viernes, 18 de septiembre de 2026

Aguas bravas: Las cosas claras

 

Domingo, 13 de septiembre
JUGAR CON FUEGO

Nunca dejarán de sorprenderme los abismos de la condición humana. ¿Cómo puede estirarse y estirarse la tragedia de Ceuta para sacarle todo el rédito electoral posible, no ya sin una protesta, sino con el aplauso generalizado de mucha buena gente?

Con la inmigración pasa lo mismo que con los vasos comunicantes. No es posible tener uno lleno y otro casi vacío; la fuerza de la gravedad hace pasar el líquido de uno a otro hasta igualarlos. Es precisa una sólida barrera de contención para que los pobres del mundo no busquen una oportunidad donde pueda haberla, en los países más ricos que el suyo. Hace falta establecer controles para que ese inevitable flujo resulte provechoso para ambas partes. ¿Y qué pasa cuando esos controles fallan? No olvidar nunca que quienes han entrado ilegalmente en nuestro país son seres humanos, no alimañas a las que hay que exterminar. Hacer que vuelvan al suyo, sí, pero respetando la humanidad y la legalidad.

            La frontera de Ceuta, como la de Melilla, es una frontera especial. Son territorios de la Unión Europea que están situados en un país que no es de la Unión Europea. Necesitan de la colaboración de Marruecos para poder seguir siendo españolas. Si a Marruecos le interesara, con una Unión Europea cada vez más débil y con unos aliados cada vez más fuertes y con menos escrúpulos, Trump y Netanyahu, se las merendaría en dos bocados. O tendríamos otra guerra de los cien años, como la de Ucrania. ¿Qué sentido tiene entonces pedir mano dura con Marruecos?

Medio problema de Ceuta se solucionó en un día, el ochenta o el noventa por ciento de los inmigrantes ilegales volvieron por su propio pie al país del que venían; el otro medio se habría solucionado en una o dos semanas si el gobierno de la ciudad autónoma de Ceuta y los de las comunidades gobernadas por la oposición hubieran colaborado, como era su deber, con el gobierno de España. No lo hicieron, no lo hacen, practican la política de cuando peor, mejor. Cuando peor vayan las cosas en Ceuta, mejor para sus particulares intereses partidistas.

            Con todas las encuestas a su favor, no pueden esperar unos meses a que haya elecciones y se produzca la previsible alternancia en el poder. Quieren que caiga Sánchez como un Ceaucescu cualquiera, arrastrarlo de la Moncloa a la cárcel, y si fuera posible hacer con él lo que Fernando VII hizo con Riego: cortarle la cabeza.

            Ya hasta los jueces (no todos, por supuesto, solo la mayoría) se han quitado la careta y en los asuntos de contenido político se ponen del lado de los suyos sin el menor intento de aparentar la obligada imparcialidad.

            Me temo que se avecina otra década ominosa. Las bandas de matones rojigualdos comienzan a campar a sus anchas y las autoridades y el público en general cada vez los miran con más benevolencia. Weimar, 1930.

            Quieren que Ceuta sea la tumba del sanchismo, pero actúan tan desvergonzadamente, tan despreocupados por el interés de la ciudad y de sus habitantes, que yo confío en que se produzca una reacción y todos a una –todos los que aún creemos en los derechos humanos y en los viejos principios de libertad, igualdad y fraternidad-- vayamos a darles cuando toque con el voto en las narices y Ceuta sea la tumba del fascismo.

Lunes, 14 de septiembre
NUNCA HE TRABAJADO

“Claro, como tú no has trabajado nunca”, me dice un amigo y yo, en el fondo, pienso que tiene razón.

He dado clases durante cincuenta años, he publicado no sé cuando libros, he cuidado la edición de más de un centenar de libros ajenos, he dirigido revistas, colaboro en la prensa regularmente desde hace décadas, pero no tengo la sensación de haber trabajado nunca.

Para mí, nada que tenga que ver con libros –salvo venderlos-- o con hablar de literatura es un trabajo. Se trabaja en el campo, en la construcción, en el servicio doméstico, en la hostelería, en la mina, en la siderurgia… Voy contra mi interés al confesarlo, como digo siempre citando a Bécquer, pero mi trabajo no es un trabajo ¿Cómo va a ser un trabajo hablar de la poesía de Góngora o las novelas de Galdós? ¿Cómo va a ser un trabajo analizar en dos folios el libro que acabo de leer? Sobre todo, si es un fraude como el que comento esta semana, y nadie lo va a decir sino yo. Un trabajo es una actividad que uno hace a cambio de dinero. Y yo tengo la suerte de no haber hecho en mi vida nada que no haría igual si no me pagaran.

Martes, 15 de septiembre
CUANDO ME ABURRO

Me gustaría ser un hombre importante, de esos a los que su secretaria les lleva la agenda y no tienen ni un instante libre, siempre de acá para allá, con citas y reuniones y papeles que leer y firmar urgentemente.

Pero mi agenda me la tengo que preparar yo y por mucho que me empeñe en que no haya huecos siempre termino todos los deberes que me pongo antes de lo previsto y no hay días en que no me sobren, al caer la tarde, una o dos horas.

 Al principio siento como si se detuviera al tiempo, como si no fueran a pasar nunca. Luego casi siempre acabo escribiendo un poema y eso me fastidia. Ya he escrito demasiados. Además, me parece una falta de respeto a la poesía escribirla solo porque uno se aburra, sobre todo si es alguien como yo que se aburre todos los días.

La solución que he encontrado es escribir un poema ajeno. Un día de Unamuno, otro de Guillén, el último un poema de Gerardo Diego que supuestamente leyó en Avilés el 18 de mayo de 1968 cuando vino al instituto Carreño Miranda, donde yo estudiaba, a celebrar sus bodas de oro con la poesía.

En un ejemplar de Alondra de verdad, perdido en mi casa de Rivero 99, encontré una invitación al acto y en el Atrio, mientras esperaba a un amigo que se retrasaba, garabateé el poema que él leyó en aquella ocasión y que supuestamente se ha perdido. Lo eché a volar de inmediato por Internet y tuvo cierto éxito. No es lo mejor que ha escrito Gerardo Diego, pero tampoco es lo peor. 

Miércoles, 16 de septiembre
SE NOTA

“Se nota que estás encantado de haberte conocido”, me reprochan a menudo. Y no seré yo quien les lleve la contraria. Reconozco que no deja de ser raro que yo, que me llevo tan mal con casi todo el mundo, me lleve tan bien conmigo mismo. Debe ser que, como me conozco desde que nací y no me he dejado solo ni un momento, me he cogido cariño.

Jueves, 17 de septiembre
EN EL CAMPILLIN

Me siento en el Campillín, donde los domingos se amontonan los puestos del mercadillo, sin nada que hacer, sin haberme traído siquiera un libro, aún más aburrido que de costumbre, cuando de pronto un grupo de personas que charlaban junto a un banco frente al mío se ponen a bailar.

Seguramente forman parte de uno de los grupos que desfilarán el sábado con motivo del Día de América en Asturias y han venido aquí a ensayar, pero yo pienso que lo hacen solo para distraerme. Mientras evolucionan con gracia delante de mí suena una música popular y alguien canta: “A la vera del camino / hay una fuente sin agua / que el que la bebe se olvida / que quiere a quien no le ama”.

            La luz del atardecer entre las ramas de los árboles, unas pocas nubes blancas en el azul del cielo.

El niño caprichoso que yo soy, el acelerado que todo lo hace deprisa y corriendo y enseguida se aburre, olvida su mal humor y agradece un inmerecido regalo más. 

Viernes, 18 de septiembre
TIEMPOS FELICES

Qué cosas escribía Aquilino Duque, allá por los años setenta, describiendo la decadencia de la Italia democrática y no queriendo nada semejante para España: “Piden divorcio los seglares, / matrimonio los curas, / amor libre los feos, / fraternidad los fratricidas, / igualdad los enanos / y libertad los bolcheviques”.

Esas cosas que tanto me indignaban entonces ahora me hacen sonreír. A fin de cuentas, Aquilino Duque era el único que se atrevía a escribirlas. En aquellos buenos tiempos, todos los que uno admiraba eran de izquierdas. Hasta eran de izquierdas Savater y Trapiello, Juaristi y Azúa, Tamames y Felipe González, aunque hoy parezca difícil de creer. No había más fachas orgullosos de serlo que los de Fuerza Nueva y eran una reliquia del pasado.

Ahora negros nubarrones se ciernen sobre el horizonte, las derechas extremas parecen ser el inminente futuro. Andan como enloquecidos con la lotería que les ha caído en Ceuta. ¡Lástima que se marcharan tan pronto la inmensa mayoría de los “invasores”! Si se hubieran quedado los cien mil, la ciudad sería un infierno, pero ellos –los que presumen de llevar a Ceuta en el corazón-- estarían en la gloria. 


viernes, 11 de septiembre de 2026

Aguas bravas: Al dios del lugar

 

Domingo, 6 de septiembre
BIENVENIDO, ANDRÉS

Mi rutina dominical incluye la lectura de los suplementos dominicales en los Prados antes de ir al cine. Esta tarde disfruto doblemente escuchando a un viejo conocido, Andrés Trapiello, que ocupa medio XL Semanal porque abandona la competencia para ocupar el sitio de Pérez Reverte (que pasa a ocupar el lugar que él deja libre, por cierto).

No ha envejecido, sigue siendo el de siempre, compone bien el personaje. Su obsesión, desde que comenzó a publicar, era entrar en lo que él llamaba “el club de las almendritas”; hace tiempo que ha entrado, y yo me alegro por él, y más me alegraría si le dieran el Nobel como a Saramago.

Luego leo el artículo de estreno y sonrío acordándome de la fábula del parto de los montes. Por lo menos, se olvida de la política, pienso, y es de agradecer. También de sus jueguecitos con las abreviaturas de los nombres propios. Cuenta anécdotas más o menos pucelanas, hace bromas con la ortografía y da la impresión de que todavía no se ha enterado de en qué consiste y cuál es su utilidad. Sigue dominando mejor la caligrafía que el pensamiento.

En la entrevista, habla poco de política, pero algo habla: “A veces me dicen que me meto mucho con Pedro Sánchez y no con Feijoo o con otros políticos de otros partidos. Los demás políticos también pueden mentir, está claro, pero su responsabilidad es menor porque no tienen la posibilidad de gobernar”.

 Algún día alguien le informará de que en España hay diecisiete comunidades autónomas y que en catorce de ellas gobierna un partido distinto del de Pedro Sánchez. En la suya, sin ir más lejos, gobierna Isabel Díaz Ayuso, de la que sin duda alguna noticia tiene. Pero él prefiere guardar su artillería para  “cuando un día llega un presidente del gobierno y te dice que la amnistía es anticonstitucional y, al día siguiente, que es la más constitucional”.

Que diga lo que quiera, querido Andrés, que lo que importa es lo que diga el Tribunal Constitucional. Esa amnistía que tanto te duele es constitucional y, sin embargo, no se aplica del todo porque el Tribunal Supremo ha inventado una ridícula triquiñuela para no aplicarla.

Pero mejor hablemos de otra cosa, que ahora voy a tenerte de compañero en el periódico todas las semanas y volveré a leerte mientras tomo un café, como en los viejos tiempos, cuando los dos guerreábamos juntos en el campo de la literatura contra ullanes, valentes y gamonedas,

 

Martes, 8 de septiembre
CONFIDENCIAS DE MARÍA KODAMA

Me gusta presumir de ser la persona más rutinaria del mundo, y probablemente sea cierto, pero también lo es que cada vez disfruto más con sus alteraciones.

Hoy, al ser fiesta, no puedo tomar mi café habitual en la mesa redonda de Las Salesas y aprovecho para irme hasta Lugones y contemplar, desde la pasarela sobre el cruce de autovías que lleva a La Fresneda, al planeta Tierra representado en la nueva rotonda. Tenía curiosidad desde que la vi ir haciéndose, semana a semana, al ir los sábados de Oviedo a Avilés. Solo se puede contemplar bien desde lo alto de la pasarela y lo que vemos es el hemisferio sur, con Sudamérica y África a escala real, y no empequeñecidas como en los planisferios habituales.

            A la vuelta de esta aventura (para los rutinarios, hasta ir al lugar de siempre por la acera contraria se convierte en aventura), el azar me hace un regalo. O dos. Al lado de un contenedor, alguien ha dejado unos cuantos libros. La mayoría no tiene ningún interés, salvo uno de Borges. Como ya lo tengo, y recuerdo que me indignó en su momento, estoy a punto de dejarlo allí. Se trata de Borges, el palabrista, una recopilación de las declaraciones a la prensa. Pero Borges era un genio cuando escribía y, muy a menudo, todo lo contrario cuando hablaba. Y el recopilador, Esteban Peicovich, no deja fuera ninguna de sus afirmaciones más indignantes o más tontorronas. Recuerdo una que haría las delicias de juaristis, savateres y otros conversos: “Es una suerte que la guerra civil la ganara Franco y no la República porque, en caso contrario, España sería ahora Cuba”.

A pesar de las dudas, me llevé el libro y comencé a hojearlo en una cafetería. El primer regalo: un recorte de El Comercio de hace más de treinta años con un poema mío al lado de un articulo de Víctor Alperi. No sé por cuál de los dos lo guardaría el anterior propietario. El segundo: yo tengo la edición de 1980 y que esta, del 95, incluye varios apéndices, y tras ellos, sin indicarlo en el índice, una entrevista con María Kodama fechada el 1 de agosto de 1986, a mes y medio de la muerte de Borges, en la que cuenta anécdotas que no volvería a contar. Contradicen el capítulo final de la biografía de Edwin Williamson, basado en una entrevista con Kodama realizada muchos años después, en 1999, cuando ella ya había elaborado una narrativa oficial sobre los últimos días del maestro. No parece cierto que fuera idea de Borges dejar el hotel L’Arbalète, su residencia habitual en Ginebra, para irse a vivir (a morir, sabía que le quedaba poco de vida) a un apartamento en busca de mayor “intimidad”. Un día –lo cuenta Kodama en esa entrevista olvidada-- pidió que subiera a su habitación el director del hotel: “Mire, yo le voy a decir una cosa, yo estoy mal, ¿sabe?, pero lo que quiero decir es esto, a usted le conviene que yo me muera en este hotel, porque con María, ¿no es cierto, María?, en París vamos siempre al hotel donde murió Oscar Wilde y allí naturalmente alquilan ese cuarto, pero aparte lo muestran como un atractivo turístico, como algo que le da honor a la casa. Por eso le digo que a usted le conviene que yo pueda quedarme acá y morir acá”.

Una broma, por supuesto, pero una broma que indica que Borges no tenía ninguna intención de mudarse al apartamento del número 28 de la Grand Rue, la principal de la Vieja Ginebra, cerca de donde vivió Rousseau. Allí se lo llevó María Kodama, que ya pensaba en la placa que se colocaría en tan céntrico lugar, tres días antes de morir. Con razón, los vecinos del edificio le negaron autorización y tuvo que colocarse la placa en una fachada próxima. Y también nos revela esta entrevista perdida otra cosa, que su boda secreta por poderes en Paraguay fue tan secreta que él mismo tuvo noticia por los periódicos. Medio en broma, medio en serio, según cuenta Kodama (y no volvería a contar), tras publicarlo la prensa, llamó al director del hotel y le dijo: “Mire, voy a hacer una pequeña fiestita porque hoy me he enterado de que me he casado con María Kodama y de que es el día más feliz de mi vida” 

Viernes, 11 de septiembre
LA CIUDAD

En mi librería de viejo habitual, la que tengo al lado de casa, encuentro por un euro Al dios del lugar, un libro de Xuan Bello que leí y presté y tenía olvidado. El colofón indica que se terminó de imprimir “hacia San Mateo del año 2007”. Y yo doy con él al comenzar las fiestas de otro San Mateo, veinte años después.

Lo abro al azar y la primera frase que leo me golpea el corazón: “Cuando ya se cumplieron sobre la tierra los días de una persona –pienso en mi padre muerto-- es cuando sabemos con un dolor que no encuentra consuelo quién era esa persona”.

            Releo el libro con el primer café y qué sorpresa la mía al encontrarme, al comienzo de uno de los capítulos, paseando por el Antiguo: “El Antiguo tenía por aquel entonces el prestigio de lo prohibido y canalla. No sé qué hacía conmigo García Martín: debía de tener el poeta 30 años y a mí, que tenía 16 o 17, me parecía un viejo”. Continúa afirmando que se sentía feliz porque yo le acababa de prestar los Treinta poemas de Cavafis traducidos por Valente. Y estaba fascinado con “La ciudad”, como yo por entonces. Cita los últimos versos, pero no lo hace por la traducción de Valente, que no tendría a manos, pero que yo sí puedo citar porque me la aprendí de memoria: “En todo el universo destruiste cuanto has destruido / en esta angosta esquina de la tierra”.

            Para el viejo que era yo entonces y para el inquieto adolescente que era Xuan (cuando escapó de casa, la ventana de su cuarto daba “al muro gris y húmedo de uno de los pabellones” del cuartel en que residía con su familia), Oviedo era “una angosta esquina de la tierra” que soñábamos con abandonar. Él y yo dimos algunos tumbos por el mundo (él bastantes más que yo), pero no tardamos en comprender que el lugar que buscábamos, el más propicio a la felicidad, estaba precisamente aquí, en el bucólico Caces junto al Nalón o en la calle Murillo, entre el Milán y San Julián de los Prados.





                                              

viernes, 4 de septiembre de 2026

Aguas bravas: No habrá guerra de Troya

 

Martes, 1 de septiembre
PATRIOTAS TÓXICOS

“Los pueblos felices no tienen historia”, afirmaba un apotegma clásico. Y en otros tiempos, antes de la dictadura de lo políticamente correcto que ahora dicen que nos oprime, se añadía: “como las mujeres honradas”. Porque la historia de una mujer, en esos buenos tiempos que algunos añoran, no podía ser otra que la de sus infidelidades y sus amantes.

            Por entonces, había mucha buena gente que, ante alguna pregunta comprometida, se encogía de hombros y afirmaba: “Yo no entiendo de política”. Ahora, de política y de fútbol, todos entendemos y todos odiamos al árbitro –llámese Tribunal Constitucional o como se llame-- cuando pita una falta a favor del campo contrario.

            “¡No has dicho nada sobre lo que está pasando en Ceuta!”, se me lamenta un amigo y yo le agradezco que eche en falta mi voz en un momento en que todos gritan y nadie escucha, sino a los de su misma opinión.

            ---Todo lo que perjudica al gobierno, beneficia a la oposición, pero no es lo mismo que se trata de un caso de corrupción que el que de una catástrofe nacional. Lo ocurrido en Ceuta ha ocurrido antes y volverá a ocurrir después. Se pueden rechazar las pretensiones anexionistas de Marruecos sobre esa ciudad, pero lo que no se puede negar es que geográficamente forma parte de Marruecos y que, sin su benevolencia y su colaboración, lo tiene muy difícil. Pedir mano dura contra Marruecos por haber favorecido, o no haber impedido, la masiva llegada de inmigrantes, me parece una estrategia suicida. Con la enemistad de Marruecos, esos hechos pueden repetirse una y otra vez, basta con que se niegue a actuar de portero y no impida a ningún nacional o subsahariano llegar hasta las puertas de la ciudad. ¿Qué haríamos entonces? ¿Disparar sobre los que entran ilegalmente? ¿Construir a toda prisa presidios de alta seguridad para encerrarlos? ¿Qué podría haber hecho el gobierno cuando una avalancha de ilusos adolescentes llega nadando a Ceuta? ¿Mandar un pelotón de soldados para que les den la orden de retroceder y, si no obedecen, acribillarles en el agua? ¿O quizá, más piadosamente, armar a los guardias civiles con largas varas para que empujen a los jóvenes nadadores hasta que se ahoguen? Ya se ahogaron por sus propios medios más de cien, pero esa tragedia no parece preocupar a nadie. No, desde luego, a los patriotas que se rasgan las vestiduras y claman: “¡Nos han invadido! ¡Nos han invadido!” y recuerdan la traición del conde don Julián. El gobierno, ante el problema de Ceuta, hizo lo mejor que podía hacer y la oposición está haciendo lo peor: considerar una catástrofe humanitaria como un inesperado regalo que les podría anticipar su llegada al gobierno. ¿Por qué está tardando en solucionarse ese problema, en lo que puede solucionarse, claro, que a los muertos nadie les devolverá a la vida? Porque aquellos de los que depende en buena parte la solución se niegan a ayudar y practican la política del cuanto mejor peor. No se dan cuenta, de que, solucionado este incidente, el problema de Ceuta, ese anacronismo que hace tiempo que ha perdido su razón de ser, seguirá existiendo y serán ellos, si llegan al gobierno, quienes tendrán que lidiar con él. Y que, si ponen a Marruecos en su contra, verán lo que es un auténtico problema.

            ---Pues en Europa no piensan como tú. Piensan que Ceuta es un portón que Pedro Sánchez ha abierto a la emigración descontrolada.

            ---Cierta Europa, la que ya ha sido infectada por el virus trumpista. La que sueña con un Bukele en Albania o en Bulgaria que nos haga de carcelero de la gente que nos sobra. En cualquier caso, ese portón, el de Ceuta, no lo ha abierto Pedro Sánchez, sino que es regalo envenenado de aquellos tiempos en que los europeos se creían con el derecho de saquear África con el pretexto de evangelizarla y civilizarla.   

Miércoles, 2 de septiembre
LA LEVEDAD Y LA GRACIA

Tengo algunos pocos fieles lectores y muchos amigos que no tienen la costumbre de leerme y que se quejan de que escribo demasiado.

            ---Pero ¿cómo voy a haber leído tu último libro si antes de que me dé tiempo a hacerlo ya has publicado otro?

            Yo me encojo de hombros. Quien no me lea por gusto, que no me lea.

            Lo que me preocupa es otra cosa. Tengo la suficiente experiencia como para saber que, a partir de cierta edad, la mayoría de los escritores, incluso los mejores, siguen escribiendo por inercia, sin tener nada que decir. ¿Será mi caso? Uno siempre es el último en darse cuenta y a mí ya hace tiempo que amigos poco piadosos –en eso se me parecen-- me dicen que mis últimos poemas, romancillos y cosas así, son bien poquita cosa.

            Es posible, pero uno puede admirar las monumentales fuentes barrocas, con sus ninfas y sus dioses, y no por eso desdeñar la fuentecilla que surge en un recodo del camino y que nos quita la sed, algo que no hacen esas otras tan aparatosas. No solo de Divinas comedias vive un buen lector, también necesita la levedad y la gracia de la poesía popular: “Anoche soñaba yo / que con mi amante dormía. / Y al despertarme descubro / que a mi lado lo tenía”.

Jueves, 3 de septiembre
NO ENFADES AL PORTERO

Toda la noche tuve pesadillas. Las plazas españolas se llenaban de réplicas de Bukele y Milei, ni siquiera de Donal Trump (dan más miedo los lacayos que el amo), que gritaban en defensa de la españolidad de Ceuta, al parecer amenazada por una nueva invasión musulmana. Hasta el arzobispo de Oviedo, en una mano la cruz y en otra la espada, llamaba enfervorizado a una nueva Reconquista. Cuando me desperté, la pesadilla seguía allí, en la primera página de todos los periódicos.

            La inmigración descontrolada trae consigo muchos problemas, no seré yo quien lo niegue, pero no amenaza la “españolidad” de Ceuta. Todo lo contrario. la reafirma. Si fuera marroquí, ninguno de esos jóvenes abducidos por interesados bulos querría entrar en ella. Y mientras siga siendo española, y siga estando donde está, necesitaremos la colaboración de Marruecos para controlar la emigración. Con Marruecos a la contra, se convertirá en un lugar en que será imposible vivir. Ellos tienen el control, no por debilidad de Sánchez, sino por imposiciones de la geografía.

            ¿Podemos obligar a la fuerza a Marruecos a que haga las veces de fiero portero de discoteca? Me temo que no, que ya están muy lejos del protectorado y es amigo de los que mandan, Israel y Estados Unidos. Para conseguirlo, hace falta un poquito de diplomacia y mucho dinero. Sería interesante, solo por curiosidad, que se hiciera público cuánto dinero cuesta mantener la españolidad de Ceuta y Melilla.

            Tan poca fe tiene la oposición en poder echar a Sánchez por medios democráticos, que no duda en jugar con fuego y provocar un conflicto con Marruecos que incluso pueda llevar a un enfrentamiento bélico, en el que las dos partes llevarían todas las de perder. La situación me recuerda una obra de Giraudoux, No habrá guerra de Troya, sobre los esfuerzos de los años treinta para evitar la Segunda Guerra Mundial. Al final, es bien sabido, fueron vanos. ¿Tendremos una nueva guerra interminable, un nuevo desastre de Annual? Los enemigos de Sánchez utilizarán todos los medios para conseguirlo, incluidos los legales.

            Pero yo, que soy optimista por naturaleza, todavía sigo confiando en que una mayoría de españoles no haya perdido la cabeza.

Viernes, 4 de septiembre
AMIGOS PARA SIEMPRE

Con Martín López-Vega, que fue un buen amigo mío en otro tiempo, ahora tengo sus más y sus menos. “Es lo que suele pasar –me dice mi mala conciencia-- cuando los maestros quieren seguir siendo maestros toda la vida sin aceptar que los discípulos crecen y dejan pronto de hacerles caso”. Yo no creo que sea así –le respondo--, aunque puede que en el fondo tengas razón.

Pero me llega su antología de Claude Roy, con un hermoso prólogo que es un retrato y un autorretrato, y recupero al viejo amigo. Cuántos descubrimientos hemos hecho juntos por las librerías de Braga, de París, de Buenos Aries o de Nueva York.

Aparte de otras muchas cosas, mejores y peores, López-Vega también es un poeta chino, como él dice de Claude Roy, y por eso nos regala en la introducción a La amistad de Wang Wei una condensada muestra de la poesía china.

Me gustaría agradecer ese regalo con la versión propia de un poema de Li Bai (o Li Po): “Yo vengo de muy lejos; / tú, de algo más cerca. / El azar ha querido juntarnos / en esta encrucijada. / En otra, cerca o lejos, / no sabemos dónde / hemos de separarnos para siempre”.

¿Para siempre? Uno de los aforismos de Nietzsche dice así: “Los amigos que una vez lo fueron de verdad siguen siéndolo incluso cuando dejan de serlo”.

 Un día de estos tenemos que quedar a comer con Xuan y Sonia en su casa de Caces.






 


 [JG1]

viernes, 28 de agosto de 2026

Las veladas del Black Bar: Vidas no ejemplares

 


---¿Cuánto tiempo hace falta para que caduquen los odios de las guerras civiles, Martín?

---El tiempo que duren esas guerras, que casi nunca acaban cuando se firma la paz, que continúan luego por otros medios. Yo creo que en literatura es donde primero concluyen. Paso este verano preparando la edición de la poesía completa de Agustín de Foxá, que hasta ahora solo había aparecido en un volumen exento.

            ---¡De Agustín de Foxá, ese fascista!

            ---Sí, es el autor de algunos de los versos del “Cara al sol”, pero también de la frase: “Traigamos el fascismo a España y vayámonos a vivir al extranjero”.

            ---¡Menudo hipócrita!

            ---También dijo aquello de “soy gordo, soy conde, soy diplomático, ¿cómo no voy a ser de derechas?”. Y bien que lo fue, en el buen y en el mal sentido de la palabra. Hay mucho de no ejemplar en su vida, pero su literatura pocas veces nos defrauda, por muy propagandística que resulte a veces. No deja de ser gran escritor ni siquiera en sus cartas familiares. He traído el tomo tercero de sus Obras completas, donde se incluyen. La primera que se conserva, dirigida a sus padres y hermanos, que veranean fuera de España, está fechada el 16 de julio de 1936. Refleja, como el mejor documento histórico, el ambiente previo al estallido: “En Madrid, nerviosismo, calor y soledad. La gente de derechas está aplanada. En el Club de Campo no hay casi nadie y durante ocho días no habrá orquesta por respeto a Calvo Sotelo. Mucha gente estuvo en su entierro. A Gil Robles algunos le acusaron, cuando desfilaba, de ser responsable de todo lo que ocurre. Hay que reconocer, sin embargo, que ayer, en la Diputación Permanente de las Cortes, estuvo formidable. Ha hecho muy buen efecto por su valentía. Los elementos oficiales que acudieron al entierro fueron abucheados y obligados a volver con el rabo entre piernas. Corren mil rumores”. La siguiente carta es del día 20 y comienza con una estampa del amanecer en un Madrid que aún no se cree del todo que está en guerra: “Son las ocho de la mañana. Una mañana fresca y sucia, todavía con lecheros, panaderías, tertulias de cocineras. Lejano suena el cañón. No ha dejado de disparar desde las siete. Vuelan algunos aviones. Pasan, con el pito rasgado de las sirenas, algunos autos militares. En camiones, arracimados, como terrible estampa de Moscú, los obreros con fusiles, pistolas y banderas rojas. Se siguen oyendo los cañonazos. Una mujer barre la entrada de la tienda”. A Foxá, el gobierno de la República le había nombrado cónsul en Bombay y ese nombramiento le salvó la vida en el mes y medio que pasó en Madrid. El día 21 “estuvo a punto de ser fusilado”, según le cuenta en una carta a su familia fechada en Guetaria el mes de septiembre. Los milicianos subieron a su casa e hicieron un registro que duró cuatro horas. “Figuraos mi horror cuando vi en lo alto del armario de nuestro cuarto un paquete con unos cincuenta prospectos de Falange. Si los hubieran visto, no os habría podido escribir esta carta, pues estaría de bruces en las Tapias de la Casa de Campo”. ¿Y cómo es que no los vieron en un registro de cuatro horas? Pues porque no hubo tal registro. La verdad de ese día la contó en otra carta escrita en Madrid el mismo día que ocurrieron los hechos, una carta que sin duda había olvidado. En cuanto pisó Francia, se dedicó a mitificar sus padecimientos entre los rojos, los que luego llevaría a su novela Madrid de corte a checa. Pero no fueron tales. Fingió seguir siendo fiel a la República y como representante de ella fue enviado a Bucarest. Allí siguió con el doble juego hasta que pasó, en 1937, a la España “liberada”. Ha vivido en Madrid la experiencia de los bombardeos sobre la población civil, ha visto en las aceras o bajo los escombros los cadáveres de mujeres y niños, pero no hay ningún rastro de compasión cuando escribe a su hermano, que lucha en el ejército rebelde: “Al atardecer venían los aviones. No te puedes imaginar lo que ha contribuido esto a bajar la moral del pueblo. Lo importante es que se intensifique”. Y no tiene inconveniente, todavía diplomático al servicio de la República, en indicarle “los mejores sitios de bombardeo”: la plaza de toros de Tetuán, el Círculo de Bellas Artes, el palacio de Villapadierna, frente a Correos, y el teatro de la Ópera, “donde han almacenado enorme cantidad de explosivos”. Vuelto a España, no lo pasó precisamente mal Foxá durante la guerra. El 2 de agosto de 1938 escribe a sus padres desde San Sebastián: “Aquí, muchas fiestas en el Golf, el Tenis y grandes cenas en el Náutico, que de noche está agradabilísimo. He hecho varias excursiones. Estuve en Azpeitia el día de San Ignacio. Fue magnífico. Monosabios en la novillada, niebla y lluvia en los montes de verdes praderas, y dentro, ónix, lapislázuli, oro y plata”. El nuevo régimen premia su ardor guerrero enviándole a Roma. Allí escribe alguno de sus más hermosos poemas y admira a dos figuras que recuerdan el esplendor de la época clásica: “He visto, con lágrimas de emoción, entrar al Papa en su silla gestatoria, entre dos abanicos etiópicos y salomónicos de plumas de avestruz, sobre las espadas abatidas de sus guardias nobles. Resonaban las bóvedas de San Pietro con una aclamación antigua. Así debían ser las ovaciones a Trajano, cuando aparecía en su palco del circo Máximo, o a la vuelta de la campaña de Dacia”. No solo el Papa le recuerda al gran emperador de origen hispano: “En Ciampino vi al Duce. Está fuerte, alegre, rapado como el busto de un César de excavación. Es un tipo magnífico, con una ancha sonrisa patriarcal, como la debía de tener Trajano”. Para Foxá, los años triunfales no acabaron en 1939, siguieron con 1940, 1941, 1942, cuando los nazis, como antes Franco en España, imponían un Nuevo Orden al mundo. Unos días después de admirar al papa en su silla gestatoria, se encuentra unos abanicos semejantes a los papales, dignos de la reina de Saba, en el Arizona, uno de los mejores cabarets de Europa, aunque en este caso dedicados a muy otro uso: encubrir y descubrir jardines de bailarinas Venus. No me extraña que Curzio Malaparte hiciera aparecer a este aristócrata bon vivant en su novela Kaput.

            ---¿Y tú vas a editar la poesía completa de semejante personajillo? ¿No tienes nada mejor que hacer?

            ---Voy a editarla y espero hacerlo bastante mejor de lo que se ha hecho hasta ahora. Foxá fue un muy descuidado editor de sí mismo. A fin de cuenta, los libros de poesía daban poco dinero y él nunca ganaba bastante para la buena vida que le gustaba llevar. Pero es uno de los grandes poetas de su tiempo, lo mismo en su poesía más desgarrada e intimista o en sus evocaciones de una infancia que todavía conoció la atmósfera del Ochocientos que en los más circunstanciales o más ligados a las viejas melodías del modernismo. Quien le leyó, lo sabe.

            ---No te entiendo, Martín. No te basta con admirar a Fidel Castro o a Hugo Chaves o a Pedro Sánchez. Ahora resulta que también admiras a un vividor y a un fascista de pro como Agustín de Foxá.

            ---De Fidel Castro me gusta la respuesta, que yo hago mía, a un periodista que le preguntó por su vida privada: “Amé y me amaron, y eso es todo lo que puede decir un caballero”. De Hugo Chaves, su réplica a la impertinencia del rey de los negocios raros cuando aquello del “por qué no te callas” tan jaleado en toda la aduladora y triste España: “Con la verdad ni ofendo ni temo”. De Foxá, su magia verbal, que deslumbra incluso en las cartas familiares escritas como al descuido.

            ---¿Y de Pedro Sánchez?

            ---Habíamos quedado en no hablar de política en estas tertulias veraniegas y yo siempre cumplo mis promesas.

            ---Estarás desesperado porque pasa por su peor momento. Trapiello y Cayetana creo que ya han comprado el champán para celebrar la caída de ese dictador estalinista.

            ---¿Y en qué momento no ha estado pasando Sánchez por su peor momento, amigo Miguel Ángel? En septiembre, ya a la vuelta de la esquina, hablaremos del gobierno.


viernes, 21 de agosto de 2026

Las veladas del Black Bar: Leña al fuego

 

---¿Cuándo te distes cuenta de que no eras un genio, Martín?

            ---De lo que me estoy dando cuenta es de que envejezco como todo el mundo.

            ---Pues ya va siendo hora. A tu edad, Azorín ya era una momia valetudinaria.

            ---No te metas con Azorín. Acabo de leer una de sus novelas de los setenta años, El enfermo, que cuando la leí por primera vez me pareció una insustancial nadería y ahora la encuentro llena de encanto. A mí me da la impresión de que sigo escribiendo con el mismo vigor de siempre.

            ---Y la misma mala leche.

            ---Pero leo a mis coetáneos, los nacidos a mediados del siglo pasado, y veo que sus poemas funcionan ahora como la Inteligencia Artificial más torpona, son escritura automática, vacuo formalismo. Pero ellos no se dan cuenta, por supuesto. ¿Me pasará a mí lo mismo? Me tranquiliza un poco recordar la reseña que le dedicó Víctor Botas a un libro de Borges, La cifra, de 1981. Apareció en Cuadernos del Norte y se titulaba   “Cuando se impone el mutis”, le consideraba acabado. Ese libro, sin embargo, es tan bueno como cualquiera de su época mejor, la que comienza con El oro de los tigres . Y todavía tuvo tiempo de publicar Los conjurados. Siempre me acuerdo de Botas y de Borges por estas fechas. Los dos nacieron el 24 de agosto, el mismo día de la erupción del Vesubio. Durante muchos años, más de treinta, Botas fue la única pérdida de la tertulia. Y de pronto, seguidas, dos más, Xuan Bello y Vicente García, como si se hubiera abierto la veda. Comienzo a sentirme como un superviviente.

            ---¿Sigues confiando en la posteridad? ¿Se te seguirá leyendo dentro de cien o doscientos o mil años, como repites a menudo?

            ---Esa es una broma mía. En realidad, la inmortalidad que importa dura solo mientras viven los que nos conocieron. Me fastidiaría que, pocos años después de mi muerte, un amigo se sintiera obligado a escribir un artículo en un periódico local (o peor aún, una carta al director) lamentado que nadie se acuerde de mí. Sentiría defraudar a mis fieles seguidores : “Cómo nos engañó, nos hizo creer que era un genio y ya sus libros no interesan a nadie”.

            ---No te preocupes, que no defraudarás a nadie. Eso de que eres un genio solo te lo crees tú.

---Con la posteridad, ha tenido suerte Botas, su poesía sigue viva. No importa que no sea popular. La popularidad en poesía suele venir por causas ajenas a la poesía. Conserva, acrecentado, el prestigio que tuvo en vida. También Xuan Bello ha tenido, y parece que va a seguir teniendo, suerte. Le ayuda el haberse convertido en el santo patrón de la literatura en asturiano. Su muerte súbita ha hecho callar a todos sus detractores. Él se sentía perseguido por ciertos sectores del asturianismo. Sus bestias negras eran, quizá injustamente, Antón García y Berta Piñán. El primero, uno de los fundadores de la tertulia, editó alguno de sus libros y le dedicó un espléndido monográfico en la revista Campo de los patos. Cuando nombraron a Berta consejera de Cultura, él era uno de los aspirantes. Y luego quizá esperaba algún cargo. Lo cierto es que el único que le dieron, ocuparse de las publicaciones del RIDEA , le duró dos días. El primero se presentó muy contento en su despacho del Palacio del Conde de Toreno. En el fondo, como todos los bohemios, soñaba con la seguridad del sueldo fijo. Al día siguiente, apareció Antón García con el contrato. De esto no sé más que lo que me contó Xuan Bello, no una vez, sino bastantes veces, incluso el último día que le vi, que fue el penúltimo de su vida. No dejaba de dolerle aquella puñalada. Su trabajo, según especificaba el contrato, era incompatible con cualquier otra ocupación, no solo las entrevistas que hacía para la televisión autonómica, sino también los artículos que publicaba cada semana en El Comercio. ¡Al más grande escritor de la literatura asturiana, según dicen ahora, le dan un trabajillo en la administración, con apenas el sueldo mínimo, y a cambio le obligan a dejar de publicar! Xuan era un poco fantasioso, no me acabo de creer que las cosas fueran enteramente así. Ahí está Luis García Montero, con cargo y sueldo equivalente al de ministro, colaborando en prensa y radio casi a todas horas.

---A lo mejor las normas autonómicas son diferentes de las nacionales. Vanessa Gutiérrez, la actual consejera, desde que ocupó un cargo dejó de publicar libros y de escribir en la prensa.

---A lo mejor. Supongo que todo tendrá una explicación. Sería terrible que las cosas hubieran ocurrido exactamente como me las contaba Xuan. A mí me apreciaba bastante, aunque, como en el caso de Ángel González, nunca fui de los amigos con los que andaba por ahí en las horas felices de la noche. Le leía todos los domingos y, si alguna vez desbarraba con su fantasiosa erudición, no dudaba en señalárselo. Claro que también le felicitaba de inmediato cuando acertaba con uno de esos cuentos suyos, o poemas en prosa, inimitables y mágicos. Fue uno de los pocos contertulios que nunca se enfadó conmigo en cuarenta años. Trataba siempre de suavizar los encontronazos con otros más susceptibles, especialmente con Martín López-Vega, que no admite que en mis reseñas ponga el más mínimo reproche a sus libros. Seguro que si él siguiera vivo la pataleta de José Luis Piquero, que se ha ido de la tertulia llevándose consigo a mi admirada Bárbara, no habría llegado a mayores. El escritor sigue acompañándonos, pero a la persona se la echa bastante de menos.

---¿Y cuál crees que será la posteridad de Vicente García?

---Es un caso muy distinto, era solo un poeta, no un encantador de serpientes como Xuan. Y un poeta de obra muy breve y muy en voz baja, casi susurro solo. Cabe entera en un volumen de pocas páginas. Yo creo que esa brevedad le beneficia. Sin el poeta, que hacía poco por promocionarla, que no tenía habilidades de juglar, se sostiene bien. Las mamotréticas poesías completas son las que primero se hunden en el olvido.

---“Envejecer también tiene su gracia”, afirmó Gil de Biedma. ¿Tú también lo piensas?

---“Su maldita gracia”, solía añadir yo al citarlo. A mí me parece que la que tengo es la mejor edad. Pero no nos vemos. Me preocupa que ya, sin que me dé cuenta, cuando escriba no haga más que repetirme aguado y descafeinado.

---¿Y no te gustaría, como Borges, encontrar una María Kodama?

---¡Vade retro! Esa es una de mis pesadillas. La verdad es que vivir solo tiene también sus inconvenientes. Pero lo que yo echo en falta no es una compañera o un compañero sentimental, sino más prosaicamente un ama de llaves o un mayordomo, hoy diríamos un asistente personal. Es lo que más le envidio a Donald Trump, tener alguien como la maravillosa Natalie Harp, capaz de solucionar cualquier problema, siempre a mi lado. Tengo que ocuparme yo solo de todo, y soy un desastre para la vida práctica. No sé ni cambiar una bombilla ni freír un huevo. Bueno, esto último sí.

---Algo has aprendido con los años. Antes siempre estabas discutiendo de política y ahora pasas del tema. Ni siquiera has mencionado lo de Ceuta.

---Pero no por eso me ha dolido menos la muerte, como de tragedia griega, de tantos adolescentes que se echaron al mar en busca de una vida mejor. La única solución posible al problema la propuso hace años Juan Carlos de Borbón.

---Tú elogiando al rey Juan Carlos… ¡No me lo puedo creer!

---Fue en 1979, en una entrevista con el senador Ed Muskie y con el embajador de Estados Unidos, Terence Todman. El resumen de esa conversación, enviado al Departamento de Estado se desclasificó en 2014. El rey admitió la posibilidad de ceder a Marruecos nuestros últimos residuos coloniales. Melilla no plantearía problemas –dijo--, ya que entonces tenía solo diez mil habitantes españoles; más complicado sería el traspaso de la más poblada Ceuta, pero podría solucionarse. Habría oposición en el ejército, por supuesto, pero el rey se sentía capaz de ponerlos firmes. El problema estaba más bien por parte de Marruecos, que no dejará nunca de reivindicar esas dos ciudades, pero que, al contrario que con el Sahara, nunca hará nada serio para recuperarlas. Resultan cada vez más costosas de mantener y son una fuente continua de problemas; para Marruecos son una inagotable fuente de ingresos y un as en la manga que le permite chantajear a España en cualquier conflicto. Se trata de dos caballos de Troya dentro de la Unión Europea o dos inmensos boquetes que solo se pueden mantener cerrados con la ayuda de Marruecos, un buen negociante que acierta siempre a sacarle el mayor partido posible a esa colaboración. Juan Carlos de Borbón, otro buen negociante, sabía de lo que hablaba.  



sábado, 15 de agosto de 2026

Las veladas del. Black Bar: Conjura en El Escorial

 

---¿Cuánto tiempo llevas publicando reseñas de libros, García Martín?

            ---Desde 1975; semanalmente, desde 1988.

            ---¡Ya son reseñas! ¿Y nunca has tenido problemas con algún poetastro airado? Ya sabes lo que le pasó a Francisco Umbral, que se burló de cierto exiliado –les tenía envidia cuando volvieron al final del franquismo, creía que le iban a quitar el sitio-- y, al entrar el día siguiente al café Gijón, un familiar de la víctima le hinchó a hostias. ¿A ti nunca te ha ocurrido lo mismo? Hay poetas con muy malas pulgas.

            ---Conozco a alguno. Pero no, nunca han llegado a esos extremos. Todo lo más a desahogarse en las redes sociales. Me han contado que un tal Ben Clark, muy señor mío, llegó a escribir refiriéndose a mí: “Ese es un miserable. Cuando se muera, no le va a llorar nadie”.

            ---¿Y tampoco has tenido problemas con tu diario? Porque ahí sí que no dejas a nadie indemne.

            ---Tampoco. Son las ventajas de no ser importante. Protestar es darme un altavoz. Mira lo que le pasó al bueno de Javier Gomá. Si hubiera callado, mi reseña de una estafilla intelectual promovida por él, la habrían conocido mis lectores habituales, que no pasan de media docena; gracias a su engreída réplica, se convirtió en el hazmerreir de media España, o de España entera. La verdad es que en la penumbra se vive bastante bien.

            ---Si a nadie le importa lo que escribes, puedes escribir con total libertad, eso está claro. Pero sospecho que tú, con lo vanidoso que eres, preferirías tener un poco más de resonancia pública.

            ---Y no sospechas mal, pero no solo por vanidad, que también, sino porque me habría gustado tener alguna incidencia pública. Ser un Unamuno o incluso un Azaña.

            ---¡Un Azaña! Tú estás loco, Martín. El personaje más siniestro de la historia de España, después de Pedro Sánchez.

            ---Recuerda que tenemos prohibido hablar de política. Yo admiro a Azaña como político, hizo lo que pudo en un tiempo de locos en el que poco se podía hacer, pero me fascina especialmente el personaje. Ya había leído, en su momento, las Memorias políticas y de guerra, que me habían aburrido en algunos pasajes porque entonces no conocía a muchos de los nombres que aparecen en ellas. Acabo de encontrar en una librería de viejo el tomo inicial publicado por Afrodisio Aguado en 1976.  Contiene el diario de 1931, que comienza en julio y no en enero o abril, y también los discursos que pronunció entonces. Un año antes era un desconocido, todavía no se había firmado el pacto de San Sebastián, la República era una quimera a la que nadie se atrevía a poner fecha; ahora, ocupando un puesto que nadie quería en el gobierno provisional, el de ministro de la Guerra, poco propicio al relumbrón, se ha convertido en la figura más famosa de España, en el hombre providencial. Antes me aburría, ahora me parece la lectura más apasionante. No la cambio por El conde de Montecristo. Para un apasionado, como yo, de la historia de España, qué placer asistir a los consejos de ministros, a los debates en la Cortes, a los conflictos de un año crucial. Y qué sorpresa ver a Mola, al siniestro Mola, que cinco años después, encabezaría la cruzada de exterminio, entonces detenido por su labor como director general de Seguridad con el anterior régimen, escribiendo una meliflua carta en la que, bajo palabra de honor, solicita se le permita ir arrestado a su casa. Expone la situación de su familia y dice que no tiene culpa de nada de lo que se le acusa porque se limitó a cumplir órdenes de los ministros. Azaña, el cruel Azaña, se compadece de este buen hombre y es Queipo quien se encarga de ponerle en libertad, tras enviar a su jefe de Estado Mayor para que le tome la palabra. También Sanjurjo, el de la sanjurjada de agosto del año siguiente, anda bailándole el agua y todos los generales y generalillos que pronto se dispondrían a salvar a la patria a sangre y fuego, le rondan pidiendo destinos y bandas y entorchados. Del Franco entonces más famoso, el héroe de la aviación y el tarambana republicano, se cuenta una historia demoledora. En una comida con varios amigos en su casa, como no le gustó algo que dijo su mujer, le replicó: “Calla, imbécil, que te voy a dar una paliza como la del otro día”. Pero lo que más me ha interesado del libro es la confirmación de lo que yo creía un bulo: en agosto de 1931 hubo un intento de acabar con la vida de Azaña en El Escorial. A comienzos de ese mes, visitó el monasterio y saludó a algunos de sus antiguos profesores. Le resultó especialmente grato el encuentro con el padre Montes, que es el padre Mariano que aparece en el último capítulo de El jardín de los frailes. Le quería mucho y se emocionó al verle. Pero también acuden a saludarle otros frailes a los que, en sus reflexivas memorias de adolescencia, que no novela, como suele decirse, trata de manera menos benevolente. Uno de ellos, el padre Norberto, que curiosamente se apellida Vicioso, a quien llama el padre V. y de quien habla “con alguna violencia” en El jardín de los frailes, estaba de rector en el Colegio de los Agustinos de Málaga cuando lo quemaron en los disturbios anticlericales de mayo. Le cuenta cómo logró escapar con vida y salvar a todos los niños acogidos en el establecimiento. Se lamenta de la pérdida en el incendio de un Cristo de Juan de Mena. “Si llega a perecer alguien, el siguiente en perecer es usted”, le dice disfrazando la amenaza con una sonrisa. El padre Montes le había invitado a comer. “Has de venir un día en que haya pichones, el domingo que viene hay pichones”. En la despedida, todos reiteran la invitación, el padre Montes, ya algo senil, insiste en lo de los pichones, y Azaña y su mujer Lola, que le acompaña, terminan aceptando el convite. Pero ya antes de salir del monasterio se arrepiente de haberlo hecho, y le dice a Lola que de ninguna manera irá a comer el domingo próximo con los frailes. “Lo siento por el padre Montes, pero le enviaré unas líneas cariñosas, aplazándolo para otra vez y se quedará contento”. Si hubiera aceptado esa invitación, la historia de España sería distinta. Un recorte de una revista de la época, quizá por la tipografía Estampa o Crónica, correspondiente a los primeros meses de la guerra civil, y que encuentro en el tomo de las Memorias que compré en la librería de viejo, publica las presuntas confesiones de un exfraile, pasado al bando leal, sobre el intento de asesinato del presidente de la República, en agosto de 1931, durante una comida con los agustinos del Escorial. Al parecer, se iba a envenenar uno de los pichones que se le servirían, su plato favorito, según confesó el fraile más anciano, que le conocía bien. “¿Y no tenían miedo de lo que les pudiera ocurrir si asesinaban al que entonces era ministro de la Guerra?”, le pregunta el reportero. “Lo tenían todo bien pensado. Uno de los cocineros se escaparía a Francia y cargaría con todas las culpas. En su celda se encontraría literatura anarquista para hacer sospechar que quiso vengar a los que habían sido ejecutados presuntamente por la ley de fugas hacía poco en Sevilla. Uno de los muertos era pariente suyo. Al padre Norberto no se le escapaba una”. A Azaña se le tenía por el sostén de la República, y por el mayor comecuras del mundo, y ninguna de esas cosas era cierta. Sin Azaña, las derechas habrían triunfado igualmente en las siguientes elecciones, que quizá hubieran sido antes del 33, pero no habría habido el triunfo del Frente Popular, con lo que habríamos tenido una república fascistoide a la portuguesa, con Gil Robles haciendo el papel de Salazar y Lerroux el de Carmona o como se llamara el presidente de Portugal. O sea que, si triunfa la conjura del Escorial en 1931, si Azaña desaparece de escena, no habría desaparecido la República ni habría vuelto una desprestigiada monarquía que nadie quería. Y menos que nadie los falangistas. Nos habríamos librado de Franco, pero no de una dictadura. No sé si habríamos salido de ella con algo semejante a la Revolución de los Claveles, pero de lo que estoy seguro es de que ahora seríamos una república.

            ---¡Qué cosas dices, Martín!

            ---La historia es así de paradójica, pero todo esto no es más que historia ficción. Y no me acabo de creer yo que fueran capaces los agustinos del Escorial de preparar semejante magnicidio, aunque al eliminar a Azaña creyeran estarle haciendo un gran bien a la iglesia.