Sábado,
4 de abril
PROBLEMAS CON SOLUCIÓN
De pronto, la lectura de un libro me devuelve las
ingenuas alegrías de los tiempos del bachillerato, que entonces comenzaba a los
diez años, cuando tanto disfrutaba
resolviendo antes que nadie los problemas de la clase de matemáticas.
El
libro se titula Las cuentas de los dioses y lleva un sugerente subtítulo
“Problemas de aritmética y álgebra sobre temas de mitología”. Se publicó en
México en 1944. Su autor, Eugenio Álvarez Díaz, tiene detrás una impactante
historia, como de cuento tradicional. Nació en Puertas de Cabrales y cuando era
niño sus padres solían mandarle en un borriquillo a recoger el correo a Arenas
de Cabrales. Una vez el burro se espantó y arrojó al niño a una zanja. Allí
quedó malherido durante toda la noche. Cuando sus padres lo encontraron, a la
mañana siguiente, ya era tarde para curar el daño en una pierna y tuvo que usar
muletas durante toda la vida. Otro se habría desanimado por ello, él encontró
ánimos para concentrarse en el estudio y acabó siete carreras, como se decía
entonces, todas con brillantes calificaciones. Fue discípulo del matemático Rey
Pastor, amigo de Lorca, tuvo que exiliarse a México en 1939, donde fundó un
centro de enseñanza inspirado en la Institución Libre de Enseñanza, además de
participar en diversos negocios, el último de los cuales acabó mal: fletó un
buque mercante, el más grande de México, de 332 metros de eslora, para el
transporte de petróleo, pero acabó encallando en las islas Bermudas.
En
el prólogo a Las cuentas de los dioses, afirma que “siempre tuvo
singular afición a las Matemáticas en la rama de Ciencias y a la lectura de los
clásicos griegos y romanos en la de Letras”. Sus compañeros de profesión
criticaron la segunda de sus devociones y le colocaron ante la prueba “de armonizar
Mitología y Matemáticas”.
Yo
hallo al azar ese libro tan sugerente y me encuentro con el siguiente problema,
que me trae el recuerdo de los que me ponía mi añorado maestro de Valliniello
don José Ramón: “Hallar el número de Nereidas, Gorgonas y Musas de que nos
habla la Mitología, sabiendo que la suma del número de Nereidas y Gorgonas es
53, el de Gorgonas y Musas 12 y el de Musas y Nereidas, 59”.
No hay
problema, en realidad, puesto que ya sabemos el número de las musas, pero vamos
a suponer que no lo sabemos. Sumamos esos números y el resultado es 124. Como
aparecen dos veces cada uno de los personajes de la mitología, la suma de los
tres es la mitad, 62. Ya solo nos queda ir restando: primero 53 y sabemos el
número de musas; luego, 12 y sabemos el de Nereidas; luego 59 y sabemos el de
Gorgonas.
Pero
los problemas se van complicando y pronto tengo que reconocer que mis
conocimientos matemáticos no pasan de lo más elemental. Este es el problema más
difícil que fui capaz de resolver y lo dejo aquí por si el curioso lector quiere
intentarlo: “Tres pastores griegos se encuentran reunidos. Uno de ellos tiene
seis tortas, otro cinco y otro cuatro. Llega un cazador y entre los cuatro
comen las tortas existentes por partes iguales. El cazador les paga quince
óbolos por la parte comida por él. ¿Cómo deben repartirse esa suma entre los
tres pastores?”
Sonrío pensando en aquellos tiempos felices en que yo me creía más listo que nadie. La verdad es que a veces doy la impresión de que todavía me lo sigo creyendo, cosa que no es precisamente una señal de mucha inteligencia.
Miércoles,
8 de abril
ALGO BUENO
De tarde en tarde, mis reseñas de libros, que llevo
publicando semanalmente desde 1988, tienen un éxito inesperado. No puedo saber
los lectores en la versión impresa, pero sí en mi blog, donde no suelen pasar
de quinientos en la primera semana. Algunas, sin embargo, se disparan a tres
mil o cinco mil o incluso pueden llegar a veinte mil como en el caso de una que
dediqué al desdichado libro biográfico de españoles eminentes que firman dos
ilustres historiadores y encargó y prologó Javier Gomá, el filósofo de la
ejemplaridad.
La semana
pasada le di un buen repaso al último libro de Javier Salvago y tuve bastantes
más lectores de los habituales. Hoy me entero por qué. Al parecer puso mi
reseña en su Facebook y, como a un panal de rica miel, acudieron a consolarle
todos sus seguidores, que son bastante más que los míos, y buena parte de mis
detractores, que son bastante más que los suyos. Me entero de ello en la
tertulia de hoy.
---¿Y
no tienes curiosidad por saber lo que dicen de ti?
---Ninguna.
Pero me divierte que tanta gente piense mal de mí sin conocerme. Algo bueno
habré hecho.
---¿Algo
bueno?
---Sí,
decir lo que nadie dice: que el rey está desnudo.
---¡Siempre
presumiendo! Antes te creías más listo que nadie y ahora más valiente que
nadie.
---¿Valiente
por decir que el último libro de un poeta que tuvo sus momentos es muy poquita
cosa o que este ilustre historiador plagia incluso los errores de la Wikipedia
o que el simpático Amorós, cuando habla de poesía, no siempre sabe de lo que
habla? Bah, eso es solo ser un buen profesional. Si de humanos es equivocarse,
yo seguramente soy muy humano. Lo que no hago nunca es engañar. Y rabie quien
quiera en su chiringuito digital. Yo no pienso asomarme a leerlo.
Jueves,
9 de abril
LIBRERÍA DE VIEJO
Paso, antes del primer café, por la librería de
viejo que tengo al lado de casa, no a comprar libros, sino a llevar unos
cuantos que han de dejar sitio a otros, pero no puedo evitar abrir al azar un
grueso tomo y encontrarme con un poema que se titula precisamente “Librería de
viejo”: “Los libros son más hondos en esta librería / donde se huele a
historia, silogismo y soneto; / y dicen lo que dicen con más melancolía / como
si nos contaran algún dulce secreto. / Aquí son más cercanos y amigos los
poetas. / Más nuestros, en los atlas, los ríos, las naciones. / Y puede uno
llevarse dos duros de planetas / y robar los eclipses y las constelaciones”.
Sin duda
este volumen me estaba esperando. Sigo leyendo: “Y los mapas… Los mapas con su
sueño imposible: / su rota Escandinavia; su Grecia temblorosa; / su Atlántico
celeste; su Himalaya accesible; / y los vientos dormidos en la rosa”.
El
autor tuvo su momento y ahora está en un purgatorio del que solo le rescata el
facherío: José María Pemán. Yo tengo cierta debilidad por él. Quizá porque me
gusta llevar la contraria o porque disfruto conversando con quien tiene
ingenio, talento y cultura y piensa de distinta manera que yo. Es como jugar al
ajedrez o resolver un problema matemático. Me gusta cazar sofismas, soy un
especialista en ello, no se me escapa uno, pero me gusta todavía más cuando
descubro que soy yo el que estaba equivocado. Rectifico con facilidad, sin
buscar excusas, y siempre doy las gracias a quien me señala una errata en la
escritura, en la información o en el pensamiento.
Viernes,
10 de abril
QUÉ VOY A DECIR
---¿Y no vas a hablar de las sanguinarias patochadas
de Trump? ¿No te das cuenta de que eso es lo que interesa y no tus libros
viejos y tus encontronazos con este o aquel poetastro por un quítame allá esos
ripios?
---¿Y
qué voy a decir que no haya sido dicho ya? Eso de “en una noche voy a destruir
una civilización entera” no se le había ocurrido antes ni a Atila, rey de los
hunos. Hasta Franco, cuando trataba de exterminar todo lo que oliera a libertad
y república, dijo que venía a defender “la civilización occidental cristiana”.
Pero todo tiene su lado bueno. El que Trump actúe como un matón, el que no
tenga ningún filtro, ha obligado por fin a los genuflexos monaguillos de la
Unión Europea a tomar distancia del “amigo americano”. Si no fuera por sus
desplantes e impertinencias, aún estarían haciendo cola en Washington para
besarle en salva sea la parte.
---Tú
prefieres que, como Orbán, se la besen a Putin.
---Que
no ha invadido ni masacrado ningún país, por cierto, diga lo que diga la prensa
“libre”, sino ayudado a una de las partes en la guerra civil que en 2014
comenzó entre las regiones de Ucrania contrarias a Rusia y las de habla y
cultura rusa.
---¡Va
a pasar a la historia como liberador de los pueblos!
---Sospecho
que en la historia de su país ocupará un lugar bastante más destacado que
Netanyahu o Trump en la del suyo. Lo salvó cuando estaba en almoneda tras la
desintegración de la Unión Soviética; los otros dos metieron a sus países en
aventuras que multiplicaron por mil las víctimas de la guerra en Ucrania y que
nadie sabe cómo acabarán.


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