viernes, 21 de agosto de 2026

Las veladas del Black Bar: Leña al fuego

 

---¿Cuándo te distes cuenta de que no eras un genio, Martín?

            ---De lo que me estoy dando cuenta es de que envejezco como todo el mundo.

            ---Pues ya va siendo hora. A tu edad, Azorín ya era una momia valetudinaria.

            ---No te metas con Azorín. Acabo de leer una de sus novelas de los setenta años, El enfermo, que cuando la leí por primera vez me pareció una insustancial nadería y ahora la encuentro llena de encanto. A mí me da la impresión de que sigo escribiendo con el mismo vigor de siempre.

            ---Y la misma mala leche.

            ---Pero leo a mis coetáneos, los nacidos a mediados del siglo pasado, y veo que sus poemas funcionan ahora como la Inteligencia Artificial más torpona, son escritura automática, vacuo formalismo. Pero ellos no se dan cuenta, por supuesto. ¿Me pasará a mí lo mismo? Me tranquiliza un poco recordar la reseña que le dedicó Víctor Botas a un libro de Borges, La cifra, de 1981. Apareció en Cuadernos del Norte y se titulaba   “Cuando se impone el mutis”, le consideraba acabado. Ese libro, sin embargo, es tan bueno como cualquiera de su época mejor, la que comienza con El oro de los tigres . Y todavía tuvo tiempo de publicar Los conjurados. Siempre me acuerdo de Botas y de Borges por estas fechas. Los dos nacieron el 24 de agosto, el mismo día de la erupción del Vesubio. Durante muchos años, más de treinta, Botas fue la única pérdida de la tertulia. Y de pronto, seguidas, dos más, Xuan Bello y Vicente García, como si se hubiera abierto la veda. Comienzo a sentirme como un superviviente.

            ---¿Sigues confiando en la posteridad? ¿Se te seguirá leyendo dentro de cien o doscientos o mil años, como repites a menudo?

            ---Esa es una broma mía. En realidad, la inmortalidad que importa dura solo mientras viven los que nos conocieron. Me fastidiaría que, pocos años después de mi muerte, un amigo se sintiera obligado a escribir un artículo en un periódico local (o peor aún, una carta al director) lamentado que nadie se acuerde de mí. Sentiría defraudar a mis fieles seguidores : “Cómo nos engañó, nos hizo creer que era un genio y ya sus libros no interesan a nadie”.

            ---No te preocupes, que no defraudarás a nadie. Eso de que eres un genio solo te lo crees tú.

---Con la posteridad, ha tenido suerte Botas, su poesía sigue viva. No importa que no sea popular. La popularidad en poesía suele venir por causas ajenas a la poesía. Conserva, acrecentado, el prestigio que tuvo en vida. También Xuan Bello ha tenido, y parece que va a seguir teniendo, suerte. Le ayuda el haberse convertido en el santo patrón de la literatura en asturiano. Su muerte súbita ha hecho callar a todos sus detractores. Él se sentía perseguido por ciertos sectores del asturianismo. Sus bestias negras eran, quizá injustamente, Antón García y Berta Piñán. El prime, uno de los fundadores de la tertulia, editó alguno de sus libros y le dedicó un espléndido monográfico en la revista Campo de los patos. Cuando nombraron a Berta consejera de Cultura, él era uno de los aspirantes. Y luego quizá esperaba algún cargo. Lo cierto es que el único que le dieron, ocuparse de las publicaciones del RIDEA , le duró dos días. El primero se presentó muy contento en su despacho del Palacio del Conde de Toreno. En el fondo, como todos los bohemios, soñaba con la seguridad del sueldo fijo. Al día siguiente, apareció Antón García con el contrato. De esto no sé más que lo que me contó Xuan Bello, no una vez, sino bastantes veces, incluso el último día que le vi, que fue el penúltimo de su vida. No dejaba de dolerle aquella puñalada. Su trabajo, según especificaba el contrato, era incompatible con cualquier otra ocupación, no solo las entrevistas que hacía para la televisión autonómica, sino también los artículos que publicaba cada semana en El Comercio. ¡Al más grande escritor de la literatura asturiana, según dicen ahora, le dan un trabajillo en la administración, con apenas el suelo mínimo, y a cambio le obligan a dejar de publicar! Xuan era un poco fantasioso, no me acabo de creer que las cosas fueran enteramente así. Ahí está Luis García Montero, con cargo y suelo equivalente al de ministro, colaborando en prensa y radio casi a todas horas.

---A lo mejor las normas autonómicas son diferentes de las nacionales. Vanessa Gutiérrez, la actual consejera, desde que ocupó un cargo dejó de publicar libros y de escribir en la prensa.

---A lo mejor. Supongo que todo tendrá una explicación. Sería terrible que las cosas hubieran ocurrido exactamente como me las contaba Xuan. A mí me apreciaba bastante, aunque, como en el caso de Ángel González, nunca fui de los amigos con los que andaba por ahí en las horas felices de la noche. Le leía todos los domingos y, si alguna vez desbarraba con su fantasiosa erudición, no dudaba en señalárselo. Claro que también le felicitaba de inmediato cuando acertaba con uno de esos cuentos suyos, o poemas en prosa, inimitables y mágicos. Fue uno de los pocos contertulios que nunca se enfadó conmigo en cuarenta años. Trataba siempre de suavizar los encontronazos con otros más susceptibles, especialmente con Martín López-Vega, que no admite que en mis reseñas ponga el más mínimo reproche a sus libros. Seguro que si él siguiera vivo la pataleta de José Luis Piquero, que se ha ido de la tertulia llevándose consigo a mi admirada Bárbara, no habría llegado a mayores. El escritor sigue acompañándonos, pero a la persona se la echa bastante de menos.

---¿Y cuál crees que será la posteridad de Vicente García’

---Es un caso muy distinto, era solo un poeta, no un encantador de serpientes como Xuan. Y un poeta de obra muy breve y muy en voz baja, casi susurro solo. Cabe entera en un volumen de pocas páginas. Yo creo que esa brevedad le beneficia. Sin el poeta, que hacía poco por promocionarla, que no tenía habilidades de juglar, se sostiene bien. Las mamotréticas poesías completas son las que primero se hunden en el olvido.

---“Envejecer también tiene su gracia”, afirmó Gil de Biedma. ¿Tú también lo piensas?

---“Su maldita gracia”, solía añadir yo al citarlo. A mí me parece que la que tengo es la mejor edad. Pero no nos vemos. Me preocupa que ya, sin que me dé cuenta,   cuando escriba no haga más que repetirme aguado y descafeinado.

---¿Y no te gustaría, como Borges, encontrar una María Kodama?

---¡Vade retro! Esa es una de mis pesadillas. La verdad es que vivir solo tiene también sus inconvenientes. Pero lo que yo echo en falta no es una compañera o un compañero sentimental, sino más prosaicamente un ama de llaves o un mayordomo, hoy diríamos un asistente personal. Es lo que más le envidio a Donald Trump, tener alguien como la maravillosa Natalie Harp, capaz de solucionar cualquier problema, siempre a mi lado. Tengo que ocuparme yo solo de todo, y soy un desastre para la vida práctica. No sé ni cambiar una bombilla ni freír un huevo. Bueno, esto último sí.

---Algo has aprendido con los años. Antes siempre estabas discutiendo de política y ahora pasas del tema. Ni siquiera has mencionado lo de Ceuta.

---Pero no por eso me ha dolido menos la muerte, como de tragedia griega, de tantos adolescentes que se echaron al mar en busca de una vida mejor. La única solución posible al problema la propuso hace años Juan Carlos de Borbón.

---Tú elogiando al rey Juan Carlos… ¡No me lo puedo creer!

---Fue en 1979, en una entrevista con el senador Ed Muskie y con el embajador de Estados Unidos, Terence Todman. El resumen de esa conversación, enviado al Departamento de Estado se desclasificó en 2014. El rey admitió la posibilidad de ceder a Marruecos nuestros últimos residuos coloniales. Melilla no plantearía problemas –dijo--, ya que entonces tenía solo diez mil habitantes españoles; más complicado sería el traspaso de la más poblada Ceuta, pero podría solucionarse. Habría oposición en el ejército, por supuesto, pero el rey se sentía capaz de ponerlos firmes. El problema estaba más bien por parte de Marruecos, que no dejará nunca de reivindicar esas dos ciudades, pero que, al contrario que con el Sahara, nunca hará nada serio para recuperarlas. Resultan cada vez más costosas de mantener y son una fuente continua de problemas; para Marruecos son una inagotable fuente de ingresos y un as en la manga que le permite chantajear a España en cualquier conflicto. Se trata de dos caballos de Troya dentro de la Unión Europea o dos inmensos boquetes que solo se pueden mantener cerrados con la ayuda de Marruecos, un buen negociante que acierta siempre a sacarle el mayor partido posible a esa colaboración. Juan Carlos de Borbón, otro buen negociante, sabía de lo que hablaba.  



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