domingo, 19 de mayo de 2019

Revelación de secretos: No aprendo



Sábado, 11 de mayo
LOS CAMINOS DE SIEMPRE

¿Por qué nos reconforta como una caricia recorrer sin prisa, en la bella mañana, los caminos de siempre? Hace más de treinta años que no vivo aquí, pero nunca he dejado de vivir aquí: los soportales de Rivero, la biblioteca Bances Candamo y, al otro lado, el parque de Ferrera.
Seguir luego por Galiana, sin prisa, conversando solo con fantasmas amables. Me detengo, como siempre, ante una mesa con libros, frente a un anticuario que anuncia el cierre. Nunca he visto nada de interés, pero hoy me sorprende una primera edición de Villaespesa, esa pianola del modernismo que de vez en cuando daba una melodía sugerente. Pregunto el precio: dos libros, un euro. Y eso me lleva a fijarme en otro, de sugestivo título: Fantasmas cotidianos. Mujeres, lugares y sueños. La autora, Elena Ochoa, me interesa menos, pero lo abro al azar y me encuentro con estas líneas: “Me casé con un escritor, Luis Racionero, que además de ser un escritor al que admiro, tiene la cualidad de sorprenderse aún por todo”. En cualquier vida hay varias vidas, incluso en la mía, en la que a ratos parece no haber ninguna.
            Tomo luego un café en el Atrio, con los periódicos habituales y con las dos adquisiciones. Tierra de encanto y maravilla, de Villaespesa, tiene tan escaso interés como sugiere el título: está dedicado a México y recuerda las retóricas melopeas de Alfonso Camín, otro mendicante de la literatura.
Ser poeta, solo poeta (o ni siquiera eso: solo un facilón versificador), y pretender ganarse la vida con la literatura, qué destino más triste. Disfruto más con los Fantasmas cotidianos, de una Elena Ochoa que aún no era la superferolítica señora de Norman Foster. De vez en cuando alguna máxima muy sabida: “Rico no es el que tiene mucho, sino al que no le falta nada para sentirse bien”. Pues entonces yo soy rico, porque esta mañana avilesina –como todas mis mañanas de sábado– no me falta nada. Ni siquiera un rato de encendido debate, sobre arduas cuestiones metafísicas, con algún buen amigo durante la comida.


Domingo, 12 de mayo
DÍAS FELICES

¿De qué están hechos los días felices? Los míos, de mañanas soleadas de domingo, de puestos de libros viejos, de charlas con amigos, de tardes de cine, de versos apuntados en un cuaderno, de comienzos de historias que muy probablemente se desvanecerán en el aire antes de llegar a ninguna parte, de viajes proyectados, de libros por escribir y por leer, de nada extraordinario, a no ser el simple hecho de seguir vivo –tantos años después– y de seguir estando a gusto con la vida.
            (No siempre lo estoy, quede claro. Pero sin los otros días, ¿qué valor tendrían los días felices?)


Lunes, 13 de mayo
BUENAS INTENCIONES

Leo en la revista Ínsula un panorama de la poesía española en 2018. Durante muchos años, yo me dediqué a esos menesteres. Trabajo ingrato. Y bastante inútil.
No sé si al alguien le apetecerá leer ni uno solo de los libros memorables que cita Alberto García-Teresa, casi todos escritos por mujeres. A mí no, desde luego.
            Ana Pérez Cañamares, “además de plantear una crítica de la alienación laboral y de la anulación por el consumismo, ahonda en la dignificación de la memoria como denuncia del contexto franquista”.
            Rosana Acquaroni “levanta una denuncia de la subordinación de las mujeres en el franquismo, de su represión como sujetos deseantes y de la represión de sus anhelos”.
            Pilar Adón “evita lo evidente a favor de aproximaciones más sugerentes y abstracciones en su denuncia de la sumisión y de los roles de docilidad que socialmente se otorgan a las mujeres”.
            Alba González Sanz “pone en el centro los intereses, deseos y necesidades de mujeres que han sido ignoradas u objetualizadas a lo largo de sus vidas”.
            Olalla Castro “desarrolla un trabajo con la desilusión y la crítica a la exclusión en el cual se centra en el componente estructural del patriarcado”.
            Leticia Fernández-Fontecha “desde una fuerte conciencia feminista pone el cuerpo como centro de la práctica y del discurso crítico”.
            Sarah Martín “nos lleva a una acción de rechazo o de confrontación con el mundo, a un no sentir acomodo ni felicidad”.
            Muy buenas intenciones las de todas estas poetas, por supuesto. Pero de buenas intenciones está lleno el infierno de la inane literatura.


    Martes, 14 de mayo
SECRETOS DE ESTADO

Entre los panegíricos, bien merecidos, a Rubalcaba, se ha colado un asuntillo más que sospechoso. Resulta que una de las grandes deudas que España tiene con él es su intervención en la abdicación del anterior jefe del Estado.
¿Tan complicada era esa abdicación que se pone al mismo nivel que la contribución al fin del terrorismo? ¿Se nos contarán algún día las arduas negociaciones para la abdicación como se desvelan las que tuvieron que ver con el terrorismo?
            Quizá entonces se nos aclare cómo fue posible que el anterior jefe del Estado consiguiera conservar un título –el de rey– que la constitución, entonces y ahora (no se ha cambiado), atribuye solo a quien ejerce –no ha quien ha ejercido– la jefatura del Estado.


Jueves, 16 de mayo
MÁS RAZÓN QUE UN SANTO

La memoria engaña. Me reprocha Abelardo Linares, en la cena posterior a la presentación de Hablando claro, viejas historias del tiempo de Treinta años de poesía española, donde yo incluí a Jesús Munárriz, un poeta que a él no le parecía significativo, a pesar de que en las consultas previas –según él la antología era consultada-- quedaba fuera.
----Y no solo eso –le dice a Xuan Bello, que nos acompaña–, sino que luego contó en su diario que yo había vetado a Munárriz, cosa que no era cierto, porque si fuera así la antología no se habría publicado, y por si fuera poco lo volvió a contar en el prólogo, que yo no pude ver, porque el diario se editó en Asturias bajo su control (yo, como editor, me limité a pagar la factura).
            ––No es enteramente cierto. En Asturias se imprimió algún libro de Renacimiento, creo recordar que Travesías, de Martín López-Vega, pero ninguno de mis diarios. Y Treinta años de poesía española no fue una antología consultada, aunque recuerdo bien tu rechazo a que participara Jesús Munárriz, y el empeño no menos tenaz del otro editor, Andrés Trapiello (el libro era una coedición con La Veleta) para que incluyera a Juan Manuel Bonet. Yo me negué, en ambos casos, a modificar mi criterio. Bonet tenía cierto encanto como poeta, sobre todo en su primer libro, pero después se había ido viendo que era de muy corto aliento, aunque un excelente erudito y un maestro en el arte de la enumeración y la acumulación de datos sugerentes. No cambié mi criterio, bueno soy yo. O bueno era, me he vuelto más flexible. Ahora os habría hecho caso a los dos. Pero no es cierto que yo dijera en el prólogo que tú te opusiste a que figurara Munárriz. ¡Qué absurdo! Lo único que digo en el prólogo, lo recuerdo bien, es que dos poetas que seleccioné no quisieron estar por diversos motivos. Uno eras tú, en un gesto elegante, el otro Carnero, a quien había quizá maltratado en alguna reseña.
            –-No lo contaste en ese prólogo, sino en el prólogo a uno de tus diarios. Uno, no recuerdo el título, que tiene en la portada un balneario muy años veinte.
            ––Dicho y hecho. ¿Cómo iba a contar yo ahí nada si se publicó antes que la antología?
            ––Pues yo lo recuerdo muy bien. Ya se sabe que los que ofenden olvidan primero las ofensas que los ofendidos –habla en tono de broma: la ofensa, si fue tal, hace tiempo que la ha disculpado.
            ––Te equivocas. En cuanto llegue a casa, miro los libros y te mando un WhatsApp confirmando tu error.
            Pero llego a casa, busco Dicho y hecho (sigue gustándome mucho la cubierta) y y resulta que está impreso en Asturias y en el prólogo me encuentro con las siguientes líneas: “Hace unos días, en un restaurante italiano de la Séptima Avenida, un poeta y editor me reprochaba ásperamente que hubiera desvelado sus insistentes intentos de que otro poeta no figurara en una antología que yo preparo: ‘¿Cómo voy a atreverme luego a mirarle a la cara? Yo quiero seguir siendo luego amigo suyo’. Quería seguir siendo amigo suyo, pero continuaba haciendo todo lo posible para que yo excluyera a quien ya había invitado formalmente a formar parte de mi antología. Curiosa manera de entender la amistad”.
Si esto fuera un tebeo de los que yo leía en mi infancia ahora gritaría: “¡Tierra, trágame!”
            Abelardo tenía razón. Mientras preparaba la antología yo había revelado en mi diario –que por entonces se anticipaba en La Voz de Asturias– sus intentos para que no figurara Munárriz, y como insistiera cuando nos vimos en Nueva York –eran los tiempos fabulosos del millón de libros en un almacén del Bronx– yo me vengaba con una líneas añadidas en el último momento, y que no tuvo ocasión de ver, a un libro que él mismo editaba.
            Ciertamente, para aguantarme a mí hace falta –o hacía, ya no soy así– tener más paciencia que un santo.


Viernes, 17 de mayo
BELLO ES RATA

No dormí demasiado bien esta noche, preocupado por si no seré yo tan buena persona como creo ser. ¿No tendrá razón Miguel d’Ors que en sus Virutas de taller se refiere a mí como el Malvado? Otro antiguo conocido, José Luna Borge, me decía últimamente muy indignado que estaba a punto de darle la razón.
            Pero tampoco hay que pasarse. Lo que soy es solo poco diplomático. En la cena de ayer en La mar del Medio, atendidos por una maravillosa criatura que parecía salida de un relato de Xuan Bello, el tiempo que no dedicaba a discutir con Abelardo, lo dediqué a encontrar defectos a Incierta historia de la verdad, el último libro de Xuan, que me acababa de regalar.
Defectos a la edición, claro, porque el contenido es otra vuelta de tuerca a esa prosa miniada y melodiosa suya que nunca nos cansamos de escuchar. La edición, con hojas en blanco repartidas al azar (más de un comprador devolverá el ejemplar creyéndolo defectuoso), con cambios en la caja, con los capítulos empezando en la página par, es puro disparate.
            ––¡Y yo que me metía tanto con Pascual Ortiz y Bajamar! Al lado de la editorial Rata y de su maquetadora, Mireia Barreras, es un Aldo Manuzio.
            ––Martín, no sigas, que ya lo sé, que yo fue el primero en darme cuenta de ese desastre, pero no pude hacer nada para cambiarlo.
            Pero yo sigo erre que erre.
            –-¿Te has dado cuenta de que en la nota biográfica dicen que “Xuan Bello escribe en asturiano”, pero el libro está escrito en castellano y no figura ningún traductor? ¿Y has visto el eslogan que ponen para promocionarlo? “Bello es Rata”.
            ––Lo he visto, lo he visto, Martín, pero déjame disfrutar de este maravilloso pixín de La mar del Medio y no me des más la tabarra.
            La verdad es que para ser amigo mío, como para ser editor mío, hace falta tener más paciencia que el santo Job.






viernes, 17 de mayo de 2019

Intermedio: Una conversación con Pablo Antón Marín Estrada con motivo de la publicación de "Hablando claro"



––En 1989 publicaba la primera entrega de sus diarios. Usted sigue siendo el mismo, pero el paisaje ha cambiado ¿no?
––Me he dado cuenta de que en estos treinta años he escrito una especie de episodios nacionales. Es la historia de España vista no por un protagonista sino un testigo, ni siquiera principal, solo un ciudadano que está alerta. El primer tomo comienza antes de la caída del Muro y en este último aparece el conflicto catalán. No hay política menuda, lo que me interesa son los hechos históricos. Y aunque se anticipe en un periódico trato de contar lo que no cuentan los periódicos.

---¿Le molesta que algunos lectores amigos, piensen que su posición en temas como el catalán se deben solo a su afición a llevar la contraria?
---Tengo sentido común, conciencia de historia y muchos amigos en la historia literaria –Cervantes, Machado, Larra– recordándome que no se escribe solo para el momento presente. Me gustaría que dentro de 100 o 200 años si alguien se refiere a este momento histórico que no me pase lo que a los muy liberales diputados de Cádiz, que apoyaron la esclavitud para no dañar los intereses económicos de los propietarios cubanos. Quiero que se me recuerde como a Blanco White, que defendió la abolición.

-–-“Un español que razona” titula uno de los capítulos de su libro. A alguien le sonará a provocación.
––La frase es de Gil Albert y puede sonar pretenciosa. Soy un español que valora a su país y que considera que serlo es un honor y no un castigo ni una condena. Es una elección libre. Si quieres que los catalanes estén a gusto en el estado español, convénceles de que es la mejor opción.

-–-Su diario, en todo caso, tiene más ingredientes…
–Los diarios son siempre una estilización de la vida, recogen lo que de ella pueda interesar a los demás. No escribo para mí mismo. En mis diarios hay libros encontrados en librerías de viejo o en mercadillos como el Fontán. También todas mis rutinas, entre ellas tomar de vez en cuando un café en Nueva York o en Venecia, en Palermo o en Sofía, en todas esas ciudades en las que, para encontrarme a gusto, tengo que reconstruir el Oviedo en el que vivo. Hay también los haikus y aforismos que me regala el aburrimiento (yo me aburro mucho). Un ingrediente que ha ido decreciendo es la atención al mundillo literario, las sátiras y burlas a escritores de relumbrón.

––¿Le aburren los ajustes de cuentas?
––Nunca escribo para vengarme ni para adular a nadie. Si reseño un libro de alguien que personalmente detesto, me esfuerzo por contrarrestar el prejuicio negativo. Por eso dicen que trato peor a los amigos que a los enemigos. Martín López-Vega me regaló una estupenda edición de António Botto con la condición de que no reseñara su poesía completa a punto de aparecer.

––Pero sigue llamando “al pan pan y al memo, memo”.
––Al pan sigo llamándole pan, pero al memo le llamo estimado colega o apreciado poeta o no me ocupo de él, que es lo que prefiero. Procuro no meterme con nadie que no merezca la pena. Soy muy hipócrita en las cartas y en la conversación privada, nunca en público, salvo en facebook, como todo el mundo: entreveo un poema horrible y en lugar de comentar “qué disparate” pongo un ‘me gusta’ y todos tan contentos.

––A lo que sigue fiel es a sus frases repetidas. El domingo pasado hacía recuento de algunas.
----Las repeticiones subrayan nuestras obsesiones y marcan un ritmo. La que más me gusta: “No sería tan listo como me creo si no supiera que no soy tan listo como me creo”. Me parece que podría pasar a una antología de paradojas.

––“El éxito es una vulgaridad”, era otra.
––El éxito te corta las alas, te esclaviza. Quien tiene un público amplio está preso de él. Yo por suerte me gano la vida con un trabajo que no tiene nada que ver con la literatura (soy profesor de literatura) y puedo decir lo que quiera cuando escribo. Ningún editor manda en mí, ningún director de suplemento literario. Alguna ventaja debía tener ser el más profesional de los escritores, pero no ser un escritor profesional.

–-“Todavía aprendo” es otro de sus lemas.
––Es el título de un grabado de Goya que me gusta mucho: un viejecito aprendiendo a leer y escribir. Mientras uno aprende, sigue siendo joven y está vivo. Hay quien deja de aprender a los treinta, yo espero dejar de hacerlo después, mucho después, de los ochenta.

––¿Lo último que ha aprendido?
––A no estar orgulloso de mis defectos (me ha costado bastante). Y a pedir disculpas incluso cuando en un conflicto la razón parece estar de mi parte. A veces hace uno daño, sin quererlo, a personas que quiere o queriendo a personas que no se lo merecen (o que se lo merecen, pero solo un poco). He sido inconscientemente algo cruel, como los niños, diciendo lo que pensaba de este o aquel escritor. Ahora trato de disculparme, pero he estado tanto tiempo sin hacerlo que ya no me aceptan las disculpas, piensan que les estoy tomando el pelo o que lo hago solo para quedar bien.




sábado, 11 de mayo de 2019

Revelación de secretos: Casi humano



Sábado, 4 de mayo
CALLO, PERO NO OTORGO

––Pues a mí las personas antipáticas me caen simpáticas por lo mucho que se me parecen.
            ––¡Siempre con tus paradojas! ¿No te das cuenta de que ya cansas? Sobre todo cuando afirmas que no vas a hablar de aquello de lo que precisamente estás hablando.
            ––¿Y tú crees que en España se puede hablar libremente de Cataluña, por ejemplo? Si eres un político, basta que trates de poner un poco de racionalidad en el asunto para que pierdas votos a chorros. Mira lo que le pasó a Podemos, aunque su cuesta abajo tenga también otros motivos.
            ––Tú no eres un político.
            ––Yo pierdo lectores. Y no tengo tantos como para poder permitirme ese lujo. Y si hablo en una cafetería, como ahora, tengo que bajar la voz. En caso contrario, corro el riesgo de que me interpelen desde una mesa vecina. Ha ocurrido en el caso de Venezuela y solo porque se me ocurrió decir que la terrible dictadura de Maduro era la dictadura más rara del mundo: permitía lo que, no ya ninguna dictadura ha permitido jamás, sino ninguna democracia: que se alentara al golpismo desde la puerta misma de los cuarteles.
            ––Sobre eso había mucho que hablar...
            ––Pues conmigo no cuentes. Es uno de los temas tabú entre nuestros políticos si quieren tener opciones de gobierno, aunque no tanto como propugnar una solución democrática para Cataluña.
            ––¡A saber lo que calificas tú de democrático!
            ––Pues lo que todo el mundo: resolver las cuestiones políticas debatiendo y votando y no apaleando y encarcelando.
            ––Eres un demagogo, ¿lo sabías?
            ––Un terrible demagogo, lo sé. Por eso callo. El nacionalismo español es transversal y afecta lo mismo al electorado de izquierdas que al de derechas, exactamente igual que el nacionalismo catalán o el francés. Pero hablemos de otra cosa.
            ––Sí, de los premios literarios. No respetas ni uno. ¡Vaya palo que le das hoy al Cervantes con el pretexto de una reseña de un bodrio de Ida Vitale!
            ––¿Lo has leído?
            ––Lo he hojeado, no soy tan masoquista como tú, que lees incluso esos libros que no leen los que los financian y ni siquiera quienes los editan. Pero seguro que, si te dieran el Cervantes, harías lo que el bueno de Juan Goytisolo: agacharías la cabeza, te tragarías tus críticas y te irías corriendo a Alcalá a recibir tu cheque y hacer el paripé delante de los reyes.
            ––Muy probablemente, Y ni siquiera tendría la disculpa, como él, de que necesitaba el dinero. Yo lo aceptaría solo por la vanidad. Afortunadamente, he tomado todas las precauciones para que eso no ocurra. No me gustaría pasar a la posteridad con esa mancha en mi currículum.


Domingo, 5 de mayo
MADRE E HIJO

Entre otras cosas menos recomendables, en Dolor  y gloria Almodóvar homenajea a su madre y el azar ha querido que yo vea esa película –que no me apetecía demasiado– precisamente el día de la madre, tan propicio a la melancolía.
            Una de las razones que me habían retraído de Dolor y gloria era la fatigosa promoción y la insistencia en que Almodóvar se desnudaba más que en ninguna otra de sus películas. ¿Pero quién tiene el menor interés en ver a Almodóvar desnudo, aunque sea metafóricamente? ¿Quién no está al tanto de sus obsesiones y de su exquisito gusto para la decoración de interiores?
            Pues con lo primero que me encuentro es con su careto vendiéndome una vez más un producto que ya he comprado al comprar la entrada: “Dicen que es la más autobiográfica de mis películas; yo no diré ni que sí ni que no”. Luego viene una escena, en plan el cuadro de las lavanderas en Yerma, que se pasa de bucólica y de bonita y que me hace temer lo peor. Si estuviera viendo Dolor y gloria en casa, en ese momento cambiaría de canal o me pondría a leer un libro.
            “Esto es lo que hay”, me digo. “No le busques tres pies al gato y no empieces con la falta de verosimilitud”.
            Yo procuro disfrutar y paso algunos buenos momentos, pero qué tabarra la del protagonista con sus enfermedades. Y qué absurda –como de preciosista fantasía gay– el baño del albañil. “Hombre, don Pedro, un albañil o un pintor que hace una chapuza, se lava las manos cuando termina, pero no se desnuda en medio de la cocina de una casa que no es la suya y en la que puede entrar cualquiera en cualquier momento y no se echa morosamente el agua por encima. ¡Bueno dejaría el suelo!”. De lo de la acuarela del susodicho albañil con la carta de agradecimiento escrita por detrás, ya es que ni hablo.
            Pero me gustó el piso del protagonista (que, al parecer, es el del propio Almodóvar) y también el cuento de fantasmas que cuenta la madre y me apretó el corazón aquella frase suya, “No has sido un buen hijo”, que todos hemos temido merecer alguna vez. 


Lunes, 6 de mayo
UN DÍA

“La familia de Borbón en nuestro país es una familia extranjera, poco castiza. Cuando tiene algo de español es en lo malo y en lo bajo. Los Borbones de España fueron reyes ratoneros, cazadores, melancólicos, medio tontos, sin iniciativas. Don Carlos, titulado Quinto, el pretendiente primero, era por el estilo: hombre egoísta, estúpido y sin gracia, casado con dos mujeres antipáticas: una portuguesa y vanidosa y una brasileña perruna y herpética”.
            Hojeo un número, perdido y reencontrado, del diario Ahora, el periódico de Chaves Nogales, y en una de sus páginas doy con el artículo “Romanticismo y carlismo”, de Pío Baroja, y más adelante con una evocación de Joaquín Dicenta, abundante en anécdotas autobiográficas, a cargo de Antonio de Hoyos y Vinent, y un reportaje de Luisa Carnés titulado “Seis días en un teatro de revistas”. También se habla ampliamente de la feria del libro, que por esas fechas se celebra en Madrid. Sonrío al leer la opinión de los libreros: “La mujer casada es el mayor enemigo del libro”.
            Pero las noticias –las noticias de un día cualquiera, por ejemplo este 18 de mayo de 1935– interesan más que las colaboraciones de firmas prestigiosas. Siempre he creído que el periodismo, el simple periodismo, envejece mejor que la mayor parte de la literatura. “Hoy se celebró en la Audiencia –leo en un suelto de la página 11– la vista de la causa instruida por el error judicial de Osa de la Vega, a consecuencia del cual fueron condenados a diecisiete años de presidio Gregorio Valero y Tomás Sánchez, que cumplieron la condena. Cuando ya estaban en libertad, apareció la supuesta víctima del crimen, José María Grimaldos. Fueron procesados, en vista de ello, el teniente de la guardia civil Gregorio Regidor, el sargento Juan Taboada, el guardia Telesforo Díaz, los tres acusados de malos tratos y coacciones; los médicos José Jáuregui y Baldomero Labarga, por falsedad en documento público, y el actuario Manuel Rodríguez de Vera”.
            Se trata del famoso crimen de Cuenca, el de la novela de Sender y la película de Pilar Miró, secuestrada y prohibida porque mostraba las prácticas utilizadas por la guardia civil para obtener confesiones. En los años veinte y en los democráticos setenta y ochenta del pasado siglo.
            En una esquina de la misma página leemos que “Luisa Cabero, de treinta años, cansada de vivir, según dejó escrito en una carta, ingirió medio litro de ácido clorhídrico y después se arrojó al paso de un automóvil en la calle de Córcega”, pero “a pesar de todo, no consiguió sus propósitos”.
            Los anuncios tampoco tienen desperdicio: “Enviamos discretamente”, dice el titular de uno, y luego continúa: “espléndido lote, compuesto de cinco novelas sugestivísimas con láminas muy artísticas, contra reembolso de pesetas 6,50”.
            En las páginas de huecograbado dos fotografías, una al lado de otra, nos muestran un montón de pistolas y fusiles y una procesión de monjas con grandes togas. El primer pie de foto dice: “Armas descubiertas en Sabadell por los Mozos de Escuadra, que se encontraban en poder de elementos extremistas, los cuales han sido detenidos”. Y el segundo:  “En el hospital civil de Bilbao se ha celebrado por primera vez, después de la proclamación de la República, la comunión pascual de los enfermos”.
            Los pasos del tiempo en ninguna parte quedan recogidos con tanta fidelidad como en los viejos periódicos.


Martes, 7 de mayo
TOP TEN

Un amigo ha tenido la paciencia de anotar las frases que con más frecuencia aparecen en mis escritos y en mi conversación. Procuraré evitarlas a partir de ahora, aunque no me molesta repetirme porque sin repetición no hay ritmo y sin ritmo no hay poesía, ni en la literatura ni en la vida.
1.     Para ser un anciano venerable ya solo me falta ser venerable.
2.     No sería tan listo como me creo si no supiera que no soy tan listo como me creo.
3.     El amor, como la gripe, es una enfermedad que hay que sufrir con paciencia y, a ser posible, pasarla en la cama.
4.     Más que ser feliz, estar a punto de serlo.
5.     Nunca cuentes a nadie lo que no quieres que nadie sepa.
6.     Las pompas, fúnebres. Y los homenajes, póstumos.
7.     Los premios darlos, no recibirlos.
8.     El éxito es una vulgaridad.
9.     Procura ser el mejor, pero que no se note.
10.  Lo bueno de ser mal pensado es que rara vez te defraudan.


Miércoles, 8 de mayo
MIENTO MUCHO

De todo se cansa uno. Yo me cansé de practicar la falsa modestia, en la que me había convertido en un maestro, y ahora prefiero la falsa vanidad.
            La verdad es que, aunque no me desagrada, necesito poco el aplauso ajeno: soy orgulloso y terco, no vanidoso y veleta. Si me aplauden, bien; y si no, mejor: me basta con saber que estoy en lo cierto.
            El vanidoso necesita el elogio ajeno y por eso se esfuerza por gustar; el orgulloso hace lo que debe hacer y no se preocupa de si gusta o no.
            El vanidoso cae bien a todo el mundo; el orgulloso, a nadie. Por eso yo trato de fingir vanidad, aunque me temo que con escaso provecho.


Jueves, 9 de mayo
AUSENCIA

“¡Menudo Iron Man estás tú hecho!”, se burla un amigo cuando le cuento lo mucho que echo de menos a Martín junior, que anda estos días por América descubriendo la patria de sus padres.
            Ya no piso la yerba, ya no saludo a las lagartijas ni a los caracoles, ya no descubro grutas misteriosas, ya no alzo la cabeza cuando pasa un avión, ya no juego con los perros, ya no escucho el distante sonido de las campanas, ya no encuentro tréboles de cuatro hojas, ya no me detengo absorto ante cualquier mínima maravilla: una telaraña, una hoja caída, una hormiga solitaria, un trozo de papel, un charco de agua, irisadas pompas de jabón.
            Gracias a Martín casi me había convertido en un ser humano. Basta que me abandone unos días para que vuelva a mis rígidas rutinas y a ser el insensible robot que siempre he sido.   


     
           
           

sábado, 4 de mayo de 2019

Revelación de secretos: Demasiado



Sábado, 27 de abril
TAMPOCO HAY QUE PASARSE

Me escribieron del periódico en el que colaboro habitualmente para pedirme que evitara hoy sábado, jornada de reflexión, y mañana, día de elecciones, cualquier elogio a un partido y cualquier ataque a otro, que querían ser rigurosos en lo que a la neutralidad política se refiere. “Ningún problema”, respondí, “hace tiempo que evito los asuntos políticos. Me he dado cuenta de que mi opinión no tiene ninguna eficacia y que solo sirve para que se enfaden algunos lectores”.
            Hoy, sin embargo, recibo un correo indignado de un contertulio ocasional que milita en Podemos. “¡Ya empiezas con tu propaganda subliminal! ¡Ya estás preparando el camino para que los socialistas, si ganan, que parece que van a ganar, traicionen de nuevo a su electorado pactando con la derecha!”
            No entendí nada. Me quedé tan estupefacto como con la famosa cartita en la que un poeta, amigo en remotos tiempos, me acusaba de miseria moral casi insuperable. Telefoneé a ver si me aclaraba el asunto.
            ––No te hagas el inocente, que nos conocemos. ¿Cómo se titula el libro de Antonio Manilla que reseñas hoy? Nunca has reseñado ningún libro suyo, ¿por qué se te ocurre hablar de este libro precisamente hoy? Pues porque querías comenzar a poner en circulación un mensaje, el mensaje de la traición y la alevosía, preparar la colaboración con el enemigo.
            ––Sigo sin entender nada.
            ––¿Cómo se titula el libro que reseñas? Suavemente Ribera. Más claro, agua. Suavemente nos queréis ir colando la colaboración futura con Ciudadanos.
            Yo sonreí ante la sutil hermenéutica de mi amigo. Tampoco me fiaría demasiado de que, si se diera el caso de su victoria, que parece muy probable, Pedro Sánchez fuera capaz de resistir la presión de los poderes fácticos a favor de un gobierno que garantizara, según ellos, la estabilidad. Pero, afortunadamente, Ciudadanos se ha atado de pies y manos durante la campaña para evitar que eso ocurra. No sé si lo lamentarán después. Quizá no. Parece que solo aspiran a ser el primer partido de la oposición.


Domingo, 28 de abril
ALIVIO

Pasadas las once de la noche, empiezo a recibir llamadas de mis amigos.
            ––¿Qué? ¿Qué te ha parecido el resultado de las elecciones?
            ––Respiro aliviado. La España que piensa ha ganado a la España que embiste.
            ––Y la España que piensa es la España que piensa como tú, ¿no es cierto?
            ––No te creas. A mí pensar se me da bien, pero hay quien dice que embestir se me da mejor.


Lunes, 29 de abril
LLANTO POR TONY STARK

He ido dejando de una semana para otra Dolor y gloria de Almodóvar, una obra maestra, o eso dicen, que no me apetece nada y que probablemente desaparecerá de la cartelera antes de que yo encuentre un momento para admirarla, pero me he apresurado a ver Vengadores: Endgame.
            Como quienes me leen detestan este tipo de cine (por americano y por comercial), puedo incurrir en algún spoiler sin que nadie me lo reproche. En ella muere Tony Stark, Iron Man, mi superhéroe favorito: multimillonario, genial, filántropo, playboy, cínico, brillante e ingeniero. Todo lo que a mí me gustaría ser. Y los ojos se me llenan de lágrimas en las escenas finales.
            Con las películas de la Marvel disfruto como cualquier adolescente. O como cualquier contemporáneo de Sócrates con las enrevesadas peripecias de los dioses, los héroes y los semidioses. Suspendo mi incredulidad, abro los ojos asombrado, y me creo que media humanidad desaparezca con un chasquido de dedos del Titán dueño de las Joyas del Universo y que luego, gracias a la mecánica cuántica, podamos volver atrás y hacer regresar a los que desaparecieron.
            Sigo siendo el niño que fui. Tengo todas las edades que he tenido.
           

Martes, 30 de abril
MEDIO SIGLO DESPUÉS

“Un paso insignificante para la humanidad, un paso grande para un hombre”, pienso al entrar en el colegio de San Pedro de los Arcos. En él realicé mis prácticas de Magisterio durante el curso 1970-1971, hace ahora medio siglo. No lo había vuelto a visitar desde entonces.
            Asisto a una clase de asturiano. Toca hablar de la música tradicional asturiana y resulta que la alumna en prácticas es toda una profesional, Paula Amieva, hija del gaitero Xuacu Amieva, y nos da una espléndida lección a la vez que interpreta los más diversos instrumentos. A mí me sorprende uno que no había visto nunca, aunque sí me parece haberlo oído en alguna película del oeste, el arpa de boca, que en principio da un poco de miedo porque parece un corrector dental (la lengua ha de ponerse hacia atrás, la caja de resonancia es la misma boca).
            En una de las paredes, hay enmarcado un poema escrito por Amalia, de ocho años, nacida en Medellín, Colombia. “A veces llueve / y a veces non. / A veces canten los sapos / y a veces non”, dice el estriblillo. “Un día tantu y tantu llovió / que l’agua con too arrampló: / cola nevera y les pites, / cola silla de la güela, / cola mesa la cocina, / cola ropa los armarios, / colos cuadernos d’escuela, / colos tiestos y les rises”.
            El arpa de boca se toca solo en algún remoto lugar de Asturias, pero también en Turquía y en la India y en Mongolia y en la cultura mapuche. ¿Hubo viajeros que lo llevaron de un sitio a otro o se inventó en todos esos lugares? En algunas partes se hace de bambú, con lo que resulta menos amenazante.
            Pocos alumnos se atreven con el arpa de boca, pero todos quieren probar el tambor y, sobre todo, la botella de anís, que se toca con una cuchara.
            Mientras asisto a esta clase de músicas varias, me vienen a la memoria las anécdotas de hace cincuenta años. Siempre cuento que un día, en el recreo, un alumno se me acercó gritando: “Maestro, maestro, Luis está jugando al fútbol con una calavera”. Y resulta que era verdad, jugaba a darle patadas a una calavera como la de Yorick en Hamlet. Resulta que el patio del colegio estaba construido sobre lo que había sido el cementerio de la iglesia. Lo habían derribado poco antes y todavía, a los lados de aquel patio aún sin vallar, quedaban montones de tierra con algún que otro hueso olvidado.
            Eran otros tiempos. Lo primero que nos dijo la directora fue: “Tenéis que saber mantener la disciplina cuando os quedéis solos a cargo de una clase. El año pasado, el primer día, a un maestro en prácticas se le escaparon varios niños por la ventana”.
            Eran otros tiempos. Franco todavía parecía eterno. Recuerdo las charlas con Mariluz Fernández mientras paseábamos, después de la comida (comíamos en el comedor escolar) hasta santa María del Naranco. Por allí estaba también la poeta Esther García López, tan joven e hiperactiva ahora como entonces.
            No había vuelto a San Pedro de los Arcos desde entonces. Me alegra volver. Una zancada de medio siglo, un paso grande para un hombre, pero pequeño para la humanidad. O no tan pequeño. Si bien se mira, el mundo en ese tiempo ha cambiado más que yo. Y no digamos España. La España de entonces no se reconocería en la de hoy, pero aquel joven de veinte años que daba sus primeras clases y escribía sus primeros versos, si apareciera ahora, seguro que no me extrañaría: “Te pareces bastante a lo que siempre quise ser”. Y es que nunca fuimos muy ambiciosos, ni él ni yo.


Miércoles, 1 de mayo
SOY UN HIPÓCRITA

––¿Cuándo dices que se presenta tu próximo libro? ¿El día 16? Vaya, lo siento mucho, ese día no puedo acercarme a Asturias, estoy en Moscú –me dice Martín López-Vega mientras tomamos café en el Dos de Azúcar–. Y antes tengo que ir a Turín, donde he que hablar en la Feria del Libro, que se celebra en el Lingotto, un lugar que si no conoces, te gustará mucho, y luego he de pasar por Venecia, donde inauguramos el Pabellón de España en la Biennale.
            ––Uf, qué ajetreo –le respondo con la más hipócrita de mis sonrisas–. Yo no soportaría llevar una vida así. A mí me cuesta cada vez más recuperar las costumbres después de un viaje, y también adaptarme a un nuevo lugar. Pero ya descansarás cuando te vayas como director al Cervantes de Pekín. Allí, todo lo más, algún paseíto por la muralla china el fin de semana.
            ––Pues parece que finalmente no voy a ir a Pekín. El lunes, tras conocer el resultado electoral (ya sabes que, si ganaba la derecha, iba a dimitir inmediatamente del cargo), me pidió Luis que reconsiderara mi petición, que él sabía que soy un enamorado de la cultura china, pero que teníamos muchos proyectos en marcha y que le gustaría que siguiera como director de Cultura.
            ––Eso quiere decir que está muy contento con tu trabajo.
            ––A Pekín iré, pero en viaje de ida y vuelta, no a quedarme allí cinco años, cuando vuelva de Moscú, a inaugurar una exposición de Picasso.
            ––O sea que vas a seguir viviendo en Madrid, trabajando en Cibeles, frente al Banco de España, y viajando en business hoy a Berlín, mañana a Buenos Aires, pasado a Roma…
            ––Así seguiré todavía algún tiempo. Dos semanas después de volver de Moscú, me voy a Praga.
            ¡Y yo aquí, “atado a un escalafón y a un horario”! Digo “qué fatiga”, pero lo que pienso es  “qué envidia”. La vida que lleva mi amigo Martín López-Vega es exactamente la que a mí me gustaría llevar, aunque –soy un hipócrita– jamás lo reconocería delante de él ni de nadie.


Jueves, 2 de mayo
MEJOR NO

El ser humano es una criatura paradójica. “Un animal absurdo que necesita lógica”, como escribió Antonio Machado. Y yo me temo que soy más paradójico que nadie. Veinte años lamentando que se enfadara conmigo un poeta al que siempre he admirado, Miguel d’Ors, y cuando por fin consigo que acepte mis disculpas, o eso parece, resulta que una frase de su carta me hace perder todas las ganas de ser amigo suyo. Ni siquiera terminé de leer esa carta. Llegué a la frase en que afirma que mi conducta le pareció –y le sigue pareciendo– “de una miseria moral casi insuperable” y dejé de seguir leyendo. ¿Me sentí ofendido? En absoluto. Pero eso es como lo de “felón” aplicado por Pablo Casado a Pedro Sánchez, que dice mucho del que lo dice, demasiado.


Viernes, 3 de mayo
UNO DE ELLOS
              
Hay amigos que, cuando se enfadan contigo, te quitas un peso de encima.
            Me temo que yo soy uno de ellos.




sábado, 27 de abril de 2019

Revelación de secretos: Las cosas claras




Viernes, 19 de abril
OTRAS SON LAS TRAGEDIAS

Cada viernes, a partir de las siete de la tarde, desde hace casi cuarenta años, aún seguimos reuniéndonos unos cuantos amigos para charlar de todo lo divino y lo humano, como se decía antes, y nunca mejor dicho, porque la Teología y la astrología son dos de mis entretenimientos favoritos.
            Esta tarde se hablaba del incendio de Notre Dame, entre otros tópicos del momento, y yo dije:
            ––No fue una tragedia, fue un espectáculo. Una tragedia es que arda un piso en cualquier suburbio y que muera una anciana o una familia o que muera un bombero tratando de sofocar el incendio.
            ––¿Y a ti no te importa que se destruya una obra maestra de la arquitectura y un montón de reliquias?
            ––Reliquias más falsas que Judas, en la mayor parte de los casos, como esa corona de espinas que al parecer se salvó en el último momento. ¡Cuánto se han aprovechado algunos de la credulidad de las gentes! Se habla mucho ahora de las fake news. Sin fake news, cierto, Trump no sería presidente, pero tampoco la iglesia católica sería la poderosa multinacional que es.
            ––¡Irreverente estáis!
            ––La torre de la catedral de Oviedo no es del siglo XVI, sino de los oscuros años cuarenta del pasado siglo.  La aguja que se derrumbó en Notre Dame no era precisamente del siglo XII, sino del XIX, como la mayoría de las fascinantes gárgolas que desde lo alto de sus torres vigilan el cielo de París. Nada que pueda solucionarse con dinero es una tragedia. Los generosos mecenas que han puesto dinero para que vuelva a ser como era, o mejor, cuanto antes, recuperarán su inversión, que tiene más que ver con el lavado de imagen de sus oscuros negocios que con el amor al arte. Notre Dame es una máquina de hacer dinero. Basta subir un euro el precio de las entradas, que ya están solicitándose por adelantado.


Sábado, 20 de abril
UN JARDÍN

En él se come durante el verano, se tiende la ropa, se arrancan las malas hierbas, se medita, se pasea. Es en él donde se entierra a quienes han fallecido, se recoge miel, se cosechan manzanas y peras y donde cada día la hermana Ruth va a buscar las flores que sirven para adornar los altares de la iglesia.
            El jardín del monasterio Mariazell-Wuemabach, en el extremo superior del lago de Zurich, no es especialmente grande ni se ajusta al modelo tradicional, pero está lleno de vida. Yo me los encuentro en las páginas de un libro, Los jardines de los monjes, de Peter Seewald y Regula Freuler, y paso en él la tarde melancólica de este sábado en que a uno le apetecería estar lejos, muy lejos del mundo, pero sin dejar de estar en el centro del mundo que de verdad vale la pena.


Lunes, 22 de abril
CASI INSUPERABLE

Día de desencuentros con la gente que uno quiere, los peores desencuentros. Y carta de Miguel d’Ors en la que acepta mis tardías disculpas por lo que dije en uno de mis diarios –yo había olvidado en cuál, él me precisa que en Fuego amigo, del 2000–, aunque no por eso deja de considerarlas “de una miseria moral casi insuperable”.
            ¿Qué habré dicho? Cualquier torpeza. No me atrevo a revisar el volumen para comprobarlo. Ya se sabe que las ofensas que uno hace, aunque sean involuntarias, se olvidan primero que las que recibe.
            ¡Una miseria moral casi insuperable! Ahí es nada.
            Pero cristianamente acepta mis disculpas y perdona, aunque no olvida. Me alegran sus palabras, a pesar de lo de la miseria moral, que me deja un poco estupefacto, todo hay que decirlo.
            Yo nunca he dejado de admirar al gran poeta que descubrí en las páginas de la revista Poesía española allá por los primeros años setenta.


Martes, 23 de abril
TODOS LOS DÍAS

––Tú, con tal de llevar la contraria –me dice un amigo–, eres capaz de comprar libros todos los días, menos el día del libro.
            ––Qué bien me conoces.


Miércoles, 24 de abril
UNA PERSONA ENCANTADORA

En la comida del Palacio Real, más concurrida que de costumbre, me toca sentarme entre Carmen Posada y Blanca Berasátegui. A nuestro lado está Eva García Sáenz de Urturi, de quien yo ni había oído hablar y que resulta ser una de las novelistas más vendidas de la actualidad. Con su Trilogía de la Ciudad Blanca va ya por más de un millón de ejemplares (no sé yo si Juan Marsé alcanzará esa cifra con todas su novelas juntas, incluida la peor, que fue premio Planeta).
            La Ciudad Blanca es Vitoria y, según nos cuenta Eva, gracias a sus libros se ha multiplicado por cuatro el turismo y ya hay rutas que recorren los lugares en que se sitúa la acción de sus novelas. Y aumentarán las visitas cuando se estrene la película de Atresmedia El silencio de la Ciudad Blanca, dirigida por Daniel Calparsoro y protagonizada por Javier Rey y Belén Rueda.
            Los escritores exquisitos tendemos a mirar por encima del hombro a los bestselleristas, como si serlo estuviera al alcance de cualquiera. Por mi confidente particular, el teléfono móvil, me entero de qué va esa exitosa trilogía: asesinatos rituales, restos arqueológicos, leyendas ancestrales, un joven inspector experto en perfiles criminales y con drama familiar incluido, una subinspectora con la que mantiene una complicada relación… Todo eso me suena, y mucho. Es el esquema de Asesinato en La Rochelle, Asesinato en Saint Malo y cualquier otro episodio de la serie de France 3, con la colaboración de la televisión belga, que yo veo a veces para desconectar antes de irme a dormir. Me gusta por los escenarios, sobre todo cuando reconozco lugares que he visitado. De la intriga, me desentiendo antes de que llegue al final.
            No está al alcance de cualquiera ser escribir de best seller, pero no sé yo si me decidiría a escribir una entretenida novela de quinientas páginas, aunque me garantizaran que se iba a vender mucho. Seguro que me aburriría antes de terminarla, como me aburriría de leerla antes de llegar al final. En este tipo de libros, soy de los que prefieren ver la película o la serie de televisión. Se acaba primero.
            Enfrente de mí, está otra escritora, Ayanta Barilli, que al parecer acaba de regresar de un viaje a Irán junto a su hija, y que también vende mucho y de la que no he oído ni hablar (luego me entero de que es hija de Fernando Sánchez Dragó, colaboradora de Jiménez Losantos y finalista del Planeta). A quien sí reconozco es a Boris Izaguirre, sonriente, encantador y feliz. Le comento que me gustó mucho la crónica que hizo del primero de estos encuentros, en el que coincidimos. “Además de un personaje, es un excelente escritor”, le digo a Alejandro Garmón Izquierdo, el joven poeta que me acompaña.
            Yo no soy de los que desprecian a los escritores que venden mucho, pero tampoco los envidio demasiado. A fin de cuentas, para ganarme la vida tengo un trabajo más agradable. Y que no requiere dedicarse al chalaneo y a la promoción, dos actividades que detesto especialmente. Soy incapaz de andar por ahí diciendo lo bueno que es mi último libro, aunque lo sea.
            Durante el café en el Salón Chino, tengo ocasión de charlar con gente más de mi mundo. Por allí anda mi admirado Enrique García-Máiquez, católico, apostólico y romano, pero también generoso, inteligente y cordial. “Me alegra ver por aquí a los viejos republicanos –me dice–, acabaréis todos cayendo del guindo”. “Hombre yo, monárquico, precisamente monárquico, no soy. El rey de España que prefiero es Amadeo de Saboya, elegido por el parlamento, y al que unos y otros hicieron la vida imposible. Pero siento afecto por Felipe de Borbón. La culpa la tiene Graciano García. Me ha hablado tanto de él, que ya es como de la familia. En cierto modo, le he visto crecer. Siempre supe que era una persona capaz y cabal, y eso es lo que importa. De su padre, no habría aceptado ni agua. Importan las personas, no el título que llevan”.
            “No necesitas disculparte tanto”, me dice que Martín López-Vega que también anda por allí. “Tú vienes porque te encantan los fastos monárquicos, yo por razones de trabajo. Por cierto, para la feria del libro sale mi poesía completa. Espero que cumplas tu palabra y no la reseñes, que de sobra sé lo mal que tratas a tus amigos”.
            Discutir un poco con Javier Gomá, el director de la fundación Juan March, es una de mis ocupaciones favoritas en estas sobremesas. “Diré a los de Pre-Textos que te envíen mi comedia, que este domingo anticipa El Mundo, seguro que te va a gustar. ¿Tú has publicado algo?”, “Un libro que se distribuye a principios de mayo, pero no lo leas, seguro que te va a irritar”, “¿Hablas de mí?” (ese es el tema que más importa a cualquier escritor, por mucha filosofía de la ejemplaridad que practique), “No, no, de nuestro anfitrión –digo bajando la voz charla en el corrillo de al lado–.Y tampoco es que hable mal, discrepo solo de cierta acción política suya poco acertada”.
            La verdad es que la irritación ya se me ha pasado. Vivimos entonces momentos complicados, que no tienen solución fácil, y no siempre se puede acertar. Yo le veo ir y venir entre los invitados, siempre atento y cordial, acercarse a acompañar a Luis María Anson, que está derrengado y solo en una silla (ya parece que no es el hombre poderoso de antes), despedirse cordialmente al final de la velada (la reina desaparece antes) y pienso –pero no se lo digo a nadie, no quiero pasar por un adulador– que es una suerte que esté ahí en estos momentos complicados.
            “Bueno, le digo a Javier Luzán, no estoy muy seguro de que no hable también de ti en mi libro, creo que algo digo a propósito de un artículo en el que afirmabas que la prosa española era chabacana y vulgar por seguir el ejemplo de la picaresca y no el de de Fray Luis de León, para ti nuestro mayor prosista, superior a Cervantes”. “¿Yo dije ese disparate?”. “Lo dijiste o lo diste a entender en dos páginas de Babelia”. (Ya tengo asegurado un lector para mi libro: yo también se vender.)
            “No he leído ni un poema suyo –me dice Luis Alberto de Cuenca señalando a la Premio Cervantes, escoltada por Vargas Llosa–.¿Qué tal poeta es?”,  “Una persona encantadora –le respondo–. Quién pudiera llegar a su edad con esa energía y esa cabeza”.
             

Jueves, 25 de abril
CON RAZÓN

No he tenido mucha suerte en mis intentos de reconciliación. Con Villena ni lo he intentado. ¿Para qué? Volvería a enfadarse en cuanto le comentara su borrosa colaboración en La figura escurridiza, el reciente homenaje a Juan Bonilla.
            Escribí a nueve amigos perdidos, contestaron menos de la mitad. Dos se limitaron a decir secamente “gracias”, otro habló de mi miseria moral, ninguno dio muestras de querer reanudar la antigua relación.
            Y es que mis delitos son de los que no prescriben: reseñas poco elogiosas, indiscreciones en el diario, que incluso han roto matrimonios o eso dice Andrés Trapiello.
            Además, por muy sinceras que sean mis disculpas (y lo son, sin duda), quizá sospechan que no hay verdadero propósito de enmienda. Y me temo que con razón.