viernes, 6 de noviembre de 2026

Aguas bravas: Las cosas claras

 

Domingo, 1 de noviembre
LO QUE HA PASADO

---¿Vas a seguir votando a Pedro Sánchez después de lo que ha pasado? ¡Ese canalla de ministro!

            ---¿De lo que ha pasado? Se sabe desde pocos momentos después del accidente, pero todos tratan de ocultarlo, o enturbiarlo o de echar balones fuera.

            ---No te entiendo.

            ---La derecha rabiosa sale a la calle a exigir linchamientos; si por ella fuera se encarcelaría a todo el consejo de ministros y al dictador que lo preside se le cortaría la cabeza, como al coronel Riego, y se pasearía su cabeza por las calles de Madrid. La izquierda habla de falta de inversiones, de si había un sistema de control que no era el más moderno, de si los trabajadores estaban estresados y bla bla bla, Saben que este accidente les va a restar votos y tratan de minimizar los daños.

            ---Y tú sabes lo que pasó.

            ---Y lo sabe todo el mundo. Alguien –un ser humano, no un sistema informático averiado-- ordenó al maquinista de un tren cargado de pasajeros que se lanzara contra otro tren, también lleno de pasajeros, detenido unos pocos kilómetros más allá.

            ---¡Qué bruto eres!

            ---Pues eso fue lo que ocurrió. Los trenes se detuvieron porque falló el sistema que los contralaba, como había sucedido otras veces por diversas causas, pero ese fallo no puso en riesgo la seguridad de nadie. A partir de este momento, el control quedó a cargo de trabajadores especializados. El problema que se planteaba era de fácil solución.

            ---¡Se equivocaron de protocolo!

            ---¡Qué protocolo ni qué narices! Hasta un alumno de primaría podría resolverlo: tengo dos trenes parados en la misma vía y que van al mismo destino, ¿cuál debo poner primero en marcha, el que está delante o el que está detrás?

            ---Simplificas la tragedia como si fuera un juego de niños.

            ---Quien dio la orden al segundo tren de avanzar a la alta velocidad normal ¿no sabía que había un poco más adelante otro tren detenido?

            ---Creía que ya se había puesto ya en marcha.

            ---¿Y no tuvo la precaución de comprobarlo cuando de ello dependía la vida de cientos de personas? Yo no sé si el ministro dimitirá o no, yo no sé si la extrema derecha arrasará o no en las próximas elecciones, lo que sí sé es que, aunque la alta velocidad española fuera la más modernizada del mundo, el accidente de Urda podría haber ocurrido igualmente: cualquier sistema de señalización puede fallar en algún momento por causas propias o ajenas y eso no supone ningún riesgo, ni con el BLZ ni con el ERTMS. En ambos casos se detienen los trenes y quedan a cargo de un controlador hasta que se recupere el sistema. A ver qué dice la jueza encargada del caso, pero en principio parece tratarse de un homicidio involuntario. Y si el trabajador fuera de origen marroquí o de cualquier país musulmán, seguro que ya se estaría investigando como un posible caso de terrorismo. 

Martes, 3 de noviembre
LA PRINCESA LAVANDERA

Cuántas cosas que ignoro, afortunadamente. Encuentro hoy en la librería de viejo habitual, Mis memorias, de María de las Nieves de Braganza y Borbón. Nunca había oído hablar de ella, una heroína del carlismo.

            Estas memorias se publicaron en 1934, pero tratan de hechos ocurridos sesenta años atrás: Mis memorias sobre nuestra campaña en Cataluña en 1872 y 1873 y en el centro en 1874. Se basan en el Diario de campaña que llevó la autora por aquellas fechas, las de la tercera guerra carlista, por eso están llenas de pequeños detalles exactos, los que a mí más me gustan.

            En 1872, Amadeo en el trono de España, el pretendiente carlista, Carlos VII, llama a su hermano Alfonso, que entonces residía en Malta, para ponerle al frente de la sublevación que pronto se va a iniciar en Cataluña. Alfonso desembarca en Marsella con su mujer,  María de la Nieves, de veinte años, y la policía francesa hace todo lo posible para impedir su paso a España. Durante un tiempo se han de alojar, de incógnitos, en diversas residencias de simpatizantes. Una de ellas, situada en Bedarieux, “una pequeña ciudad industrial, apartada, a la que conduce una línea lateral de ferrocarril”, tiene enfrente un colegio femenino. La calle era estrecha “y cada vez que Alfonso se asomaba un poco a la ventana, se asomaban las pollitas a la suya para mirar al interesante y bien parecido joven”.

            Otra vez se alojaron en un castillo con un hermoso parque, y allí María Nieves se encontró con un problema: “Como se sabía que los señores del castillo no se encontraban a la sazón en este, existía cierta dificultad para la colada. Una vez, estando Alfonso fastidiado por no tener camisa de noche limpia, aproveché cierto día que tuvo que ir a Breziers a una entrevista con gente de la Causa, y me puse a hacer de lavandera. La única experiencia de este oficio la tenía cuando de niña lavaba la ropa de mis muñecas; además, el hacerlo en aquella ocasión resultaba bastante difícil, pues que carecía de agua caliente; así que, poco a poco, tuve que hacerla hervir en una máquina de té, pero de modestas dimensiones. Cuando volvió Alfonso, estaban mis dedos ensangrentados a causa del enérgico frotar; pero la camisa, limpia”.

Miércoles, 4 de noviembre
ACOSO A LA VERDAD

El ministro de Transportes, con buen criterio, ha decidido dimitir después de aclarar, hasta donde le ha sido posible, el accidente de Urda y tomar todas las medidas posibles para mejorar la seguridad. Y lo curioso es que buena parte de los reproches que recibe se deben a que trató de decir, desde el primer momento, la verdad. “¿Qué hubieran hecho ustedes en mi lugar? ¿Cuál era la alternativa, ocultarlo, disfrazarlo, inventarlo? ¿Hay alguna versión alternativa de los hechos?”, se ve obligado a preguntar.

            La pasión política lleva a esos extremos: si para echar toda la culpa al gobierno hay que ocultar la causa inmediata del accidente, que no se debió a ninguna avería ni a ningún fallo mecánico, sino a una orden errónea dada por un controlador, pues se oculta y a seguir con la labor de acoso y derribo, que es lo único que importa.

            Me da la impresión de que, tras los tropiezos de Brasil y Estados Unidos, la oposición teme que, a pesar de tener todas las encuestas a favor, a ellos les ocurra lo mismo.

Jueves, 5 de noviembre
DOS CABALLOS
 

¡Qué personaje María de las Nieves de Braganza y Borbón! Memorias de un hombre de acción tituló Baroja la serie de novelas que dedicó a Aviraneta; Memoria de una mujer de acción podría titularse una serie protagonizada por María de las Nieves, y no sería menos apasionante.

            Aparte de sus andanzas por España durante la tercera guerra carlista, tuvo tiempo de recorrer el mundo, visitar las trincheras de la Gran Guerra, participar activamente en el frustrado golpe de Sanjurjo, apoyar la sublevación de 1936 con la idea de que acabaría colocando a su marido, convertido en pretendiente desde 1931, en el trono de España. Luchó siempre –desde los veinte años hasta su muerte, cerca de los noventa-- por una causa que no era la mía, pero no puedo dejar de admirarla. En sus memorias, no incluye ninguna fotografía del rey cuya causa defendía, el Carlos VII que admiró Valle-Inclán y al que Rubén Darío conoció en Venecia, pero sí de sus dos caballos favoritos durante las campañas de 1873 y 1874: Tordito, caballo andaluz que le fue regalado por la Junta Carlista de Gerona, y Calatravo, de pelo castaño y negruzco, que “fue cogido al enemigo con todo un escuadrón de caballería del regimiento de Calatrava” y al que llevaron consigo a la emigración. “Murió –anota con cariño--  a la edad de treinta y tres años; tenía a la sazón los bríos de un caballo joven”.

Viernes, 6 de noviembre
PINTOR Y POETA

En cuestión de enfados por las inevitables asperezas de la relación humana, no creo ser yo de los rencorosos. Las deudas conmigo, como con Hacienda, prescriben pasado un cierto tiempo. Pero hay quien, cuando se ofende, se ofende para toda la vida.

            Cernuda intentó la reconciliación con Ramón Gaya, que había sido su gran amigo en la época de la República y las Misiones Pedagógicas, dedicándole, en la edición de 1958 de La realidad y el deseo, la última que editó en vida, “Retrato de poeta”, un poema que habla de pintura y destierro. Era un gesto de reconciliación, pero Gaya, el inflexible Gaya, no aceptó esa mano que Cernuda le tendía.

            ¿Cuál había sido la imperdonable ofensa? La acaba de contar Eloy Sánchez Rosillo en Plenitud del presente, un hermoso recuento de su amistad con el pintor. Ocurrió en 1949, durante unas vacaciones de Cernuda en México, donde vivía Gaya. Concha de Albornoz acudió a visitarle a su estudio acompañado de Leonora Carrington, la pintora surrealista, y de Cernuda. Gaya tenía clavadas en la pared con chinchetas algunas reproducciones de obras que admiraba y el poeta, a poco de llegar, hizo algún comentario jocoso acerca de una de ellas. Gaya, irritado, le dijo que a partir de ese momento “seguiría leyéndolo, pero que sus relaciones personales se habían acabado”. Y se acabaron para siempre.

            Yo, algo burlón y bastante impertinente por naturaleza, me he topado también con ciertos Gaya.