martes, 6 de diciembre de 2022

En la retaguardia: César, Nazim, Antonio, Vladimiro

 

 

Sábado, 3 de diciembre
POBRE ANDRÉS

Los sábados, de siete a ocho (más o menos, tampoco soy tan maniático: puede ser de siete y cinco a ocho y cinco o incluso seis), paso un rato de felicidad hojeando los suplementos semanales y leyendo algún libro en el McDonald’s de los Prados, frente a las salas de cine. No me molesta estar rodeado de familias con niños, ni siquiera cuando celebran un cumpleaños. El rumor de la vida cotidiana, a mí tan solitario, que vivo en una casa en la que todo es silencio,  me resulta confortable, me abriga como una bufanda una tarde de invierno. Por ese lugar, no acostumbran a pasar amigos, así que no suele haber interrupciones. Hoy me saluda un conocido cuando termino el suplemento de El Mundo. Como lo tengo abierto por la última página, donde va su artículo, me pregunta por Trapiello.

            —¿Cómo van sus relaciones con Trapiello? Ya le leído la rabieta que pilló a propósito de su reseña de Madrid 1945.

            —Pues menos mal que no puede leer el pensamiento, porque si supiera lo que yo he pensado leyendo este artículo, “Pobre Celaya”, me odiaría para siempre.

            —¿Tan malo es?

            —Tan malo. Como escrito dejándose llevar por los prejuicios, pura escritura automática.

            —-La tiene tomada con él. ¿No será un poco de envidia? Trapiello es un escritor de éxito y a usted no parece que le conozca nadie.

            —-Puede ser. Pero leo el primer párrafo y la primera en la frente: “He aquí una prueba de la superioridad de las librerías de viejo sobre las de nuevo: las mejores librerías de nuevo, diciéndose ‘librerías de fondo’ tratan de parecerse a las de viejo, en las que todo es fondo, limo que el Nilo de la literatura ha ido sedimentando en sus lejas”. Puro bla bla bla. Las librerías de viejo no son ni mejores ni peores que las de nuevo, son distintas. Otra cosa es que te gusten más unas que otras. Y ambas pueden ser buenas, o limitarse a ofrecer los libros más promocionados, en el caso de las primeras, o novedades, a veces robadas, a menor precio o saldos que ya no interesan a nadie, en el de las segundas. Eso de que solo en las librerías de viejo puede encontrarse algún prodigio lo dice alguien que probablemente no frecuenta las librerías de nuevo desde la remota adolescencia. Que se dé una vuelta por cualquier buena librería de Madrid (a mí me basta frecuentar Cervantes, aquí en Oviedo) y ya me dirá si no encuentra cada semana más maravillas de las que puede leer en un año, muchas de las cuales, por cierto, son reediciones, mejoradas, de libros que a veces se encuentran en librerías de viejo, o traducciones de obras hasta ahora no publicadas en castellano. En la librerías de nuevo, hay algo más que Pérez Reverte, alegatos feministas y similares. Pero, en fin, todo viene a cuento de que en una librería de viejo, él ha encontrado dos rarezas: Cantata en Aleixandre de Celaya y la separata de un soneto de Blas de Otero publicado en Papeles de Son Armadans. Cita unos versos del soneto y otros de la Cantata en los que se enumeran nombres de poetas admirados y se pregunta qué ha quedado de ellos. Y luego añade, asomando la patita ideológica: “A vueltas siempre con la pólvora, como si no se hubieran resignado a haber perdido la guerra civil en la que habían intervenido. Pobre Celaya, pobre la poesía que escribieron. Nada explica mejor aquel régimen de Franco, triste y frío, que la helada y triste poesía que trató de combatirlo con ‘armas cargadas de futuro’ y ‘tiros únicos’. Y Franco no solo murió en la cama, sino que además los humilló, permitiendo que esos libros se publicaran en la España franquista, haciéndoles famosos con ¡esos! libros”. Horror, horror, Andrés, ¿pero tú crees que en un artículo de periódico cabe todo? Esos textos que a ti te sirven para calificar y descalificar de un plumazo a toda la poesía no franquista y alrededores son un soneto, “Escrito en Formentor”, luego titulado “Coral a Nicolai Vaptzrov”, que se incluyó en el libro En castellano y que no es en absoluto desdeñable, aunque cite a Mao entre los poetas admirados (también Marcela de Juan lo incluyó en su Antología de poesía china junto a Li Po y Tu Fu), los tercetos de un soneto, mejor dicho, y un título muy menor de Celaya. En cualquier librería de nuevo, no te sería difícil encontrar libros de Blas de Otero y de Celaya, buenas antologías o incluso obras completas, que permitirían, después de leerlas, claro, un juicio más ponderado sobre su poesía. Ah, y por cierto, libros de Celaya y de Blas de Otero fueron prohibidos y mutilados por la censura, tardaron en aparecer completos. Y no sé yo si se puede decir que Blas de Otero perdió la guerra civil porque le tocó incorporarse a las tropas de Franco. En fin, qué rica, matizada y llena de sorpresas es la realidad y cómo se empobrece y falsea cuando se mira a través del cristal de una ideología.

            (La verdad es que al conocido que me encontré esta tarde en Los Prados solo le dije “Puede ser”. El resto de la parrafada solo lo pensé.)

Domingo, 4 de diciembre
LOS LÍOS DEL PRESIDENTE

A Ángel de la Calle, director de la Semana Negra de Gijón, que fue quien me encargó e ilustró un remoto libro juvenil, La trama de Argel, le piden unas páginas sobre su biblioteca y él, después de hablar de las tres estanterías en que guarda sus libros seleccionados y de las montañas de volúmenes pasajeros que van llenando todos los rincones de la casa, añade: “Ahora bien, como me dijo un expresidente de Comunidad Autónoma, se puede vivir con veinticinco libros. Mi informante descubrió ese secreto el día en que, al enterarse de su lío con otra señora, la que sería su exmujer le puso la maleta delante de la puerta de casa y le dijo: Largo”.

            No sé por qué, mientras veo la película de Cesc Gay Historias para no contar recuerdo esa historia; podía haber servido de punto de partida para uno de sus burbujeantes, tiernos y a ratos descacharrantes episodios.

Lunes, 5 de diciembre
EN EL FONDO

“Tú en el fondo lo que estás deseando es que en esta guerra gane Rusia, confiésalo”, me dice un amigo. “Yo lo que estoy deseando es que en esta guerra nadie pierda, o solo pierdan el gobierno los que la azuzan, ellos sabrán por qué, desde la retaguardia”.

Martes, 6 de diciembre
AQUEL MITIN

Como soy un poquito obsesivo, sigo dándole vueltas al artículo de Trapiello y a los versos de Otero y Celaya. Lo de que estaban obsesionados con la pólvora y que trataban de liquidar el franquismo con “tiros únicos” es una maldad sin fundamento. Los “tiros únicos”, que en esa cita aislada parecen evocar los tiros de gracia o los atentados terroristas, tienen en el contexto un sentido diferente: “Todos los nombres que llevé en las manos / —César, Nâzim, Antonio, Vladimiro, / Paul, Gabriel, Pablo, Nicolás, Miguel, / Aragón, Rafael y Mao—, humanos / mástiles, fulgen, suenan como un tiro / único, abierto en paz sobre el papel”. Es un tiro “abierto en paz” la palabra de los poetas, amigo Trapiello, algo muy distinto de esa pólvora y esos tiros únicos de gentes obsesionadas por la guerra civil. Por cierto, en esas fechas, segunda mitad de los cincuenta, fueron precisamente los comunistas los primeros en buscar la concordia entre los españoles, pedir amnistía para los de un lado y los del otro, y crear un frente amplio democrático para acabar con la dictadura. Que no lo consiguieran es otra cosa. O que no lo consiguieron entonces, porque eso fue lo que ocurrió en 1978, gracias en buena parte a los comunistas, que los socialistas todavía andaban con la bandera republicana cuando Santiago Carrillo —lo recuerdo bien, estaba yo allí— comenzó a enarbolar la bandera rojigualda entre los abucheos de una parte de los asistentes a aquel mitin en la plaza de toros de Gijón.

Miércoles, 7 de diciembre
ESTO ES LO QUE HAY

Razonaba como una apisonadora: trituraba los errores ajenos y a veces se llevaba por delante al que los sostenía.

            Meter la pata está al alcance de cualquiera; sacarla con elegancia y sin daño al de unos pocos, y me temo que yo no soy uno de ellos.

            La felicidad que se consigue con esfuerzo no sabe tan bien como la que sin motivo se nos regala.

El ingenio vale como aperitivo, pero no se puede utilizar como plato principal de la inteligencia.

            ¿No hay una especialidad médica que se ocupe de los escritores incontinentes?

            Hablaba poco para no tener que arrepentirse de lo que había dicho, pero acababa arrepintiéndose de lo que había callado.

Presumía de inteligencia y era implacable con los amigos y benévolo con los enemigos.

            No había cambiado nada: a los 72 años de su vida pensaba, como a los 22, que lo mejor estaba por venir.




 

           

 

 

1 comentario:

  1. Por una vez estamos de acuerdo, José Luis. Nadie quiere que Rusia pierda salvo, al parecer, Putin y su cohorte de silovikis (vulgo criminales de estado). Su última fechoría, una vez constatada que la amenaza nuclear era un farol desesperado propio de un asesino acorralado, es prolongar los enfrentamientos el tiempo que sea posible, según el principio terrorista de cuanto peor mejor; descuidando, a mi juicio, de manera absolutamente suicida (para Rusia y especialmente para la persona de Putin), que los únicos paises que por el momento van ganando la contienda, y sin necesidad de pegar un tiro, son India y China, también conocidos como la “farmacia” y los “talleres” del mundo, respectivamente.

    Cui bono?

    PD: Lo del médico para incontinentes literatos, ¿es para Trapiello o para usted?

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