sábado, 30 de diciembre de 2023

Coraje y alegría: Buena suerte, buena suerte

 

Domingo, 24 de diciembre
CENO SOLO

---A veces tengo la impresión de que soy un extraterrestre, de que solo en apariencia soy como los demás.

            ---Bueno, esa impresión la hemos tenido todos en algún momento, Martín, no eres el único.

            ---¿De veras? ¿Tú también la has sentido alguna vez? Ahora en Navidad es cuando más extraña veo a la gente normal. ¿Te has dado cuenta de que son como polillas? Les encienden unas cuantas luces en el centro de la ciudad y allá se amontonan todos, dando vueltas y más vueltas, como hipnotizados, alrededor de ellas.

            ---Pues tú también has venido a verlas y aquí estás en el Campo de San Francisco, como todo el mundo, esperando que llegue la hora de la cena. Por cierto, ¿con quién vas a cenar?

            ---Solo.

            ---Qué triste.

            ---Triste, ¿por qué? Todos los días ceno solo, salvo cuando tengo algún compromiso amical o laboral, y lo paso muy bien.

            ---¡Pero en Nochebuena! ¿No te vienen recuerdos de cuando eras niño, toda la familia alrededor de la mesa, y el belén y la zambomba y el turrón y todo eso?

            ---Pues no, no me vienen. Debe ser que cuando me mandaron a la tierra con apariencia humana se olvidaron de implantarme esas melancolías.

            ---Va a ser verdad que eres un extraterrestre. Aunque creo que te vas asimilando. Cuando yo te conocí, allá por los setenta, eras bastante más alienígena. Ahora, si uno no se fija mucho, hasta podría confundírsete con un ser humano como cualquier otro.

            ---No sé si eso puede tomarse como un elogio.

            ---Dejémonos de metafísicas y ven a tomar algo en el Aguaducho. Mira qué animado está. ¿Y qué libro traes? ¡Nunca te he visto sin un libro en las manos! No se si vienes de otro planeta, pero sí es así, seguro que estaba lleno de bibliotecas.

            ---Lo acabo de comprar. Resulta que en el Fontán, a estas horas, había una librería abierta. En la puerta, unas cajas de libros a un euro. Y el primero que veo es uno mío, Lecturas y lugares, que publiqué hace años y del que no tengo ningún ejemplar. El ángel durmiente de la cubierta es una fotografía que hice en el cementerio acatólico de Roma y la última –el libro está ilustrado-- es una foto hecha desde el balcón de mi casa en Aldeanueva.

            ---Me gusta la nota de la contraportada. No sé si la has escrito tú. Pero podría servir de resumen de toda tu obra: “Para José Luis García Martín, darse una vuelta por el ancho mundo o pasearse sin prisa entre los estantes de una biblioteca no resultan actividades muy diferentes. Los libros son ventanas de papel que nos permiten asomarnos a la gozosa variedad del mundo y las ciudades volúmenes ilustrados de una inagotable biblioteca hecha de calles, piedras y nostalgia. Nápoles, Lisboa, Ginebra, Roma, Nueva York o Venecia se hermanan así con Leopardi, Pessoa, Borges, Byron o Nietzsche. Un rincón revisitado o unas líneas recordadas le sirven al autor para contarnos una historia, recrear una emoción. Las imágenes, que pretenden ser algo más que un prescindible adorno, sirven de punto de partida al viaje de la memoria”. ¡Un buen regalo navideño!

            ---Los mejores regalos los hace el azar, ya se sabe. Otro regalo son esas luces reflejadas en el agua del estanque que le dan al parque un aire de oriente. Me traen a la memoria un poema de Li Po: “Me aparté un instante de la fiesta. / Hasta mí llegaban solo hilachas de música y de risas, / Me siguió la alta luna, y los dos solos / cuchicheamos junto a la alberca del jardín / tiernamente, como dos enamorados”.

            ---¡Afortunado eres! Bien mirado, cenar solo en Nochebuena, y por gusto, no porque no quede más remedio, es un lujo que pocos pueden permitirse.

Lunes, 25 de diciembre
LA PREGUNTA DE LA ESFINGE

Estoy leyendo, releyendo, el último libro de Guillermo Carnero en Los Prados, tras la comida navideña en Avilés, cuando de pronto alzo la vista y me encuentro con la respuesta a la pregunta de la esfinge: “¿Cuál es el animal que primero camina a cuatro patas, luego con dos y finalmente con tres?”. Se me acerca un amigo apoyado trabajosamente en un bastón y yo, que le conocí cuando tenía veinte años, le veo convertido en un anciano en un abrir y cerrar de ojos, como en un poema de Francisco Brines.

            Mis amigos siempre han sido más jóvenes que yo y no acabo de acostumbrarme a verlos tan viejos como yo, o más. Supongo que yo también envejezco, igual que les pasa a todos, pero soy tan distraído que no acabo de darme cuenta.

Martes, 26 de diciembre
JARDÍN BOTÁNICO

Siempre que visito un jardín botánico, recuerdo el primero que visité. Fue en Coímbra, en un remoto verano de deslumbramientos y melancolías. Aquel jardín botánico, que antes de ver había leído en Eugenio d’Ors, quería ser ante todo un jardín, con sus parterres, sus fuentes susurrantes y sus rincones para enamorados.

Con una familia amiga y sus dos niños, Yara y Martín, me acerco hoy hasta el jardín botánico de Gijón. Contiene un jardín romántico y un laberinto de laureles, pero lo que más me admira es lo que menos tiene de jardín: la aliseda junto al río, las praderas, los huertos y, sobre todo, la prodigiosa carbayera del Tragamón.

            En la tienda de plantas, compro una diminuta prímula amarilla, que florece en otoño e invierno, y pierde sus hojas en primavera, al contrario que Perséfone y el resto de las plantas. Es como yo: le gusta llevar la contraria.

Miércoles, 27 de diciembre
UNA MUJER CON PASADO

Los chismes parecen cosa demasiado frívola para que de ellos se ocupe la gente seria, pero pueden cambiar el curso de la historia. Leo las páginas que Miguel Martorell Linares le dedica a Santiago Alba en el libro Progresistas, coordinado por Javier Moreno Luzón, y me entero por fin de las razones por las que hubo un aplauso casi generalizado cuando Miguel Primo de Rivera le convirtió en chivo expiatorio de la vieja política: Dos asuntos relacionados con su vida privada eran la comidilla de los círculos aristocráticos. Era el primero que Alba ganaba mucho dinero con su bufete y no tenía reparo en gastarlo, actitud que le valió los sambenitos de derrochador, petulante y ostentoso. Y el otro que su segunda mujer –Alba enviudó de la primera en 1912-- tenía un pasado, lo que, amén de una marea permanente de rumores y comentarios maliciosos, generó a su alrededor un clima de vacío social digno de la pacata sociedad victoriana que Oscar Wilde retrató en El abanico de lady Windermere”.

Un periodista, Delgado Barreto, se especializó en publicar artículos y libelos contra el político. Santiago Alba, entonces ministro de Estado, no hizo nada para impedirlo. “Ya se sabe que no tengo la aberración de asomarme a la boca de las letrinas. Por eso no leo semejantes papeluchos”, le escribió a un amigo. Pero parece que el rey sí los leía y le hacían gracia y no tuvo inconveniente en recibir en palacio al libelista.

             Al caer la dictadura, cuando el régimen hacía agua por todas partes, fue hasta París para pedirle a Santiago Alba que formara un gobierno que impidiera el derrumbe. Alba se negó. Hay quien dice que incluso sugirió que pidiera ayuda a Delgado Barreto.

Ya se sabe lo que pasó después. Un gobierno bien intencionado e inepto, presidido por el almirante Aznar, trató de salvar los muebles y solo sirvió para acelerar la llegada de la república.

            Sin esos chismes sobre Alba y el pasado de su segunda mujer (luego hubo una tercera, que antes fue su secretaria) quizá la historia habría discurrido de otro modo.

Jueves, 28 de diciembre
YA NO

Había quedado con José Luis Piquero y Bárbara Grande en Atípiko, mi despacho desde que me expulsaron de Los Porches, y les llamo para anular la cita: he de hacer de guía en Avilés, una de mis ocupaciones favoritas.

            ---¡Ya no eres el que eras!

            ---Cierto, ya no soy el perfecto autómata, ya no estoy cada día en los mismos sitios y a las mismas horas. Los años le cambian a uno. Y no siempre para mal.

Viernes, 29 de diciembre
LO IMPORTANTE

Como los estorninos que se juntan en bandadas al atardecer y dan vueltas y más vueltas aturdidos y como aterrados, así la gente cuando un año más se acerca a su final.

Yo trato de que esa histeria colectiva no me afecte. Algo me afecta, sin embargo, esta alegre tristeza (o al revés).

Pero yo no soy de los que dicen “un año menos”, sino “un año más”. Y van setenta y tres (y seis meses de propina). Y en todo ese tiempo, si no siempre tuve quien me quisiera (eso nunca se sabe), siempre tuve a quien querer, que es lo importante.



 

2 comentarios:

  1. Anoche, Martín, viajaba en mi auto por una sinuosa carretera de montaña, nada que ver con esas rectas esteparias extremeñas. Llevaba terciado en la trasera un teclado de siete octavas y media. Los abismos y las piedras desprendidas sobre la pista no permitían que le diera rienda suelta a la mente para que discurriera por vagorosos pensamientos. Pero "El clave bien temperado" y las "Variaciones Goldberg" me acompañaron como un bajo continuo durante todo el trayecto.
    Al llegar a destino, me llevaron al salón del evento. Una hora después, tocaba con brío "El torito bravo", de El Fari; "Mi carro", de don Manuel... Y como remate "Paquito el chocolatero", del maestro Torquemada. Inenarrable el éxito.
    Ya de vuelta a casa, casi de amanecida, "toqué" en la cripta de mi cráneo cinco"Nocturnos" de Chopin y buena parte del Concierto nº 1 para piano de Tchaikowsky. No me duró nada el regreso.
    Soñé que me había acostado con las gallinas y que, a media mañana, acudía a la Wiener Musikverein, a la Goldener Saal, al lado de aquella gente tan fina... Me despertó la Marcha Radetzky, que atronaba en la tele del vecino.
    Happy New Year, my friends.

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    1. Aunque tarde, agradezco los saludos y buenos deseos. Buen Año 2024 a todos.

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