viernes, 27 de marzo de 2026

La rueda de la fortuna: Asombro y maravilla

 

Sábado, 21 de marzo
UN REGALO INESPERADO

No es mal sitio para presentar libros una antigua estación de ferrocarril. Al final de la presentación de Aire en el aire, en el maravilloso Museo del Ferrocarril de Gijón, mientras estoy firmando ejemplares, alguien le entrega al presentador, José Luis Argüelles, para que me lo pase un sobre con un libro mío que compró en un mercadillo de Mieres.

Se trata de Tinta y papel, publicado hace cuarenta años, y lleva pegadas a las páginas en blanco varias fotografías mías aparecidas en la prensa. En una de ellos, que no recordaba, estoy con Ángel González y Carmen Gómez Ojea.

En libro lleva un curioso exlibris familiar, que no aclara el nombre del propietario. Bajo las siluetas de una mujer y un hombre aparecen las iniciales y las fechas de nacimiento; en el centro, dos círculos que se entrecruzan y una fecha, que debe ser la de la boda; de ellos surge un árbol con cinco ramas, cada una también con una fecha, que debe ser las del nacimiento de los hijos. Entre las páginas, encuentro recortes periodísticos de algunas páginas de mi diario.

¡Cómo me gustaría saber quién fue este anónimo lector, charlar con él, averiguar cómo este libro, que conservó cuidadosamente durante tanto tiempo, fue a parar a un mercadillo!

Bueno, esto último parece fácil de adivinar. Tras su muerte –ahora estaría cerca de los cien años, nació en 1928--, los herederos tendrían que deshacer la casa y los libros se pusieron a volar por su cuenta. Y Tinta y papel, a través de manos anónimas, supo llegar hasta las mías. Qué maravillosa manera de celebrar la entrada de la primavera y el día de la poesía.

Domingo, 22 de marzo
FICCIÓN Y AUTOFICCIÒN

Al salir del cine, como cada domingo (me gusta mantener las buenas costumbres), me encuentro con mi amigo Ángel.

            ---¿Qué película has ido a ver? Déjame que adivine. Torrente presidente seguro que no. Habrás ido a ver a Almodóvar. Eres como Carlos Boyero. Te parece vomitivo, pero no te pierdes ninguno de sus estrenos.

            ---Hombre, vomitivo… Yo no diría eso. Reconozco que lo hago con algo de mala conciencia. Sé que voy a encontrarme con una nadería pretenciosa, pero no lo paso mal riéndome de su ampulosidad y disfrutando con la puesta en escena. Tiene gusto como decorador, de eso no hay duda. Y sabe dirigir a los actores. Incluso podría ser un buen director de cine si no se empeñara en rodar sus propios guiones. Este último lo ha promocionado diciendo que es una obra de autoficción, pero por lo que se ve parece que sabe tanto de autoficción, como Carmen Machi, que hace de Carmen Machi en un sketch tópicamente almodovariano (Rosy de Palma hace de Rosy de Palma en otro), de lo que es un cineasta de culto. El protagonista es un actor de unos cincuenta años, Leonardo Sbaraglia, que representa a un viejo y famoso director (Almodóvar) que depende de sus ayudantes para que le recuerden desde cuando tiene que tomar las medicinas hasta cuando tiene que ir al baño (nunca he visto un mayor error de casting). Lleva años sin dirigir, pero no por falta de un productor, sino porque no se le ocurre nada que contar. Almodóvar no parece haberse enterado de que esa es una profesión distinta que solo en raros casos (y en malas películas por lo general) coincide con la del director. Por fin tiene una idea y comienza a escribirla. Hablará de la crisis de una directora, no de un director, y ese guion es lo que vemos, ya filmado, alternando con la historia del alter ego de Almodóvar. Mise-en-abyme e ingenuo cine dentro del cine. La alter ego del alter ego del director manchego tiene un amante que es bombero y en sus ratos libres stripper que actúa en despedidas de soltera (lo que le sirve de pretexto a Almodovar para ofrecernos una de sus actuaciones completas y una, afortunadamente breve, incursión en el vestuario de los bomberos). El conflicto dramático, el gran problema que se plantea nuestro gran cineasta, es el daño que se puede hacer con la autoficción. Su ayudante arma una escandalera porque, al leer el nuevo guion del jefe, todavía sin terminar, se encuentra con que la protagonista tiene una amiga que ha perdido un hijo en accidente y ella tiene una amiga que ha perdido un hijo por enfermedad.

            ---¡Pues menuda intromisión!

            ---Habría que explicarle a nuestro Bergman y Fellini, todo en una pieza, que, más que en la autoficción, la intromisión se produce en las novelas en clave, en las que tras los personajes se esconden personajes reales y se nos cuentan sus secretos y sus fechorías. En la autoficción, el protagonista de la novela coincide, en nombre y otras circunstancias, con el autor, al igual que en la autobiografía, pero en lo que se cuenta aparecen detalles ficticios: el narrador se llama Javier Cercas, por ejemplo, pero nos habla de su paso por la cárcel cuando sabemos que nunca estuvo en ella.

Lunes, 23 de marzo
NO TENGO CORAZÓN
 

---Una cosa que me ha sorprendido de tu poesía reunida –me dice uno de los primeros lectores de Aire en el aire-- es que no hay en todo el libro una sola dedicatoria. Debes de ser el único poeta que no se acuerda nunca ni de su familia ni de sus amigos. Tampoco aparece el nombre de ninguna pareja. Parece que eres una máquina de leer y escribir, una máquina sin corazón.

            ---¡Ojalá lo fuera! Yo tengo otras maneras de agradecer cariño y compañía. El poema, si verdaderamente lo es, y no un desahogo, debe volar libre, al margen de las circunstancias del autor.

Martes, 24 de marzo
SE ACLARA EL ENIGMA

---José Luis, esto es magia. Sin conocernos de nada, el algoritmo de Facebook nos ha conectado. El domingo, al abrir el teléfono, me sale la foto del exlibris de mi padre. Soy Luci, la del 57. Vivo en Huelva. Mi padre se llamaba Marino Fernández Canga. Vivía en Mieres. Tenía una biblioteca estupenda, con más de cinco mil volúmenes. Siempre nos decía que cuando él no estuviese nos encargásemos de los libros. Que repartiéramos primero entre nosotros y después hacer una donación a una biblioteca y que la sección de apicultura con todas las revistas de Vida Apícola se la regaláramos a un apicultor.

Ninguna biblioteca nos quiso los libros. Encontramos al apicultor y a muchos amigos de mi padre que nos ayudaron, se llevaron muchos libros, pero aquello no descendía. Teníamos treinta días para poner la casa en venta. Guardamos solo sus escritos: de etnografía, inventos, mapas y poesía. Desde hace muchos años escribía e ilustraba haikus. Le adjunto el que dedicó a la muerte de su mujer, "Tristeza". También guardamos, por supuesto, sus cuadros y sus esculturas. Las fotografías eran un tema difícil. Un amigo de mi padre, al que conocimos en ese momento, nos propuso hacer un archivo fotográfico y le dejamos todos los álbumes y fotografías familiares. Pero llegó un momento en el que el tiempo se nos echó encima y no conseguimos deshacernos de todos los libros. Lo pasamos bastante mal. Después de consultar con distintas empresas que compran libros especiales, tenía que decidir qué hacer. Al final, sin tiempo, y con muchísima pena, terminaron como el tuyo en el mercadillo.

Jueves, 26 de marzo
COLECCIÓN PARTICULAR

Desde hace tiempo me ha dado por coleccionar estrictos coetáneos, gente nacida en 1950, y ver cómo envejecen. Almodóvar es uno de ellos, el poeta Luis Alberto de Cuenta otro. No nos parecemos en nada, salvo en el deterioro que traen los años y del que todos se dan cuenta menos uno mismo, que se sigue viendo como siempre.

“Tú, que has sigo tan cruel, y lo siguen siendo, con la etapa ultima de Guillén, ¿no temes que a ti ahora te acusen de lo mismo, de escribir poemas facilones y llenos de ripios?”, me preguntó José Luis Argüelles a propósito de mi libro Entrada libre.

            La verdad es que no lo temo y para demostrarlo esta mañana, en Los Porches, tras leer La vejez del poeta, de Javier Salvago, otro de 1950, escribí unas “Aleluyas de la edad” que subí inmediatamente a Facebook: “Se multiplican los dones / y también los tropezones. / Son las cosas de la edad, / conviene conformidad. / Por si amor llama a tu puerta, / procuras dejarla abierta. / Y siempre con alegría / saludas al nuevo día. / Lo que fui lo sigo siendo / y conmigo bien me entiendo. / Cualquier cosa me entretiene, / ese insecto que va y viene. / Pessoa, Dante, Machado / comienzo a dejar de lado. / Lo que yo en ellos buscaba / en ellos no está ni estaba. / ¿Estará en alguna parte? / Otros sabrán contestarte. / Yo soy de buen conformar. / Me basta ver y admirar”. 

Viernes, 27 de marzo
DE VEZ EN CUANDO

Qué aburrido tratar de ser sublime sin interrupción. De vez en cuando, viene bien hacer un poco el ridículo. Son cosas que se aprenden con la edad.

 

 

3 comentarios:

  1. José Luis, no es lo mismo
    Tener curiosidad
    Que narcisismo

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  2. Pero, a decir verdad,
    es peor confundir
    tocino y velocidad.

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  3. Maravilloso exlibris. Pensar que alguien tan cuidadoso y cariñoso pudo comprar y leer el libro de uno...

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