viernes, 8 de marzo de 2019

Revelación de secretos: El misterio de las flores



Domingo, 3 de marzo
QUERER Y NO QUERER

“¡Tú no has querido nunca a nadie!”, me reprochan en una de esas riñas que yo procuro siempre evitar. Lo mío son las trifulcas literarias, que siempre me relajan, no las sentimentales, que me deprimen bastante, supongo que como a todo el mundo.
            “Mejor me hubiera ido si eso fuera verdad”, pienso recordando tantos malos momentos.
            ¿Mejor me hubiera ido? No estoy yo muy seguro. Creo que podría vivir sin que nadie me quisiera, pero nunca he podido vivir sin nadie a quien querer.


Lunes, 4 de marzo
UN TRIUNFADOR

Presenta Álvaro Valverde su exitoso El cuarto del siroco en la librería Cervantes y a la memoria me vienen aquellos primeros ochenta en que nos conocimos, La nueva poesía española estaba entonces representada en Extremadura por él, Ángel Campos Pámpano y Diego Doncel, ansiosos por saltar las lindes regionales.
            Recuerdo un encuentro en Montánchez al que invitaron, dentro sus estrategias de promoción, a Abelardo Linares y a Felipe Benítez Reyes. En seguida se formaron dos bandos. Por un lado estaban los llamados “poetas de la experiencia” y por otro los experimentales o conceptuales o vaya usted a saber, que en aquel congresillo encabezaba Aníbal Núñez.
            Había otro Núñez, Felipe, que leyó unos disparatados poemas de los que Abelardo y yo, y no recuerdo si también Benítez Reyes, nos reímos bastante. La polémica literaria casi se convirtió en enfrentamiento personal.
            Álvaro Valverde, que quería estar a bien con unos y con otros, se sintió ninguneado por los andaluces y se marchó a  mitad del encuentro sin despedirse de nadie. Luego, de los tres jóvenes mosqueteros, ha sido quien mejor ha gestionado su carrera literaria. Ángel Campos Pámpano –con quien la vida no fue demasiado justa– se dedicó más a la traducción, a las relaciones con Portugal y a la gestión cultural; a mí su poesía siempre me interesó poco. Diego Doncel, que tuvo sus premios y sus incursiones en la novela, nunca logró asentarse, aunque es posible que todavía ande preparando nuevos asaltos al esquivo prestigio. Álvaro Valverde siguió el camino que se había trazado inteligentemente, cultivando las mejores relaciones, esquivando escollos y polémicas. ¿Premios? Sí, pero el Loewe, que hace que hablen de uno en los programas televisivos de máxima audiencia, según se ocupó de recordarnos. ¿Editoriales? Tusquets, donde publican los grandes, aunque le hagan a uno esperar mucho. Y a no llevarse mal con nadie y a hablar bien de Gamoneda y de Trapiello, que nunca se sabe.
            Las luchas de los ochenta han quedado atrás. También aquella su poesía primera, borrosamente del lado oscuro. Su poesía de madurez, muy literaria, muy de línea clara, muy basada en referencias culturales, entremezcladas con las autobiográficas, sigue la línea de lo que en los tiempos de Montánchez detestaba.
            Se le ve feliz con el éxito de su libro. Incluso tiene la deferencia de agradecerme que no lo haya reseñado. La verdad es que lo hice, pero luego preferí no enviarla al periódico. Todo lo bueno que yo decía del libro ya lo habían dicho otros, y en términos más entusiastas. El autor solo tendría ojos para los pequeños reparos. Preferí ahorrarle esa molestia. ¿Será verdad que me voy ablandando con el tiempo?
            Al final de la presentación, vuelvo a conectar el teléfono y veo que tengo una llamada perdida de Abelardo Linares. Mientras recordábamos aquellas discusiones ochenteras, resulta que se le ocurre llamarme a uno de los más activos polemistas de entonces. Me alegra la coincidencia.
            Han pasado más de treinta años y no ha pasado el tiempo. Aquí seguimos los tres y cada uno donde quería estar: Álvaro Valverde, admirado y respetado por tirios y troyanos, con una biblioteca con su nombre; Abelardo Linares, editando a velocidad de crucero, y ya no solo poesía, ni fundamentalmente poesía, sino a esos autores olvidados que gracias en buena parte a él han regresado a la actualidad y en más de un caso le han dado la vuelta a la historia literaria, y yo, que sigo siendo como entonces una especie de antisistema del sistema literario, el niño del cuento que grita “el rey está desnudo” cuando algún nombre importante (Gimferrer no es el único, pero sí mi monstruo favorito) publica un nuevo bodrio y nos da gato por liebre con la bendición de los suplementos culturales.
            ––¿Y no te deprime un poco que la mayoría de los jóvenes poetas a los que apoyabas con alguna palmada en el hombro y muchas pataditas hayan triunfado y sean ahora más importantes que tú?, me pregunta maliciosamente Miguel Floriano.
            ––No me deprime nada, y la verdad es que estoy orgulloso de ellos, aunque lo disimule bastante bien.
            Por cierto, Álvaro Valverde no es el único que me agradece que no me ocupe de su obra. Martín López-Vega, la última vez que estuvo en Lisboa, me compró la espléndida edición (solo por fuera) que Eduardo Pitta ha preparado de la poesía de António Botto. Cuando me la entregó un domingo en el Fontán, me dijo, medio en serio, medio en broma: “Te la regalo con una condición: que no reseñes mi próximo libro”.


Martes, 5 de marzo
AÑOS, LIBROS, VIDA

Debo de ser la única persona del mundo que está encantada de tener la edad que tiene. Cada año que se va sumando lo veo aún como un regalo, no como una carga. ¿Por cuánto tiempo?


Miércoles, 6 de marzo
NEGOCIO SEGURO

Uno de los capítulos del libro autobiográfico de Ida Vitale, Shakespeare Palace, se titula “De un plagio autorizado”, pero no habla de ningún plagio, sino de todo lo contrario.
            Colabora ella en la revista El Correo del Libro, García Márquez acaba de publicar Crónica de una muerte anunciada y el director le encarga que le solicite unos folios donde explique cómo ha escrito su novela.
            Ida Vitale, por medio de amigos, logra contactar con el famoso autor y este le dice que escriba ella esas páginas que él las firmará. Y así fue: en El Correo del Libro hay un artículo firmado por García Márquez que escribió Ida Vitale. Se trata de un texto apócrifo, no de un plagio, pero Ida Vitale, premio Cervantes después de los 95 años, ya no está para muchas precisiones.
            ¿Es el único apócrifo que circula por ahí? No, pero al contrario que ocurre con los políticos, se trata de una práctica vergonzante entre los escritores. Yo creo que debería regularizarse y convertirse en remunerada costumbre.
            A partir de un cierto momento, lo que importa de un escritor no es el texto, sino la firma. Yo recuerdo el estupor con que leía, después de haber admirado El señor presidente, los artículos de Miguel Ángel Asturias, ya premio Nobel, en el ABC. Eran planos y sin gracia ninguna.
            “¿Los habrá escrito él?”, me preguntaba. Probablemente no, pero no había tenido mucho tino al escoger colaborador. Ahora sospecho que, si los hubiera escrito otro, serían mejores.
            Miguel Ángel Asturias es autor de uno de los libros más vergonzosos que conozco, Rumanía, su nueva imagen, de 1964, en el que canta a la Rumanía de Ceaucescu con prosa que parece copiada directamente de los folletos propagandísticos del régimen.
            Pero mejor no hablar de esos trapicheos, de esa puesta del escritor al servicio de las peores causas (siempre habrá Miguel Ángeles Asturias, siempre habrá Mario Vargas Llosas), sino de un proyecto utilísimo: una agencia que facilita textos de circunstancias al escritor de éxito, tan solicitado.
            Un ejemplo, le dan el premio Cervantes a Francisco Brines o a cualquier otro ilustre valetudinario. De todas partes le solicitan entrevistas, él pide que le envíen las preguntas por escrito y no le cuesta demasiado responderlas (siempre dice lo mismo: que si la poesía no tiene público, sino lectores y etc., etc.), pero qué ocurre si le piden una tercera para ABC, un artículo sobre Walt Whitman en el segundo centenario de su nacimiento o su opinión sobre los toros (es gran aficionado). Una agencia –la que yo pienso crear– resolvería de inmediato el problema. Los honorarios se repartirían a partes iguales y todos contentos.
            ¿Que a Ida Vitale le solicitan un artículo sobre Juan Ramón Jiménez para Babelia o a Antonio Gamoneda otro sobre el lenguaje de la poesía para El Cultural? Se busca en Internet lo que han dicho sobre el asunto, se mejora un poquito y en menos de una hora tenemos dos o tres folios dignos.
            Y no hace falta ser un escritor importante, todos tenemos compromisos. Recuerdo que a Víctor Botas le pidió un prólogo cierto poetastro ovetense y él no supo decir que no. Acabó encargándoselo, y pagándoselo (era más bien tacaño, así que la cosa no le hizo ninguna gracia) a un entonces joven contertulio, Antón García.
            Una agencia que despache pregones de fiestas, discursos de agradecimiento, artículos en la muerte de tal o cual personaje, respuestas a cuestionarios varios y otras pejigueras que acechan al escritor de alguna fama sería de gran utilidad, un negocio seguro. Los textos podrían ir personalizados (resultarían más caros) o en un esquema general, con sus citas y sus gracias, que luego cada uno debería completar.
            ¿Un engaño, una estafa? En absoluto, como no es una estafa que el ministro correspondiente o el presidente de tal o cual autonomía firme un texto que ha escrito otro al comienzo de un lujoso catálogo o al frente de las actas de un congreso.
            Y por otra parte da igual quien los escriba porque, como ya dije, esos textos de circunstancias casi nunca los lee nadie.  
            Y si alguien los lee –como yo los artículos de Miguel Ángel Asturias o las memorias de Ida Vitale o los poemas últimos de no diré quién– casi mejor que los escriba otro para que no avergüencen demasiado al autor.


Jueves, 7 de marzo
MISTERIO ACLARADO

Estoy ante el Ayuntamiento, en una concentración para apoyar la huelga feminista de mañana, cuando suena el móvil. Es para invitarme a presentar el próximo día 20 a García Montero, que viene para hablar del exilio y León Felipe. Luego la conversación sigue por otros derroteros. “¿Te gustaron las flores?”, “¿Me las enviaste tú?”, “Yo no digo que te las enviara, pregunto si te gustaron las flores que recibiste el día de San Valentín”, “¿Lo viste en Facebook?”, “¡Ni tengo ni pienso tenerlo!”. Tampoco lee el periódico en que yo hablaba de ello, ilustrado con un ramo en la papelera. “Me gustaron. Y me intrigó no saber quién las enviaba”, “Pues no lo vas a saber. Alguien que te quiere”.
           

Viernes, 8 de marzo
EN LA TERTULIA

––Un escritor es un triunfador cuando le conocen los que no le han leído ni piensan leerle nunca.
            ––No, eso es un escritor famoso, no un triunfador. Basta con participar en Gran Hermano, como Lucía Etxevarría, que no es precisamente una triunfadora.
            ––Ni famosa. Yo no he oído hablar de ella.
            ––La fama televisiva dura poco. Hay demasiada competencia.
            ––A veces dura más que la literaria.
            ––Un escritor es un triunfador cuando todo el mundo se siente obligado a comprar sus libros y a intentar leerlos, aunque luego nunca lo consiga.
            ––¿Cervantes?
            ––Yo pensaba en el Benet de los buenos tiempos, pero vale como el más perfecto ejemplo.



15 comentarios:

  1. Sí, un poco diplomático --por modestia-- se está volviendo tu humor, porque no sé qué joven poeta de tu círculo de ayer es hoy más importante que tú. Y lo de triunfar: si hay que hacer el trabajo de caerle bien a todo el mundo, triunfar no debe de ser muy grato. Es como si el triunfo fuese más fruto de favores que del trabajo en sí.

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  2. Esa es tu opinión, Jesús, que yo agradezco. Por cierto, atendiendo a una petición tuya, por fin este sábado reseño un libro de tu admirado Karmelo C. Iribarren.

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  3. Tambien era castellano el
    fiel escudero Sancho.
    Flanqueado por él y el señor Miguel, camina entre zarzas Alonsin Martín.

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  4. Ya que el amable anónimo, amigo Martín, nombra a don Miguel (de Cervantes), he sospechado que lo pondrás como don Quijote a Lope de Vega, pero el hecho, tu crítica de mi admirado poeta, ya lo espero con impaciencia. Hasta el sábado

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    1. No nombro a don Miguel sino al señor Miguel, que con usted, noblote Sancho, flanquea a Alonso Martín.
      Todavía no....?

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    2. Ya sé que te referiste al Entrerriano, buen anónimo. Que hable él, que al buen callar lo llaman Sancho.

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  5. La mejor historia que Benet urdió a lo largo de su vida fue real, enrollarse con Emma Cohen. No todo los escritores pueden decir lo mismo. ;-)

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    1. A aquella monísima, que hoy es todo lo contrario, siempre le gustaron los feos,pues Fernan Gomez era igual de desagradable que Benet.

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  6. Yo, que soy coetáneo de Martín, no estoy tan indiferente como él ante el paso de los años, la merma física que llevo experimentando desde hace unos meses es notoria y paulatina. Y lo peor es que preludia la mental, para la que no vale ni el Omeprazol ni los antibióticos (ni los fotos)
    De momento, y gracias a que la edad no me inunda de prejuicios, acabo de leer la última entrega de JM de Prada. No la recomendaría porque la urdimbre de la trama parece ideada por un adolescente, si bien la prosa resulta a veces (solo a veces) aceptable.
    Habrá que interesarse por AMM, que hoy mismo presenta su nueva novela. Con toda seguridad, no decepcionará.

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    1. Pues si los prejuicios te evitan leer las últimas novelas de Juan Manuel de Prada (mejor prosista que razonador o fabulador), pues entonces no son tan malos, Marcos.

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  7. Miguel el Entrerriano12 de marzo de 2019, 19:52

    Regresa Martín a uno de sus leitmotiv, el éxito, el triunfo y el triunfador. Pero el tema es complejo porque entreteje conceptos que ni siquiera son cercanos.

    1 Popularidad, difusión, audiencia TV
    2 Plata en la cuenta, poder económico
    3 Aceptación por el establishment (antes "fuerzas vivas")
    4 Aportes al bienestar y progreso de la Humanidad
    5 Consenso de los colegas

    El futbolista Ronaldo es un triunfador según 1 y 2, pero no según los otros criterios. Aportó poco al bienestar de la Humanidad, como no sean unos ratos de diversión ante la TV. Don Amancio el textil seguramente triunfó según 1, 2 y 3, pero no ha hecho grandes aportes al bienestar de los humanos, en particular a sus empleados, a los que paga mucho menos de lo que le hacen ganar. Mozart y Beethoven seguramente triunfaron según 4 y 5, pero no según 1, 2, 3. Julio Iglesias, al contrario, validó 1, 2, 3, pero no 4 y 5, según creo.

    William Bradford Shockley inventó el transistor, que democratizó la Alta Fidelidad e hizo posibles las comunicaciones generalizadas, el mundo hiperconectado que disfrutamos o sufrimos. Y no lo conoce casi nadie, ni siquiera muchos universitarios. Según 4 y 5 arrasó, fue un triunfador indiscutible. Pero cualquier vedette del Gran Hermano es mucho más popular.

    Savater, Azúa y algunos otros pelmas triunfaron según 3, caben pocas dudas, lo que les asegura la presencia en El País y casi nada más.

    García Lorca, Miguel Hernández son triunfadores, sobre todo, post-mortem. Nunca conocerán la dimensión de su triunfo. Por lo cual, solo impropiamente se les puede calificar de triunfadores: no existen.

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    1. García Lorca ya fue un triunfador en vida.

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    2. Miguel el Entrerriano12 de marzo de 2019, 23:47

      Cierto, Martín, pero no de la colosal dimensión que alcanzaría después de su trágico destino, y en buena medida a causa de él. Todo tiene grados y niveles en esta vida.

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    3. Estimado Miguel, la fama que a mi me interesa dura cien, doscientos o mil años, por lo que forzosamente ha de ser póstuma.

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    4. Miguel el Entrerriano13 de marzo de 2019, 10:43

      Comprendido, Martín. Te interesa una fama que no puedes disfrutar ahora, salvo con la incierta imaginación, pues no es del todo seguro que la alcances; y que no podrás disfrutar entonces, puesto que ya no existirás.

      Pero no hay motivo de inquietud. Me parece escasa la probabilidad de que la civilización o la cultura, tal como las conocemos, perduren en tiempos tan dilatados. Bastante gloria y privilegio es disfrutar hoy de tu diario y de los amigos presentes.

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