sábado, 7 de febrero de 2026

La rueda de la fortuna: El arte de torear

 

Domingo, 1 de febrero
A TODOS NOS LLEGA

A todos nos llega el momento de la despedida, pero no a todos al mismo tiempo. A los deportistas les llega antes y a los escritores después que a los cantantes. También hay diferencias entre los escritores: los novelistas echan el cierre antes que los poetas.

            Yo he sido particularmente cruel con los que han continuado después de que debían hacer el mutis. Recuerdo mis comentarios, primero de Jorge Guillén, luego de Dámaso Alonso, más tarde de Pere Gimferrer. Pero mi indignación no era tanto contra esos poetas como contra los reseñistas habituales que recibieron Duda y afirmación sobre el Ser Supremo como si fuera otro Hijos de la ira. Me parecieron cómplices de una estafa y yo entonces me consideraba una especie de justiciero al servicio del buen lector. Solo más tarde supe de los problemas de salud mental de Dámaso Alonso en los últimos años.

¿Fui también algo cruel con el libro sobre Galdós de Vargas Llosa? Es posible, pero yo no podía dejar de señalar que aquel laborioso empeño de su vejez --leyó y anotó todas las obras de Galdós, el teatro incluido-- hacía aguas por todas partes.

            Más pronto o más tarde, o incluso muy tarde –ahí está Manuel Vicent, tan terne, a los noventa años--, a todos nos llega el momento de la despedida si la vida discurre por cauces naturales (puede haber un corte brusco). Pero unos se dan cuenta y otros no.

¿Me encontraré yo entre los primeros o entre los segundos? De lo que estoy seguro, es de que si estoy entre los primeros mis puerilidades seniles no serán recibidas con un unánime aplauso por los suplementos literarios. Lo bueno de no haber estado nunca en la cima del éxito, ni en las proximidades, es que se evita uno las melancolías de que le vayan haciendo cada vez menos caso.

Ando ahora preparando una reedición de mis versos y, en algunos casos, es la primera vez que los releo después de publicados. Creo ver un cierto ascenso hasta más o menos el año 2010 y un declive posterior, aunque quizá sea solo un cambio de poética.

Algún amigo malintencionado ya me había advertido de ello, pero yo no quise creerle. Las obras finales de Tiziano no tienen el esplendor de las de su etapa de madurez, pero lo compensan con una sencillez que solo es posible después de haber desaprendido mucho. 

Lunes, 2 de febrero
PUEDO EQUIVOCARME

Leo una extensa entrevista con David Uclés, el autor de moda, para bien y para mal, y me da un poco de pena el personaje. Me temo que su futuro es el de ser un juguete roto. Cierto que ha publicado una novela que agota edición tras edición, pero no he conseguido encontrar a nadie que la haya leído entera.

Yo ni siquiera la he hojeado. Me bastan las referencias para saber que hay mejores maneras de perder el tiempo que enfrascarse en ese ladrillo de setecientas páginas.

Alguien que ha leído ya su premio Nadal me cuenta que es todavía más formularia e inane que la anterior. Pero se venderá mucho, sin duda. Ya se encargarán los fontaneros de Planeta de que así sea. Y las embestidas de la derecha selvática –o no, hasta mi amigo Daniel Sánchez Rodero le ha llamado “pequeño, peludo y suave”, como el borriquillo de Juan Ramón-- le mantendrán un cierto tiempo en el escenario. Tiene muchos enemigos con acceso a los medios de comunicación (ya me gustaría a mí) y eso es siempre una garantía.

            A Javier Cercas le ocurrió algo semejante con Soldados de Salamina. No creo que Uclés sepa salir adelante como hizo Cercas. No tiene ni su cultura ni su talento literario ni su habilidad para convertirse en intelectual orgánico. Cuando se acabe el efecto bandada de estorninos o bola de nieve (a un libro le toca la lotería y se compra porque se compra y porque todos hablan de él), será un juguete roto sin necesidad de que para ello hagan falta las estocadas de ningún espadachín.

            Puedo equivocarme, claro. Y mucho me gustaría. Me han conmovido sus recuerdos de infancia y maltrato. 

Martes, 3 de febrero
AÚN NO

El arte de perder amigos se me da bastante bien, debo reconocerlo. No nací para la diplomacia ni para templar gaitas. Pero como soy un optimista nato y procuro siempre mirar las cosas desde el punto de vista que más me favorece, se me ocurre pensar que para perder amigos es condición indispensable tenerlos. Como llevo perdiendo amigos más o menos desde que comencé a publicar, y aún antes, eso significa que también he ido añadiendo amigos desde entonces.

            Dicen que, a partir de cierta edad, ya no se hacen nuevos amigos. No es mi caso. Y no me refiero a los cinco o seis mil “amigos” de Facebook, sino a aquellos que, si lo necesitaran, saben que podrían venir a llorar sobre tu hombro y tú también podrías ir a llorar sobre el suyo, aunque yo soy de los educados con aquello de que los hombres no llorar.

            Amigos de verdad, tengo los mismos que tenía hace cuarenta años. Claro que no todos son los mismos. ¿Llegará un momento en que no haya reemplazo para los que se cansan de que te escondas en un caparazón lleno de espinas?

Llegará, todo llega, pero aún no ha llegado. Y yo procuro no ser de los que –como diría Machado-- “no gozan de lo que tienen / por ansia de lo que esperan”, o por miedo de lo que temen, añado yo.

Miércoles, 4 de febrero
NO SIEMPRE

Subrayo en una conferencia de William James: “Los libros fundamentales se leen antes de los veinte años; todos los demás son prescindibles o complementarios”.

Jueves, 5 de febrero
UN MIURA SEVILLANO

---Es raro que no te gusten los toros, Martín, porque dominas perfectamente el arte de torear. ¡Hay que ver cómo le has ido dando cambiadas a ese miura sevillano que trataba de cornearte!

            ---¿Te refieres a los comentarios a mi blog de Abelardo Linares? Una broma entre amigos.

            ---Pues a él no parece que le hiciera mucha gracia, aunque al tendido sí que nos hacía bastante. ¿No oías los aplausos cada vez que le dabas un buen pase con la muleta?

            ---¡Qué exagerado eres! La verdad es que me he divertido un poco en ese combate en verso.

            ---Sospecho que él no tanto. Un primer acierto hacerle abandonar la prosa, que se le da mejor que el verso, que no parece que sea lo suyo. Se ha despedido un poco enfadado y “hasta el cogote”, según dice.

            ---Lástima, porque a mí me divertía este pin pan pun. Él se lo pensaba más, yo le devolvía la pelota de inmediato. Él quería pincharme con sus reparos y yo me las arreglaba para convertirlos en elogios.

            ---Tenías que haberle dejado ganar alguna partida.

            ---Lo tendré en cuenta para otra vez.

            ---No creo que vuelva a por otra.

Viernes, 6 de febrero
ENSEÑANZAS DE LA EDAD

El orden de las palabras, al contrario que el de los factores, para decirlo con la fórmula que nos enseñaron en la escuela, sí altera el producto. No es lo mismo decir “tarde, pero aprendo”, que es mi lema, que “aprendo, pero tarde” que es lo que suele suceder.

            ¿Y qué he aprendido yo un poco tarde, pero a tiempo? Los mecanismos del amor y del desamor, que ahora manejo sin pincharme ni cortarme y sin poner nunca toda la carne en el asador.

            También a manipular mi vanidad (y la ajena), a reírme de ella, a exagerarla más que a disimularla.

            A quejarme lo justo, y sin creérmelo del todo, para evitar envidiosas zancadillas o puñaladas en la espalda.

            A no dejar que la costumbre me vuelva invisibles los milagros de cada día.

            La vida no es un cuento de hadas, ya lo sé (o sí lo es, pero de los que se contaban en las noches de invierno alrededor de una hoguera, no de los edulcorados para infantes), y la desdicha acecha en cada recodo del camino. Vendrán tiempos peores, quién lo duda, pero mientras tanto disfruto y agradezco lo que tengo. Eso he aprendido.

            Ya me imagino lo que diría mi contrincante favorito, el miura sevillano, si leyera estos apuntes que escribo para mí solo.

            ---Acabarás publicando libros de autoayuda. A lo mejor te va mejor que con tus ripiosos poemas y te conviertes en un nuevo Paolo Coelho.