domingo, 18 de enero de 2009

Puntadas con hilo

A Lorenzo Oliván

Lo cierto no siempre resulta certero.

Sin ritmo las palabras son incapaces de volar.

La luz se lanza a ciegas sobre las cosas.

El agua fresca siempre está desnuda.

Al acercarse a la playa la tarde se puso su bañador de luz.

En aquella alta azotea se sentaban a descansar y cotillear las nubes.

En el horizonte el agua del mar duerme la siesta.

Cuando el pájaro echó a volar, la rama se vino al suelo.

No paro de dar vueltas para ver si algún día me encuentro.

Aquel árbol prefería troncharse de risa a que lo tronchara el viento.

En las noches cerradas hay que llamar a la luna para que nos traiga la llave.

Los gatos son los mejores confidentes. Saben todos los secretos, pero no cuentan ninguno.

Lo que más le cuesta a Dios perdonar a los hombres son los pecados que a él mismo le habría gustado cometer.

No me gusta que me contradigan, pero me gusta contradecirme.

Al silencio no se le escapa ningún ruido.

Quien ama las palabras se alimenta de viento.

Cazaba las ideas al vuelo, pero luego las encerraba en la jaula de la lógica.

A la noche y al gato les gusta mirarse fijamente a los ojos y jugar a ver quién desvía primero la mirada.

Las palabras muy usadas se vuelven como nuevas en la lavadora del poema.

La palabra adecuada suele ser la más inadecuada en determinadas situaciones.

Una pluma en el viento: muerto el pájaro, no muere el vuelo.

Comenzó su gran negocio inmobiliario alquilando islas desiertas a los náufragos.

Soñó con árboles y al despertar se encontró con la cama llena de hojas.

Sin la firma y rúbrica de la serpiente ningún paraíso es auténtico.

Dios hace colección de nubes.

Quien se apoya en nuestro hombro nos sostiene.

No hay mejor guía que un niño que está aprendiendo a andar.

Le gustaba reírse de todo, pero era incapaz de reírse de sí mismo.

Cuando Pessoa quería estar solo, se iba a un café lleno de gente, a ver si así le dejaban en paz sus heterónimos.

Siempre nos enamoramos de la mujer más hermosa del mundo, salvo cuando nos enamoramos de un hombre.

Aunque nos acostemos solos, siempre nos acostamos con nuestro mejor amigo. Y con nuestro peor enemigo.

Nada más erótico que ver cómo se desnuda poco a poco la luz.

Aprende de la luna que todo lo ve y todo lo calla.

Qué cotillas los gatos y la luna, pero hablan en una lengua que solo ellos entienden.

La única frontera que no se puede traspasar es la del horizonte.

El que está diciendo siempre lo mismo nunca dice lo mismo.

En el juego del gato y el ratón me gusta ser el gato. Y el ratón.

Seguro que las pulgas consideran quisquilloso al hombre que, cuando le pican, se rasca.

Los murciélagos son las palomas mensajeras de las malas noticias.

Ninguna reputación puede ser buena; la palabra reputación ya resulta en sí misma un poco malsonante.

Le gustaba escribir con todas las palabras. Por eso acabó escribiendo un diccionario.

Quedarse a dos velas no es mala cosa si uno se queda en buena compañía.

La arena siempre tiene sed.

No hay verdad como una mentira a tiempo.

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