---Pero
Martín, ¿es que ni siquiera ahora, con la que está cayendo, vas a incumplir tu
promesa de no hablar de política durante todo el verano?
---Lo siento, pero no hablaré de
ciertos jueces, la mayoría, y los que ocupan los más altos puestos. No me
parece que sean peores que los del franquismo, que padecí yo (tuve mi
peliculera experiencia de “falso culpable”) ni de los inquisidores que padeció
uno de mis maestros, Fray Luis de León. Un profesor, compañero suyo, Bartolomé
de Medina, se dedicó a sonsacar a los alumnos de Fray Luis lo que hubieran oído
en clase que pudiera perjudicarle. Esos vagos “se dice” le tuvieron cinco años
en la cárcel hasta que logró demostrar su inocencia (entonces, como ahora, si
eras del bando contrario, primero se te declaraba culpable y luego ya se
encontraría de qué). Su inteligencia y su erudición estuvieron a punto de
jugarle una mala pasada. No solo sus respuestas dejaban en mal lugar a los
anónimos acusadores (a los que él enseguida les ponía nombre), sino a los
propios miembros del tribunal. Tuvo suerte, logró salir con vida y regresar
triunfante a Salamanca. Otros compañeros suyos detenidos entonces no tuvieron
la misma suerte. Alonso Gudiel, en sus primeros días de cárcel, pidió a los
inquisidores, que le enviasen a su madre media ración de comida diaria, pues la
tenía a su cuidado y la pobre carecía de otro medio de subsistencia. Al final, tenía
el cuerpo comido de sarna y padecía hemorragias que lo habían convertido en
un esqueleto, pero eso no les impidió a los inquisidores bajar a la celda para
arrancarle una última confesión. Un escribano anotaba sus respuestas: “Dijo que
no se le acuerda nada que decir”, “que no tiene que responder a aquello, sino
irse al cielo”, “que miren los cartapacios”, “que no le den más tormentos, por
amor de Dios”. Según el acta, cuando el inquisidor que le preguntaba y los
verdugos que le daban tormento salieron de la celda, quedó diciendo “no más, no
más, no más”. Murió día y medio más tarde.
---No sé yo a qué viene esa
historia. La UCO, con permiso judicial por
supuesto, destripa la intimidad de una persona y en seguida se hace pública
para que todos hagan burla de ella, pero no aplica ningún tormento. Supongo que,
del artículo de Trapiello contra García Montero, al que te referiste en la
Semana Negra, con no muy elogiosos adjetivos, tampoco querrás hablar. Eso sí
que es política.
---No calumniemos a la política,
amigo Ángel. Siempre fui de izquierdas, pero siempre tuve amigos, admirados
amigos, en la derecha, o incluso en la extrema derecha, como antes Aquilino
Duque, y ahora Enrique García-Máiquez, que incluso fue en las pasadas
elecciones candidato a senador por Vox.
---¡No me digas!
---Lo del artículo de Trapiello es
otra cosa. La mala sintaxis, la peor sindéresis, los errores de bulto y la mala
intención que ciega el raciocinio nada tienen que ver con defender una u otra
ideología.
---¿Pero tú no eras admirador suyo?
¿No dijiste aquello de que “escribe mejor que piensa”?
---Eso era antes. Ahora a veces
parece que escribe tan mal como piensa.
---Veo que has traído a la tertulia
una copia de “¿Quién no tiene su belle époque?”. Irónico título, por
cierto.
---Es que hay que verlo para
creerlo. Daré solo una muestra de los errores de bulto y de la inhabilidad en
el uso del pensamiento racional.
---O sea, que para ti puede haber
vida inteligente en Vox, pero no la hay en la prosa de Trapiello.
---Eso parece. Habla de editores españoles que iban a La
Habana a llevar libros de poesía que se cobraban en jineteras. Y luego
continúa: “El propio Alberti lo resumió como nadie en una dedicatoria de 1965.
Figura en el pico del cuello de su camisa en la foto que le hizo David Seymor,
Chim, en 1936. Luce en ella la condecoración que le había dado Stalin un par de
años antes”. ¿Stalin condecoró a Alberti en 1934? Esa foto, a cuya dedicatoria
le ha sacado más jugo que al famoso prólogo de Chaves Nogales, supuesta
acta fundacional de la Tercera España, la reproduce en Las armas y las
letras, pero allí se indica que lo que lleva en la solapa es la insignia de
las Brigadas Internaciones, una merecida insignia que difícilmente podía habérsele
concedido en 1934. Peor lo pone al hablar de García Montero y la viuda del
poeta: “Cuando murió Alberti padre, la hija impugnó su testamento, que
favorecía a su segunda mujer, a quien esos amigos trataron entonces como a una
piltrafa humana. Buscona, lagarta, pájara, viciosa, mamona, guarra, querendona,
lianta, escribió de ella el feminista García Montero en la novela que la
parodiaba con otro nombre”. Esa novela, que Trapiello parece conocer solo de oídas, es Impares, fila 13, está escrita en colaboración con Felipe
Benítez Reyes y se publicó en 1996, tres años antes de la muerte del poeta, por
lo que poco puede tener que ver con la impugnación de su testamento. Se trata
de una parodia de la novelería negra y erótica que entonces estaban de moda. En
ella, aparecen concejales corruptos, un pintor famoso y su mujer, una antigua
prostituta brasileña que sigue ejerciendo su oficio. No voy a resumir el
disparatado argumento, solo señalar que malsonantes adjetivos que, según
Trapiello, le dedicó García Montero a la viuda del poeta, que entonces no era
viuda, están en boca de uno de los personajes, creo que otra mujer del oficio. Claro
que quien por primera vez se los endilgó a la ya entonces viuda, pobre, no fue
Trapiello, sino una catedrática de Literatura, y experta en literatura
autobiográfica, Anna Caballé, que curiosamente ignora que una cosa son las
opiniones de un novelista y otra las de sus personajes. Por cierto, qué curiosa
opinión tienen sus defensores de María Asunción Mateos cuando creen reconocerla
en la mujer que se anuncia así en los anuncios clasificados de un periódico:
”Casada. Bucal. Servicio desinteresado. Apartado de Correos 560”. No es de
extrañar que, cuando en una réplica a García Montero, sacó Anna Caballé a
relucir calificativos como “buscona”, “mamona” y demás, el poeta prefiriera, por
elegancia y respeto a quien había estado casada con su admirado Alberti, no
seguir con la polémica. Trapiello lo entiende de otra manera: “La respuesta de
la profesora fue tan demoledora que el director del Instituto Cervantes no
volvió a abrir la boca”. Hombre, Andrés, otros sí la han abierto y no se os ha
visto ni a ti ni a la profesora Caballé, que tanto admira tus diarios, defenderla
de las verdaderas acusaciones. Las contó, cuando ya eran un secreto a voces,
Benjamín Prado en A la sombra del ángel, y las ha reiterado en Qué
estoy haciendo aquí, sus recientes memorias. En sus últimos años, Alberti
se habría metido, “por pura vanidad o engañado”, en la boca del lobo: “Su
nombre se convirtió en una marca registrada, tal vez pensando que eso lo
transformaría en una máquina de fabricar dinero; su obra fue manipulada y
purgada; sus bienes, algunos de ellos obras de arte muy valiosas y que habían
sido donados años antes al pueblo de Cádiz, desaparecieron sin dejar rastro; se
le apartó de su familia y sus amigos, crecieron las sospechas de falsificación
de sus dibujos y sus últimos textos autobiográficos, entre ellos una supuesta
tercera entrega de La arboleda perdida acerca de la que expresó serias
dudas en público su propio editor”. De estas graves, gravísimas acusaciones,
son de las que convendría que Trapiello y Caballé defendieran a María Asunción
Mateos. Pero aún da para más el articulito. García Montero ha dicho que él
nunca fue estalinista. “A mí no me engañas, que te conozco desde hace cuarenta
años”, le replica Trapiello. Y demuestra que lo fue porque una vez, acompañado
de Almudena Grandes, y supongo que también de otras personas, comió con Fidel
Castro. En otro pasaje…
---No sigas, no sigas… Lo que no
comprendo es cómo lees esas cosas.
---Por higiene intelectual, nunca
leo los artículos políticos de poetas que admiro, como Jon Juaristi o Andrés
Trapiello, pero este me lo envió un buen amigo de ambos, y de todo el mundo,
Enrique Bueres, y apareció en mi teléfono poco antes de que me acercara a
saludar a García Montero, con el que participaba en un homenaje a Xuan Bello en
la Semana Negra. No pude dejar de leerlo. De mi indignación hice partícipes a
todos los que me fui encontrando, entre ellos Pedro de Silva, cada día más
prócer. A la trayectoria de Luis García Montero, tan buen poeta en tiempos como
hábil siempre en ciertos tejemanejes, yo le he puesto más de un reparo, pero esa
tarde no puede por menos de decirle: “Comparado con Andrés Trapiello, eres un
San Luis Gonzaga”.



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Lo que si es cierto es que la URRS, benefició a la clase obrera de Occidente en condiciones de sanidad, educación, etc. (Que hoy está, para la derecha, como un escirro en el píloro: no lo procesa bien.)
ResponderEliminarParece que Trapiello se pone como un basilisco con Montero. De este, confieso, sólo conozco un escrito que tiene en un museo en El Toboso que me gustó por su caligrafía y por la fuerza semántica de esas palabras que recuerdo sin oscuridad ni ambigüedad. A Trapiello no le sigo desde hace mucho.
Con lo bonito que es conocer a alguien más de cuarenta años y aún no conocerla (me pasa con mi pareja).
Estoy de acuerdo con lo que dice Trapiello sobre García Montero y otros compañeros de viaje comunistas. Un comunista es un totalitario, un enemigo de la libertad y de la democracia. Si ya no lo son, deberían pedir perdón por todo el horror que han provocado o han justificado, y no ir por ahí dando lecciones no se sabe de qué. No me imagino a un nazi, aunque alguno habrá, alardeando.
ResponderEliminarTodos los nazis están orgullosos de serlo.
ResponderEliminarEs posible, pero así como uno ve de vez en cuando a alguien en el Parlamento español, hace dos días a Enrique Santiago en un debate con Cayetana AdT, definirse con orgullo como comunista, no he visto a ninguno que se autoproclame con o sin orgullo, como nazi.
EliminarLos nazis perdieron la guerra, fueron juzgados y perseguidos (aún lo son), el partido y los símbolos prohibidos. Si han vuelto a los parlamentos han sido con otro partido y de él se muestran orgullosos. Los neonazis extraparlamentarios sí se proclaman orgullosos seguidores de Hítler, lo mismo que los falangistas que levantan el brazo el 20N se muestran orgullosos de ser falangistas.
EliminarOtra cosa es que yo no considere un desdoro (solo un anacronismo) ser comunista. Buena parte de los avances sociales que hoy disfrutamos a ellos se deben. En nombre del comunismo se cometieron crímenes, sí, pero también en nombre del cristianismo o del anticomunismo.
José Luis, si dices: "Por higiene intelectual, nunca leo los artículos políticos de poetas que admiro", debieras ser el primero en aplicarte el cuento en lugar de tratar de acercar el ascua a tu sardina, física o intelectual. Lo que has escrito no hay quien lo entienda, porque no se entiende. Me da la impresión que estás tan indignado que no lo entiendes ni tú. ¡Es un auténtico "cojón de sastre"! ¡Vaya popurrí tan poco aromático!
ResponderEliminarMe quedé con la intriga de saber más de la novela. Yo poco he leído a García Montero pero esa novela me dejó con las ganas. Tú en la época de Jugar con Fuego también hacías cosas así, y estaban muy. bien.
ResponderEliminarA Abelardo Linares: Me temo que si de algo peco, querido chavesnogalista, es de ser demasiado claro. Pero si algo no entiendes (después de leer mi escrito, por supuesto), con gusto te lo explicaré. Pregunta, pregunta...
ResponderEliminarSi hay algo peor que un estalinista es un estalinista arrepentido. Intentará adjudicar a otros sus propios pecados como modo de expiación. Un modo diferente de seguir siendo estalinista. Inevitablemente recordará a aquellos conversos que se reciclaron en inquisidores contra sus antiguos compañeros de fe.
ResponderEliminarO sea, que según usted, don Benito, lo mejor es seguir siendo estalinista. Nada de arrepentirse de las barbaridades o los asesinatos cometidos. Supongo que esa teoría suya será ampliable a cualquier ideología criminal, mejor ser nazi que nazi arrepentido, o fascista que fascista arrepentido. Los arrepentidos son peores, qué tremendo, no hay escapatoria.
EliminarLamento decirle que o no me he explicado o usted no ha entendido nada. Lo mejor no es "seguir siendo estalinista". Eso es lo que critico en los arrepentidos. Intente leerlo otra vez sin anteojeras.
EliminarJosé Luis, ¡vaya racha! esta semana no dejas vivo a nadie. No dejas bien ni a Andrés Trapiello, ni a Anna Caballé, ni a María Asunción Mateos ni a Felipe Benítez Reyes, ni a Benjamín Prado, ni a Luis García Montero, ni a... ti mismo. Por no dejar bien, no dejas bien ni a San Luis Gonzaga, aunque te sirvas de él para título y parapeto.
ResponderEliminarDejo bien a Benítez Reyes, Prado, García Montero y San Luis. Los otros dos no necesitan que nadie los deje mal. Se bastan y sobran ellos solos.
ResponderEliminarDe hecho, se alio con Montero en la Semana Negra contra Trapiello, si no leí mal. Lo
ResponderEliminarque es evidente es que no va a decir más nada de la famosa novela.
De la famosa novela no hay nada más que decir. Es un disparate divertido y se puede comprar en Internet a partir de 3,95 euros.
ResponderEliminarEstuve de cuerpo presente y alma atenta en el "acto" de la Semana Negra y no recuerdo que LGM hiciese ninguna mención al artículo de AT ni al comentario de JLGM sobre él. De todos modos, me parecen bastantes tristes las trifulcas y puñaladas entre escritores inteligentes y valiosos. No creo que beneficien a nadie. Es curioso que en el gremio literario se den con tanta frecuencia estas batallas "sangrientas" en los foros públicos. Este tipo de polémicas y ataques no suelen ser tan habituales, o son inexistentes, entre otros profesionales de prestigio: médicos, arquitectos, científicos, etc. Al menos no en los foros públicos.
ResponderEliminarCon García Montero hablé del artículo antes de comenzar el acto, Enrique. A él no se le ocurriría nunca mencionarlo en un homenaje a Xuan Bello. Fui yo quien no puede evitar una referencia y creo que también una mención a ti, que estabas entre el público.
ResponderEliminarCreo que las polémicas son saludables. Porque resolver es un reto que supone un crecimiento para los demás, para superarlo hay que hablar lo que supone para ellos. Muchos de esos conflictos están anclados en el pasado, por poner un ejemplo: el señor Trapiello en su juventud fue maoista-leninista, y otras istas. Cómo superar eso. Pues, no tuvo resistencia al cambio y encontró recursos y herramientas para superarlo. Otra cosa es que fuera a mejor (¿esto es una puñalada? No; sentido del humor negro, pero bueno ustedes son literatos). Qué beneficios se tienen superarlos. En los conflictos entran las partes en proceso de negociación (si quieren) para encontrar una solución que satisfaga sus intereses. Pero ¿qué intereses puede satisfacer a Trapiello sobre Montero? Necesitan un mediador, me ofrezco.
ResponderEliminarReferente a conflictos científicos antes no salían en foros pero, si se lee a Steven Gay Gould cualquiera de sus libros verán unos pocos. Él mismo sufrió "puñaladas trapiellas".
Solucionar conflictos vale para que la "verdad" no se deje atrapar en esquemas cerrados y violentos porque ésta es dinámica evolucionante y crece constantemente y está abierta al aporte, a la critica y al análisis de todos. Aunque en una reunión médica exista todo esto si discrepas mucho lo mismo vas a la calle u a otra unidad, no sale en los foros.
Aconsejaría a los estudiantes que leyera El método de Edgar Morin, para encontrar(se) estrategias de la inteligencia.
No es moco de pavo de lo que te acusaban. Una cárcel es más que peliculera. El primer libro y más valioso de David González es la cárcel. Lo único que tú has contando, que me acuerde, es cuando oíste cantar a los etarras.
ResponderEliminarTodo eso ya lo he contado muchas veces, Jesús. Parezco un viejo abuelo con sus batallitas.
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