domingo, 26 de julio de 2020

El bazar de las sorpresas: El huevo de la serpiente


  
INCIDENTE EN SEVILLA

Más que el miedo a los locos, que también, el miedo a volverse loco es uno de los terrores ancestrales de la humanidad. Lo sintió Pessoa, lo siento yo, quizá todo el mundo lo ha sentido alguna vez. A volverse loco o a que nos vuelvan locos, como en la película Luz de gas.
            Ahora, con la generalización de las consultas psiquiátricas, ese temor ha disminuido un tanto, pero aún hay personas que no se atreven a hablar claramente de sus experiencias extrañas por temor a que los tomen por locos. Yo soy una de ellas, pero tengo la ventaja de poder contarlo por escrito y todo el mundo piensa (bueno, lo de todo el mundo es una exageración: los tres o cuatro lectores habituales) que se trata de otro convencional cuento de fantasmas. Mi amigo el psiquiatra y escritor José Luis Mediavilla alguna vez entrevió otra cosa y me animó a que pasara por su consulta. Naturalmente, no hice ningún caso.
            Yo creo que ese no atreverse a contar ciertas experiencias que carecen de explicación racional por temor a que nos tomen por locos empobrece el mundo. No todo tiene explicación, al menos de momento. Pero la honestidad intelectual nos obliga a aceptarlo, no a esconderlo.
            Había ido yo a Sevilla para presentar una traducción –no demasiado buena, por cierto-- de la poesía completa de Mário de Sá-Carneiro. El acto se celebró en el consulado de Portugal, un pabellón orientalizante que había sido construido para la exposición del 29. Me alojaron en el hotel Doña María, creo que se llama así, un hotel muy cercano a la catedral con piscina en la azotea. Como soy algo mitómano, me hizo ilusión hospedarme allí porque recordaba una famosa foto de Borges en esa azotea, apoyado en su bastón y con la Giralda al fondo.
            De Borges estuve hablando con Abelardo Linares antes de la conferencia. El escritor había llegado a Sevilla, fue su última visita a una ciudad que conoció de joven, para participar en un curso sobre literatura fantástica organizado por la Universidad Menéndez Pelayo. Otros participantes eran Torrente Ballester (hay también una foto suya con Borges en la terraza del hotel) e Italo Calvino.
            “En ese mismo lugar donde tú ahora te sientas se sentó Borges hace treinta años”, me dijo Abelardo. “Estuvimos hablando casi dos horas. Bueno, estuvo hablando él, como siempre hacía”.
            Yo le animé a que escribiera esa conversación, a la que se había referido más de una vez, y me indicó su intención de hacerlo, aunque supongo que se quedará en intención. Me contó una anécdota del Borges ultraísta que yo no he visto en ninguna parte y eso me hace dudar de que fuera cierta, porque a Borges, como a todo el mundo, le gustaba repetir las mismas anécdotas.
            Una tarde Borges se encontró con Guillermo de Torre, que entonces era un pedantuelo adolescente que presumía de haberlo leído todo, y otro poeta jovencito al que no conocía. “Tenemos una cita con Juan Ramón Jiménez. ¿Por qué no te apuntas, Georgie?”. Y Borges se dejó arrastrar sin mucho entusiasmo. El maestro se mostró muy amable, les preguntó sobre lo que estaban escribiendo,  habló mal de Cansinos y de Ramón Gómez de la Serna y luego habló largamente de la poesía que estaba escribiendo y de los libros que tenía inéditos. Se levantó para despedirlos y, de pronto, cuando ya estaban cerca de la puerta, se le cambió la expresión del rostro y dio un grito. “¡No los dejes marchar!”, le dijo a la doncella de uniforme y cofia que acudía a abrirles la puerta. En el bolsillo de la americana de Borges, asomaba un papel. Se lo arrebató y dijo: “Márchense antes de que llame a la guardia civil”. Mientras bajaban la escalera, Borges iba mudo de vergüenza, pero Guillermo de Torre cambiaba guiños de complicidad con el otro acompañante y, ya en la calle, se puso a reír a carcajadas: “¡Casi lo consigo!”. En un momento de distracción del poeta, se había hecho con uno de sus manuscritos y lo había ocultado en el bolsillo de la americana, o del saco, como dicen ellos, del distraído Borges. Y ese es al parecer el origen del odio que le tuvo siempre a quien poco después se convertiría en su cuñado.
            Pero no esta anécdota lo que quería contar, sino una serie de hechos que nunca he referido por temor a que me tomen por loco. Regresé tarde al hotel, tras la conferencia, la cena posterior y la velada con copas que se prolongó más de lo que en mí suele ser habitual. Al entrar en la habitación, me di cuenta de que se oía el agua de la ducha en el cuarto de baño. “La habré dejado abierta”, me dije. Me acerqué para cerrarla y entreví asustado que alguien se estaba duchando. Salí rápido de la habitación pensando que me había confundido. Pero no, ese era el número correcto. Bajé a recepción. El encargado escuchó mi explicación y subió conmigo a ver qué pasaba. No pasaba nada. La habitación estaba en orden y el cuarto de baño sin señales de haber sido usado recientemente, tal como lo habían dejado las encargadas de la limpieza. Me disculpé confuso y lo atribuí todo al cansancio. Esa noche tuve un sueño erótico especialmente intenso y especialmente vivido. Tardé en convencerme de que había sido solo un sueño. Me desperté tarde, casi sin tiempo para coger el avión. Me arreglé rápidamente, ya tenía listo el breve equipaje y me habían avisado de que el taxi me esperaba en la puerta. Al salir del cuarto de baño vi sobre la repisa del lavabo unas gafas que no eran las mías. Las cogí maquinalmente y las puse en el bolsillo de la camisa para entregarlas en recepción. Me olvidé de hacerlo y no volví a pensar más en ellas. A mi lado, en el breve vuelo directo de Sevilla a Asturias, se sentó una ancianita de cabellos blancos que de inmediato me recordó a la Miss Marple de Agatha Christie tal como aparece en alguna vieja película. Me saludó muy amablemente y trató de entablar conversación, pero a mí se me cerraban los ojos de sueño. De pronto dijo: “Ah, muchas gracias, las había recogido usted”. Yo abrí los ojos y vi que en las manos tenía un libro y que había cogido mis gafas del bolsillo para leerlo. “Las dejo en cualquier parte, soy muy despistada, seguramente las olvidé en el cuarto de baño”. En el cuarto de baño de mi habitación las encontré yo, pero puedo asegurar que aquella ancianita encantadora no había sido la protagonista de mi vívido sueño erótico.



LA PARADOJA ESPAÑOLA

Impone España el confinamiento más brutal, irracional y despiadado de la Unión Europea y consigue a cambio ocupar, si no el primero, uno de los primeros puestos en el número de muertos en relación con su población.
Imponen las comunidades autonómicas el uso obligatorio de mascarillas tanto cuando son necesarias como cuando no lo son y consiguen a cambio ocupar uno de los primeros puestos en contagios de la Unión Europea.
El maltrato a la población es evidente; la eficacia, algo dudosa.


ESCRIBO DE NOCHE

Estoy perdido sin ti
y estoy perdido contigo,
de tanto quererte tanto
ya ni sé lo que me digo.

Las cosas que el viento lleva
son cosas de poco peso,
salvo que sea un huracán
como el amor que te tengo.

Detrás de esta realidad
hay otra más verdadera
y a veces por un resquicio
nos asomamos a ella.

El querer y el no querer
apenas se diferencian,
que son la cara y la cruz
de una maldita moneda.

El rocío en la mañana
dormido sobre la hierba
es la misma maravilla
que en el cielo nos espera.

Nadie sabe lo que tiene
hasta que lo pierde un día,
pero yo antes de perderte
ya muy bien que lo sabía

Al despertar de mi sueño
tú ya no estabas conmigo,
pero no me abandonaste
y bien sé lo que me digo.

Cruzan las nubes el cielo,
cruzan las sombras mi frente.
Nada es firme, nada es vano,
todo pasa y todo vuelve.

La realidad que se esconde
debajo de las palabras
habla y hablar sin parar,
pero nadie escucha nada.

Amarte es amar la vida
y a mí me tienta la muerte,
no nos veremos jamás
y no dejaré de verte.

¿Qué camino seguiré.
qué camino de los dos,
si al final de ambos caminos
me estaré esperando yo?

El amor que me tenías
y has dejado de tenerme
guárdalo bien guardadito,
no lo pierdas para siempre.

Cuando estaba más solo
la soledad vino a verme
y se sentó junto a mí
y me dio un beso en la frente.

¿Pero qué me estás diciendo?
¿Que no me has querido nunca?
Pues mira cómo me río
con una verdad tan chusca.

Ya no quiero lo que quise
ni me quiere lo que quiero
y no sé si estoy dormido
o si por fin me despierto.

La noche llena de estrellas
y mi corazón de llamas
aguardan en el jardín
que llegue la madrugada.

En el silencio del mundo
oí cómo Dios lloraba
y yo dije “no estés triste”,
pero él no se consolaba.


INCIDENTE EN TRES TEJOS

Estoy pensando seriamente en dejar España –le digo a mi amigo Ángel Alonso, que se ha brindado a hacer de chófer en una excursión fotográfica por la costa asturiana.
El ambiente se me está volviendo irrespirable, tanto en sentido literal como figurado. Hay muchos lugares en los que me gusta pasar unos días, pero vivir, vivir, es otra cosa. Por razones de idioma, solo me encontraría a gusto en dos países: Portugal o Italia. Como soy muy hiperactivo, ya he estado mirando posibles alquileres. De Italia, me inclino por Nápoles, donde siempre me he encontrado como en casa, a pesar de su fama de caótica y violenta. He mirado los alquileres en el Vomero, cerca de la estación del funicular, en una de esas calles que llevan nombre de algún compositor. Es un barrio más apacible que el resto de la ciudad y con buenas vistas sobre el golfo. En Portugal, he encontrado algo que me podría convenir entre Oporto y Matosinhos.
Me costará dejar este país, la tertulia, los amigos. Pero no me gusta nada lo que veo y mucho menos lo que se avecina, la serpiente que se está incubando con el pretexto de la pandemia. Esta mañana, charlaba yo en la terraza de los Tres Tejos, en la esquina en que mi calle Murillo se convierte en parque, con una compañera de la Facultad. Será la encargada de dar dos de las asignaturas que yo dejo y le comentaba cómo las explicaba yo. Al final, comentamos un poco lo confuso que se presenta el próximo curso. Yo le comenté un artículo de un profesor de Derecho Constitucional, aparecido hoy en El País, en el que afirmaba lo mismo que yo la semana pasada, que “es una aberración –cito textualmente-- limitar derechos fundamentales mediante disposiciones reglamentarias autonómicas”.
Un anciano que tomaba cerveza en una mesa vecina nos interrumpió a gritos y comenzó a insultarme: “Váyase con Trump si no le gusta a esto. Franquista de mierda. ¿No es cierto que la gente se muere? ¡Yo voy a denunciar a quien salga a la calle sin mascarilla para que le den su merecido y, si no, ya me encargaré yo!”.
No quise responder nada, no era más que un pobre energúmeno envenenado por la televisión. Nos levantamos, pagamos y nos fuimos. Luis, el dueño del bar, recriminó al cliente desaforado y nos pidió disculpas.
Lo malo no son las delaciones, la poco fundamentada Resolución de la Consejería de Sanidad no puede imponer multas por no llevar mascarillas donde no son necesarias las mascarillas, aunque las declare obligatorias, sino que se puede pasar a linchamientos.
Yo no estoy dispuesto a vivir en un país en el que, como en tiempos de Franco, haya de cuidarse mucho de lo que se dice en público, o hablar susurrando, para evitar que alguien te agreda por discrepar.
Pero irse fuera es duro. La verdad es que me gusta España, en eso soy más nacionalista que nadie, pero lo cierto es que cada vez me gusta menos su gente, a la que un miedo irracional, azuzado por claros intereses políticos, les lleva ya a atentar contra su salud y la de sus hijos –renunciando a respirar el aire libre, incluso en los parques solitarios-- y pronto puede llevarles a agredir a los discrepantes. Yo no estoy dispuesto a hacer de Quijote para acabar apaleado por los mismos que intento defender.




26 comentarios:

  1. Afirmaba Pessoa que “Sá-Carneiro no conoció en esta vida ni alegría ni felicidad”. Algo parecido puede que le ocurra a un grisáceo individuo sevillano que, siempre a pie, se dirige a explicar gramática a las casas de sus escasos pupilos. Cuando recorre Don Remondo los fantasmas que le asedian son asesinos y tienen nombre, al torcer hacia Mateos Gago echa de menos una librería de viejo cuyos libros están hoy cerca de enterramientos aún más rancios y, cuando al llegar a la glorieta del Cid evoca los fastos del 29, piensa en lo turbios que fueron los del 92. ¿Acaso el huevo estaba ya en formación, incluso desde mucho antes? ¿Eclosoniará?

    ¿Irse? Quizá, pero ¿para qué? De momento el susodicho individuo –buen amigo- quisiera creer que desde la torre de los Clérigos el panorama que se divisa sin mascarilla sea más acogedor, ojalá menos virulento. Desconoce el olor de las callejuelas napolitanas y sabe de la sopa fuerte por las guías de viaje y algún libro.

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  2. No te hace falta cambiar de país. Si algo tiene de bueno los reinos de taifas de las CC.AA., es que a una hora en coche ya encuentras otros aires.
    Como el Cid andamos, sangre, sudor y lágrimas.

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    1. Jajajajaja..., este buen hombre confunde a sir Winston Churchill con el Cid Campeador.

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  3. Hace falta. Los reinos de taifas compiten en el disparate y la palma, me parece, se la lleva Cataluña.

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    1. Recuerdo con qué frivolidad se decidió aquel "café para todos" sugerido por el ínclito Clavero Arévalo. La realidad actual es ridícula y según parece nadie tiene demasiado interés en revertirla. Y lo que nos espera...

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    2. Creo que hablamos de cosas distintas, Alfredo.

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  4. CASI UNA POÉTICA
    .
    ______________________________¡Maldita sea! ¡Solo 'uno'!
    .

    Nunca pude escribirle 'uno' a mi padre.

    «Inspirarse, crear no es montar maquetas»,
    le decía yo entonces. Nos acordamos siempre,
    en Nochebuena, de lecciones magistrales
    de carpintero de ribera en miniatura
    —¿las burlas son las formas amargas del elogio?—,
    riéndome con mis tres hermanos de
    su buen hacer y deshacerlo todo.
    «Mal hijo y buen marino mueren lejos»,
    «A clavo ardiendo, se agarra el que se hunde»,
    «A golpes de la mar, pecho sereno»,
    «Cuando la vela azota al palo, malo»,
    «A barco nuevo, capitán viejo»,
    «A mucho viento, poca vela», y por ahí,
    como un melodramático, ingenuo actor: «¡Grumetes!
    La regla principal: armarse de paciencia.
    Cualquier detalle en contra puede hundir
    la mejor travesía, ¡piratas de agua dulce!,
    el trabajo de días, y de noches incluso.
    Mucha atención, al rastrear las piezas
    y examinarlas bien conforme al plano:
    las de pocos milímetros —sabedlo— son el oro
    del legendario cofre de Davy Jones».

    ... Y así me veo yo ante el verso ahora,
    por medio de escotillas y escaleras,
    palabras como "jarcia", "obenque" o "burda",
    velas que son imágenes del viento,
    ___________________________________qué sé yo:
    ¿quién limpia la cubierta del poema?,
    ¿quién leva el ancla como un nombre propio?

    A veces recordamos en familia
    el galeón San Luis en mitad de la noche,
    entre la niebla del s. XVII
    y el humo del Marlboro de papá en una mano,
    y en la otra —pulpo gigante o Leviatán—
    todos los gritos de la tripulación...

    Nunca pude escribirle 'uno' a mi padre.
    «Maldito seas, Barbanegra: ¡'uno'!».
    Y bien podría ser el título “Naufragio”.

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  5. Joder, que ralea de faltosin surgen aquí, bajo pseudónimo. No te quejes que no tienes lectores... El último Sugar Robinson. "Buen hombre" me llama.
    Habla de Sir Winston Churchill. Escuchemoslo. A ver si responde el gilipollas.

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  6. Polvo, sudor y hierro. Tienes razón sugar baby, ahora hablamos de Churchill

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  7. Azúcar Moreno López26 de julio de 2020, 21:38

    Saludo cordial, Víctor. Se entiende el desliz.
    :)))

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  8. No pasa nada, Azucar, a veces escribo con una cerveza de más. Chesterton estaría contento con el "lapsus lingue".
    Sudar, dudaban los dos. Un saludo

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  9. Perdona amigo Martín; ya sé que lo permites pero si hay mejora. Aquel contador de versos que me salió la semana pasada, va a decir que están mal contados.
    Te los robo como quien roba una moto y luego la trasforma para que no la reconozca el dueño; para eso todavía le faltan transformaciones. No sé si Víctor se atreverá, con una cerveza de más.

    Qué camino seguiré,
    qué camino de los dos
    si al final de ninguno
    estaré yo.

    Cuando estaba más solo
    la muerte vino a verme,
    se sentó junto a mí
    y me besó la frente.

    Me quiere quien yo no quiero
    y me quiere quien yo quiero
    solo cuando estoy dormido,
    pero pronto me despierto.

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    1. Te falta aún un poquito para el Nobel de poesía. Si lo habría, que tampoco lo hay.

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  10. Me gusta que hagas lo que quieras con mis versos, Jesús. Para eso están. Para que algún lector se los apropie. Ese es mi mejor premio. El Nobel para los Camilos Josés Celas.

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    1. Lo de Uriante es obvio que es un chiste, y en su momento tenía su gracia. Me los apropié porque me tocaron de cerca. Son versos volanderos, de esos que a veces alguno tiene la fortuna de caer en tierra fértil. Cosa que me temo no conoce Aranguio. El Nobel, de todos modos, aparte de Cela (es curioso pero aparece este Cela en una novela inédita donde tú inspiras un personaje, mosqueado Camilo José Cela porque Gómez Fouz va a colaborar en la misma revista que él; cosas de novela), buen escritor, a veces magnífico, el dicho Nobel acoge escritores que no sólo son leídos, sino que sus obras viven con uno.

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    2. Sí, Jesús, hay escritores que son grandes a pesar del Nobel.

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  11. Yo no, Jesús, ni con una de más ni con una de menos. Ya se me cruzan Churchill y el Cid, así que imagínate...
    Desde el confinamiento, algunos (no soy el unico), nos ha dado por tomarnos las cervezas o el vino en casa. Habito, por cierto, poco recomendable, además engorda.
    Aún ahora, salir a tomar algo, pues estoy de vacaciones y no se puede viajar, es incómodo. Bares y cafeterías tristes y semivacias, siempre con la dichosa mascarilla a mano, y lavandote las manos como un neurótico. ¡Que verano!
    Saludos

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  12. Irse del país, para qué, se pregunta Ángel Vizcaíno. Pues hombre, Ángel, quizás para ser feliz, o para ser menos desgraciado y que el "grisáceo individuo sevillano" pueda conocer en vida alegría y felicidad. Yo pasé unos añitos en Manchester, con un sueldo flojo, ordinario, pero me tranquilizaba mucho la idea de no pertenecer ya al país donde el único destino que se permite al adversario político es la destrucción moral, si es que la destrucción física está vedada. Las injusticias y las infamias continuaban, claro, y me dolían, pero estar ausente y distante me servía de bálsamo, y también la idea de que yo ya no pertenecía al corral de gallos.
    España es un país desgraciado y amargado, la natalidad está por los suelos y todo el mundo es consciente de que se aproxima otro conflicto de los gordos. Los grupos de poder de la dictadura nunca pidieron perdón y continúan imponiendo muchas normas de la dictadura mediante el control de las instituciones. El huevo de la serpiente es traslúcido y se adivina lo que lleva dentro; en España también se puede adivinar el futuro negro y funesto que la espera. A mí me gusta mucho el terruño español, como al blogger, los montes y los prados, pero espero que el Estado se disuelva y esfume cuanto antes por "convivencia imposible", antes de que los habitantes queden destruidos.

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    1. En la lógica andarina y pedagógica del insulso individuo sevillano todo se reduce a “Sin moverme, yo me quedo y me voy: soy una pausa”. Así, da igual Reguengos, Boiro o cualquiera de los lugares donde los “hijos del monzón” nos muestran la verdadera faz de lo que hay por ahí. Además, existen Lampedusa y Lesbos y mirar hacia otro lado produce sonrojo.

      Que España es “algo” inconcluso, imperfecto, infame o problemático, ya don Francisco lo anunciaba cuando miraba los muros de la patria y supongo que si se aspira a la disolución del “estado realmente existente” será porque los bárbaros están aquí. Pues, como es fácil de comprender, poco cabe esperar de los santos de finales de junio.

      ¿Irse? ¿Quedarse? Como en tantas otras cosas, depende de la “pela”: de tenerla o de aspirar a conseguirla. Para la alegría y la felicidad siempre nos quedará Argos en el instante en que reconoce a Ulises.

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  13. Yo he pensado en irme (retirarme) en Utah, Colorado, Arizona... No es caro, buena gente y gran naturaleza. Pero el clima es duro.
    Ahora pienso en Canarias, La Palma, la isla Bonita. Me compro una bicicleta y aprendo a navegar, dentro de mis posibilidades.

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  14. El reingreso coactivo en prisión de los presos políticos catalanes es solo cumplimiento de la ley. ¿Alguien ha podido pensar otra cosa, por ejemplo, que se trata de venganza? ¿Alguien puede pensar que se trata de la "singularidad española" de la que sueñan algunos con huir? Venga ya, eso es pura Leyenda Negra, que como se ve, no cesa, ni se limita a la gloriosa y desinteresada colonización de América.
    Cierto que el jurista Javier Pérez Royo acaba de escribir que, con su decisión, el TS ha abolido de facto el artículo 100.2 de la leyes penitenciarias, y lo abole SOLAMENTE para los presos catalanes. Pero no hay que preocuparse. Seguramente Pérez Royo es otro recalcitrante de la Leyenda-Negra-que-no-cesa.
    Todo limpio y transparente. Nada que ver con resabios del autoritarismo franquista.

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  15. Bueno Ignacio, Perez Royo es (o fue) militante de Podemos, y redactor, que yo sepa, del Estatuto de Autonomia de Andalucia y Cataluña. Por tanto, nunca mejor dicho, juez y parte.
    Sobre la colonización de América, gloriosa fue, pero desinteresada me parece a mi que no tanto. Por negar la "leyenda negra", no caigamos en la "leyenda rosa".
    Un saludo

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    1. Perdona, pero Pérez Royo ni es juez, ni es "parte" de nada. Es un brillante catedrático de Derecho, formado en Alemania y en los EEUU. En cuanto a Podemos, él no es miembro de este partido, solo fue candidato por breve tiempo. Y además Podemos es un partido legítimo y legal y registrado como lo son el PP o el PSOE. ¿Preparáis ya algunos para Podemos las famosas estrellas amarillas para coser en la chaqueta, propias del III Reich? (= JUDEN). ¿A qué extremos estamos llegando? ¿Todos iguales ante la ley, cuando se excluye el artículo 100.2 si eres catalán? Qué vergüenza nos hacen pasar y tb qué vergüenza van a pasar cuando les certifiquen públicamente su nulidad jurídica y sus abusos.

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    2. Cuando de habla de un artículo de una ley española citando sólo el número, sin precisar nada más, se suele entender que estamos hablando de un artículo de la Constitución. El que en la nuestra lleva el número 100 no tiene varios apartados (no existe un "artículo 100.2"), sino que todo su texto es una sola frase. No entiendo, pues, a qué se refiere.

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  16. No sé si te has enterado bien, Víctor, de lo que dice Ignacio Bermúdez.

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  17. José, estábamos hablando de la ley penitenciaria, se sobreentiende.
    Un saludo

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