domingo, 19 de febrero de 2017

Sin trampa ni cartón: Toda la belleza del mundo


Viernes, 10 de febrero
NO ME QUEJO

Hasta ahora, siempre he visto a tiempo venir sobre mí la ola negra de la melancolía y he logrado apartarme de un salto para que no me arrastre con ella. Lo que no puedo evitar es que unas veces me salpique y otras me empape.
            De momento no me quejo: una buena ducha, cambiarse de ropa y como nuevo.


Sábado, 11 de febrero
PARA AMARTE MEJOR

Me sumerjo en un libro como quien bucea en el océano a pulmón libre; por mucho que disfrute con lo que veo o con lo que leo, cada poco tengo que salir a tomar aire.
            ––¿Para qué tantos libros, Martín?
            ––Para verte mejor, realidad.


Domingo, 12 de febrero
EL PATITO FEO

Los cuentos de hadas, los verdaderos, no la versión rosácea a que nos han acostumbrado las adaptaciones infantiles y las películas de Walt Disney, se parecen más a Moonlight, la áspera película de Barry Jenkins, que a las dos horas de melosa felicidad que ha filmado Damien Chazelle.
            Los cuentos de hadas están llenos de madrastras, de niños abandonados, de pruebas casi imposibles de superar. Como la vida misma.
            Hay en Moonlight un error de casting que finalmente se revela un acierto. No resulta verosímil que el adolescente desmedrado que interpreta Ashton Sanders se convierta, pocos años después, tras pasar por la cárcel, en el atlético y guapo Chiron interpretado por Trevante Rhodes. Mucha gimnasia tuvo que hacer, muy buena alimentación que recibir. Esa radical metamorfosis, la escuálida víctima transformada en poderoso príncipe, nos indica que estamos en el terreno de los cuentos de hadas.
            Pero en un cuento de hadas que no abandona el terreno de la realidad. El niño perseguido por sus compañeros, maltratado por su madre, se dedica ahora al business, al trapicheo, controla la distribución de droga en una pequeña zona, como su primer mentor.
            El director de la película y el autor de la obra de teatro en que se basa el guión, Tarell Alvin McCraney, saben bien de qué hablan: los dos son negros y homosexuales, como su personaje, los dos vivieron en ambientes semejantes. Barry Jenkins incluso en el mismo barrio de Miami, Liberty City, en el que transcurre buena parte de la película. Todavía tenía allí amigos y parientes cuando se rodó, todavía circulaban por allí  algunos de sus maltratadores que sin duda le miraban con ojos de envidia e incomprensión. La película tuvo que rodarse con protección policial. La realidad se parecía demasiado a la ficción.
            Nos angustia ese Little, ese animalillo inocente que no entiende por qué sus compañeros le persiguen, por qué incluso su madre se burla de él. Sacia su hambre en silencio, parece que le cuesta hablar. De pronto hace una pregunta: “¿Qué es  marica?”
            Sus protectores, que lo han encontrado escondido de los otros niños en un refugio de yonquis, no saben qué decir. "Es el nombre con que algunos se dirigen a los gays cuando quieren ofenderlos", responde Juan (Mahershala Ali), el traficante de drogas que hace de hada en este cuento. "¿Y yo soy gay?", pregunta el chiquillo. "Si lo eres o no, lo sabrás cuando debas saberlo", responde la mujer de Juan.
            La última parte, cuando el niño Little, el adolescente Chiron, se ha convertido en el exitoso traficante Black, con su aparatoso coche y sus colgantes de oro, supone el triunfo de los humillados y ofendidos; del patito feo, ahora hermoso cisne negro.
            A la luz de la luna los chicos negros parecen azules se titula la obra de teatro que da origen a la película. Qué curiosa paradoja: La La Land nos deja un regusto de amargura, Moonlight una sensación de reconfortante aceptación de la vida, llena de trampas y alambres con espinos, pero en la que a veces es posible encontrar un mago bueno que nos guíe hacia la felicidad.


Lunes, 13 de febrero
BORGES Y YO

Borges se imaginaba el paraíso bajo la forma de una biblioteca. Yo, más modestamente, he convertido cualquier rincón del mundo en una biblioteca: vaya donde vaya siempre encuentro una esquina –no hace falta que sea un café del Boulevard Saint-Germain, basta el McDonalds de Los Prados– donde sentarme tranquilo, abrir un libro, sacar mi cuaderno de notas y leer o escribir o mirar la vida que pasa.
            Tras pasar un rato en el París del Segundo Imperio con el diario de los Goncourt, del que ando preparando una reedición, abro el cuaderno y anoto:
            Demasiadas grandes palabras, hunden cualquier conversación.
            De la inteligencia de quien nos admira no solemos tener la menor duda.
            Qué poco inteligente quien siempre anda demostrando lo muy inteligente que es.
            El mayor premio, merecerlo.
            Andar por el mundo enamorado es como ponerse a nadar con pies de plomo.
            Las cosas que no sabemos son las que hacen interesante al mundo.
            Hablar con ingenio está al alcance de unos pocos; callar con ingenio, de casi nadie.
            Para oídos necios no hay palabras inteligentes.


Martes, 14 de febrero
UNA CITA

¿Hay algo todavía más deprimente que no tener ninguna cita romántica el día de San Valentín? Sí, tener una cita –como yo esta tarde– con el dentista.

Miércoles, 15 de febrero
MORIR DE ÉXITO

“¿No crees que tus libros se venderían más si los promocionaran como a los de Javier Cercas?”, me pregunta Enrique Bueres.
            “No sé. El riesgo de una tan exhaustiva promoción es que luego el libro no añada nada a lo que ya nos han contado el autor en sus entrevistas, Javier Rodríguez Marcos o Antonio Lucas en sus reportajes, Mainer en su servicial reseña de costumbre. No añada nada, salvo el tedio”.


Jueves, 16 de febrero
AFUERAS DE LA NOVELA

No soy un buen lector de novelas. En seguida aprovecho cualquier pretexto de la trama para abrir una puerta y salir fuera y continuar por mi cuenta. Salir fuera, a los recovecos de mi memoria, o quedarme dentro, pero explorando territorios que no se le ocurrieron al novelista. Comienzo Asesinato en el Jardín Botánico, de Santo Piazzese, la primera entrega de su Trilogía de Palermo, y pronto desaparece el cadáver que cuelga de uno de los gigantescos ficus y los policías que acaban de llegar llamados por el profesor Lorenzo La Marca, ese investigador que tiene más de Woody Allen (o de Víctor Botas) que de Philip Marlowe. Quedo yo solo en el Orto Botanico, como aquella tarde, y las cuatro gotas que comienzan a caer y a las que no doy demasiada importancia se convierten súbitamente en un chaparrón. Corro hacia el invernadero, que es el refugio que tengo más cerca, y hay momentos en que la lluvia golpetea con tanta fuerza que temo vaya a romper los cristales. Tardo en darme cuenta de que no estoy solo. En la otra esquina, en el lugar más apartado de donde yo me encuentro, hay una mujer, sin duda otra turista solitaria. No parece haberse dado cuenta de mi presencia. Yo me quedo mirándola, no sabiendo si saludarla o no, y ella se da la vuelta, me ve, pone cara de terror y antes de que yo pueda decir nada sale corriendo bajo la lluvia y se pierde por los senderos embarrados. Quedo sorprendido y un poco asustado yo también. Continúa lloviendo cada vez más fuerte, como si hubiera empezado el diluvio universal. Pronto será de noche, cerrarán las puertas del jardín, corro el riesgo de quedarme dentro si no me atrevo a desafiar el agua y el barro, como la mujer. Viene a salvarme el guarda, refugiado bajo un gran paraguas rojo. Sin duda lleva la cuenta de la gente que entra. “¿Ha salido ya la mujer que estaba aquí conmigo?”, le pregunté. “¿La mujer? Esta tarde no hubo más visitas que la suya. La tormenta estaba anunciada y todo el mundo se quedó en casa, salvo los turistas”. Cuando salía por la gran puerta que custodian las esfinges –ya había comenzado a amainar la lluvia–, me di la vuelta y creí verla al fondo del paseo de las palmas. Por la noche soñé que yo era Adán y ella Eva y el Jardín Botánico una versión didáctica del paraíso. Con un rotulador y unas cartulinas, íbamos poniéndole nombre a los árboles y las plantas. Al día siguiente, lucía un sol espléndido y aunque yo tenía otros planes, al llegar a la estación central, en lugar de subirme a un tren para ir hasta Bagheria, seguí por via Lincoln y me dirigí de nuevo al Jardín Botánico. Antes de mí, entró un ruidoso grupo turístico. Me dirigí en dirección contraria. Buscaba, absurdamente, sin querer reconocerlo, a aquella mujer que había huido de mí. Recordaba el comienzo del Orlando furioso narrado en prosa por Italo Calvino: “Al principio, hay solo una mujer que huye; corre para entrar en un poema que acaba de empezar”.
            ¿También aquella mujer corría para entrar en una historia que acababa de empezar? Muchas veces volví a soñar con aquel encuentro y ahora, leyendo Asesinato en el Jardín Botánico, me he decidido por fin a correr tras ella. La he tranquilizado y sentados en un banco (ha dejado de llover, han cerrado el jardín y nos hemos quedado dentro), a la luz titilante de las estrellas, me ha contado su historia. Algún día la contaré yo.


Viernes, 17 de febrero
QUÉ ABSURDO

El pequeño Martín (este domingo cumple cinco meses) todo lo mira con sus grandes ojos asombrados y nunca dice nada. Qué absurdo le debe parecer, recién llegado del paraíso, este mundo nuestro.



48 comentarios:

  1. “¿Pero todo eso que cuentas es verdad?”, me pregunta algún despistado que ignora mi falta absoluta de imaginación".4 de febrero. JLGM
    Ya que carece de imaginación permítale a Borges que la haya tenido -los grandes siempre la tienen o no lo serían -, pero creo que está demás que usted agregue "más modestamente"; lo que muestra es que de modesto no tiene mucho que digamos, pero usted es dueño de lo que confiesa y la imaginación no admite ni humildades ni soberbias: se la tiene o se carece de ella. Lo cual no impide que pueda escribir como le gusta.
    Saludos
    Laura

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    1. No entiendo nada, Laura. En cualquier caso, no hay que fiarse mucho de lo que un escritor dice de sí mismo. Mejor ver lo que hace y sacar conclusiones.

      JLGM

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    2. Lo comprendo. No siempre es fácil asumir que no se es modesto para nada.
      Saludos
      Laura

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    3. Qué poco me lees, Laura. Yo siempre estoy presumiendo de ser la persona más vanidosa del mundo. La falsa modestia no es lo mío. Si acaso, la falsa vanidad...

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  2. B. Higgins (cinéfilo tiquismiquis).19 de febrero de 2017, 19:29

    "Moonlight" no me acaba de convencer; veo dos películas distintas dentro de una misma historia, dos fragmentos separados por una cesura, a partir de la cual no se compadecen el uno con el otro. Es buen cine sin duda, incluso gran cine; pero algo falla en ese relato, dejándome la incómoda aprensión de que o alguna sutileza se me debe de haber escapado o que los jurados tienen unas tragaderas más anchas que las mías.
    El cine no es la realidad (aunque se curra su propia realidad, of course), pero por mucha elipsis y simbología que contenga, cada fotograma ha de tener un valor significante: nada es gratuito, nada que capte la cámara dejará de tener importancia en el relato. Por lo mismo que todo desenlace ha de estar justificado por algo que se nos haya contado previamente.
    En la primera parte de la película, cuando se describe el bullying a que esta sometido el niño protagonista, tarda en salir a colación la palabra marica, sin que nada de lo que hace el pequeño de los ojos desmesurados (qué ojos “ponen” los niños negros...) indicie de una conducta -en lo tocante a la definición sexual- diferente a la del resto de sus compañeros. De modo que tarda uno en definir -desde este punto de vista- el problema de Little: solo es manifiesto su apocamiento y el aislamiento de los demás. Lo que sí está muy bien descrita es la crueldad de los adolescentes cuando hacen presa de su brutalidad a un ser indefenso.
    Y desde luego que aquel personaje, frágil y desamparado, se convierta al cabo de unos años en semejante macho alfa descomunal, con inclinación al delito e incluso al ejercicio de la violencia (apuntada someramente en un par de detalles, además de ser consustancial al oficio de trapichero), hace poco creíble semejante metamorfosis. O por decirlo de otra manera, falta metraje que lo explique y que le de coherencia.
    Existen otros desvanecimientos abruptos de personajes de los que no se vuelve a saber nada (apenas una mención como de pasada de la muerte del benefactor y de cómo vive desde entonces su compañera), que un mejor guion hubiese tratado de modo más adecuado.

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    1. No es una película perfecta, pero es una conmovedora historia. Un cruel, hermoso y finalmente reconfortante cuento de hadas.

      JLGM

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  3. Sí, el delicado tratamiento de la relación homo es de agradecer; no hay la menor escabrosidad, ni un detalle que haga pensar que se busquen efectismos trasnochados... Las secuencias finales, el encuentro entre los dos amigos (?) después de la brutal separación, es de una humanidad conmovedora. El actor que hace de amigo -ya adulto- de Black, borda un papel contenido, en el que los ojos y la expresión corporal (aquellas pausas en el deambular un poco atolondrado por el restaurante...) indician de un estado emocional complejo e intenso. La dignidad con que el director resuelve el encuentro es digna de elogio. El abrazo final es de una ternura conmovedora.
    Lo cortés no quita lo valiente.

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  4. Martín, me parece que hoy nos ha regalado una buena ración de literatura. Se la agradezco públicamente, sin más enredos dialécticos.
    En cuanto a la descarada publicidad que se le está ofreciendo a Cercas por doquier, añado que me ha decepcionado que él haya accedido a tanto botafumeiro, con lo incorruptible e inmaculado que se cree. O sea, para San José, otro "Patria" a regalar.

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    1. Esperemos/confiemos/sospechemos/preveamos.
      A mucho tontaina seguro que le ha seducido este rudimentario artificio que "permite" al lector adecuar el verbo a su gusto, como la pasta italiana.

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    2. Naturalmente me refiero a Aramburu, aclaro a quien no haya leído Patria. Yo ni una cosa ni otra, dimiti en la página 60, tras ese largo esfuerzo de escuchar por enésima vez un disco rayado.

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  5. Despiste: "ese animalillo inocente que no entiende PORQUE sus compañeros le persiguen, por qué incluso..."

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    1. Gracias. No es despiste. Es que el procesador de textos corrige en cuanto uno se despista (y yo me despisto bastante).

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  6. Una pregunta: ¿de quién es la traducción de la reedición del Diario de los Goncourt que prepara? ¿Sabe si está hecha sobre la edición francesa completa de ese diario, que es relativamente reciente?

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    1. No, es la reedición de una traducción anónima publicada en 1932 (y ya reeditada en facsímil en los años ochenta). Voy a ver si consigo que el editor (Renacimiento) la cambie por otra actual.

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  7. Hermoso cuento de hadas la entrada.

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  8. Inesperadamente, me colmó de atenciones durante mi convalecencia. Me visitaba con frecuencia, arreglaba la ropa de la cama, me traía flores y me leía textos con dicción perfecta, sobre todo del "Molloy" de Becket. Supuse inclinaciones, le atribuí sentimientos. Pero cuando hice un leve intento de contacto, un roce nada más, rehusó horrorizada. Indagué. Me dio a entender que no sentía nada por mí y que sus atenciones se debían solo a un sentido del deber. Me volví hosco, distante. Le pedí que cortara con aquella deferencia, que no volviera. Fue inútil. Apenas toleraba su presencia, mientras el trato caía en un laconismo violento. Silencié que mi alta médica estaba próxima. En cuanto la recibí, aproveché un momento de su ausencia para desaparecer de la clínica. No volví a verla, pero algunos amigos comunes me han dicho que anda acechando a otros enfermos.

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  9. “...no juzgues mis motivos, capitán,
    oh, libertad, libertad, libertad!”

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  10. Miguel el Entrerriano21 de febrero de 2017, 15:07

    En "Salamina", cuando Javier Cercas parece haber encontrado su acento, introduce un personaje tosco y primario, torpe y grosero, Conchi, a la que dan ganas de llamar "la Conchi". Este personaje es tan caricaturesco que enseguida queda claro que está metido con calzador como paradigma de la estupidez, para exaltar por contraste la sagacidad del investigador, que (sin ningún mérito) queda siempre por encima de ella, en todos los sentidos posibles de estar encima.
    Para mí, "la Conchi" le chafa la novela a Cercas, se la destroza. Conseguí acabarla, pero envuelto en una molesta sensación de antipatía. No he vuelto a leer nada de él. Y no es una cuestión de feminismo, sino de estética.

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  11. Hablábamos aquí el otro día de Juaristi. Ayer el inefable Félix de Azúa escribió sobre su libro "Los árboles portátiles" (criticado ya por JLGM en el blog de al lado) un texto digno de revista literaria de liceo.

    http://elpais.com/elpais/2017/02/20/opinion/1487602408_307503.html

    ¿Cómo es posible que alguien que ha dicho y escrito tantas tonterías tenga aún la reputación suficiente para escribir lo que le dé la gana en la prensa nacional?

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  12. Para escribir ese artículo encomiástico basta con ser amigo del autor y haber leído la contraportada del libro (o la publicidad editorial).

    JLGM

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    1. Y tener amigos en El País, ¿no?

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    2. Hombre, eso hará falta, en todo caso, para publicarlo. Para escribirlo quizá no.

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  13. La fama es tonta y se adosa a cualquier oportunista (consciente o inconsciente de serlo) y lleva en volandas a mucho mediocre (palabra devaluada por cierto: ahora se lo llaman al malo de remate) hasta la victoria final, que es la pasta. Porque el fin por antonomasia de los avispados de la Era viene a ser eso: enriquecerse.
    Y la pasta se estabula siempre en los aledaños del Poder. Y el Poder no anda fino con las mariconadas del Arte: son casi antitéticos, contradictorios en los términos.
    Entonces -digo yo-, toda esta tropa de nuevos talentos literarios que se apalancan, medran y pasan (con la talega bien proveída), ¿no estarán en primera fila porque acomodan su laburo a lo que sus garrulos mecenas esperan de ellos? Nada molesta tanto a un ignorante como la presencia de un ilustrado que le sirva de espejo.
    Un paso más allá y digo: ¿estos escritores tremendistas, más bien vulgares, carentes de nada especial, soberbios y TODOS conservadores..., ¿no serán la consecuencia de la ventaja que supone para ellos disponer de los altavoces de un sistema que se reconoce en ellos y que, en correspondencia, se atienen a los gustos imperantes entre la garrulería iletrada -pero mandona-, que nos querría a todos analfabetos funcionales?
    No disimulo más: leo a ese Juaristi (no sus novelas, que soy consecuente con la promesa que me hice ante la tumba de Cervantes(?): ni una chapa para comprar los efluvios adulterados de esos lumbreras), y me asombra que un mediocre (este sí con propiedad) se tenga por tanto.

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    1. Qué cosas, Tancredo. Juaristi, que yo sepa, no ha escrito novelas. Y a un escritor --Juaristi o Azúa-- no se le puede descalificar solo por sus artículos periodisticos. Hay que leer sus obras mayores o abstenerse de opinar.

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    2. Podría recurrir, Martín, a la argucia (miserable) de remendar un yerro o una laguna de saber afirmando que es tal el deslumbramiento que la lectura de "La caza salvaje" produjo en mi cerebelo, que no puedo considerar al Juaristi sino bajo la luz arrasadora de aquella novela tan extraordinaria. Pero no soy capaz de ello y reitero que mi parcial (pero suficiente) ignorancia jauristiana es aposta, consciente y vengativa.
      Para juzgar de la calidad del género basta con leer las colaboraciones en los periódicos o las comidillas de la gente (como las que se hacen en este Café). Para muestra basta un borbotón. No hace falta dejarse morder por la víbora para saber acerca del veneno.
      A Borges se le puede perdonar su ceguera videliana y su tibieza de gato destemplado ante la crueldad milica. Pero era Borges, el gran Borges. A estos libertario-igualitarios de muralla cacereña en campo de gules, ni caso.

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    3. Bueno, me equivoqué a medias. Juaristi no ha escrito "novelas", pero según me cuentan a escrito una novela. No la he leído, no tengo intención de hacerlo. Mi aprecio por Juaristi como escritor se debe a su poesía y a algunas páginas ensayísticas.

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  14. Se diría que el clan de los LIBRES E IGUALES se ha constituido en lobby de autobombo y autoayuda. Vaya con la meritocracia de los puros de corazón.

    Parece difícil explicar que el muy selectivo El País abra sus puertas a un escritor tan minoritario (¿quizás mejor "ningunitario"?) como Azúa. Pero si se piensa en las dos obsesiones y bestias negras del ex-teórico de la Estética, a saber, Podemos y el independentismo, la cosa ya no es tan difícil. Y sale a columna semanal, ¡uf!

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    1. Azúa es un excelente ensayista (como novelista y poeta me parece menos destacado) y un periodista provocador. Su lugar en El País se lo ha ganado a pulso como ariete contra el nacionalismo.

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    2. Si me permite la puntualización, Azúa FUE un buen ensayista, a quien yo leía con gusto sobre temas de arte. Pero eso fue hace mucho, antes de que se convirtiera en "un arma cargada de pasado" apuntando a todo lo que suene a libertades reivindicadas o a ruptura radical con la corrupción. Con toda seguridad, ahora prefiere la injusticia al desorden y lo malo conocido a lo bueno que amenaza (para él, amenaza) en el horizonte. ¿El Arte? Ahora ya poco importa. Es más urgente ir asignando oficios de pescadera a quienes saben y valen más que él.

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    3. Ozelito de la Crú24 de febrero de 2017, 0:19

      ¿Y se le va a seguir haciendo los coros a esta gente? ¿No hay cosas más dignas de mención que lo que hagan o digan estos personajes? Este es un blog serio, ¿no?

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  15. Amigo JLGM, Juaristi ha escrito una novela: La Caza Salvaje

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  16. Por favor, corrija el "HA escrito" de la respuesta a Tancredo. Hay muchos imbéciles al acecho del error de tecleo.

    No publique este aviso, claro

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    1. Lo publico porque ya no se puede corregir. Quede constancia, por si alguien lo duda, de que el segundo "ha escrito" aparece con una errata.

      JLGM

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    2. Carlos Murillo Martin24 de febrero de 2017, 18:21

      Silencio, si no fuera porque le/lo conozco a usted diría que sólo un látigo tierno es capaz de añadir semejante posdata ingenua, impropia de un feroz guardaespaldas.

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    3. Hay que asegurarse de extirpar
      toda espontaneidad.
      Usemos la maquinación,
      a la caza del erratón.

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    4. No le quites trabajo a los correctores, Miranda. Todo el mundo tiene derecho a ganarse la vida.

      JLGM

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    5. A Carlos Murillo: no entiendo nada de su respuesta.

      JLGM

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  17. Hay que ver "Manchester frente al mar", Martín; mejor que las otras que has visto. O eso me parece.

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    1. Por las referencias, no me apetece verla, y eso al margen de la calidad (afortunadamente no soy critico cinematográfico y no tengo que verlo todo).

      JLGM

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  18. Te perderás la mayor tragedia jamás contada, con el Adagio de Albinoni de música de fondo.

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  19. Perderme tragedias no es algo que me moleste demasiado.

    JLGM

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  20. Pero son tragedias de celuloide, no como la de Ferraz...

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