domingo, 20 de mayo de 2018

Acción de gracias: La historia del Nautilus



Viernes, 11 de mayo
TARDE, PERO APRENDO

En las polémicas soy como esos tiburones que se excitan con la sangre, que no perdonan el menor fallo argumental. Con la maquinaria pesada de mi lógica trato siempre de destrozar sin piedad al adversario. Busco dejarle maltrecho, acorralado, sin respiración. Soy un matón de barrio de la dialéctica.
            ¿Soy o era? Al salir esta tarde de la tertulia, después de haber hecho una de las mías, ocurrió algo que no había ocurrido nunca: pensé que me había pasado un poco, y de inmediato puse un mensaje a mi contrincante, que había había algo antes, pidiéndole disculpas.
            Y me sentí bastante mejor. Antes solo me disculpaba –ocurrió pocas veces, dos o tres en treinta años– cuando descubría que era yo el que estaba equivocado. A partir de ahora, lo haré siempre que no respete la cortesía, tenga o no razón.
            Acabo de descubrir, ya casi setentón, que las personas son más importantes que las razones. Más vale tarde que nunca.
            (Mi problema ahora será ver cómo me las arreglo para, cuando alguien diga una tontería, hacerle comprender que ha dicho una tontería sin herir sus sentimientos.)


Sábado, 12 de mayo
EL SÍNDROME JUAN RAMÓN

Escucho una vez más a Xuan Bello referir, con motivo de la nueva edición en asturiano de Historia universal de Paniceiros, la historia de ese libro, de tan inesperada y singular fortuna.
            Sonrío mientras le escucho, entre el barullo de la Feria del Libro. Él cuenta la leyenda, pero yo podría contar la verdadera historia: la idea primera de su publicación  –una antología de su obra narrativa dispersa en libros y colaboraciones en prensa– fue mía, y también creo recordar que el título, tomado de Unamuno (su historia universal no era, por supuesto, de Paniceiros, sino de una pequeña localidad castellana). Tuve la tentación de precisar estas cosas en el coloquio final, pero me contuve a tiempo.
            Las conté luego, entre cafés y cervezas, en charla con amigos. “A ti lo que te pasa –me dijo uno de ellos–, es que tienes el síndrome de Ruiz Contreras”.
            ––No sabía que fueras psiquiatra. ¿Qué síndrome es ese?
            ––Lo conoces de sobra, y de hecho fuiste tú quien me lo comentó alguna vez (claro que a propósito de otro). Luis Ruiz Contreras, a finales del siglo XIX, agrupó en torno suyo a un grupo de escritores jóvenes, a los que ayudó a darse a conocer. Fue el director de la Revista Nueva, en la que publicaron sus primeros trabajos importantes la mayoría de ellos. Pasó el tiempo y ese grupito de jóvenes airados fue adquiriendo cada vez más fama, mientras Ruiz Contreras seguía con sus traducciones de Anatole France, que le permitían vivir, y con publicaciones dispersas que no le producían ni prestigio ni dinero. Aquellos jóvenes se llamaban José Martínez Ruiz, el futuro Azorín, Pío Baroja, Ramón del Valle-Inclán… Ruiz Contreras se fue convirtiendo en un viejo cada vez más amargado mientras iba creciendo la gloria de aquellos pupilos que él, eso pensaba, había enseñado a escribir y que no solo no le habían dado las gracias, sino que ni siquiera recordaban su nombre. En la posguerra vertió todo su resentimiento en unas Memorias inmemoriales que se fueron publicando por entregas en El Español, de Juan Aparicio, más o menos lo que tú haces en tus malintencionados diarios, como afirmó Jordi Gracia, y ratificó Mainer, en la Historia de la Literatura que publicó Crítica.
            ––Bueno, vale, aceptemos que yo soy Ruiz Contreras, pero ¿quiénes son Baroja, Azorín, Valle-Inclán y demás glorias del 98?
            ––¡Quiénes van a ser1 Todos los jóvenes que han pasado por tu tertulia y ahora son mucho más importantes que tú. Xuan Bello, sin ir más lejos, el astro-rey de la lliteratura asturiana; Martín López-Vega, que anda por el mundo de Cervantes en Cervantes y se le rifan todas las editoriales; Lorenzo Olivan, que tras ganar todos los premios importantes, ha conseguido lo más difícil: publicar sus libros en la mejor colección sin necesidad de ganar ningún premio; José Luis Piquero, reciente embajador de la poesía española en Roma; Fruela Fernández con su genial La familia socialista… ¿Sigo? Por no mencionar a Javier Almuzara, el más clásico o neoclásico de todos, el Metastasio de la tertulia, a punto de estrenar su primera ópera.
            ––Puestos a hacer comparaciones, más que como un nuevo 98 (eso ya vendrá después de la independencia de Cataluña),  yo los veo como otra generación del 27, y a mí, más que como otro Ruiz Contreras, como el resentido, malintencionado y genial Juan Ramón Jiménez.
            ––-¡Siempre tan modesto!, me digo a mí mismo para dar por concluida esta conversación –otra más– conmigo mismo.



Domingo, 13 de mayo
LITERATURA FÁCIL

“El cronista –escribe Ricardo Fuente en un artículo de hace cien años– ha de hablar de lo que todo el mundo habla y decir lo que nadie ha dicho; ha de poner alas a su pensamiento y revolotear por todas las flores del jardín humano. Como los que aprovechan los desechos de los joyeros para extraer minúsculas partículas de plata y oro, el cronista ha de sacar de las diarias miserias de la vida sus frases felices y la sal de sus paradojas. El cronista ha de ser filósofo sin parecerlo, ligero a la vez que profundo, irónico sin malignidad e incisivo sin pasar de la piel; ha de saber muchas cosas y ocultar su erudición, para no ofender al lector… ¿Y hay quien llama a la crónica literatura fácil?”

Lunes, 14 de mayo
TELEGRAMA

Enviado por CP a MR (con copia para PS y AR): “Los muertos que vos matáis / gozan de buena salud”.


Martes, 15 de mayo
VÍCTIMAS AYER, VERDUGOS HOY

Asisto a una concentración, en la Plaza de España, en apoyo de los palestinos, que conmemoran el día de la catástrofe, cuando fueron expulsados de sus tierras. Mientras en Gaza, la mayor cárcel del mundo, se amontonan los muertos por docenas, los heridos por cientos o miles, el mundo civilizado lanza sus condenas con la boca pequeña, como es habitual.
            Qué minúsculos, casi de opereta, parecen los problemas de Cataluña, que nos traen a todos con tanto mal traer, ante esta tragedia.
            Y qué sensación de impotencia. Escucho el “Cant dels ocells”, de Pau Casals, que cierra el acto, con lágrimas en los ojos.
            Unos seguirán matando, otros seguirán muriendo, la gente de bien seguirá condenando (pero no demasiado, no se vaya a molestar el Goliat que apoya al criminal David) y el canto de los pájaros haciéndonos soñar con que otro mundo es posible.


Miércoles, 16 de mayo
PROFECÍAS

¿Cómo se imaginaban el periodismo del futuro los periodistas de comienzos del siglo XX? Dos hipótesis encuentro en El libro de la prensa, prólogo de Miguel Moya, publicado en 1911.
            No acierta mucho Vicente Vera, de El Imparcial. En 2001, El Relámpago, periódico universal que publica diez ediciones diarias, solo tiene en su redacción a dos personas: el director y un mecanógrafo. Los periodistas andan dispersos por la ciudad y tan pronto como tienen algo importante que comunicar acuden al teléfono y refieren al director en pocas palabras lo ocurrido; este se lo dicta al mecanógrafo. La máquina de escribir está en contacto con la linotipia por medio de cables eléctricos. Luego se preparan unas planchas fotográficas que se colocan sobre una pila de hojas de papel y por medio de los rayos X, operando con tubos gigantescos, todas las hojas resultan impresas simultáneamente, obteniéndose tiradas de cien mil ejemplares en menos de un minuto. Máquinas automáticas recogen paquetes de cien ejemplares y por medio de tubos neumáticos los reparten por todos los kioscos de Madrid.
            Más atinado se muestra Martín Fernández en una crónica de La Prensa, de Buenos Aires: “El corresponsal, vehículo de progreso, sucumbe  a los violentos embates del progreso mismo. El siglo XIX fue el siglo del telégrafo y el teléfono. El siglo XX será el siglo del Fotocinematotelefonógrafo”.
            ¿Y eso qué es? Pues la ultima maravilla. No parece invento de ningún Edison, sino del mismísimo Lucifer. El primer resultado es la muerte violenta de la prensa periódica tal como la entendemos. El abonado –y abonarse costará una miseria– con solo oprimir un resorte podrá ver y escuchar en el Fotocinematotelefonógrafo las noticias que desee. Quiere enterarse de lo que pasa en el Senado, en los toros, en el teatro, oprime el correspondiente botón. El abonado verá las víctimas descuartizadas, al mismo tiempo que oirá el grito del moribundo. Y escuchará las declaraciones del ministro y verá el descarrilamiento de hace media hora, con un centenar de muertos, y las horribles escenas del hundimiento de una ciudad entera… ¡Todo, todo sin la intervención de los aborrecibles periodistas, falseadores de la verdad!
            A Martín Fernández solo le ha faltado acortar el nombre interminable de su invento para anticipar Internet.


Jueves, 17 de mayo
EN EL AVIÓN

En el avión, camino de Sofía, leo a Marina Tsevietáieva: “Todo el secreto consiste en relatar los acontecimientos actuales como si hubieran ocurrido hace un siglo, y lo ocurrido hace años como si estuviera sucediendo ahora”.
            No sé por qué se me ocurre pensar en el viaje del buque escuela Nautilus a La Habana en 1908. Solo había pasado diez años del final de una guerra sin piedad que había durado más de medio siglo. El Nautilus fue el primer buque escuela de la Armada española. Se construyó en 1866, en Glasgow, y Fernando Villaamil lo compró veinte años después por sesenta mil pesetas. En 1892 dio la vuelta al mundo. Pero yo lo que recuerdo ahora es su entrada triunfal en La Habana en 1908. Fue recibido con entusiasmo, con toda la gente en la calle, con la ciudad entera engalanada con las banderas españolas. Las heridas de la guerra habían cicatrizado con rapidez. España dejaba de ser el verdugo colonial para convertirse en la madre patria.
            Y yo sueño con un recibimiento semejante, menos de diez años después, del Juan Sebastián Elcano en el puerto de Barcelona.



sábado, 12 de mayo de 2018

Acción de gracias: Doble o nada





Viernes, 4 de mayo
UNA SONRISA TRISTE

“Debes dejar en tu vida un lugar para lo salvaje”, le escribió lady Ottoline Morrell a Bertrand Russell.
            En mi vida quizá no, pero en mi biblioteca, junto a zonas perfectamente cultivadas y en las que no se tarda más de unos segundos en encontrar lo que se busca, hay otras que parecen haber ido creciendo solas y a su aire. En ellas, como decía Picasso, no busco, encuentro. Y muchas veces libros o revistas que no recuerdo cómo pueden haber llegado hasta allí.
            Esta mañana lo que encontré fue un ejemplar de Por esos mundos, “publicación mensual enciclopédica”, de 1907, con el busto de Ramón y Cajal en la cubierta.
            Me llamó la atención de inmediato uno de los artículos, “Los fantasmas y las apariciones”. Comienza de muy literaria manera: “Las verdinegras aguas del Sena se rizaban a impulsos de la fresca brisa invernal, mientras los cúmulos blancos de variados y extraordinarios cambiantes seguían en procesión fantástica los mandatos del viento sobre los grises tejados de la isla de Saint-Louis”.
            En la isla de Saint-Louis, ese rincón provinciano tan cerca de Notre Dame, vivió Baudelaire. Y pasé yo una larga noche, que quizá no ha terminado todavía. Pero esa es una historia que prefiero no contar.
            El autor del artículo, Federico Lees, visita al doctor Charles Richet, que más tarde sería premio Nobel, para que le aclare sus dudas sobre la verdad de las sesiones espiritistas y los supuestos fantasmas que aparecen en ellas. En el estudio-biblioteca de Richet, donde es recibido, “dos balcones dan a un tranquilo y sombrío jardín; sobre la chimenea del gabinete, se ven hermosos retratos al óleo; una estatua de Rabelais, con birrete y toga de doctor, corona un armario que encierra documentos de importancia; hay un busto de Voltaire en un ángulo cerca de la escalera y en otro ángulo una figura en bronce representa a un obrero rompiendo a golpe unas cuantas espadas, símbolo de los pacíficos tiempos venideros”.
            Charles Richet le cuenta al entrevistador algunos de los experimentos que le han llevado a propugnar una nueva ciencia, la Metapsíquica: “A finales de 1905, en casa del general Noël, tomamos asiento alrededor de una mesa circular el anfitrión, su esposa, un señor llamado Delanne, la médium, Mademoiselle Marta B, y dos hermanas suyas. Nos alumbraba una lámpara roja, colocada en un pedestal de madera, que se elevaba sobre el piso cerca de un metro, y así podíamos vernos perfectamente unos a otros. Antes de que comenzara la sesión, el señor Delanne y yo examinamos cuidadosamente la sala, no encontrando nada sospechoso. Puedo certificar que allí no había nadie oculto. Sin embargo, en cuanto la médium entró en trance observamos una forma con turbante y túnica blanca que se colocó detrás del general. Apareció y desapareció dos veces. Luego se convirtió en una bola luminosa que flotaba sobre el suelo; después se elevó rápidamente y desapareció por una de las ventanas sin romper el cristal. Esto ocurrió el 29 de agosto, en Villa Carmen, sl norte de Argelia”.
            Da cuenta también de otros muchos fenómenos inexplicables de los que fue testigo: una mesa que se movía sola, una mano que revolotea sobre las cabezas, un fantasma que solo se hacía visible en las fotografías… Cosas así. Yo sonrío ante la ingenuidad de los sabios de aquella época. Y sin embargo…
            En 1977, pasé una breve temporada en París. Una noche, no voy a contar las circunstancias que me llevaron a ello, acabé durmiendo, no en la habitación del hotel, sino en un minúsculo apartamento de la isla de Saint-Louis que nada tenía que ver con el lujoso piso, con balcones a un misterioso jardín, del profesor Richet. 
            Me desperté de pronto, en el mejor de los sueños. Mi acompañante dormía plácidamente. Había alguien de pie frente a mí. Le reconocí de inmediato. “¿A qué has venido?”, dije. No respondió.
            Yo no creo en los fantasmas y me río de la ingenuidad de los sabios de la época que se tomaban en serio los ectoplasmas de los farsantes y las mesas supuestamente danzantes, todo eso que sabía desenmascarar tan bien el escapista Houdini. No creo en los fantasmas, pero eso a ellos parece importarles poco.
            “¿A qué has venido?”, pregunté. Por toda respuesta, una sonrisa triste que muchas noches vuelvo a ver en cuanto abro los ojos.


Sábado, 5 de mayo
NO ENTIENDO NADA

Desaparece la organización armada que nos amargó la vida a los españoles durante décadas y ni el gobierno de España ni las asociaciones de víctimas son capaces de disimular el enfado, el incomprensible cabreo que ese hecho les produce.



Domingo, 6 de mayo
OTRA VERSIÓN DE LA ZORRA Y LAS UVAS

Presento la novela de un amigo, Juan Francisco Quevedo, en la feria del libro ovetense. Lo que más me gusta de las novelas es lo que en ellas no es novela. Termino la lectura de Querida princesa (un título poco afortunado) y busco bibliografía sobre las hijas de Larra: Adela, que fue amante de un rey, y Baldomera, que inventó la estafa piramidal que perfeccionaron los Lehman Brothers. También sobre ese buen hombre, Amadeo de Saboya, al que metieron en un embrollo que ni le iba ni le venía y del que salió dando un educado portazo.
            Me aburren las ferias del libro y no las visito más que por amical compromiso. Siempre hay largas colas para la firma ante escritores de los que uno no ha oído ni hablar y a los que no leería jamás, salvo por imperativo legal. A las ferias del libro prefiero la feria de ganado que se celebra cada año en Avilés por San Agustín.
            No soy un escritor comercial, está claro. Vivo para escribir, pero no vivo de lo que escribo. Tengo esa suerte.
            “Estuvo dos hora firmando”, dicen para celebrar el éxito de algunos. En mi caso, sería una pesadilla. Tres dedicatorias y ya empiezo a hacer un garabato ilegible. Más de media docena, no las resistiría.
            Soy un aristócrata de las letras, qué le vamos a hacer. Vender mucho me parece una vulgaridad.


Lunes, 7 de mayo
RECETA

Un café, dos o tres periódicos, cuatro o cinco libros recién llegados, algún amigo imprevisto, mi rincón en la mesa redonda de Los Porches: eso es cuanto necesito para la ración de felicidad de la que no puedo prescindir cada mañana.


Martes, 8 de mayo
MI RESPUESTA FAVORITA

Me llama por teléfono un amigo de mi edad (jubilado, por supuesto) para anunciarme el envío de sus últimos libros: dos de haikus, tres de aforismos y un poemario premiado en no sé que certamen.
            ––No los destroces en tus reseñas, como sueles hacer.
            ––No te preocupes que yo no me meto con quien no merece la pena.


Miércoles, 9 de mayo
TEMA DEL DOBLE

Me ha ocurrido demasiadas veces como para atribuirlo a la casualidad: al salir del cine, al volver a casa tras la compra en el Mercadona, mientras tomo un café en el Vetusta o algún sábado cuando espero el Alsa para ir a Avilés.
            Le miro, me mira, veo en sus ojos la misma extrañeza que él verá en los míos. Por un instante, llego a pensar que me encuentro ante un espejo. Pero está claro que no: la ropa no suele ser igual, solo parecida.
            Pensé que ese reiterado encuentro con quien parecía ser mi doble quizá encubriera algún trastorno mental y decidí contárselo a mi psicóloga. No le dio ninguna importancia. Me dijo que todo el mundo ha tenido en algún momento una impresión semejante.
            ––Pero si es realmente alguien que vive en Oviedo y que de verdad se me parece tanto, ¿por qué no me lo ha comentado ningún amigo?
            ––Ya se lo comentará, no se preocupe.
            No me lo comentó nadie, pero yo seguía encontrándomelo. Esta mañana se sentó frente a mí en la mesa redonda de las Salesas. Estaba yo leyendo un libro de Martínez de Pisón, Filek. El estafador que engañó a Franco, que había comenzado con mucho entusiasmo y que me iba desilusionando según avanzaban las páginas. Nada que ver con Enterrar a los muertos, su anterior obra de no ficción. La peripecia de ese estafador austriaco da para una semblanza de pocas páginas, no para más de trescientas, llenas de minuciosos datos sin ningún interés y en las que de vez en cuando se adivina la fatiga del autor, su sensación de estar perdiendo el tiempo y haciéndonoslo perder.
            Alcé la vista del libro y allí estaba él, con otro libro entre las manos, La extraña retaguardia, de Fernando Castillo, recién publicado por Fórcola y que a mí me esperaba en casa. "Espero que sea más interesante que está estirada nadería", le dije. "No te creas", respondió con una sonrisa. Era el momento de presentarme y de aclarar aquel asunto. "Parece que tenemos gustos parecidos", dije. "Muy parecidos", respondió.          
            En ese momento, apareció mi amiga María Jesús, la fotógrafa, y sin apenas saludar se puso a hablar de las gestiones que estaba haciendo para acompañarnos en el viaje a Bulgaria a presentar la poesía de Víctor Botas; ella, por fobia al avión, pensaba viajar en autobús, lo que no dejaba de ser una odisea.
            Solo volví la cabeza un momento para saludarla, pero cuando quise seguir la conversación con mi compañero de mesa ya no estaba. "¿Has visto dónde ha ido?", le pregunté. "¿Quién? Yo no he visto a nadie". Y comenzó a hablarme de su plan de viaje: en autobús hasta Rumanía y luego allí cambiar en no sé qué ciudad y seguir hasta la frontera. Me pareció todo tan disparatado que por unos instantes me olvidé de cualquier otra cosa que no fuera tratar de disuadirla.
            ––Pero ¿de verdad no viste a nadie?, le pregunté cuando volví al tema que me obsesionaba.
            ––¿Tenía que ver a alguien? No me fijé, pero me pareció que estabas solo.
            Me encogí de hombros y repetí los versos de Ángel González: "Yo mismo me encontré frente a mí mismo / en una encrucijada".


Jueves, 10 de mayo
UN BUEN ADMINISTRADOR

Has sido un buen administrador de tu dinero si a tu muerte no dejas más que lo necesario para pagar el funeral.



domingo, 6 de mayo de 2018

Acción de gracias: Historias de España





Sábado, 28 de abril
POR FIN

¿Puede una obra de teatro ser algo más que una obra de teatro, un acto de justicia? Asistí al estreno de El Rector, un poco por casualidad. Había leído la obra de Pedro de Silva, me pareció poco teatral; y el director, Etelvino Vázquez (con el que había tenido un cierto desencuentro cuando representó mi adaptación de Medea), no me ofrecía demasiada confianza.
            Bastaron pocos minutos para que dejara de lado todos mis prejuicios. Como en una tragedia griega, sabíamos el final, lo que le esperaba a aquel hombre bueno –Leopoldo Alas Argüelles, hijo de Clarín, rector de la Universidad de Oviedo– hiciera lo que hiciera. La prueba de cargo contra él, en la farsa de juicio a que le sometieron, fue una fotografía en la que aparecían, entre otros, “el poeta comunista” Rafael Alberti y María Teresa León.
            Le juzgaron, le fusilaron, le enterraron a dos pasos de este teatro, al que su padre quiso que se le diera el nombre de un poeta admirado, Campoamor. Antes que los militares le había condenado las gentes de bien de Vetusta, los que se sintieron zaheridos por Clarín, los que no tenían bastante con la brutal represión que había seguido a los desmanes de la revolución de octubre.
            En el teatro, asistiendo a la tragedia que se desarrolla en el escenario, están los descendientes del ajusticiado y también los de aquellos que le escupieron y gritaron “crucifícale, crucifícale” mientras iba camino del cadalso.
            Una parte de la Vetusta que aplaudió su fusilamiento, aplaude ahora conmovida este debate sobre el escenario entre la razón y la sinrazón. Y yo pienso: ¿de verdad están todos arrepentidos? ¿Ya no queda nadie en esta Vetusta nuestra, en España nuestra, capaz de fusilar a los que no piensan como ellos? Quiero creer que no, pero sé que sí.
            A la salida, me encuentro con Leopoldo Tolívar Alas, nieto del protagonista de El Rector, como él catedrático de Derecho, como él un hombre sabio y bueno. Me imagino lo que habrá sentido al ver la obra, me imagino su congoja, según se iban cumpliendo los designios de la fatalidad, y también una cierta sensación de alivio: por fin, y en el mejor escenario, se ha hecho justicia, se ha puesto un nombre y un hombre en el alto lugar que le corresponde.


Domingo, 29 de abril
CAMBIAN LOS TIEMPOS

Soy el escritor más y menos profesional del mundo. Escribo solo por encargo y para publicar, pero jamás he escrito una línea por dinero. Si el encargo no me apetece, no lo acepto, aunque me pagaran un millón de euros (no se ha dado ni se dará el caso, por supuesto); si me gusta, me pongo de inmediato a ello, aunque no cobre nada.
            Para mí, no sé escribir; como mero desahogo, tampoco. Una vez publicado, jamás he releído un libro mío, salvo para corregir pruebas en una segunda edición (pero eso no es leer).
            Desde hace unos años, todo lo que escribo lo publico de tres maneras distintas: primero por entregas en la prensa (como los novelistas decimonónicos), luego digitalmente, finalmente en libro.
            Cada una de esas maneras tiene sus ventajas y sus lectores exclusivos. En el periódico, es un plato más a elegir en el variado menú del domingo. Igual que yo me salto la sección de deportes o de información municipal, me imagino a muchos saltándose la apretada página de mi diario, en la que apenas si dejo sitio para la ilustración de Alicia Varela, pero a otros buscándola y sorprendiéndose con mis audacias o riéndose con mis disparates. En el periódico, los que me leen son amigos, aunque yo no los conozca personalmente; quienes no me tragan tienen cosas mejores que hacer.
            Los que me detestan prefieren Internet. O quizá sea solo una impresión porque ahí puedo leer sus comentarios. Cuando hablo de Cataluña, son especialmente virulentos, y eso que yo, sobre ese tema, siempre he tenido una opinión muy moderada y razonada, aunque parece que hay quienes no lo ven así.
            Mientras asistía ayer a la representación de El Rector pensaba que si las cosas, como entonces, se descontrolaban y acababa recurriéndose al ejército para mantener el orden, alguien sacaría un dossier con mis artículos y mi destino no sería muy distinto al de Leopoldo Alas. La misma descerebrada saña con que le persiguieron a él veo yo en algunos comentarios anónimos.
            En libro es otra cosa. En un libro cabe cualquier secreto, cualquier confidencia. En un libro mío solo entran los afines. Nadie que no sea verdaderamente inteligente es capaz de leer un libro mío. Le parecería una forma de perder el tiempo. En los libros puedo decir, sin miedo, cualquier cosa.
            Los ojos aviesos y al acecho prefieren Internet, que es gratis, para descubrir ofensas al honor. La última: citar en broma como ejemplos de oxímoron los manidos “música militar”, “pensamiento navarro”.
            En Los cuernos de don Friolera, un tribunal –militar, por supuesto– condena a don Friolera a que dé muerte a su mujer, que le engaña, para salvar el honor del cuerpo de carabineros.
            Cambian los tiempos, no sé yo si cambian las mentalidades.


Lunes, 30 de abril
PERPLEJIDAD

Al juez Garzón le expulsaron de la judicatura por tratar de impedir que los imputados de la Gurtel (cuando el gobierno en pleno los arropaba diciendo que no era una trama del PP, sino contra el PP) siguieran cometiendo sus delitos desde la cárcel en connivencia con algunos abogados; al Juez del Voto Particular (doscientas páginas que nos avergonzarán para siempre), le defienden no solo todas las asociaciones gremiales (para eso están, para proteger a los suyos con razón, sin razón o contra ella), sino también la entera clase política puesta en pie como un solo hombre (y en ese caso “hombre” significa hombre, no ser humano en general).
            A Rafael Catalá, ministro de Justicia, por decir lo que piensa cualquiera que haya leído el Voto Particular en un asunto especialmente repulsivo (uno de los miembros de ese grupo organizado para el abuso era o es guardia civil), se le pide la dimisión. Y hasta la piden Pedro Sánchez (contradiciendo a Margarita Robles: mujer tenía que ser) y Pablo Iglesias.
            Pero, me pregunto yo asustado, ¿a quién voy a votar yo en las próximas elecciones? Si el sistema son esos señores –el del Voto y los que lo defienden diciendo que lo que hay que hacer es crear una comisión y no entrar en casos particulares–, yo cada vez me siento más antisistema.
            Menos mal que aún nos queda Rafael Catalá.


Martes, 1 de mayo
OTRO MAYO

Comienzo mayo recordando tópicamente otro mayo de hace medio siglo. Yo entonces, al contrario que todo el mundo, no estaba en París. Estaba a punto de cumplir dieciocho años, comenzaba mis estudios en la Universidad, no tenía inquietudes políticas: me interesaban más los versos de Góngora o las perplejidades de Unamuno (también, por supuesto, los diálogos de Platón y las novelas de Dostoievski) que el tiempo en que vivía.
            Una mañana llegamos a clase, yo y otros despistados,  y nos encontramos con que había huelga. “Hay una asamblea en Derecho”, nos dijeron. Nos acercamos hasta el edificio histórico de la Universidad y vimos varias furgonetas de la policía aparcadas delante de la puerta. Nos quedamos mirando desde la plaza de la Escandalera, sin atrevernos a ir más allá. Éramos cuatro o cinco asustados novatos. De pronto, un coche policial se detuvo a nuestro lado. Se bajaron un par de “grises” y comenzaron a darnos palos. Los miramos atónitos mientras escapamos, como conejillos asustados. Recuerdo bien lo que dijo una mujer que se detuvo a contemplar la escena: “Eso, eso… Que estudien”.
            Rememoro mi poco heroico mayo del 68 desde uno de los ventanales del nuevo Starbucks. He traído conmigo el diario de Julien Green que cuenta esos días y el Manual de espumas de Gerardo Diego. El diario de Green tiene un hermoso título, Ce qui reste de jour, muy adecuado para un diario (Kazuo Ishiguro lo utilizó después en una novela), y abarca los años 1966-1972.
            En el 68 –Julien Green tenía exactamente los mismos años que yo tengo ahora–, le asustaron los disturbios, el caos generalizado, la profusión de banderas rojas y negras y la ausencia de la  tricolor. Se tranquilizó cuando el 30 de mayo habló por fin De Gaulle y más cuando al día siguiente una gigantesca manifestación en su apoyo discurrió de la Concorde a l’Etoile. Un ambiente de fiesta, gritos, cánticos, profusión de banderas nacionales. “Francia se ha salvado”, pensó. Pero poco a poco, en las páginas siguientes, se va dando cuenta de que nada volvería a ser como era.
            Cierro el diario de Green y abro, como quien reencuentra un juguete, el diminuto volumen de Gerardo Diego: “Ayer Mañana / Los días niños cantan en mi ventana / Las casas son todas de papel / y van y vienen las golondrinas / doblando y desdoblando esquinas”.
            Tras la cristalera del Starbucks, el Campoamor, la plaza de la Escandalera, la ciudad casi desierta en este atardecer, algún turista despistado, y esa sensación, que conozco tan bien y que dura tan poco, de estar a gusto conmigo mismo y en el centro del mundo.


Miércoles, 2 de mayo
LINCHAMIENTOS

Los linchamientos no los inventaron las redes sociales. En 1982 –ya habíamos dejado atrás la Edad Media (o eso creíamos)–, la revista Los Cuadernos del Norte le dedicó unas páginas de homenaje a Camilo José Cela con motivo de cumplirse cuarenta años de la publicación del Pascual Duarte. Lo inicia el propio Cela con unas líneas no muy entusiastas: “Estoy empezando a cansarme del Pascual Duarte y su familia”. No sabía la que se le venía encima.
            En el diario Región, vocero de la extrema derecha, dieron la voz de alarma. ¡En una revista que financiaba la Caja de Ahorros se había insultado a la Santina!
            Fue tal el revuelo, que si Cela se hubiera presentado entonces en Asturias, a la policía le habría costado proteger su vida. Los ayuntamientos, uno tras otro, fueron declarándole persona non grata. Las cartas al director de los periódicos de entonces están llenas de insultos. Recuerdo una: para que la Virgen le perdonara tendría que venir andando de rodillas desde su casa (por entonces vivía todavía en Mallorca) hasta Covadonga.
            ¿Y cuál fue el motivo del escándalo? Pues que en una serie de notas, noticias recogidas de los periódicos y frases escuchadas al azar, había reproducido una que le contaron en Oviedo: “Doña Josefa puso los ojos en blanco y exclamó: ¿Que la Virgen de Covadonga ye pequeñina y galana? Pues que se joda”.
            Releo ahora las cien notas de “El jardín del ábaco” y, entre gracietas y naderías, y también algún apunte inteligente, encuentro un puñado de ellas que solo se pueden calificar de vomitivas. No ofendía a la Virgen en esas páginas Camilo José Cela (la Virgen seguro que se reiría al darse cuenta de doña Josefa –extranjera y con problemas mentales-- ignoraba que “pequeñina” indicaba afecto, no defecto), sino a las mujeres, a los marginados, a toda la gente de bien.
           


domingo, 29 de abril de 2018

Acción de gracias: Escribo y callo



Sábado, 21 de abril
EN UN CLARO DEL BOSQUE

Me paso la vida contando mi vida, pero hay cosas que todavía no le he contado a nadie, y quizá nunca se las cuente. Lo que ocurrió aquella noche de hace veinte años, por ejemplo.
            Había salido yo muy tocado de una mala historia de amor, o de casi amor, y un amigo me prestó su casa, poco más que una cabaña (ahora es un alojamiento rural), en los montes de Somiedo, para que descansara unos días y me lamiera las heridas.
            Nunca me ha gustado demasiado la naturaleza, si he de ser sincero, pero necesitaba estar solo. Por el día vagaba por los alrededores, alguna vez bajaba hasta la villa, volvía fatigado a casa. Me dormía pronto. Había recuperado el sueño, y aquello era una buena señal.
            La nueva pareja de mi pareja, antes uno de mis mejores amigos, tuvo la desfachatez de llamarme para ver cómo me encontraba. Y yo no le colgué el teléfono y me callé lo que pensaba e intercambiamos un rato banalidades como si no hubiera ocurrido nada.
            Me dormía pronto por lo general, ya digo, pero algunas noches tardaba en dormir y entonces escuchaba un poco de música y luego me asomaba a la ventana a contemplar la oscuridad agujereada de estrellas sobre las copas oscuras de los árboles.             
             Fueron días raros en la climatología de la zona aquellos, sin una nube. Una de esas noches vi una estrella errante, o lo que me pareció una estrella errante. Cerré los ojos para formular un deseo: que nunca más volviera a necesitar a nadie como se necesita el aire que respiramos. Los abrí. Aquella luz que yo creía una estrella se movía cada vez más lentamente hasta quedar inmóvil. Permaneció así un largo rato, yo casi no acertaba a distinguirla de los otros astros. De pronto comenzó a descender despacio, muy despacio, y desapareció en medio del bosque. Me vestí –estaba ya listo para ir a la cama– y salí a buscarla. No sé por qué lo hice. No parecía muy recomendable andar de noche por aquellos andurriales, podía perderme. Pero no me perdí.
            Una luz verdosa que se filtraba entre los troncos de los árboles y los matorrales me guió hasta ella. Estaba en un claro, parpadeante, sin hacer ningún ruido. Yo debía sentirme asustado, pero no tenía ningún miedo.
            Me acerqué como si fuera la cosa más natural del mundo, buscando una puerta, alguna ventana. No las había. Se trataba de un cilindro metálico, del tamaño de una pequeña furgoneta, que despedía una fosforescencia extraña. Y fue entonces cuando ocurrió lo que nunca le he contado a nadie ni creo que me atreva a contarlo jamás.
            Volví a Oviedo tres días después, completamente recuperado. No he vuelto a enamorarme desde entonces, aunque más de una vez fingiera estarlo porque uno escribe versos y el tema del amor da mucho juego.
            Mis amigos dicen que no tengo corazón. Y yo sonrío y ni afirmo ni niego. Lo que pasó aquella noche, en los montes de Somiedo, en un claro del bosque como el de los cuentos de hadas y prodigios, no lo he contado nunca ni lo voy a contar ahora.


Domingo, 22 de abril
UN ERROR, DOS ERRORES

En mi cafetería habitual del Fontán. Una pareja joven en la mesa de al lado. Hojean juntos el periódico. Observo de reojo, halagada mi vanidad, que se han detenido en la página de mi diario semanal.
            “Enamorarse es un error; ser correspondido, dos errores”, lee él en voz alta. “¡Qué tontería!”, dice ella antes de besarle en los labios.
            “Dejad que pase un poco de tiempo”, pienso yo.


Lunes, 23 de abril
CONTRA LOS RECITALES

Por mucho que a uno le gusten los dulces, si le obligan a comerse dos docenas de pasteles lo más probable es que acabe detestándolos.
            Para conmemorar el día del libro,  me enredan en una lectura colectiva de León Felipe: cincuenta profesores y alumnos –en una pequeña sala de juntas, donde apenas caben cincuenta personas– han de leer cincuenta poemas suyos..
            Yo solo aguanté hasta el número veinte, por eso todavía no odio del todo a León Felipe.
            Claro que hay ocurrencias peores: la de la lectura colectiva del Quijote, por ejemplo.


Martes, 24 de abril
TENDRÉ QUE IR ACOSTUMBRÁNDOME

“Más de dos millones de ancianos viven solos en España” escucho en la televisión. Hablan luego de que ese problema de soledad es uno de los más graves de la sociedad contemporánea y de cómo tratan de resolverlo en los distintos países.
            Solo me doy cuenta de que están hablando de mí cuando precisan que se refieren a personas de más de 65 años.
            Es la primera vez me veo incluido en la categoría de ancianos. Tendré que ir acostumbrándome. De momento, encuentro divertido que me califiquen de esa manera.


Miércoles, 25 de abril
FARSA Y LICENCIA DE LA PRESIDENTA CASTIZA

“¿Estarás contento? ¡Habéis conseguido que dimita antes que Toni Cantó!”, me dice un amigo del PP, tan ingenuo que hasta se cree a Antonio Hernando.
            Pues no, no estoy contento. El asuntillo ese, tan cutre, del hurto en el supermercado (¡solo faltó que fuera, no de una empresa vasca, sino catalana!) me ha amargado el día, un día para mí siempre feliz,  recuerdo de aquel otro 25 de abril, cuando los fusiles y los claveles.
            Me consuelo un poco imaginando la farsa en un acto para sombras y marionetas que escribiría don Ramón del Valle-Inclán con este esperpento.
            Acto único, escena tercera. La ministra de Defensa, doña María Dolores de Cospedal, marquesa del Finiquito, condesa del Diferido, con peineta y mantilla, rodeada de espadones, el pecho deslumbrante de cruces y medallas, entra en el despacho de la presidenta de la Comunidad de Madrid.
            ––Ay, hija, te traigo un ukase. Que dice el jefe que tienes que irte, que ni un minuto más, que somos el hazmerreír del mundo.
            ––¿Irme yo por haber tratado de robar en un supermercado? ¡Pero ese hombre esta loco! ¡El que no lo haya hecho, o por lo menos intentado alguna vez, que tire la primera piedra!
            ––-Quien manda manda, querida. Tú di que dimites para que no lleguen los podemitas al poder, que eso siempre nos da votos.
            ––Pues irme me iré, pero que tenga cuidado nuestro querido presidente, que quien a video mata a video muere. ¡Si lo del Eroski fue solo para comprobar cómo funcionaba su seguridad, que ya me preparaba yo para ser delegada del gobierno en Madrid y controlar a todas las fuerzas de seguridad! ¿Lo hice mal? ¿Puede alguien decirme que lo hice mal? ¡Si hasta me dedicaban artículos elogiosos en El País!
            Acto único, escena séptima. Reunión del gabinete de crisis de la Marca España en el salón Velázquez de la Casa de las Siete Chimeneas. Preside el ministro de Cultura, con uniforme de gala. Antes de sentarse, entonan todos, con mucho sentimiento, el himno de la legión: “Soy el novio de la muerte…”
            ––Tenemos que hacerle un lavado de cara a la marca España, las infamias que los catalanes han ido difundiendo por la culta Europa –que si nuestras universidades regalan los títulos, que si nuestros políticos roban hasta en las tiendas de barrio–  la han desprestigiado por completo. Propongo cambiar el logos (vamos a encargarle a Mariscal algo con la querida cabra que todos llevamos tan dentro del corazón), la banderita, algo chillona, e incluso el nombre del país. ¿Qué os parecería Marca Hispánica?
            ––Formidable, ministro. Y así matamos dos pájaros de un tiro. ¿Cómo van a querer los independentistas separarse de la Marca Hispánica si ese fue el primer nombre que tuvo Cataluña? ¡Chúpate esa, Puigdemont!


Jueves, 26 de abril
COSAS DE LA POLÍTICA

“Si no hay dinero, no hay dinero”, les dijo el presidente del gobierno de un país todavía llamado España, muy en su papel de adalid del sentido común, a los miles y miles de pensionistas que se manifestaban para pedir la subida de las pensiones.
            “Si no hay dinero, se saca de debajo de las piedras, eso es de cajón”, le dijo el presidente del gobierno a su ministro de Economía cuando se enteró de que el partido nacionalista vasco exigía esa subida para votar afirmativamente en el debate de los presupuestos y permitirle así seguir holgazaneando en la poltrona.


Viernes, 27 de abril
DE JUECES Y MANADAS

Oximoron: figura retórica que consiste en complementar una palabra con otra que tiene un significado opuesto.
            Ejemplos: fuego helado, nieve ardiente (de la poesía clásica) o música militar, pensamiento navarro (del "humor" tradicional). ¿Habrá que añadir justicia española?




domingo, 22 de abril de 2018

Acción de gracias: Las cosas como son



Viernes, 13 de abril
CONFESIONES INCONFESABLES

Cada día detesto más la literatura, cada día me cansa más lo poético (de los poetas, ya ni hablo). Soy como aquel catedrático de literatura italiana, especialista en el autor de La Divina Comedia, que ya anciano y en su lecho de muerte, reunió en torno a su lecho a toda la familia para confesarles el secreto que había guardado toda su vida: “¡No soporto a Dante!” o, en otra versión más castiza, “¡Me jode el Dante!”
            Leo la trabajosa –más que trabajada– taracea con que Aurora Egido epiloga Las llamas, la última –sospecho que no será la última– caricatura de su poesía que ha publicado Pere Gimferrer y cuando llego al final de esas ocho páginas inanes siento un poco de vergüenza ajena: “un verso puede arder ante la nieve bárbara, con el agua latiendo al fondo de un poema, mientras el fuego tarda en llegar al pabellón del frío”. Pues qué bien, señora.
            Tenía 24 años Pere Gimferrer cuando puso punto final a su poesía en castellano. La reunió en el volumen Poemas 1963-1969, que yo compré y leí a comienzos de 1970. Todavía lo conservo. Lo releo cada vez que Gimferrer publica una nueva obra maestra (en eso está de acuerdo él con todos los suplementos literarios), y veo que aquellos viejos versos veinteañeros siguen conservando todo su poder de seducción. Que no me había equivocado, que alguna vez fue un gran poeta, aunque él y la Fundación Lara lleven años empeñándose en demostrar lo contrario.


Sábado, 14 de abril
DEMOCRACIA Y VERDAD

Si el Partido Popular hubiera tenido mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid, el asunto del Máster habría acabado con el nombramiento de Cristina Cifuentes como doctora honoris causa por la Universidad Rey Juan Carlos.
            Y es que en democracia las cosas no son como son, sino como decide la mayoría parlamentaria.
            (Salvo que se trate, claro, de la democracia española y el parlamento de Cataluña.)

Domingo, 15 de abril
UN CEREBRITO

Una revista de moda masculina, Icon, celebra su número 50 homenajeando a ocho jóvenes artistas españoles. Uno de ellos es C. Tangana, músico que dice no considerarse un “youtuber” o un “influencer”, sino un empresario. También dice otras cosas: “La forma en que escribo cambia todo el rato. Cuanto más vives, más escribes. Nos pasa a todos, excepto a Borges, que no había vivido nada. Él mismo se quejaba de que quería hacer novelas románticas y de bandidos, pero no podía, no había vivido. Le reconocieron siempre más por ser un cerebrito”.
            El bueno de C. Tangana, que posa elegantemente desvestido con un pijama de Gucci, puede estar seguro de que él no corre ese riesgo: nadie le tomará por un cerebrito.
            El autor del reportaje nos deja esta advertencia: “Recuerde: todo lo que nos parece hoy equivocado en ellos será norma dentro de unos años”.
            Para echarse a temblar, si no fuera falso. La analfabeta y rotunda bobería es tan antigua como el mundo. Aunque Tangana se desvista de Gucci, Tangana se queda.


Lunes, 16 de abril
LAS MATEMÁTICAS NO ENGAÑAN

¿Mi principal defecto? Que tiendo a considerarme más listo que nadie. ¿Mi principal virtud? Que no me molesta, sino todo lo contrario, reconocer que estoy equivocado.
            Creo ser bastante bueno en detectar el talento ajeno. Lo mismo que me basta ponerme al lado de alguien para ver que es tan alto como yo, más alto o más bajo, me basta charlar un rato sobre un tema que a los dos nos interesa para descubrir quién vale intelectualmente más que yo.
            Me divierte engañar, o jugar a que engaño, fingir que soy lo que no soy (buena persona, por ejemplo), pero pongo todo mi empeño en no engañarme a mí mismo.
            Incluso he inventado una fórmula algebraica para aproximarme con bastante exactitud a mi verdadero valor: anoto lo que creo que valgo, lo divido por dos y le resto cinco.


Martes, 17 de abril
CUANDO ESTOY SOLO

Yo, cuando estoy solo, casi nunca me siento solo. Ni acompañado cuando estoy acompañado.
            Enamorarse es un error; ser correspondido, dos errores.
            Lo mejor es ser joven, pero solo si eres viejo.
            Donde no estoy es siempre donde mejor estoy.
            Envejecer también tiene su gracia, su maldita gracia.
            La felicidad es tan tímida que en cuanto reconocemos que camina a nuestro lado sale corriendo.
            Dos que son muy amigos tardarán menos en dejar de serlo que los que son simplemente amigos.
            Tantos años después, los buenos y los malos ratos que me hiciste pasar apenas si se distinguen.
            No siempre la explicación más clara es la más verdadera.
            En la vida, como en los aeropuertos, el tiempo siempre falta o sobra.
            A mi memoria, como a la historia, le gusta avalar patrañas con datos verdaderos.
            No es posible recibir un homenaje sin quedar un poco en ridículo.          
            Lo que nunca consigues, jamás te defrauda.
            Para ser feliz, no añorar nada del pasado ni desear del futuro nada que no tengamos ya en el presente.
           
Miércoles, 18 de abril
MI ALIENS FAVORITO

Siempre me han extrañado quienes viven llenos de dudas y angustia por la existencia e inexistencia de Dios. A mí me parece que el misterio del mundo sigue siendo igual de inexplicable en ambos casos.
            Las matemáticas no son más que un traje hecho a medida del universo.
            Las estrellas solo son hermosas vistas a distancia, a mucha distancia.
            Una religión verdadera se diferencia de una falsa en que las dos son falsas. O las dos verdaderas.
            Dios no es más que un alienígena con pretensiones,


Jueves, 19 de abril
A LOS HÉROES DE LA INDEPENDENCIA

Leo un titular: “El Supremo exige a Montoro que pruebe que no hubo malversación”. Y se me ocurre pensar en lo mucho que deben haber leído a Kafka los protagonistas de la España actual. Como en la novela de Kafka, primero encarcelamos y luego ya veremos de qué delito se les puede acusar.
            Se me ocurre una fabulilla futurista y utópica (o distópica, según se mire) inspirada en mi admirado Chesterton y su El hombre que fue Jueves. Una fabulilla que nunca escribiré, por supuesto (y por si acaso).
            Año dos mil veintitantos, se acaba de proclamar la República Catalana (federada de inmediato con la República Española) y al comienzo de las Ramblas va a inaugurarse un monumento a los héroes que la han hecho posible (algo así como el Muro de los Reformadores ginebrinos). Se aglomera el gentío, el monumento está cubierto con una especie de telón, nadie sabe quién será el prohombre que ocupa el lugar centrar. Hay gran expectación. Se cruzan apuestas.
            Suena la música, el presidente de la República descorre el telón y, tras las exclamaciones de asombro, todos acaban reconociendo el acierto.
            –-Sin su tenaz empeño, todavía seríamos una autonomía más del reino de España, con un concierto fiscal algo más ventajoso, eso es todo.
            ––Dicen que ya no hubo vuelta atrás en el camino a la independencia cuando él decidió mantener a Oriol Junqueras en la cárcel e impedirle que participara en las últimas elecciones autonómicas, las del 155.
            ––Cuentan que era un infiltrado de la CUP que logró engañar a todos.
            ––No lo creo, a mí me pareció siempre que sus decisiones favorecían sobre todo a Puigdemont.
            ––Hay quien le acusó de prevaricación, pero prevaricara o no lo cierto es que cada una de sus resoluciones judiciales ayudaba a impedir que los que tenían dudas dieran un paso atrás y ponían un poco más en ridículo a la justicia española.
            –-Lo más curioso resultaba ver cómo los más perjudicados con sus decisiones eran los que más le aplaudían.
            ––Cuando pidió al ministro que demostrara que no se había cometido delito se superó a sí mismo. Era como el caso de aquella señora, ¿cómo se llamaba?, que retó a los que discutían su Máster falsificado que demostraran que ella no se había presentado a un examen al que no se había presentado. Y en su partido la defendían y un tal, ¿cómo se llamaba el entonces jefe de gobierno de la antigua monarquía española?, Rajoy o algo así, tan campante, tan a lo suyo, “Tú resiste y echa balones fuera mientras yo me fumo un puro”.


Viernes, 20 de abril
PARA EL DÍA DEL LIBRO

Todos los poetas, por poco que escriban, escriben demasiado. No se salvan ni Jorge Manrique ni Juan de la Cruz.
            En el cementerio de las bibliotecas, no hay libro que no espere su resurrección.
            Los perros sacan a pasear a sus amos y las palabras enredan al escritor para que diga lo que ellas quieren que diga.
            Cuando no hay nada que decir, lo mejor es no decir nada.
            Hay quien confunde la historia de la literatura con los manuales de historia de la literatura.
            El arte de escribir sin decir nada no está al alcance de cualquiera,
            Son pocos los libros que valen más que el papel en que están impresos.
            En ningún siglo caben más de media docena de poetas y yo me he carteado o he polemizado con más de medio millar.
            No se te ocurra volver a los libros que en la adolescencia te hicieron tan feliz.
            Nadie se queja de que a los clásicos se les esté haciendo spoiler constantemente.
            A escribir se aprende, pero no se enseña.
            Cien años después o doscientos años después, ninguna muerte es prematura. ¿Verdad, amigo Larra?
            Dentro de mil o dos mil años, seguramente no sabrán quién fui yo, pero ¿seguirán sabiendo quién fue Garcilaso?
            Me gusta recordar las palabras de Eugenio d'Ors cuando creó el reglamento de las bibliotecas públicas de Cataluña: "Donativos, solo en metálico".
            Para no dejar de apreciar a ciertos escritores conviene dejar de leerlos.  
            Como todos los días leía uno o varios libros, el día del libro aprovechaba para dejarlos descansar.