domingo, 18 de octubre de 2015

El arte de quedarse solo: Sherlock, Jesús y Ana


Sábado, 10 de octubre
COMIENZA LA AVENTURA

El amor es como las historias de Sherlock Holmes. Lo mejor es el comienzo. Todo lo demás, si se ha dejado atrás la adolescencia, resulta aburrido, previsible y con un defraudante desenlace. Pero el comienzo, cualquier comienzo:
            “Estoy viendo Watson, que no tendré más remedio que ir –-me dijo Holmes cierta mañana cuando estábamos desayunando juntos.
            –-¿Ir ¿ ¿A dónde?
            –A Dartmoor… a King’s Pyland”
            Y una hora más tarde están en un tren que cruza la campiña inglesa a toda velocidad. Holmes hojea rápidamente el montón de periódicos que acaba de comprar en la estación de Paddington.
            El placer del comienzo, el placer de la aventura… Yo ahora de un salto me he subido a otro tren. Descarrilará pronto, como siempre. Pero mientas tanto.


Lunes, 12 de octubre
FIESTA NACIONAL

Ayer una joven pareja amiga me invita a conocer su nueva casa y, como siempre ocurre, lo que más me divierte es curiosear en la biblioteca. En seguida encuentro libros que me apetece leer. En uno de ellos, Baladas y canciones, me llamó la atención un desconocido soneto de Rubén Darío, que hoy me apeteció compartir en Facebook, como mi manera de celebrar la fiesta nacional.

Yo siempre fui, por alma y por cabeza,
español de conciencia, obra y deseo,
y todo lo concibo y todo veo
desde esa mi mejor naturaleza.

Con la España que acaba y la que empieza,
canto y auguro, profetizo y creo,
pues Hércules aquí fue como Orfeo.
Ser español es timbre de nobleza.

No es cadena perpetua, no es tijeras
con que cortar las alas a ninguno
e  impedirle soñar mejor mañana.

Soy español: sé tú lo que tú quieras.
Hay muchas patrias, pero el mundo es uno.
Siempre un amor con otro amor se hermana.

Me identifico con los cuartetos. El amor al propio país se ha utilizado muchas veces para oprimir a otros, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que sea un amor perverso. Con los tercetos me identifico tanto que en realidad no los escribió Rubén, sino yo. El suyo, un soneto muy menor y de circunstancias, termina con un “¡Viva la República Argentina!”. Yo jugué a decir sin decir, para que no se asustara nadie, “¡Viva Cataluña!”. Hay un nacionalismo que busca la prosperidad de su país en armonía con el resto del mundo y otro que pretende imponerse a los demás. En el caso del nacionalismo español (que a menudo no se atreve a decir su nombre) y del catalán (que lo proclama orgulloso) no diré cuál es el bueno y cuál el malo. Hay cosas que no se pueden decir sin enfadar a mucha gente y yo no quiero perder lectores. Por eso no afirmo, solo insinúo, apropiándome de unos versos de Rubén Darío, que el mito de la Unidad es eso, un mito, férreamente enquistado en el alma de mis compatriotas, sean de derechas o de izquierdas.
            Ni Cataluña es menos libre ni menos Cataluña por formar parte del Estado español, si así lo desean sus ciudadanos; ni España pierde nada si Cataluña deja de formar parte del Estado español, si así lo desean los catalanes. Los problemas que se plantean en el primer caso los estamos viendo todos los días; los que se plantearían en el segundo no serían mayores mi más difíciles de solucionar.
            El amor a España no es incompatible con el amor a Cataluña. Pero un amor que ata no es amor.


Martes, 13 de octubre
NO SER ES NO HABER SIDO

Si en este instante, una gran explosión hiciera estallar el planeta Tierra y muriéramos todos sus habitantes sin siquiera darnos cuenta de ello y los fragmentos se diseminaran por la inmensidad del espacio y no existiera más vida inteligente en el universo, ¿habría existido alguna vez la civilización humana?
            La respuesta a esa pregunta resulta indiferente porque no habría nadie para hacérsela.


Miércoles, 14 de octubre
DE LOS NOMBRES DEL INFIERNO

Leo Necesario pero imposible, de Javier Gomá, y me queda clara la segunda parte del título, pero no la primera. Es el último de cuatro libros a los que considera “otros tantos capítulos de una confesión íntima”. Contendrían la instrucciones que el autor se ha dado para conseguir un doble objetivo: “llegar a ser individual en este mundo y a la vez albergar la esperanza –contra toda experiencia– de seguir siéndolo fuera de él”. Pretende “mantener simultáneamente dos platillos en el aire sin dejar de mover las manos ni avanzar por el camino”.
            Sospecho que al menos uno de esos platillos se le cae estrepitosamente. Si he entendido bien, la razón de que el hombre pueda aspirar a la inmortalidad (él habla de “mortalidad prorrogada”) es que hubo un hombre, el más ejemplar de todos, que resucitó: Jesús de Nazaret.
            Javier Gomá desmonta con mucha inteligencia lo que en el cristianismo hay de artificiosa construcción teológica (muy ligada a un tiempo concreto) para quedarse con la figura histórica de Jesús, tal como puede deducirse de los evangelios.
            ¿Son los evangelios una obra histórica? Sí, aunque eso no quiere decir que todos sus datos sean exactos. El hecho de que hablan de un personaje que ha existido realmente según los testimonios de los que le conocieron (los evangelios están redactados por la segunda generación de seguidores de Cristo, décadas después de su muerte), lo demuestra que cuenten de él cosas que contradicen algunos de los dogmas del cristianismo. ¿Creía Jesucristo que era Dios? Nada hace pensar eso.
            Javier Gomá es tan eficaz demoliendo el cristianismo oficial –creación humana, demasiado humana– como cualquier escéptico enciclopedista. Su cristianismo es otro: se basa en lo que sabemos del Cristo histórico, no en las construcciones teológicas posteriores; ni siquiera confía demasiado en San Pablo, que no le conoció ni se intereso por su vida y milagros, salvo el de la resurrección.
            Pero ese hecho ya no es histórico (ni tampoco excepcional). Lo histórico es que algunos de sus seguidores contaron que le vieron después de muerto. También Conan Doyle cuenta en sus memorias que vio a su madre, después de muerta, con tanta claridad como en vida: “En la oscuridad, el rostro de mi madre resplandecía, apacible, feliz, ligeramente inclinado a mi lado, con los ojos cerrados. Mi mujer, que estaba a mi derecha, y una dama, que estaba a mi izquierda, la vieron con la misma claridad que yo. La dama, que no había conocido a mi madre, dijo: ¡Cómo se parece a su hijo!”
            Tan fiable o más que el de los discípulos sobre Cristo (nos ha llegado indirectamente, ninguno de ellos escribió sobre su experiencia) es el de Conan Doyle, un caballero británico incapaz de mentir, sobre su madre.
            Si he entendido bien, a la vida después de la muerte de la que habla Gomá no pueden aspirar todos, sino solo aquellos que hayan logrado, como Cristo, la máxima ejemplaridad. Derrocha mucha inteligencia y bien asimilada erudición para convencernos de que, si no hay certeza de ello (no puede haberla), al menos hay esperanza, una esperanza enteramente racional.
            No lo consigue, como comprobará cualquiera que tenga la paciencia de leerle. Y a mí me parece que lo que anhela no es ni necesario ni es deseable. ¿Ser conscientes de que el mundo sigue sin nosotros y no poder intervenir en él? Más deseable que esa “mortalidad prorrogada” (si he entendido bien, una especie de condena a muerte que se pospone indefinidamente gracias a nuestra ejemplaridad) es la muerte concebida como un dulce sueño sin sueños, solo triste para el que queda, no para el que marcha. Nadie ha sido capaz de imaginar un paraíso mejor. La mortalidad prorrogada indefinidamente es otro de los nombres del infierno.


Jueves, 15 de octubre
UN GOL EN PROPIA PUERTA

Sherlock nunca defrauda. “El periodismo es una institución muy valiosa”, le dice a Watson, “a condición de saber cómo servirse de ella”. Si la vicealcaldesa Ana Taboada le hubiera leído, no habría metido tan estrepitosamente la pata en su sonada entrevista. Además de la contundente arremetida de Graciano García, ahora incluso se ha creado una asociación para defender a los premios Princesa de Asturias de su acusación de estar “pasados de moda”.
            Esa asociación no busca defender los premios, que se defienden solos, sino atacar a Podemos. Ana Taboada se ha metido un gol en propia puerta. Yo lamenté sus irreflexivas declaraciones nada más leerlas, pero no como jurado de los premios, sino como votante de Somos Oviedo.


Viernes, 16 de octubre
UNA INTELIGENCIA SUPERIOR


Una inteligencia superior siempre resulta incómoda, salvo que vaya acompañada de juventud e inexperiencia. En ese caso es un placer conversar con ella: nos hacemos la ilusión no solo de estar a su altura, sino incluso un poco por encima, que es la posición que todos preferimos para tratar con los demás seres humanos, aunque algunos, como yo, hayamos aprendido a disimularlo.


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