Sábado,
22 de noviembre
SANSÓN
---¡Qué susto, Majestad Caída! Al leer en la prensa
que a un político español, que ocupó el más alto cargo en su país, le iban a
juzgar por tener oculta en el extranjero una fortuna obtenida con medios
ilícitos…
---Pensaste
que se referían a mí, mi querida Laurence. Jo, jo… Yo lo tengo todo atado y
bien atado, como aprendí de mi padre, del verdadero, no del biológico. Cuando
me enteré, pensé en llamarle y en repetirle aquello de “tranquilo, Jordi,
tranquilo”. Pero muy tranquilo no tiene que estar. La justicia es igual para
todos, como yo dije una vez. A él le ha llegado tarde, pero le ha llegado.
---¿Y
no teme su Serena Majestad, que algún día…?
---¿Se atrevan conmigo? Yo soy como Sansón y tú no eres Dalila. Si caigo, se derrumba el templo. Ya se lo dije a mi hijo: “Cuidadito, chaval, que con ciertas cosas no se juega. A ver si te vas a quedar sin trabajo y tienes que andar luego por ahí con una mano atrás y otra delante, que a ti te ha dado por ser honesto y no has tenido la precaución de guardar una fortunita en la Islas Caimán”.
Domingo,
23 de noviembre
ME GUSTARÍA SABER
Me gustaría saber quién escribe los versos que yo
escribo. Yo me limito a transcribirlos. Si se publican, deberían publicarse
anónimamente.
“Cuando
todo está en silencio, / en la alta madrugada, / oigo pasos que se acercan, /
un suspiro y luego nada”.
“Toda
la tarde lloviendo / y yo en casa con un libro, / que nada más me hace falta /
cuando estoy a bien conmigo”.
Lunes,
24 de noviembre
CAFÉ CON LIBROS
Estoy releyendo estos días Café con libros, un
título inencontrable, publicado hace treinta años y que ahora quieren reeditar.
Recopila unas cuantas tertulias escritas, que fue publicando semana a semana el
diario La Voz de Asturias, en las que hablábamos de las novedades
literarias de entonces y de otras cuestiones humanas y divinas.
¿Tendrán
interés hoy en día? Confío en que sí. De lo que no cabe duda es de que por esas
páginas ha pasado el tiempo, de que son ya historia, aunque yo no acabe de
darme cuenta porque sigo llevando la misma vida y charlando todos los viernes
de literatura en un café rodeado de amigos y con libros recién llegados sobre
la mesa.
Procuro
no prestar mucha atención a lo que leo, solo a las erratas, para resistir mejor
la tentación de cambiar alguna cosa, de hacer desaparecer a algún amigo que ha
dejado de serlo. Pero de pronto me llama la atención un pasaje.
---Comenzamos
hablando del amor --digo yo en aquel viernes remoto de hace treinta años--,
acabamos hablando de la muerte. Parece que no hay otros temas de conversación.
Quizá no los haya. Quizá ni
siquiera haya conversación. Solo monólogos. Quizá.
A mi lo que más me
sorprende de los libros es esa capacidad de decirle algo distinto a cada
lector, aunque es posible que no tenga nada de misterioso. Solo oímos
lo que queremos oír. Solo prestamos atención a quien habla de nosotros
mismos. Ayer en Avilés, dándome una vuelta, como cada mañana de sábado,
por la pequeña librería de El Atrio, abro al azar un libro de Nietzsche,
ya leído y releído hace
bastante tiempo. Habla de las edades de la vida y se refiere así
al período que va de los cuarenta a los cincuenta: «Años
llenos de misterio, como todo lo inmóvil, semejantes a una vasta meseta de
altas montañas, refrescada por una suave brisa bajo un cielo puro y sin nubes
que día y noche contempla a la tierra con la misma
serenidad; el tiempo de la recolección y de la más
cordial alegría, el otoño de la vida».
---El que
no se consuela es porque no quiere, me replica Ángel, que todavía sigue fiel
cada semana a la tertulia.
---Envejecer
también tiene su gracia, como decía Gil de Biedma. Quizá
llegue un momento en que no la tenga, pero de
momento ir cumpliendo años no deja de ser apasionante. Es como un viaje, sin
tiempo para la nostalgia, porque, no ya cada año, cada día
trae paisajes nuevos. «Años llenos de misterio»,
los que van de los cuarenta a los cincuenta, es verdad, pero ¿qué época
de la vida no lo está? En fin, voy a cambiar de tono porque ya está
bien de ponerse estupendo. Aunque no sé si
podré cambiar del todo. Últimamente no leo nada que no sea
autobiográfico.
Sonrío al
leer que ya me preocupaba envejecer cuando estaba a mitad de la década que va
de los cuarenta a los cincuenta. Ahora sí que debería estar preocupado. Pero no
lo estoy, o no lo estoy por esos asuntos, sino por otros que tienen que ver con
la marcha del mundo.
La verdad es que, si he de ser sincero, la década que va de los setenta a los ochenta, hasta el momento –voy por la mitad-- está siendo la mejor de mi vida. Ya sé que no debería decirlo para no atraer la mala suerte. Pero es así. Sigo con mi trabajo gustoso –escribir para publicar, debatir de literatura, comentar libros recientes--, y disfruto con la magia de ser abuelo. Honoris causa, sí, pero no por eso tiene menos mérito, del mismo modo que un doctor honoris causa no es menos meritorio –más bien todo lo contrario-- que un “cum laude” convencional.
Martes,
25 de noviembre
ESPECTADOR
En el Gran Teatro del Mundo, yo más que actor
principal o secundario prefiero ser espectador. Atender atento y luego aplaudir
o silbar y patear.
Es lo que
debe hacer Dios, aunque él mira –si es que no mira para otro lado-- y luego se
muestra impasible. Yo, como buen español, soy más apasionado.
Miércoles,
26 de noviembre
MÁS VERSOS
Noviembre
es el mes más triste, / salvo en días como este / en que me acaricia el sol / y
me olvido de la muerte.
El
alboroto del mundo / no deja escuchar mi voz. / Grita mundo, grita fuerte / que
no me escuche ni yo.
Estar
solo no es lo mismo / que no estar acompañado. / Cuando estoy solo me tengo / a
mí mismo aquí a mi lado.
No
me canso de mirar / la lluvia que cae sin prisa. / Como ella ha transcurrido /
sin sentir toda mi vida.
Jueves,
27 de noviembre
NO HABLO DE POLÍTICA
---Tengo ganas de leer el domingo, tu opinión sobre
lo que está pasando, me dice un amigo.
---Ya
hay demasiadas opiniones, yo prefiero no hablar de política.
---Mala
señal. ¡Con lo que a ti te gusta pontificar de todo! Eso es que las cosas no
están discurriendo según tus preferencias.
---No
vendas tan pronto la piel del oso, Fran, que todavía no lo habéis cazado.
Viernes,
28 de noviembre
NADA ME GUSTARÍA MÁS
Recibo los primeros ejemplares de Entrada libre,
mi nuevo libro de poemas, publicado más de medio siglo después de Marineros
perdidos en los puertos, que es de 1972. Mucho tiempo ha pasado sobre mis
versos y me temo que, si ahora me diera por releerlos, bastantes serían ya
letra muerta, caduca hojarasca. Quizá debería hacerlo y preparar un volumen de
poesías completas en el que tuviera cabida solo lo que se salva de la quema.
Pero ya no estoy por la labor.
Sigo
siendo tan vanidoso como lo he sido siempre, aunque ahora lo soy de otra
manera. Aparecer en los recuentos y en los suplementos, que me incorporen a la
lista de este u otro equipo generacional, me importa ya más bien poco. Yo me he dedicado a preparar esos recuentos, a
clasificar a los poetas en primera, segunda o tercera división. De la promoción
de mi poesía nunca me he preocupado. Si vale la pena, ya se impondrá por sí
misma, pensaba ingenuamente. Creía que el tiempo jugaba a mi favor, cuando no
juega a favor de nadie.
Ahora
lo que más me gustaría es que se borrara mi nombre y alguno de los poemas que
he escrito circulara por ahí anónimamente. O que a algún lector le gustara
tanto que se lo apropiara y lo firmara con su nombre. Ha ocurrido unas pocas
veces y me ha encantado. Lo considero el mejor homenaje.
Sigo
siendo vanidoso, ya digo, pero ya no necesito –en realidad nunca lo he
necesitado-- que oficiosa u oficialmente, con alguno de esos premios que tan
poco valoro, se reconozca mi talento. Me bastaría con poder reconocerlo yo, que
soy el crítico más exigente y dejar un puñado de obras maestras que sumar al
“Romance del prisionero”, a la “Epístola moral a Fabio” o al Lazarillo y
que nadie más que yo supiera que las he escrito yo. O, sin ir tan lejos, ser el
autor alguna coplilla memorable que nadie sabe quién ha escrito: “La pena y lo
que no es pena / todo es pena para mí. / Ayer penaba por verte, hoy peno porque
te vi”.




Magníficos los versos. Para el anónimo autor y si me permite el atrevimiento, tiendo a pensar que hay casos en que las sinalefas omitidas, al menos algunas muy evidentes, deslucen el verso. En ese sentido, quizá mejor que "en la alta madrugada", podría ponerse algo así como "allá por la madrugada".
ResponderEliminarAsismismo, en el verso "Como ella ha transcurrido", yo pondría una coma después de "ella", para facilitar la comprensión. Yo, al menos, he tenido que releer ese poema para entender el sentido de la frase.
De nuevo, perdón por el atrevimiento. Corregir los versos de otro es como corregir a los hijos ajenos. Claro que puede que yo también me limite a transcribir las correcciones y sea otro quien corrije.
Un saludo,
Bruno
Siempre se agradecen las sugerencias, se tengan o no luego en cuenta. En el primer caso, al ser la segunda “a” tónica la lectura más habitual no hace sinalefa. En el segundo caso, la coma podría ser útil, pero tampoco viene mal una cierta ambigüedad que incite a releer.
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