sábado, 23 de febrero de 2013

Nada personal: Abrir una ventana




Domingo, 17 de febrero
ÚNICO AMOR

Mientras tomo un café antes de entrar en el cine, no puedo evitar escuchar lo que alguien cuenta en la mesa de al lado: “Cuando yo tenía nueve o diez años, vine con mis padres a Oviedo a no sé qué asuntos. Al pasar por una calle del casco antiguo, una niña más o menos de mi edad se asomó al balcón. Yo me quedé mirándola asombrado: era la cosa más bonita que había visto nunca. Ella también me miró y, sin duda, notó lo mucho que me gustaba y sonrió complacida. De pronto alguien la llamó: ¡Lupe! Ese nombre lo recuerdo bien, no lo olvidaré nunca.  Y ella entonces entró en casa y no la volví a ver más”. (Una pausa, y luego una apostilla en voz algo más baja). “Fue el único amor con final feliz que he tenido en mi vida”.


Lunes, 18 de febrero
PERSONAJES

De vez en cuando tengo días negros, me imagino que como cualquiera. Hoy fue uno de ellos. Me desperté cansado, malhumorado, harto de todo sin razón ninguna. Cumplí con esfuerzo mis obligaciones del día, siempre temeroso de algo, no sabía qué, como si se hubieran abierto grietas en el suelo firme de la realidad y yo en cualquier momento pudiera precipitarme por una de ellas.
            Y acabé precipitándome, por supuesto. Basta que temamos mucho algo para que ocurra. En la librería Personajes, de la calle Río San Pedro, por la que no paso casi nunca, mientras hojeaba un libro de Alfonso Reyes, Tertulia de Madrid, publicado en la colección Austral, me tropecé con el diablo.
            Dicho así suena ridículo, incluso a mí me suena ridículo ahora que lo escribo. No era un diablo de opereta, con olor a azufre, cuernos y rabo, por supuesto. Era un caballero elegante, aunque de elegancia un tanto anticuada, de unos cincuenta años, con el pelo blanco. Le pedí disculpas y él sonrió. Dejó sobre una de las mesas el libro que estaba hojeando y me dijo: “Me conoce usted, ¿verdad? No hace falta que me presente”. No, no hacía falta. Pagué el libro de Alfonso Reyes, que ya había leído, pero me gustaba tener, y salimos juntos. Fuimos hasta la estación de tren y subimos a la Losa. En todo ese trayecto no me dijo una palabra. Yo iba lleno de curiosidad, disipada la nube de plomo que ese día pesaba sobre mí.
Dos o tres veces me he encontrado con el diablo y nunca me ha defraudado. Esta no iba a ser la primera vez. “Si pudiera pedir tres deseos, y estuviera seguro de que se iban a cumplir, ¿qué tres deseos pediría?”. Sonreí, siguiéndole la broma, que yo sabía que no era una broma: “¿Y a cambio tengo que darte mi alma?”. Sonrió él también: “No me vas a dar tu cuerpo… Demasiado viejo para que tenga algún interés”. Tres deseos. “El primero, estar siempre enamorado, y no ser nunca correspondido, o no ser demasiado correspondido. El segundo…”. Cerré los ojos un momento. “Que nunca pueda decir, como Mallarmé, que la carne es triste y he leído todos los libros”. Mi acompañante sonreía cada vez más: “Qué fácil me lo pones. Para concederte esas cosas ni siquiera hace falta ser el diablo. ¿Cuál es el tercer deseo?”. No se me ocurría nada. “La tercera República”, dije por decir algo. “Ese es el más fácil de todos”, respondió.
            Fuimos luego a tomar algo. Aquel desconocido, por supuesto, era el diablo. Pero se portó como si no lo fuera, como si solo fuera alguien a quien le gustara hacer diabluras. Me dormí tarde, relajado y feliz.


Martes, 19 de febrero
UN TITULAR Y TRES COMENTARIOS

Titular: “El juez no ve argumentos para llamar a declarar a la infanta Cristina”. El primer comentario es de Echegaray: “Todo el mundo los veía, / todo el mundo menos él”. El segundo, de Calderón de la Barca: “¿Por no molestar al rey / dejar de cumplir la ley?”. El tercero, un desahogo personal: “¡Qué falta nos haces, Garzón! ¡Qué falta nos haces!”


Miércoles, 20 de febrero
NO ODAS

Nada detesto más que la lectura obligatoria, ese oxímoron. La gozosa lectura literaria, quiero decir. Otra cosa son las lecturas de trabajo: los ejercicios de los alumnos, los libros presentados a un concurso del que eres jurado.
            Particular alergia tengo a los textos inéditos que me envían conocidos o desconocidos para que dé mi “sincera” opinión. Ahora, con el correo electrónico, te pueden mandar un “poemario” (detestable neologismo) de dos mil versos o una novela de quinientas páginas sin más esfuerzo que apretar una tecla. Y quien lo hace, por lo general, son personas que jamás han leído ni leerán un libro tuyo; solo les suena tu nombre.
            No leo, pero hojeo todo lo que me llega impreso. Los amorfos disparates se detectan al instante. ¿Una opinión sincera a los autores? Es un error en el que caí alguna vez cuando era más joven, pero del que ya hace tiempo que me he librado.
            Los correos que algunos mandan a todos sus contactos con el artículo que acaban de publicar o la entrevista que les han hecho ni los abro. Los borro como “spam”, como correo basura. Los correos institucionales pueden ser colectivos (para avisar de una reunión, por ejemplo). Los personales, nunca. A los conocidos se les escribe de uno en uno.
            Una de las cosas más divertidas de Facebook, al menos para mí, son esos avisos en los que alguien te invita a poner “me gusta” en su página. Eso es lo que te piden quienes te envían sus versos y sus prosas no solicitados. Una opinión sincera a un poeta, joven o viejo, si no es elogiosa, mejor que te la calles.
            Y yo me la callo casi siempre. Salvo que el libro esté publicado y a mí me apetezca, con las mejores razones de que soy capaz, elogiarlo o destrozarlo por escrito.
            En público todavía no he  aprendido a mentir por amabilidad. Me parecería una descortesía para con los lectores.


Jueves, 21 de febrero
FALSO PROFETA

“¿Y qué crees tú que va a pasar? ¿Cómo va a acabar todo esto?”, me pregunta muy preocupada una amiga de cierta edad, o sea, casi de mi edad.
            Y le respondo que no lo sé, que nadie lo sabe. Pero de lo que no hay duda es de que estamos en el fin de una época, que nada va ser como antes. Dicen que el siglo XX no empezó hasta 1914, con el estallido de la gran guerra. Pues es posible que el siglo XXI, en España, comience cien años después, con una asamblea constituyente que dé paso a un nuevo régimen, probablemente republicano.
            “¿Tú crees?”, exclama asustada.
            “Ni creo ni dejo de creer, pero el reinado de Juan Carlos de hecho ya ha terminado, y en el mayor de los desprestigios. Muchos españoles tienen la sensación de que han sido engañados y que todos, derechas e izquierdas, periódicos serios y no serios, colaboraron en el engaño. El rey de España no era la figura que nos hicieron creer que era. Era otra cosa bien distinta, que muchos sospechaban pero nadie se atrevía a decir en voz alta. Ahora comienzan a atreverse y eso es muy difícil de parar”.
            “¿Abdicar en el príncipe sería la solución?”
            “Puede, pero quizá ya sea demasiado tarde. Lo más probable es que las próximas elecciones, que quizá no tarden tres años, las ganará el partido que lleve en su programa una profunda reforma constitucional, un cambio de todo el sistema político, y esa reforma incluirá un referéndum sobre la monarquía, el que se nos hurtó cuando murió Franco. Y hoy por hoy los partidarios de la monarquía no pasarían del veinte por ciento.
            “¡Una república! ¿Y quién podría ser el presidente?”
            “No sé, pero desde luego alguien que eligieran directamente los españoles y no el parlamento; alguien que tuviera un poder moderador y que no pudiera ser reelegido más de una vez. Alguien que no pudiera pasar más de treinta años protegido por un pacto de silencio y acumulando lucrativa basura debajo de la alfombra”.
            “¿De verdad crees que estamos tan mal?”
            “Tan mal o tan bien, según se mire. Esta es una buena ocasión para empezar de nuevo, para reformatear el disco duro, para librarnos de tantas malas mañas a las que nos fuimos acostumbrando en tiempos de bonanza. Pero no me hagas mucho caso. Me he equivocado muchas veces. ¿Por qué no me había de equivocar también en esta?”


Viernes, 22 de febrero
TEOLOGÍA Y MORAL

Del mal que he hecho, casi siempre involuntariamente, he salido bastante bien librado. No puedo decir lo mismo de las veces en que me dio por hacer de buen samaritano.
Sospecho que no soy el único caso. De Dios lo ignoramos casi todo. Ni siquiera sabemos si existe o no. Pero una de las pocas que sabemos con certeza es que, si existe, disfruta haciendo diabluras.


Sábado, 23 de febrero
SIN SALIR DE CASA

Me conozco tan bien que rara vez me sorprendo, aunque alguna vez ocurre. Como si de pronto, en esta casa en que vivo desde siempre encontrara, oculta tras las estanterías llenas de libros, una puerta en la que no había reparado antes. La empujo y se abre sin dificultad, chirriando desagradablemente los goznes. Un pasillo oscuro, que huele a humedad y a cerrado. Busco una linterna y me adentro por él. Es muy largo, más de lo que yo pensaba. Una especie de estrecho túnel interminable. Por fin veo la luz. Salgo a un huerto con naranjos, cerca de un río (se oye el rumor de las aguas), muy parecido a aquel en que jugaba cuando niño. En un banco está sentada una mujer con un libro en las manos. Deja de leer al oír mis pasos, alza los ojos y sonríe. Su rostro me resulta familiar, muy familiar, pero no recuerdo su nombre. Recuerdo de pronto la historia que escuché el domingo y digo “Lupe”. Ella sonríe más abiertamente y luego comienza a leer en voz alta: “Todo estaba tranquilo y silencioso; todo era gris. El cielo parecía un manto oscuro. Bandadas de pájaros grises, inquietos, semejantes a las bandadas de nubes con las que se mezclaban, volaban bajo, rozando caprichosamente el agua, como vuelan las golondrinas sobre los prados antes del temporal. Sombras presentes, que presagiaban otras más tenebrosas”.
He cerrado los ojos al escuchar sus palabras y al abrirlos la mujer ha envejecido, el jardín se ha secado y yo tengo la sensación de que me he perdido sin salir de mi habitación. Oigo el rumor del río, el rumor del mar, mientras asciende la niebla y lo va borrando todo.


14 comentarios:

  1. Aunque varias veces yo he entregado mi cuerpo al Diablo yo también le hubiera pedido la 3ª República, buenísima la petición, por poco me parto tras leer las otras dos... Lupe que bonito nombre para el amor eterno o ficticio. ¿o es que acaso no es lo mismo?. Muy inteligente y sensible esta entrada. JB el de whisky.

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  2. F., sólo medio perplejo24 de febrero de 2013, 11:46

    Sí, muchos españoles tienen la sensación de haber sido engañados respecto a la verdadera personalidad de Juan Carlos de Borbón. Pero no es menos cierto que los españoles somos perezosos para la reflexión y que cuando concedemos, es más por indolencia que por asunción lúcida de la responsabilidad de ciudadanos; más por simpatía que por conveniencia.
    Si desde el principio hubiésemos echado mano de la razón, no nos hallaríamos hoy tan perplejos y escandalizados por los avatares de este señor, que ha pasado de ser mimado por la prensa y la opinión a ser escarnecido y ridiculizado por casi todos. Y si a un rey se le pierde el respeto..., que vaya haciendo las maletas.
    Porque, vamos a ver: ¿acaso el rey no fue criado a los pechos de Franco para que a su muerte le sucediera al frente del Estado? ¿Se ignora que la Constitución que le refrenda como Jefe del Estado fue urdida en un verdadero estado de necesidad, con los militares amenazando desde los cuarteles? ¿No se ve la maniobra de imponer el modelo monárquico en un paquete que, dadas las circunstancias, no hubo más remedio que aceptar, por lo mismo que una persona que se muere de hambre y se le da a elegir entre un bocadillo de mortadela inmediato o un vale para que coma en Lucio, horas después, razonablemente ha de optar por el bocadillo antes que prolongar su hambruna por más tiempo? ¿Es esa una manera libre de optar por la Monarquía? ¿Qué democracia se va a cimentar con semejante base? ¿De qué legitimidad estamos hablando?
    Y multitud de datos que, en el transcurso del tiempo, se iban filtrando entre la malla de adulación encubridora indiciaban del percal...
    ¿Se puede ser un demócrata y no permitir que se censure a Franco en su presencia? Los "regalos" fastuosos que le hacían sus desinteresados amigos ¿no eran para escandalizarse? ¿Y la conocida fortuna que posee, cercana a los dos mil quinientos millones de dólares, según cierta prensa económica estadounidense? Y sus notorios adulterios (algunos con personajillas de la farándula, que los borbones en eso siempre fueron demócratas y cercanos a la plebe) serían disculpables (en eso los españoles hemos avanzado mucho, digo en la indulgencia para los affaires de faldas) si no fuera porque todas las Navidades, en un rasgo de evidente hipocresía, don Juan Carlos nos larga moralina familiar desde la tele.
    Toda la cascada de inmundicia que está saliendo al arroyo, no es más que el rebose de la jofaina que viene colmatándose desde antiguo.
    Confieso que a mi no me sorprende este esperpento. Pero no creía que pudiese llegar a tanto.

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  3. Estoy de acuerdo con su experiencia: intentar hacer el bien a los demás no está muy bien pagado, baste pensar en Ikiru (Vivir), la espléndida película de Akira Kurosawa, donde un funcionario dedica sus últimos seis meses de vida a resolver los problemas administrativos para que se construya un parque infantil (y cosechando de paso las críticas de sus vecinos y conocidos por ello en la última parte de la película, ya fallecido el protagonista). O la novela de Dostoiesvski El idiota, que el propio Kurosawa llevó al cine, en la que el príncipe Mitchin se pasa páginas y páginas intentando ayudar a los demás y el resultado no puede ser más catastrófico.Hay muchos más ejemplos, la abnegada criada de Un corazón sencillo de Flaubert, Doña Benigna en Misericordia, de Galdós, pero no se trata de ponerlos todos aquí.
    Hace siete años escribí un articulillo sobre ese particular, pero estoy seguro que algún día tendré una continuación para un tema que tanto da de sí en todos los ámbitos del arte...y no digamos de la vida.

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  4. crónica del pueblo.24 de febrero de 2013, 16:10

    La corrupción política da la impresión que campea por sus fueros. Los damnificados por los recortes en sanidad y educación públicas, desahucios, privilegios de las castas políticas, y los descontentos en general por la crisis tremebunda fatal gestionada, dominan. Hay más de un 26% de paro, entre los jóvenes menores de 25 años inscritos en las oficinas de desempleo, un 55% de desempleo. Se empiezan a notar síntomas de escasez y empobrecimiento, más palpables si no fuera por el sostén de la familia tradicional o así. Los privilegiados familiares familistas, peces gordos, altos financieros, banqueros, grandes políticos y administradores ( muchas veces, malversadores ) de la cosa pública, no son castigados a pesar del latrocinio organizado. Los jóvenes estudian alemán, aparte del consabido inglés, y se van fuera. Dentro de diez años en toda España, como ocurre ya en Asturias, habrá más gente pasiva que trabajadores activos. Es la cultura del botellón, del todo vale, de la natalidad bajísima, de las adicciones y la soledad anómica.
    En cuanto a la monarquía, ésta nunca ha sido modélica, sino una representación de farsa borbónica bastante digna:hay que reconocer que los 37 años que lleva el rey en el trono, han coincidido con momentos argénteos o semidorados para la España postfranquista, por lo menos, en lo que a libertades y modernización se refiere, espejismos de bienestar europeo algo arañado o logrado, apertura, internacionalización y democracia imperfecta de partidos, muy reformable aún en clave social, participativa, constitucional y de dignidad para todos y todas,etc.

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  5. Paradojas del Sistema:
    -Diez millones de italianos votan a Berlusconi.
    -Los sindicatos (se supone que de izquierda) se movilizan para defender la pervivencia de las fábricas de armas.
    -Padres católicos, que suelen leer los periódicos, siguen mandando a su prole a los colegios de curas.
    -Felipe González continúa siendo un referente para el PSOE.

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  6. Me ha gustado mucho tu encuentro con el diablo. He recordado la novela "El maestro y Margarita", una curiosa novela rusa que tiene chispa, pero no tanta como tú. Besos,

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  7. Puestos a mencionar a un diablo entrañable -y el de la novela de Mijail Bulgakov lo es -, creo que me quedo con El diablo enamorado, de J. Cozette, recomendable por muchas razones, y si es en la colección El ojo sin párpado de la editorial Siruela, mejor que mejor, francamente.

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  8. Sería tremendo que toda la justicia a impartir en nuestro país dependiera únicamente de una persona, pero si esta tiene que ser Garzón, mal vamos.
    Javier

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  9. Mejor Luis Pacual Estevill, ¿verdad? O quizá don Carlitos Divar, con su camisita y su canesú... O Rouco Varela, pero ahora que caigo no es juez sino pastor de almas. Blas Piñar, tampoco, que este era notario...
    Cualquiera de ellos mejor que eso tendencioso Garzón, que no hace más que revolver en las calmas y pacíficas aguas de este estanque patrio.

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  10. Estoy de acuerdo con Robespierre, discrepante anónimo, cierta justicia, la que enjuicia a Pinochet a pesar de sus leyes de punto final, Garzón se atreve a hacerla como no se atreve nadie.

    JLGM

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  11. Vate dolido por la inquina ajena2 de marzo de 2013, 11:27

    Ay, acusica, acusica... Habéis intentado dejar por plagiario a este honesto amanuense, porque osó reproducir una perla suya y enviarla do las musas tienen acomodo y se solazan libando el zumo generoso. Daba nueva en ella de la inaudita destreza pictórica del Prícipe de los Ingenios y de los avatares de una de sus obras, crónica mural de la cruenta lid en que perdió la mano. Así dais fe de la inquina que anida en vuestro pecho hacia este juglar menesteroso, no sé si por desdén forzado o por envidia de no veros, como él, mimado de Calíope y de toda la excelsa parentela.

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  12. Amigo Robespierre, por supuesto ninguno de los que citas. Estevill creo recordar que propuesto por Pujol, Divar por el PSOE y Rouco¿por..? pero tampoco Garzón. Supongo que hay jueces como ocurre en todas las profesiones que hacen muy bien su trabajo, pero Salvadores y Mesías ¡no, por favor!
    Javier

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  13. Pues, ya ves, Javier, con la mierda hasta el cuello jacobino (que un aciago Termidor me habrá de seccionar la guillotina), no le haría yo ascos a un Mesías como Garzón. Ocurre que tú y yo somo artefactos biológicos diferentes y nunca íbamos a poder compartir casi nada; tú lógica y la mía se darían de hostias si concurriesen a justas dialécticas; tenemos un idioma común pero las mismas palabras reflejan conceptos distintos -y aún opuestos- y no nos sirve de nexo sino de calambrazo aversivo, de crispada controversia.
    Porque estoy convencido de que primero alcanza el Cielo un cardenal que un obstinado celtibérico conceda un resquicio a la duda sobre estar en posesión de la verdad. Fuimos pueblo de frontera y ante el enemigo no nos fue permitido el funesto vicio de pensar, la flojera del perdón, la tolerancia para con el diferente, la clemencia hacia el adversario en precario. Pues el enemigo de la raza y de la religión acechaba desde las almenas de la alcazaba y los almuhédanos salmodiaban llamandoa la guerra santa desde los minaretes del demonio.
    Estoy convencido de que seguimos siendo aquellos, a la vista de la insufrible cerrazón de tantos: nos han marcado a fuego los siglos de oscura necedad, de desprecio al libre pensamiento, de inoculación de venenos que aún hoy no tienen postrados como pueblo...
    Ante este panorama, ¿qué tengo yo que discutir contigo, Javier, si ya sé cómo discurre la gente como tú? ¿Habré de extenuarme en el intento de hacerte comprender que la Razón nos dice (a algunos, que con otros parece que no se lleva) que Garzón está muy por encima del rasero de esta clase dirigente (¿hacia dónde nos querrán dirigir?), y que posee una ética -y hasta una estética- que le hacen brillar entre tanta cochambre?
    Consecuentemente con lo que he referido respecto a mi convicción de que es inútil tratar de razonar con gente como tú, no me voy a extender defendiendo al juez Garzón. Que baje Dios y lo juzgue.
    Y que yo lo vea.

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