sábado, 16 de marzo de 2024

Coraje y alegría: No sé yo

 

Sábado, 9 de marzo
BUSCO TRABAJO

Nunca me he llevado demasiado bien con el tiempo libre. Siempre me ha sobrado. Y si lo hacía con dos o tres empleos, mucho más ahora que solo tengo uno. Ser únicamente  escritor –al menos como yo entiendo la escritura-- nunca fue una ambición mía.

Soy escritor de chispazos, de iluminaciones. Siempre he envidiado a los autores que se pasan semanas o meses dándole vueltas a un poema. En mi caso, nacen de un tirón, con pocos retoques posteriores, o van directamente a la papelera. Y no soy investigador de largas jornadas de archivo. Qué bien lo pasaría ahora yendo al Archivo General de la Administración a analizar, qué se yo, los expedientes de la censura o cualquier otro asunto de cierto interés literario. O escribiendo novelas, de esas de seiscientas páginas, que te obligan a largas jornadas de oficinista durante varios años. Y luego a andar danzando de un lado a otro para la promoción durante meses. Pero nunca he sido capaz de entender la literatura como una forma, tan digna como cualquier otra, aunque por lo general menos rentable, de ganarse la vida. Un error, sin duda. Y los errores se pagan, como ahora estoy comprobando. A mí me da lo mismo tener cien lectores que cien mil. A los editores no, por supuesto. Y no me da lo mismo cualquier lector. Si pudiera, les haría un examen previo. Para lo que vale cualquiera, y cuantos más mejor, es para comprador de libros.

El poema, cuando llega, es un don y yo no puedo comerciar con él porque no soy el propietario sino el afortunado que primero lo recibe. Los libros, por el contrario, son un producto como cualquier otro que necesita obtener una rentabilidad.

            En fin, que me sobra tiempo. Creo que voy a poner un anuncio ofreciéndome para corregir textos, cuidar niños, dar clases particulares, acompañar ancianos, pasear perros, cosas así. No puedo hacerlo gratis porque entonces le quitaría el trabajo a otras personas que lo necesitan quizá más. Pero cobraría poco, lo mínimo, y lo donaría a una buena causa. 

Domingo, 10 de marzo
ÚTIL FUNCIÓN

Mientras la sangre no llegue al río, la polarización política, como el apasionamiento futbolero, cumple una útil función en la estabilidad emocional de los ciudadanos. Discutir sobre si estos son más corruptos que aquellos o aquellos más que estos, insultar a Pedro Sánchez o a Isabel Díaz Ayuso, jalear o criticar a los jueces que hacen de su toga un sayo y se lanzan, nuevos cruzados, a defender la sacrosanta unidad de España, nos hace olvidar por un rato nuestros problemas personales, que son, al menos para cada uno de nosotros, los verdaderamente preocupantes.

Lunes, 11 de marzo
LO QUE YO PIENSO

---Imagínate –le digo a un amigo que quiere saber lo que pienso de lo que está pasando en Gaza y se extraña de que nunca mencione el conflicto—que los palestinos reciben de pronto de Rusia, China y la Unión Europea la misma ayuda en armamento y dinero que Israel recibe de Estados Unidos; imagínate que con la ayuda de los países fronterizos cierran el país, no dejando entrar ninguna ayuda externa; imagínate que bombardean Tel Aviv y los otros asentamientos urbanos (incluso Jerusalén, después de evacuar a la población árabe) sin dejar piedra sobre piedra; imagínate que, en legítima defensa, matan diez, veinte o treinta veces más de lo que lo han hecho los israelíes en Gaza, medio millón por ejemplo, la mayoría mujeres y niños; imagínate…

            ---No sigas, no me puedo imaginar tanta barbarie. Si eso ocurriera, los palestinos estarían entre los mayores criminales de la historia.

            ---Pues eso que tú piensas de los palestinos que hicieran eso, es lo que yo pienso de los israelíes –no de los judíos—que lo están haciendo.

Martes, 12 de marzo
UN CUENTO DE TERROR

“No conocí a Ariel Sharon”, comienza el libro de Sergio Calleja La última guerra del Rey de Israel. Yo sí lo conocí, si se llama conocer a escuchar un discurso suyo en Yad Vashem, el museo del Holocausto, cuanto se celebraba su cincuentenario, creo que en 2003. Del libro de Sergio Calleja, jefe de la sección de Patología Cerebrovascular en el hospital central de Asturias, me hablaron por primera vez esta mañana. Mi amiga Sai tuvo la amabilidad de dejármelo en Panaria y allí me lo encontré esperándome para el café de la tarde.

Siempre me aterró el final de Ariel Sharon, un ictus leve, del que se recupera rápidamente, y otro poco después --tras darle tiempo a tranquilizar a sus votantes-- que lo deja ni muerto ni vivo durante largos años.

Sergio Calleja analiza el caso con minuciosidad de detective y llega a la conclusión de que el tratamiento no fue el adecuado por un exceso de celo de quienes se ocuparon de él. Ocurre a menudo con los pacientes especiales que a veces tienen menos suerte que el paciente común. Yo leo su libro como se lee un cuento de terror. Pienso que en cualquier momento un coágulo va a impedir que llegue sangre a un rincón del cerebro y me quedaré sin habla o sin poder mover una parte del cuerpo. Empieza a entrarme un sudor frío, pero sigo leyendo. Va uno teniendo cierta edad y conviene conocer al enemigo.

Aunque el libro es de 2023, no hay ninguna mención al período especial que tuvimos que pasar en el 2020, pero intuyo que sus opiniones sobre ciertas novedosas vacunas exprés no deben diferir mucho de las mías: “Los ensayos clínicos son caros y son financiados por las mismas empresas que se beneficiarán de unos resultados positivos de los mismos”. Esos resultados positivos deben, por tanto, ponerse en cuarentena, y nunca mejor dicho. Otra conclusión es que la mayor parte de las enfermedades se curan solas y las verdaderamente graves no hay quien las cure. O sea, que conviene evitar médicos --sobre todo si son especialistas que solo saben de lo suyo-- y medicamentos siempre que sea posible. Chequeos los menos, el sobrediagnóstico puede encontrar problemas que solo son problemas cuando se comienzan a tratar.

            Me gustan las palabras finales: “Los médicos necesitamos aprender humildad. Nos enfrentamos a algo mucho más grande que nosotros mismos y mucho más grande que la propia medicina. Nos enfrentamos con herramientas toscas y precarias al misterio de la vida”.

Miércoles, 13 de marzo
VANO ESFUERZO

La poesía que acompaña es la que se nos queda en la memoria, no la que está en los libros a los que volvemos de vez en cuando o no volvemos nunca: “Si imposible es hacer tu vida como quieras, / por lo menos esfuérzate / cuanto puedas en esto: / no la envilezcas nunca / por contacto excesivo / con el mundo que agita movedizas palabras”.

            Creo que fui siempre fiel a ese consejo de Cavafis y nunca tuve un contacto excesivo con el mundo (ni con el demonio o la carne). Ahora me arrepiento: me habría gustado tener mayor contacto, más mundo. Fui siempre rectilíneo –insensible, como el asceta, ante las tentaciones-- hasta una meta equivocada.

            Tampoco importa mucho. Sospecho que si hubiera seguido el camino contrario también ahora me habría arrepentido.

Jueves, 14 de marzo
UN PASO MÁS

---¡Ya estarás contento! ¡Ya habéis humillado a la justicia! ¡Ya los españoles no somos iguales ante la ley! ¡Ya tenéis la maldita amnistía!

            ---¿Seguro que ya la tenemos? Este ha sido un paso más, solo eso. Para hacer que descarrile se seguirán empleando todos los medios, incluidos los legales, que son los más eficaces cuando el juez es juez y parte.

---¡Y cómo no van a estar indignados si los habéis dejado con el culo al aire!

---Humanamente es muy comprensible su afán de venganza, pero no sé yo si encaja del todo en la praxis jurídica.

Viernes, 15 de marzo
NI EN SERIO NI EN BROMA

“Si imposible es hacer tu vida como quieras…”

¿Y cómo hubiera querido yo que fuera mi vida? ¿Cómo quiero que sea?

            Me hubiera gustado una vida más activa, menos contemplativa. “La acción es la verdadera fiesta del hombre”, escribió Goethe y le gustaba citar a Azorín. Haber participado en política, haber contribuido a mejorar el mundo, haber sido empresario, haber fundado una familia, o más de una, y estar ahora rodeado de hijos, nietos y hasta algún biznieto…

            Cuento estas cosas a un amigo y él se enfada un poco.

            ---Nunca sé si hablas en serio o en broma, Martín. Creo que me estás tomando el pelo.

            La verdad es que, como suele ser habitual en mí, no hablo ni del todo en serio ni del todo en broma. Uno nunca está de acuerdo con lo que tiene. El plato que ha pedido el comensal de la mesa de al lado siempre nos parece más apetitoso que el nuestro.

            Si cuando yo tenía veinte o treinta años, me preguntaran sobre cómo me gustaría que fuera mi vida medio siglo después, respondería que muy semejante a la que tengo ahora. Y sin embargo…



 

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