sábado, 10 de enero de 2026

La rueda de la fortuna: No hablo de Venezuela

 

Sábado, 3 de enero
EL REGALO DE SARA
 

Entre los regalos de primero de año, el que más me ha emocionado ha sido una carta que me manda desde el más allá una querida amiga, Sara Suárez Solís, a la que tenía un tanto olvidada. El año pasado fue su centenario, había nacido en 1925, como Ángel González, y no parece que nadie lo tuviera en cuenta. Ni siquiera yo le dediqué un recuerdo.

A la tertulia de ayer, me trajeron un artículo suyo, publicado en 1990, que yo tenía completamente olvidado. Formalmente es una reseña del libro Días de 1989, pero comienza hablando de mí: “José Luis García Martín, alumno mío en los lejanos tiempos en que daba clase de Literatura en el instituto Carreño Miranda de Avilés, y ahora compañero en la Escuela Normal de Oviedo, es persona que me inspira orgullo y admiración mezclados con una melancólica ternura. Lo dejé adolescente por los años sesenta, y me lo encontré de compañero barbado, aunque luego se afeitó, en el curso 80-81. Desde entonces, en estos casi diez años, hemos conversado mucho, hemos compartido problemas y bromas, lo he mareado con mi cháchara, me he divertido con su ingenio, hemos discutido por los más variados temas (sobre todo, por sus tajantes juicios literarios y su aguda misoginia), y lo he dejado por imposible en más de una ocasión ante su inaguantable displicencia y su pertinaz espíritu de contradicción. Pero es lo mismo, siento por este pequeño erizo una profunda amistad y una entrañable simpatía”.

            Leía y volvía a escuchar la voz de Sara, mi admirada profesora de literatura (el único profesor de literatura que he admirado de verdad), y tuve que hacer un esfuerzo para que no se dieran cuenta en la tertulia de que estaba a punto de llorar.

En las últimas líneas de ese párrafo encuentro un elogio que me conmueve especialmente porque es el que más habría querido merecer. Dice que el aprecio que me tiene se basa, sobre todo, en su adhesión incondicional “a una cualidad que José Luis posee en grado sumo: su rectitud, su insobornable sentido de la justicia, que quizás le impedirá prosperar como se merece por su competencia y talento”.

            ¿Y cómo no recordaba yo estas palabras, que están entre las más cariñosas y hermosas que nadie me haya dedicado? Hago memoria y creo encontrar la razón. Están en la reseña de un libro mío y seguramente me parecieron fuera de lugar, demasiado personales. Incluso es posible que entonces me avergonzaran un poco. Tenía yo cuarenta años, ahora tengo los mismos que tenía Sara cuando murió en el 2000 y que a mí me parecían ya plena ancianidad.

            Muchas veces he contado que cierto día nos hizo en clase un dictado y a mí aquellas palabras, no nos dijo su autor, me parecieron tan hermosas que desde entonces –tenía yo catorce años-- las conservo en la memoria. “¿Cuánto podrá durar para nosotros / el disfrute del oro, la posesión del jade? / Cien años cuanto más, ese es el término / de la esperanza máxima. / Vivir y morir luego, / he aquí la sola / seguridad del hombre”. Tardé en saber que el autor era Li Po en la traducción de Marcela de Juan.

            Ahora, mi profesora en los mágicos días del Carreño Miranda, mi compañera después en la Escuela de Magisterio, me hace otro regalo. Si no he prosperado, si no he llegado muy algo en la cucaña de las letras, no es por falta de competencia y talento, sino por mi “insobornable sentido de la justicia”. No es que me lo crea, pero me guata oírselo decir. 

Domingo, 4 de enero
COSAS QUE NUNCA CAMBIAN

Abro al azar un libro de Rafael Sánchez Ferlosio, Campo de retamas, y lo primero que me encuentro es con esta frase: “Sería ridículo pensar que con los bombardeos de la Franja de Gaza los judíos quieren vengarse de Hamás”. Y continúa: “Los judíos no se vengan de Hamás, siguen vengándose del Holocausto, pues solo ellos son las legítimas víctimas, únicas y universales y por lo tanto eternas”.

            Miro la fecha de edición del libro: 2015. Se habla de la perecedera actualidad, pero hay temas que parece que siempre han estado ahí y que nunca van a dejar de estarlo, se hable o no de ellos, como la furia sanguinaria de Israel contra los palestinos. Qué sensación de impotencia. “Sucede que a veces me avergüenzo de ser hombre”, escribió Neruda. Yo me avergüenzo de ser ciudadano de la incompetente y pusilánime Unión Europea.

Lunes, 5 de enero
NADA ME GUSTARÍA MÁS

Desde que me lo recomendó Unamuno, allá por los años de mi adolescencia, no he dejado de volver, aunque sea de tarde en tarde, al Obermann de Etienne Pivert de Senancour, pero nunca hasta ahora había reparado en una frase de Ricardo Baeza en la nota preliminar: “este libro singularísimo nunca ha perdido su popularidad entre un reducido círculo de lectores”.

            Ando yo ahora, cosas de la edad, dándole vueltas a lo que pomposamente podría llamarse mi legado, esto es, a la fortuna póstuma que tendrán los no escasos libros que he publicado. La verdad es que siempre conté con los lectores futuros y para ellos escribía tanto o más que para los de ahora mismo, pero últimamente me están entrando dudas: a quien no se le reconoce en vida, solo se le reconoce después si muere joven y con la mayor parte de su obra inédita, como Bécquer o Pessoa.

No es mi caso. Pero nada me gustaría más que, dentro de un siglo o de dos, alguien citara mi nombre y en nota a pie dijera: “este autor singularísimo nunca ha perdido el aprecio de un reducido círculo de lectores”.

Martes, 6 de enero
POESÍA AL VUELO

Los Reyes me han traído una serie de breves poemas que de inmediato he echado a volar en Facebook. Me gusta mucho esta nueva manera de dar a conocer lo que uno escribe sin molestar a nadie.

Para los textos breves es lo mejor. Vuelan los versos o los aforismos como los vilanos del diente de león y algunos encuentran tierra fértil en los lectores.

Viernes, 9 de enero
MUERTOS DE SEGUNDA

Llego a la tertulia y lo primero que escucho es: “¿Pero no vas a decir nada sobre Venezuela, Martín? Arden las redes sociales a favor y en contra de Trump, y siempre en contra de Maduro, y tú calladito o dedicándole elegías al crepúsculo y odas al amanecer”.

            ---Estoy tan pasmado como cualquiera, pero me he quedado mudo. Hasta ahora había películas y series de televisión basadas en “hechos reales”; ahora es la realidad la que copia, como decía Woody Allen, a las series de televisión. Si no fuera verdad, qué apasionantes los primeros episodios de esta serie sobre Venezuela. El secuestro de Maduro, con solo cien muertos de daños colaterales, pero ninguno entre los “buenos”, resulta apasionante. Y el inmediato giro de guion mandando a la belicosa Nobel de la Paz a freír espárragos y dejando intacto el régimen execrado resulta magistral. Y luego viene lo de Groenlandia, insuperable. “O me la entregáis por las buenas, a un precio de coste, o la tomo por la fuerza”, dice Trump. Y la Unión Europea se pone de rodillas, junta las manos y suplica: “Por la fuerza, no”. Quizá esté último giro sería demasiado inverosímil en una película de James Bond, pero esto es la realidad, amigos, y en ella el que manda es el Gran Zar de todas las Prusias, el Napoleoni de la película de Chaplin El gran dictador que juguetea con el globo del mundo como con un balón de fútbol (americano, por supuesto).

            ---¿Y tú qué harías, Martín?

            ---Por lo menos protestar, como Pedro Sánchez, y no pedir piedad y vaselina como Macron y el resto de los líderes europeos. Un país de la OTAN amenazando militarmente a otro país de la OTAN es materia suficiente para decretar su expulsión o, si eso no es posible porque es el socio militar más importante, disolver la Alianza. Y crear otra y actuar independientemente colaborando con los distintos núcleos de poder, como China, según convenga. Incluso con Rusia. Lo fundamental ahora es hacer un frente común contra Trump y sus vasallos.

            ---¡Colaborar con Rusia! ¡Tú estás loco, Martín!

            ---Tanto como Churchill o Roosevelt que no tuvieron inconveniente en aliarse con Stalin (a su lado Putin es un angelito) para derrotar a Hitler.

            ---¡Pero Trump no es Hitler! No masacra judíos.

            ---No, por supuesto, él solo colabora con los judíos, con el estado de Israel, en masacrar palestinos, que, como todo el mundo sabe, son seres humanos de segunda o tercera clase, como los supuestos narcotraficantes asesinados por orden de Trump o los militares y civiles que ejecutaron las tropas de élite norteamericanas. Todos muertos de segunda o de tercera, como en las películas de James Bond los sicarios del doctor No que vuelan por los aires mientras los espectadores aplauden como ahora los Ayusos.



 

 

4 comentarios:

  1. (EL DESPRECIABLE)

    El mitin electoral reaviva mis prejuicios contra la democracia de partidos. Todos ven la abyección de los oradores, pero nadie la del público. Si éste en los toros es el Respetable tan solo porque puede aplaudir o pitar y abuchear, se vuelve el Despreciable allí donde no caben más que los aplausos y las aclamaciones. Si a una frase del orador alguien dijese: «¡No, eso no!», sería acallado o tal vez hasta expulsado como intruso. El supuesto forzoso de la unanimidad incondicional convierte todo mitin en una práctica fascista: el local se transfigura en una Piazza Venezia, donde cualquier partido es «partido único».

    SÁNCHEZ FERLOSIO, Rafael; Campo de retamas (Pecios reunidos), Barcelona, Debolsillo, 2016.

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    1. Siempre Ferlosio. Lo echamos de menos. Pero JLGM se ha lucido con ese párrafo: "Un país de la OTAN amenazando militarmente a otro país de la OTAN es materia suficiente para decretar su expulsión o, si eso no es posible porque es el socio militar más importante, disolver la Alianza. Y crear otra..." Lo subscribo

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  2. Mola eso de "insobornable sentido de la justicia”. Yo me lo pondría en lja,a lápida. Ni a Pericles le dijeron eso.

    Maquiavelo dixit: Es más peligroso un tonto que un malvado pq el malvado ejerce su maldad cuando conviene; y el tonto lo es siempre. Y si quieres conseguir tus ambiciones hay que dar patadas hacia abajo, codazos a los lados, y olerse el culo entre iguales (Putin) o lamer culos a las petroleras. Y Trump es un malvado.


    Los votantes ni siendo científicos sociales deciden su voto conscientemente pq suelen estar alimentados de análisis de los medios de comunicación afines y evalúan hechos supuestamente inapelables emocionalmente.

    Sobre Ferlosio yo estoy más con Ortega y también Gasset (Ja,ja). Y más con Monterroso cuando habla de la oveja negra que sobresale por su color y deciden fusilarla. Y después con el tiempo le hacen una estatua a la oveja negra, pero para recordar que a las negras se las fusilan y que las blancas sólo quedan para hacer estatuas.

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  3. Una réplica al Ferlosio de Alejandro.
    Me parece que ese razonamiento es algo sofístico. Un mitin no es un foro de debate, sino una manera de reafirmarse en ciertas opciones políticas. Por eso en él solo cabe el aplauso (o el pateo y el boicot si se cuelan simpatizantes de un partido contrario). Discrepar del orador en un mitin, admirado Ferlosio, sería tan absurdo como que, al dar el pésame en un funeral, alguien no dijera "lo siento mucho", sino "me alegro porque tu difundo padre o marido o etc. era un canalla".

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