sábado, 27 de marzo de 2021

Después y todavía: Una adivinanza

 

Sábado, 20 de marzo
LA OFENSA

Rosa Navarro Durán me envía un número de la revista El ciervo, de marzo de 1983,con un homenaje a Jorge Guillén, que por entonces cumplía noventa años, en el que participo. No conservaba yo esa revista ni recordaba mi texto, pero sí lo mal que le sentó al homenajeado. Escribió a todos los participantes agradeciéndoles su colaboración, menos a mí. Como era un caballero a la antigua, le pareció que esa era la manera más contundente de mostrarme su indignación. A Jorge Guillén le había admirado mucho y le seguía admirando, pero menos. Entre los colaboradores –José Manuel Blecua, Carlos Bousoño, Francisco Brines, Ricardo Gullón--, me encuentro con Gerardo Diego, todavía vivo y activo. ¿Había razón para que Guillén se enfadara conmigo o era solo un caso, como en Miguel d’Ors, de exceso de susceptibilidad? Sospecho que la había. Mi colaboración consta de tres párrafos. En el primero, doy cuenta de mi deslumbramiento adolescente al descubrir el inicial Cántico, el de 1928, en la biblioteca de Avilés, y selecciono el poema que comienza “Oh luna, cuánto abril” (el homenaje consiste en una breve antología comentada); en el tercero, reproduzco un poema dedicado a la muerte de Marco Aurelio. El párrafo central podía habérmelo ahorrado. Lo leo ahora con rubor y cierta sonrisa. Soy yo de cuerpo entero, aunque los años creo que me han enseñado a ser un poco menos sincero. Tras las muestras de admiración, añado: “Pero el amor es exigente. Mi adoración no le podía permitir a Guillén las frecuentes caídas que él se permitía a sí mismo. La calderilla manuscrita dispersa en tantas revistas, los obesos volúmenes que no desdeñaban recoger los ripios circunstanciales (“Asomante”, “El abanico de Solita”, toda esa profusa contribución guilleniana a las mil peores poesías de la lengua española) fueron recibidos por mí como inesperadas e incomprensibles traiciones. El resentimiento del amante engañado explica mis frecuentes referencias desdeñosas a la poesía de Guillén”.

            Ahí queda eso. Le digo en un homenaje que es el autor de algunas de las mil peores poesías de la lengua española y, por si alguien lo duda, pongo ejemplos. Unos años antes, un caballero no se habría limitado a mostrarme su desprecio con el silencio; me habría enviado a sus padrinos y a un representante (ya no estaba en edad de hacerlo por sí mismo) para lavar la ofensa con un duelo a primera sangre.

Domingo, 21 de marzo
MONK

Debo de ser la única persona del mundo, entre los que más o menos se las dan de intelectuales, que nunca ha hablado mal de la televisión. En sus desganadas y disparatadas Notas para unas memorias que nunca escribiré, Juan Marsé no se priva de hacerlo reiteradamente: “El problema de la televisión es que los diversos canales compiten no para ser mejores, sino para ofrecer más y mejor basura, pues sabe que la audiencia quiere eso, basura”. No ofrecerán más que basura, tosco Marsé, pero hay tantas infinitas formas de basura que uno acaba encontrando siempre la de su gusto, como en la basura informativa de cada día.

Yo solo veo la televisión, después de cenar, como distracción que me ayuda a desconectar y a dormir luego como un bebé, que es como suelo dormir a pesar de que ya no soy precisamente un bebé. Prefiero las viejas series, capítulo a capítulo, como quien escucha una reiterada nana. Ahora le toca el turno a Monk, que repesco en una rara cadena de la que no había oído hablar. Cuando la vi por primera vez, hace más de una década, el protagonista, que padece un trastorno obsesivo-compulsivo, era un enfermo con muchas dificultades para la relación social que podía resolver los crímenes más intrincados gracias a su prodigiosa inteligencia. Ahora le veo pedir una toallita húmeda cada vez que no puede evitar que alguien le dé la mano y compruebo que se ha convertido en una persona de lo más normal. Los raros, los extraterrestres, son el resto de los personajes de la serie, esas personas que se abrazan cuando se encuentran, que se dan un beso de despedida, que se cruzan por la calle sin apartarse unos de otros, que no se pringan las manos con gel antes, durante y después de tocar cualquier cosa. Ahora todos somos Adrian Monk (sin su inteligencia, claro está).

Lunes, 22 de marzo
OTRO HOMENAJE

Me llega hoy un nuevo número de El Ciervo, correspondiente también a marzo, como el dedicado a Guillén, pero de 38 años después, y en él se homenajea a otro poeta, Francisco Brines, en este caso no con motivo de los noventa años, cerca le anda, sino del Cervantes. Colaboran buenos poetas y buenos amigos míos, como Susana Benet y Abelardo Linares, pero naturalmente yo, que fui uno de sus grandes admiradores, no fui invitado. Seguro que Brines insistió especialmente ello, quizá no había olvidado –él también participaba-- lo que dije de Guillén. Se lo comentó horrorizado a Fernando Ortiz, muy amigo mío por entonces. Pero no tenía nada que temer. Yo ahora he aprendido a ser más diplomático. Podría redactar vacuas vaguedades elogiosas, de esas que no interesan a nadie, tan bien como cualquiera. Y además Brines, muy elegantemente, con la edad ha decidido escribir cada vez menos, no cada vez más, al contrario que Guillén.

Martes, 23 de marzo
EN LA CIUDAD PROHIBIDA

Gijón lo tengo al lado, a media hora de autobús, pero como unas veces no me dejaban salir de Oviedo y otras no me dejaban entrar en él, hacía tiempo que no me acercaba hasta allí. Esta mañana soleada, anticipándome a los futuros cierres con motivo de la Semana Santa, he recorrido el paseo del Muro y luego he seguido por la Providencia. No hay mal que por bien no venga, dice la sabiduría popular. Y estos días lejos del familiar Gijón, estos días raros que serán tan difíciles de entender dentro de unos años, estos días en que para “proteger” nuestra salud se nos prohibía pasear a solas a la orilla del mar (resulta increíble, lectores del futuro, pero es rigurosamente exacto, una inverosímil verdad, no una fábula kafkiana), me hacen redescubrirlo. Primero me siento como en la Promenade des Anglais, luego en Biarritz o en Arcachon. Toda la mañana, todo el mar y todo el sol para mi solo.

Por las noches, antes de dormirme, sueño con viajar lejos mientras veo la cadena Viajar. “San Diego es como un Los Ángeles más compacto, sin autopistas de por medio”, le escucho decir a Michael Portillo, Y yo la añado de inmediato a las ciudades en las que me gustaría vivir. Tampoco está mal Gijón, pienso esta mañana de un tiempo raro en que la ciudad de al lado puede convertirse de pronto en otra Ciudad Prohibida, como la de Pekín, y en el más exótico de los destinos, si el Adrian Monk que hace y deshace en Asturias se levanta con el pie cambiado. Habrá que estar atento a sus próximos coletazos porque a principios de mayo parece que se le acaban los superpoderes y querrá disfrutar de ellos hasta el último minuto.

Miércoles, 24 de marzo
DESTRUIR REJUVENECE

“No hay mal que por bien no venga”, me repito. Cada día me gustan más las tertulias digitales a las que hemos tenido que recurrir obligados por las circunstancias. Desde las siete hasta las diez y media, me lo paso pontificando, interrumpiendo, debatiendo, comentando, destrozando poemas propios y ajenos. Y de momento –llevamos ya unos cuantos meses-- los contertulios no se han cansado de mí y son capaces de llevarme razonadamente la contraria, o de intentarlo, que no siempre resulta fácil. Sometemos a los poemas a una prueba de resistencia, les buscamos todos sus fallos, no les perdonamos una. Ese es mi deporte favorito –no solo con los poemas-- y creo que no se me da nada mal. Pero tengo que contenerme un poco, que aprender diplomacia, sobre todo si el autor está presente, para que no se aceleren las deserciones y acabe convirtiéndose en un juego solitario.

Jueves, 25 de marzo
UNA Y NO MÁS

 Soñé que acababa el mundo y que Dios suspiraba aliviado. “Una y no más, Santo Tomás”, dijo santiguándose.

Viernes, 26 de marzo
NI CUBA NI VENEZUELA

¿En qué país fue posible que un jefe del Estado, que había jurado “cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes”, se dedicara durante cuarenta años a incumplir la Constitución y las leyes, no ya sin que nadie le llamara al orden, sino con la complicidad del gobierno, la fiscalía, la prensa? Doy una pista: no se trata de Venezuela, tampoco de Cuba.

            Si ya ha adivinado el nombre del país (tampoco es tan difícil), pero no se explica cómo pudo ser posible, le aconsejo que vaya a la librería más próxima y compre el libro de Ana Pardo, Albert Calatrava y Eider Hurtado La armadura del rey. La justicia española, espoleada y avergonzada por la Suiza, ha comenzado a indagar, muy poquito a poco para no enfadarle, en las andanzas del gran trapisondista, pero con sus cómplices por acción u omisión todavía no se atreve. Y no se atreverá nunca, me temo, pero este libro ayudará a sacarles a muchos, no solo a los compinches, los colores. A mí el primero, que voté una y otra vez al peor de todos.



 

15 comentarios:

  1. Creo que el ex jefe del Estado no juro nunca cumplir la Constitucion. Si lo hizo con las leyes fundamentales del regimen anterior.

    Vicente Garcia

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  2. Si no la juraba, no podía ser rey constitucional (antes era un rey franquista). Otra cosa es que hubiera o no un acto solemne para ello.

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  3. Acabo de mirar la cosa por aquí. Lo que vi fue el juramento de lealtad al movimiento nacional, con un final de viva Franco, viva el rey, viva España. Miraré con más calma.

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  4. El que no hubiera un acto solemne y exclusivo (y en youtube), no quiere decir que no hubiera juramento.

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    Respuestas
    1. Tienes razón, y además fue un acto solemne en que el rey, en el 78 (lo anterior fue en el 75), acata la constitución y dice a los parlamentarios que su voluntad es el servicio a España. Está en youtube.

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  5. Gijón estaría mucho mejor sino convirtiesen a veces el Piles en una cloaca de aguas fecales. Además de otras mareas.
    No sé si el Ayuntamiento es capaz de solucionar eso.
    Víctor

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  6. Tampoco Venecia es perfecta y no por eso deja de ser una maravilla.

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  7. Sí, pero en Venecia son algas y hongos los que producen el mal olor, no creo que las aguas "sucias" vayan al canal.
    Lo mismo sucede en París y el Sena, en Londres y el Tamesis, etc.
    No presumo de ecologista, pero a los rios y mares les hemos echado toda la basura (por no decir otra palabra).
    No digo más, aunque no es una cuestión baladí. No se encamine la charla por este tema.

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  8. Mi calle tiene un oscuro bar, de húmedas paredes, pero sé que alguna vez cambiará mi suerte.
    No necesito citar a Hegel.

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  9. Contertulios, no me habéis entendido, o no quisisteis entender.
    Con la letra de Lone Star me refiero al presente, donde todos estamos encarcelados, sin libertad, y en manos de cualquier cacique.
    El horror

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  10. Hoy, paseando delante del colegios La Gesta de Oviedo, donde fui alumno y profesor, me encuentro escrita en las ventanas, la rima de Becquer "QUÉ ES POESIA, Y TU ME LO PREGUNTAS? POESIA ERES TU.
    Cuántos sueños olvidados, volver a la infancia. El destino me ha dejado un rictus siniestro, amargo.
    Cuántas vueltas di a ese colegio jugando a las chapas, cuantas6 tardes el bedel de la Facultad de Ciencias nos quitaba el valor...
    Como Ulises, nunca vuelvas. Sigue el camino.

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  11. - Sciascia “homenajea” a Guillén…

    “ Lampedusa

    Le prince d’Aquitanie á la tour abolie
    Nerval

    Principe d’Aquitania dalla torre distrutta,
    Malinconico, forte, lontano Lampedusa,
    Quanta disperazione nel tuo amore alla vita
    Sotto lo sguardo mortale della Medusa.

    Uccidesti il tuo eroe. Sensa pietà gli infondesti
    L’ ossesione del mare che il tuo orecchio ascoltava.
    Mare —o vulcano— di morte che la tua forza triste
    Seppe mutare in cenere di lava.

    Ma tu, Lampedusa, ti salvastí nell’atto stesso
    Di esprimere per sempre la tua implacabile angoscia.
    Non la torre del principe si levò dall’abisso.
    La Medusa fu Musa: bella restò nell’opera.”

    - Pantallazo …

    “Allí estaba como casi todos los días, pegado al periódico como si se tratara de un parapeto contra la vergüenza ajena. Aquel tipo era Juan Mayo, comisario jefe de la Policía de Santander, una ciudad pequeña y burguesa del norte de España. Al fondo de la Cafetería California, sentado en su mesa de siempre, auscultaba el timorato latido del lugar mientras leía una prensa que detestaba.
    - Únicamente se puede hacer caso de la fecha y de las esquelas. No se encuentra una sola verdad más.
    A pesar de su juventud –no hacía mucho que había cumplido cuarenta y un años-, Mayo era un hombre descreído que destilaba escepticismo por cada poro de su piel. No obstante, estaba impregnado del espíritu de los sesenta y poseía aún, aunque nunca lo reconociera, un fondo de idealismo tan recóndito como indestructible. A estas alturas, y pese a ser un hombre de firmes convicciones, decía no creer en nada y en casi nadie; no en vano su trabajo le había hecho ser un desencantado y un tanto arisco, sobre todo con sus subordinados, una pandilla de pelotas babeantes y serviles. No era de extrañar puesto que aquellos imbéciles eran herederos de unos tiempos en los que su mayor logro policial era dar hostias a invertidos y a tres borrachos en los calabozos de la oficina, como eufemísticamente denominaban a su particular cuarto de torturas. Desde luego, al comisario le sobraban razones para no tenerles consideración alguna y para no fiarse de ellos ni un pelo.
    Ahora bien, Juan Mayo ni era así siempre, ni lo era con todo el mundo, sino solamente con quien creía que se lo merecía y se lo ganaba a pulso con sus obras.
    `A los hombres no hay que juzgarles por lo que dicen, sino por lo que hacen´, se repetía cada vez que le hacían la rosca.
    Cuando alguien conquistaba su interior, daba su vida por él; de hecho siempre se decía que preferiría dejarse sacar una muela sin anestesia, antes que traicionar a un amigo. Así era Juan Mayo, un hombre que avanzaba por la vida en una lucha constante con sus contradicciones.
    En el trabajo sólo un chaval con una gran fe en su profesión y una ingenuidad reconfortante, casi un recién llegado, se había ganado su confianza. Y eso no era nada fácil para una persona que como Juan, ya había decidido cerrar el cupo de nuevos afectos alegando falta de tiempo, aunque la verdadera razón para su cerrazón sentimental era que le daba una gran pereza ponerse a intimar con gente que acababa de conocer.
    `Manías de la edad´, se decía.
    Cada vez que alguien se ganaba su corazón y se decidía a hacer el esfuerzo de dejar traspasar su cordón preventivo de familiaridad, siempre pensaba lo mismo: `Con éste cierro el cupo de amistades íntimas… No doy para más´.
    Pero lo cierto es que de tarde en tarde siempre hacía sitio para otra.”

    Juan Francisco Quevedo Gutiérrez. Ana en el mes de julio

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  12. - Inexistencia, menciones, círculos…

    En “Insistencias en Luzbel” Francisco Brines dedica un poema a Mario Míguez. Sobre este escribe José Cereijo: “Como a principios del siglo XX señalara Arnold Bennett, ‘Yeats es uno de los grandes poetas de nuestra era, porque media docena de lectores sabemos que lo es’. En estas palabras, que el tiempo ha confirmado, no ha de verse fatuidad alguna, sino simplemente la constatación de que el reconocimiento público no siempre va asociado a la excelencia. Mario Míguez es también, hoy por hoy el secreto de unos pocos”.

    - Autoengaño …

    “El PSOE gobernante de Felipe González (1982-1996) fue el partido más aplicado a la hora de proteger a la monarquía parlamentaria, aunque su fidelidad implicase el blanqueamiento de la Corona española hasta nuestros días. El PSOE de Pedro Sánchez, en el Ejecutivo desde 2018, se ha convertido también en el sostén principal de la monarquía, hoy encabezada por Felipe VI, heredero de Juan Carlos. Si los socialistas decidieran abrir el melón del debate sobre la forma del Estado, la monarquía podría tener los días contados: derecha y ultraderecha defienden a la Corona en su condición de fervientes monárquicos, caiga lo que caiga, pero el PSOE, haciendo una pirueta justificativa cada vez más inverosímil en el siglo XXI, sigue declarándose republicano y defendiendo una monarquía `más democrática´, como no la fue, ni mucho menos, la encarnada por el emérito.”

    Ana Pardo de Vera y otros. La armadura del rey

    - Varia

    “No nos representan”, “sí se puede”, “podemos”, “esto es lo que hay”…

    Triunfo del “pro-Mahou”, espeluzno de la mascarilla, sosedad o infamia del discurso…

    “Nacemos inocentes; hoy, culpables.
    ¿Qué significa el tiempo? Devastados.
    Nacemos inmortales; hoy, mortales.
    El nombre de la vida es el Engaño.”

    Francisco Brines

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  13. Nos quitaba el balón, no el valor.

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  14. Ángel, tu catarata de citas es muy interesante, como la del comisario escéptico.
    No sé cómo tienes tiempo para leer tanto, a no ser que seas otro, o que en ti haya otras personas.
    Se agradece porque yo ya no leo nada.
    Un saludo

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