Domingo,
8 de marzo
LIBERAR A BOMBAZOS
A la salida del cine, me encuentro con un amigo que
me pregunta si me ha gustado la película que acabo de ver, El mago del
Kremlin.
---Me
ha interesado. Sobre todo, la parte primera, cuando habla del caos a la vez
constructivo y creativo en que se convirtió la Rusia de Boris Yelsin. Luego no
es más que un panfleto contra Putin.
---No
sé de dónde te viene esa simpatía por los tiranos, Martín. Vosotros, los
rojillos, criticáis la invasión de Ucrania para disimular, pero lo que os jode
es que Trump luche por la libertad de Irán.
---Y Netanyahu por la de Gaza, por supuesto. Esa manera de liberar a los países de regímenes no democráticos me jode bastante. Es como si para librarnos de Franco, allá por los sesenta, los norteamericanos hubieran bombardeado Madrid, con alguna que otra bomba que se equivoca y, en lugar de en un cuartel, lleno de soldaditos haciendo la mili, impacta en una escuela. O secuestrara al caudillo y en su lugar pusiera a Carrero Blanco, como ha hecho en Venezuela. Pero prefiero eso, el secuestro, al asesinato de toda la familia, como en Irán: Franco, su mujer, su hija, algún nieto, todos destrozados de un bombazo, entre el aplauso de los líderes democráticos.
Lunes,
9 de marzo
EN ELLO ESTOY
Una larga entrevista promocional con Almodóvar, como
es habitual cuando estrena una nueva película. La verdad es que, como a la
mayor parte de los espectadores, su cine me ha ido interesando cada vez menos,
pero no he dejado de sentir curiosidad por el personaje.
Nacimos
el mismo año y eso hace que todos los acontecimientos importantes de la
historia de España y del mundo nos pillen a la misma edad. Por lo demás, no nos
parecemos en nada: él ha triunfado en su oficio y yo, en el mío, ni siquiera lo
he intentado.
Pero no
estoy del todo seguro de que su vida haya sido más afortunada que la mía. Me
gusta repetir unos versos de Francisco Brines: “A debida distancia, / cualquier
vida es de pena”. Cierto, aunque también puede encerrar múltiples ocasiones de
felicidad.
“Al dedicarme tanto a esto del cine –afirma--,
he descuidado otras partes de mi vida. Ya no sé si son recuperables”.
Al
dedicarme tanto a esto de la literatura, ¿he descuidado yo otras partes de mi
vida? Es posible, pero en mi caso las que de verdad me interesan son
recuperables. Y en ello estoy.
Miércoles,
11 de marzo
POETA INCONTINENTE
¿Llega un momento en que un escritor pierde su
capacidad autocrítica y publica o le publican cualquier tontería salida de su
pluma? Siempre cito el caso de Jorge Guillén, que cuando yo comencé a publicar,
en los años setenta, encabezaba todas las revistas de poesía con un poema
inédito y manuscrito. “Viejo poeta incontinente”, como en el epigrama de Ángel
González
Ahora son
otros poetas los que hacen lo mismo, y no solo poetas. Y algunos incluso más
jóvenes que yo, como Luis Alberto de Cuenca, que tiene cinco meses menos que yo.
¿Me estará ocurriendo a mí algo semejante, ahora que escribo casi un poema al día, como Unamuno? ¿No habrá un buen amigo que me advierta de ello? Claro que, aunque lo hubiera, me temo que yo no le haría ningún caso. Tampoco se lo hizo Unamuno.
Jueves,
12 de marzo
UNA DEDICATORIA
Hace unos días entré en la librería de viejo que
tengo al lado de casa y me dio por hojear, como quien saluda a un viejo
conocido, La poesía de Ángel González, que yo mismo me ocupé de reeditar
hace exactamente treinta años.
Una
inesperada sorpresa, un regalo que me alegró el día, ver que estaba dedicado
por los dos, el poeta y el crítico, Emilio Alarcos, y que además tenía una
indicación a lápiz: “mayo-junio 96 / Regalo de Lola”. Esa Lola no podía ser
otra que Lola Lucio, la fundadora de Tribuna Ciudadana junto con Juan Benito,
buenos amigos míos ambos, y el Ricardo a quien dedicaban el libro no podía ser
otro que Ricardo Labra, que tanto había hecho por la difusión de la poesía de
Ángel González desde los tiempos de la revista Luna de abajo.
Así lo
conté en Facebook y de inmediato respondió Labra: “Lola Lucio nunca me hizo
llegar ese libro. Es absurdo pensar que yo pueda desprenderme de un libro
dedicado por Ángel y Emilio. Detrás de un libro también puede esconderse una
historia de pequeñas miserias y traiciones”.
No
entendí bien esas palabras y de ahí mi respuesta: “Yo pensaba que el libro
podía haberse traspapelado entre los que te sobraban en casa. ¿Quién sería ese
otro Ricardo, al que Lola (que no puede ser otra que Lola Lucio) le regala un
libro con la firma de Ángel González y Emilio Alarcos? Cada dedicatoria lleva
consigo su novela”.
Pero lo
que Labra quería decir es que ese Ricardo era él: “Yo creo que tendrías que
hacérmelo llegar para que el libro complete su largo viaje por manos espurias
hasta su auténtico destinatario”.
Entendí
entonces lo de la “historia de pequeñas miserias y traiciones”: el poeta y el
crítico le dedicaron un ejemplar a Ricardo Labra y se lo dejaron a Lola Lucio para
que se lo entregara, pero esta se enfadó por entonces con él, a propósito de no
sé qué homenaje a Ángel González y su generación que financiaba el ayuntamiento
de Oviedo, y decidió regalárselo a otra persona y de ahí la anotación a lápiz.
Por
supuesto, le dije a Labra que estaría encantado de entregarle ese ejemplar,
suyo en realidad, y quedamos mañana viernes en la tertulia. Hace algún tiempo
había reseñado su tesis doctoral, precisamente sobre Ángel González, y a él no
le sentaron nada bien mis reparos. Intercambiamos varias réplicas y
contrarréplicas y la consecuencia fue que, la siguiente vez que nos vimos,
cuando fui a saludarle él volvió la cara hacia otro lado. Dejó de ser amigo
mío, pero yo no dejé de apreciarle. Me alegra que un libro que ha tardado
treinta años en llegar a sus manos sirva de pretexto para la reconciliación.
Ángel González sonreiría gustoso.
La
historia sin embargo no termina aquí. Esta mañana encuentro un comentario de
Susana Rivera: “Ese Ricardo es otro. Era
muy amigo de Lola desde su juventud. Se pasaba de vez en cuando por la
cafetería Santa Fe, donde íbamos casi todos los días cuando estábamos en
Oviedo, antes de comer, Ángel y yo, a tomarnos un aperitivo con Lola y Juan,
Mediavilla, Menchines, Pimpe y Elena, Faustino y Luisa, Chus Quirós y Rosa,
Tony, el de la joyería de al lado, y otros que no recuerdo ahora. A ese Ricardo
le prestaba acompañarnos a La Paloma a tomar vermú y degustar gambas a la
gabardina. Lamento no saber su apellido. Como ya murió, se habrán deshecho de
sus pertenencias”.
Viernes,
13 de marzo
SIGUE LA NOVELA
Ricardo Labra agradece la explicación de Susana
Rivera sobre la dedicatoria que creía que le estaba destinada y decide no pasar
a recoger el libro que a mí gustaría llegara a sus manos. Pero hoy aparece un
comentario de María Jesús Flórez: “Bien pudiera tratarse de Ricardo, el hermano
de Lola. Si ese fuera el caso, aún no habiendo querido desprenderse de él,
llegados a cierta edad, quién sabe lo que va siendo de nuestras cosas”.
Y de
inmediato responde Susana: “¡Claro, yo confundí un amigo de la juventud con su
hermano! Vaya lapsus de memoria el mío. ¿Tienes alguna idea de cómo pudiera
ponerme en contacto con alguien cercano a él? Pregunto porque Lola tenía
algunas cosas nuestras que me gustaría recuperar para cuando deposite el legado
de Ángel González. Entre ellas, un cuadro que vi hace poco en El Comercio a
propósito de la muerte de Gregorio Morán (me lo regaló a mí alguien relacionado
con la universidad), y una pequeña escultura de un acebo, creo que es un
premio, pero no me acuerdo. ¿Tienes alguna idea de lo que podría ser? Podría
haber más cosas, tengo que hacer memoria. Siempre decíamos Ángel y yo que nos
llevaríamos todo a Madrid cuando hiciéramos un viaje en coche, pero ese día
nunca llegó hasta que volví con sus cenizas en el coche de mi amigo Javier
Rioyo”.
Parece
que en el entorno de Lola Lucio había más de un Ricardo. Susana no sabe a quién
iba destinado el libro y su memoria, en cualquier caso, resulta poco fiable. ¡Y
eso de ocurrírsele ahora, cuando ya se habrá repartido su herencia, recuperar
las cosas que Ángel González había dejado en su casa de la calle Independencia!
La
hipótesis primera, la de una dedicatoria a Ricardo Labra, me vuelve a parecer
la más verosímil. Y la de la mezquina venganza, la más novelesca. Y que yo haga
llegar ese volumen treinta años después a quien bien se lo merece, el mejor
final para esta historia que comenzó en una librería de viejo.



.jpeg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario