viernes, 9 de octubre de 2026

Aguas bravas: Tiempos recios

 

 

Domingo, 4 de octubre
CUARENTA AÑOS DESPUÉS

De la librería Matadero Uno me dicen que Bernardo Atxaga ha dejado un libro de Joseba Sarrionandia para mí. Paso a recogerlo, y resulta que ni siquiera es una obra suya, sino de Ángel Katarain, de quien ni siquiera he oído hablar.

            Con Sarrionandia tuve una breve relación epistolar hace más de cuarenta años. En no sé qué periódico de Madrid, apareció una breve reseña sobre los Cuadernos de Óliver que publicábamos por entonces. Nos escribió interesándose por ellos desde el lugar en que se encontraba por aquellas fechas: la prisión de Martutene. La correspondencia duró poco y recuerdo que hablamos de Pessoa, a quien él también había traducido. Me mandó un ejemplar de su versión de El marinero, una pequeña pieza dramática pessoana de no demasiado interés. De pronto, su nombre apareció en todos los periódicos. Se había fugado de manera rocambolesca escondido en los bafles de un grupo musical que actuaba en la cárcel. Y no supe más de él.

            ¿Por qué me hará llegar ahora este libro donde cuenta su vida un técnico de sonido que ha acompañado en sus giras –según leo en la solapa—“a un buen número de grupos del panorama musical vasco”?

             Mientras tomo un café, hojeo el libro y no tardo en averiguarlo. El capítulo titulado “Cuba, Martín, Martutene” viene a ser como una continuación de aquella remota correspondencia. En él se cuenta la sonada fuga de Sarrionandia, en la que Katarain tuvo un papel importante, y algo de lo que fue su vida en los años en que estuvo desaparecido.

            Cómo me habría gustado hablar de esto con Xuan Bello, gran amigo de Atxaga y la única persona que de vez en cuando me daba noticias de Sarrionandia y me pasaba poemas suyos.

Lunes, 5 de octubre
CADA VEZ MÁS CERCA
 

Estábamos charlando en la cafetería cuando se nos acercó un desconocido. “¿José Luis García Martín? ¿Podemos hablar un momento?”, me dijo muy serio.

            Salimos fuera, yo sorprendido y un poco asustado. Y no era para menos: un hermano suyo, amigo, mío, se había suicidado y quería darme la noticia.

            Últimamente, Carlos Moreno y yo habíamos perdido el contacto. Personalmente solo nos habíamos visto una vez, hacía años, en Barcelona. Yo sabía poco de él, pero él parecía saber todo de mí: compraba mis libros desde hacía más de veinte años y alguna vez escribió sobre ellos. También publicó en Clarín atinadas reseñas sobre autores a los que los dos admirábamos mucho. Era un hombre culto y ponderado, con un trabajo ajeno a la literatura, y al que yo me imaginaba lo más alejado posible de los desarreglos afectivos propios de los escritores.

            Al llegar a casa, releo lo que escribió sobre mí en un libro homenaje que organizó Hilario Barrero: “Desde el principio, simpatizó uno con el personaje que protagoniza el diario, tal vez por procesos de identificación profundos, lo que incluyó a la persona del autor cuando tuve ocasión de conocerle personalmente en Barcelona. Me dejó la impresión de un carácter solitario, cordial, inteligente, generoso, culto y sensible”. En esas palabras, no me vi yo reflejado, pero sí le vi a él.

            No tenía pareja ni hijos, vivía solo en un piso con miles de libros, pulcramente colocados en estanterías que llenaban todas las paredes (el hermano me enseñó fotos), era de mi edad, no estaba enfermo. ¿Qué pasaría por su cabeza para hacer lo que hizo? En su familia nadie se lo explica.

            Y yo, con ese egoísmo que nos caracteriza a los seres humanos (especie a la que, muy a mi pesar, sigo perteneciendo), siento su muerte menos por él que por mí. ¿Quién está a salvo, por muy razonable que sea, de que algún día se le crucen los cables y alga alguna locura?

            Pasan los años. Los tiros suenan cada vez más cerca.

Martes, 6 de octubre
UNA OBVIEDAD

Como me gusta llevar la contraria, yo procuro no hablar de política. Pero no puedo dejar de anotar, después de escuchar una y otra vez a tantas mentes preclaras acusar a Pedro Sánchez de no respetar la Constitución con la ley de la amnistía, que quien no la respetaba (y de manera gravísima, atendando contra los derechos de determinados ciudadanos) era el Tribunal Supremo.

            Y no añado nada a esa obviedad, que de sobra sé cómo se las gastan sus señorías.

Miércoles, 7 de octubre
MATAR ES MÁS VIRIL

Agustín Miranda fue uno de los más prometedores escritores jóvenes de los años treinta. Poeta innovador, colaborador de la Revista de Occidente., abandonó la literatura en 1935, a los veinticinco años. Solo publicó un libro, Cartas de la Guinea. Entre 1937 y 1939 había residido en esa colonia española. El azar –que es mi mejor guía de lecturas-- hace que me lo encuentre en mi librería de viejo habitual y que lo lea mientras tomo un café en Los Porches. Es un ejemplo de la mejor literatura, su prosa poco tiene que envidiar a Ortega o a Jarnés, puesta al servicio de la peor causa.

            “Ante el bosque, ante lo salvaje, como ante la fiera, caben dos actitudes: matarla o domesticarla. El resultado es el mismo. La diferencia estriba en que matarla es más viril; pero, en cambio, tiene más gracia domesticarla”.

            “La población indígena, en las colonias que por su clima admiten la repoblación del hombre blanco, puede ser ignorada por los colonizadores o incluso, si principios superiores no se lo vedan, ser exterminada”.

            “Para evadirse de su mundo, el negro solo encuentra un camino: el alcohol. El problema del alcoholismo del indígena hay que buscarlo en esa psicosis creada en sus espíritus por su conciencia de ser los habitantes de un mundo donde todos los apoyos ceden bajo sus manos ansiosas, donde no hay escape posible”.

            “Civilizar al negro es, pues, en el más literal sentido de la palabra, liberarlo, trasplantarlo a un mundo de luz y esperanza, a un mundo ordenado y estable, regido por la razón”.

            No sé por qué me asombra este almibarado racismo, este razonar con cuidada caligrafía, la barbarie colonialista, la supremacía del hombre blanco, que entonces parecía tan natural como la superioridad del hombre sobre la mujer. Hace tiempo que sé de la admiración de Heidegger, y otras mentes preclaras, por Hitler.

            En realidad, no me asombra, me aterra. Entre los jóvenes escritores que admiro y sigo hay más de un Agustín Miranda. El fascismo de antes, como el neofascismo que se nos echa encima, no es cosa solo de políticos sin escrúpulos, matones descerebrados y multitudes asustadizas y crédulas. Y eso es lo que me da más miedo.

Jueves, 8 de octubre
UN GRANO EN EL CULO

---¿Pero no tienes nada que decir sobre la acampada de Sol, el adelanto electoral, la muerte de la anciana desahuciada?

            ---Prefiero no hablar de política, Bueres, ya sabes. La invasión de los ultracuerpos, recuerda la película, parece avanzar imparable. Ya ni los jueces ni la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, tan aplaudida por la derecha como sostén de la democracia, son lo que eran. Leo en los periódicos –al principio pensé en un bulo, pero parece que va en serio-- que jueces y abogados participantes en una siniestra trama que pretendía asustar a la jueza Beatriz Biedma para que dejara en paz a Pablo Sánchez contactaron, por Facebook, con una mujer conocida como La Celsa, viuda de un narcotraficante muerto en ajuste de cuentas, para que le diera un susto. Desde otro perfil de Facebook, al parecer falso, le plantearon la necesidad de “hacer una limpieza” en los juzgados de Badajoz. ¿No sería que querían contratar a una limpiadora?, me pregunto con una carcajada. Cuando España, media España para ser más ciertos, no había perdido la cabeza, un informe así va directamente a la papelera y el magistrado le monta una bronca a quien se lo trae: “Pero, criaturas, ¿dónde habéis aprendido a investigar? ¡Esa trama resulta inverosímil incluso en las aventuras de Mortadelo y Filemón!”. Claro que también podemos verle el lado bueno a estos disparates utilizados como munición electoral. Si la UCO no tiene cosa mejor que hacer que investigar las declaraciones de una buena señora que afirma, en un programa de entretenimiento televisivo, que un juez la llamó para decirle que una jueza era como “un grano en el culo”, es que vivimos en el mejor de los mundos posibles.          

Viernes, 9 de octubre
SIGUEN AHÍ

En política, un problema solo es problema si acapara los titulares. Con el covid, que todavía anda por ahí vivito y coleando, dejaron de aterrarnos en cuanto abandonó las primeras páginas porque había comenzado la guerra de Ucrania. Ahora Ceuta, una de las grandes bazas electorales de la oposición, pasa a segundo plano por el asuntillo de la vivienda. No tardará un golpe de efecto judicial (¡lástima que se jubilara el juez Peinado!) en tratar de tapar a Maricarmen.

            Lo malo es que los problemas, los mayores, los menores y los aterradores, como el genocidio en Gaza, siguen existiendo, aunque dejen de ser trending topic.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario