domingo, 21 de junio de 2020

Sin propósito de enmienda: Cumpleaños feliz



Sábado, 13 de junio
ESCUCHAR A LOS DEMONIOS

Hojeo el último libro de Pascal Quignard, La vida no es una biografía, y me encuentro con esta frase: “Uno debe escuchar con mucha atención a sus demonios”.
            Yo a los mío los escucho distraídamente, nunca les he hecho demasiado caso.


Domingo, 14 de junio
POR UN PLATO DE LENTEJAS

Ahora que no se puede viajar, viajo más que nunca. Esta tarde, de la mano de Jesús Pardo, al Bucarest de Ceaucescu, al de Marta Bibesco y al de Paul Morand.
            Entre 1968 y 1989, Jesús Pardo viajó con frecuencia a Rumanía, primero como corresponsal de diversos periódicos, luego invitado por la embajada rumana para escribir un libro que finalmente apareció en 1988: Conversaciones con Transilvania.
            Bucarest se publicó en 1991; para entonces la opinión de Jesús Pardo sobre quienes le había pagado los viajes, alojado en los mejores hoteles, proporcionado todo tipo de facilidades para su investigación había cambiado radicalmente. Como en tantos casos, resulta curioso comparar lo que escribió sobre la Rumanía de Ceaucescu cuando este vivía con lo que escribió después.
            Clara Janés fue invitada a Rumanía en 1973 por el Instituto Nacional de Relaciones Culturales. El resultado fue un libro, Sendas de Rumanía, que no es posible leer sin sonrojo. Unos pocos poemas apenas disimulan lo que tiene de tosca propaganda: Clara Janés resume entusiasmada y sin el menor atisbo crítico todo lo que le cuentan los diversos organismos oficiales. Asiste a un desfile conmemorativo, a una recepción en la que brilla Ceaucescu con su inteligencia y su sencillez; conoce a la Pasionaria, que se sienta siempre a la derecha de Dios padre, quiero decir del Conducator; le presentan a Santiago Carrillo. Aquella Rumanía es lo más parecido al paraíso en la tierra. Nada le hace cambiar de opinión, ni siquiera la anécdota de una violenta detención o de la niña maltratada.
            También el Instituto Nacional de Relaciones Culturales invitó a Rumanía a Miguel Ángel Asturias. El libro que como pago escribió es el primero que Clara Janés cita en su bibliografía, aunque en su versión francesa: Roumanie d’aujourd’hui. Es un libro embadurnado de literatura, de chirriantes sonetos que no logran disimular lo que tiene de devolución de favores. Qué contrate entre la Rumanía de Ceaucescu y la grisura de la Europa capitalista: “La alegría de las calles de Bucarest seduce. Es una alegría andante”. Las grandes tiendas, de varios pisos, inmensos bazares en los que se encuentra de todo, están llenos siempre por masas de compradores, muchos de ellos campesinos, “lo que permite apreciar a simple vista la capacidad adquisitiva de la gente del pueblo”.
            Da un poco de vergüenza ver cómo tanta gente inteligente, o al menos dedicada a actividades intelectuales, se dejaba engañar por la más burda propaganda o se vendía por un plato de lentejas (aunque en el caso de los más ilustres –Neruda, Alberti-- era probablemente algo más que un plato).
            A Ceaucescu le lincharon los mismos que le aplaudían. Siempre se ha hablado de la represión que sostiene las dictaduras y no se ha solido mencionar que es la complicidad mayoritaria la que verdaderamente las mantiene en pie. No hay dictadura que no cuente con un apoyo social mayor que el habitual en los gobiernos democráticos. Ni siquiera el Felipe González de las mayoría absolutas tuvo a su favor tantos españoles como Franco.
¿Engañados por los medios de comunicación? Es posible, pero en todo caso muy gustosamente engañados. Y esto vale para la Rumanía de Ceaucescu, la Cuba del castrismo y del poscastrismo, la España de Franco y quizá la de ahora mismo.
            Hablemos claro: una dictadura amable con aquellos cuyos prejuicios representa y feroz con los pocos que no doblan la cerviz es el tipo de gobierno ideal para la mayoría, no la siempre chapucera democracia.


Lunes, 15 de junio
CERO A LA IZQUIERDA

Abro un libro de Antonio Espina, uno de los representantes de la nueva literatura de los años veinte, y me encuentro con este aforismo: “La mujer solo tiene valor, como el cero en matemáticas, cuando se coloca al lado de la unidad: a la derecha del hombre que ama y que comprende”.
            Hoy nadie sería capaz de escribir semejante barbaridad, pero no estoy yo tan seguro de que no siga habiendo quien lo piense.


Martes, 16 de junio
DESMIENTO A UNAMUNO

Al ver el desprecio con que un atildado politicastro se apartaba de un campesino que volvía manchado de barro, Unamuno dijo aquello de que valía más un hombre sucio que un cerdo limpio.
            Eran otros tiempos. Dados los precios que ha alcanzado el jamón ibérico y lo baratos que se venden los hombres, sucios o limpios, parece claro que hoy no podría decir lo mismo.


Miércoles, 17 de junio
HAGO LO QUE PUEDO

Me gusta repetir un aforismo de Antonio Porchia: “Era tan ingenuo que hasta se creía las dedicatorias”.
            Las dedicatorias, como las palabras de elogio, son parte de la buena educación, nada tienen que ver con el análisis crítico.
            Pero hay elogios que nos agradan más que otros y eso dice mucho de nosotros mismos, no tanto de lo que somos como de lo que nos gustaría ser.
            Mi elogio preferido aparece en una entrada de Facebook donde doy cuenta de la aparición, en la fecha prevista, ni un minuto más tarde, del nuevo número de Clarín: “Martín, todas las cosas que van de tu mano siempre salen para adelante”. No es cierto, Paulina, pero se hace lo que se puede.
           

Jueves, 18 de junio
PRESUMO EN VANO

Siempre me ha gustado presumir de enemigos, pero la realidad es que tengo más amigos de verdad que enemigos. Nunca he disputado una herencia, intrigado por un cargo, aspirado a un premio; nunca me he metido en pleitos; nunca me he divorciado. Mis enemigos, o los que yo llamo tales, son enemigos de papel. A la mayoría ni los conozco personalmente; simplemente me guardan rencor por lo que dije de alguno de sus libros. Muchos pasan de una semana a otra de enemigos a amigos: basta que publiquen una obra que valga la pena y que yo hable bien de ella.
            También están los que se sienten ofendidos por alguna cosa que dije en mi diario. He publicado, en libro, veinte tomos; en el periódico, sin que todavía se hayan reunido en volumen, otros tres más. En total, una diez mil páginas. ¿De cuántas gentes habré hablado en estas páginas que gozan fama de indiscretas? De algunos miles.
Pero solo dos que eran buenos amigos, o eso creía yo, dejaron de serlo por alguna alusión en el diario: José Bento y Miguel d’Ors. Y me parece que también solo dos amigos me dejaron de lado por una reseña: José Luis Morante y Ricardo Labra. Por cosas que dije en una conversación –suelo ser un polemista algo punzante-- solo una: el librero José Manuel Valdés. Todos los otros enfados fueron pasajeros. No me parecen excesivas rupturas irreversibles para medio siglo de vida literaria sin demasiados miramientos a la hora de decir lo que uno piensa.


Viernes, 19 de junio
LO QUE ME HABRÍA GUSTADO SER

Da un poco de vergüenza decirlo, pero cada día estoy más convencido de que mi mayor aspiración es ser un robot. Razonarlo todo, hacer siempre lo más razonable, no condescender con la falacia sentimental,
            Durante un tiempo creí ser capaz de conseguirlo. Escribía poemas, ciertamente, algo que no suelen hacer los robots (y hacen bien), pero todos mis sentimientos eran fingidos: no me enamoraba, jugaba a que estaba enamorado. O eso creía yo, porque siempre me daba cuenta demasiado tarde de que estaba jugando con fuego y terminaba abrasado.
            Si yo fuera un robot, el día de mi cumpleaños no me habría dejado tanta resaca emocional, no me habría quitado el sueño, no me habría llevado a ese ejercicio inútil de repasar lo vivido y entrever, con temor y temblor, lo que queda por vivir.
A un robot, que es lo que yo siempre he aspirado a ser, no le habría afectado especialmente cumplir un año más, sobre todo si todavía no se nota ni en la salud ni en el entusiasmo con que arremeto contra gigantes que no son más que molinos de viento. Ni siquiera el que anticipe mi jubilación, el 31 de agosto, debería ponerme especialmente triste. Es una jubilación más simbólica que otra cosa, sin apenas repercusión, salvo una disminución en el sueldo que puedo perfectamente asumir; me libraré de papeleos y burocracia, pero las actividades que me interesan seguirán a pleno rendimiento.
Comí en familia y luego por la tarde me encontré con la otra familia, la de la tertulia, que acudió a charlar de literatura y vida desde los más diversos lugares (la tertulia internacional de los miércoles coincidió felizmente con mi cumpleaños). Y cuando estábamos hablando de la poesía en el cine y de frases memorables (la mía: ”Soy pobre, no puedo permitirme el lujo de no ser inteligente”), sonó el timbre de la puerta y apareció mágicamente una tarta, como en las películas.
Pero no soy un robot y llevo varias noches mal durmiendo. “Mira toda esta felicidad, mírala bien”, me repite uno de mis demonios. “ Pronto te lo irán quitando todo, quizá poquito a poco para que sufras más. O de un manotazo, que no se sabe qué es peor”.
Un robot no dejaría de disfrutar del presente por temor al futuro. Los robots no lloran.
Pero yo no soy un robot. Y bien que lo siento.




18 comentarios:

  1. COLECCIÓN DE MOMENTOS

    Los bosques de la Alhambra, el primer tren a Roma,
    el círculo de tiza de Claudia en el recreo
    —ahora ya sé que no escaparé nunca—,
    las gafas negras de mi padre,
    el cuello de la gabardina alzado
    —yo nunca había oído hablar de él—,
    los castaños de indias en Montparnasse,
    los lirios venenosos de las ciénagas
    en la literatura del Romanticismo,
    sus ojos tristes como tazas con restos de café,
    Andrea y Cristian y sus primeras novias,
    esquina de la Calle 33
    con la Quinta Avenida, un Starbucks,
    labios color jerez entre la Sexta y Broadway,
    en el Jardín Botánico de Brooklyn,
    Rebeca, hijita, de un momento a otro,
    como una emperatriz de la felicidad,
    preguntarás el nombre de las flores,
    un viaje con abuelos por patios con palmeras
    llenos de sombras y melancolía,
    qué raro imaginarse a mamá por París
    y no en casa muy sola y cada vez más sola
    y como temerosa de perder algún tren,
    un parque en la ribera del Ródano y María,
    la tumba 735,
    una leyenda antigua en Plainpalais,
    la gata que pasea curiosa entre tus libros
    de Anzio y Nettuno, monte Circeo y Terracina,
    tantos poemas que buscan encontrar
    lo que no sabes que buscas,
    _____________________________y nos hablas
    de cómo van dejando de quererte
    o cómo vas dejando de querer...
    Te despierta el sonido del teléfono.

    Siento que estos instantes se pierdan para siempre.

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  2. Gracias, Martín. Con todas mis deudas, por darme el gusto de rebañar el plato casi siempre que invitas a sentarnos en tu mesa. Un buen provecho, un placer, se diga lo que se diga. Salud, maestro de energías. Y que no falten. (De parte de un comensal de tu obra en marcha).

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  3. Apreciaciones al hilo de la “entrada”:

    - El criterio histórico explica al detalle lo que ocurre a cada instante.

    - Han existido personas que jamás han doblado la cerviz en su devenir profesional.

    - La integridad profesional no es un constructo social susceptible de adaptación a contextos cambiantes.

    - Es posible la justicia literaria y está más allá de críticos implacables y lectores ingenuos o exigentes.

    - Todo lo que escasea abunda en la ignorancia.

    - El silencio ahorra insultos o permite penetrar en el “ser”, según algunos.

    - Cualquier veintiuno de junio, sin alarma que nos ronde, es buen momento para balancear, enjuiciar y proponer mejoras.

    - La libertad incomoda, supone la asunción de riesgos y esfuerzos, alerta continua y el reconocimiento del otro sin tener que seguirlo. De aquí las exequias posteriores a cualesquier veinte de noviembre.

    - Sobre la amistad, Cicerón, Montaigne y ese siempre oportuno bebedor de la última botella compartida: eran otros “tiempos”.

    - Una persona escribió:

    "Lo que pueda contaros
    es todo lo que sé desde el dolor
    y eso nunca se inventa."

    ¿Era “poeta”?

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  4. ¡Enhorabuena, JLGM! Veo que ha mejorado la altura poética de tus invitados

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  5. Unamuno sí podrá decir lo mismo hoy, su brillante sarcasmo sigue muy vigente.

    Quien se vende “barato” (¿venderse caro sí está bien?) no es quien se “ensucia”, como si estuviese impoluto en un principio. Nadie está “tan” limpio, pues el barro del camino salpica un poco la camisa a todos. Quien de verdad se vende (o se corrompe) es quien “termina” de ensuciarse seriamente. Como un cerdo que se tira de cabeza al lodo y se revuelca con una estúpida felicidad, como si el cuchillo no lo estuviera esperando (no haré alusión a cierto refrán célebre, para no amargarle el cumpleaños a nadie, ni hay motivo).

    En todo caso Unamuno se refiere a lo que es “preferible”: un trabajador no tan pulcro en apariencia, pero honrado, frente a un cínico y clasista hipócrita de cuello blanco, muy limpito para el afilado cuchillo (o la guillotina...) Y no tanto al valor de venta de las cosas en una sociedad corrupta. Pero la frase sigue funcionando incluso así. Pues entre dos verdaderos cerdos, bañados los dos en inmundicia, siempre hay uno que huele peor que otro (y votamos al menos malo, por cierto). Y en la anécdota del desaseado currante y el político, quien se aparta con asco de la otra persona o "cerdo", es quien de verdad apesta (a aristocrática soberbia, en concreto). Y esa es la ironía que Unamuno quiso señalar con su “afilado” sarcasmo.

    Por otro lado, el chascarrillo de la “carne cara” se contesta solo. Pues si la muy corrupta gente “actual” (¿de verdad era más pura la de antes?) compra la “carne de cerdo” a un precio tan inflacionario, es precisamente porque la carne humana no se vende “tan” fácil como puede parecer, y por tanto no está tan disponible. Y, desde luego, no es tan accesible como se subraya sibilinamente a veces, y no como denuncia al remarcarlo, sino como maliciosa publicidad de la deep web: “De perdidos en el barro, al río de la mierda”, es decir: al matadero, simplemente.

    Cada uno elige enfangarse o no hacerlo, y esa decisión no tiene marcha atrás (para bien o mal), elija uno lo que elija. Salpicarse, en cambio, viene solo, y eso se compensa procurando no acercarse al barro cuando de veras lo puede evitar uno.

    Pero a veces hay que hacerlo, sobre todo para rescatar de él las margaritas que los cerdos no se han zampado todavía. Y la de Unamuno lo merece, en este caso.

    Saludos.

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  6. Benito, amigo, no seas sarcástico. Es un recurso fácil. Un saludo.

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  7. Hubo gente muy inteligente, y además buenas personas, en el PCE de los setenta, que no se vendían por un plato de lentejas, y que conocían perfectamente la propaganda del régimen de Ceaucescu.
    Ramon Tamames, y en Asturias Gerardo Iglesias, que acabo dando la puntilla y fundando IU.
    No están para darnos lecciones

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  8. Disculpa que escriba a bote pronto, Martin. Cuando Tamames abandona el PCE, o es expulsado, por discrepar con el fumador de cigarrillos (Santiago Carrillo) y la momia de la Pasionaria, ese partido desaparece.

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  9. Basileus Kurtz Torstheugen, U.P.23 de junio de 2020, 11:17

    La Universidad de Göttingen reaccionó con estupor cuando Gustav Otto Franzhopf, estudiante de 17 años, en clases de "Preparación para la Universidad", presentó un estudio sobre los paramecios, descubiertos por Leeuwenhock cien años atrás, donde los trataba como robots electroquímicos, máquinas input-output sujetas a un determinismo mecanicista. Naturalmente, Franzhopf no usaba la palabra robot, aún no inventada, sino que los calificaba de "autómatas electroquímicos". Hubo que dejar en suspenso la publicación del opúsculo hasta que Gustav Otto se hubiese matriculado. A los 22 años Gustav Otto consiguió su doctorado en Ciencias Naturales (Naturwissenschaft) y a los 23 su segundo doctorado, en Medicina. Para entonces ya había extendido su concepción maquinista a los grillos y las libélulas; poco después a los roedores y otros mamíferos menudos. Los escritos de Gustav Otto circulaban en ciclostil y despertaban admiración en sus compañeros, mientras la desaprobación, por no decir la cólera, se extendía entre los profesores, impregnados de las doctrinas espiritualistas y vitalistas de la tradición germánica. Aseguraban que las emociones, la consciencia, el dolor y la alegría nunca podrían estar presentes en un autómata electroquímico.

    Gustav Otto, por contra, sostenía que la consciencia era una propiedad genérica de la materia. Si se atribuía un 100 de consciencia al ser humano, al gato cabría asignarle un 70, al perro un 90 y a un mono antropoide un 98. Un paramecio podría tener una consciencia de 2, una lombriz, de 5. La consciencia se hacía manifiesta en cuanto la organización de la materia alcanzaba cierta complejidad. Incluso en un artilugio meramente mecánico, suficientemente complejo, emergería la consciencia. ¿Cómo podían demostrar los arrogantes profesores que no la tiene una complicada máquina de cálculo? Era un mero prejuicio sin base. La consciencia solo se percibe "desde dentro", lo demás son arriesgadas inferencias.

    Señor JLGM: enhorabuena, es usted un robot. Bueno para el cálculo argumentativo. Es usted una organización compleja de la materia, moléculas químicas, interruptores nerviosos y circuitos. Sólo que, en su nivel (no lo lamente) la consciencia es un añadido inevitable.

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  10. De lectura a lectura … y no existe pozo … ni cárcel …

    I. Lo que se “sabía” de la ameba hacia 1973:

    “El animal más sencillo que existe es la ameba. (…) Su cuerpo es un grupo de protoplasma dotado de un núcleo, pero carente de membrana celular. (…) Los movimientos ambulatorios de la ameba pertenecen a la categoría de las taxias (…). El animal emite los pseudópodos como respuesta a los estímulos mecánicos o químicos que la afectan; y el desplazamiento es orientado por la dirección del excitante. (…) Mediante la nutrición la ameba crece, y cuando ha experimentado un cierto incremento de masa se divide en dos por estrangulamiento (…). Las dos amebas hijas repiten el proceso, y así sucesivamente. Dada esta forma de reproducción, podemos decir que las amebas son potencialmente inmortales. (…) Cuando se forman dos individuos hijos por división de la célula madre, no hay cadáver materno. El cuerpo de la madre pervive en el de las dos células hijas entre las que se ha repartido. Las amebas son muy resistentes a las inclemencias ambientales. Cuando en verano se secan los charcos, las amebas no se mueren, sino que adoptan el estado llamado vida latente: el animal se retrae; pierde gran cantidad de agua y se reviste de una gruesa membrana llamada quiste. Las amebas enquistadas realizan su metabolismo con un ritmo lentísimo, y eso les permite resistir varios años sin tomar alimento. Cuando retornan las circunstancias favorables, el animal absorbe agua, se hincha, abandona el quiste y reemprende la vida activa. Este fenómeno se conoce con el nombre de reviviscencia.”

    S. Alvarado. Ciencias Naturales. 5º curso del Bachillerato.


    II. Nadie “sabe”…

    “Recuerda, Louis, que el ser humano es un junco frágil, la criatura más débil de la naturaleza, pero, por Dios, mein Sohn, es un junco que piensa. No hace falta que el universo se prepare contra él; una simple gota de agua puede matarlo. —Me apuntó con el dedo mientras me seguía hablando—. Pero si el universo entero intentara aplastarlo, ¿sabes lo que pasaría? ¿Sabes lo que te digo? ¡Que el ser humano sería aún más noble! —Dio un golpe en el reposabrazos del sillón para añadir énfasis a lo que decía—. ¿Sabes por qué, mein Kind? Porque sabe que morirá, y te diré algo más: le lleva ventaja a todo el maldito universo porque el universo no sabe absolutamente nada de lo que pasa. Y toda nuestra dignidad consiste únicamente en eso. Quiero decir que el ser humano es pequeño y no puede llenar el tiempo y el espacio, pero está claro que puede hacer buen uso del cerebro que Dios le ha dado —remató, calmándose un poco—.”

    Philip K. Dick. Podemos construirle

    III ¿Quién “sabrá”?...

    “Estaremos frente a un robot verdaderamente consciente en el momento en que comprobemos que siente un alivio al aplicarle un placebo cuando sufra un malestar. Ello será la prueba de que está dotado de un sistema al que se puede engañar y que, como resultado, la máquina deja de sentirse enferma.”

    Roger Bartra. Chamanes y robots: Reflexiones sobre el efecto placebo y la conciencia artificial

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  11. Debo felicitarme. Alguien ha cambiado los comentaristas de este blog para bien. Ahora es un placer leerlos.

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  12. Una puntualización a lo que dijo Basileus...

    ¿El ser humano un 100 de conciencia? Bueno, el 2 de la ameba tampoco, pero…

    ¿Por qué cuando un turista culto sale a duras penas de un laberinto de parterres con el GPS en la mano, lo está esperando un ratón fuera, con medio queso ya comido?

    Se nos jodió el geocentrismo, el antropocentrismo, el humanismo… Dejamos de ser “cien por cien humanos” y reyes de la creación, para ser “casi animales”, sí, aunque dotados de un… ¿cerebro superior? Pues no, tampoco.

    Ni animal racional ni animal puro (o sea: vulgar bestia). Animal a medias, simplemente. O bestia no vulgar, con destellos de heroísmo y de poesía.

    Somos tuertos que se piensan cíclopes. Así que nos arrancamos el ojo malo, sin curarlo. Y nos ponemos el sano justo en medio de la frente, para fingir que nuestra visión es plena, cuando no lo es ni lo será nunca tampoco. Ni siquiera poniendo una lentilla al ojo ciego, aunque tampoco nos esforzamos mucho en ello.

    Claro que, en tierra (y época) de tuertos, el cíclope mediocre es el rey, y algunos explotan muy bien eso.

    En cuanto a las dictaduras (y sin salir mucho del tema), el viejo “come y calla, que tú no sabes lo que es pasar hambre de veras” funciona mejor que un ejército de Goebbles. Sobre todo si hay un sargento voluntario de esa milicia en cada casa.

    Y al dictador (Franco, o Ceaucescu o el que sea), lo siguen las gallinas en tropel, sí, pero lo mismo que a un granjero que les tira puñaditos de pienso desde lo alto, para que ellas bajen bien la cabecita y picoteen. Sin osar mirar arriba, no sea que el ojo de basilisco de Polifemo los fulmine.

    Y en las democracias (no nos engañemos) funciona exactamente igual, o peor incluso. Los heroicos sans-culottes de la plaza del Sol acaban de abrir un ridículo saquito de alpiste en España con su estrenado cetro, para que no se mueran a la vez todos los pájaros. Qué tiernos…

    “Americanos, os recibimos con alegríaaaa….” ¿Seguro que es un 100?

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    1. No sé si le comprendo bien. Si el saquito de alpiste que han abierto los sans-culottes impide de verdad que se mueran todos los pájaros a la vez (o uno a uno), en tal caso no es un saquito "ridículo" sino justo y muy necesario. ¿No cree?

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    2. No, no creo.

      “Todos a la vez o uno a uno”, dice usted. Pero yo no dije uno a uno, sino todos a la vez, no añada cosas. Uno a uno claro que van a morir, aunque sea de viejos. Y yo dije que el saquito de comida evita que “todos a la vez” mueran… de hambre, no van a morir todos de un susto. De cualquier modo, “todos a la vez” quiere decir de forma masiva, escandalosa (como es obvio) y no que cada uno de ellos caiga fulminado sin excepción, como si los mirase un basilisco. Pues, precisamente, el punto aquí es que por separado (o más bien: por aislado), pueden morir de malnutrición también, y de otros abandonos… Y se busca justo de eso: apartar la miseria real del ojo público, retardándola con vulgares parches para que no se note tanto. Y sí que son ridículos, porque ni llegan a quien deben ni están bien distribuidos, y sé muy bien de lo que hablo.

      Y ello en vez de atacar de una buena vez la base del maldito paro estructural en España. Y no aguar más y más la sopa hasta que el único “fideo” visible en ella sea el mismo infeliz que se la está tomando. Y “sí se puede” arreglar eso. Ser el país con más paro da bastante margen de mejora. Y ello en comparación con otros no tan ricos, pero con mucho menor desempleo. Y con un sistema de apoyo social más eficiente ellos, por cierto, y no tan centrado en la limosna (aunque la incluyan).

      En todo caso, mantener “vivo” (en realidad: malviviendo) a alguien con alpiste para que no muera hoy, sino pasado mañana, nada tiene de justo ni mucho menos de necesario. En todo caso es una medida hipócrita para guardar las apariencias, cuando se podría hacer más. Mucho más. Y desde luego, algo más sólido. Y ni siquiera han hecho un mínimo esfuerzo valiente quienes sí podrían hacerlo, y no solo hablo de ahora.

      En definitiva, no solo de pan vive el hombre, pero de burocracia caritativa mucho menos. Y ese viejo error (en el que también ha caído usted) es el que le costó la vida y el poder a los Ceaucescu, por cierto. Lo que pasa es que el pueblo rumano tiene la mecha de una longitud normal, y la del español rodea holgadamente el ecuador de la esfera terrestre.

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  13. Don Bonifacio, creo que se hablaba de consciencia en el sentido sensorial, ya sabe, los cinco sentidos y demás. No de conciencia en sentido moral. En el primer sentido, el hombre puede tener la puntuación que quiera, cien o mil. En el sentido moral está bajo cero.

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  14. Hola Ander, no me leyó usted bien. En todo momento hablé de la consciencia sensorial que dice usted, no entré en temas morales ni tendría sentido en el contexto. Es decir: hablé del ser humano en cuanto a la máquina de percibir que también es. Dije que el ser humano suda para salir de un vulgar parterre (capacidad sensorial, orientación), al contrario que animales supuestamente muy inferiores. Que su racionalidad pura (no su ética) no es tan plena como cree, que es colectivamente manipulable en lo político (tampoco hay moral en eso, solo mala elección de alternativas, como un ratón que elige el camino erróneo). Etc.

    No obstante, ya que saca usted el tema, no es tan fácil separar lo moral de lo consciente, en el ser humano sobre todo. Y ello si consideramos, por ejemplo, que el mismo Sócrates decía que no hay que atribuir al “mal” lo que se debe a la ignorancia. Y entre ignorancia e inconsciencia (como entre lucidez y consciencia) hay una línea difusa, pero ahora tampoco voy a entrar en eso.

    El problema aquí (y esa sí que era mi idea), es que no nos terminamos de desprender de cierto sesgo antropológico, aunque después de sucesivas renuncias lo hemos reducido a lo estrictamente cerebral ahora. Así que tendemos a proyectar en la consciencia animal los mismos parámetros de la racionalidad humana, emocionalidad y juicio ético aparte. Y cierto es que la razón sí que necesita una consciencia plena (llamémosla “sana”), como base.

    Pero la consciencia no tiene que ser siempre estrictamente racional siempre (en el ser humano u otro bicho) aunque sí tienda mucho a eso. O, de lo contrario, no habría tantos accidentes caseros absurdos haciendo cola en las salas de urgencias, ni cometeríamos al día mil diminutos fallos de los que ni siquiera tomamos consciencia plena muchas veces. Todo eso no tiene nada que ver con la moral. Y en realidad puede datarse en multitud de seres vivos, y no solo en nosotros. Y es curioso, porque los inferiores (como el ratoncillo o una mariposa o una hormiga) suelen ir más a lo seguro en su interacción con la realidad y se equivocan menos. Quizá porque su tamaño pequeño los vuelve más vulnerables y sus errores sí les salen caros de verdad.

    Por eso, ir de mayor complejidad orgánica a menor a la hora de atribuir un paralelo descenso en grados de consciencia (u orientación, o percepción sensorial hábil) me resulta paradójico. Sobre todo porque, si reducimos la consciencia (incluida la humana) a un mecanicismo químico estricto, y eliminamos incluso el lenguaje de la fórmula (que ya es mucho eliminar), no sé qué criterio hay para deducir que a un pobre paramecio solo le ha tocado un triste “2” sobre 100 en el sorteo, si no tenemos ni pajolera idea de cómo experimenta un paramecio de veras su consciencia, al no poder entrar dentro de ella por mucho que datemos sus impulsos químicos externos, como bien dijo el mismo Basileus.

    A mi modo de ver, si nos vamos a poner a atribuirle numeritos a las cosas (y a falta de un criterio más sólido) yo le pondría a todo bicho viviente (lombriz, roedor o gorila) un preventivo 98 en bloque por si acaso… Y un 99 al ser humano, por aquello de que es quien más control tiene sobre todos los demás seres vivos del planeta. Aunque para “rey” (como dije ya) le falta un ojo, así que al 100 no llega en mi opinión.

    P.D No creo que en lo moral estemos “bajo cero” tampoco. Simplemente no estamos a nuestra propia altura. Pero demonizarnos, creo yo, sirve de excusa para no esforzarnos en mejorar lo suficiente. Y todavía nos queda mucho camino por delante, eso es verdad, pero no tiremos la toalla.

    Saludos.

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  15. Dice Bonifacio Álvarez que "mantener “vivo” (en realidad: malviviendo) a alguien con alpiste para que no muera hoy, sino pasado mañana, nada tiene de justo ni mucho menos de necesario. En todo caso es una medida hipócrita para guardar las apariencias, cuando se podría hacer más".

    "Se podría". Me pregunto cómo deduce, de dónde saca ese "se podría". ¿Cómo sabe que "se podría"? ¿Conoce Bonifacio Álvarez el país en el que vive? Le recuerdo:

    - Una de las pocas ex-dictaduras del mundo que se ha negado a ajustar cuentas con las injusticias del largo periodo dictatorial.

    - Donde el ex-dictador cuenta con organizaciones que le honran e intentan lavar sus crímenes. Y su sucesor está "por encima de la ley".

    - Donde los herederos y familiares del ex-dictador tienen poder suficiente para poner en jaque al Estado y sus gobiernos. Y los viejos torturadores son perdonados o premiados.

    - Una semi-teocracia, donde la Iglesia sigue con poderes insólitos en el mundo civilizado, como evadir ciertos impuestos, controlar gran parte de la educación.

    - Una ex(?)-dictadura donde se sigue prohibiendo hacer consultas o referenda a colectivos de millones porque "no están autorizadas", y esta prohibición es aclamada por miles de ciudadanos, en manifestaciones y balcones.

    - Un Estado donde existe una "policía política" al servicio de los partidos más afines a la vieja dictadura.

    Etc, etc, etc.

    ¿Seguro que "se podría", Bonifacio? ¿O más bien hay que darse con un canto en los dientes porque alguien se ocupó de un poquito y consolador alpiste para los que pasan hambre, y lo logró?

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