domingo, 8 de marzo de 2009

Para entregar en mano: Mentir con la verdad

Sábado, 28 de febrero
SIN ANTES NI DESPUÉS

Los únicos encuentros que dejan huella son los que no dejan huella. Ayer, al volver a casa cansado de pontificar sobre todo lo humano y lo divino, una sonrisa y una invitación. “Bueno, pero solo una copa, que mañana tengo que madrugar”. “¿Mañana sábado?”. “Para mí todos los días son iguales, siempre me levanto a la misma hora”. “Eres demasiado rutinario; te conviene poner un poco de desorden en tu vida”.
Puse exactamente una hora y diez minutos, pero por supuesto me levanté hoy a la misma hora. De buen humor.
¿Me gustaría que nos volviéramos a ver? Por supuesto. Pero por eso mismo haré todo lo posible para que no nos volvamos a ver.
Historia sin antes ni después, historia sin historia, biología y magia. Nada que con contar.


Domingo, 1 de marzo
DOS MUJERES

Una tuvo siempre suerte; la otra solo tuvo la suerte de ser su esclava. La primera, en un examen que no había preparado, escribió: “Querido profesor James: Lo lamento mucho, pero lo cierto es que hoy tengo poquísimas ganas de hacer un examen de filosofía”. Luego abandonó el aula. Al día siguiente recibió una postal del profesor: “Querida señorita Stein: Comprendo perfectamente sus sentimientos. A mi me ocurre lo mismo a menudo”. Y le pone la máxima nota.
Sí, siempre fue afortunada Gertrude Stein. Llega a París y se hace amiga de pintores desconocidos. Pocos después, los cuadros que le han regalado o ha comprado por casi nada valen una fortuna. Un día, al ir a visitar a Picasso en el sur de Francia, ve a lo lejos una casa en medio de un valle. “Ahí me gustaría vivir”, dice de inmediato. Imposible, la casa está alquilada a un teniente que no tiene intención de dejarla. Nada hay imposible para ella: mueve sus contactos y el teniente es ascendido a capitán y destinado a Marruecos. Junto a su compañera Alice, toma posesión de la casa soñada: una mansión solariega del siglo XVII, situada cerca de la villa de Belley, en el alto Ródano. “Incluía varios edificios anexos, huertos, árboles frutales y un jardín en terraza con vistas al valle y a las montañas”, cuenta Janet Malcolm. Comenzaron pasando allí los meses de verano y acabaron pasando la mayor parte del año. Los malos tiempos de la ocupación no fueron malos tiempos para ellas. Se negaron a dejar Francia cuando llegaron los alemanes a pesar de que todo parecía estar en su contra: eran judías, lesbianas, coleccionistas de arte degenerado. Pero no les pasó nada. Uno de sus mejores amigos, Bernard Fay, era amigo del mariscal Petain. El propio mariscal firmó una orden para que les proporcionaran leña para el frío invierno y doble ración de alimentos.
Todo el mundo adoraba a Gertrude Stein y ella, desde niña, se sintió con derecho a la adoración de todo el mundo. Todo el mundo detestaba a Alice Toklas, su compañera durante cuarenta años, siempre detrás de ella, atenta al cumplimiento de sus menores deseos. En las reuniones en el piso de París, Gertrude charlaba con los grandes hombres, mientras que la solícita Alice atendía a sus aburridas esposas.
Janet Malcolm ha tenido la curiosidad de mirar tras las bambalinas de ese cuento de hadas: “Stein era la mascota lista y revoltosa de la que Toklas cuidaba ejemplarmente y de cuya dependencia dependía”. La servicial Alice, cuando no había nada presente, daba órdenes, exigía, humillaba. Algún visitante inesperado ha dejado constancia de ello. Si Gertrude Stein, caprichosa y enamoradiza, daba muestras de mostrar interés especial por alguien –hombre o mujer--, esa persona no volvía a pisar la casa.
La vida de Gertrude Stein fue un cuento de hadas, pero un cuento de hadas en el que la bruja y la princesa eran la misma persona: Alice B. Toklas.


Lunes, 2 de marzo
CARA Y CRUZ

Qué desesperantes las personas con las que uno no sabe a qué atenerse. Cuando hablan más en serio es cuando parecen hablar en broma. Cuando de verdad se ponen serias, entonces es seguro que nos están tomando el pelo.
Qué desesperantes, pero qué entretenidas. Con ellas es imposible aburrirse.


Martes, 3 de marzo
EL CABALLERO DEL LIDO


Leyendo Dos vidas, de Janet Malcolm, he recordado un encuentro de hace algún tiempo. Era un día desapacible. Yo no había tenido mejor ocurrencia que subir al vaporetto e ir a pasear por la playa. Comenzó de pronto a llover y me refugié en la terraza de un hotel. Seguía lloviendo, así que me puse a hojear el libro que llevaba conmigo (nunca salgo sin un libro): la Autobiografía de Alice B. Toklas. Cuando alcé los ojos, un anciano elegante se había sentado en una mesa cercana. “Yo conocí a la autora”, dijo. “¿A Gertrude Stein?”. “No, a Alice Toklas”. Sonreí con suficiencia. “Ya sé, ya sé que pasa por ser obra de Gertrude. Dicen que para poder elogiarse a sí misma puso su autobiografía en boca de su compañera. Cuando yo la conocí era una anciana encorvada y esquelética, con bigote, una especie de institutriz jubilada. También conocí a Leo Stein. Ese sí que era un genio. Tenía talento para todo y, sin embargo, no fue capaz de hacer nada. Gertrude, en cambio, tenía el talento de conseguir lo que le apeteciera. No había persona menos dotada para la escritura, decía su hermano. Todos sus libros son ilegibles. ¿Ha leído usted Ser norteamericanos? Nadie lo ha hecho. Juan Gil-Albert, a quien también conocí, decía con mucha gracia: Una losa es una losa es una losa, parodiando su frase más famosa. La Autobiografía y los otros libros que vale la pena leer los escribió Alice, que era quien tenía verdadero talento literario. Y fue a ella a quien se le ocurrió mentir con la verdad. Curiosa la relación entre esas dos mujeres. Solo una de las dos estaba enamorada. Solo una de las dos tenía talento. Gertrude Stein no fue nunca más que la primera actriz en una obra de teatro que escribía día a día Alice B. Toklas. La obra que vale la pena leer y el personaje que fascinó a todos fue obra de ella. Antes de conocerla, Gertrude no era más que una niña gorda y desdichada. Ella es básicamente idiota y yo soy básicamente inteligente, repetía su hermano, que la odiaba. Muchas veces nos emborrachamos juntos”.


Miércoles, 4 de marzo
LAS BELLEZAS DE MONTEVIDEO

Estos oscuros días de lluvia tienen también su encanto. Dan ganas de quedarse en casa, encender el fuego de la chimenea, abrir un libro de muchas páginas, un novelón decimonónico y vivir la vida de la imaginación, no los triviales enredos de cada día. Yo acompaño a un caballero francés, Santiago Arago, en su viaje alrededor del mundo. Mientras cae la lluvia y el ambiente fuera es cada vez más desapacible, el buque atraca en Montevideo: “Pequeña es la ciudad, pero airosa y coqueta. Se guardan allí los usos de la madre patria con tal respeto que más bien parece ternura que costumbre. La siesta se duerme con regularísima puntualidad, y ninguna modificación ha sufrido el traje español, ni aun las que hace indispensables la diferencia de clima. Esa magia que tiene la española en su porte, ese descaro en la mirada, esa suave desenvoltura en el andar, y esa peligrosa perfidia en la sonrisa se encuentran aquí con tal refinamiento que necesariamente sucumben todos los extranjeros. ¡Juzgad lo que experimentarían unos pobres náufragos que hacía por lo menos siete meses que no habían visto rostro humano!”.
Y yo paso la página, ajeno a todo, dispuesto a dejarme seducir por las bellezas de aquel remoto Montevideo.


Jueves, 5 de marzo
INVITACIÓN AL VIAJE

¿Qué tenéis que temer en vuestras casas, en vuestras blandas camas, en vuestros enarenados paseos?, pregunta Santiago Arago. Un ruido incómodo de carruajes llevando al orgullo y la pereza, la incomodidad de una joven celosa, las salpicaduras de un caballo que pasa al galope…
Pero en el mar, amigos míos, las contrariedades se acumulan activas y amenazadoras. Aquí una borrasca que os hace perder el equilibrio y rodar como una pelota; en esta otra parte cesan los vientos y quedáis sumidos en una insufrible tranquilidad; ya choca el buque contra una roca y perturba el golpe vuestro necesario sueño; ya os levantáis despavoridos al oír el espantoso ruido de la tempestad; ora os veis expuestos a ser arrastrados por un violento remolino, ora finalmente no veis en torno vuestro más que un tenebroso caos…
Probad la vida del marino, aunque no sea más que por algunos meses, y comprobaréis que en el mar la transición de la alegría a la tristeza, del entusiasmo a la desesperación es rápida y violenta.
Cierro el libro. Ganas me dan de preparar el macuto y, como un personaje de Melville, irme al puerto a la espera del primer barco que necesite gente.



Viernes, 6 de marzo
EL SECRETO

Me gusta mentir con la verdad. Parecer que lo cuento todo y contarlo todo, salvo tres o cuatro pequeños detalles, que son los que dan verdadero sentido a todo.
El secreto está en desnudarse con gracia y nunca desnudarse del todo.

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