Domingo, 11 de octubre
VERDAD Y
LENTEJUELAS
El
placer de ir al cine, que yo conservo desde la adolescencia, no sería completo
sin poder comentar la película con quien la ha visto a la vez que nosotros, sin
miedo así a cometer ese nefando pecado contemporáneo que se llama spoiler. Hace
tiempo que voy solo, pero al salir de la sala –llena al completo y con aplausos
al final-- me encuentro con un amigo que quiere conocer mi opinión sobre la
película que acabamos de ver, La bola negra. “A mí me ha gustado y en
muchos momentos me ha emocionado”, dice.
---A mí también me ha emocionado y
me parece muy oportuna en este momento. Me ha molestado una escena de sexo
explícito, supongo que a como todo el mundo, pero nadie lo dirá por miedo a ser
tomado por moralista o puritano. Es una mala costumbre cinematográfica que
parece inevitable. Evitables, en cambio, son las llamativas incoherencias en el
guion. Comienzan con la primera escena. Unos aviones pueden bombardear por
error a los de su propio bando (creo que ocurrió una vez durante la guerra
civil), pero lo que resulta inverosímil es que un pueblo prepare un
recibimiento a lo “bienvenido, míster Marshal” porque una escuadrilla lo va a
sobrevolar. ¿De verdad creían que se iba a ver desde el aire la sábana colgada
con el nombre de Mussolini, que iban a escuchar los pilotos entre el ruido de
los motores a la banda municipal? La bola negra es una historia de
ficción basada en hechos reales, por eso no hay que juzgarla por su fidelidad a
los hechos históricos, pero la ficción –incluso la del género fantástico— tiene su propia coherencia interna, que conviene respetar. ¿Qué pinta ese friso
de floridos marineritos, como de anuncio de Jean Paul Gaultier, en la Granada
de 1932? ¿O esa monja que lava minuciosamente a un miliciano desnudo, sin la
cortesía de un taparrabos, y luego le pide al soldado que se encarga de su
custodia que lo seque?¿Cómo es que ese soldado, que recibió una carta del
miliciano para que se la entregue a su familia, la guarda durante ochenta años
y, a su muerte, la deja en el testamento a su nieto para que sea él quien lo
haga? Lo mismo que actualmente hay un coordinador de intimidad en las películas,
para evitar los abusos de otras épocas, debería haber un coordinador de
coherencia. No en el rodaje de la película, que esta vez ha estado en manos de
buenos profesionales, sino en el momento de darle el visto bueno final al
guion. Guitarricadelafuente (curioso
pseudónimo el de este actor y cantante) está muy bien en su papel del
pueblerino Sebastián, pero Miguel Bernardeau, que hace de Rafael Rodríguez
Rapún, más que un soldado republicano malherido que ha sufrido las penurias de
la guerra, parece siempre recién salido del gimnasio. Y toda esa historia de
que el tímido Sebastián abandonara años después a su mujer embarazada para irse
a vivir a Cantabria con un señor que había conocido en el cine Carretas no
tiene un pase. ¿Cómo es que ella no lo denunció por abandono e inmoralidad en
aquella España franquista? Y que viviera más de cien años, murió en 2017, sin
que en la película se haga mención a ese hecho, también resulta extraño. O que
salvara el original de la obra de Lorca que da título a la película para luego tenerla
escondida y dejársela en herencia a un nieto al que no ha visto nunca.
---O sea, que no te ha gustado.
---Todo lo contrario. Es un espléndido disparate lleno de verdad y lentejuelas. Y qué bien concluye con esos versos finales del soneto que Lorca le dedicó a Rodríguez Rapún: “Pero sigue durmiendo, vida mía. / ¡Oye mi sangre rota en los violines! / ¡Mira que nos acechan todavía!”
Lunes, 12 de octubre
UNA VIDA ESPAÑOLA
Releo Seguro
azar, de Pedro Salinas en un ejemplar de la primera edición con la firma de
su anterior propietario: “Luis Leal Crespo. Tenerife, 1929”.
Tecleo con curiosidad en el teléfono
ya los pocos instantes una ejemplar vida española aparece entera ante mis ojos:
“Nació en Madrid en 1902. Maestro nacional y profesor de Escuela Normal. Desde
1927 a 1930 fue profesor en la Escuela Normal de La Laguna y desde 1930 a 1936
en la de Oviedo, de la que fue director desde junio de 1931. En diciembre de
1930 participó en la fundación de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza
de Asturias. Procedente del Partido Republicano Radical Socialista ingresó en
el PSOE en 1932. Aunque no tomó parte en la revolución de octubre de 1934, fue
detenido permaneciendo un mes preso. Al producirse el golpe de julio de 1936,
permaneció oculto en Oviedo hasta el 26 de septiembre siguiente que consiguió
salir de la ciudad por el Naranco. En noviembre de 1936, embarcó en Santander
hacia Francia, desembarcando en San Juan de Luz para desde allí trasladarse a
Barcelona con el fin de hacerse cargo de los hijos de su hermano, inspector de
Primera Enseñanza en Mallorca que había sido fusilado el 26 de agosto de 1936.
Desde febrero de 1937 fue profesor de español en Béziers , organizando en dicha
localidad el Comité de Ayuda a la República Española. En Béziers contrajo
matrimonio con Pilar Munárriz Sánchez. Desde octubre de 1938 a febrero de 1939,
perteneció al ejército republicano. Finalizada la guerra civil, se exilió a
Francia cruzando la frontera por La Junquera el 5 de febrero de 1939. Desde
Béziers, el 17 de marzo siguiente escribió a la Embajada de México en Francia
solicitando ayuda para trasladarse a dicho país. Finalmente embarcó en Burdeos rumbo
a la Republica Dominicana llegando a Ciudad Trujillo el 18 de enero de 1940.
Dio clases en la Escuela Normal de San Cristóbal y en Ciudad Trujillo hasta que
el 27 de septiembre de 1944 logró salir de la isla en avión con dirección a
Caracas. Impartió clases en Valencia y después en Caracas en diversos centros
educativos hasta que en 1953 fundó su propio centro, el Colegio Leal. Falleció
en Miranda (Venezuela) el 14 de abril de 1976”.
Todavía quedan alumnos que le
recuerdan con cariño y han subido alguna foto suya a Internet.
Martes, 13 de octubre
ME GUSTA PRESUMIR
Abro el
último libro de Manuel Alberca, publicado nada menos que por el Consejo
Superior de Investigaciones Científicas, y lo primero que me encuentro es con
una frase lapidaria sobre mí: “García Martín, que alardea de sus defectos y
manías, se tiene por el más inteligente de todos los diaristas y el más
temido”.
Qué bien me conoce este docto
catedrático.
Miércoles, 14 de octubre
LORCA Y CERNUDA
“¿Le
habría gustado a Lorca verse convertido en icono gay?”, me han preguntado
alguna vez. Si viviera hoy, seguro que sí, pero al Lorca histórico por supuesto
que no. Su orientación sexual perteneció por completo a su vida privada, nunca
se refirió a ella en su obra, nunca habló de ella en público y en privado solo
con amigos que participaran de las mismas inclinaciones.
No es enteramente cierto que su
familia tratara de ocultar esa faceta de su vida dificultando la publicación de
ciertos textos, como los llamados “Sonetos del amor oscuro”, un título, por
cierto, que no le puso él, sino Aleixandre, tan discreto como Lorca en su vida
y en su obra sobre sus preferencias eróticas.
El único que se salió del guion
establecido en la época fue Cernuda, y pagó por ello (cuántas burlas en el
epistolario Salinas-Guillén, qué aspavientos hace Juan Ramón Jiménez al aludir
a la musa efébica de La realidad y el deseo). No tiene, por eso, mucho
sentido la referencia a él que, en La bola negra, hace la hispanista que
presenta un libro sobre Lorca gay en la biblioteca del Ateneo madrileño. Sobre
Cernuda no hay secretos que desvelar.
Si los ”Sonetos del amor oscuro”
tardaron en publicarse fue porque solo había borradores y se esperaba encontrar
una copia en limpio. Y no son en absoluto explícitos. El dedicado al parecer a
Rodríguez Rapún, que tanto juego da en la película, se titula “El amor
duerme en el pecho del poeta”; el amor, no el amante, que aclararía demasiado.
A Cernuda, por cierto, aunque
escribió aquello de “los marineros son las alas del amor”, no le gustaban
demasiado ciertos exhibicionismos. Hizo todo lo posible para que sus Poemas
para un cuerpo no fueran ilustrados por Álvarez Ortega porque recelaba de
la índole “escandalosa” que pudieran tener esos dibujos. En carta al editor,
aclara: “A mí no me importa que sus dibujos o mis versos puedan escandalizar a
los españoles. Lo que me importa es que me haga ir más allá de donde yo me
propongo ir ni tampoco que se quede más acá de dónde yo fui”. Aceptó por fin,
pero no sin dejar de indicar que los consideraba inadecuados, triviales y en
algún caso indecorosos (se negó a que aparecieran). A propósito de uno de ellos,
escribió: “Qué obsesión con las braguetas tiene el bueno de Álvarez Ortega”. Resulta
divertido imaginar lo que Cernuda habría opinado sobre La bola negra.
Viernes, 16 de octubre
SÍ Y NO
¿De
verdad me tengo por más inteligente que nadie, como afirman Manuel Alberca y la
mayoría de mis amigos?
Qué tontería. No sería tan
inteligente como me creo si no supiera que no soy tan inteligente como me creo.
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