Domingo, 4 de octubre
CUARENTA AÑOS
DESPUÉS
De la
librería Matadero Uno me dicen que Bernardo Atxaga ha dejado un libro de Joseba
Sarrionandia para mí. Paso a recogerlo, y resulta que ni siquiera es una obra
suya, sino de Ángel Katarain, de quien ni siquiera he oído hablar.
Con Sarrionandia tuve una breve
relación epistolar hace más de cuarenta años. En no sé qué periódico de Madrid,
apareció una breve reseña sobre los Cuadernos de Óliver que publicábamos
por entonces. Nos escribió interesándose por ellos desde el lugar en que se
encontraba por aquellas fechas: la prisión de Martutene. La correspondencia
duró poco y recuerdo que hablamos de Pessoa, a quien él también había
traducido. Me mandó un ejemplar de su versión de El marinero, una
pequeña pieza dramática pessoana de no demasiado interés. De pronto, su nombre
apareció en todos los periódicos. Se había fugado de manera rocambolesca
escondido en los bafles de un grupo musical que actuaba en la cárcel. Y no supe
más de él.
¿Por qué me hará llegar ahora este
libro donde cuenta su vida un técnico de sonido que ha acompañado en sus giras
–según leo en la solapa—“a un buen número de grupos del panorama musical
vasco”?
Mientras tomo un café, hojeo el libro y no
tardo en averiguarlo. El capítulo titulado “Cuba, Martín, Martutene” viene a
ser como una continuación de aquella remota correspondencia. En él se cuenta la
sonada fuga de Sarrionandia, en la que Katarain tuvo un papel importante, y algo
de lo que fue su vida en los años en que estuvo desaparecido.
Cómo me habría gustado hablar de esto
con Xuan Bello, gran amigo de Atxaga y la única persona que de vez en cuando
me daba noticias de Sarrionandia y me pasaba poemas suyos.
Lunes, 5 de octubre
CADA VEZ MÁS CERCA
Estábamos
charlando en la cafetería cuando se nos acercó un desconocido. “¿José Luis
García Martín? ¿Podemos hablar un momento?”, me dijo muy serio.
Salimos fuera, yo sorprendido y un
poco asustado. Y no era para menos: un hermano suyo, amigo, mío, se había
suicidado y quería darme la noticia.
Últimamente, Carlos Moreno y yo
habíamos perdido el contacto. Personalmente solo nos habíamos visto una vez,
hacía años, en Barcelona. Yo sabía poco de él, pero él parecía saber todo de
mí: compraba mis libros desde hacía más de veinte años y alguna vez escribió
sobre ellos. También publicó en Clarín atinadas reseñas sobre autores a
los que los dos admirábamos mucho. Era un hombre culto y ponderado, con un
trabajo ajeno a la literatura, y al que yo me imaginaba lo más alejado posible
de los desarreglos afectivos propios de los escritores.
Al llegar a casa, releo lo que
escribió sobre mí en un libro homenaje que organizó Hilario Barrero: “Desde el
principio, simpatizó uno con el personaje que protagoniza el diario, tal vez
por procesos de identificación profundos, lo que incluyó a la persona del autor
cuando tuve ocasión de conocerle personalmente en Barcelona. Me dejó la
impresión de un carácter solitario, cordial, inteligente, generoso, culto y
sensible”. En esas palabras, no me vi yo reflejado, pero sí le vi a él.
No tenía pareja ni hijos, vivía solo
en un piso con miles de libros, pulcramente colocados en estanterías que
llenaban todas las paredes (el hermano me enseñó fotos), era de mi edad, no
estaba enfermo. ¿Qué pasaría por su cabeza para hacer lo que hizo? En su
familia nadie se lo explica.
Y yo, con ese egoísmo que nos
caracteriza a los seres humanos (especie a la que, muy a mi pesar, sigo
perteneciendo), siento su muerte menos por él que por mí. ¿Quién está a salvo,
por muy razonable que sea, de que algún día se le crucen los cables y alga
alguna locura?
Pasan los años. Los tiros suenan
cada vez más cerca.
Martes, 6 de octubre
UNA OBVIEDAD
Como me
gusta llevar la contraria, yo procuro no hablar de política. Pero no puedo
dejar de anotar, después de escuchar una y otra vez a tantas mentes preclaras
acusar a Pedro Sánchez de no respetar la Constitución con la ley de la
amnistía, que quien no la respetaba (y de manera gravísima, atendando contra
los derechos de determinados ciudadanos) era el Tribunal Supremo.
Y no añado nada a esa obviedad, que de sobra sé cómo se las gastan sus señorías.
Miércoles, 7 de octubre
MATAR ES MÁS VIRIL
Agustín
Miranda fue uno de los más prometedores escritores jóvenes de los años treinta.
Poeta innovador, colaborador de la Revista de Occidente., abandonó la
literatura en 1935, a los veinticinco años. Solo publicó un libro, Cartas de
la Guinea. Entre 1937 y 1939 había residido en esa colonia española. El
azar –que es mi mejor guía de lecturas-- hace que me lo encuentre en mi
librería de viejo habitual y que lo lea mientras tomo un café en Los Porches.
Es un ejemplo de la mejor literatura, su prosa poco tiene que envidiar a Ortega
o a Jarnés, puesta al servicio de la peor causa.
“Ante el bosque, ante lo salvaje,
como ante la fiera, caben dos actitudes: matarla o domesticarla. El resultado
es el mismo. La diferencia estriba en que matarla es más viril; pero, en
cambio, tiene más gracia domesticarla”.
“La población indígena, en las
colonias que por su clima admiten la repoblación del hombre blanco, puede ser
ignorada por los colonizadores o incluso, si principios superiores no se lo
vedan, ser exterminada”.
“Para evadirse de su mundo, el negro
solo encuentra un camino: el alcohol. El problema del alcoholismo del indígena
hay que buscarlo en esa psicosis creada en sus espíritus por su conciencia de
ser los habitantes de un mundo donde todos los apoyos ceden bajo sus manos
ansiosas, donde no hay escape posible”.
“Civilizar al negro es, pues, en el
más literal sentido de la palabra, liberarlo, trasplantarlo a un mundo de luz y
esperanza, a un mundo ordenado y estable, regido por la razón”.
No sé por qué me asombra este
almibarado racismo, este razonar con cuidada caligrafía, la barbarie
colonialista, la supremacía del hombre blanco, que entonces parecía tan natural
como la superioridad del hombre sobre la mujer. Hace tiempo que sé de la
admiración de Heidegger, y otras mentes preclaras, por Hitler.
En realidad, no me asombra, me
aterra. Entre los jóvenes escritores que admiro y sigo hay más de un Agustín
Miranda. El fascismo de antes, como el neofascismo que se nos echa encima, no
es cosa solo de políticos sin escrúpulos, matones descerebrados y multitudes
asustadizas y crédulas. Y eso es lo que me da más miedo.
Jueves, 8 de octubre
UN GRANO EN EL
CULO
---¿Pero
no tienes nada que decir sobre la acampada de Sol, el adelanto electoral, la
muerte de la anciana desahuciada?
---Prefiero no hablar de política,
Bueres, ya sabes. La invasión de los ultracuerpos, recuerda la película,
parece avanzar imparable. Ya ni los jueces ni la Unidad Central Operativa de la
Guardia Civil, tan aplaudida por la derecha como sostén de la democracia, son
lo que eran. Leo en los periódicos –al principio pensé en un bulo, pero parece
que va en serio-- que jueces y abogados participantes en una siniestra trama que
pretendía asustar a la jueza Beatriz Biedma para que dejara en paz a Pablo
Sánchez contactaron, por Facebook, con una mujer conocida como La Celsa, viuda
de un narcotraficante muerto en ajuste de cuentas, para que le diera un susto.
Desde otro perfil de Facebook, al parecer falso, le plantearon la necesidad de
“hacer una limpieza” en los juzgados de Badajoz. ¿No sería que querían
contratar a una limpiadora?, me pregunto con una carcajada. Cuando España,
media España para ser más ciertos, no había perdido la cabeza, un informe así va
directamente a la papelera y el magistrado le monta una bronca a quien se lo
trae: “Pero, criaturas, ¿dónde habéis aprendido a investigar? ¡Esa trama
resulta inverosímil incluso en las aventuras de Mortadelo y Filemón!”. Claro
que también podemos verle el lado bueno a estos disparates utilizados como
munición electoral. Si la UCO
no tiene cosa mejor que hacer que investigar las declaraciones de una buena
señora que afirma, en un programa de entretenimiento televisivo, que un juez la
llamó para decirle que una jueza era como “un grano en el culo”, es que vivimos
en el mejor de los mundos posibles.
Viernes, 9 de octubre
SIGUEN AHÍ
En
política, un problema solo es problema si acapara los titulares. Con el covid,
que todavía anda por ahí vivito y coleando, dejaron de aterrarnos en cuanto
abandonó las primeras páginas porque había comenzado la guerra de Ucrania.
Ahora Ceuta, una de las grandes bazas electorales de la oposición, pasa a
segundo plano por el asuntillo de la vivienda. No tardará un golpe de efecto
judicial (¡lástima que se jubilara el juez Peinado!) en tratar de tapar a
Maricarmen.
Lo malo es que los problemas, los mayores,
los menores y los aterradores, como el genocidio en Gaza, siguen existiendo,
aunque dejen de ser trending topic.


.jpg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario