Sábado,
10 de enero
MENUDO PROFETA
Recuerdo que cuando las últimas elecciones
norteamericanas (fueron hace poco más de un año y parece que fueron hace una
eternidad) escribí que el candidato republicano podría ser un desastre en
política interior, pero que en política exterior –acabar con la guerra en
Ucrania, con las matanzas de Gaza-- tenía mejores ideas que quienes con Biden
habían demostrado su inanidad. Acerté en lo primero, pero menudo patinazo en lo
segundo. Está visto que no estoy yo muy dotado para el género de la profecía.
Domingo,
11 de enero
SALDANDO CUENTAS
Ando estoy días un poco obsesionado con arreglar
viejos entuertos. Nunca he sido un amigo demasiado cómodo. Pertenezco a la
estirpe, no demasiado abundante, de los que son más amigos de la verdad que de
Platón. He participado poco en la sociedad literaria, más bien he estado
siempre al margen, pero sí he comentado libros durante bastante tiempo y eso
parece que me ha hecho dejar más cadáveres por el camino de los que me gustaría.
Y también he publicado no sé cuántos tomos de un diario personal en el que no siempre
se consideran bien retratados los personajes y personajillos que aparecen.
Hace
casi treinta años un poeta al que admiro y al que entonces consideraba amigo,
soltero recalcitrante, autor en prosa y verso de divertidas diatribas contra el
matrimonio, me anunció que se acababa de casar. Yo, no ya sorprendido sino más
bien estupefacto, lo conté en mi diario. Llevó muy a mal esa revelación de un
secreto que yo creía que no era tal. Desde entonces, dejó de tener cualquier
contacto conmigo y se ha referido a mí, en varios de sus escritos, no ya como
un malvado, sino como la reencarnación misma del mal.
Acaba de publicar un nuevo libro, un buen libro,
y yo lo he reseñado como he hecho con todos los suyos, un poco con la esperanza
de cerrar heridas. También le he enviado mi último libro de poemas (él, por
supuesto, no me había enviado el suyo). Pero, como de costumbre, da la callada
por respuesta. En fin, qué se le va a hacer. Fue un buen compañero en las
guerras o guerrillas literarias de los años ochenta.
Pocas son
las amistades que resisten el paso del tiempo, sobre todo en gente tan vanidosa
como los poetas para los que cualquier mínimo reparo es una herida que no acaba
de cicatrizar nunca. Somos hemofílicos de la vanidad, como a mí me gusta
repetir.
Otro
camarada de entonces, Andrés Trapiello, no ha tenido inconveniente en estrechar
la mano que le alargué, tras sucesivos encontronazos, aunque milite ahora en
trincheras tan opuestas a las mías. “Lo que la literatura ha unido que no lo
separe la política”, le dije. Y él está de acuerdo.
A Mister
Equis, en cambio (callo su nombre, que no quiero darle motivo de enfado para
otros treinta años; tampoco el secreto que revelé fue exactamente como acabo de
contar: no quiero volver a incurrir en el error), aunque católico, apostólico y
romano, no le resulta fácil perdonar las ofensas, ni siquiera las involuntarias
y quizá imaginarias.
Lunes,
12 de enero
EL BURRO FLAUTISTA
Un amigo editor me propone preparar esa antología de
la que tanto he hablado, aunque la idea ya se les ocurrió a otros antes que a
mí. Se titularía El burro flautista y reuniría los buenos poemas de
malos poetas que aciertan a veces por casualidad.
---Tendría
que ser una antología de haikus. Los malos poetas no escriben buenos poemas ni
por casualidad. Todo lo más, algún verso suelto. Y es que un poema lo escribe
el autor, pero un buen haiku puede escribirlo el azar. Lo mismo pasa con los
aforismos, ese género que hoy parece al alcance de cualquiera. De pronto, en
una sarta de ocurrencias sin interés, puede saltar la liebre de un chiste
feliz: “Para que uno ronque, hacen falta dos”.
Miércoles,
14 de enero
NO TENGO ENMIENDA
Resulta que esta tarde, mientras estoy de
acompañante en la piscina, me entra un SMS que no es publicidad, sino un mensaje personal
(creí que ya nadie los enviaba por ese medio) que me alegra el día. Es de
Mister Equis, que me felicita el año “a pesar de todo” y que ha leído mi reseña
y no le ha parecido mal y pelillos a la mar. Dice que siempre me ha estado
agradecido por lo que he escrito sobre su obra, “por mala persona que me crea”.
Y concluye: “Y ahora, por favor, no digas que he dicho aquí algo que no he
dicho para poder criticarme, que te conozco”.
Espero
que no se enfade una vez más. Solo digo algo que ha dicho y lo digo con todas
las precauciones para que nadie pueda reconocerle. Le respondí manifestándole
mi alegría porque haya aceptado mis disculpas y él responde: “Veo que con la
edad te vas humanizando. Más vale tarde que nunca. A ver si no recaes en la
maldad”.
Me
temo que, si me lee (espero que no), pensará que he recaído y que no tengo
enmienda.
Jueves,
15 de enero
CASI MEDIO SIGLO
Hoy emiten en la televisión pública, tras las
noticias de Asturias, un breve reportaje sobre la tertulia Óliver, que ya ha
cumplido cuarenta y cinco años. Un tiempo breve para la humanidad, pero largo
para la vida de un hombre.
Más de la
mitad de mi vida, bastante más, acudiendo todos los viernes, a las siete de la
tarde, a una cafetería para hablar de libros y de cualquier cosa. No me puedo
quejar ni andar por ahí presumiendo de solitario.
Con las
imágenes de una tertulia grabada hace pocos días, alternan otras de hace veinte
y treinta años. Qué jóvenes éramos entonces. Afortunadamente, algunos
contertulios lo siguen siendo. De los habituales en los ochenta, ahí siguen
Pelayo Fueyo y Javier Almuzara. Y también otros dispersos por el ancho mundo
que se asoman los miércoles a la tertulia virtual, algo impensable cuando
empezamos.
Me han
emocionado los breves pasajes de un encuentro de 1994, el último al que asistió
Víctor Botas, que mira a la cámara y se despide con una sonrisa cómplice. Xuan
Bello no se despidió en una tertulia, pero casi. Como el día antes era lunes,
no pudo pasar por ella, pero acudió a su versión diaria en la mesa redonda de
Los Porches. Me lo imagino ahora discutiendo con Botas sobre lo que está
pasando. Botas, tan admirador de Margaret Thatcher y de Ronald Reagen, estará
entusiasmado con el nuevo vaquero que empuña el colt e impone su voluntad al
mundo.
Ha durado ya cuarenta y cinco años la tertulia. A mí me gustaría que fuera infinita, pero como no hay que ser demasiado ambicioso me conformaría con que durara al menos otros cuarenta y cinco. Y yo hablando en ella más que nadie, como de costumbre.
Viernes,
16 de enero
EN LA TERTULIA
Hay tragedias que parecen condenadas a ser siempre
tragedias, como la del pueblo palestino, y otras que pueden acabar convertidas
en sainete, como la de Venezuela. ¡El partido que le sacaría Valle-Inclán al
encuentro, en un rincón de la Casa Blanca, entre Corina Machado y el actual
inquilino! Él se detiene un momento entre explosiva declaración y explosiva
declaración, ella se arrodilla y alza hacia él la medalla del Nobel de la Paz:
“Presidente, os ruego aceptéis este modesto obsequio que no puede estar en
mejores manos que las suyas y tenga en cuenta mi ofrecimiento para ser virreina
de Venezuela y hacer que se cumpla allí el más pequeño de vuestros deseos, que
son órdenes para mí”.
---No
caricaturices a esa buena señora, Martín. Que por lo menos no es una
narcotraficante ni una torturadora, como los que tú defiendes.
---Como
los que defiende Trump, querrás decir. Si el gobierno chavista era una
estructura mafiosa, como él afirmaba, lo único que ha hecho ha sido secuestrar
al jefe de la banda, poner al segundo en su lugar y quedarse con el mando de la
organización.
---Lo
que no me podrás negar es que a partir de ahora Venezuela va a mejorar.
---Solo
con que se eliminen las sanciones y le dejen explotar sus riquezas naturales, desaparecerá
la mayor parte de los problemas. Si yo te estoy estrangulando y de pronto quito
las manos del cuello, seguro que mejoras. A cambio, en lugar de hacer trabajosos
negocios con Rusia o China, los hará con Estados Unidos. Las dos partes saldrán
ganando, aunque una más que otra, claro. Pero esa son las reglas del
capitalismo.
---O
sea, que tú crees que ha sido bueno el secuestro de Maduro.
---Para la supervivencia del chavismo, seguro. Y esperemos que también para la mejora de la vida de los venezolanos. Son los renglones torcidos de Trump.


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