sábado, 19 de marzo de 2022

Elogio de la cordura: El pasado que vuelve

 

Sábado, 12 de marzo
UN PUÑETAZO

Hubo un tiempo en que yo soñaba con encontrar tesoros, pero no de joyas ni monedas, sino de libros que no se encontraban en ninguna parte. Por Ínsula, que leía en la biblioteca Bances Candamo, sabía de la obra de Sender, de Ayala, y sobre todo del poliédrico Max Aub, pero ninguno de sus libros estaba a mi alcance. Hoy encuentro en la casa de Avilés Mis páginas mejores de Max Aub, quizá lo primero que se editó de él en España tras la guerra civil —yo lo compré a finales de los sesenta— y lo hojeo con emoción. Ahora soy yo el escritor “en los umbrales de la vejez” que habla en el prólogo: “No hice sino escribir porque es lo único que me divierte. Llevo la literatura en la sangre. Mi amargura es no ser mejor escritor del que soy”.

            “Hice lo que pude”, añade luego y aclara que mintiendo. ¿Hice yo lo que pude? Creo que sí. Podrá faltarme talento, pero no ganas ni tiempo ni voluntad.

            Hojeo el libro dejándome llevar por la melancolía, pero de pronto siento un puñetazo. En “Las conversaciones de San Cristóbal”, una de las partes de la ficticia biografía de Jusep Torres Campalans, habla el pintor con el biógrafo, que lo creía muerto y lo ha encontrado en una aldea de Chiapas: “Las mujeres son aquí como las había soñado: agradecidas en cualquier momento. Siempre dispuestas a lo que se quiera: obedientes. No esclavas: es su gusto, serviciales y calladas. Físicamente, para los europeos, tienen el defecto de no ser del mismo número: de la cintura para arriba uno, de ahí para abajo menores. Se acostumbra uno fácilmente. Y una piel como no la hay. Con la gran diferencia de que aquí están deseando tener hijos, no para echárnoslos encima, sino para tenerlos ellas, porque es lo natural. En Europa, al contrario, lo que temen es quedar preñadas”.

            Pocos párrafos tan ofensivos para las mujeres y tan representativos de la mentalidad colonial. Obedientes, serviciales, calladas, siempre dispuestas a dar placer al hombre, así debían ser. Y dejarse preñar y malcriar luego a sus hijos como pudieran sin molestar al varón.

            Es una novela, esa era la mentalidad de la época, ¿de qué me escandalizo? De que el autor, que aparece también como personaje, no replique nada. De que la novela se reedite sin que nadie ponga peros a ese párrafo.

            —¿Y qué harías tú? ¿Censurarlo?

            —Comentarlo, no dejarlo pasar sin más.

            Vuelvo a Oviedo, busco el libro, y respiro aliviado al ver que esas palabras terminan con una nota. “Seguro que Max Aub se distancia de alguna manera”, pienso. Pero en la nota solo se lee: “¿Hasta qué punto, pienso, se trasluce aquí cierta amargura contra Ana María Merkel?”

            A Max Aub, como a sus lectores de entonces, esas palabras le parecían una gracia, o quizá una exageración, pero nunca una barbaridad. Algo hemos cambiado, y para bien.

Domingo, 13 de marzo
VER LO QUE NO VEÍAMOS

Algo hemos cambiado. No podemos leer hoy como leíamos ayer. En el Fontán encuentro Del sentimiento trágico de la vida en una edición de 1931. Yo leí ese libro de Unamuno muy joven y tardé en recuperarme de la impresión. Seguro que entonces no me percaté —hemos tardado todos en percatarnos— de lo que inmediatamente me llama la atención al releer, sentado en un banco al grato sol primaveral, el primer capítulo. Se titula “El hombre de carne y hueso” y en sus diecisiete páginas repite no menos de ochenta veces la palabra “hombre” y una sola la palabra “mujer”.

            —Martín, ya estás como esas feministas enloquecidas. “Hombre” en tiempos de Unamuno, y hoy en día, significa tanto hombre como mujer. Es el término no marcado de la oposición masculino-femenino. Si a alguien le preguntan si tiene hijos, le preguntan por los hijos y las hijas.

            —De sobra me sé ese argumento gramatical. Pero la realidad es otra. Cuando Unamuno habla de hombre se refiere quizá, en su intención, al ser humano en general, pero consciente o inconscientemente deja fuera a las mujeres. Y eso se puede demostrar. Te leo un párrafo: “El teléfono puede servirnos para comunicarnos a distancia con la mujer amada. Pero esta ¿para qué nos sirve?”

            El teléfono le sirve al hombre, entre otras cosas, para comunicarse con la mujer amada. El hombre del que habla Unamuno no es el ser humano en general.

            Otra prueba: “A medida que se cree menos en el alma, es decir, en su inmortalidad consciente, personal y concreta, se exagera más el valor de la pobre vida humana. De ahí arrancan todas las afeminadas sensiblerías contra la guerra”.

Esas sensiblerías afeminadas son las de ciertos hombres, a los que les ha dado por el pacifismo; a las mujeres no se les puede descalificar como “afeminadas”.

            Las mujeres —ciertas mujeres— nos han enseñado a leer de otra manera. Y los maestros de antaño nos muestran ahora sus desconchones.

Lunes, 14 de marzo
POR QUÉ SOY TAN ANTIPÁTICO

—Hay dos cosas, Martín, que te perjudican mucho y que deberías tratar de cambiar. Una, esa manía tuya de creerte más listo que nadie; la otra, cuando comentas un libro, aunque sea de tu mejor amigo, destacar siempre los puntos débiles.

            —No es que yo me crea más listo que nadie, qué tontería. Soy bastante bueno para detectar el talento ajeno, el talento literario sobre todo, pero no solo. No me creo más listo que nadie, Xuan, faltaría más, aunque a menudo pueda dar esa impresión. ¿Y sabes por qué? Si se colocan varios diapasones muy cerca uno del otro, cuando se golpea uno todos se ponen a vibrar con la misma nota. La gente común, la mayoría de la gente, es igual. La prensa oficial les dice que Rusia es culpable y todos se ponen a aullar contra Rusia mientras corren a alistarse en la División Azul.

            —¡Ya estás defendiendo otra vez a Putin! Eres incorregible.

            —Yo no defiendo a Putin ni a Biden, que en la guerra de Ucrania —a la que ni siquiera tiene que enviar soldados— ha encontrado la manera de sacarse la espinita de Afganistán, y cuenta con que le salve las elecciones de mitad de mandato en las que los republicanos parecía que iban a arrasar. Hará todo lo posible para que el gobierno de Ucrania tarde en llegar a un acuerdo razonable para ambas partes; no le interesa que el conflicto se arregle demasiado pronto y le fastidie las elecciones.

            —Ya estás otra vez haciéndote el listo. Lo que ocurre, y esto es lo que dicen los expertos en diarios y telediarios, es que Putin se volvió loco, se creyó Napoleón y decidió conquistar Ucrania como primer paso para luego invadir Polonia, Rumanía y el resto de Europa.

            —En fin, dejemos eso. Reconozco que el no dejar de pensar cuando todos dejan de hacerlo y se ponen a bailar al son que tocan me vuelve antipático, pero qué le vamos a hacer. Habrá que resignarse.

Martes, 15 de marzo
GRACIAS, AMIGOS

No sé quién lo dijo, Wilde o Nietzsche, pero me parece muy verdadero: “La soledad, la esencial soledad del ser humano, solo se hace llevadera en buena compañía”.

Jueves, 17 de marzo
TIEMPO DE AVERÍAS

Últimamente se multiplican las averías. Hoy no funciona un grifo, mañana pierde agua la cisterna, pasado se funden los plomos. Todos los días llamando al Seguro o recurriendo a la ayuda de un vecino mañoso. Llevo viviendo en este piso de la calle Murillo —sin hacer reforma alguna— desde hace casi cuarenta años  y eso comienza a notarse. Llevo viviendo en este mundo desde hace exactamente 71 años, 9 meses y 8 horas. Y eso comienza a notarse.

Viernes, 18 de marzo
VOTÉ QUE SÍ

Me envían, anónimamente y por correo ordinario, fotocopia de un artículo que publiqué allá por 1986 en defensa del voto afirmativo en el referéndum sobre la OTAN. “¿Pero tú has escrito esto?”, me dicen en la tertulia cuando lo enseño. “¿O sea que para ti la OTAN es un invento belicista de Estados Unidos en el que los países europeos actúan como comparsas, culpable de la situación bélica en que vivimos, quien arma y financia y anima a Zelenski para que resista cuanto pueda, aún a sabiendas de que tendrá que acabar pactando, solo para debilitar a Rusia y hacer caer a Putin, sin importarles los muertos y la ruina de Europa que eso conlleve, y luego resulta que tú animaste a que nos metieran en ella? ¡No me lo puedo creer!”

            —Eran otros tiempos —digo en mi defensa—. Aún existía el pacto de Varsovia y en ese referéndum el “no” era más contra Felipe González que contra la OTAN.

            —Las hemerotecas no perdonan. Debería caérsete la cara de vergüenza.

            —Pues no se me cae. Cambian los tiempos, cambian las circunstancias y yo cambio con ellos. En lo que no cambio es en el pensar que, antes de tomar partido en un conflicto, hay que escuchar a las dos partes. Y aquí a una se la silencia con el pretexto de que no dice más que mentiras.




43 comentarios:

  1. Invito a JLGM a pensar en un blog u otro medio que leyese habitualmente, y cuyo autor se dedicase, semana tras semana, a explicar de todas las maneras posibles lo listísimo que él es y lo irremediablemente tontos que son todos o casi todos los demás, aparte de carecer de criterio propio. ¿No lo encontraría, además de fuera de lugar, un poco (un bastante) pesado, y no sentiría vivas tentaciones de dejar de leerle, por más interesante que pudiera encontrarle en otras cosas?
    Decía Voltaire, y es frase que el propio JLGM repite con frecuencia: "el secreto de aburrir es contarlo todo". Insistir en lo mismo una y otra vez, ¿le parece menos aburrido?

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    1. Esa advertencia no va para mí, sino para quienes tienen la costumbre de leerme (Jose, por ejemplo). Yo no tengo esa costumbre, me conozco demasiado bien, prefiero a otros autores.

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  2. ¡Ánimo don José Luis! ¡Ya quisieran muchos mayores y no tantos!, 'serse' tan lúcidos como V.
    Por un lado: A Max Aub que muchos ven demasiado engolado con los términos que usa en 'Campo Cerrado' cuando habla en argot albañil como jaherrar, enjalbergar, etc. Les causa empanadilla mental cuando lo que usa son términos que la gente de pueblo de esa época lo saben sin tirar de diccionario o de wiskispedia.
    Por otro lado: Unamuno (1964). "El sentimiento trágico de la vida". Editorial Losada. S. A. Buenos Aires, pp. 256-7. Hace el mejor resumen del Krausismo que he leído en mi vida (le da un pequeño repaso hasta a Menéndez Pelayo). Y da con una máxima de llevar en una medalla en el pecho "... Los españoles somos católicos, sepámoslo o no lo sepamos...". Je, je.
    Por el lado allende: Haz obras inteligentes, ¡hombre! Acomoda la casa, pon puertas más grandes, un plato de ducha a nivel del suelo; unas ventanas con persianas eléctricas... Gasta dinero, leñe. Pa' qué lo quieres.

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  3. ¡ Qué "woke" se está volviendo JLGM !

    Si alguien es capaz de pensar lo que escribe Aub sobre las mujeres, en la vida o en un libro, peor para él. Nada más lógico que un imbécil diga imbecilidades. ¿Dónde está el problema?

    Para mí lo escandaloso es la recomendación de comentar ese párrafo del libro. ¿Los lectores no son lo suficientemente inteligentes para juzgarlo? ¿Hay que protegerlos contra semejantes opiniones? ¿Se debe comentar cada frase racista, antisemita, machista o políticamente incorrecta de toda la literatura clásica? ¿Volvemos a la infantilización de los lectores, al espíritu paternalista del "Índice de los libros prohibidos" y de la censura moral que imponen todas las dictaduras, que consideran a los lectores como ovejas que necesitan un pastor que les indique lo que es bueno y lo que es malo?

    En cuanto a Max Aub, yo nunca he entendido su prestigio de escritor. Todo lo que he leído de él me ha parecido muy mediocre. Hasta en su libro "Aforismos en el laberinto" es difícil encontrar alguno citable.

    Para acabar, me extraña mucho la ingenuidad de JLGM sorprendiéndose de encontrar tonterías escritas por Unamuno. Parece ignorar que la literatura está llena de ellas, sobre todo dichas por escritores que escribieron miles de páginas. Las Obras Completas de Unamuno, de Ortega, de Pla, de Eugenio d'Ors, de Baroja o de Pérez de Ayala (por no citar más que a autores españoles de una misma época), están llenas de ellas (y no hablemos ya de autores del siglo XIX célebres en su época y olvidados hoy). Lo raro es encontrar en la historia de la literatura opiniones lúcidas sobre las mujeres o antirracistas o sin prejuicios sobre la sexualidad. La excepción es la lucidez de un Montaigne. La regla, que los escritores sean "hijos de su época". Y lo más divertido del asunto, es que hoy está sucediendo lo mismo, aunque las majaderías cambien de tema. Los lectores del siglo XXII se sorprenderán tanto de nuestras opiniones y del peso que tiene en ellas nuestra época, como nosotros de las de hace un siglo. Pensar que en las últimas décadas la tontería está desapareciendo del mundo y por ello de la literatura, es ser muy ingenuo.

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  4. 1/ Si se reedita un libro, es por su interés para el lector actual. Y si contiene algún párrafo ofensivo hoy --pero aceptado un tiempo y quizá todavía por algunos-- conviene señalarlo en el prólogo o en nota, evitar que el lector piense que nos solidarizamos con él. Por cierto, esas palabras no están en boca de Aub (personaje de esa biografía que usted no ha leído), sino en la del protagonista. Y el prestigio de Max Aub como escritor está bien fundado.
    2/ Es posible que Unamuno escribiera muchas tonterías, pero el primer capítulo de "Del sentimiento trágico de la vida" no es ninguna tontería. Y lo que yo señalo --el uso abusivo del término "hombre", aparentemente para referirse a la humanidad en su conjunto, en realidad para referirse solo al varón-- es posible que a muchos lectores les siga pasando inadvertido.

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    1. "Si se reedita un libro, es por su interés para el lector actual. Y si contiene algún párrafo ofensivo hoy --pero aceptado un tiempo y quizá todavía por algunos-- conviene señalarlo en el prólogo o en nota, evitar que el lector piense que nos solidarizamos con él."

      Si se hiciera eso cada vez que se reedita un libro que tenga más de medio siglo, en muchos de ellos las notas deberían ocupar docenas de páginas. Y en los clásicos, centenas. A las Obras Completas de un Ortega o de un Unamuno habría que añadirles un tomo por lo menos de notas. Que se haga eso con ediciones escolares para adolescentes, de acuerdo. Pero hacerlo para los lectores adultos es considerarlos como inmaduros incultos. A quienes les parezcan bien las estupideces que dicen sobre las mujeres Baroja, Ortega o Unamuno o las burradas contra los judíos de un Quevedo o de un Céline, que Dios les pille confesados. Es un problema suyo, no de los editores de literatura.

      Otra cosa es que se hagan ediciones prologadas, muy anotadas y caras (sin reedición en colecciones de bolsillo) de libros como el terrible "Diario 1939-1945" de Drieu La Rochelle (uno de los libros más patéticos escritos en el siglo XX), los delirantes panfletos antisemitas de Céline (cuya reedición por Gallimard está suspendida por problemas de derechos, creo) o el "Mein Kampf" (del que se han hecho recientemente ediciones históricas tanto en Alemania como en Francia, acompañadas de estudios tan exhaustivos como serios).

      "esas palabras no están en boca de Aub (personaje de esa biografía que usted no ha leído), sino en la del protagonista. Y el prestigio de Max Aub como escritor está bien fundado."

      Nadie ha afirmado contundentemente que las palabras de Aub contra las mujeres sean su opinión exacta sobre ellas. Yo he escrito "lo que escribe Aub sobre las mujeres" (se entiende que atribuido a un personaje, puesto que usted mismo lo dice :"una de las partes de la ficticia biografía de Jusep Torres Campalans"). Pero me inclino a pensar que, como tantos otros escritores, Aub utilizaba la ficción para decir cosas que no quería decir directamente, puesto que he leído "Vida y obra de Luis Álvarez Petreña", libro en el que abundan también las opiniones contra las mujeres y en el que se ve bien que su autor tenía un problema con ellas (por no decir con el sexo en general).

      En cuanto a su prestigio como escritor, pueda ser que está bien fundado hoy. Pero ¿mañana? A mí me da la impresión de que hoy se habla de él y se le lee mucho menos que en los años 70 y 80. A quienes crean que Max Aub es una gran escritor, yo les invito a que lean sus "Aforismos en el laberinto", una colección de "reflexiones" filosóficas de una sorprendente mediocridad.

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    2. Un gran escritor lo es porque escribió grandes obras, sin que ellos suponga que no escribiera otras menos grandes. "Aforismos en el laberinto" no es un libro publicado por Max Aub, sino una selección de frases suyas seleccionadas por Javier Quiñones.

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  5. Que coincidencia que el capítulo anterior sea Los malhechores del bien. ¿No sería una fechoría del bien (lo que tú consideras el bien) esa nota aclaratoria, para salvar la moral dominante? Lo que es bueno en un tiempo es malo en otro y lo que es malo para unos, en un mismo tiempo, es bueno para otros. Paradojas del bien y del mal.

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  6. Te lías un poco, Jesús. Las frases de otro tiempo ofensivas para la mujer, o los nativos americanos, no se deben repetir y reproducir sin más.

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  7. Sigo liándome, Martín. Pero decir "ofensivo para la mujer" es una falacia. Será ofensivo para algunas o muchas mujeres, para otras no, como se ve con frecuencia en las discusiones políticas de mujeres de un bando y del bando contrario. Además de que la naturaleza muchas veces va por un lado y las ideas por otro. Cuando en un libro de la Biblia se dice que Dios ordena matar a todos los varones y preñar a las mujeres para asegurar, con los niños venideros, el trabajo de la tierra, es algo que está ahí y el lector, según sus criterios, sentimientos o emociones, considere lo que quiera considerar. Ejemplos hay muchos más. De tener que comentar cada cosa que nos parezca denunciable en un libro, a quemar libros y cuadros por "degenerados" va un paso. En fin, algo de acuerdo estoy con el comentarista Roble. Hay un libro de Max Aub en que, por medio de los efectos de una droga, hizo que presos hablen de sus crímenes, en crudo, sin paños calientes, sin prólogos aclaratorios.

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    1. Pocos libros más anotados, comentados, discutidos que la Biblia, Jesús. Y hay cosas ofensivas para las mujeres, por supuesto, independientemente del partido político en que militen o de que no militen en ninguno.

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    2. Por cierto, no conozco ese libro de Max Aub en que "droga" a sus informantes.

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    3. En la edición que yo tengo, a ver si la encuentro, sí tiene un prólogo aclaratorio, del propio autor donde habla de cómo consiguió los relatos de los criminales. Y aprovecho para corregirme. Donde puse "aclaratorio" debí poner "reprobatorio". Por lo demás, al hilo del ejemplo que tú pones arriba, en Santo Domingo, república dominicana, la ofensa para una mujer es no producir, no tener hijos.

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    4. Creo que no te enteras del asunto, Jesús. "Crímenes ejemplares" es un libro de microrrelatos, una obra de ficción, no hubo que drogar a nadie. Y si crees que lo ofensivo del párrafo que copio tiene que ver con los muchos o los pocos hijos, pues no hay nada de qué hablar.

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    5. No, ya sé que lo "ofensivo" no está concretamente en eso. En lo de "Crímenes ejemplares", fuerte patinazo el mío. Gracias por sacarme de un error de años. La ignorancia es atrevida.

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    6. Disculpa la insistencia, no me hagas caso. Me dejaste trabado con lo del libro de microrrelatos. Lo busco y lo busco para ver si tiene una nota que aclare que el prólogo forma parte de la ficción.

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  8. Mayor Thompson le agradece qué esvriba un blog y yo pueda leerlo. En la soledad de un pueblo de Castilla la vieja.. Mil gracias don José Luis

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    1. No recibo muchos agradecimiento, así que soy yo el que debe dar las gracias.

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  9. Unamuno, en "El sentimiento trágico de la vida", se ha bebido un cóctel de una parte de Hegel, otra de Shopenhauer, y el resto gaseosa Kierkegaard.
    Agobia. No es su mejor libro. Pero decían tonterías en Alemania y aquí se repetían.
    Victor Menéndez

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    1. Pues no, no me refiero a eso. Y Unamuno había leído mucho más y lo había pensado, repensado y sentido por su cuenta. No se trata aquí de menospreciar a Unamuno.

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  10. Ni se me ocurre menospreciar a Unamuno, Martín, del que he leído toda su obra. Simplemente me refiero al título citado.
    Desde luego a sus influencias añade unas gotas de San Ignacio de Loyola.
    Estos son simples comentarios. Nada más
    Victor Menéndez

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  11. A ver si nos entendemos. He leído todo Unamuno, su obra cumbre es "Amor y pedagogía", para mí gusto y aprecio.
    El comentario que hice, esta hecho a vuela pluma, sobre el libro que cita Martín.
    Dios me libre de menospreciar a Unamuno.
    Víctor Menéndez

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  12. Yo no he leído toda su obra, de hecho todavía en la Casa museo de Salamanca hay mucho por investigar, ni siquiera Elías Díaz, ni Gómez Molleda, ni Pedro Ribas, ni Diego Núñez..., han leído todo.
    Yo he leído menos que ellos, pero lo sí hice en su momento es investigar casi todo lo que escribió en "La Lucha de Clases" para una investigación que hice sobre la "Cuestión social en la época de Unamuno" por placer (mejor dicho dicho para sacar un máster, también por placer). Todavía recuerdo una pregunta que me hizo el director de la tesina Francisco Martínez Martínez... En fin, para no darme más coba a mí mismo (je,je). Leer todo de Unamuno es imposible, ni siquiera Trapiello que se la da de especialista en él lo ha hecho.

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  13. Bueno, igual me he saltado algún poema.
    Era lectura predilecta de mi padre, por su vocación pedagógica.
    Así que sí. Me interesa más el Unamuno joven que el ya "consagrado".
    Victor Menéndez

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  14. Más menosprecia a Unamuno, JLGM, corrigiendolo, según su anacrónico punto de vista, sobre hombres y mujeres, etc.
    Tiene coña la cosa.
    Victor Menéndez

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  15. Otra cosa. Qué caballerosidad la tuya, Martín, defendiendo a la "mujer", así hipostizada.
    Vete a freír espárragos y esparragas
    No hay más comentarios, tus gilipolleces son de antologia.
    Víctor Menéndez

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  16. Je, je. Habría que hacer una "antología" de comentarios.

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  17. Lee uno cosas en este foro que le dejan pasmado. Ahora resulta que las anotaciones de un libro podrían ser formas de censura, o que injurian al lector al considerarlo infantilizado o inmaduro.

    Pues no. Las notas son advertencias, ampliaciones, matizaciones cuyo objeto es asegurar un aprovechamiento y una comprensión del texto más completos y profundos. Porque a veces hay circunstancias significativas que podrían pasarse por alto. "¿Acaso el lector maduro necesita caminar con semejantes muletas, acaso no está lo bastante preparado?" Pero hombre, ¡por supuesto que NO lo está! NADIE que haya leído un Quijote exento de notas ha comprendido la obra tan bien como el lector que haya disfrutado de las (comedidas) anotaciones de un Francisco Rico, por ejemplo. NADIE que haya leído "las Alicias" de Lewis Carroll limpias de comentarios entenderá dichas obras como el lector que las haya leído anotadas por Martin Gardner. Y estas son obras "fáciles". No digamos si se trata de la Celestina, del Ulysses de Joyce o de un texto surrealista.

    Hace una semana me devolvió una joven un texto escrito por un político del siglo XIX, y estaba horrorizada por el racismo del autor. Hubo que darle la razón, claro, pero a la vez explicarle que, hacia 1850, la idea de que unas razas eran más capaces que otras era dominante, se creía "científica" y estaba completamente extendida. Incluso un genio como Charles Darwin estaba imbuido de ella. Esta simple "anotación", en este caso oral, alteró radicalmente la perspectiva que la joven se había formado del político y de su obra. Para eso sirven las notas. Y las mujeres vejadas que, supuestamente, no se sienten ofendidas requieren anotación y explicación. Las razas, a fin de cuentas, pueden ser remotas y recónditas. Pero las mujeres las tenemos al lado a lo largo de toda la vida.

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    1. Al parecer Antonio P. es profesor. Si es verdad, yo compadezco a sus alumnos. Estamos hablando de notas y advertencias morales y él nos habla de notas que aclaran textos difíciles. Para este señor las notas de Dámaso Alonso para explicar a Góngora y las que hubiera querido poner JLGM para advertir del machismo de Unamuno o Max Aub son el mismo género de notas. Y las notas explicativas de un texto oscuro hechas por D.Alonso justifican las notas morales que condenen el machismo de Unamuno o Max Aub.

      Esperemos que el señor P. no sea profesor de Lógica.

      Y recordémosle que para practicar un deporte tan arriesgado como el de llevar constantemente la contraria a alguien, hay que tener una inteligencia muy ágil y una gran capacidad de disimular muy bien las dosis de mala fe imprescindibles para hacerlo sistemáticamente, como lo demuestra aquí el proprietario de este blog cada semana. Y a mí me da que usted carece de ambas.

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    2. "El mismo género de notas", dice aquí Robles, el exégeta improvisado. O sea, que hay anotaciones históricas, sintácticas, geográficas, religiosas, lógicas, gastronómicas, técnicas.... y luego morales. Y a las morales hay que echarles de comer aparte. Todas las notas son muy saludables y muy de agradecer... salvo las morales. Que alguien ponga por escrito que aquellas mujeres eran muy sumisas y complacientes, y muy entregadas al placer del hombre, todo esto es un texto muy fácil y no necesita ninguna anotación explicativa de las circunstancias del autor y de su época. Bravo por el genio de Robles y su "protección del lector".
      Antonio P no es profesor, pero tiene amistades con las que intercambia libros, personas inteligentes que agradecen y valoran las anotaciones pertinentes y bien traídas. O sea que Robles se puede ahorrar la compasión a los inventados alumnos. Podría reservarla, la compasión, para los infelices que "adjetivan" de aquella manera:

      Exégeta de taberna. Analista de charcutería. Etc, etc.

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    3. ¿Tan difícil es comprender que hay notas necesarias para la comprensión del texto y otras innecesarias, como las que advierten de que lo que se lee es muy racista o muy machista, por ejemplo?

      Me tranquiliza el hecho de que nuestro amigo Antonio P. (que es de esa clase de personas que tienen tan alta opinión de sí mismos y de su misión sobre la Tierra que son capaces de hablar de ellos mismos en tercera persona, como Alain Delon), no sea profesor, ni trabaje en una editorial, como me tranquilizó en su día que no fuera funcionario de la OTAN en la sección "Estrategias de guerra asimétrica" o profesor de "Armas intercontinentales" en la Escuela de Guerra del ejército español.

      Lo suyo debe de ser una sacristanía en alguna parroquia de pueblo de montaña.

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  18. No se trata de condenar a nadie, sino de subrayar el machismo no siempre evidente que durante siglos ha formado parte de nuestra cultura. Es la única manera de evitar que siga viéndose como algo natural. Hoy nos sorprende --a algunos, claro, otros siguen ciegos para estas cosas-- lo que hace años no nos llamaba la atención. Es la evolución de la sensibilidad.

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    1. Hay una contradicción en sus palabras: si la sensibilidad evoluciona, cosa evidente, los lectores serán cada día más capaces de detectar las burradas que se pensaban y escribían antes, sin necesidad de notas. Yo no creo que necesitara notas un lector racista y machista del siglo XIX leyendo un libro sobre los métodos de la Inquisición para acabar con la homosexualidad, por ejemplo.

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    2. No todos evolucionan a la vez, yo creo que todavía quedan trogloditas.

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  19. Y si es una mujer la que encuentra un hombre así, en una novela de otra época, ¿qué nota hay que poner? Las hay, recuerdo una en que Cleopatra enseña a una de su familia, mayor, cómo debe someter a un hombre, por no nombrar la famosa "La venus de las pieles". Pero creo que la discusión es más seria. Esa nueva sensibilidad ¿es un artificio o, al contrario, está acorde con la naturaleza humana? Intento comprender.

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  20. ¡Con la venia!
    Cómo evolucionamos: Antes a los hechos no les importaban las sensiblerias, un decir, pero un conjunto de sensiblerias agregadas ya es un hecho. Y más si éstas se hacen intersubjetivas. Esto ocurre antes de que Gadamer lo escribiera.
    Sobre las notas solo quiero decir dos cosas. Una: Hay notas aclaratorias que son mejor que el libro; y dos: Ruego las pongan siempre a pie de página, por el amor de dios lo pido.

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  21. Diserta aquí sobre "altas opiniones de sí mismo" uno tan sobrado que se ofende ante cualquier aviso de sexismo y dice estar inmaculado de micromachismos... salvo que a la vez muestra la embestida típica del verraco en celo. En las discusiones, no se dirigirá a las ideas, sino a la persona, ad hominem, compadeciendo a la familia del adversario, o a los presuntos alumnos, o al trabajo que realiza. Lo tiene difícil el todólogo zafio para resultar verosímil. Caben pocas dudas de que se trata de uno de aquellos que hace años espetaban "¡usted no sabe con quién está hablando!". Y es típico: si recibe una dosis de su propia medicina, se duele cual niñato.
    Lo vieron, sin atisbo de pudor, abundando en su "expertise" como estratega. Tiene ante sí una guerra causada por la cercanía de ciertos misiles, y niega que dicha cercanía, o el tiempo de reacción, tengan la menor relevancia. Y es que parlotear es gratis. El Alto Estado Mayor debería facilitarle un salvoconducto para entrevistarse con Putin y la OTAN. Este iluminado puede tener en sus manos la llave de la paz.

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