viernes, 8 de mayo de 2026

La rueda de la fortuna: Dime de qué presumes

 

Sábado, 2 de mayo
LA HORRENDA POLÍTICA
 

A partir de cierta edad, a uno le aburren las novelas, sobre todo si son grandes novelas, de esas que vuelven del revés la manera de contar y descienden a no sé qué ignotos abismos de la condición humana. Conozco formas más agradables de perder el tiempo.

            Ayer, aunque era día festivo, estaba abierta la librería de viejo que tengo al lado de casa y el primer libro que me salió al paso fue uno de Luis Antón del Olmet con un título poco atractivo, Los idóneos, y un sugerente antetítulo: “La horrenda política”. Lo comencé a leer en una cafetería cercana y no he podido dejar de leerlo.

            Luis Antón del Olmet es un viejo conocido. Me topé con él en las páginas de La novela de un literato, de Cansinos Assens, y luego, cuando se puso de moda la bohemia, allá por los últimos años del siglo pasado, fue una presencia casi tan habitual como la de Pedro Luis de Gálvez y Buscarini en las páginas de Juan Manuel de Prada y otros deslumbrados por la golfería finisecular.

            Así nos lo presenta Cansinos: “Luis Antón del Olmet, el batallador periodistas, ex corresponsal de guerra en Marruecos, autor de novelas estimables y hombre de garra, pícaro de una categoría superior, funda El Parlamentario, periódico subvencionado por los aliados, de cuya redacción (en la Carrera de San Jerónimo) forman parte Vidal y Planas, Pedro Luis de Gálvez y otros hampones de menos categoría”.

            Los idóneos se fue publicando capítulo a capítulo, y en los primeros meses de 1917, en las páginas de El Parlamentario. Es un acto de venganza contra los políticos, Dato y Sánchez-Guerra, a cuyo servicio había estado en los cuatro años anteriores. El subtítulo es el mismo que podrían llevar las memorias de Jorge Verstrynge: “Recuerdos de un exsecretario político. Intimidades del partido llamado conservador” Pero están escritas con más gabo y más brío.

No esconde las interesadas razones que le llevaron a abandonar el partido de Antonio Maura y unirse a los disidentes, llamados “idóneos”, que aceptaron formar gobierno en 1913. Como las prebendas prometidas no se hicieron realidad, decidió abandonarlos. Nada nuevo. Pero no importa lo que Antón del Olmet dice de sí mismo, sino las costumbres políticas que refleja. Y no solo políticas. Qué espléndido retrato de la España de entonces sin necesidad de recurrir a los espejos valleinclanescos del callejón del Gato.

            Al final, ajustando cuentas con Dato, escribe: “Don Eduardo, usted tiene más de sesenta años. Ha conocido usted una España colonial, caciquil, neutra, moribunda, donde pudo usted llegar a jefe de Gobierno, pisando con la punta de sus zapatillas bordadas. Yo tengo treinta y uno. Y conoceré –no lo dude-- una España más vigorosa, más inteligente, más europea y más española, donde yo ocuparé un modesto lugar de escritor feliz”.

            No acertó mucho en sus profecías. A Eduardo Dato lo asesinaron en 1921, a él le pegó un tiro a quemarropa su amigo y protegido Alfonso Vidal y Planas en 1923.

            Qué historia la de asesinato. Dicen que la razón fue que Antón del Olmet quería seguir teniendo trato carnal con Elena Manzanares, la prostituta que le había presentado a su amigo Alfonso y de la que este se había enamorado. Es posible. Al homicida, le condenaron a doce años de cárcel. En el momento de la sentencia, allí estaba Cansinos, el más fiel testigo del envés de la Edad de Plata: “Elenita solloza. Vidal y Planas se yergue casi ufano. Irá presidio como Dostoievski y Oscar Wilde. Y sus libros triplicarán la tirada”.

            A Vidal y Planas, el hampón homicida, muchos años después, se lo encontraría Francisco Ayala en su exilio americano reconvertido en profesor de filosofía.

Martes, 5 de mayo
GANO YO

Salgo a la terraza y contemplo la noche estrellada. A la memoria me vienen unos versos que escuché cantar hace tiempo en Alcañiz, camino de Portugal: “Qué grande es el universo / y qué pequeñito yo. / Pero él no sabe que existe; / en eso, le gano yo”.

Miércoles, 6 de mayo
LA QUE SE AVECINA
 

En la tertulia virtual de los miércoles, aparece mi hipocondríaco favorito, el gran Enrique Bueres, con la cara cubierta con una inmensa mascarilla que apenas si le dejar ver los ojos.

            ---Prepárate, Martín, que se avecina otra buena. Ya están los epidemiólogos tranquilizándonos en las televisiones como al comienzo de la Covid.

            ---Espero que los políticos esta vez no pierdan la cabeza y que no nos apliquen por decreto ley remedios peores que la enfermedad.

            ---¡Ojalá encuentren pronto una vacuna!

            ---No te preocupes que ya los avispados ejecutivos de la Pfizer y otras farmacéuticas están en ello. Eso sí que es un negocio y no los pocos milloncetes del justiciero Aldama.

Jueves, 7 de mayo
PEOR ME LO PONES

---Y del juicio contra Ábalos, ¿no vas a decir nada, Martín? Supongo que esconderás la cabeza bajo el ala, como haces siempre que los corruptos son de los tuyos.

            ---Acabo de leer la información de la última jornada del juicio y la verdad es que me ha deprimido bastante. Yo, como todo el mundo, tenía la peor opinión de Ábalos y Koldo, ese tándem de torpes marionetas que un listillo movía a su antojo. Tras escuchar a unos y otros, cambio de opinión. Aldama ha jugado bien sus cartas: se queda con los millones de euros y, muy probablemente, se libre de la cárcel. Moralmente está por debajo de Koldo y de Ábalos, pero muy por encima de su pareja en esta parodia de la justicia.

            ---¡Cuidado con lo que dices!

            ---Tienes razón. No diré más. Solo, si me permites, y espero que esto no moleste a nadie, repetiré los delitos probados de Ábalos por los que se le piden veinticuatro años de cárcel (y no la prisión perpetua revisable, como querría alguno). En primer lugar, ayudó a dos “señoritas” a encontrar trabajo. Si esos trabajos fueron irregulares, no se ajustaron a las normas establecidas, me parece a mí que la falta o delito sería de quien firmó los contratos. Segundo delito, alguien con mucho dinero, para congraciarse con él y seguir haciendo dinero fácil, compró un chalet y se lo alquiló durante el verano. Como no consiguió el favor que pretendía, le echó por no pagar a tiempo el alquiler. Otro empresario le puso piso una de las dos “señoritas” a las que ayudó a buscar trabajo, amante del ministro durante un tiempo. Y el bueno del fiscal, ante tan graves delitos, pone gesto de indignado Catón y exclama: “La corrupción política está carcomiendo nuestro sistema democrático y solo una reacción contundente contra ella puede frenarlo”. ¿Y no tiene cerca, bien cerca, otras figuras con las que ejemplarizar? No te preocupes, no voy a mencionar a cierto exjefe del Estado que sigue viviendo a cuerpo de rey sin ingresos conocidos (ni siquiera cobra pensión). Bien cerca del fiscal, colaborando mano a mano, tiene a quien defraudó a Hacienda y se llevó comisiones millonarias en la compra de mascarillas. Pero a ese se le saca de la cárcel y se hace todo lo posible para que no vuelva a entrar. ¡Ha prestado un gran servicio a España! ¡Hasta ha señalado a Pedro Sánchez como número uno en esta trama criminal de enchufes en la administración pública (y no uno, sino dos) y de mimos a un ministro, que es un desastre en su vida privada, en forma de alquileres!

            ---No te pases, Martin, que el fiscal censuró la alusión a Sánchez.

            ---Sí, a toro pasado. Dejó hablar y hablar para que todos los medios reprodujeran una y otra vez las palabras de Aldama y solo al día siguiente dijo lo que dijo y no tenía más remedio que decir, ya que se trataba de un juicio y no de una de esas sesiones de investigación del Senado en las que toda acusación sin pruebas tiene su asiento.

            ---No sé yo si es función del fiscal cortar una declaración que se extralimita y se dedica, no ha hablar de los hechos que se están juzgando, sino a calumniar a una persona que no forma parte del proceso. Yo creo que eso es cosa más bien del presidente del tribunal.

            ---Peor me lo pones.

Viernes, 8 de mayo
DE QUÉ PRESUMO

“Dime de qué presumes y te diré de qué careces”, afirma la sabiduría popular y yo al parecer me paso la vida, según me reprochan amigos y enemigos, presumiendo de ser más inteligente que nadie.

Bueno, de ilusión también se vive.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario