viernes, 16 de octubre de 2026

Aguas bravas: Acechan todavía


Domingo, 11 de octubre
VERDAD Y LENTEJUELAS

El placer de ir al cine, que yo conservo desde la adolescencia, no sería completo sin poder comentar la película con quien la ha visto a la vez que nosotros, sin miedo así a cometer ese nefando pecado contemporáneo que se llama spoiler. Hace tiempo que voy solo, pero al salir de la sala –llena al completo y con aplausos al final-- me encuentro con un amigo que quiere conocer mi opinión sobre la película que acabamos de ver, La bola negra. “A mí me ha gustado y en muchos momentos me ha emocionado”, dice.

            ---A mí también me ha emocionado y me parece muy oportuna en este momento. Me ha molestado una escena de sexo explícito, supongo que a como todo el mundo, pero nadie lo dirá por miedo a ser tomado por moralista o puritano. Es una mala costumbre cinematográfica que parece inevitable. Evitables, en cambio, son las llamativas incoherencias en el guion. Comienzan con la primera escena. Unos aviones pueden bombardear por error a los de su propio bando (creo que ocurrió una vez durante la guerra civil), pero lo que resulta inverosímil es que un pueblo prepare un recibimiento a lo “bienvenido, míster Marshal” porque una escuadrilla lo va a sobrevolar. ¿De verdad creían que se iba a ver desde el aire la sábana colgada con el nombre de Mussolini, que iban a escuchar los pilotos entre el ruido de los motores a la banda municipal? La bola negra es una historia de ficción basada en hechos reales, por eso no hay que juzgarla por su fidelidad a los hechos históricos, pero la ficción –incluso la del género fantástico— tiene su propia coherencia interna, que conviene respetar. ¿Qué pinta ese friso de floridos marineritos, como de anuncio de Jean Paul Gaultier, en la Granada de 1932? ¿O esa monja que lava minuciosamente a un miliciano desnudo, sin la cortesía de un taparrabos, y luego le pide al soldado que se encarga de su custodia que lo seque?¿Cómo es que ese soldado, que recibió una carta del miliciano para que se la entregue a su familia, la guarda durante ochenta años y, a su muerte, la deja en el testamento a su nieto para que sea él quien lo haga? Lo mismo que actualmente hay un coordinador de intimidad en las películas, para evitar los abusos de otras épocas, debería haber un coordinador de coherencia. No en el rodaje de la película, que esta vez ha estado en manos de buenos profesionales, sino en el momento de darle el visto bueno final al guion.  Guitarricadelafuente (curioso pseudónimo el de este actor y cantante) está muy bien en su papel del pueblerino Sebastián, pero Miguel Bernardeau, que hace de Rafael Rodríguez Rapún, más que un soldado republicano malherido que ha sufrido las penurias de la guerra, parece siempre recién salido del gimnasio. Y toda esa historia de que el tímido Sebastián abandonara años después a su mujer embarazada para irse a vivir a Cantabria con un señor que había conocido en el cine Carretas no tiene un pase. ¿Cómo es que ella no lo denunció por abandono e inmoralidad en aquella España franquista? Y que viviera más de cien años, murió en 2017, sin que en la película se haga mención a ese hecho, también resulta extraño. O que salvara el original de la obra de Lorca que da título a la película para luego tenerla escondida y dejársela en herencia a un nieto al que no ha visto nunca.

            ---O sea, que no te ha gustado.

            ---Todo lo contrario. Es un espléndido disparate lleno de verdad y lentejuelas. Y qué bien concluye con esos versos finales del soneto que Lorca le dedicó a Rodríguez Rapún: “Pero sigue durmiendo, vida mía. / ¡Oye mi sangre rota en los violines! / ¡Mira que nos acechan todavía!”

Lunes, 12 de octubre
UNA VIDA ESPAÑOLA

Releo Seguro azar, de Pedro Salinas en un ejemplar de la primera edición con la firma de su anterior propietario: “Luis Leal Crespo. Tenerife, 1929”.

            Tecleo con curiosidad en el teléfono ya los pocos instantes una ejemplar vida española aparece entera ante mis ojos: “Nació en Madrid en 1902. Maestro nacional y profesor de Escuela Normal. Desde 1927 a 1930 fue profesor en la Escuela Normal de La Laguna y desde 1930 a 1936 en la de Oviedo, de la que fue director desde junio de 1931. En diciembre de 1930 participó en la fundación de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza de Asturias. Procedente del Partido Republicano Radical Socialista ingresó en el PSOE en 1932. Aunque no tomó parte en la revolución de octubre de 1934, fue detenido permaneciendo un mes preso. Al producirse el golpe de julio de 1936, permaneció oculto en Oviedo hasta el 26 de septiembre siguiente que consiguió salir de la ciudad por el Naranco. En noviembre de 1936, embarcó en Santander hacia Francia, desembarcando en San Juan de Luz para desde allí trasladarse a Barcelona con el fin de hacerse cargo de los hijos de su hermano, inspector de Primera Enseñanza en Mallorca que había sido fusilado el 26 de agosto de 1936. Desde febrero de 1937 fue profesor de español en Béziers , organizando en dicha localidad el Comité de Ayuda a la República Española. En Béziers contrajo matrimonio con Pilar Munárriz Sánchez. Desde octubre de 1938 a febrero de 1939, perteneció al ejército republicano. Finalizada la guerra civil, se exilió a Francia cruzando la frontera por La Junquera el 5 de febrero de 1939. Desde Béziers, el 17 de marzo siguiente escribió a la Embajada de México en Francia solicitando ayuda para trasladarse a dicho país. Finalmente embarcó en Burdeos rumbo a la Republica Dominicana llegando a Ciudad Trujillo el 18 de enero de 1940. Dio clases en la Escuela Normal de San Cristóbal y en Ciudad Trujillo hasta que el 27 de septiembre de 1944 logró salir de la isla en avión con dirección a Caracas. Impartió clases en Valencia y después en Caracas en diversos centros educativos hasta que en 1953 fundó su propio centro, el Colegio Leal. Falleció en Miranda (Venezuela) el 14 de abril de 1976”.

            Todavía quedan alumnos que le recuerdan con cariño y han subido alguna foto suya a Internet.

Martes, 13 de octubre
ME GUSTA PRESUMIR
 

Abro el último libro de Manuel Alberca, publicado nada menos que por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y lo primero que me encuentro es con una frase lapidaria sobre mí: “García Martín, que alardea de sus defectos y manías, se tiene por el más inteligente de todos los diaristas y el más temido”.

            Qué bien me conoce este docto catedrático.

Miércoles, 14 de octubre
LORCA Y CERNUDA

“¿Le habría gustado a Lorca verse convertido en icono gay?”, me han preguntado alguna vez. Si viviera hoy, seguro que sí, pero al Lorca histórico por supuesto que no. Su orientación sexual perteneció por completo a su vida privada, nunca se refirió a ella en su obra, nunca habló de ella en público y en privado solo con amigos que participaran de las mismas inclinaciones.

            No es enteramente cierto que su familia tratara de ocultar esa faceta de su vida dificultando la publicación de ciertos textos, como los llamados “Sonetos del amor oscuro”, un título, por cierto, que no le puso él, sino Aleixandre, tan discreto como Lorca en su vida y en su obra sobre sus preferencias eróticas.

            El único que se salió del guion establecido en la época fue Cernuda, y pagó por ello (cuántas burlas en el epistolario Salinas-Guillén, qué aspavientos hace Juan Ramón Jiménez al aludir a la musa efébica de La realidad y el deseo). No tiene, por eso, mucho sentido la referencia a él que, en La bola negra, hace la hispanista que presenta un libro sobre Lorca gay en la biblioteca del Ateneo madrileño. Sobre Cernuda no hay secretos que desvelar.

            Si los ”Sonetos del amor oscuro” tardaron en publicarse fue porque solo había borradores y se esperaba encontrar una copia en limpio. Y no son en absoluto explícitos. El dedicado al parecer a Rodríguez Rapún, que tanto juego da en la película, se titula “El amor duerme en el pecho del poeta”; el amor, no el amante, que aclararía demasiado.

            A Cernuda, por cierto, aunque escribió aquello de “los marineros son las alas del amor”, no le gustaban demasiado ciertos exhibicionismos. Hizo todo lo posible para que sus Poemas para un cuerpo no fueran ilustrados por Álvarez Ortega porque recelaba de la índole “escandalosa” que pudieran tener esos dibujos. En carta al editor, aclara: “A mí no me importa que sus dibujos o mis versos puedan escandalizar a los españoles. Lo que me importa es que me haga ir más allá de donde yo me propongo ir ni tampoco que se quede más acá de dónde yo fui”. Aceptó por fin, pero no sin dejar de indicar que los consideraba inadecuados, triviales y en algún caso indecorosos (se negó a que aparecieran). A propósito de uno de ellos, escribió: “Qué obsesión con las braguetas tiene el bueno de Álvarez Ortega”. Resulta divertido imaginar lo que Cernuda habría opinado sobre La bola negra. 

Viernes, 16 de octubre
SÍ Y NO

¿De verdad me tengo por más inteligente que nadie, como afirman Manuel Alberca y la mayoría de mis amigos?

            Qué tontería. No sería tan inteligente como me creo si no supiera que no soy tan inteligente como me creo.

 

viernes, 9 de octubre de 2026

Aguas bravas: Tiempos recios

 

 

Domingo, 4 de octubre
CUARENTA AÑOS DESPUÉS

De la librería Matadero Uno me dicen que Bernardo Atxaga ha dejado un libro de Joseba Sarrionandia para mí. Paso a recogerlo, y resulta que ni siquiera es una obra suya, sino de Ángel Katarain, de quien ni siquiera he oído hablar.

            Con Sarrionandia tuve una breve relación epistolar hace más de cuarenta años. En no sé qué periódico de Madrid, apareció una breve reseña sobre los Cuadernos de Óliver que publicábamos por entonces. Nos escribió interesándose por ellos desde el lugar en que se encontraba por aquellas fechas: la prisión de Martutene. La correspondencia duró poco y recuerdo que hablamos de Pessoa, a quien él también había traducido. Me mandó un ejemplar de su versión de El marinero, una pequeña pieza dramática pessoana de no demasiado interés. De pronto, su nombre apareció en todos los periódicos. Se había fugado de manera rocambolesca escondido en los bafles de un grupo musical que actuaba en la cárcel. Y no supe más de él.

            ¿Por qué me hará llegar ahora este libro donde cuenta su vida un técnico de sonido que ha acompañado en sus giras –según leo en la solapa—“a un buen número de grupos del panorama musical vasco”?

             Mientras tomo un café, hojeo el libro y no tardo en averiguarlo. El capítulo titulado “Cuba, Martín, Martutene” viene a ser como una continuación de aquella remota correspondencia. En él se cuenta la sonada fuga de Sarrionandia, en la que Katarain tuvo un papel importante, y algo de lo que fue su vida en los años en que estuvo desaparecido.

            Cómo me habría gustado hablar de esto con Xuan Bello, gran amigo de Atxaga y la única persona que de vez en cuando me daba noticias de Sarrionandia y me pasaba poemas suyos.

Lunes, 5 de octubre
CADA VEZ MÁS CERCA
 

Estábamos charlando en la cafetería cuando se nos acercó un desconocido. “¿José Luis García Martín? ¿Podemos hablar un momento?”, me dijo muy serio.

            Salimos fuera, yo sorprendido y un poco asustado. Y no era para menos: un hermano suyo, amigo mío, se había suicidado y quería darme la noticia.

            Últimamente, Carlos Moreno y yo habíamos perdido el contacto. Personalmente solo nos habíamos visto una vez, hacía años, en Barcelona. Yo sabía poco de él, pero él parecía saber todo de mí: compraba mis libros desde hacía más de veinte años y alguna vez escribió sobre ellos. También publicó en Clarín atinadas reseñas sobre autores a los que los dos admirábamos mucho. Era un hombre culto y ponderado, con un trabajo ajeno a la literatura, y al que yo me imaginaba lo más alejado posible de los desarreglos afectivos propios de los escritores.

            Al llegar a casa, releo lo que escribió sobre mí en un libro homenaje que organizó Hilario Barrero: “Desde el principio, simpatizó uno con el personaje que protagoniza el diario, tal vez por procesos de identificación profundos, lo que incluyó a la persona del autor cuando tuve ocasión de conocerle personalmente en Barcelona. Me dejó la impresión de un carácter solitario, cordial, inteligente, generoso, culto y sensible”. En esas palabras, no me vi yo reflejado, pero sí le vi a él.

            No tenía pareja ni hijos, vivía solo en un piso con miles de libros, pulcramente colocados en estanterías que llenaban todas las paredes (el hermano me enseñó fotos), era de mi edad, no estaba enfermo. ¿Qué pasaría por su cabeza para hacer lo que hizo? En su familia nadie se lo explica.

            Y yo, con ese egoísmo que nos caracteriza a los seres humanos (especie a la que, muy a mi pesar, sigo perteneciendo), siento su muerte menos por él que por mí. ¿Quién está a salvo, por muy razonable que sea, de que algún día se le crucen los cables y haga alguna locura?

            Pasan los años. Los tiros suenan cada vez más cerca.

Martes, 6 de octubre
UNA OBVIEDAD

Como me gusta llevar la contraria, yo procuro no hablar de política. Pero no puedo dejar de anotar, después de escuchar una y otra vez a tantas mentes preclaras acusar a Pedro Sánchez de no respetar la Constitución con la ley de la amnistía, que quien no la respetaba (y de manera gravísima, atentando contra los derechos de determinados ciudadanos) era el Tribunal Supremo.

            Y no añado nada a esa obviedad, que de sobra sé cómo se las gastan sus señorías.

Miércoles, 7 de octubre
MATAR ES MÁS VIRIL

Agustín Miranda fue uno de los más prometedores escritores jóvenes de los años treinta. Poeta innovador, colaborador de la Revista de Occidente, abandonó la literatura en 1935, a los veinticinco años. Solo publicó un libro, Cartas de la Guinea. Entre 1937 y 1939 había residido en esa colonia española. El azar –que es mi mejor guía de lecturas-- hace que me lo encuentre en mi librería de viejo habitual y que lo lea mientras tomo un café en Los Porches. Es un ejemplo de la mejor literatura, su prosa poco tiene que envidiar a Ortega o a Jarnés, puesta al servicio de la peor causa.

            “Ante el bosque, ante lo salvaje, como ante la fiera, caben dos actitudes: matarla o domesticarla. El resultado es el mismo. La diferencia estriba en que matarla es más viril; pero, en cambio, tiene más gracia domesticarla”.

            “La población indígena, en las colonias que por su clima admiten la repoblación del hombre blanco, puede ser ignorada por los colonizadores o incluso, si principios superiores no se lo vedan, ser exterminada”.

            “Para evadirse de su mundo, el negro solo encuentra un camino: el alcohol. El problema del alcoholismo del indígena hay que buscarlo en esa psicosis creada en sus espíritus por su conciencia de ser los habitantes de un mundo donde todos los apoyos ceden bajo sus manos ansiosas, donde no hay escape posible”.

            “Civilizar al negro es, pues, en el más literal sentido de la palabra, liberarlo, trasplantarlo a un mundo de luz y esperanza, a un mundo ordenado y estable, regido por la razón”.

            No sé por qué me asombra este almibarado racismo, este razonar con cuidada caligrafía, la barbarie colonialista, la supremacía del hombre blanco, que entonces parecía tan natural como la superioridad del hombre sobre la mujer. Hace tiempo que sé de la admiración de Heidegger, y otras mentes preclaras, por Hitler.

            En realidad, no me asombra, me aterra. Entre los jóvenes escritores que admiro y sigo hay más de un Agustín Miranda. El fascismo de antes, como el neofascismo que se nos echa encima, no es cosa solo de políticos sin escrúpulos, matones descerebrados y multitudes asustadizas y crédulas. Y eso es lo que me da más miedo.

Jueves, 8 de octubre
UN GRANO EN EL CULO

---¿Pero no tienes nada que decir sobre la acampada de Sol, el adelanto electoral, la muerte de la anciana desahuciada?

            ---Prefiero no hablar de política, Bueres, ya sabes. La invasión de los ultracuerpos, recuerda la película, parece avanzar imparable. Ya ni los jueces ni la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, tan aplaudida por la derecha como sostén de la democracia, son lo que eran. Leo en los periódicos –al principio pensé en un bulo, pero parece que va en serio-- que jueces y abogados participantes en una siniestra trama que pretendía asustar a la jueza Beatriz Biedma para que dejara en paz al hermano de Sánchez contactaron, por Facebook, con una mujer conocida como La Celsa, viuda de un narcotraficante muerto en ajuste de cuentas, para que le diera un susto. Desde otro perfil de Facebook, al parecer falso, le plantearon la necesidad de “hacer una limpieza” en los juzgados de Badajoz. ¿No sería que querían contratar a una limpiadora?, me pregunto con una carcajada. Cuando España, media España para ser más ciertos, no había perdido la cabeza, un informe así va directamente a la papelera y el magistrado le monta una bronca a quien se lo trae: “Pero, criaturas, ¿dónde habéis aprendido a investigar? ¡Esa trama resulta inverosímil incluso en las aventuras de Mortadelo y Filemón!”. Claro que también podemos verle el lado bueno a estos disparates utilizados como munición electoral. Si la UCO no tiene cosa mejor que hacer que investigar las declaraciones de una buena señora que afirma, en un programa de entretenimiento televisivo, que un juez la llamó para decirle que una jueza era como “un grano en el culo”, es que vivimos en el mejor de los mundos posibles.          

Viernes, 9 de octubre
SIGUEN AHÍ

En política, un problema solo es problema si acapara los titulares. Con el covid, que todavía anda por ahí vivito y coleando, dejaron de aterrarnos en cuanto abandonó las primeras páginas porque había comenzado la guerra de Ucrania. Ahora Ceuta, una de las grandes bazas electorales de la oposición, pasa a segundo plano por el asuntillo de la vivienda. No tardará un golpe de efecto judicial (¡lástima que se jubilara el juez Peinado!) en tratar de tapar a Maricarmen.

            Lo malo es que los problemas, los mayores, los menores y los aterradores, como el genocidio en Gaza, siguen existiendo, aunque dejen de ser trending topic.



 

viernes, 2 de octubre de 2026

Aguas bravas: Soy un maleducado

 

Domingo, 27 de septiembre
LO INEXPLICABLE

Cuando me propusieron, hace algún tiempo, participar en unas “jornadas científicas” sobre Chaves Nogales organizadas por la universidad de Barcelona acepté encantado. Un pretexto para darse una vuelta por esa ciudad y rencontrarse con algunos amigos. Pero según fueron pasando los días y nadie me envió el programa de las jornadas, solo un cartel en el que se indicaba que un día se hablaría de Chaves Nogales y otro de Guerra total, la cosa empezó a resultarme sospechosa.

Luego resulta que, por no sé qué razones tenía que ir un día antes, alojarme en un hotel a una hora en tren de Barcelona, y situado en el campus de la UAB, lo que a mí me parecía en medio de ninguna parte. No sabía cómo librarme del compromiso.

Esta noche dormí mal, me levanté cansado, con tos y algo de fiebre. Nunca he pedido una baja, nunca he faltado a mí palabra, pero creí que en esas condiciones no podía viajar en avión. Escribí a los organizadores explicándoselo.

No mentía, no eran una excusa, pero resulta que nada más recibir la respuesta al correo, dándose por enterados y comenzando los trámites para anular billetes y reservas, empecé a sentirme mejor, cada vez mejor.

Pero los síntomas eran reales, la enfermedad que me impidió viajar no fue un cuento, puedo asegurarlo. Fue tan real como los estigmas que le aparecían a Sor Patrocinio, la monja de las llagas, cuando uno de los gobiernos liberales de Isabel II tomaba medidas que perjudicaban a la iglesia.

Lunes, 28 de septiembre
MISTERIO ACLARADO

Me río mucho de los que culpan a la Inteligencia Artificial de su propia estulticia. Es una herramienta compleja que hay que aprender a manejar, no un oráculo que ante cualquier problema nos da la respuesta correcta. Yo no la utilizo más que como una versión más cómoda del buscador de Google. Y hoy descubro que me las doy de muy listo, pero que me he dejado engañar por ella como cualquier colegial. La semana pasada encontré unas maravillosas Poesías escogidas de Quevedo y en la “Breve notica biográfica” que precede a los versos una nota en la que se afirmaba que D. B. M. había sido su autor. Y la diligente Inteligencia Artificial me dijo que correspondían a don Bartolomé María Araque. Y yo así lo conté.

Pero hoy, y en la misma librería, que algo tiene de cueva de las maravillas, me encuentro con el tomo VI de esa edición de obras de Quevedo, editado años después, en 1851, y en su prólogo se afirma expresamente que D. Benito Maestre es el autor de la “sucinta biografía” que figura al fin del tomo anterior. Misterio aclarado.

            Y también otros misterios, como a dónde fue a parar la biblioteca de este bibliófilo que, como Bartolomé José Gallardo y tantos otros, tenía fama de ser un bibliopirata, una urraca ladrona, una habilidosa ganzúa humana poco respetuosa con las librescas propiedades ajenas. Buena parte fue a la Biblioteca Nacional y de ella se aprovechó Menéndez Pelayo para su Orígenes de la novela.

Martes, 29 de septiembre
PARATEXTOS

De los libros viejos, cada vez me interesan menos los textos y más los paratextos. Más que las obras inéditas de Quevedo incluidas en el tomo que compré ayer (puedo encontrar mejores ediciones), me interesan las dos dedicatorias. La primera, firmada por el editor, Eduardo González, se dirige “Al Excmo. Sr. Duque de Osuna y del Infantado, etc., etc.”. La segunda la firma el encargado de la edición, Basilio Sebastián Castellano de Lozada, y desarrolla ese “etc., etc.” en dos páginas de apretada tipografía. ¡Cuántos títulos tenía el excelentísimo señor don Mariano Téllez Girón!

            No es un personaje cualquiera este descendiente del duque de Osuna que fue mecenas de Quevedo y ahora vuelve a serlo patrocinando una edición de sus obras. Antonio Marichalar le dedicó una biografía con razón famosa, Riesgo y ventura del duque de Osuna. Fue embajador en el Paris del Segundo Imperio y en la Rusia de los zares. En uno y otro lugar, destacó por su tren de vida, su despilfarro continuo, sus fiestas fastuosas.

A Rusia le acompañó como secretario, durante unos meses, entre 1856 y 1857, Juan Valera. En las cartas privadas que escribió a un amigo y que pronto corrieron impresas, lo retrata como un fastuoso tontorrón: “Todo el mundo le roba y se burla de él, le estafa y le explota, Cada uno de sus criados es un José María el Tempranillo. A mí me fuman los cigarros, me quitan los pañuelos y me llevan un rublo (dieciséis reales de vellón) por ponerme un botón en unos calzones y así en todo lo demás. Si hacen esto conmigo, ya calculará usted lo que hacen con su excelencia”.

            El gran duque de Osuna murió arruinado y sin descendencia y en la subasta de sus bienes se inspiró Benavente para escribir La comida de las fieras. Quien, en 1851, enumera nombre y títulos y le agradece su mecenazgo a la edición de Quevedo le conocía bien: en la dedicatoria se presenta como “Anticuario de la Ilustre casa y Estados de V. E., y Conservador de su Armería y Monetario”. 

Miércoles, 30 de septiembre
LO DE BARCELONA

“¿Y qué tal fueron las jornadas científicas de Barcelona, a las que tuviste que asistir digitalmente por una inoportuna gripe?”, me preguntan nada más comenzar –a las siete en punto-- la tertulia de los miércoles.

            ---¿Inoportuna? ¡De lo más oportuna! ¡Fueron peor de lo que me temía! Pero prefiero no hablar de eso. Que os cuenten algo, si quieren, José María o Eva, que fueron dos de los tres asistentes virtuales.

            ---¿Solo tres?

            ---Sí, y el tercero era al parecer una señora que quería contactar con Abelardo para publicar en Renacimiento. Presenciales quizá habría menos. Y visto lo visto me extraña que hubiera alguien. Yo el segundo día corté la conexión, de no muy elegante manera, antes de que terminara el acto.

            ---Tienes que ser menos impulsivo, Martín, dijo Eva.

            ---¡Vaya imagen que dieron de la universidad española!, dijo José María. Ni siquiera presentaron a los participantes y no había manera de saber quién intervenía. Ni quién dijo, cuando te fuiste, que eras un maleducado.

            ---Yo estuve el otro día hablando con Abelardo, bueno, hablando él, una hora o así, y me contó que va a publicar Doy fe, un libro de 1937 de un tal Vilaplana, y que será una gran sorpresa cuando descubra quién es su verdadero autor.

            ---No me lo digas. ¡Manuel Chaves Nogales!

            ---Exacto. ¿Cómo lo has adivinado?

            ---Elemental, querido Bueres. Y cualquier día descubrirá, con la ayuda de un estilómetra forense, no ya que La forja de un rebelde, atribuida a Arturo Barea, es de Chaves Nogales, sino que incluso el anónimo autor del Lazarillo no es Alfonso de Valdés, como pretende mi amiga Rosa, sino, por supuesto, Chaves Nogales.

Jueves, 1 de octubre
EN EL TOCADOR DE DON JUAN

Cómo se entrelazan los libros: una olvidada edición de Quevedo me lleva al duque de Osuna y este a las Cartas desde Rusia de Juan Valera. Al duque, su jefe en la embajada extraordinaria, lo presenta como un fantoche, lo convierte en el hazmerreír de la corte, pero más interesante es la historia de sus amores. Así se acicalaba para un encuentro íntimo: “Tomé un baño, no sé si para que se me calmasen los nervios y estar más sereno en aquella grande ocasión, o si para estar más limpio y oloroso; me afeité más a contrapelo que nunca, dando a mis mejillas la suavidad de una teta de virgen; me limpié los dientes y perfumé la boca, haciendo desaparecer todo olor de cigarro, con polvos de la Sociedad Higiénica y elixir odontológico del doctor Pelletier; me eché en el pañuelo esencia triple de violetas de míster Bagley, de Londres, y, en fin, me atildé como Gerineldo cuando fue por la noche en busca de la infantina, que deseaba tenerle dos horas a su servicio”. 

Viernes, 2 de octubre
UNA PRESENTACIÓN

Presentamos la poesía completa de Vicente García en la antigua Escuela de Comercio de Gijón. Los editores han trabajado rápido y bien, según el lema de Paul Morand que a mí me gusta tanto.

Como en el caso de Bécquer, fue el mismo día del entierro cuando los amigos decidieron reunir sus libros inencontrables con los versos inéditos de los últimos años en un volumen, y aquí está ya, a los dos meses, ese breve volumen, pero no más que la poesía de Bécquer o de Garcilaso o de San Juan.

Hay obras que se van apagando en cuanto desaparece el autor, que es quien las promociona y hace lucir con su aduladora simpatía y buenas relaciones; hay otras, a las que el autor, tímido y torpe para las relaciones sociales, estorba y tapa. Vicente García era de esa segunda clase. Su poesía se irá viendo cada vez mejor, ganando en intensidad y verdad.

Todos los que intervenimos en la presentación lamentamos que Vicente no esté aquí con nosotros, pero su madre, al final del acto, se me acerca y me dice: “No es cierto que Vicente no esté aquí. No solo está sus versos, está él, y más presente que nunca”.

Y yo le doy la razón y me parece verle un momento sonreír feliz entre el público y luego desaparecer discretamente, según su costumbre.



viernes, 25 de septiembre de 2026

Aguas bravas: La España mejor

 

 

Domingo, 20 de septiembre
ELOGIO DE MARÍA KODAMA

Un poeta amigo quería conocer las tumbas de tres escritores que admira, Clarín, Ángel González y Víctor Botas, y yo le hice de guía en el cementerio del Salvador.

Los cementerios no son solo lugares de la memoria familiar, de un dolor y un recuerdo que se van diluyendo con el tiempo, sino de la memoria colectiva. La estética, en este caso, debería ser importante. Y qué impresión tan deplorable la que uno saca de la tumba de Clarín, a quien han borrado su nombre ilustre para dejarlo en un funcionarial Leopoldo G. Alas y han colocado encima una cruz como de Valle de los Caídos. Ningún epitafio, ninguna frase que aluda a las obras que nos dejó, solo un neutro “Rogad a Dios por él”. Es la tumba de alguien que necesita hacerse perdonar por sus ataques a la iglesia, la de quien vuelve sumiso al redil.

Luego, cuando la República, le hicieron un elegante monumento, muy años treinta, en el campo de San Francisco, pero poco después fue vandalizado por los falangistas y coronada su efigie con la calavera de un burro. No, no le habían perdonado a pesar de la cruz penitencial y, como no podían ya castigarle a él, fusilaron a su hijo, que al fin y al cabo llevaba su mismo nombre. No es el cementerio del Salvador el mejor lugar para recordar a Clarín: su tumba parece el triunfo de la clerical Vetusta sobre el autor de ese libelo al que tituló La Regenta.

            No deprime menos el sepulcro de Ángel González, con la inscripción torpemente grabada en un pegote sobre el mármol familiar. Estuve allí el día de su entierro, incluso leí un poema. Recuerdo a su frágil viuda rodeaba del cariño de todos los amigos del poeta a los que no tardaría en convertir en víctimas de su manía persecutoria. El arte funerario hace tiempo que parece haberse perdido.

            Y qué tristeza ante la tumba de Víctor Botas. Murió hace ya más de treinta años, tiempo suficiente para que su recuerdo –seguimos contando eutrapélicas anécdotas suyas en la tertulia-- se haya asentado y no cause dolor. Sobre sus versos no ha pasado el tiempo, no tienen ni una arruga, pero sobre su tumba parecen haber pasado siglos. El mármol renegrido, ni una flor, y esa cursiva con su nombre y esos versos partidos del epitafio a un niño (“Debéis guardar silencio, se ha dormido / tan dulcemente el tiempo entre mis brazos”) que recuerda el final de la “Epístola moral a Fabio” y que no acaban de resultar adecuados. Pero el único nombre que figura en la lápida, además del suyo, es el de su abuelo, al que tanto quería y cuya muerte le dejó desamparado para siempre. Ahora parece que lo lleva de la mano, como cuando era niño.

            Mucho se le puede reprochar a María Kodama, pero algo hizo bien: librarle del cementerio de la Recoleta, con su amontonada fealdad suntuaria, y enterrarlo en Ginebra, en un cementerio que es un jardín, un verdadero jardín de la memoria. Y qué bella lápida y qué misteriosa inscripción. Ese sí que puede convertirse en un lugar de peregrinación para todos los admiradores de Borges. Muy cerca está la tumba de Calvino y me imagino a los dos debatiendo arduas cuestiones teológicas. “Yo he dicho muchas veces que la teología es una rama de la literatura fantástica, en otro tiempo me habrías mandado a la hoguera, como a Miguel Servet, pero ahora ya no tienen más remedio que aguantarme como interlocutor por toda la eternidad”.  

Lunes, 21 de septiembre
VIEJO, SOLO Y DESTERRADO

Siempre he detestado las fiestas porque alteran mi rutina, aunque noto que con los años me molestan menos, y no porque me gusten más, sino porque he ido creando rutinas alternativas que me ayudan a mantenerme de buen ánimo en cualquier ocasión.

            Hoy, al pasar por delante de mi habitual librería de viejo (me expulsaron airadamente de la que lo fue durante muchos años: cosas que pasan), camino de la cafetería que sustituye a Los Porches los días festivos, me encuentro con que está abierta. “Un poco por casualidad –me dice la encargada--, como yo vivo fuera, no me di cuenta de que en Oviedo era fiesta local”. Y como yo soy de amores a primera vista, nada más entrar me encuentro con un elegante tomo encuadernado, que da gusto acariciar, Poesías escojidas (así, con jota juanramoniana) de Quevedo en “edición de lujo adornada con grabados por artistas españoles”. Se publicó en Madrid en 1843, un año antes de la coronación de Isabel II, y no parece que el tiempo haya pasado sus páginas.

Creía saberme a Quevedo de memoria y ahora me doy cuenta de que siempre he leído y releído los mismos poemas. Abro al azar estas Poesías por cualquier página y me encuentro con maravillas que ignoraba, como “Funeral discurso de Aníbal, tomando el veneno para morir, viéndose viejo, solo y desterrado”. Cuántos endecasílabos memorables: “Pródigo del espíritu y la vida / desprecio dilatar vejez cansada”.

            El libro tiene también su misterio. Lo encabeza una anónima “Breve noticia biográfica”, muy elegantemente redactada y con noticias curiosas. Una sorprendente nota nos da pistas sobre quién podría ser el autor. Aparece al final de la larga lista de “las obras que existen y se conocen, ya impresas, ya manuscritas” de Quevedo, y dice así: “Todas estas obras citadas, y otras muchas más, posee D. B. M que escribe esta biografía”. ¿Quién sería este bibliófilo que presume de poseer todas las obras que se conocen de Quevedo y algunas más? ¿A dónde habrá ido a parar su biblioteca? Un enigma por resolver, un entretenimiento más para este día de fiesta.

            Pero el entretenimiento me dura poco. Trasteo con el teléfono y a los pocos minutos me entero de que son iniciales muy frecuentes (la D. corresponde a Don), pero que en este caso se trata de Bartolomé María Araque, un erudito tradicionalista muy activo en entre 1840 y 1870, editor de numerosas obras de clásicos españoles y traductor del francés. Pero lo que no me dice Google en modo IA es qué ha sido de su fastuosa biblioteca quevediana. Puedo seguir jugando, quiero decir investigando.

Martes, 22 de septiembre
AQUEL PARÍS 

Se nota que voy madurando. Antes me irritaba leer una tontería, un sofisma o un error bien rebozados en pretenciosa prosa. Ahora sonrío.

Presume Juan Manuel de Prada, en una tardía entrevista promocional sobre su novela Mil ojos esconde la noche, que leo en El Ciervo mientras tomo el café de la tarde, de haber descubierto que en el París ocupado por los nazis la mayoría de los republicanos exiliados colaboraron con la Falange. “Un par de personas familiares o descendientes me amenazaron con tomar algún tipo de medida legal y yo les dije hagan lo que quieran, les voy a mandar estos documentos que podía haber utilizado para corroborar los hechos. Si quieren los saco a la luz”. Cuánta elegancia y cuánto amor a la verdad en este riguroso investigador.

Pero resulta que, ante la inminente llegada de los nazis, todos los republicanos que pudieron embarcaron para América. O para Inglaterra, como Chaves Nogales. A los que no lograron escapar, si no se escondieron, como Victoria Kent, los atrapó la Gestapo y se los entregó a Franco para que los fusilara, como a Julián Zugazagoitia y a Cipriano Rivas Cherif (al segundo le conmutó la pena). Los que se quedaron en París no tenían ningún inconveniente en colaborar con la Falange, habían pasado allí la guerra, pero en cuanto vieron por dónde iban los tiros se pusieron del lado de Franco. Cierto que César González Ruano, en el París de la ocupación, tuvo problemas con las nuevas autoridades, pero no por motivos ideológicos, sino por ciertos trapicheos en el mercado negro. Eduardo Aunós, que fue ministro con Primo de Rivera y con Franco, escribió una biografía de París, que publicó en los años cuarenta, y en cuyo último capítulo describe entusiasmando el esplendor cultural del París de la ocupación.

Prada, Prada (todavía recuerdo aquellos tiempos en que era un jovencito ambicioso y casi adulador mío), dedícate a tus valleinclanadas y a tus sermones dominicales a lo fray Gerundio de Campazas, pero deja el ejercicio del pensamiento y las revelaciones históricas para otros.

Viernes, 25 de septiembre
HOY ES SIEMPRE TODAVÍA

Media España se echa a la calle para protestar por el desahucio de una anciana (con autorización judicial, por supuesto, que las interpretaciones “creativas” de la ley solo se usan contra los independentistas catalanes y la familia del presidente), mientras la otra media lo hace para pedir que a los inmigrantes de Ceuta se les trate como a una plaga de cucarachas (al menos, que yo sepa, aún no exigen que se les aplique la solución final, el mejor modo de acabar de una vez por todas con el problema).

            Todavía quedan motivos para sentirse orgulloso de ser español, a pesar de tantos “patriotas” empeñados en deshumanizar y tratar como alimañas a otros seres humanos.



 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Aguas bravas: Las cosas claras

 

Domingo, 13 de septiembre
JUGAR CON FUEGO

Nunca dejarán de sorprenderme los abismos de la condición humana. ¿Cómo puede estirarse y estirarse la tragedia de Ceuta para sacarle todo el rédito electoral posible, no ya sin una protesta, sino con el aplauso generalizado de mucha buena gente?

Con la inmigración pasa lo mismo que con los vasos comunicantes. No es posible tener uno lleno y otro casi vacío; la fuerza de la gravedad hace pasar el líquido de uno a otro hasta igualarlos. Es precisa una sólida barrera de contención para que los pobres del mundo no busquen una oportunidad donde pueda haberla, en los países más ricos que el suyo. Hace falta establecer controles para que ese inevitable flujo resulte provechoso para ambas partes. ¿Y qué pasa cuando esos controles fallan? No olvidar nunca que quienes han entrado ilegalmente en nuestro país son seres humanos, no alimañas a las que hay que exterminar. Hacer que vuelvan al suyo, sí, pero respetando la humanidad y la legalidad.

            La frontera de Ceuta, como la de Melilla, es una frontera especial. Son territorios de la Unión Europea que están situados en un país que no es de la Unión Europea. Necesitan de la colaboración de Marruecos para poder seguir siendo españolas. Si a Marruecos le interesara, con una Unión Europea cada vez más débil y con unos aliados cada vez más fuertes y con menos escrúpulos, Trump y Netanyahu, se las merendaría en dos bocados. O tendríamos otra guerra de los cien años, como la de Ucrania. ¿Qué sentido tiene entonces pedir mano dura con Marruecos?

Medio problema de Ceuta se solucionó en un día, el ochenta o el noventa por ciento de los inmigrantes ilegales volvieron por su propio pie al país del que venían; el otro medio se habría solucionado en una o dos semanas si el gobierno de la ciudad autónoma de Ceuta y los de las comunidades gobernadas por la oposición hubieran colaborado, como era su deber, con el gobierno de España. No lo hicieron, no lo hacen, practican la política de cuando peor, mejor. Cuando peor vayan las cosas en Ceuta, mejor para sus particulares intereses partidistas.

            Con todas las encuestas a su favor, no pueden esperar unos meses a que haya elecciones y se produzca la previsible alternancia en el poder. Quieren que caiga Sánchez como un Ceaucescu cualquiera, arrastrarlo de la Moncloa a la cárcel, y si fuera posible hacer con él lo que Fernando VII hizo con Riego: cortarle la cabeza.

            Ya hasta los jueces (no todos, por supuesto, solo la mayoría) se han quitado la careta y en los asuntos de contenido político se ponen del lado de los suyos sin el menor intento de aparentar la obligada imparcialidad.

            Me temo que se avecina otra década ominosa. Las bandas de matones rojigualdos comienzan a campar a sus anchas y las autoridades y el público en general cada vez los miran con más benevolencia. Weimar, 1930.

            Quieren que Ceuta sea la tumba del sanchismo, pero actúan tan desvergonzadamente, tan despreocupados por el interés de la ciudad y de sus habitantes, que yo confío en que se produzca una reacción y todos a una –todos los que aún creemos en los derechos humanos y en los viejos principios de libertad, igualdad y fraternidad-- vayamos a darles cuando toque con el voto en las narices y Ceuta sea la tumba del fascismo.

Lunes, 14 de septiembre
NUNCA HE TRABAJADO

“Claro, como tú no has trabajado nunca”, me dice un amigo y yo, en el fondo, pienso que tiene razón.

He dado clases durante cincuenta años, he publicado no sé cuando libros, he cuidado la edición de más de un centenar de libros ajenos, he dirigido revistas, colaboro en la prensa regularmente desde hace décadas, pero no tengo la sensación de haber trabajado nunca.

Para mí, nada que tenga que ver con libros –salvo venderlos-- o con hablar de literatura es un trabajo. Se trabaja en el campo, en la construcción, en el servicio doméstico, en la hostelería, en la mina, en la siderurgia… Voy contra mi interés al confesarlo, como digo siempre citando a Bécquer, pero mi trabajo no es un trabajo ¿Cómo va a ser un trabajo hablar de la poesía de Góngora o las novelas de Galdós? ¿Cómo va a ser un trabajo analizar en dos folios el libro que acabo de leer? Sobre todo, si es un fraude como el que comento esta semana, y nadie lo va a decir sino yo. Un trabajo es una actividad que uno hace a cambio de dinero. Y yo tengo la suerte de no haber hecho en mi vida nada que no haría igual si no me pagaran.

Martes, 15 de septiembre
CUANDO ME ABURRO

Me gustaría ser un hombre importante, de esos a los que su secretaria les lleva la agenda y no tienen ni un instante libre, siempre de acá para allá, con citas y reuniones y papeles que leer y firmar urgentemente.

Pero mi agenda me la tengo que preparar yo y por mucho que me empeñe en que no haya huecos siempre termino todos los deberes que me pongo antes de lo previsto y no hay días en que no me sobren, al caer la tarde, una o dos horas.

 Al principio siento como si se detuviera el tiempo, como si no fuera a pasar nunca. Luego casi siempre acabo escribiendo un poema y eso me fastidia. Ya he escrito demasiados. Además, me parece una falta de respeto a la poesía escribirla solo porque uno se aburra, sobre todo si es alguien como yo que se aburre todos los días.

La solución que he encontrado es escribir un poema ajeno. Un día de Unamuno, otro de Guillén, el último un poema de Gerardo Diego que supuestamente leyó en Avilés el 18 de mayo de 1968 cuando vino al instituto Carreño Miranda, donde yo estudiaba, a celebrar sus bodas de oro con la poesía.

En un ejemplar de Alondra de verdad, perdido en mi casa de Rivero 99, encontré una invitación al acto y en el Atrio, mientras esperaba a un amigo que se retrasaba, garabateé el poema que él leyó en aquella ocasión y que supuestamente se ha perdido. Lo eché a volar de inmediato por Internet y tuvo cierto éxito. No es lo mejor que ha escrito Gerardo Diego, pero tampoco es lo peor. 

Miércoles, 16 de septiembre
SE NOTA

“Se nota que estás encantado de haberte conocido”, me reprochan a menudo. Y no seré yo quien les lleve la contraria. Reconozco que no deja de ser raro que yo, que me llevo tan mal con casi todo el mundo, me lleve tan bien conmigo mismo. Debe ser que, como me conozco desde que nací y no me he dejado solo ni un momento, me he cogido cariño.

Jueves, 17 de septiembre
EN EL CAMPILLIN

Me siento en el Campillín, donde los domingos se amontonan los puestos del mercadillo, sin nada que hacer, sin haberme traído siquiera un libro, aún más aburrido que de costumbre, cuando de pronto un grupo de personas que charlaban junto a un banco frente al mío se ponen a bailar.

Seguramente forman parte de uno de los grupos que desfilarán el sábado con motivo del Día de América en Asturias y han venido aquí a ensayar, pero yo pienso que lo hacen solo para distraerme. Mientras evolucionan con gracia delante de mí suena una música popular y alguien canta: “A la vera del camino / hay una fuente sin agua / que el que la bebe se olvida / que quiere a quien no le ama”.

            La luz del atardecer entre las ramas de los árboles, unas pocas nubes blancas en el azul del cielo.

El niño caprichoso que yo soy, el acelerado que todo lo hace deprisa y corriendo y enseguida se aburre, olvida su mal humor y agradece un inmerecido regalo más. 

Viernes, 18 de septiembre
TIEMPOS FELICES

Qué cosas escribía Aquilino Duque, allá por los años setenta, describiendo la decadencia de la Italia democrática y no queriendo nada semejante para España: “Piden divorcio los seglares, / matrimonio los curas, / amor libre los feos, / fraternidad los fratricidas, / igualdad los enanos / y libertad los bolcheviques”.

Esas cosas que tanto me indignaban entonces ahora me hacen sonreír. A fin de cuentas, Aquilino Duque era el único que se atrevía a escribirlas. En aquellos buenos tiempos, todos los que uno admiraba eran de izquierdas. Hasta eran de izquierdas Savater y Trapiello, Juaristi y Azúa, Tamames y Felipe González, aunque hoy parezca difícil de creer. No había más fachas orgullosos de serlo que los de Fuerza Nueva y eran una reliquia del pasado.

Ahora negros nubarrones se ciernen sobre el horizonte, las derechas extremas parecen ser el inminente futuro. Andan como enloquecidos con la lotería que les ha caído en Ceuta. ¡Lástima que se marcharan tan pronto la inmensa mayoría de los “invasores”! Si se hubieran quedado los cien mil, la ciudad sería un infierno, pero ellos –los que presumen de llevar a Ceuta en el corazón-- estarían en la gloria.