquellos meses carcelarios. Pero no hablemos de eso. Al
protagonista de Modelo 77 le roban el traje en el patio; a mí me robaron
la ropa que llevaba para cambiarme en la ducha, una ducha helada en el invierno
madrileño. Prefiero recordar solo momentos divertidos: al comprar un bocadillo
en la cantina para completar el deficiente menú, se equivocaron en el cambio y
me dieron unas pesetas de más (utilizábamos vales en lugar de dinero). Las
devolví de inmediato y ahí empezó el pitorreo: “¡Un tipo honrado! ¿Pero qué
hace un chico como tú entre tantos ladrones?”




























