domingo, 5 de abril de 2009

Para entregar en mano: Amor y pedagogía

Sábado, 28 de marzo
A VECES

“Nunca dices lo que piensas”, se queja un amigo. “Nunca elogias sin unos cuantos alfileres, sin unas gotas de veneno”.
No estoy yo tan seguro. Todos nos creamos un personaje. Yo me he esforzado por parecer perversamente malintencionado. Quizá he conseguido engañar a algunos, pero me temo que como diablo apenas rozo el aprobado.
Mis maldades se resumen a reírme de algún poetastro infautado y a no comulgar con demasiadas ruedas de molino.
¿Mis maldades? No aprobaría oposiciones ni a oficial de tercera en el infierno.
Pero el mal no lo hacen solo los malos, sino también los torpes. Y algún daño he causado sin querer, como todo el mundo.
¡Cómo me gustaría ser un malo de melodrama, perverso e inteligente!
Por si acaso, me coloco esa máscara. A ver si cuela. Y a veces cuela.
Pero yo sé quién soy. Y a veces, como esta tarde en el Caffè di Roma, en medio del familiar bullicio, me siento a gusto conmigo mismo.


Me siento a gusto conmigo mismo porque he encerrado terrores y remordimientos en el sótano, atrancado la trampilla y subido a la terraza, a admirar las estrellas. Abajo, ratas, inmundicias, aguas negras. Aquí, el parpadeo de los astros, su escritura invisible, la luna que avanza majestuosa.
Yo sé quién soy.
Tengo miedo a morir.
Miedo a que muera la gente que quiero.
Miedo a que me quieras.
Miedo a que deje de quererte.
Miedo a envejecer.
Miedo a perder interés por las cosas del mundo.
Miedo a que todos los libros se me vuelvan de pronto vacua hojarasca, palabrería.
Pero encierro en el sótano todos mis miedos y procuro vivir siempre en lo alto, como si fuera eterno. Y a veces lo soy.


Domingo, 29 de marzo
UN EXPERIMENTO

“La verdad más importante sobre los tesoros escondidos es que realmente existen”, leo al comienzo de un libro de Antonio García Madrid. A continuación se enumeran algunas reglas útiles para dar con ellos: buscarlos no sistemáticamente, como si no nos interesaran; tener paciencia; prestar atención a los guiños que nos hacen las cosas; hacerse amigo de quienes los guardan.
El tesoro que encuentra García Madrid a algunos no les parecerá un tesoro, es solo un puñado de viejos cuadernos escolares. Ellos le llevaron a descubrir un sorprendente experimento pedagógico en las remotas Hurdes de los años treinta, en la negra tierra sin pan de Luis Buñuel. Siguiendo el método del pedagogo francés Celestin Freinet, los niños de la escuela unitaria de la Factoría de los Ángeles, en Caminomorisco, componen y redactan su propio periódico. “En Las Hurdes vamos las muchachas con cabras –escribe Eleuteria Iglesias, de diez años—; yo no voy con las cabras porque se ‘escacha’ mucho la ropa, no se puede andar y el calzado se rompe. Aquí hay lobos, zorras y gatos monteses; hace tiempo vinieron dos hombres de Nuñomoral y traían un lobo muerto encima de un mulo; esos hombres venían pidiendo. Cuando yo los vi me dio mucho miedo el lobo. Los lobos se comen a las cabras; en esta tierra hay muchos lobos”.
Duró poco aquel experimento. Los maestros José Vargas Gómez y Maximino Cano Gascón tuvieron luego que ocultar, para poder seguir ejerciendo, que habían aplicado las más renovadoras técnicas pedagógicas y habían puesto en contacto a los niños de aquel abandonado lugar de Extremadura con el resto del mundo: “Hemos mandado a Buxiéres-les-Mines (Francia) colecciones de plantas disecadas del país, seis dibujos de plantas y flores, dos cartas, unos cuantos sellos, dos ejercicios de redacción”.
Antonio García Madrid encontró un tesoro, el más humilde, el más hermoso tesoro de la ilusión republicana por cambiar la vida. Pero en esta tierra hay muchos lobos. No tardarían en llegar.



Lunes, 30 de marzo
PERDIDO

A veces sueño con ser invulnerable, con una coraza que me proteja de cualquier daño. Pero esa coraza ya existe, se llama dureza de corazón. Si no quieres a nadie, nadie te hará daño.
Si aún te quedan lágrimas, no todo está perdido.


Martes, 31 de marzo
MANÍAS PERSONALES

“Cómo te gusta jugar a la falsa modestia”, me dice un amigo. Y tiene razón. Pero en el pecado llevo la penitencia. “¿Qué escribes ahora?”, me preguntan. Y yo: “Nada, tonterías”. Pero lo que viene a continuación no son precisamente los elogios que mi insaciable vanidad trata de propiciar: “Pues deberías esforzarte en escribir algo más serio”.
¿Algo más serio? Sin duda están pensando en una novela. ¿Acabaré convertido en novelista, como tantos otros débiles de voluntad? Espero ser capaz de resistir a la tentación. No me imagino que un escritor pueda caer más bajo, ni siquiera dedicándose a la literatura infantil y juvenil. Claro que jamás se me ocurriría decir eso en público, no me gusta molestar sin motivo. También pienso, y me lo callo, que es más digno robar que mendigar, pero que es preferible mendigar a concursar en el Planeta o el Loewe. Cada uno tiene sus manías. En mis momentos de desánimo, me imagino entreteniendo mis ocios de jubilado con la escritura de una novela sobre los templarios, ganando un premio literario y dejándome engatusar por alguien que me dice “tenemos que regularizar lo nuestro, pero que sea una ceremonia íntima, con pocos invitados, no más de cien, quizá doscientos”… No me imagino pesadilla peor.


Miércoles, 1 de abril
PREGUNTAS Y RESPUESTAS

----¿De verdad crees que la literatura es lo más importante de la vida?
----No sé si es o no lo más importante. Para mí es lo más entretenido. Salvo estar enamorado, por supuesto.
----Si Dios no existiera y a ti te tocara inventarlo, ¿cómo lo crearías?
----Pues lo más parecido posible a como soy yo en los mejores momentos.
----Y si tú fueras Dios, ¿crearías al ser humano?
----¡De ninguna manera! Buscaría otras maneras menos dañinas de pasar el rato.


Jueves, 2 de abril
JUBILACIÓN

“Estarás contento”, me dice un amigo. “El próximo año te podrás jubilar con el sueldo íntegro. Vaya suerte, dedicarse sólo a escribir, que es lo que siempre has querido”.
Qué angustia me entró cuando leí la noticia. No sé si con esto de las jubilaciones anticipadas la Universidad quiere ahorrar dinero (cada vez hay menos alumnos, cada vez se necesitan menos profesores) o rejuvenecer la plantilla. Si es lo segundo, yo no puedo hacer nada; ahora, si el lo primero, se me ocurre una contraoferta: en lugar de dejar de dar clases y seguir cobrando el sueldo íntegro, propongo seguir dando clases y dejar de cobrar el sueldo. Tengo pocos gastos, ya me las arreglaría con lo que gano colaborando acá y allá y con alguna que otra conferencia.
----¡Dedicarme solo a la literatura! Qué absurdo. Pero si yo solo escribo una hora al día, hora y media todo lo más. ¿Qué iba a hacer el resto del tiempo?
----Podrías dedicarle más tiempo.
----Con ese poco tiempo que le dedico ya escribo demasiado, según piensan todos mis amigos. ¿Qué iba a hacer si no diera clases? Aburrirme como una ostra y acabar escribiendo una novela sobre los templarios o sobre la guerra civil. Debo de ser la única persona del mundo que si no hace las cosas mejor no es por falta de tiempo sino por falta de talento.
---Ya estamos con la falsa modestia.
---Dejémoslo entonces en que no soy la única persona a la que le sobra tiempo y le falta talento, pero sí soy una de las pocas que lo reconocen.


Viernes, 3 de abril
UN TESORO

Cuando era niño, una vez encontré un tesoro. No le dije nada a nadie. Estaba en una caja metálica, enterrado a poca profundidad, cerca de la huerta de mi abuelo. Dentro había periódicos amarillentos, tres balas, un libro, la fotografía de una mujer, un buen puñado de duros de plata. No le dije nada a nadie y lo volví a enterrar en otro sitio. Sería mi secreto.


No he vuelto a buscarlo. Me gusta pensar que todavía sigue allí. Muchas veces en sueños vuelvo a abrir aquella caja, miro el rostro de la mujer, acaricio las monedas.
Monedas de plata. Recuerdo que tenía el perfil de un rey niño.
En los días oscuros, cuando todo sale mal, cuando estallan las tuberías del sótano y las aguas fétidas inundan la casa, pienso en ese tesoro, que todavía me espera.
Sigo siendo el niño que lo escondió al pie de una gran alcornoque, cerca del río Ambroz, a cincuenta pasos del puente romano.
Sigo siendo ese niño que no tenía nada, pero que encontró un tesoro. No todo está perdido.

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