sábado, 11 de julio de 2020

El bazar de las sorpresas: Toda la vida huyendo




EN EL MONASTERIO

Durante un tiempo creí que encontraría la felicidad lejos del mundo, refugiándome en una celda. Me habría gustado hacerlo en un monasterio de aire medieval, situado en una alta colina que dominara el horizonte. No creo en ningún Dios, pero me gustan los ritos. Los rezos que se repiten cada cierto tiempo, las comidas frugales a la misma hora, las largas horas en la biblioteca o en el huerto. Y las relaciones humanas reducidas al mínimo no me asustan, me hacen sentirme seguro.
            Nunca se lo he contado a nadie, pero mi búsqueda fallida de la felicidad me llevó a fingir la fe, a encerrarme en un claustro, a comprobar lo cerca que están infierno y paraíso.
Fue hace mucho tiempo y el monasterio era un lugar perdido en un secarral de la meseta castellana. Cuando escapé de allí, solo llevé conmigo la ropa que llevaba puesta y un cuaderno rojo que creía haber destruido. Lo encuentro ahora y al hojearlo no veo ni profesiones de fe ni dudas razonables, salvo en un poema, “El eremita arrepentido”, que no parece escrito con mi letra. Yo no buscaba a Dios, buscaba alejarme del mundo. Pero no ya en un monasterio, donde toda pequeña miseria tiene su asiento, sino en la más apartada cabaña, encuentra uno lo peor del mundo porque lo lleva consigo.



EL CUADERNO ROJO

Conmigo mantengo una relación intermitente: unas veces estoy completamente enamorado y otras no me gusto nada.

Después de conseguido, todo importa un poco menos.

Hay cabezas en las que solo cabe una idea, pero apretadita y de costado.

La razón se impone con razones.

No hay buena memoria sin mala memoria.

¿Quién puede presumir de no haber perdido nunca el tiempo leyendo un libro?

Una historia con final feliz es siempre una historia a la que le falta el final.

El pensamiento mágico es consustancial al ser humano; el pensamiento lógico, una rareza que se da en algunas épocas de la historia y solo en algunos individuos.

También pueden defraudar los amigos imaginarios.

Pensar por cuenta propia es una costumbre que no suele tener la gente.

Los únicos problemas verdaderos son los que no tienen solución; los otros no pasan de un entretenimiento más o menos complicado.

Un hombre afortunado tiene muchos amores, pero no se enamora nunca.

Hay gentes a las que no les importa ser infelices siempre que los demás también lo sean.

También el pasado puede darnos sorpresas.

El odio es tan vivificante como el amor.

Lo que no se ha conocido no se echa de menos.

Nada tan fértil como el aburrimiento.

No hay certeza que no sea provisional.

Ser joven a los veinte años es muy fácil, lo difícil es serlo a los setenta.



EN LAS CALDAS

Nunca he necesitado aislarme para escribir. Rodeado de gente se me ocurren las mejores ideas. O se me ocurrían. Ahora tengo pesadillas y en ellas todo el año es carnaval y la gente sale a la calle con la cara tapada y dispuesta a cometer las mayores fechorías, segura de su impunidad.
            Pero un amigo me ofreció su casa en Las Caldas y yo acepté encantado. Acababa de salir de una mala relación, no tenía dinero para irme lejos y me pareció la mejor manera de no tropezar por la calle con quien no quería volver a verme.
            La casa era espaciosa y agradable, con un gran jardín y muy cerca de la carretera y el balneario. Desayunaba y comía en un bar cercano, subía hasta la iglesia de Priorio, daba largos paseos por la orilla del Nalón, salía al jardín a contemplar las estrellas durante las largas noches.
            No había pasado una semana y ocurrieron los primeros incidentes. La casa tenía planta baja, que daba al jardín; el piso principal, al que se entraba desde la calle, y otra planta bajo cubierta, llena de libros y con un cómodo despacho abuhardillado. Entre sueños, me pareció comenzar a oír conversaciones, pasos en la escalera.
            Al principio, no me preocupé. “Serán fantasmas”, me dije. Siempre me han gustado las historias de fantasmas y yo mismo he fantaseado algunas. Pero una cosa es contarlas, o que te las cuenten, y otra vivirlas.
            Una noche entreabrí los ojos en sueños y me pareció ver otros ojos fijos en mí. Encendí la luz asustado y naturalmente no había nadie. Me levanté para ir al baño y comprobar que puertas y ventanas estaban bien cerradas. Luego ya no pude dormir y al día siguiente me levanté de mal humor.
            Dos o tres días después, llamaron a la puerta. Preguntaron por el dueño y yo expliqué que estaba de viaje y que me había dejado la casa por un tiempo.  Al marcharse, ya un poco alejada de la casa, se dio la vuelta y me dijo adiós pronunciando mi nombre. “¿Me conoce?”, pregunté, pero no me oyó, o no quiso oírme, y siguió su camino. Era una mujer, de unos sesenta años, con el pelo blanco y aspecto apacible. No sé por qué pensé en la peregrina que aparece en la más famosa comedia de Casona. Pero esa peregrina era la muerte y por un momento tuve algo de miedo.
            Siguieron las conversaciones de media noche, pero ya casi en un susurro, tenía que aguzar el oído para escucharlas; los pasos sigilosos en la escalera y ocurrió algún otro fenómeno extraño: de vez en cuando me encontraba en el fregadero con platos o vasos que no recordaba haber usado.
            Debería haber vuelto de inmediato, puesto que ya no me encontraba a gusto. Los paseos por la orilla del río habían dejado de tener su encanto y me pareció –sin duda, paranoia mía-- que la gente del pueblo con la que me cruzaba me miraba con poca simpatía.
            Una noche de inmensa luna llena me asomé a la gran cristalera del salón y me creí ver, al fondo del jardín, a un hombre cavando. Traté de tranquilizarme. “Será una sombra”, me dije. Cogí un farol como los de los barcos, a modo de linterna, y salí a ver qué pasaba. Había un hombre, que me saludó sin sorpresa alguna, y que estaba cavando una especie de fosa. Yo debería haberme asustado, pero no lo hice. Se trataba de un anciano de aspecto poco amenazador, como el abuelo de los cuentos. “¿Qué hace usted aquí?”, le pregunté. Sonrió, se encogió de hombros y siguió cavando.  Me pareció que la luna nos miraba, que se oía el ulular de una lechuza y que todo tenía el aire irreal de la ilustración de un viejo libro. Después de un rato de silencio, le oí decir: “Duerma tranquilo, la tumba no es para usted”.
            A la mañana siguiente, el rectángulo excavado seguía allí. Llamé al dueño de la casa –médico psiquiatra--, que me escuchó atento y lo único que se le ocurrió decirme fue: “Cuando vuelva, pasas por mi consulta”.
            No pasé, por supuesto, pero me volví de inmediato a mi piso de Oviedo sin haber escrito una línea que mereciera la pena. Ya no sé --¡ha pasado tanto tiempo!—si aquellas cosas fueron realidad o alucinación. Tampoco importa demasiado. A fin de cuentas, la realidad no es más que una alucinación compartida.



EL EREMITA ARREPENTIDO

Toda la vida huyendo
de mí, de lo que quiero,
de la felicidad que a traición me asaltaba
en una esquina del camino,
toda la vida a tu servicio,
tirano siempre insatisfecho.
Si allá me tratas como aquí me tratas,
oh Dios omnipotente,
ningún infierno podrá ser peor
que el paraíso.


47 comentarios:

  1. Ojo con el "a pasado tanto tiempo". Aunque podría ser:

    "... a futuro y a pasado ¡tanto tiempo!"

    Verbi gratia: "hablo de ayer y de hoy; me remito a futuro y a pasado... tanto tiempo"

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  2. Es deliciosa esa a sin h, desprovista de la hipocresía normativa, un híbrido entre verbo y preposición de destino.

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    1. Según la Academia, hipocresía significa "fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan". No sé yo que por no escribir "andar ha gatas" o "a llovido" se finjan, etcétera. Más sentido me parece que tiene hablar, como Unamuno, no de ortografía, sino de "heterografía"; y aún así, me parece discutible.

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    2. Pedro de Zárate y Lumo12 de julio de 2020, 13:35

      Te sobra razón, Castellano, toda la hipocresía normativa denota un adocenamiento y una falta de creatividad lamentable. Acabemos con la norma, no sólo con la ortográfica, sino con todas: hay que pasar el semáforo en rojo cuando viene un camión embalado. Cuando hagamos el puente, hay que añadir a la arena el cemento que nos dé la gana, y no el que diga la norma inane y aburrida. Por no hablar de la norma lógica, qué vergüenza, eso de que "todos los hombres son mortales" y "Sócrates es un hombre" tiene como consecuencia "Sócrates es mortal", es de una pobreza y una carencia de imaginación que espanta. ¿Por qué no deducir, con viveza e ingenio imaginativo, todos los mortales son Sócrates"?
      A por ellos, Castellano, abajo la hipocresía.

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    3. Más significados debe de tener, Jose. Uno de los sinónimos es "puritano". Por ahí quizá me entiendas un poco mejor. Si lo sitúas en casos aislados. De todas maneras, ya Martín lo ha corregido.

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    4. Eres ejemplar poniendo ejemplos, Pedro de Zárate y Lumo. Primero, si viene a cruzarse un camión embalado, saltándose el límite de velocidad, seguramente paro aunque esté la luz en verde y los de atrás se pongan a pitar; ¿qué saben ellos si el camión viene sin freno?
      En lo de la mezcla de cemento y arena, es como la mezcla de agua y arroz. No es una norma, es que si no mezclas bien el arroz no sale bien y el puente tampoco. La norma es que el albañil lleve el casco puesto, pero puede darse el caso de que que quien no lo lleve sepa mezclar mejor. En cuando a Sócrates, no se puede decir que todos son mortales; ¿qué sabemos nosotros?, a lo mejor hay algunos que son inmortales.

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    1. En el prólogo a “Vidas imaginarias” de Marcel Schwob escribe Borges “los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos”, y cuando, con 70 años, prologa su propio “Elogio de la sombra” asevera que “sólo los errores son nuestros”. Pues eso…
      …Y, en ese inextricable juego entre soledad y alteridad, puede que al oír a Bécquer cuando escribe “Cerraron sus ojos…” nos cercioremos de que después de la imposible experiencia es irrelevante conocer qué manos lo hicieron. Pero, sin duda, estuvo Adela, o Miguel, o Encarna o, quizás, el mismísimo diablo… o su “fantasma”. ¿Lo vislumbraría Bécquer desde su celda?

      No obstante, “en la embocadura del desfiladero, sobre uno de los mayores pinos, encóntrose un dos de bastos clavado en la corteza, con un cuchillo de monte. Contenía la siguiente inscripción, hecha con vigorosos trazos de lápiz:

      AL PIE DE ESTE ÁRBOL
      YACE EL CUERPO
      DE
      JOHN OAKHURST,
      QUE DIO CON UNA VENA DE MALA SUERTE
      EL 23 DE NOVIEMBRE 1850
      Y
      ENTREGÓ SUS PUESTAS
      EL 7 DE DICIEMBRE DE 1850.

      Y, en efecto. Allí, frío y sin pulso, con un revólver a su lado y una bala en el corazón, yacía bajo la nieve el que a la vez había sido el más fuerte y el más débil de los expulsados de Poker-Flat, cosas ambas que se leían todavía a través del rostro apacible pero enérgico del jugador.”
      Mas, de regreso al “hacedor”…:
      “En el espejo de esta noche alcanzo
      mi insospechado rostro eterno.”

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  4. Explicación del Padre Brown. El anciano que cavaba la "tumba", sencillamente estaba plantando algo, por encargo de tu anfitrión. La señora que conoce tu nombre lo sabría por la misma razón, le dirían que ibas allí. Las voces y los ruidos son efectos acústicos comunes en grandes caserones.Y que te mirasen "mal", es paranoia, en un pueblo debes darte a conocer enseguida.

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  5. José Luis, vuelvo a enviar el comentario porque tengo la impresión de que no iba correctamente "dispuesto". Disculpas.

    - En el prólogo a “Vidas imaginarias” de Marcel Schwob escribe Borges “los protagonistas son reales; los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos”, y cuando, con 70 años, prologa su propio “Elogio de la sombra” asevera que “sólo los errores son nuestros”. Pues eso…

    - …Y, en ese inextricable juego entre soledad y alteridad, puede que al oír a Bécquer cuando escribe “Cerraron sus ojos…” nos cercioremos de que después de la imposible experiencia es irrelevante conocer qué manos lo hicieron. Pero, sin duda, estuvo Adela, o Miguel, o Encarna o, quizás, el mismísimo diablo… o su “fantasma”. ¿Lo vislumbraría Bécquer desde su celda?

    - No obstante, “en la embocadura del desfiladero, sobre uno de los mayores pinos, encóntrose un dos de bastos clavado en la corteza, con un cuchillo de monte. Contenía la siguiente inscripción, hecha con vigorosos trazos de lápiz:

    AL PIE DE ESTE ÁRBOL
    YACE EL CUERPO
    DE
    JOHN OAKHURST,
    QUE DIO CON UNA VENA DE MALA SUERTE
    EL 23 DE NOVIEMBRE 1850
    Y
    ENTREGÓ SUS PUESTAS
    EL 7 DE DICIEMBRE DE 1850.


    Y, en efecto. Allí, frío y sin pulso, con un revólver a su lado y una bala en el corazón, yacía bajo la nieve el que a la vez había sido el más fuerte y el más débil de los expulsados de Poker-Flat, cosas ambas que se leían todavía a través del rostro apacible pero enérgico del jugador.”

    - Mas, de regreso al “hacedor”…:

    “En el espejo de esta noche alcanzo
    mi insospechado rostro eterno.”

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  6. Pedro de Zárate y Lumo13 de julio de 2020, 13:06

    Efectivamente, Castellano, la clave está en eso que dices: "Qué sabemos nosotros".
    Y puesto que sabemos poco (ni siquiera si todos son mortales) ¿cómo rayos íbamos a saber que la buena sintaxis, la buena ortografía, la buena escritura son "hipocresía normativa"? Por supuesto, no lo sabemos. Pero lo decimos, ya que tales destrezas parece que molestan "a ciertos espíritus".

    No es práctica juiciosa intentar desacreditar, o poner bajo sospecha, todo aquello que uno no hace especialmente bien. Mucho mejor conocerse al dedillo y limitarnos a lo que hacemos aceptablemente, cuando menos. Dicen los ingleses: "If all you have is a hammer, everything looks like a nail". O sea, más o menos, que si no cuentas más que con un triste martillo, te parecerá que todo son clavos. Y no pasa nada, adelante con los clavos. Pero si te encuentras con alguien que además tiene escoplos, gubias, llave de carraca, taladro y alicate de punta curva, NO ES un malvado, ni un hipócrita, ni un engreído ni un perturbado. Es solo alguien con mejores herramientas. Mejor dotado, que siempre los hay.

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    1. Vamos a ver, Pedro, si hablamos el mismo castellano. Que tengas tú todas las herramientas es un motivo de alegría si las sabes usar, y yo, que solo tengo un martillo, pues procuro fijarme en cómo tú las usas y aprender, y luego si puedo te las pido prestadas y las uso yo. Como he usado las que tiene aquí Martín, eso sí, no tan bien como él (todavía). Pero hay quien tiene herramientas, y material del mejor, y con eso sólo sabe hacer chapuzas. Quiero decirte que entre un pintor de carboncillo y otro de óleos escogidos, a lo mejor resulta que el carboncillo se vuelve diamante en manos de uno, y el otro convierte el noble óleo en carbón, por el torpe uso que se le da al material y a las herramientas. A mí me encantó la errata señalada porque fue como encontrar un trébol de cuatro hojas en este jardín. Donde la sintaxis, ortografía y demás, buena y mala, ya se ha discutido más veces. Y bueno, un saludo. Me recuerdas a F. ¿Dónde estará?

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    2. Pardiez, Jesús.
      *Hoy a llovido* se parece a un trébol de cuatro hojas tanto como una bosta de vaca en la moqueta de una suite de lujo.

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    3. Pido disculpas por intervenir, pero quienes me conocen saben que ni la paciencia ni la diplomacia se encuentran entre mis virtudes. En el texto había una errata (habrá más, siempre las hay): un "ha" del verbo haber apareció sin hache; en cuanto me lo advirtieron, lo corregí. Todos los debates que vinieron a partir de ahí me parecieron una tontería (pido disculpas, pero es la palabra más precisa), una manera de perder el tiempo. ¿Pero es que los lectores de este blog no tienen cosas más interesantes que hacer que "filosofar" por una errata si importancia? Apañados estamos.

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    4. Martín, con el debido respeto: te equivocas. Y espero que no me masacres por decírtelo, aunque asumo el riesgo.

      El debate no fue sobre “tu” errata (todos la vimos así, no como un lapsus), sino sobre la creatividad que, a veces, late en los errores que cometemos todos. Un operario de un museo (ni siquiera el pintor mismo), colgó boca abajo un cuadro de Kandinsky. Y él (lejos de enfadarse), se quedó un momento mirándolo y dijo: así es perfecto.

      Iba a aportar mi punto sobre la elegante filosofía (sin comillas) de Castellano, acerca del aprendiz que observa cómo su maestro emplea las herramientas que él no tiene, como paso previo al de pedírselas prestadas.
      Mi idea es que, a veces, el aprendiz tiene justo la herramienta que el maestro necesita. Y por eso el maestro también debe ser un poquito humilde, al menos. Aunque solo al aprendiz le corresponda serlo mucho (hasta que aprende).

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    5. De errata en errata
      comiendo las letras
      va doña Pedra
      metiendo la pata,
      ay qué lata,
      ay qué tontería,
      antes la h no había
      y ahora falta la n,
      las erratas le convienen
      al tonto que las veía.

      Perdona, Martín, pero ese si (si importancia) o n, o si sin tilde en la i, me hace pensar en un caso no escrito del detective inglés más famoso. Y paro aquí, no abuso más de tu paciencia. Y no le preguntaré a Bruno qué hacía una vaca en un hotel de lujo.

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  7. He recuperado sensaciones antiguas leyendo a José Luis. Fui católica ferviente hasta los 14 años. Entonces no me asustaban ninguno de los fenómenos o seres amenazantes que cita José Luis: voces sigilosas en la noche, maderas crujientes, hombres cavando tumbas, Gustavos Bueno, fantasmas o sombras fugitivas. Siempre pensaba que si me mataban, si me robaban y apaleaban hasta el fin, si abusaban de mí y me asesinaban se trataría solo una unión anticipada con Dios. La idea de Dios, y la idea de que la muerte significaba unión con Dios, siempre me tranquilizaba y confortaba.

    Curiosamente, o no tanto, esa misma idea me condujo al ateísmo solo unos meses después. Comprendí que ese apaciguamiento era la función de la religión y de las creencias sobrenaturales, comprendí que la religión era un invento de la psicología atemorizada de los hombres para conseguir la paz mental.

    Uno de los argumentos básicos de los teólogos, "la universalidad de la religión", presente en todas las culturas, en cada tribu humana bajo una u otra forma, se desvanecía fácilmente y significaba sólo la universalidad de la común psicología humana, de los miedos humanos a los daños y a la desaparición propia y ajena. Universalidad de una misma psicología atenazada por el miedo bajo todas las culturas.

    Hoy, en el ateísmo, vivo con más miedo y más zozobra. Pero también con más libertad y más verdad y más valentía. Liberada de fábulas y de consuelos espurios.

    Gracias, José Luis, y disculpe la digresión.

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    1. Helena, su razonamiento es de una profundidad aplastante. Descuide, ya verá como cuando la vida le de un apretón extenuante se vuelve a reconocer en sí misma. Es un proceso muy habitual, sin ir más lejos yo también lo viví hasta un buen día, mejor dicho muy malo, y comprendí mi escandalosa fragilidad intelectual. Suerte, Helena.

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    2. No se considere tan distinguido en lo aflictivo, señor Andrés Dieste. "Apretones extenuantes" tiene la vida para todos y a discreción, y eso aún viviendo en Europa. Ni le cuento, si le tocó vivir en Etiopía. Sin ser tan mayor, yo ya he visto la cara de la desgracia en sus muchas versiones, incluida la enfermedad grave y la pérdida de seres queridos. Y sufrí, y tuve que aprender serenidad, estoicismo y entereza; y otras valiosas virtudes que el creyente se pierde en su burbuja de hiper-protección ficticia. Fragilidad intelectual es no soportar la soledad esencial del ser humano y necesitar el espejismo teista. Pero no hay que ser exigente. Cada cual tiene las fuerzas que tiene.

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    3. Helena, estas convicciones que usted expone debe mantenerlas hasta el último momento, es su compromiso intelectual. Ojalá sea capaz, se lo deseo fervientemente. Es curioso, al ateo le horroriza hablar de la muerte, perece mentira, con la solidez que demuestra mientras luce el sol.En cambio los que creemos en
      paparruchas afrontamos ese momento con la dulce inconsciencia de los drogadictos. A mi, qué quiere que le diga, me interesa mucho más este equipo de los alucinados. Debe ser porque ví desaparecer a varias personas y a ninguno les detecté la serenidad de mi abuelo y mi padre. En fin, como le digo, cosa de penuria intelectual.

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    4. Generalizaciones sin base, de oídas. Decenas de ateos hablan de la muerte con la misma tranquilidad y aplomo con que han hablado Dawkins, Russell, Hume, Laplace, Ayer, etc, etc y cientos de etc.
      Se cuenta en cambio la anécdota de aquel creyente: "Sí, sin duda estará bien vivir en el paraíso, pero qué quiere que le diga, como en casa de uno, en ninguna parte".

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    5. ¿De verdad cree Helena Sahagún que ser creyente es "vivir en una burbuja de hiper-protección ficticia? ¿De verdad piensa que monseñor Óscar Romero, o Ignacio Ellacuría y sus compañeros jesuitas (y las otras víctimas, siete en total), asesinados allí, en El Salvador, o tantísimos otros ejemplos que se podrían poner, vivían en la "burbuja" que dice?
      ¿De verdad es tan difícil respetar el derecho al disentimiento de quien no piensa como nosotros?

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    6. ¿Qué tendrá que ver la buena y admirable obra social de tantos y tantos creyentes, con el hecho de que su creencia sea una burbuja protectora? Otros incurren en la pederastia, y eso TAMPOCO tiene que ver con la burbuja protectora creada por la creencia ficticia. Ficticia para el no creyente, por supuesto. Ya expliqué en mi primer post cuál es, desde mi punto de vista, la función psicológica apaciguadora de la religión. Expresar la opinión propia no implica dejar de respetar el "derecho al disentimiento". Son las Iglesias, y la católica en particular, las que ostentan un récord de persecución al disentimiento. Espero que no haya que recordar las quemas de herejes y de brujas; ni la Inquisición, ni la persecución y/o exclusión de los homosexuales todavía hoy. Qué cosas, diré, emulando al anfitrión.

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    7. Los rebotados siempre son los peores, léase exfumadores o ex alcohólicos.
      Deje usted que Helena disfrute de esa ancha libertad de pensamiento que los ignorantes no tenemos. Lo que desconozco es si Trapiello coincide con Unamuno al respecto. Desde luego la gran Almudena Grandes y los columnistas paniaguados de El País dudo mucho que sean capaces de nada mejor que mirarse al espejo y aplaudirse.Lee uno a Trueba, Llamazares, Millás y resto de cofrades del bolsillo hambriento y le recuerdan al inefable equipo médico habitual del ferrolano

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  8. No se crean todo lo que leen o ven. Al final, siempre hay un engaño por medio. Siempre.

    Una vez visité un cementerio en el ocaso, y vi una vaporosa silueta antropomorfa que se deslizaba suavemente sobre una hilera de nichos, justo delante de mis ojos. Por un segundo quedé muy confundido, hasta que, por intuición, giré el rostro hacia un panteón de mármol negro a escasos metros. Noté un parpadeo luminoso a ras de suelo, y descubrí a un sujeto agazapado allí, con un proyector digital de largo alcance.

    Luego supe que el bromista (que tenía cara de idiota), ya le había gastado ese tipo de inocentadas a medio pueblo, y lo habían dejado por imposible. En fin…

    La verdad, odio que jueguen conmigo. Me supera. Y hablando de huidas, corrí, muy cabreado, tras el listillo, que al verme venir hecho una furia (soy corpulento, además), abandonó en el suelo el proyector y salió por piernas, dando brincos entre lápidas. Y luego atravesó limpiamente el grueso muro de hormigón del cementerio como si tal cosa, desvaneciéndose en el aire.

    Tuvo suerte el tipo. Si lo agarro, lo mato.

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  9. Hay que ir al cine. Para cinéfilos, "El resplandor" fue un gran éxito y es una obra maestra (una mas) de Stanley Kubrick. Stephen King, autor del best seller, intentó poner condiciones a la hora de llevarla al cine. El director sería Steven Spielberg (pero se encontraba rodando otra buena película de fantasmas, "Poltergeist") y el protagonista, Robert de Niro.
    Se la ofrecieron a Kubrick. La rodo con desgana y además exigió que fuese Jack Nicholson el protagonista.
    King pretendía una película "gore", con mucha sangre y muchos espectadores. Kubrick dijo que "nanai", y triunfó con un terror psicológico.
    Hay maestros.

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  10. Juan Manuel Garci Lasso15 de julio de 2020, 10:05

    Los ripios de "todo a cien"
    que nos manda Castellano
    muestran que no está en su mano
    escribir ni medio bien.

    "Pero ¿qué es escribir bien?",
    se subleva el vate flojo,
    "¿la ortografía?, qué sonrojo;
    ¿la sintaxis?, qué desdén".

    "Estáis presos en la norma,
    cautivos de lo correcto.
    Yo con eso no conecto,
    hoy se escribe de otra forma".

    "Hoy manda el batiburrillo,
    escribir desgalichado,
    sin orden, desvencijado,
    ¡eso es hoy lo que da brillo!"

    "Por lo tanto, lechuguinos,
    garcilasos, gongorines,
    estrechos cual figurines
    ¡dejad de mirar a Dante,
    que tiene ya muchos años!
    Avancemos con redaños:
    Karmelo es el elegante".

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    1. Que forma de mezclar
      tiene el Garci Lasso,
      no sé si querer llorar
      o ponerle un bello lazo.

      Tú sí que estás, Juan Manuel,
      para ejemplo de ese caso
      de aquel que pone a la arena
      al tun tun cemento blanco.

      Ahora comprendo la bosta
      que Bruno halló en la moqueta,
      a ver si al jardín la sacan
      y estercola las macetas.

      Qué tiene que ver Karmelo,
      a quien Martín hizo reseña,
      con los ripios castellanos
      que hago yo sin vergüenza.

      No desprecio ortografía
      ni de tráfico señales
      pero me asombran diatribas
      de estos fideos de tales.

      Por lo tanto, mi exquisito,
      de figurín presumido,
      no me nombres a aquel Dante
      que no tienes tú a Virgilio
      como lo tiene Iribarren.

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    2. Joé, Jesús, pero ¿ni siquiera contar sílabas?
      "a-quien-mar-tin-hi-zo-re-se-ña". ¿Mejor ahora?
      Mira que eso es aritmética, no literatura.
      Uffff!

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  11. PÁGINAS 3¹

    «Para Natalia, el cielo de septiembre:
    una tesela más en la piscina,
    al final del verano». «Noemí
    siempre me pidió un verso, uno solo:
    La lluvia puede ser ventana en Praga».
    «Raquel, mis pies, mi suelo, estamos juntos,
    míranos, míranos, míranos todavía
    en la dedicatoria y esta fecha».
    «A Otto & Ana, o sea, a Celia y Julio,
    yo les doy esos nombres con sabor de pan blanco
    y mousse de chocolate, en recompensa
    y justo pago por un día sin noche
    del círculo polar ártico». «Por Aurora
    mis labios saben —contar cuentos— hacer
    que se duerma y hacer que se despierte,
    que se oyen gallos sin pronuncio Aurora».
    «Mucho mejor que yo lo dijo él
    —mi biografía, casi—, José Camón Aznar:
    Universidad. Fray Luis hablaba de Teología,
    el estudiante grababa en su banco el nombre de Leonor».
    «Sonia y Rocío, de nuevo es Fin de Año:
    la nieve es un tejado de Lisboa».
    «Hay desnudos en los que siempre es hora punta.
    Irene, dos mil quince (veces), ¿te lo digo?
    Te quiero sin locura: la locura es no amarte».
    ... Y «Para Iván y Peña: paseáis ahora
    por cualquier parque,
    _______________________y vais con él
    (y sabe dar su primer paso y vuelve
    de donde no se vuelve)».
    __________________________In memoriam.

    Dos millones de años —o más— diciéndonos adiós unos a otros.

    ______
    ¹ Nota del Autor. Colección de dedicatorias encontradas en librerías de lance.

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  12. Para Víctor.

    Yo creo que, de hecho, y sin que él mismo se dé cuenta, las novelas de King son unos perfectos guiones imperfectos, o sea: idóneos para que el cine los mejore (otra cosa es que lo consiga siempre).

    El buen cine de terror (y la buena literatura, como la de Poe) opera desde las vísceras hacia afuera, y no al revés. Por eso se sostiene (y se eleva) sin mostrar apenas casquería, porque coloca el trípode de la cámara justo en el meollo del (macabro) arbusto espinoso. Y, de esa forma, apenas si se asoma alguna espina (o cuchillo afilado) al objetivo de la cámara, la cual está apuntando fuera de la entraña, en realidad, aunque sí se asiente en ella firmemente.

    Y con el hiperrealismo (terror aparte) pasa igual, ya sea en el cine o en cualquier otra disciplina artística. Cuando más descarnado, más inverosímil, aunque pretenda lo contrario.

    En una parodia de la película El exorcista (o sea: humor y no terror), la niña vomita a uno de los dos curas, como en la escena original. Pero, en la parodia, el cura le devuelve el vómito. Y el otro cura vomita también, y al final todos se vomitan a todos, y el propio vómito llena la pantalla. O sea, que todo es vómito en la escena. Y por tanto el vómito (que en la realidad sí existe) desaparece en la ficción a base de hipérboles.

    Hace tiempo se puso de moda que los protagonistas “echasen la pota” en cualquier película de acción (terrorífica o no), para mostrar de forma obvia su estrés emocional. Es el truco barato al que recurren los que no son “maestros”, como dices. Y, por tanto, ofrecen al facilón ojo externo del espectador lo que no saben inducir en su cerebro hábilmente.

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  13. Bonifacio, si ves "El resplandor" de nuevo te das cuenta que en la primera mitad de la película "no pasa nada". El aislamiento, el distanciamiento de la pareja, Nicholson jugando al frontón en el hall del hotel...Pero todos esperamos, y sabemos, que algo va a suceder.
    Es un "crescendo", Kubrick lo hacía muy bien.
    Por lo que se, discrepaba con Stephen King. Yo no he leído la novela, King también se desentendió bastante al saber que Kubrick iba a ser el director.

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  14. Martin, disculpa que insista. Sobre esta película se ha escrito mucho, se ha mirado con lupa. Me temo que la novela de King está más centrada en los poderes "sobrenaturales" del niño. Kubrick pasa de todo. Hay críticas por incongruente, ¿qué sentido tiene una de las escenas finales, cuando empieza a salir sangre del ascensor, pasillos, etc. a torrentes?
    El hotel de montaña existe, en las Rocosas, pero que nadie busque la habitación 262, pues solo tiene cien. Los interiores están rodeados en un hotel de L.A. En fin.

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  15. En el Exorcista (la original, no la parodia) también hay un crescendo. Más de dos tercios de la película sobre la “niña endemoniada” son el lento proceso en el cual ella se va volviendo gradualmente más extraña, y la van sometiendo a sucesivas pruebas médicas desde una perspectiva meramente científica. Hasta que (de forma literal, y casi de comedia) ella agarra por los testículos a un condescendiente psiquiatra “listillo” que la ningunea, tomándola por una adolescente problemática cualquiera. Y entonces la madre pide ayuda a un cura, y empieza todo el lío de cabezas giratorias, levitaciones, vómitos y agua bendita.

    Lo que yo creo que ocurre con la sangre inundando el ascensor y los pasillos que tú dices, es que (como en El exorcista) en El resplandor, nos empiezan mostrando la realidad, sin más, en un principio, y ello de manera nítida. Una realidad si acaso un poco turbia: el distanciamiento de la pareja que dices en la de Kubrick, o el traumático divorcio de los padres de la niña en la de Willian Friedkin. Pero una realidad común, al fin y al cabo. Y cuando ya nos han construido en la mente un sólido relato verosímil para que bajemos la guardia en nuestro escepticismo (y nos sintamos “como en casa” en nuestra propia cabeza), entonces nos sacuden con otra realidad que pulveriza todo el molde previo: la del infierno mismo, cuando este emerge bruscamente del subsuelo (de ahí la inundación de sangre, supongo). Y eso también vale para las buenas películas de guerra, como La chaqueta metálica, por ejemplo.

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  16. Queridísima hija Helena Sahagún, si es que permites que este anciano fraile te invoque de manera tan anticuada; he leído tus bien articuladas razones y debo decirte que comprendo tu desazón ante ciertos comportamientos de clérigos, frailes, monjes, eclesiásticos en general, sin excluir la jerarquía más alta, de los que solemos esperar mayor dignidad y altura de miras; y no pederastias, defensa de dictadores, menosprecio por las mujeres o condena de las homofilias; mas debes recordar que sólo en las funciones sacramentales están investidos los sacerdotes de la gracia y el favor divino, mientras que en sus comportamientos meramente humanos están sujetos a toda la corrupción y a toda la miseria que contamina la naturaleza humana en general; así serás más comprensiva de las caídas debidas a la concupiscencia de la carne, a la envidia, al malsano orgullo, a la codicia y a la arrogancia, caídas extendidas por todo el género al que pertenecemos sin distinción de cuna, pecunio, cargo, estado civil o religioso. No queda en tales casos, hija mía, sino encomendarse a la justicia de los hombres, con todas sus limitaciones y todas las consecuencias, y esperar a la hora final para que la otra Justicia, la Divina, termine de dar a cada cual según merece; y no olvides, hija que la condición pecadora no es privativa de los ministros de Dios (en tanto que hombres), sino de todo el perverso género humano. Mira en derredor; mira en el mismo foro donde denuncias, cómo seres resentidos y envidiosos tachan a grandes escritores de mantenidos y venales; sólo porque nunca serán capaces de escribir tan bien como ellos. Tal es la naturaleza de hombres y mujeres, a quienes Dios otorgó la libertad de elegir.
    Mis bendiciones, queridísima Helena, y que puedas pronto volver al Seno del Ser Supremo.

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    1. Vaya, ha descubierto mi envidia. Lo que yo daría por llegar a ser un paniaguado o tener el físico de Almu o Millás.

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  17. - Los cuentos de fantasmas entretienen, aturden o provocan indiferencia. Las películas de Kubrick, incluso las más flojas (caso de El resplandor), casi siempre inquietan al intelecto. En este caso, cuando el film procura equilibrar lo “psicológico” con lo “sobrenatural” uno podría preguntarse: ¿no fue Kubrick “consciente” de la superchería que anida en muchos de los postulados de Freud y sus múltiples secuelas y que de algún modo subyacen en su historia?

    - Aunque pudiera no parecerlo, sobre “fantasmas” y “locos”:

    “Vestido de luto, con mi barba nazarena y mi breve sombrero negro, debo cobrar un extraño aspecto cabalgando en la blandura gris de Platero.
    Cuando, yendo a las viñas, cruzo las últimas calles, blancas de cal con sol, los chiquillos gitanos, aceitosos y peludos, fuera de los harapos verdes, rojos y amarillos, las tensas barrigas tostadas. Corren detrás de nosotros. Chillando largamente:
    —¡El loco! ¡El loco! ¡El loco!
    ...Delante está el campo, ya verde. Frente al cielo inmenso y puro, de un incendiado añil, mis ojos—¡tan lejos de mis oídos! —se abren noblemente, recibiendo en su calma esa placidez sin nombre, esa serenidad armoniosa y divina que vive en el sinfín del horizonte...
    Y quedan, allá lejos, por las altas eras, unos agudos gritos, velados finamente entrecortados, jadeantes, aburridos:
    —¡El lo...co! ¡El lo...co!”

    ¿Por qué me resulta este texto tan ilustrativo sobre el modo en que configuramos nuestras apreciaciones cotidianas sobre los locos “reales” o “imaginarios”?


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  18. Creo que este debate lo propuso José Luis Garci en aquel magnífico programa que era "Que grande es el cine".
    ¿Que película hubiese salido con Spielberg de director y Robert de Niro de protagonista? No sabemos.

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    1. Víctor, qué te parece si las chorradas en este foro las monopolizáramos yo y tú?. Bueno, y algún otro guest star. Te leo y vuelvo a mi época de adolescente
      borrachín de cubata barato. No sabes cómo te lo agradezco. Y cuando subas al coche abróchate el cinturón doblemente por si el coche derrapar tanto como tu cerebro.

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    2. A ver, no sé, que Víctor es un poco infantil está claro. Pero tampoco es tan simplón como Rafael Reig, por ejemplo. El hombre es muy espontáneo y sabe mucho de cine.En fin, que criticar su cerebro derrapado me parece muy duro, cada uno es como es.

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  19. Me deja pasmada y abrumada, monseñor Ascanio. Intente hacer llegar al Vaticano su comprensión y su tolerancia, a ver si empiezan a ordenar mujeres y dejan de perseguir todo lo que desborda sus esquemas. En cuanto al Ser Supremo, no se preocupe, es un concepto tan ambiguo e indefinido que seguramente estoy ya en su seno. Gracias.

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    1. Desde luego, mi querida Helena Francis, hay que reconocer que hoy en día la persecución de la iglesia sigue siendo implacable, sin olvidar que su peso específico en las decisiones de los ciudadanos es opresivo y abrumador. Yo mismo, esta noche, después de ver una película de mi admirada Zeta Jones me sentido turbado, sin llegar a más. Y ese mal pensamiento me hizo sufrir desmesuradamente por miedo a que el confesor me azote.
      En fin, disfrute plenamente de su libertad, algunos estúpidos en cambio seguimos disfrutando con el peso de las cadenas y experimentando la pecaminosa turbación que a buen seguro usted nunca sufrió.

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    2. Pues hombre, la persecución a las abortistas y el apoyo a la legislación para que sean encarceladas, la discriminación de las mujeres (nunca serán curas, si alguna curiosamente lo desease), el acoso a profesores de religión por "conductas inapropiadas", el tratamiento de "enfermos" a los gays y lesbianas, y especialmente el acoso y la persecución sexual a niños/as o adolescentes NO SON cosa del pasado. Son asuntos que están en los periódicos y en la actualidad del Vaticano. Y usted, Colate, sin enterarse, entretenido en películas de la estupenda Zeta Jones. En fin, usted sabrá donde mira, aparte de la citada Zeta. Es su responsabilidad.

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    3. Alude usted mucho al Vaticano, a lo mejor allí se dejó perseguir por un cura que luego la decepcionó. Los rebotes suelen tener explicaciones de ese tipo: frustraciones mal disimuladas que originan rencores desproporcionados. Por lo que nos cuenta, usted fue infiel con el Betis y se pasó al Sevilla, lo cual a un cincuentón asturiano como yo le resulta imperdonable, pues los colores deben respetarse hasta la muerte, aunque sea el blanco madridista de los calzoncillos tradicionales que tal vez usa el bueno de Michael por indicación de su adorada Zeta. Por cierto, estupenda en El Zorro y ahora estropeada por haber elegido un mal cirujano, como le ha ocurrido a la atractiva Patiño, metro y medio de pellejo bovino.

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  20. Para Ángel Vizcaíno.

    El propio autor dice en el texto que sus ojos (su sentido trascendente) están muy separados de sus oídos (del mundo material), aunque ambos elementos sí vayan a lomos del burrillo. Pues en realidad él no está más loco que cualquiera, y, de hecho, lo está menos que muchos.

    Hay un falso círculo vicioso: los niños lo marginan y juzgan como loco (o “raro”) por supuestamente aislarse él mismo al preferir andar por ahí en soledad con su burrito. No entienden que él no los necesita a ellos (ni a su arbitrario juicio) para sentirse bien consigo mismo, y con una luminosa realidad que los envolvería (y elevaría) a ellos también, si consiguiesen verla sin prejuicios. Sería tan fácil como que lo acompañaran a él y a su borrico plateado en un paseo silencioso y sin jaranas, aunque con los niños es difícil...

    Por eso Juan Ramón J. cuenta en otro pasaje del libro cómo es Platero el que está cuerdo de veras. Y lo conduce a él a los rincones más hermosos y serenos alejándolo del hosco y mundanal ruido, incluso cuando él se queda dormido e inconsciente (pero confiado) en su aterciopelada grupa.

    En resumen: ellos ladran mal, luego yo cabalgo bien, aunque sí rebuzne un poco (el burro, digo).

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  21. Gracias Bonifacio y, si me permite, intento hacer alguna aclaración:

    El progresivo enloquecimiento de Jack Torrance parece complejo; la calificación que hacen los chiquillos de Juan Ramón puede resultar simplona. No sé si el efectista Kubrick de El resplandor acierta en su perfil y no cabe duda sobre la finura y la hondura expresivas del moguereño. Únicamente me interrogaba sobre una cierta impostura en el film y sobre la puerilización de la locura que a veces observo en la cotidianidad. Por lo demás Platero es “Marco Aurelio de los prados” y –disculpas- me pregunto quién se libra alguna que otra vez de rebuznar, aunque no se sea, estrictamente, asno.

    Por cierto, “los únicos problemas verdaderos son los que no tienen solución”. Los tienen algunos enfermos de ciertas “formas de locura”.

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