sábado, 17 de enero de 2026

la rueda de la fortuna: Los renglones torcidos

 

Sábado, 10 de enero
MENUDO PROFETA

Recuerdo que cuando las últimas elecciones norteamericanas (fueron hace poco más de un año y parece que fueron hace una eternidad) escribí que el candidato republicano podría ser un desastre en política interior, pero que en política exterior –acabar con la guerra en Ucrania, con las matanzas de Gaza-- tenía mejores ideas que quienes con Biden habían demostrado su inanidad. Acerté en lo primero, pero menudo patinazo en lo segundo. Está visto que no estoy yo muy dotado para el género de la profecía.

Domingo, 11 de enero
SALDANDO CUENTAS

Ando estoy días un poco obsesionado con arreglar viejos entuertos. Nunca he sido un amigo demasiado cómodo. Pertenezco a la estirpe, no demasiado abundante, de los que son más amigos de la verdad que de Platón. He participado poco en la sociedad literaria, más bien he estado siempre al margen, pero sí he comentado libros durante bastante tiempo y eso parece que me ha hecho dejar más cadáveres por el camino de los que me gustaría. Y también he publicado no sé cuántos tomos de un diario personal en el que no siempre se consideran bien retratados los personajes y personajillos que aparecen.

            Hace casi treinta años un poeta al que admiro y al que entonces consideraba amigo, soltero recalcitrante, autor en prosa y verso de divertidas diatribas contra el matrimonio, me anunció que se acababa de casar. Yo, no ya sorprendido sino más bien estupefacto, lo conté en mi diario. Llevó muy a mal esa revelación de un secreto que yo creía que no era tal. Desde entonces, dejó de tener cualquier contacto conmigo y se ha referido a mí, en varios de sus escritos, no ya como un malvado, sino como la reencarnación misma del mal.

 Acaba de publicar un nuevo libro, un buen libro, y yo lo he reseñado como he hecho con todos los suyos, un poco con la esperanza de cerrar heridas. También le he enviado mi último libro de poemas (él, por supuesto, no me había enviado el suyo). Pero, como de costumbre, da la callada por respuesta. En fin, qué se le va a hacer. Fue un buen compañero en las guerras o guerrillas literarias de los años ochenta.

Pocas son las amistades que resisten el paso del tiempo, sobre todo en gente tan vanidosa como los poetas para los que cualquier mínimo reparo es una herida que no acaba de cicatrizar nunca. Somos hemofílicos de la vanidad, como a mí me gusta repetir.

Otro camarada de entonces, Andrés Trapiello, no ha tenido inconveniente en estrechar la mano que le alargué, tras sucesivos encontronazos, aunque milite ahora en trincheras tan opuestas a las mías. “Lo que la literatura ha unido que no lo separe la política”, le dije. Y él está de acuerdo.

            A Mister Equis, en cambio (callo su nombre, que no quiero darle motivo de enfado para otros treinta años; tampoco el secreto que revelé fue exactamente como acabo de contar: no quiero volver a incurrir en el error), aunque católico, apostólico y romano, no le resulta fácil perdonar las ofensas, ni siquiera las involuntarias y quizá imaginarias.

Lunes, 12 de enero
EL BURRO FLAUTISTA

Un amigo editor me propone preparar esa antología de la que tanto he hablado, aunque la idea ya se les ocurrió a otros antes que a mí. Se titularía El burro flautista y reuniría los buenos poemas de malos poetas que aciertan a veces por casualidad.

            ---Tendría que ser una antología de haikus. Los malos poetas no escriben buenos poemas ni por casualidad. Todo lo más, algún verso suelto. Y es que un poema lo escribe el autor, pero un buen haiku puede escribirlo el azar. Lo mismo pasa con los aforismos, ese género que hoy parece al alcance de cualquiera. De pronto, en una sarta de ocurrencias sin interés, puede saltar la liebre de un chiste feliz: “Para que uno ronque, hacen falta dos”.

Miércoles, 14 de enero
NO TENGO ENMIENDA

Resulta que esta tarde, mientras estoy de acompañante en la piscina, me entra un SMS que no es publicidad, sino un mensaje personal (creí que ya nadie los enviaba por ese medio) que me alegra el día. Es de Mister Equis, que me felicita el año “a pesar de todo” y que ha leído mi reseña y no le ha parecido mal y pelillos a la mar. Dice que siempre me ha estado agradecido por lo que he escrito sobre su obra, “por mala persona que me crea”. Y concluye: “Y ahora, por favor, no digas que he dicho aquí algo que no he dicho para poder criticarme, que te conozco”.

            Espero que no se enfade una vez más. Solo digo algo que ha dicho y lo digo con todas las precauciones para que nadie pueda reconocerle. Le respondí manifestándole mi alegría porque haya aceptado mis disculpas y él responde: “Veo que con la edad te vas humanizando. Más vale tarde que nunca. A ver si no recaes en la maldad”.

            Me temo que, si me lee (espero que no), pensará que he recaído y que no tengo enmienda.

Jueves, 15 de enero
CASI MEDIO SIGLO

Hoy emiten en la televisión pública, tras las noticias de Asturias, un breve reportaje sobre la tertulia Óliver, que ya ha cumplido cuarenta y cinco años. Un tiempo breve para la humanidad, pero largo para la vida de un hombre.

Más de la mitad de mi vida, bastante más, acudiendo todos los viernes, a las siete de la tarde, a una cafetería para hablar de libros y de cualquier cosa. No me puedo quejar ni andar por ahí presumiendo de solitario.

Con las imágenes de una tertulia grabada hace pocos días, alternan otras de hace veinte y treinta años. Qué jóvenes éramos entonces. Afortunadamente, algunos contertulios lo siguen siendo. De los habituales en los ochenta, ahí siguen Pelayo Fueyo y Javier Almuzara. Y también otros dispersos por el ancho mundo que se asoman los miércoles a la tertulia virtual, algo impensable cuando empezamos.

Me han emocionado los breves pasajes de un encuentro de 1994, el último al que asistió Víctor Botas, que mira a la cámara y se despide con una sonrisa cómplice. Xuan Bello no se despidió en una tertulia, pero casi. Como el día antes era lunes, no pudo pasar por ella, pero acudió a su versión diaria en la mesa redonda de Los Porches. Me lo imagino ahora discutiendo con Botas sobre lo que está pasando. Botas, tan admirador de Margaret Thatcher y de Ronald Reagen, estará entusiasmado con el nuevo vaquero que empuña el colt e impone su voluntad al mundo.

Ha durado ya cuarenta y cinco años la tertulia. A mí me gustaría que fuera infinita, pero como no hay que ser demasiado ambicioso me conformaría con que durara al menos otros cuarenta y cinco. Y yo hablando en ella más que nadie, como de costumbre.

Viernes, 16 de enero
EN LA TERTULIA

Hay tragedias que parecen condenadas a ser siempre tragedias, como la del pueblo palestino, y otras que pueden acabar convertidas en sainete, como la de Venezuela. ¡El partido que le sacaría Valle-Inclán al encuentro, en un rincón de la Casa Blanca, entre Corina Machado y el actual inquilino! Él se detiene un momento entre explosiva declaración y explosiva declaración, ella se arrodilla y alza hacia él la medalla del Nobel de la Paz: “Presidente, os ruego aceptéis este modesto obsequio que no puede estar en mejores manos que las suyas y tenga en cuenta mi ofrecimiento para ser virreina de Venezuela y hacer que se cumpla allí el más pequeño de vuestros deseos, que son órdenes para mí”.

            ---No caricaturices a esa buena señora, Martín. Que por lo menos no es una narcotraficante ni una torturadora, como los que tú defiendes.

            ---Como los que defiende Trump, querrás decir. Si el gobierno chavista era una estructura mafiosa, como él afirmaba, lo único que ha hecho ha sido secuestrar al jefe de la banda, poner al segundo en su lugar y quedarse con el mando de la organización.

            ---Lo que no me podrás negar es que a partir de ahora Venezuela va a mejorar.

            ---Solo con que se eliminen las sanciones y le dejen explotar sus riquezas naturales, desaparecerá la mayor parte de los problemas. Si yo te estoy estrangulando y de pronto quito las manos del cuello, seguro que mejoras. A cambio, en lugar de hacer trabajosos negocios con Rusia o China, los hará con Estados Unidos. Las dos partes saldrán ganando, aunque una más que otra, claro. Pero esa son las reglas del capitalismo.

            ---O sea, que tú crees que ha sido bueno el secuestro de Maduro.

            ---Para la supervivencia del chavismo, seguro. Y esperemos que también para la mejora de la vida de los venezolanos. Son los renglones torcidos de Trump.


 

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