Sábado,
27 de diciembre
YO, ROBOT
Me gusta repetir, medio en serio, medio en broma,
que mi ideal es llegar a ser un buen robot, un modelo lo más perfecto de Inteligencia
Artificial, alguien o algo que ni siente ni padece, pero que resuelve los más
complicados problemas intelectuales y da siempre buenos consejos.
---¿Me
conviene ya acabar con la guerra de Ucrania?, me preguntaría Trump.
---Ni
se te ocurra –le respondería yo--. Alárgala un poquito más. Para tu país es un
negocio redondo. Las empresas armamentísticas se han convertido en las más
rentables (y una buena parte de los beneficios de esos estómagos agradecidos
llega a las arcas del partido republicano). La Unión Europea paga a tocateja lo
que se les pide, que a fin de cuentas –se dicen estos perfectos demócratas, la
flor de la civilización-- los misiles que nos vendéis a buen precio son misiles
humanitarios que defienden la libertad de Europa, Groenlandia por supuesto
incluida. Un negocio redondo, y sin mala conciencia, al contrario de lo que
ocurre con Gaza.
---¿Me
conviene ya acabar con la guerra?, me preguntaría Zelenski.
---Ni
se te ocurra –le respondería yo--, que habría elecciones, te mandarían a freír
espárragos y no podrías ir de parlamento en parlamento de la vieja Europa
exigiendo más y más ayuda humanitaria en forma de misiles. Ayuda, por cierto,
que parece que riega con abundancia los bolsillos de tu entorno (y algún día se
sabrá si también los tuyos).
---¿Cuándo
va a acabar esta guerra? ¿Cuándo la OTAN
va a dejar a los ciudadanos del Dombás ser lo que quieren ser, integrantes de
la Federación Rusa?, me preguntaría Putin.
---Pues
no lo sé, que solo soy un robot diseñado para analizar el presente y no estoy
programado para el género de la profecía.
Pero no soy un robot, que más quisiera, solo un ser humano que se llena de melancolía en estas fechas porque le recuerdan insistentes –“la Nochebuena se viene / la Nochebuena se va”-- que somos tiempo perecedero y que cada vez queda menos arena en la parte de arriba del reloj.
Domingo,
28 de diciembre
REGLAS PARA HURTAR LIBROS
El azar, que es mi mejor guía de lectura, me
sorprende este domingo con Del oído a la pluma, de Francisco Rodríguez
Marín, publicado en la Biblioteca Patria, creada a principios del siglo XX para
salvar a los españoles de las novelas que propagan ideas nocivas. La literatura
puede ser muy otra cosa “si los actuales poseedores de la riqueza, en cualquier
grado, le prestan su decidida ayuda por instinto de conservación”.
El
Patronato Social de Buenas Lecturas, que publica la Biblioteca Patria, “llama a
cuantos tienen algo que perder a cobijarse bajo su sombra salvadora” y dotar
generosamente premios personales y colectivos “en honor de sus vírgenes
tutelares por los caballeros y damas que combaten las lecturas deshonestas,
corruptoras de los pueblos, para galardonar a los artistas productores de
novelas honradas”. El Premio del Principado de Asturias en honor de la
Santísima Virgen de Covadonga lo patrocina don José Tartiere, conde de Santa
Barbara de Lugones.
No es una
novela, afortunadamente, el libro de Rodríguez Marín, sino un conjunto de
divertidas anécdotas, una de las cuales se titula “Reglas para hurtar libros”.
Parece que el Patronato Social de Buenas Lecturas no le puso ningún reparo a
ese pecado contra el séptimo mandamiento. Claro que nadie se lo pondría a las
reglas formuladas por don Francisco Orchell y Ferrer, un sabio orientalista
valenciano, catedrático de lengua hebrea. Son las siguientes:
Que el
libro no esté a la venta en las librerías, porque si lo estuviera yo debo
rascarme el bolsillo y comprarlo.
Que quien
lo posee no sea capaz de vendérmelo ni de regalármelo.
Que la
posesión del libro me sea útil por relacionarse con mis estudios favoritos.
Que quien
lo posee no pueda o no quiera utilizarlo y no saque de él ningún provecho.
Que haya
ocasión propicia para hurtarlo.
Lunes,
29 de diciembre
SEGURO QUE LO CONSIGO
Como se acerca el fin de año, voy llenando una
página del cuaderno que llevo siempre conmigo de buenos propósitos. No son
cosas muy dificultosas: ser más paciente, escuchar más y hablar menos, no
querer tener siempre razón, quejarme menos, practicar la falsa modestia,
disimular mejor la buena opinión que tengo de mí mismo.
Martes,
30 de diciembre
SE ME ROMPE EL CORAZÓN
Quiero hacer creer que todo lo cuento, que soy un
hombre sin secretos. Pero no es verdad. Me gusta quejarme de que nadie me hace
caso, de mi falta de éxito literario, pero lo cierto es que no me preocupa
demasiado.
Me pasa
lo mismo con la lotería. No me importaría nada que me tocaran de pronto, qué sé
yo, un millón de euros o dos o tres. No es que yo los necesite para nada, pero
podría ayudar a alguien que lo necesite. Lo malo es que no podría enviarlos a
Gaza porque enseguida Netanyahu y Trump me pondría en su lista de terroristas y
no podría volver a Nueva York.
No me
importaría, en cualquier caso, ganar, aunque fuera una pequeña cantidad, cien
mil o doscientos mil euros, pero ese premio no me importa tanto como para
molestarme en comprar un billete de lotería. Lo mismo me pasa con el éxito en
el mercado literario. Conozco de sobra los mecanismos necesarios, aunque no
suficientes, claro, para conseguirlo, pero no me apetece utilizarlos solo para
vender un poco o un mucho más.
Me
quejo de lo que no me importa nada –el prestigio sí me importa, pero eso tiene
poco que ver con la fama o las ventas-- para no hablar de lo que me rompe el
corazón.
Miércoles,
31 de diciembre
UNA MODESTA PROPOSICIÒN
No suelo mirar las noticias antes de ir a la cama.
Pero hoy, no sé por qué, enciendo el teléfono y leo en el titular de un diario:
“La Fiscalía acusa al Supremo de ‘crear’ un tipo penal para condenar a Álvaro
García Ortiz”. Sigo leyendo y me parece todo muy razonado y jurídicamente
impecable, al contrario que la sentencia, que lo único que demuestra es que el fiscal
general no fue capaz de probar su inocencia, cuando de lo que se trataba es de
que ellos probaran su culpabilidad.
---¡Claro,
como tú has votado a Sánchez!, me dice ese contradictor que yo me invento
cuando no tengo uno delante.
---Es
cierto, a eso hemos llegado. La verdad la decide la ideología, no los hechos.
Bueno, siempre ha ocurrido así en el caso de los tertulianos de café, pero no
me imaginaba yo que semejante ceguera llegara hasta los jueces del Supremo.
---¿No
te lo imaginabas? ¿De verdad?
---Bueno,
sí. Ya se vio durante el juicio contra los independentistas catalanes, cuando
las leyes y los hechos se retorcieron todo lo posible para lograr un castigo
ejemplar contra los que habían atentado contra la sagrada unidad de la patria.
Solo que entonces la derecha y la izquierda españolas aplaudían con igual
entusiasmo dándose golpes de pecho y gritando: “España, España, una, grande y
libre”.
---No
saque a colación de nuevo ese tema, que bastante nos ha costado pasar página.
---En
cuestiones en que se ha tomado previamente partido por una u otra opción es
difícil llegar a entenderse. Es como poner a debatir a un musulmán y a un
cristiano sobre cuál es la religión verdadera. Por eso yo, en casos como el del
fiscal general, no en otros como el de los pícaros, Leandro y Crispín, o sea,
Ábalos y Koldo, en los que nada tiene que ver la ideología, propongo que los
jueces del Supremo sean sustituidos por distintos modelos de Inteligencia
Artificial: GPT-5, Claude 4.5, Gok-4, Gemini 2.5 Pro, DeepSeek (V-Series),
Llama/Mistral/Qwen (open-weights), por citar unos cuantos que me vienen ahora a
la cabeza. Pueden tener también un sesgo ideológico, según cómo hayan sido
adiestrados, pero comparado con el que parecen tener los jueces del Supremo
resulta prácticamente despreciable. Introducimos las leyes aplicables, los
hechos probados, las declaraciones de los testigos y a esperar el fallo, que no
tardaría en llegar.
---¿Y
tú crees que lo iban a declarar inocente?
---Le
declararan lo que le declararan seguro que su resolución estaría mejor razonada
que la de la mayoría conservadora del Supremo. Y saldría bastante más barata.
¿Tú sabes lo que cobran esos señores que ni siquiera se preocupan de parecer
imparciales?
Jueves,
1 de enero
LO MÁS COMÚN
En el desordenado almacén de libros en que se ha
convertido mi casa, tropiezo con un montón de ellos y aparece, qué casualidad, La ciudad de los libros, de Raúl Montero
Bustamante, que ni siquiera recordaba que tenía.
Lo abro
al azar, por un capítulo titulado “Vindicación de lo trivial” y encuentro esta
frase subrayada, la primera que leo en el nuevo año: “¿Hay algo más común y
sabido que el dolor y el placer, la amistad y la muerte? Y sin embargo, ¿quién
se atrevería a hablar con desdén de la vulgaridad de esas cosas?”

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Su sectarismo ideológico desmiente su supuesta cultura. Su religión ideológica le impide ver tres en un burro.
ResponderEliminarHoy es un día importante. Estará usted contento, don José Luis, han detenido al dictador narcoterrorista y asesino de miles de personas Nicolás Maduro. Zapatero está temblando.
ResponderEliminarEs muy difícil ver tres en un burro señor Juan. Una vez vi yo tres en un burro; fue porque se habían puesto de acuerdo para irse a comer unos percebes gordos.
ResponderEliminarHay muchas profesiones amenazadas por la IA, pero el oficio de Juez vago es vocacional y no está en peligro.
Exultante estoy, señor JM. Qué gran día para la democracia. Qué lección nos ha dado Donald Trump. Ni Napoleón lo hubiera hecho mejor. Así, así, con la fuerza de las armas, se aplica la verdadera democracia. Esperemos que este sea solo un primer paso y que siga imponiendo la democracia en el mundo. El siguiente paso puede ser que bombardee cuarteles y las sedes de los partidos que lo apoyan y que un comando especial detenga al dictador que se ha adueñado de todos los poderes (el legislativo, el judicial...), además de cometer múltiples fechorías junto a su esposa y su hermano. Me refiero, por supuesto, a Pedro Sánchez. Creo que ya se están organizando rogativas y procesiones hacia la embajada de Estados Unidos. ¿Se ha apuntado usted a ellas?
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