<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913</id><updated>2012-01-27T20:45:34.818+01:00</updated><category term='Coimbra'/><category term='poemas'/><category term='Café con libros'/><category term='Línea roja: La mujer de negro'/><category term='Aforismos'/><category term='Línea roja'/><category term='Nueve enigmas con jardín'/><category term='Razón de más'/><category term='Colección particular'/><category term='Ángel González'/><category term='Juan Lamillar'/><category term='Lecturas  y lugares'/><category term='Diario'/><category term='Para entregar en mano'/><category term='Foxá'/><category term='Benito Soto'/><category term='Ginebra'/><category term='Poemas hindúes de Tamil Nadu'/><category term='Paisajes con firma'/><category term='Andrés Trapiello'/><category term='Viajes'/><category term='Al otro lado'/><category term='Las veladas del jardín'/><category term='Creoula'/><category term='Gatomaquia'/><category term='Álvaro Cunqueiro'/><category term='Avilés'/><category term='Notas venecianas'/><category term='Lecturas y lugares'/><category term='De Avilés a Cádiz'/><category term='Micro-relatos'/><category term='Italia'/><category term='Plovdiv'/><title type='text'>Café Arcadia</title><subtitle type='html'>Blog del escritor José Luis García Martín</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>210</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-1162916290843538521</id><published>2012-01-22T00:37:00.001+01:00</published><updated>2012-01-22T10:57:04.632+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Un hombre solo</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 14 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;POR &lt;personname productid="LA ORILLA DE" w:st="on"&gt;&lt;personname productid="LA ORILLA" w:st="on"&gt;LA ORILLA&lt;/personname&gt; DE&lt;/personname&gt; &lt;personname productid="LA RÍA" w:st="on"&gt;LA RÍA&lt;/personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-CDflKJdGpic/TxtLTMsKxjI/AAAAAAAACjI/VhDOefGeyh4/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://1.bp.blogspot.com/-CDflKJdGpic/TxtLTMsKxjI/AAAAAAAACjI/VhDOefGeyh4/s320/1.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Paseábamos por la orilla de la ría, en la mañana luminosa y casi veraniega, y yo dije: “¡Con qué gusto me embarcaría ahora hacia cualquier parte!”. Recordé el comienzo de las memorias de Langston Hughes, cuando se inclina sobre la baranda del S. S. Malone, frente a Sandy Hook, y tira al mar todos sus libros: “Me sentí como si me quitara del corazón el peso de un millón de ladrillos”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; --No me puedo creer que a ti tus libros te pesen tanto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; --Sería un buen comienzo para un nuevo capítulo del libro de mi vida. Continúa Hughes (más o menos, cito de memoria): “Luego me enderecé, volví la cara al viento y respiré hondo. Yo era un marinero que se hacía a la mar por vez primera; marinero en un gran buque mercante. Tuve la sensación de que nunca volvería a sucederme nada contra mi voluntad”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; --Yo también he leído esas memorias, &lt;i&gt;El inmenso mar &lt;/i&gt;creo que se titulan, y me parece que el autor tenía entonces veintiún años. Mejor edad para iniciar un nuevo capítulo que los sesenta y uno.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Estoy de pie, solo, en cubierta. Me azotan la cara bocanadas de sal. Las grandes escotillas tienen toldos de lona. Los botalones están atados a los mástiles y los tornos silenciosos. El viejo barco de carga, con su olor a petróleo y las máquinas zumbando, se balancea en la noche oscura. Vi que uno de mis libros había vuelto a caer sobre cubierta. Lo recojo y lo arrojo lejos, por encima de la baranda, al agua que no se veía de negra. El viento se apoderó del libro, pasó velozmente sus páginas, y lo dejó caer en la agitada tiniebla. Creo que eran los ensayos de Emerson.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-RtXe5NBj1Q8/TxtLa89rQrI/AAAAAAAACjQ/wFoj5yHEtfU/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="189px" src="http://2.bp.blogspot.com/-RtXe5NBj1Q8/TxtLa89rQrI/AAAAAAAACjQ/wFoj5yHEtfU/s320/2.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 15 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;JUEGO DE SOMBRAS&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Ayer, cuando llegué a Avilés como todos los sábados, me encontré cerrada la cafetería del Atrio. Soy bastante neurótico y me desconcierta cualquier alteración de la rutina. Por unos momentos no supe qué hacer. Sentí, absurdamente, que se abría una grieta y empezaban a brotar las aguas negras que tanto me he esforzado en mantener a raya. Huyendo no sé de qué, de tantos recuerdos, de tanta vida desvanecida, me fui hasta el paseo de la ría y allí me encontré con una amigo al que no había vuelto a ver desde que teníamos quince o dieciséis años. Compartimos clase en los últimos cursos del Carreño Miranda. Creo que leyó mis primeros versos y con él compartí muchos de los asombros de la adolescencia. Más de una vez habíamos ido de Avilés a San Juan, de San Juan a Avilés, hablando de Baroja y de Conrad y de otros grandes descubrimientos de entonces, y soñando con embarcarnos, con irnos lejos, a cualquier otro lugar donde la vida fuera verdaderamente la vida. Por un momento cerré los ojos y volví a ser el adolescente que había sido. Mi amigo, que llevaba a su nieto de la mano, se burlaba un poco de mí: “Yo, que me acabo de jubilar, no he ido muy lejos, la verdad, y me parece que tú tampoco”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ayer fue uno de esos días en que me cambiaría por cualquiera solo por no ser yo. Hoy las cosas han vuelto a colocarse en su sitio. Me arropo en mis rutinas y ya no me siento a la intemperie; quedan fuera la desazón, la desolación, las cien bocas aulladoras de la angustia sin por qué.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Antes de entrar a ver &lt;i&gt;Juego de sombras,&lt;/i&gt; la nueva película de Sherlock Holmes (me habría gustado ser como él: solo razón y deducción), tomo el habitual café en Los Prados mientras hojeo los &lt;i&gt;Ensayos escogidos &lt;/i&gt;de Emerson. Lo abro al azar y parece que quiere tomar parte en la conversación de ayer con mi amigo Ramón: “Viajar es el paraíso de los insensatos. Ya los primeros viajes nos descubren la indiferencia de los lugares. En casa sueño que con Nápoles, con Roma, puedo embriagarme de belleza y expulsar mi tristeza. Hago mi baúl, abrazo a mis amigos, me embarco, y, al fin, despierto en Nápoles y surge ante mí el mismo hecho severo, el triste yo, implacable, idéntico, del que quise huir. Busco el Vaticano y los palacios. Simulo una embriaguez de vistas y sugestiones. Pero no estoy embriagado. Mi yo va conmigo a todas partes”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-PUg2wxuyHNU/TxtLjOvalhI/AAAAAAAACjY/HdXRoKTw8qo/s1600/3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213px" src="http://3.bp.blogspot.com/-PUg2wxuyHNU/TxtLjOvalhI/AAAAAAAACjY/HdXRoKTw8qo/s320/3.jpg" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 16 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;EN EL DIVÁN&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Desde que leí por primera vez a Freud (las obras completas publicadas en los años veinte por Biblioteca Nueva) me he acostumbrado a psicoanalizarme. Lo hago cada cierto tiempo y, especialmente, cuando hechos triviales comienzan a provocar reacciones desmesuradas de angustia o desánimo. Entonces me tiendo en el diván, cierro los ojos, quito luego los libros que siempre ocupan el sillón de enfrente y me siento en él. Cualquier enigma constituye un reto para mí y me gustan estos retos en que yo mismo soy el misterio que tengo que resolver. “Cuéntame”, me digo. “Siento que soy culpable, no sé bien de qué. Me siento un estafador, un inútil, alguien que se aprovecha del esfuerzo de los demás. Muchas veces sueño que estoy ante un tribunal que me acusa de hechos terribles (no me dicen cuáles), pero al final me absuelven y yo no me alegro, siento que los he estafado a todos, que ahora tendré que vivir para siempre con el peso de mi culpa, sin redención posible”. “Curioso –me digo—. ¿Y desde cuándo te sientes así?”. “Desde que terminaron las vacaciones”. “Suele ocurrir”. “Que terminaron, es un decir. Porque resulta que ahora, con los nuevos planes de estudio, los exámenes de febrero son en enero. Así que a las largas vacaciones de Navidad le sucede un mes sin clases”. “Eres un adicto al trabajo. No puedes pasarte ni un día sin tu droga”. “Y lo curioso es que trato de aprovechar ese tiempo sin clases: aparte de los dos o tres artículos semanales, he escrito un prólogo para la nueva edición de los poemas de Víctor Botas, continuado con la selección y traducción de los aforismos de Pessoa, preparado un nuevo número de la revista que dirijo… Pero yo sigo sintiéndome un inútil, un estafador, alguien que se aprovecha del esfuerzo de los demás”. “Curioso, curioso”. “Necesito estar siempre ocupado, pero los días tienen demasiadas horas. La mitad del tiempo me lo paso inventándome cosas que hacer, pero luego, como soy un chapucero, todo lo hago deprisa y corriendo y acabo demasiado pronto. Este mes sin clases no me está sentando nada bien. No quiero pensar lo que será cuando me jubile”. “Sé lo que te pasa. El secreto de todo lo que nos pasa está en la infancia, y tu infancia la conozco bastante bien, aunque haya cosas que no quieres contarme. Por mucho que trabajes, dedicándote a lo que te dedicas, nunca tendrás la sensación de que trabajas, siempre te considerarás un vividor y un ocioso. Para ti trabajar es lo que hacían tus padres, tus abuelos, no lo que tú haces. ¿Un trabajo algo que consiste en leer, en fantasear, en escribir, en hablar de literatura, &amp;nbsp;que son tus mayores, y yo diría que únicos, placeres?”. “Dicho así parece una broma, pero esta angustia sin razón no es ninguna broma”. “Búscate una ocupación: cada vez hay más gente necesitada de ayuda y menos medios para atenderlos”. “Así sería más feliz, ya lo sé, pero no escribiría más poemas”. “No creo que mucha gente los echara de menos”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-p_7CZlkpubQ/TxtLy8BeXAI/AAAAAAAACjg/p0GHRrdi4jk/s1600/4.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://2.bp.blogspot.com/-p_7CZlkpubQ/TxtLy8BeXAI/AAAAAAAACjg/p0GHRrdi4jk/s320/4.jpg" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: x-small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 17 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;DERROCHADORES&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“No me extraña que te guste tanto Sherlock Holmes”, me dice un amigo. “Aunque no resuelvas crímenes, en una cosa al menos eres como él: te crees más listo que nadie”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Bueno, reconozco que me gusta tener razón. Pero me esfuerzo por tenerla. No acostumbro a comulgar con ruedas de molino, nunca confundo una expresión de mal humor con un razonamiento, no generalizo abusivamente, procuro distinguir los hechos de las opiniones. Ahora, por ejemplo, todo el mundo habla mal de los políticos derrochadores que nos han traído a esta situación. Incluso gente presuntamente bien informada e inteligente. Los votantes se sienten estafados, van de mártires por la vida. Y yo, que tengo buena memoria, que suelo guardar recortes de prensa (como antes de que existiera Internet), recuerdo la cantidad de artículos y cartas al director que arremetían contra Areces porque el aeropuerto de Santander tenía muchos vuelos baratos y el de Asturias muy pocos. “¿Por qué los asturianos tenemos que desplazarnos a Santander para ir por diez euros a Roma o a cualquier otra parte del mundo?”, clamaban. A nadie se le ocurría preguntarse lo que me preguntaba yo, que tengo el sentido común de un hombre de pueblo. ¿Cómo es posible que un billete de avión a una capital europea cueste menos que un viaje en autobús a León o a Bilbao? En Iberia cuesta, como mínimo, diez veces más. ¿Solo porque es una compañía despilfarradora y mal administrada? No hace falta ser un Sherlock Holmes para resolver el enigma de los vuelos de bajo coste, en los que el pasajero paga menos de lo que cuesta el pasaje: el resto corre a cargo de la administración, que se dedica a pagar con el dinero de todos las vacaciones de unos pocos. Y eso a pesar de que tales subvenciones están prohibidas: se busca el subterfugio de la publicidad. Pero pobre del político autonómico que no consiga un aeropuerto para cada provincia de su comunidad, y muchos vuelos baratos, y una universidad, y tren de alta velocidad… Solo los políticos que gastan más de lo que ingresan ganan las elecciones, y por abrumadora mayoría (ahí está Gallardón en Madrid o Camps, con sus trajes y todo, en Valencia). Que la buena gente de la calle se queje luego de sus políticos derrochadores cuando los ha elegido precisamente por eso y para eso me parece bastante impresentable. Ya sé que no conviene decir estas cosas. Pero a mí nada me gusta más que decir cosas que no conviene decir.&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-efR_NFUyj2U/TxtL6vFBjTI/AAAAAAAACjo/e-G88-aoQ9s/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="279px" src="http://3.bp.blogspot.com/-efR_NFUyj2U/TxtL6vFBjTI/AAAAAAAACjo/e-G88-aoQ9s/s320/5.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 18 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;QUISIERA SER OTRO HOMBRE&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;¡Un trabajo rutinario que te llene las horas, que te libre de la angustia de tener que decidir, que te haga llegar cansado a casa, distraerte con un poco de televisión, dormir bien!&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La verdad es que a veces lamento que me aburra tanto el fútbol. Si me gustara, unas cervezas y el partido del siglo (que suele celebrarse cada semana) y ya tendría la tarde resuelta.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Claro que también podría haberme casado, haberme separado dos o tres veces, según lo habitual en la gente de mi edad, tener hijos… Seguro que entonces pasaría los días más entretenido y sin tiempo para aburrirme.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 20 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;UNOS VERSOS DE EMERSON&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mientras espero a que llegue alguien a la tertulia (la última en esta cafetería de la calle del Rosal: cierra el próximo miércoles) me entretengo en recrear de memoria los versos que Emerson coloca al frente del primero de sus &lt;i&gt;Ensayos escogidos&lt;/i&gt;: “No hay mayor ni menor, grande ni pequeño.&lt;i&gt;&amp;nbsp; &lt;/i&gt;El universo cabe en el alma de un hombre. / Tú, quienquiera que seas, eres el dueño / de infinitas estrellas y del año solar, / del arrojo de César y la mente de Shakespeare. / El mundo empieza en ti y en ti termina. / En ti, que no eres nadie y eres todo, / que eres la entera humanidad y solo un hombre, / un hombre solo frente a la mar inmensa”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-YlL_9w70IzQ/TxtMDkzu3DI/AAAAAAAACjw/SQiO13AmgII/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="262px" src="http://3.bp.blogspot.com/-YlL_9w70IzQ/TxtMDkzu3DI/AAAAAAAACjw/SQiO13AmgII/s320/6.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-1162916290843538521?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/1162916290843538521/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2012/01/razon-de-mas-un-hombre-solo.html#comment-form' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1162916290843538521'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1162916290843538521'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2012/01/razon-de-mas-un-hombre-solo.html' title='Razón de más: Un hombre solo'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-CDflKJdGpic/TxtLTMsKxjI/AAAAAAAACjI/VhDOefGeyh4/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-8110314632542923367</id><published>2012-01-15T00:00:00.018+01:00</published><updated>2012-01-15T00:00:03.653+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Si no estoy en tu corazón</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 7 de enero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EL ARCA DE NOÉ&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En mi visita a la exposición sobre Armenia, en el Museo Correr, me detuve un largo rato delante de los restos del Arca de Noé guardados en un primoroso relicario. Al darme la vuelta, para seguir el recorrido por la para mí tan exótica muestra, casi tropiezo con un joven que contemplaba aquellos fragmentos de madera con intensa atención. “Disculpe”, “No tiene importancia”.&amp;nbsp; Y luego, sonriente: “Parece que volvemos a encontrarnos”. Habíamos coincidido en la isla de San Lazzaro degli Armeni y charlamos un rato, en el vaporetto de regreso, a propósito de Lord Byron, del que había traducido algunos poemas. Seguimos viendo la exposición juntos. Me sugirió que comprara un libro de Marcello Flores, &lt;i&gt;Il genocidio degli armeni&lt;/i&gt;, y luego fuimos a tomar un café al Palazzo Giustinian, frente a Santa Maria della Salute.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-G4PEV2Rfs-k/TxCIhFZjlqI/AAAAAAAACh4/k39eiG014y4/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="146" src="http://3.bp.blogspot.com/-G4PEV2Rfs-k/TxCIhFZjlqI/AAAAAAAACh4/k39eiG014y4/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Mi abuelo fue uno de los supervivientes del genocidio. Cumplía cinco años el 24 de abril de 1915, exactamente el mismo día en que comenzó la gran catástrofe con el arresto de 2345 armenios, las figuras más destacadas de la comunidad. A ese descabezamiento, siguió la deportación de miles y miles de personas. No se les permitió vender sus bienes ni llevar nada consigo. La deportación era temporal, consecuencia de la guerra. Turquía luchaba junto con Alemania y a los armenios se les acusaba de simpatizar con los aliados, especialmente con los rusos. Pero inmediatamente se autorizó a los refugiados turcos a ocupar las casas dejadas por los armenios, a repartirse sus propiedades. No volverían nunca, morían de hambre, de frío, de las más diversas enfermedades en el traslado hacia el sur, o serían directamente exterminados por bandas de kurdos y turcos fanatizados por las autoridades contra los traidores cristianos. La familia de mi abuelo residía en Erzurum. Ahí los encargados de la deportación tuvieron menos paciencia. A pocos kilómetros de la población, los gendarmes que los custodiaban se adelantaron y junto a los kurdos comenzaron a disparar a mansalva. La multitud aterrada se dio la vuelta tratando de escapar, pero entonces se encontraron con los turcos de Erzinjan que les estaban siguiendo armados con fusiles. Les disparaban de un lado y otro, pero eran tantos que algunos consiguieron huir. Se les persiguió como a alimañas. Durante varios días hubo operaciones de rastreamiento. Muchos niños pequeños estaban todavía vivos y vagaban llorosos y aterrados entre los cadáveres de sus padres. Se dio orden de reunirlos y acabar con ellos. Recogieron a docenas y docenas, un lloroso rebaño, y los llevaron hasta la orilla del Éufrates. Allí los agarraban por los pies, golpeaban su cabeza contra las rocas y los arrojaban al río. Pero uno de aquellos niños le hizo gracia a uno de aquellos asesinos, cuya mujer no podía tener hijos, y decidió llevarlo a casa. Ese niño era mi abuelo. Un millón de compatriotas suyos no tuvieron la misma suerte. A los veinte años emigró a Argentina. Tenía talento para los negocios. Había olvidado por completo el trauma de su infancia, era un buen islamista, admiraba a Mustafá Kemal, Atatürk, el padre de los turcos, y durante un tiempo creyó ver en Juan Domingo Perón otro Atatürk. Se enamoró de una mujer de origen italiano y a Italia vinieron en el viaje de bodas. Visitaron Nápoles, Roma, Florencia, Venecia. Y en Venecia, debido a que mi abuela admiraba mucho a Byron, la isla donde se refugió, a comienzos del XVIII, el abad Mekhitar. Al atravesar el claustro, se cruzaron con un fraile, que los saludó en armenio. Mi abuelo le respondió en la misma lengua. El fraile le dijo: ¿Es usted armenio? Y mi abuelo iba a responder, orgulloso y retador: ¡Soy turco! Pero solo fue capaz de susurrar: Soy argentino. Se apoyó en el brazo de su mujer. “Vámonos de aquí, no sé lo que me pasa”. Aquella noche tuvo pesadillas: le golpeaban la cabeza contra una roca, le arrojaban al río. Todo eran gritos a su alrededor y cadáveres putrefactos. De regreso a Buenos Aires visitó a un psicoanalista, el mismo que atendía a Borges. Poco a poco fue recuperando su primera infancia y con ella la lengua materna. Se preocupó de que sus hijos aprendieran armenio, y sus nietos también, aunque yo lo hablo bastante mal. Mi abuelo, Daniel Melkounian, murió en 1992, poco después de la independencia de &lt;st1:personname productid="la Rep￺blica" w:st="on"&gt;la República&lt;/st1:personname&gt; de Armenia, en la antigua Unión Soviética.” &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-GL86LXrvIDw/TxCIoH3pfgI/AAAAAAAACiA/-XfFHhG3ezg/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="187" src="http://3.bp.blogspot.com/-GL86LXrvIDw/TxCIoH3pfgI/AAAAAAAACiA/-XfFHhG3ezg/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 8 de enero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;CON BRUNETTI&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Camino al azar, según costumbre, y tras detenerme un momento en la iglesia de los griegos, la del inclinado campanile blanco, me encuentro de pronto en un lugar que me resulta familiar y en el que, sin embargo, no creo haber estado nunca. A uno de los lados, un edificio oficial con banderas; al otro, un jardín que se asoma al borde del canal. Miro el nombre: Fondamenta di San Lorenzo, y de pronto caigo en la cuenta. ¡Esta es la &lt;i&gt;questura&lt;/i&gt;, la comisaría de policía, aquí está el despacho de Brunetti! Sonrío. Siempre la realidad entremezclándose con la ficción. Quizá la realidad no es verdaderamente realidad hasta que no la ha soñado alguien. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Recuerdo que en una de las novelas de Donna Leon, &lt;i&gt;Veneno de cristal &lt;/i&gt;creo que se titula, Brunetti se asoma a la ventana para saludar a la primavera, que tenía enfrente, al otro lado del canal, en un jardín descuidado que de pronto se había llenado de minúsculas florecillas blancas y de otras –amarillas y azules— cuyo nombre no recordaba y que se entreabrían a ras del suelo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Leo las novelas de Brunetti, cuando no estoy en esta ciudad, como un pretexto para pasear por ella. Me gusta seguir los pasos del comisario en el plano, localizar exactamente el escenario de los crímenes. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Compro &lt;i&gt;Il Gazzettino &lt;/i&gt;en el primer quiosco que encuentro. “Ero seduto e mi ha accoltellato”, declara Claudio del Monaco, hijo de Mario del Monaco, el famoso tenor, al recobrar la consciencia en el hospital. Estaba sentado en su sillón y, de pronto, su mujer —una cantante alemana, Daniela Werner, treinta años más joven—, con la que había tenido una pequeña discusión, comenzó a acuchillarle. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;“La tragedia de Jesolo” (Jesolo está en &lt;i&gt;terra ferma&lt;/i&gt;, cerca del aeropuerto, al borde de la laguna), leo en otra página: “Travolta vola in canale e muere”. Parece solo un trágico accidente: una mujer sale de su casa para visitar a unos vecinos y de pronto un automóvil la embiste y la arroja al canal. Pero esa mujer era una adivina y había predicho, exactamente para ese día, su propia muerte.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cierro el periódico y comienzo a urdir la trama que llevará a la resolución del enigma. Las novelas que yo prefiero son las novelas imaginarias, las que se hacen y deshacen en mi cabeza. También mi vida es casi por entero imaginaria. En la realidad solo busco pretextos para hacer verosímiles los sueños. Las mejores cosas que me han pasado no me han pasado nunca.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-iiU7pqTqphs/TxCIvetKuUI/AAAAAAAACiI/8x-jNZAq5T0/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-iiU7pqTqphs/TxCIvetKuUI/AAAAAAAACiI/8x-jNZAq5T0/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 9 de enero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;DE UN EVANGELIO APÓCRIFO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El Dios de las víctimas y el de los asesinos es el mismo Dios, y no toma partido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 10 de enero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EN &lt;st1:personname productid="La Fenice" w:st="on"&gt;LA FENICE&lt;/st1:personname&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Fantasear novelas que no existen, representar obras de teatro en mi imaginación: sigo conservando las aficiones de la inerme adolescencia. Sentado en el suntuoso palco real de &lt;st1:personname productid="La Fenice" w:st="on"&gt;La Fenice&lt;/st1:personname&gt;, contemplo como los obreros desmontan el patio de butacas para adecuarlo a la representación de &lt;i&gt;Lou Salomé&lt;/i&gt;, la ópera de Giuseppe Sinopoli –el psiquiatra y director de orquesta muerto hace diez años, cuando dirigía &lt;i&gt;Aida&lt;/i&gt;—&lt;i&gt; &lt;/i&gt;que se estrena el próximo día 21. Parece que no se va a utilizar el escenario, las butacas se están colocando a ambos lados, en semicírculo, y en el centro hay ya una especie de árbol y a su alrededor, envueltos en plástico, otros elementos escenográficos. Gritos, barullos, órdenes y contraórdenes. De pronto los palcos del teatro se llenan de elegantes espectadores y comienza a sonar la música. El argumento de la ópera es el montaje de una ópera. Me divierto tarareando arias que solo existen en mi cabeza. E inventando una trama en la que el tenor es un líder sindical y la soprano la representante de la empresa. Al final, claro, se declara la huelga y todos los operarios abandonan la sala, con las butacas a medio colocar y los árboles de atrezzo tirados por el suelo, mientras cantan “La internacional” y un público de banqueros y grandes empresarios les aplaude entusiasta.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En el palco real de &lt;st1:personname productid="La Fenice" w:st="on"&gt;La Fenice&lt;/st1:personname&gt; (un añadido de Napoleón a la igualitaria estructura de la sala), envuelto en oros y espejos, cierro un momento los ojos y oigo el grito de “Viva el rey de Italia” mientras arrojan panfletos clandestinos sobre el patio de butacas, lleno de oficiales austriacos. Es el comienzo de &lt;i&gt;Senso&lt;/i&gt;, la película de Visconti. La historia de amor y venganza que allí se cuenta la he vivido yo y todavía me llena de autocompasión y humillante vergüenza.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-jKRHYYeaBhI/TxCI5F8eWKI/AAAAAAAACiQ/E2d9vEovB_I/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-jKRHYYeaBhI/TxCI5F8eWKI/AAAAAAAACiQ/E2d9vEovB_I/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 11 de enero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;PARTES DE UNA HISTORIA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Cuando volviste, me devolviste toda mi soledad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¡Tantas palabras, tantas! Y yo solo recuerdo las que nunca te dije.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;La gran luna redonda en lo alto del cielo. Tú sonríes a mi lado, pero mucho más lejos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-lMbBwGcQdkk/TxCJAfr7e5I/AAAAAAAACiY/thhQoPNJshg/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-lMbBwGcQdkk/TxCJAfr7e5I/AAAAAAAACiY/thhQoPNJshg/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 12 de enero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EL AMIGO IMAGINARIO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Después de aquella primera charla en el café del Palazzo Giustinian, Daniel y yo &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;nos perdimos varias veces caminando por las callejuelas de Venecia hablando de Byron, de Borges y del problema armenio. En un muro encontramos escrito con letras rojas: “La patria sará quando tutti saremo stranieri”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Eg70AxEmw6A/TxCJGDWZibI/AAAAAAAACig/Gq_VqHe-ssE/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="203" src="http://3.bp.blogspot.com/-Eg70AxEmw6A/TxCJGDWZibI/AAAAAAAACig/Gq_VqHe-ssE/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Los armenios fueron masacrados porque su nacionalismo chocó con el nacionalismo turco, pero esos nacionalismos no existieron siempre: fueron un invento del siglo XIX. La mitad de los crímenes de nuestro tiempo se deben al nacionalismo, y la mayoría de los mayores crímenes de cualquier tiempo a la religión.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Y la otra mitad, a los antinacionalistas y a los enemigos de la religión. A mí, que no creo en ningún Dios, me asombra el poder de las mentiras, de los sueños, de la fantasía de los hombres. Recuerda los venerados fragmentos del Arca de Noé en la exposición del Correr. Podrán ser falsos, pero el Arca de Noé del cristianismo permitió salvarse a los armenios del diluvio del Islam, permanecer como pueblo y como cultura. La historia de cualquier nación, como cualquier religión, está llena de mitos y patrañas. Comienza como un cuento de unos pocos alucinados. Pero sobre ese cuento se construye una hermosa, heroica, conmovedora verdad. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;—O todo lo contrario. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; —Yo no creo en Dios, pero me cae bien. Es el amigo imaginario que la humanidad ha inventado para sentirse menos sola.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 13 de enero&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;UNA INSCRIPCIÒN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A la entrada del cementerio de San Michele: “Si no estoy en tu corazón, no estoy en ninguna parte”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-tcQvqCe-7aU/TxCJM7_CMsI/AAAAAAAACio/spOdrnUzVYk/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://2.bp.blogspot.com/-tcQvqCe-7aU/TxCJM7_CMsI/AAAAAAAACio/spOdrnUzVYk/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-8110314632542923367?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/8110314632542923367/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2012/01/razon-de-mas-si-no-estoy-en-tu-corazon.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/8110314632542923367'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/8110314632542923367'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2012/01/razon-de-mas-si-no-estoy-en-tu-corazon.html' title='Razón de más: Si no estoy en tu corazón'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-G4PEV2Rfs-k/TxCIhFZjlqI/AAAAAAAACh4/k39eiG014y4/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-2486657721456297857</id><published>2012-01-08T00:00:00.026+01:00</published><updated>2012-01-18T18:22:21.975+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Soltanto per me</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 1 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ME ESFUERZO POR COMPRENDER&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Me cuesta ponerme en el lugar de los demás. Es una de mis limitaciones. Después de acostarme temprano, dormir bien, levantarme a las ocho de la mañana, terminar la revisión de los aforismos de Fernando Pessoa, enviársela al editor, me dirijo hacia el Fontán, como todos los domingos. En el camino me encuentro con la fauna habitual en este día del año: jóvenes, y no tan jóvenes, que caminan tambaleantes, babeantes, tartamudeantes, como restos de la basura de ayer que aún el servicio de limpieza no ha terminado de retirar de las calles. Los miro un poco por encima del hombro, como a pobres gentes que aún no han acertado a separarse del rebaño y hacen en cada momento, no lo que les divierte, sino lo que los usos sociales les dicen que tienen que hacer. Pero pronto caigo en la cuenta de que soy injusto. Si de algo sirve la literatura, es para ponernos en el lugar de los otros. Aunque me cueste creerlo, seguro que estos aparentes restos de una trabajosa jornada –incapaces de disfrutar de la maravilla de este primer día del año— han hecho lo mismo que yo: pensar en cuál era la mejor manera de pasar la noche de San Silvestre y actuar en consecuencia. Yo he optado por lo que más me gusta, que es lo que suelo hacer casi todas las noches. Ellos sin duda también han optado por lo que más les gusta, aunque visto desde fuera –aglomeraciones, ruidos, la anestesia del alcohol para seguir soportando la noche y la compañía cuando dejan de resultar agradables y lo único que apetece es volver a casa— no parezca que ese panorama pueda agradar a nadie con una edad mental superior a los catorce años. Para estas cosas –como para el éxito mediático del 15-M— yo siempre tengo la misma explicación: Belén Esteban, una señora insignificante, que no sabe decir más de tres palabras seguidas sin cometer un anacoluto, que no es guapa, y que sin embargo es seguida por no sé cuántos millones de espectadores (incluso, como los arriesgados idealistas del 15-M, mereció ser portada en el suplemento semanal del diario más leído y presuntamente más serio). Yo no le veo la gracia a Belén Esteban, como no se la veo a tantas otras cosas, pero seguro que la tiene. Tanta buena gente no puede equivocarse.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Comienzo el año, relajado y feliz, deseando que todas las noches del 2012 sean como esta noche y todas las mañanas como esta mañana, en la que tomo un café, leo un libro, paseo entre los puestos del Campillín, menos concurridos de lo habitual, y sigo –esperemos que por mucho tiempo— encantado de haberme conocido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-bw2_j0oFQk0/TwiGkHh03FI/AAAAAAAACg0/wYbLIjsU9iI/s1600/1+copia.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://2.bp.blogspot.com/-bw2_j0oFQk0/TwiGkHh03FI/AAAAAAAACg0/wYbLIjsU9iI/s320/1+copia.jpg" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 3 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;HAY QUE TENER CUIDADO&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Todas las mañanas necesito libros nuevos, pero&amp;nbsp; hoy, al pasar por la redacción de &lt;i&gt;Clarín&lt;/i&gt;, tras los días de fiesta, resulta que las editoriales parecen haberse tomado vacaciones y no hay ningún envío. Tengo entonces varios recursos: una librería de nuevo y dos de viejo que me cogen de paso cuando vuelvo a Las Salesas, donde se me indigestaría el café de las doce si no lo acompañara de materia fresca de lectura. Me decido por Personajes, a pesar de que casi nunca suelo encontrar nada de interés, y allí abro al azar una obra de teatro y me encuentro con esta frase: “Nadie nos protege tanto como la persona a la que protegemos”. Y esa frase basta para cambiarme el buen estado de ánimo de estas fiestas que temía tanto. No tengo a nadie a mi cargo, no tengo a nadie de quien preocuparme. ¿Significa eso que nadie me protege? De pronto, yo que me sentía tan fuerte, retorcido árbol con las raíces bien hincadas en la tierra y las fuertes ramas mirando hacia las estrellas, me&amp;nbsp; veo como una quebradiza caña que puede romperse al menor soplo de viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-4l_0mrcPdCo/TwiGq9hCOcI/AAAAAAAACg8/fkpBDE_3G9g/s1600/2+copia.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://4.bp.blogspot.com/-4l_0mrcPdCo/TwiGq9hCOcI/AAAAAAAACg8/fkpBDE_3G9g/s320/2+copia.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;br /&gt;Entré con un sol radiante, salgo apesadumbrado de la librería. A estas alturas de la vida, lo que soy se parece bastante a lo que quiero ser. He aprendido a valorar y a agradecer cada regalo, un simple viaje en autobús –dos horas de Oviedo a Santander, con la espléndida luz de invierno sobre las verdes colinas y el tímido azul del mar—, la charla con un amigo, el tacto del periódico, el sabor del café… Todavía no me he acostumbrado al milagro de cada amanecer. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero soy muy supersticioso. Y por eso me escama un poco tanta tranquila felicidad. Hay que tener cuidado con esa dama esquiva que yo, a cambio de mucha paciencia y algo de inteligencia, he conseguido seducir. Dicen que trae mala suerte demasiada buena suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-2WIKXxYJFxE/TwiGvsL6TMI/AAAAAAAAChE/szky1CnSiFU/s1600/3+copia.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://2.bp.blogspot.com/-2WIKXxYJFxE/TwiGvsL6TMI/AAAAAAAAChE/szky1CnSiFU/s320/3+copia.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 4 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;CHOCOLATE CON FANTASMAS&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Me gusta recuperar costumbres. Es de noche, hace bastante frío, las bandadas de turistas hace tiempo que han desertado de la plaza, apenas la cruza alguna sombra apresurada, el café está casi desierto, una pareja en uno de los gabinetes, un solitario en otro, yo busco una pequeña sala sin nadie y me siento junto al ventanal. Pido un chocolate y recuerdo otro invierno en esta ciudad en el que me sentía muy solo y venía todas las noches a este lugar a emborracharme de melancolía. Recuerdo uno de los libros que leí aquí por entonces: &lt;i&gt;Mil y un fantasmas&lt;/i&gt;, de Alejandro Dumas. El elegante camarero, bandeja de plata, me trae el humeante y reconfortante&amp;nbsp; chocolate. Aquí lo tomó Leandro Fernández de Moratín, un escritor que ni siquiera había nacido cuando se fundó este café.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Bebo el chocolate con la fruición de un abate dieciochesco y de pronto, cuando alzo la vista, veo que empiezan a entrar en el gabinete los fantasmas. Son fantasmas amables que vienen a hacerme compañía. No me dan miedo. Aquí llega Víctor Botas a meterme prisa, como siempre, para que escriba el prólogo a la nueva edición de su poesía completa. Y yo le digo que no me resulta fácil releer sus versos sin sentirme enredado en tanta vida perdida. Llegan otros fantasmas, viejos amores que hace tiempo que han dejado de hacer daño. Y llega el que más temo. Pero me mira con amor y no me reprocha nada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Me gusta recuperar costumbres. Las últimas veces que estuve en esta ciudad ni siquiera me atrevía a acercarme al Florian, invadido por los turistas, convertido él y la plaza en atracciones de un parque temático.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sigo estando solo, como aquel largo invierno, pero la soledad de ahora es amable. He aprendido que, por muy solo que esté, nunca estaré solo: llevo conmigo un mundo, toda la que gente que he querido, toda la gente que quiero. Mucha gente, aunque me guste fingir (ser bueno no tiene ninguna gracia literaria) que soy un egoísta que solo se preocupa por sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-9wnqWyPr2PE/TwiG5ZAsTLI/AAAAAAAAChM/mFWpAAcRO2I/s1600/4+copia.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://3.bp.blogspot.com/-9wnqWyPr2PE/TwiG5ZAsTLI/AAAAAAAAChM/mFWpAAcRO2I/s320/4+copia.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 5 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;NO EXISTE Y SONRÍE&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Salgo muy temprano, según costumbre, a pasear sin rumbo fijo por una ciudad que se desvanece entre la niebla. Poco a poco va despertando la vida del barrio y abren tiendas, las mujeres van a la compra, algún apresurado transeúnte se detiene a charlar un momento con algún conocido. Creo que yo soy el único que se detiene a admirar un puente, un oscuro canal, una plazuela perdida donde una placa recuerda que “in qvesta casa / abitó e morí / il pittore Francesco Gvardi / che dell’amore alla patria / lasciò dvrevole proba / nel ritratarne con sapiente magistero / la varia originale bellezza”. Me fascina la retórica de estas inscripciones venecianas. ¡Cómo me gustaría a mí dejar también &amp;nbsp;permanente prueba de mi amor a esta ciudad! Me limito a acariciarla, como amante nuevo, mientras sus habitantes van a sus asuntos, sin siquiera dirigirle una mirada, como a esposa demasiado vista. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No hay nadie en San Francesco de la Vigna: ni en el campo, con la extraña hilera de las columnas de terracota que se alzan junto al canal, ni en el interior de la iglesia. Entro en la pequeña capilla donde se guarda la Sagrada Conversación de Bellini y tras tomar parte, durante un largo rato, en esa conversación con mi silencio paso al primer claustro y luego al segundo, más despojado. El campanile asoma semiborrado por la niebla a hacerme compañía. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Media mañana me quedo en aquella iglesia, toda entera para mí, primero en el silencio de los claustros, luego paseando arriba y abajo –dentro también hace frío— por la gran nave llena de la misteriosa música de un órgano que no parece tocar nadie. Dios, que todo lo puede, puede no existir y a la vez sonreírme, dejar por un instante su apacible nada y ponerse a caminar, arriba y abajo, por la gótica nave de esta iglesia que un día se levantó entre viñedos y que esta fría mañana ofrece su rotunda hermosura solo para él y para mí. ¿Cómo no voy a sentirme un hombre afortunado? &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-QcW_1UoqLBE/TwiHaoPtL2I/AAAAAAAAChU/qB1OSvzgxjg/s1600/6+copia.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="194px" src="http://3.bp.blogspot.com/-QcW_1UoqLBE/TwiHaoPtL2I/AAAAAAAAChU/qB1OSvzgxjg/s320/6+copia.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Viernes, 6 de enero&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;NADA&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;¿Qué te han traído los reyes?, me preguntan en un mensaje telefónico. Nada, como siempre, respondo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Nada? Mientras camino de regreso al hotel hago apresurado recuento. Nada, salvo los higos secos de la drogheria Mascari y el helado de Grom, “il gelato come una volta”, con su sabor a infancia recuperada a voluntad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Nada, salvo la nieve de las Dolomitas deslumbrante en la mañana temprano sobre el azul de la laguna.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Nada, salvo un folio escrito a mano y pegado sobre una de las puertas de San Giovanni in Bragora, donde bautizaron a Vivaldi, en el que podía leerse: “Un altro genio de la musica, Wolfang Amadeus Mozart, ha allogiato nella casa qui di fronte al n. 3762”. Pero esa puerta está cerrada y yo he de salir por la principal y dar vueltas&amp;nbsp; por el laberinto veneciano hasta encontrar esa otra casa en que también vivió Mozart, en un humilde campo, sin encomiástica lápida conmemorativa, con la ropa tendida de ventana a ventana y un niño que, sin saber quizá quién vivió allí, toca el violín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-nMv_U4VhwS4/TwiHlr3omiI/AAAAAAAAChc/ugjnTG3wGEk/s1600/7+copia.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="269px" src="http://3.bp.blogspot.com/-nMv_U4VhwS4/TwiHlr3omiI/AAAAAAAAChc/ugjnTG3wGEk/s320/7+copia.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Nada, no me han traído nada, sino unos versos de Daniel Varijan recordados en &amp;nbsp;el claustro de San Lazzaro degli Armeni: “Incluos en el Paraíso / a la derecha de Dios padre / seguiré sintiendo nostalgia / de la patria perdida”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Nada, a no ser los belenes de los niños de Burano expuestos en la iglesia de San Martin, en uno de los cuales, realizado por Igor y Cristina, los reyen llegan al pesebre en góndola.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Y también un jardín secreto, cerca de la Sacca de la Misericordia, que un día supo de fiestas suntuosas y hoy solo sirve de de paseo a los ancianos de la residencia en que se ha convertido el&amp;nbsp; Palazzo Contarini dal Zaffo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Y la luna llena, que me seguía a todas partes, y en el&amp;nbsp; campo del Ghetto Novo se puso a encender uno a uno los nueve brazos del candelabro de la Yanuka.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;O la canción que surgió de la niebla y desapareció luego entre la niebla mientras yo distraía mis melancolía apoyado en el pretil de un puente cerca de Fondamente Nove: “Una musica dolce suonaba soltanto per me”. Dos o tres veces, mientras se difuminaba en la mañana, repitió “soltanto per me”, “soltanto per me”. Incluso cuando dejó de oírse seguía sonando esa música “solamente para mí”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Nada,&amp;nbsp; los reyes no me han traído nada, pero una nada que es todo, como lo era el mito para Fernando Pessoa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-dfOpYy88S5M/TwiHrZQ9NyI/AAAAAAAAChk/Um1pDcPoBfw/s1600/8+copia.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://2.bp.blogspot.com/-dfOpYy88S5M/TwiHrZQ9NyI/AAAAAAAAChk/Um1pDcPoBfw/s320/8+copia.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-2486657721456297857?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/2486657721456297857/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2012/01/razon-de-mas-soltanto-per-me.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2486657721456297857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2486657721456297857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2012/01/razon-de-mas-soltanto-per-me.html' title='Razón de más: Soltanto per me'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-bw2_j0oFQk0/TwiGkHh03FI/AAAAAAAACg0/wYbLIjsU9iI/s72-c/1+copia.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-2839665878440023891</id><published>2012-01-01T00:00:00.018+01:00</published><updated>2012-01-01T11:33:05.334+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: La vida y otros regalos</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 25 de diciembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ANTES DE DORMIRME&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Odio &lt;personname productid="la Navidad" w:st="on"&gt;la Navidad&lt;/personname&gt; como el antipático personaje de Dickens, pero &lt;personname productid="la Navidad" w:st="on"&gt;la Navidad&lt;/personname&gt; no me odia a mí. Cuando llego por la noche a la habitación del hotel, después de la cena familiar en la que Laura y Alejandro no han parado un instante de hacer de las suyas (solo donde hay niños hay Navidad), y me asomo un momento al balcón, resulta que da exactamente sobre el belén que el Ayuntamiento ha colocado junto a los caños de San Francisco, uno de los rincones mágicos de mi infancia. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En la plaza silenciosa, iluminada por la luna, solo se oye el suave susurro de la fuente. De pronto, no sé si es que he bebido demasiado (pero yo nunca bebo), el buey y la mula alzan la cabeza hacia mí y el niño me parece que sonríe. Sonrío yo también. Antes de dormirme, desde la ausencia sin ausencia me besan en la frente. Y duermo feliz.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-oG8st0Ptvk4/Tv4SZkv0VAI/AAAAAAAACfM/RFFpu0plkxY/s1600/1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="215px" src="http://3.bp.blogspot.com/-oG8st0Ptvk4/Tv4SZkv0VAI/AAAAAAAACfM/RFFpu0plkxY/s320/1.jpg" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 26 de diciembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;UNA OBRA CON MORALEJA&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Llevo conmigo, para el café matinal, un libro de sugerente título, &lt;i&gt;Método fácil y rápido para ser poeta&lt;/i&gt;, de Jaime Jaramillo Escobar. En seguida me doy cuenta de que lo único sugerente del libro es el irónico título y lo único interesante las citas con que suelen terminar los capítulos. Me imagino que los editores de Pre-Textos ni siquiera lo han leído y que será un compromiso con alguno de sus amigos colombianos al que no habrán podido escapar. Abundan anotaciones de este nivel: “El que desea editar un libro, sin experiencia previa, debe buscar asesoría, ya que los costos de edición son altos y los riesgos ruinosos”. Mientras llega algún amigo me entretengo haciendo variaciones de algunas citas e inventando otras:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-rHDjsuil_PI/Tv4Shj8qcNI/AAAAAAAACfY/HtUoOK7D5YU/s1600/2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="238px" src="http://4.bp.blogspot.com/-rHDjsuil_PI/Tv4Shj8qcNI/AAAAAAAACfY/HtUoOK7D5YU/s320/2.jpg" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Una obra con moraleja es como un regalo con etiqueta.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Los amigos suelen ser enemigos domesticados que en cuanto te descuidas vuelven a su estado salvaje y te dan un zarpazo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Las enfermedades son mordiscos de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;El escritor es el más solitario de los hombres, si exceptuamos al resto de los hombres.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Para el mal lector no hay buen poeta.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Lo que puedes decir en prosa no lo digas en verso.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No serás poeta si, antes de comenzar a escribir, no te olvidas de todo lo que querías decir.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Traducir es convertir el oro en calderilla.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No hacer nada es lo mejor que podemos hacer en la mayor parte de los casos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;La obra maestra de cualquier poeta es el silencio que sigue a su último verso.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Las diatribas suelen tener mejor puntería que los elogios.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No te importe repetirte: los lectores tienen mala memoria.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No te fíes de la memoria, que suele ser bastante fantasiosa; fíate de la imaginación, que acierta con más frecuencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;El mejor poema de cualquier autor es aquel que estuvo a punto de escribir pero no escribió nunca.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No hay hombre más necesitado que el que no necesita nada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Era tan modesto que los únicos elogios que le gustaban eran los elogios póstumos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Hay quien confunde corregir con manosear.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Los sueños son el basurero de la mente, pero a veces se encuentran joyas entre la basura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;El escritor de talento dice siempre lo que quiere decir; el genio deja que el lenguaje diga lo que le da la gana.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Hablamos, la mayor parte de las veces, para tratar de ocultar los muchos secretos que descubre nuestro silencio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;A veces uno más uno es menos que uno.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 27 de diciembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;FUSTIGADOR, ENREDADOR, LIANTE&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;He venido hasta Santander muy prevenido por los amigos de la tertulia para no decir nada que pueda molestar a Lorenzo Oliván, nuestro licenciado Vidriera, el poeta más susceptible de mundo. Yo me comporto tan diplomáticamente como Luis Alberto de Cuenca (de quien se habla para dirigir el Cervantes) y él comienza así su presentación de mi libro: “Lo primero que tengo que decir es que José Luis García Martín resulta un amigo puñetero, picajoso, punzante, fustigador, enredador, liante, discutidor hasta el más puro delirio, un amigo en definitiva que te obliga a estar con la espada de la inteligencia y del ingenio desenvainada, siempre dispuesta al abordaje, si no quieres dejarte arrancar la piel a tiras, ser colgado del palo mayor o arrojado a los tiburones”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Luego vienen los elogios, pero en una presentación los elogios son siempre convencionales y no hay que hacerles caso; solo los reproches dicen la verdad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/--UYbrIZRrQ8/Tv4SpDBraGI/AAAAAAAACfk/i9mDb_oKyP0/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="241px" src="http://1.bp.blogspot.com/--UYbrIZRrQ8/Tv4SpDBraGI/AAAAAAAACfk/i9mDb_oKyP0/s320/3.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 28 de diciembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;DOS REGALOS&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Me gustan los regalos del azar, como repito siempre. Nadie conoce mejor mis gustos. Ayer me hizo uno, digno de un príncipe; hoy, otro. Ayer, dos horas fuera del mundo y en el mejor de los mundos, con un cielo muy azul, una inagotable sinfonía de verdes y el mar que de vez en cuando salía a saludarme en un recodo del camino y agitaba gozoso el pañuelo blanco de sus olas. En las manos llevaba un libro, pero apenas lo abrí. Me gusta dejarme acariciar por la belleza del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-K60YfZ6ar_Q/Tv4Svgo-dLI/AAAAAAAACfw/nKE9Puz8_ag/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="215px" src="http://4.bp.blogspot.com/-K60YfZ6ar_Q/Tv4Svgo-dLI/AAAAAAAACfw/nKE9Puz8_ag/s320/4.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Esta mañana espléndida de invierno, tras pasear sin prisas, me subí a la lancha que atraviesa la bahía hasta Pedreña y Somo. Algunas nubes vinieron a evitar la monotonía de azul, de vez en cuando nos cruzábamos con alguna barcaza o con ágiles veleros que parecía participar en alguna competición; sobre los arenales del Puntal se dibujaba la conocida silueta del Palacio de &lt;personname productid="la Magdalena" w:st="on"&gt;la Magdalena&lt;/personname&gt;… Yo dejaba que el viento me despeinara y me sentía, solitario y a gusto conmigo mismo, el capitán de un soneto de Alberti, “condecorado por un golpe de mar”. Y como fin de fiesta, cuando paramos en Somo, el piloto bajó de la cabina a saludarme. Resulta que me leía y me había reconocido por alguna fotografía. Me invitó a subir con él a la cabina y el viaje de regreso lo hice, como a mí me gusta, en el puesto de mando.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Nchf0IUwWls/Tv4S3jvR_VI/AAAAAAAACf8/tN2Vh4n9Zic/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://1.bp.blogspot.com/-Nchf0IUwWls/Tv4S3jvR_VI/AAAAAAAACf8/tN2Vh4n9Zic/s320/5.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No está bien decirlo, ya sé que lo correcto es quejarse (sobre todo en estos tiempos de crisis), pero a veces tengo la impresión de que la vida me trata bastante mejor de lo que merezco. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Yo creo que es porque le hago gracia. Espero seguir haciéndosela durante mucho tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 29 de diciembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ESPEJO Y FLOR&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Luis Alberto Salcines, mi editor, antes de la presentación del martes me llevó hasta una librería de viejo, que es también taller de fotografía. Nada más entrar me vino a las manos un libro del que no había oído hablar, pero que me estaba esperando: &lt;i&gt;El inmenso mar&lt;/i&gt;, la autobiografía de Lagnston Hughes. La reciente antología de Hilario Barrero me había hecho volver a sus poemas, tan eficaces en su sencillez. Ahora me encuentro con su evocación del Harlem de los años veinte, el que fascinó a Lorca, y con el relato de sus andanzas como marinero, de su famélico paso por París, de sus vagabundeos por Italia. Y siempre presente y heridor el rechazo hacia los negros por parte de sus democráticos compatriotas. Un libro fascinante. Cuando lo termino, hojeo las &lt;i&gt;Historias lúcidas&lt;/i&gt;, de Eugenio d’Ors, recopilación de sus &amp;nbsp;peculiares narraciones. Una de ellas no la conocía, &lt;i&gt;Aldeamediana&lt;/i&gt;. En ella describe la decadencia de la sociedad francesa en los años treinta. Un capítulo comienza así: “Dos soldados, tranquilos, indolentes y silenciosos, están, no se adivina bien para qué, desde hace una hora, a la puerta de &lt;personname productid="la Alcald￭a. Debajo" w:st="on"&gt;la Alcaldía. Debajo&lt;/personname&gt; del bermejo fez, los rostros son negros, muy negros, me atrevo a decir que demasiado negros. La naturaleza parece complacerse, en ocasiones, sobrecargando determinados aspectos suyos, penosos o simplemente ridículos”. Un poco más allá un niño observa, con los ojos muy abiertos, el escaparate de una pastelería. Es un chiquillo mulato y d’Ors comenta: “Así se degrada, así se corrompe, en el mestizaje, la que era espejo y flor de razas”. Cuando reúne en libro esas páginas, en 1942, las cosas han empezado a cambiar, según afirma en el prólogo, gracias al mariscal Petain, a quien dedica el volumen. Con idéntico fervor admirativo se lo podía haber dedicado a Hitler. ¡Pobre chiquillo mulato! Quizá de mayor fuera poeta y acertara a convertir el rechazo y el dolor en música, en denuncia y magia. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-hYvjq09EPHU/Tv4S_RF0mOI/AAAAAAAACgI/tzL0xGGaYeE/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="212px" src="http://3.bp.blogspot.com/-hYvjq09EPHU/Tv4S_RF0mOI/AAAAAAAACgI/tzL0xGGaYeE/s320/6.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 31 de diciembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;SOLILOQUIO&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Una revistilla de Internet me envía un cuestionario. Lo contesto de inmediato, como si hablara conmigo mismo, seguro de que estas cosas no las lee nadie.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Prefieres que te quieran o que te admiren? Me conformo con que me soporten.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Cómo preferirías ser recordado? Como alguien que era mejor de lo que parecía, aunque peor de lo que se creía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Qué obra tuya prefieres? Cualquiera que todavía no haya escrito.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Dónde te gustaría vivir? Donde vivo, siempre que pueda de vez en cuando dar un paseo por los alrededores.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Para qué sirve la poesía? Para lo mismo que los buenos helados: para hacer feliz a quien le gustan los helados, quiero decir, los poemas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Por qué no te has casado? Porque aún no me he cansado de estar solo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Qué premio te gustaría obtener? Cualquiera al que no hubiera que presentarse ni ir a recogerlo y careciera de dotación económica.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿No te gustaría haber tenido hijos? Aunque no los haya tenido, no me parece que no los haya tenido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Vas a cumplir sesenta y dos años. Si echas la vista atrás ¿te arrepientes de muchas cosas? De muchas, pero de ninguna de las fundamentales.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Siempre estás hablando de la inteligencia. ¿De verdad te consideras un hombre inteligente? Sí, pero de la especie de los que no hacen más que tonterías.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Te consideras una persona de izquierdas? Sí, pero no tanto como para preferir que gobiernen las derechas antes que alguien no tan de izquierdas como me creo yo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Sigues tan enamoradizo como parece deducirse de tus diarios? El amor es la mejor cura para las enfermedades que el amor provoca.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-qXnvvwbkfvk/Tv4THI5O13I/AAAAAAAACgU/LGSxT4aEzPw/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="250px" src="http://4.bp.blogspot.com/-qXnvvwbkfvk/Tv4THI5O13I/AAAAAAAACgU/LGSxT4aEzPw/s320/7.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-2839665878440023891?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/2839665878440023891/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2012/01/razon-de-mas-la-vida-y-otros-regalos.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2839665878440023891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2839665878440023891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2012/01/razon-de-mas-la-vida-y-otros-regalos.html' title='Razón de más: La vida y otros regalos'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-oG8st0Ptvk4/Tv4SZkv0VAI/AAAAAAAACfM/RFFpu0plkxY/s72-c/1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-1147506715055893678</id><published>2011-12-25T00:00:00.011+01:00</published><updated>2011-12-25T00:00:05.204+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Mis plagios y otras confesiones</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 17 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;BORGES Y YO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No sé si también como persona, pero como escritor soy lo menos fiable del mundo. Utilizo material ajeno, citando o sin citar la procedencia, y siempre variándolo a mi gusto, casi en cada párrafo que escribo. Y nunca he podido resistir la tentación, cuando traduzco o edito textos ajenos, de colocar en el mercado algunas falsificaciones (con relativo éxito: casi todas han sido descubiertas).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De vez en cuando se arma cierto escándalo porque, en tal o cual escritor famosillo, encuentran unas líneas ajenas. Recuerdo ahora la escandalera por unos versos de Lucía Etxebarría y sus parecidos con otros de Colinas. Si me leyeran a mí, encontrarían sospechosas semejanzas con media historia de la literatura. Como minucioso plagiario, como buen aprovechador del material ajeno, creo que solo dos autores me ganan: Valle-Inclán y Borges.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De Borges cuentan en &lt;i&gt;Cuadernos Hispanoamericanos &lt;/i&gt;una curiosa historia. En 1963 un joven autor salvadoreño, Álvaro Menen Desleal, obtuvo un premio oficial con &lt;i&gt;Cuentos breves y maravillosos&lt;/i&gt;, que homenajeaba desde el título la antología de Borges y Bioy Casares &lt;i&gt;Cuentos breves y extraordinarios&lt;/i&gt;. El prólogo consistía en una elogiosa carta firmada por Borges. Menen Desleal “le da nuevo engaste” a viejos temas, como la fábula de Aquiles y la tortuga, “y logra con intensidad lo que otros, en más de veintitrés siglos, no lograron con extensión”; sus relatos “son flor para los años”; por ello no acepta “el homenaje que me rinde al declararse mi seguidor. Si de algo es usted seguidor es de sus propios sueños”. Esa carta-prólogo aparece reproducida en &lt;i&gt;El círculo secreto&lt;/i&gt;, uno de los volúmenes póstumos de Jorge Luis Borges.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ahora me entero de que esa carta no es de Borges, sino del propio narrador prologado. Quienes habían leído el libro completo no tenían dudas de la falsificación: se aclara en el epílogo. Pero quienes le dieron el premio no se enteraron: los jurados no suelen llegar tan lejos en su lectura de las obras presentadas a concurso, ni siquiera de aquellas a las que otorgan el galardón. Un rival de Menen Desleal&amp;nbsp; llegó a escribir a Borges denunciando el engaño. Bioy Casares, en su minucioso recuento de cenas y conversaciones, nos cuenta lo que ocurrió entonces. “Tengo que consultarte sobre algo”, le dice Borges. Y le muestra el libro &lt;i&gt;Cuentos breves y maravillosos &lt;/i&gt;que le acaban de enviar junto con la denuncia. Borges se muestra casi seguro de no haber escrito la carta-prólogo, pero no está tan seguro de que el autor la haya inventado: “Con tal de que Madre no haya contestado por mí, sin decirme nada”.&amp;nbsp; Acaban descartando esa hipótesis: “la carta era demasiado larga; su madre no la hubiera escrito tan larga”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Queda claro que la madre de Borges, informándole unas veces y otras no, solía escribir cartas de Borges. ¿Solo cartas? De su colaboración decisiva en algunos de los relatos, como “La intrusa”, ya teníamos noticia. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Bastantes de los textos míos, conocidos o desconocidos, son ajenos (también algún texto ajeno es mío). Por suerte nadie se ha tomado la molestia de mostrar esos hurtos. Perdería los pocos lectores que tengo. O no. No al menos los lectores inteligentes. Una antología de la literatura universal resulta preferible a las ocurrencias de un borroso escribidor. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-y78axFOLqzA/TvTclIVRTkI/AAAAAAAACds/scdUuJ7ODV8/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="233" src="http://3.bp.blogspot.com/-y78axFOLqzA/TvTclIVRTkI/AAAAAAAACds/scdUuJ7ODV8/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 18 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;UN CUENTO SIN FINAL&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mientras tomo un café en Los Prados, antes de entrar a ver &lt;i&gt;The Artist&lt;/i&gt;, se me acerca un desconocido: “¿Puedo sentarme un rato? Me ha gustado lo que escribe hoy sobre Nueva York. Yo viví allí algún tiempo. Allí se me entreabrieron las puertas del paraíso y luego me dieron con ellas en las narices. Un día, caminando por la calle 42, en el cruce con &lt;st1:personname productid="la Biblioteca" w:st="on"&gt;la Biblioteca&lt;/st1:personname&gt;, me sorprendió una mujer que se hacía limpiar unas botas que le llegaban hasta las rodillas. Elegante y distante, muy delgada, recordaba a Audrey Hepburn y a Silvia Ugidos, otra amiga común. Quedé instantáneamente seducido. Me entretuve contemplando el espectáculo hasta que el limpiabotas terminó su labor y la mujer, sin fijarse en mí, subió a un taxi. Creí que no la volvería a ver; todas las noches soñaba con ella. Pero volví a verla. Fue en el cruce de la calle 56 con &lt;st1:personname productid="la Octava. Yo" w:st="on"&gt;la Octava. Yo&lt;/st1:personname&gt; iba distraído y me detuve un momento a admirar &lt;st1:personname productid="la Hearst Tower" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Hearst" w:st="on"&gt;la Hearst&lt;/st1:personname&gt; Tower&lt;/st1:personname&gt;; ella caminaba con rapidez, me adelantó y entró en el rascacielos. Al día siguiente, a la misma hora, la encontré de nuevo. Trabajaba allí. A partir de entonces, no dejé de verla. Mi lugar de observación fue un local cercano, desde cuyo primer piso se divisaba perfectamente la entrada al edificio. La seguí más de una vez, siempre temeroso de que se diera cuenta. Nunca me decidí a hablarle. Mi estabilidad mental comenzó a no ser demasiado buena. Dejé el trabajo, apenas comía, solo me dedicaba a pensar en ella. Y un día cercano a &lt;st1:personname productid="la Navidad" w:st="on"&gt;la Navidad&lt;/st1:personname&gt;, hace ahora un año, ocurrió el milagro. Era sábado, yo no tenía que espiar sus entradas y salidas del trabajo, trataba de distraerme en el bullicio del Rockefeller Center, perderme entre la multitud. Por azar entré en una tienda, Anthropologie, que más que vender moda y cachivaches parecía una caótica galería de arte. Di vueltas por aquel laberinto y, de pronto, allí estaba ella, sentada en un sillón, hojeando un grueso libro de arte. Me quedé pasmado. Y entonces ocurrió el milagro. Alzó los ojos, me vio y me sonrió. Dejó a un lado el volumen y se levantó para saludarme. Trabajaba en una revista, &lt;i&gt;Cosmopolitan&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;Elle&lt;/i&gt;, ya no recuerdo, en cuya edición española colaboraba Fruela Zubizarreta, amigo de Enrique Bueres; conocía muy bien a ambos y ellos le habían hablado de mí. Dentro de unos días se celebraba una fiesta en la redacción de la revista, que ocupaba una de las plantas de &lt;st1:personname productid="la Hearst Tower" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Hearst" w:st="on"&gt;la Hearst&lt;/st1:personname&gt; Tower&lt;/st1:personname&gt;, con maravillosas vistas sobre el Central Park y sobre toda la ciudad. Me invitó a acompañarla. Yo no podía creérmelo. Aunque acepté la invitación, pensé no aparecer. Me dio la paranoia de pensar que todo era un sueño o una trampa. Es posible que Fruela, también amigo de Hilario Barrero, otro amigo mío, le hubiera hablado de mí. Pero ¿cómo me reconoció? ¿Le habían enseñado fotos mías? Un día antes de Nochebuena, lo mejor trajeado que pude, aparecí en el portal de su casa. Un taxi nos dejó frente a su lugar de trabajo y sin creérmelo del todo entré en aquel edificio que tantas veces había visto desde fuera junto a ella. Era como un cuento de Navidad con final feliz”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No me enteré de lo que ocurrió después. Le película comenzaba dentro de cinco minutos y tenía que despedirme. Mejor así. Ningún cuento tiene final feliz si se sigue contando hasta el final.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-sCev9pWplJY/TvTcr6afk8I/AAAAAAAACd4/CXu6nyyAJnU/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-sCev9pWplJY/TvTcr6afk8I/AAAAAAAACd4/CXu6nyyAJnU/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 19 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;HABLAR, HABLAR, HABLAR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Me gusta hablar de todo, salvo de lo que de verdad me importa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hablar, hablar, hablar, no callar nunca, no dejar que el silencio descubra nuestro secreto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-jVId7-rSDx0/TvTcyFBYTEI/AAAAAAAACeE/YdWxik7lvpo/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="192" src="http://4.bp.blogspot.com/-jVId7-rSDx0/TvTcyFBYTEI/AAAAAAAACeE/YdWxik7lvpo/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 21 de diciembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;TRAS &lt;st1:personname productid="LA PRESENTACIￓN DE" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="LA PRESENTACIￓN" w:st="on"&gt;LA PRESENTACIÓN&lt;/st1:personname&gt; DE&lt;/st1:personname&gt; UNO DE MIS LIBROS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Nunca tuve gran aprecio por mí, pero creo que he sabido disimularlo bastante bien.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si de pronto se cumplieran todos mis deseos, qué aburrida se me volvería la vida.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No quiero ser feliz porque entonces tendría que dejar de quejarme, que es lo único que me hace verdaderamente feliz.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-LEzwBsvnmyA/TvTc4Q-eynI/AAAAAAAACeQ/_cbNyX4fktA/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-LEzwBsvnmyA/TvTc4Q-eynI/AAAAAAAACeQ/_cbNyX4fktA/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 22 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 9.0pt;"&gt;LAMENTO DE NARCISO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mi amiga María Jesús, fotógrafa compulsiva, me pasa las imágenes de la presentación de ayer. Qué humillante sensación al repasar las más de cien fotos en que aparezco. No se me ahorran muecas ridiculizantes, calva, sonrisa desdentada, todo el ultraje de los años acentuado por la mala iluminación. Con lo que a mí me gusta posar con falsa naturalidad, mostrando mi mejor perfil, tratando de parecer más joven. En fin, que este monstruo de las fotos es lo que soy y no quien fantaseo ser. Pero seguro que solo me sorprende a mí. Los que me conocen ya lo tienen muy sabido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-pTTLIDK-e6U/TvTc9IEEKqI/AAAAAAAACec/21tgkOvPBcc/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="268" src="http://4.bp.blogspot.com/-pTTLIDK-e6U/TvTc9IEEKqI/AAAAAAAACec/21tgkOvPBcc/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 23 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EL OTRO BORGES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“No voy a leer más a Borges”, afirma, dolido, un amigo. “Se mete con el guaraní, dice que es una lengua inferior, propia de gente ignorante”. “Borges ha dicho muchas tonterías en sus declaraciones, pero no hay que hacerle demasiado caso; una cosa son sus opiniones y otra su literatura”. “No lo dice en una entrevista, sino en un cuento”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y efectivamente, cuando llego a casa, abro &lt;i&gt;El libro de arena &lt;/i&gt;y allí, en el primero de los relatos, “El otro”, me encuentro con que el Borges anciano le comenta al Borges juvenil, sentados ambos en el mismo banco, pero uno frente al río Charles, en Cambrigde, al norte de Boston, y el otro junto al Ródano, en Ginebra, lo siguiente: “Ahora las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio. Cada día que pasa nuestro país es más provinciano. Más provinciano y más engreído, como si cerrara los ojos. No me sorprendería que la enseñanza del latín fuera sustituida por la del guaraní”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “El escritor Borges parodia aquí los prejuicios del hombre Borges”, le digo a Cristian. Siempre me había fijado en lo de “la superstición de la democracia”, pero nunca en el desdén por el guaraní, que es la lengua materna de mi amigo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hay quienes critican lo políticamente correcto como una forma de censura; no hay articulista español –de Marías a Savater, por no citar a Pérez-Reverte o Sánchez Dragó— que no haya arremetido contra esa moda norteamericana. Pero yo creo que supone un avance de la civilización, de respeto a todas las minorías.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El hombre Borges tenía muchos lunares, infinitos lunares. ¡Hay que ver lo que afirma de los negros en alguna entrevista! Pero todo eso lo ponemos de lado cuando leemos sus poemas: “Sé dueño de tu vida. Sé más fuerte / que el azar o el destino. Que tu nombre / sea tuyo. Que sea cada hora / una gota de ámbar que eternice / tu existencia. Que todo se deslice / según tu voluntad dominadora”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Interviene entonces Almuzara, que acaba de llegar y ha escuchado parte de la conversación: “Estoy de acuerdo con lo que dices. Pero esos versos tan borgianos, no son de Borges, sino de Miguel Postigo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sospecho que a Borges no le habría importado que la memoria del lector se los atribuyera.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-5XZ0Amilhj0/TvTdD91LnyI/AAAAAAAACeo/9rtFVfSc7Rs/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-5XZ0Amilhj0/TvTdD91LnyI/AAAAAAAACeo/9rtFVfSc7Rs/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 24 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;SOÑÉ&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Soñé que el director de una gran superproducción, &lt;i&gt;La fabulosa historia de la humanidad&lt;/i&gt;, me buscaba como guionista. Pero yo no quería ser guionista, sino el protagonista principal.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-zjJeK_IYVlk/TvTdNIAcqLI/AAAAAAAACe0/eLUdkQQIEdY/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-zjJeK_IYVlk/TvTdNIAcqLI/AAAAAAAACe0/eLUdkQQIEdY/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-1147506715055893678?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/1147506715055893678/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/12/razon-de-mas-mis-plagios-y-otras.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1147506715055893678'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1147506715055893678'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/12/razon-de-mas-mis-plagios-y-otras.html' title='Razón de más: Mis plagios y otras confesiones'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-y78axFOLqzA/TvTclIVRTkI/AAAAAAAACds/scdUuJ7ODV8/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-1430251167678357211</id><published>2011-12-18T00:00:00.019+01:00</published><updated>2011-12-18T00:00:02.722+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Library Way</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 9 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EL MEJOR GUÍA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“El azar es el mejor guía” afirmaba Paul Morand y por eso yo salgo cada mañana a la calle sin ningún plan. A cualquier lado que me ponga a caminar, desde esta esquina de Lexington con la 47, estoy seguro de encontrar sorpresas. Hoy me da por caminar, distraído, hacia el Este y pronto, al alzar la vista, descubro la silueta familiar de Naciones Unidas. Sonrío. Sé que, torciendo a la izquierda y subiendo unas escaleras, me encontraré con uno de mis rincones favoritos de esta ciudad: las dos pequeñas plazas ajardinadas que, en Tudor City, parecen vigilar el comienzo de la calle 42. Más de una vez me he sentado en ellas para hojear un libro, escribir algún haiku: “Se despereza / la mañana sin prisa / junto al estanque”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Uc__91qDFoY/TuzEGR_uqMI/AAAAAAAACb8/53vU-6gU85s/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-Uc__91qDFoY/TuzEGR_uqMI/AAAAAAAACb8/53vU-6gU85s/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&amp;nbsp;De vez en cuando conviene vivir algunos días entre paréntesis, dedicado solo a caminar y mirar, a dejarse acariciar por calles que nos quieren bien. Pero de pronto las curvas formas de uno de los edificios de &lt;st1:personname productid="la ONU" w:st="on"&gt;la &lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;ONU&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt; me traen a la memoria preocupaciones que creía aparcadas. “¿Es cierto que van a cerrar el Centro Niemeyer?”, me preguntan una y otra vez. Y yo trato de hablar de otra cosa porque me duele el tema como algo personal. Lo he visto crecer desde el garabato inicial como se ve crecer a un niño. Fue un regalo del arquitecto brasileño a &lt;st1:personname productid="la Fundaci￳n Pr￭ncipe" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Fundaci￳n" w:st="on"&gt;la Fundación&lt;/st1:personname&gt; Príncipe&lt;/st1:personname&gt; de Asturias. Se pensó primero en dedicarlo a Museo de &lt;st1:personname productid="la Fundaci￳n. Tan" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Fundaci￳n." w:st="on"&gt;la Fundación.&lt;/st1:personname&gt; Tan&lt;/st1:personname&gt; importante como los cuatro edificios era la plaza que formaban y por eso se necesitaba un espacio adecuado, no podía encajarse en cualquier parte, como las maquetas que vende Calatrava. Y ese espacio estaba milagrosamente libre en Avilés, al otro lado de la ría, en terrenos de la antigua Ensidesa. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Hubo protestas porque el centro se fuera a construir en Avilés; Gabino de Lorenzo (al que la comparación con Álvarez Cascos convierte casi en estadista) sacó sus huestes a la calle para recabar firmas contra el presunto expolio de la capital. Pero finalmente, contra viento y marea, el Centro Niemeyer fue una realidad. Qué sorpresa cuando en un solo día, como en los cuentos, brotó la cúpula. Y mucho antes de que los edificios estuvieran construidos ya &lt;st1:personname productid="la Fundaci￳n Niemeyer" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Fundaci￳n" w:st="on"&gt;la Fundación&lt;/st1:personname&gt; Niemeyer&lt;/st1:personname&gt; establecía los vínculos con &lt;st1:personname productid="la Biblioteca" w:st="on"&gt;la  Biblioteca&lt;/st1:personname&gt; de Alejandría, el Lincoln Center, el Centro Pompidou…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En marzo, ayer mismo, asistí a la inauguración: una noche mágica en la que Woody Allen servía de nexo entre Avilés y Nueva York, entre la realidad y los sueños. Pero solo unos meses el rencor político da al traste con todo. Emilio Marcos Vallaure llegó a la consejería de cultura desde su museo de Bellas Artes con solo una idea fija: acabar con el Niemeyer. Su jefe, esa especie de boxeador sonado que por descuido de ciertos electores tenemos de Presidente, parece que solo le aconsejó: “Que parezca un accidente”. Y durante un tiempo fingieron negociar. Pero ya Marcos Vallaure, en sede parlamentaria, avisó de sus intenciones: “Si se cierra, no pasa nada”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Camino por la calle 42 hasta Grand Central, pero nada me distrae de mis elegíacos pensamientos. Finalmente sonrío esperanzado. Tenemos un gobierno que no es más que una errata cometida por los electores en un momento de distracción (si también a veces se equivoca el Espíritu Santo, como cuando eligió a Juan Pablo I, ¿cómo no iban a poder equivocarse los simples humanos?), una fea errata que no tardarán en corregir la inevitables elecciones anticipadas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-BS6-TGNWt2w/TuzEPZJHqmI/AAAAAAAACcE/UA7Z17eZGo4/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="269" src="http://2.bp.blogspot.com/-BS6-TGNWt2w/TuzEPZJHqmI/AAAAAAAACcE/UA7Z17eZGo4/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El metro me deja luego en City Hall, al comienzo del puente de Brooklyn, y lo primero que me sorprende es el nuevo rascacielos de Frank Gehry: parece un doble cirio plateado con la cera derretida formando extrañas protuberancias en la fachada. Dos cirios juntos que homenajean una ausencia: la de las Torres Gemelas. Me acerco al rascacielos, que se levanta en una de las feas calles que llevan hasta el Pier 17 (otro de mis lugares favoritos de Nueva York) y contemplo asombrado que esa aparente torre doble tiene una sencilla fachada de ladrillo en la calle Spruce, que se alza sobre una sobria peana, un edificio rectangular que se mimetiza con las naves y almacenes de la zona.&amp;nbsp; Una gran fotografía promociona los apartamentos en venta y por un momento a nadie envidio más que al inquilino retratado con un libro en las manos y la ciudad inmensa a los pies.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Qué remotas parecen desde aquí las peripecias de ese rincón perdido en el mapa que se llama Asturias. Pero allí está, si no el centro del mundo, sí el de mi mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-JW_Nwexibeo/TuzEW0TWCuI/AAAAAAAACcM/Nuj2S_JI_YQ/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="232" src="http://3.bp.blogspot.com/-JW_Nwexibeo/TuzEW0TWCuI/AAAAAAAACcM/Nuj2S_JI_YQ/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 10 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;HIGH LINE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El paseo elevado que discurre sobre las antiguas vías, paralelo a &lt;st1:personname productid="la D￩cima Avenida" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la D￩cima" w:st="on"&gt;la Décima&lt;/st1:personname&gt; Avenida&lt;/st1:personname&gt;, ha sido alargado: ya llega hasta la calle Treinta. Lo recorro sin prisas esta mañana de sábado admirando los nuevos edificios que se elevan orgullosos sobre las deterioradas calles del antiguo barrio portuario, las inéditas perspectivas de la ciudad, el plácido discurrir del Hudson.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un paseo, nada más que un paseo con sus arbustos y hierbajos sobre una estructura en desuso que iba a ser demolida, y una zona en declive se convierte en lugar de moda. En tiempos de crisis, como en cualquier tiempo, nada más provechoso que una idea feliz. Si yo fuera político, entre mis asesores tendría al menos un poeta. Una idea feliz fue el Centro Niemeyer. Pero los nuevos Atilas del Principado de Asturias, tan laboriosamente dedicados a no dejar crecer la hierba por donde ellos pasan, no tienen a su lado a ningún poeta. Todo lo más a algunos Carlos Rubiera.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-1oocLASG1HA/TuzEfLgeXJI/AAAAAAAACcU/di_1Vl08-cI/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-1oocLASG1HA/TuzEfLgeXJI/AAAAAAAACcU/di_1Vl08-cI/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 11 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;MELODÍAS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;¿Qué mejor lugar para una plácida mañana de domingo que Washington Square? La ciudad se levanta tarde, esperando a que el sol caliente un poco más,&amp;nbsp; y por &lt;st1:personname productid="la Quinta" w:st="on"&gt;la Quinta&lt;/st1:personname&gt; desciende hasta el arco de mármol. En un rincón de los dispersos edificios decimonónicos que forman &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt;, descubro una estatua de Shakespeare que no había antes. Una placa nos informa que está en el patio de Will, llamado así no solo en homenaje al gran escritor, sino también de otro Will, que cuidada con amor las flores de aquel lugar. Me gustan estas pequeñas placas conmemorativas que aparece en cualquier lugar, en el banco de un parque, por ejemplo, y con las que familiares o amigos recuerdan a los que se fueron. Mejor así, en medio de la vida, que en un cementerio. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la plaza aparece de pronto un joven empujando un piano, a medio desmontar, sobre una plataforma con ruedas. Busca un lugar soleado y allí, durante casi una hora, con mimo minucioso lo deja listo para ser utilizado. Coge luego tres cubos de plástico que tenia a un lado y con uno de ellos improvisa un asiento mientras que coloca los otros dos a un lado y otro para recibir donativos. Terminados los preparativos, que algunos curiosos hemos seguido con distraída atención, se sienta, abre y cierra las manos durante unos pocos segundos y comienza a tocar. La banda sonora de &lt;i&gt;El pianista &lt;/i&gt;alterna con un aria de &lt;i&gt;La Bohème&lt;/i&gt; y con minimalistas improvisaciones. La plaza de inmediato se convierte en un lugar mejor. En seguida se forma un corro en torno al pianista. Pero en cualquier lugar de la plaza se escucha esta música tan acorde con la placidez matinal que hasta las inquietas ardillas se inmovilicen un momento para escucharla. “My name is Colin Huggins” dicen las tarjetas que el pianista ha dejado al alcance de los curiosos. Y yo pienso que Juan Ramón Jiménez habría convertido este momento en una de las precisas prosas de su &lt;i&gt;Diario de un poeta recién casado&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-mWGoPzcfLus/TuzEmPK7GWI/AAAAAAAACcc/tKBFove6Bew/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-mWGoPzcfLus/TuzEmPK7GWI/AAAAAAAACcc/tKBFove6Bew/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Y qué mejor lugar para continuar la magia del domingo que las limpias geometrías del MOMA? Me doy cuenta de que el arte moderno es ya bastante antiguo, de hace un siglo, o incluso más. Y que no todo resiste sin arrugas. Pero cuántas escuetas maravillas hay aquí reunidas. Entre ellas incluyo el patio con esculturas y entre rascacielos, las ventanas veladas, la elegante sucesión de las salas, las siempre sorprendentes vistas de una altura a otra.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-8BHRGvnXocs/TuzFY6R2kSI/AAAAAAAACck/LW0qEn1oJrE/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-8BHRGvnXocs/TuzFY6R2kSI/AAAAAAAACck/LW0qEn1oJrE/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se quedaría uno el día entero en el museo, pero a las dos tenemos cita con un amigo que nos invita a asistir a una representación del &lt;i&gt;Così fan tutte &lt;/i&gt;en &lt;st1:personname productid="la Manhattan School" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Manhattan" w:st="on"&gt;la Manhattan&lt;/st1:personname&gt; School&lt;/st1:personname&gt; of Music. Hay que bajar en la 110 y en la 110 bajamos, pero distraídos hemos cogido una línea de metro equivocada y en lugar de aparecer en Columbia, frente a la inacabada catedral de San Juan el Divino, aparecemos en Harlem. A paso rápido cruzamos una zona que ha cambiado mucho, en la que ya van apareciendo caras torres de apartamentos. Se oye hablar español en los corros indolentes de las esquinas. En esta parte de la ciudad parece que la gente tiene bastante menos prisa. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;La ópera comienza a una hora tan inverosímil como las dos y media. Nos encontramos con nuestro amigo minutos antes del comienzo. En el pequeño teatro de los años veinte, con la orquesta y los cantantes al alcance de la mano, pronto olvidamos el hambre (y hasta el aire acondicionado) y dejamos que un Mozart misógino y picaresco nos entreabra por un rato las puertas del paraíso.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La sesión de música sigue, con Rameau como protagonista, en un apartamento de Riverside Drive con ventanas sobre el Hudson y el Washington Bridge y la silueta de los depósitos de agua entre los que se desliza, majestuosa, la luna llena.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 12 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;CUMPLEAÑOS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Este año cumple cien años la biblioteca pública de &lt;st1:personname productid="la Calle" w:st="on"&gt;la Calle&lt;/st1:personname&gt; 42 y para celebrarlo nos muestra algunos de sus tesoros. Hay raras ediciones, manuscritos (sorprende la diminuta letra de Borges en el cuaderno escolar en que ha escrito “La biblioteca de Babel”), objetos que pertenecieron a escritores admirados (el que a mí más me emociona es el bastón en que se apoyaba Virginia Woolf cuando se adentró para siempre en las aguas del río). Pero el mejor homenaje a estos cien años de vida sigue siendo la gran sala de lectura, acogedoramente abierta a todos hoy como el primer día. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-9J3UeVtnBjk/TuzFgd_cwAI/AAAAAAAACcs/rXnDCnHLwCI/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-9J3UeVtnBjk/TuzFgd_cwAI/AAAAAAAACcs/rXnDCnHLwCI/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Por estas fechas se cumplen tres siglos de &lt;st1:personname productid="la Biblioteca Nacional" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Biblioteca" w:st="on"&gt;la Biblioteca&lt;/st1:personname&gt; Nacional&lt;/st1:personname&gt; española, también cargada de tesoros. Pero qué diferentes una y otra. Pedro Salinas cuenta como una vez pidió una novela de Galdós en &lt;st1:personname productid="la Biblioteca Nacional" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Biblioteca" w:st="on"&gt;la Biblioteca&lt;/st1:personname&gt; Nacional&lt;/st1:personname&gt; y no se la sirvieron porque, le dijeron, “allí no se iba a perder el tiempo”. Cuando esta biblioteca puso a disposición de todos millones de libros, las bibliotecas españoles eran recintos donde se guardaban, bien custodiados, los libros. Solo unos pocos, después de muchos permisos, podían acceder a ellos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Qué idea feliz un recinto majestuoso, un palacio abierto a todos, dedicado a los libros. Aquí está mi casa. Cuando pienso en una biblioteca, pienso en esta. Donde no solo hay libros en inglés, sino en cualquier lengua que tenga hablantes en Nueva York. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aquí está mi casa y también en ese hotel, el Library Hotel, que descubro de pronto en la esquina de &lt;st1:personname productid="la Quinta" w:st="on"&gt;la Quinta&lt;/st1:personname&gt; y la calle 41. Ya la recepción se encuentra llena de libros, y enseguida se nota que no son de adorno. Y hay una habitación dedicada a la poesía, otra a la geografía, otra a las matemáticas. Entre Madison y &lt;st1:personname productid="la Quinta" w:st="on"&gt;la Quinta&lt;/st1:personname&gt;, este trozo de calle, que preside la fachada de la biblioteca, se llama Librery Way, y en la acera una sucesión de placas doradas nos ofrecen una antología en verso y prosa sobre la lectura y los libros.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-3RLIqdZ2lLE/TuzFnzhOPmI/AAAAAAAACc0/ux5N2QqWeo4/s1600/8.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="206" src="http://1.bp.blogspot.com/-3RLIqdZ2lLE/TuzFnzhOPmI/AAAAAAAACc0/ux5N2QqWeo4/s320/8.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero Library Way, camino de la biblioteca, es para mí cualquier camino, y cualquier lugar del mundo el rincón de una biblioteca. Haber vivido una infancia en la que faltaban tantas cosas, y sobre todo los libros, es una riqueza que no se acaba nunca.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-aWHo--a7U0U/TuzFvv7F0zI/AAAAAAAACc8/Wwl_DoOzork/s1600/9.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-aWHo--a7U0U/TuzFvv7F0zI/AAAAAAAACc8/Wwl_DoOzork/s320/9.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-1430251167678357211?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/1430251167678357211/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/12/razon-de-mas-library-way.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1430251167678357211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1430251167678357211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/12/razon-de-mas-library-way.html' title='Razón de más: Library Way'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Uc__91qDFoY/TuzEGR_uqMI/AAAAAAAACb8/53vU-6gU85s/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-3053336013296308715</id><published>2011-12-11T00:00:00.016+01:00</published><updated>2011-12-12T03:08:47.549+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Galdós en el Bronx</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 4 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;EL CONFUSO PRESENTE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“En otras épocas, los cambios de opinión literaria se verificaban en lapsos de tiempo de larga duración, con la lentitud majestuosa de todo crecimiento histórico”, escribe Galdós en su discurso de ingreso en la Academia de la Lengua. En el presente de 1897 todo es confusión y aceleración: “Hemos llegado a unos tiempos en que la opinión estética cambia con tan caprichosa prontitud que, si un autor deja transcurrir dos o tres años entre el imaginar y el imprimir su obra, resulta envejecida en el momento en que ve la luz”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Qué clara nos resultan hoy aquellos cambiantes y confusos años; una palabra nos basta para clavarlos, como el alfiler a la mariposa, en el cementerio de la historia literaria: modernismo. El presente tiene siempre más en común con cualquier otro tiempo cuando fue presente que con el pasado en que pronto se convertirá. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El mundo está ahora en una encrucijada, la mayor parte de las certezas se han venido abajo.&amp;nbsp; Yo estoy igualmente en una encrucijada: a cualquier lado que mire encuentro el camino lleno de trampas. Vendrán tiempos mejores, me digo. Y sé que es verdad. Que saldremos de esta. Que el mundo es hoy mejor, no sé si que en 1997, pero sí que en 1897, y que dentro de cien años será mejor que ahora, aunque no faltará quien añore este momento. Pero, por muy bien que me vayan las cosas, dentro de diez, de veinte años, no estaré, si estoy, mejor que en este momento.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cómo disfrutaría de estos días si pudiera volver a ellos cuando tenga setenta, ochenta años. Qué no daría por volver a ellos. Cierro los ojos y mágicamente estoy en ellos. Trato así de disfrutarlos como si no fueran el confuso, acelerado, angustioso presente, sino un pasado añorado y milagrosamente recuperado. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-I3YEPXjLVw4/TuN_7v2tiCI/AAAAAAAACag/9ZcGtnKZ54Q/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-I3YEPXjLVw4/TuN_7v2tiCI/AAAAAAAACag/9ZcGtnKZ54Q/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 5 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;POR QUÉ NO TENGO AMIGOS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Soy un excelente fiscal, pero un pésimo abogado defensor. Me basta abrir un libro para tropezar con sus puntos más débiles. Y en nada encuentro más placer que en subrayarlos públicamente, sobre todo si se trata de un autor de éxito o de un buen amigo. Por eso tengo tan pocos amigos escritores. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;He intentado corregirme, pero he fracasado siempre. Ya he dejado de intentarlo. Reedita, corregido y aumentado, mi admirado amigo X (callaré su nombre) &lt;i&gt;Las armas y las letras&lt;/i&gt; y todo el mundo lo recibe con entusiastas ditirambos, mientras que yo solo me fijo en los lunares que permanecen intactos desde la primera edición, como que Azaña perdió la guerra por escribir un diario o asistir a no sé qué concierto, o que el mejor libro sobre la guerra civil son las memorias de Clara Campoamor, publicadas pocos meses después de comenzada… En fin, minucias, unas docenas de caprichosos, desenfadados y desenfocados juicios de valor. Y luego encima me ofendo porque el autor se ofenda y responda dolido, como si yo hubiera traicionado la amistad. Doy la impresión de ser un crítico que no acepta la menor crítica, que lo único que espero del autor es que agradezca las observaciones y corrija la edición siguiente. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una actitud poco inteligente la mía, ya lo sé. Pierdo amigos valiosos por no ser capaz de disimular mi pensamiento cuando hablo en público (en privado lo disimulo bastante bien). &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dije que era un excelente fiscal y un pésimo abogado defensor. No estaba enteramente en lo cierto. Soy también un excelente abogado defensor de mí mismo. No es que yo sea un mal amigo, es que me gusta cumplir con mi obligación profesional. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Como crítico podré equivocarme, pero nunca engaño.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Nunca engaño a los lectores, pero a mí mismo me engaño todo lo que puedo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-JCwpmd7I1cc/TuOACerXiEI/AAAAAAAACao/b4Do5RkCW_g/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-JCwpmd7I1cc/TuOACerXiEI/AAAAAAAACao/b4Do5RkCW_g/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 6 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;NUNCA HEMOS VIVIDO JUNTOS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Qué extraña sensación pasear esta &amp;nbsp;tarde lluviosa, pero de agradable temperatura, por la bulliciosa avenida, llegarse hasta la pista de hielo sobre la que se refleja esbelto y dorado Prometeo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Siempre he detestado el compulsivo consumismo de estas fechas. Pero a esta ciudad se lo perdono todo. Llegué por primera vez hace más de veinte años, nos hemos encontrado luego muchas veces, pero nunca hemos&amp;nbsp; vivido juntos. Solo me ha mostrado su mejor rostro, su fascinación inagotable. Todos mis amores han sido así: imaginería y ensueño, apenas unos sorbos de realidad. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;“Las ciudades pequeñas hacen las mentes pequeñas”, pienso mientras camino por la Quinta Avenida. Y yo me quedé en mi provinciano rincón sin atreverme a dar el paso cuando aún estaba a tiempo. También preferí quedarme con mi confortable soledad, cerrar los ojos a la tentación de cualquier compartido paraíso. Debería haber sido más valiente, pienso con frecuencia. Y me arrepiento de mi cobardía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero por poco tiempo. Ya he dicho que soy un excelente abogado defensor de mí mismo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Si hubiera vivido en Nueva York, ahora odiaría Nueva York. Mejor este amor que nunca defrauda. Que está hecho, como todas las cosas que valen la pena, de la misma materia que los sueños.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-THJF-6jVYcM/TuOAIx-tqHI/AAAAAAAACaw/E5-Ufhu54ek/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-THJF-6jVYcM/TuOAIx-tqHI/AAAAAAAACaw/E5-Ufhu54ek/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 7 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;LEHMAN COLLEGE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La frecuentación, aunque sea en visitas tan fugaces como las mías, acaba provocando una excesiva familiaridad. Voy en el metro hasta Lehman College, donde un catedrático amigo me ha invitado a hablar sobre &lt;i&gt;Misericordia &lt;/i&gt;de Galdós, y el cansancio del cambio de horario y de haber andado todo la mañana de un lado para otro hace que, en cuanto encuentro un asiento, apoyo la cabeza contra la pared y me quedo placidamente dormido. Sin mi poco de siesta, soy incapaz de hablar de cualquier cosa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Despierto, poco antes de llegar a mi estación, completamente recuperado. Soy tan nervioso, quiero hacer tantas cosas al mismo tiempo, y hacerlas todas corriendo, que en seguida me agoto. Pero recargo las pilas con la misma facilidad. Antes de la clase,&amp;nbsp; un breve paseo por el campus, melancólico en este lluvioso atardecer de otoño, con mi sabio anfitrión, José Muñoz Millanes. Los edificios neogóticos, de los años treinta y cuarenta, alternan con algunas modestas pero elegantes muestras del movimiento moderno. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-QX3vGvOkyS4/TuOAOyRx3LI/AAAAAAAACa4/zOUUfQJilTc/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-QX3vGvOkyS4/TuOAOyRx3LI/AAAAAAAACa4/zOUUfQJilTc/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En este college del Bronx la mayoría de los alumnos son afroamericanos e hispanos. ¿Qué les dirá a estos jóvenes, y no tan jóvenes, la historia de Benigna, la criada madrileña que tiene que convertirse en mendiga para poder seguir cuidando a su manirrota señora? ¿Qué tienen que ver los barrios bajos madrileños de finales del &amp;nbsp;XIX con estos laboriosos y babilónicos suburbios neoyorquinos donde tantos se afanan en cumplir sus sueños?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Galdós parece que está hablando de una cosa, pero en realidad habla de otra. Nos refieren el argumento de &lt;i&gt;Misericordia &lt;/i&gt;y qué poco nos apetece releer ese minucioso retablo de la pobretería española. Pero escuchamos las primeras frases y pronto no podemos dejar de seguir leyendo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Qué sabio este narrador que parece tan campechano y convencional, y que enseguida se vuelve invisible para dejarnos frente a los personajes, tan reales y, sin&amp;nbsp; embargo, solo un símbolo de lo que en realidad le interesa hablar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El transparente Galdós está lleno de secretos. También este lugar, de nombre tan mitificado por el cine, y sin embargo tan cotidiano y familiar en esta tarde en que ante atentos alumnos finjo estar hablando de Galdós cuando en realidad estoy hablando, como siempre hago, de mí mismo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-I0C9MM5iKyc/TuOAU91gikI/AAAAAAAACbA/QzYvvDCtRL8/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-I0C9MM5iKyc/TuOAU91gikI/AAAAAAAACbA/QzYvvDCtRL8/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 8 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;CICATRICES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En el 2001, poco antes de la catástrofe, estuve en esta ciudad; también pocos meses después, cuando los improvisados monumentos funerarios –nombres, flores, &amp;nbsp;sonrientes fotos de recientes fantasmas— llenaban cualquier lugar cercano a las Torres. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Diez años después ha cambiado el mundo, pero esa cicatriz parece que no va a cerrase nunca. Las víctimas han sido vengadas, han &amp;nbsp;traído más víctimas, pero la cicatriz sigue ahí. Había visto a los políticos inaugurando un monumento conmemorativo y creía que la reconstrucción había terminado. Pero no, ahí continúan las grúas y los socavones y la piscina conmemorativa (a la que no se puede acceder fácilmente) parece otro socavón más. Lo contemplo todo desde la cristalera del Jardín de Invierno (al otro lado está el Hudson, hermoso como nunca en esta soleada tarde de otoño) y no sé qué pensar. ¿Habría sido mejor reconstruir las Torres tal como estaban y no darles a los fanáticos criminales la satisfacción de haber cambiado para siempre el perfil de esta ciudad? ¿Habría sido mejor que, como en los mejores tiempos, cuando en un años se construyó el Empire, el espíritu emprendedor de los neoyorquinos hubiera sido capaz de poner de acuerdo todos los intereses y las ambiciones que se cruzan en este lugar y hoy ya tuviéramos una rutilante plaza del siglo XXI sin más recuerdo de la tragedia que los nombres de las víctimas escritos en un muro? No sé qué sería mejor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/--Q27qQG06BM/TuOAcAA9ciI/AAAAAAAACbI/y2QlFPKK7a0/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/--Q27qQG06BM/TuOAcAA9ciI/AAAAAAAACbI/y2QlFPKK7a0/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la catedral anglicana de Saint Thomas, mientras escucho el Mesías, pienso en aquellos muertos de septiembre, no menos propios que otros muertos propios, en los que también pienso. Los ojos se me llenan de lágrimas porque ellos no están aquí y el mundo sigue siendo hermoso, tan hermoso como está música que acaricia, exalta y consuela.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hay cicatrices que no desaparecen nunca, como nunca parece que desaparecerán las huellas de la gran catástrofe del World&amp;nbsp; Trade Center. Pero desaparecerán. Y todo volverán a ser prisas y oficinas y rutilantes centros comerciales. “Ando sobre rastrojos de difuntos”, decía Miguel Hernández. Ya lo sé, pero para seguir viviendo necesito no pensar demasiado en ello.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En Strand, quizá la más fascinante librería del mundo, compré, poco antes del concierto un libro de 1916 que recoge los versos de los jóvenes poetas de entonces que pasaron por Princeton. ¿Qué sería de ellos pienso mientras hojeo el elegante volumen? Antes de dormirme, tratando de no pensar en lo que no puedo&amp;nbsp; dejar de pensar, escucho una canción de uno de ellos, Harrington Green: “We talked of many things today…” Y me entretengo en ponerla en español:.”Hemos hablado&amp;nbsp; de muchas cosas hoy, / pero yo no recuerdo nada de lo que nos dijimos, / no sé si grandes temas o solo niñerías. / Qué atento estuve, sin embargo, / a todo lo que callábamos / y solo nuestros ojos se decían”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Duermo sin correr las cortinas de la habitación, dejando que los miles de ventanas de este rincón de la ciudad con la que he soñado tantas veces se asomen a mirarme. También la luna, tan inmensa y sonrosada que no sé si es la luna o un anuncio de la luna.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-1tenja5R41g/TuOAtQA5oWI/AAAAAAAACbQ/-Gvfl8T7NV8/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-1tenja5R41g/TuOAtQA5oWI/AAAAAAAACbQ/-Gvfl8T7NV8/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-3053336013296308715?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/3053336013296308715/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/12/razon-de-mas-galdos-en-el-bronx.html#comment-form' title='21 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/3053336013296308715'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/3053336013296308715'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/12/razon-de-mas-galdos-en-el-bronx.html' title='Razón de más: Galdós en el Bronx'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-I3YEPXjLVw4/TuN_7v2tiCI/AAAAAAAACag/9ZcGtnKZ54Q/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>21</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-9101918912709641204</id><published>2011-12-04T00:00:00.018+01:00</published><updated>2011-12-04T00:00:04.905+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: De ayer  a hoy</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 27 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;LOS NUEVOS JUDÍOS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Durante siglos, los judíos hicieron de banqueros; ahora los banqueros hacen de judíos. Afortunadamente ya no es posible, como entonces, desahogar la ira en los momentos de crisis económica organizando un pogromo y asaltando y saqueando las casas en que viven, pero ganas no faltan. ¡La que se ha organizado porque el gobierno ha concedido un indulto parcial a un banquero! Nadie se ha preocupado de investigar cuál era el confuso delito cometido en 1994, mucho antes de la crisis económica y en el que intervino un juez condenado luego por prevaricador. Se trata de un banquero, no merece perdón. Como no lo merecían los judíos, que habían matado a Cristo, y luego se dedicaban a extorsionar a los buenos cristianos con sus préstamos usurarios. No hemos cambiado mucho: seguimos necesitando chivos expiatorios.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-XzJS_jmKEaE/TtkbYKjaUuI/AAAAAAAACZQ/E1pq6vVkfM8/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="241" src="http://4.bp.blogspot.com/-XzJS_jmKEaE/TtkbYKjaUuI/AAAAAAAACZQ/E1pq6vVkfM8/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 28 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;FRANCISCA SÁNCHEZ&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;He dicho muchas veces que para mí no hay regalo semejante a un puñado de periódicos viejos. Esta vez se trata de unos cuantos ejemplares de &lt;st1:personname productid="la Gaceta" w:st="on"&gt;la &lt;i&gt;Gaceta&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt; del Fondo de Cultura Económica publicados en los años sesenta. Pero además, regalo dentro de un regalo, entre ellos aparecen, recortados de &lt;i&gt;ABC, &lt;/i&gt;artículos&lt;i&gt; &lt;/i&gt;sobre Rubén Darío con motivo de su centenario, junto con dos retratos dibujados a mano de Francisca Sánchez. Recuerdo los versos a ella dedicados: “Francisca, tú has venido / en la hora segura; / la mañana es oscura / y está caliente el nido”. Se habían conocido cuando tenía diecisiete años, en &lt;st1:personname productid="la Casa" w:st="on"&gt;la Casa&lt;/st1:personname&gt; de Campo, que entonces no estaba abierta al público. A Rubén le acompañaba Valle-Inclán. Francisca, analfabeta, era hija de uno de los jardineros. Luego, tras la muerte de Rubén, custodiaría su legado en un pueblo de Ávila hasta que, gracias a los buenos oficios de Antonio Oliver Belmás y su mujer, Carmen Conde, lo cedió a &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; de Madrid. Una hermosa historia de amor: “Ajena al dolo y al sentir artero, / llena de la ilusión que da la fe, / Lazarillo de Dios en mi sendero, / Francisca Sánchez, acompáñame”. Pero una historia que no se corresponde enteramente con la realidad. Eduardo Zamacois, que fue vecino de ambos, cuenta otra cosa: “El gran poeta abusaba del alcohol y no solía reintegrarse a su domicilio antes del amanecer. Compartía su hogar con una mujer joven, de aspecto sencillo, ni fea ni bonita y metida en carnes, llamada Francisca Sánchez. Al par que de compañera actuaba de criada y la resignación con que soportaba su vivir oscuro le había granjeado la simpatía del vecindario. Nunca se acostaba antes de que regresara su dueño, y cuando oía sus pasos vacilantes acudía a recibirle sin darle tiempo a llamar. Rubén llegaba casi siempre de mal humor, cuando no agresivo, y a veces la golpeaba. Ella aguantaba el injusto castigo en silencio, pero en más de una ocasión la vimos, medio desnuda, con los cabellos revueltos y el rostro bañado en lágrimas, buscar refugio en la taberna de la señora Gala, establecida en los bajos del edificio”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El envés de un cuento de hadas. Tampoco parece cierto que ella guardara amorosamente su legado y su recuerdo durante cuarenta años. Fue un admirador del poeta quien lo hizo. José Villacastín le admiraba tanto que se convirtió en su editor póstumo, a pesar de que era un hombre iletrado, y para acercarse más al poeta que veneraba acabó casándose con su viuda. Zamacois los visitó en el pueblecito de Ávila en que vivían: “La casa era un verdadero Museo Rubén. Los libros, recién impresos, invadían las sillas, las mesas y se amontonaban en los rincones, y las paredes aparecían salpicadas de retratos suyos. Villacastín no se cansaba de hablar de él. Ella, no; ella lo recordaba sin entusiasmo, sin cariño, y llegué a persuadirme de que la humildad con que en todo momento aceptó sus desafueros, obra fue de su nativa inclinación a obedecer, y no del amor al hombre, y menos de su veneración al artista”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-WhH1obNNN6U/Ttkbj97kjuI/AAAAAAAACZY/t6YBju_GtNU/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="225" src="http://4.bp.blogspot.com/-WhH1obNNN6U/Ttkbj97kjuI/AAAAAAAACZY/t6YBju_GtNU/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 29 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;FECHA DE CADUCIDAD&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Si algo he aprendido después de cuarenta años de dedicación al vanidoso oficio de la literatura es que las admiraciones, entre las gentes del gremio, son escasas y con pronta fecha de caducidad. Hoy tacho un nuevo nombre en la lista de mis escasos admiradores. En la cena sevillana del jueves pasado, invitados por el editor de mi último libro, nos reunimos diez escritores. Yo me divertí mucho escuchando a Abelardo Linares, pero algún otro se divirtió menos escuchándome a mí. Como el diario íntimo de casi todo el mundo es ahora público gracias a Internet, me entero de la poca gracia que le hicieron mis gracias a mi laborioso amigo Antonio Rivero Taravillo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Le tacho de la lista de admiradores. Recuerdo el aforismo de Juan Gil-Albert: “Es difícil envejecer sin un poco de gloria o un poco de amor”. Siempre es difícil envejecer, aunque unas veces más que otras. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero, si he de ser sincero –ser vanidoso también tiene sus compensaciones—, el único admirador que de verdad sentiría perder soy yo mismo. Y aunque nunca se sabe lo que puede pasar, por el momento sigo tan entusiasta como al principio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-QvlG-fiR_ig/TtkbsGVLzKI/AAAAAAAACZg/Nx9d9MWFM2Q/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="242" src="http://4.bp.blogspot.com/-QvlG-fiR_ig/TtkbsGVLzKI/AAAAAAAACZg/Nx9d9MWFM2Q/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 30 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;ARTE COMPROMETIDO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Gracias a los viejos números de &lt;st1:personname productid="la Gaceta" w:st="on"&gt;la &lt;i&gt;Gaceta&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;, que me regaló el otro día Valdés, escucho a Sartre en su pequeño apartamento, lleno de libros, desde cuyas ventanas se divisan el café Les Deux Magots y la iglesia de Saint-Germain-des-Près. “¿Puede un autor de derechas realizar una obra de arte?”, le preguntan. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;“En mi opinión, no. Porque hoy en día, aunque la derecha pueda mantener el control de los acontecimientos, en la medida en que aún conserve el poder, ha perdido la capacidad de comprenderlos. Una obra de arte debe proceder de la comprensión del tiempo en que uno vive, debe estar en armonía con la época. No se puede imaginar una obra literaria actual que sea a la vez de derechas y una obra de arte”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Unos pasos, unas páginas más allá, me encuentro con Jean Cau: “Estoy completamente en contra de la literatura comprometida. Cuando una tesis rige la creación literaria, los resultados son falsos; los personajes se convierten en marionetas manejadas por el autor. Sartre le ha reprochado a Mauriac el escribir novelas de tesis, pero las suyas no lo son menos. A estos efectos tanto da escribir literatura católica como marxista”. Jean Cau, premio Goncourt, fue secretario de Sartre durante varios años. “¿Hasta qué punto se considera influido por él?”, le preguntan. “Estoy muy influido, demasiado, tanto que en casi todos los asuntos pienso exactamente lo contrario”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-NSLh68uFvbU/Ttkb0hIdSqI/AAAAAAAACZo/YliwkpmFNPg/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="205" src="http://3.bp.blogspot.com/-NSLh68uFvbU/Ttkb0hIdSqI/AAAAAAAACZo/YliwkpmFNPg/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 1 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;A DÓNDE VAMOS A LLEGAR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En un artículo fechado en París en agosto de 1961, Damián Carlos Bayón se asombra del prodigioso desarrollo económico que está alcanzando Europa. “Todo el mundo se empeña en tener ducha, nevera y televisión”, dice.&amp;nbsp; Hasta entonces la gente se conformaba con una visita cada quince días, o a la semana si era muy aseada, a la casa de baños pública. “Pero hete aquí que los europeos de clase media han descubierto ahora la ducha que casi no ocupa espacio, gasta poco agua y evita la fastidiosa visita semanal. Las casas nuevas ya tienen ducha y bañera, pero las casas viejas hay que adaptarlas y ese es el curioso proceso de la higiene europea, incomprensible visto desde fuera”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-CAV6kxYSLPw/Ttkb_RZQ7OI/AAAAAAAACZw/VB2_b_cNMiM/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-CAV6kxYSLPw/Ttkb_RZQ7OI/AAAAAAAACZw/VB2_b_cNMiM/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 2 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;PARA UNA ESCUELA ELEMENTAL DE CIENCIAS Y LETRAS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hagáis lo que hagáis, sed ante todo buenos artesanos; el arte vendrá por añadidura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Evitad el fetichismo del método y de la técnica.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Exigíos a vosotros mismos, y exigid a los demás, la sencillez del enunciado claro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Formulad teorías, pero no escribáis más de una página sin tener presente, por lo menos, un ejemplo sólido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Mantened los ojos abiertos a la diversidad de los individuos; no olvidéis que, aunque todos seamos iguales, nadie es igual a nadie. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No traspaséis nunca la línea divisoria entre profundidad y palabrería.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Cuando escribas, cuando hables, no pierdas de vista las personas a las que te diriges.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Desconfía de todo lo que es evidente y no necesita demostración.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Si llevas mucho tiempo sin cometer errores, sospecha que estás avanzando por un camino equivocado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Si lo que escribes no vale más que tú, es que no vales nada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Los mundos que descubre el poeta desde lo alto de una montaña son los que el científico explora luego minuciosamente palmo a palmo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Si tienes la razón en todas las discusiones, ten por seguro que estás equivocado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Esfuérzate porque tus discípulos lleguen pronto hasta el mismo nivel en que tú estás, pero procura que cuando ellos lleguen tú ya estés en un nivel superior.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No escribas una página en la que no se escuche tu voz.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Las vigas que sostienen el mundo son obra de los científicos, pero los cimientos de los poetas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Escucha siempre a tus maestros, pero no les hagas demasiado caso.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Si no tienes tiempo que perder, seguramente estás perdiendo el tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-3q2TksIso68/TtkcLXvsl6I/AAAAAAAACZ4/u8c2uXp9MUc/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="211" src="http://2.bp.blogspot.com/-3q2TksIso68/TtkcLXvsl6I/AAAAAAAACZ4/u8c2uXp9MUc/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 3 de diciembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;ELOGIO DEL ANONIMATO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Me paso la vida arremetiendo contra el anonimato, que tanto gusta a los adolescentes de cualquier edad, esos que se dedican a enredar o a desahogar su frustración en Internet, y de pronto me encuentro con que lo elogia nada menos que Eliot: “Una lección que aprendí colaborando en el suplemento literario del &lt;i&gt;Times&lt;/i&gt; fue la disciplina del anonimato. Estoy firmemente convencido de que todos los jóvenes críticos literarios deberían aprender a escribir en algún suplemento en el que la colaboración literaria aparezca en forma anónima. El director no vacilaba en objetar o mutilar mis textos y siempre tuve que admitir que tenía razón. Aprendí a moderar mis aversiones y chifladuras, a escribir de manera sobria e imparcial. Aprendí también que algunas cosas, permisibles cuando aparecen firmadas, son de insípida excentricidad o violencia indebida cuando aparecen sin firma. El escritor de artículos no firmados debe subordinarse al editor responsable. Pero este debe ser un hombre a quien podamos subordinarnos y conservar, al mismo tiempo, la propia estimación”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Qué poco tiene que ver el anonimato que propugnaba Eliot, siempre respaldado por el nombre de un editor responsable, con la patente de corso para decir la primera tontería que se nos viene a la cabeza en que se ha convertido en Internet.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-ySfN1neaw2E/TtkcUb-OJBI/AAAAAAAACaA/3UGZ08ACfSQ/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="209" src="http://3.bp.blogspot.com/-ySfN1neaw2E/TtkcUb-OJBI/AAAAAAAACaA/3UGZ08ACfSQ/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-9101918912709641204?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/9101918912709641204/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/12/razon-de-mas-de-ayer-hoy.html#comment-form' title='17 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/9101918912709641204'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/9101918912709641204'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/12/razon-de-mas-de-ayer-hoy.html' title='Razón de más: De ayer  a hoy'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-XzJS_jmKEaE/TtkbYKjaUuI/AAAAAAAACZQ/E1pq6vVkfM8/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>17</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-6611364529580457592</id><published>2011-11-27T00:00:00.015+01:00</published><updated>2011-11-28T00:57:08.610+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Historia y vida</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 20 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;UN HOMENAJE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En uno de los puestos del Campillín, me sorprende un número doble de &lt;st1:personname productid="la Revista" w:st="on"&gt;la &lt;i&gt;Revista&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;i&gt; de Occidente &lt;/i&gt;dedicado a Nietzsche. Un número espléndido: ahí están sus poemas venecianos, analizados junto a los de Platen y otros autores coetáneos; un conjunto de textos autobiográficos que terminan con el certificado del médico que lo examinó en Turín y con los estremecedores diarios clínicos de Basilea y Jena. Incluye también una antología de su repercusión en España. La selección comienza con un artículo de Joan Maragall, de 1893, y termina con Blas de Otero: “Escucho a Nietzsche. Por las noches leo / un trozo vivo de Sils-Maria. Suena / a mar en sombra. Mas ¡qué buen mareo, / qué sombra tan espléndida, tan llena!”&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En la presentación, Andrés Sánchez Pascual, escribe: “Juntamente con Marx y Freud constituye Nietzsche el tercero de los resortes que mantienen en &lt;i&gt;tensión&lt;/i&gt; el pensamiento de nuestros días. Sería simpleza dejar la aseveración anterior tal como está, y no añadir: Nietzsche, Freud y Marx, y todo lo que con ellos se relaciona: lo que ellos asumieron en sí, lo que ellos son, y lo que de ellos está brotando”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Por esas mismas fechas, en 1973, Inés Illán nos dijo antes de comenzar una de las largas huelgas de entonces: “Aprovechad estos días sin clase. Leed, leed sobre todo a Marx, a Freud y a Nietzsche, que son más importantes que Horacio y que Virgilio”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Todos abrimos los ojos asombrados al escuchar esas palabras de nuestra profesora de latín. Parece que tan peculiares recomendaciones no eran solo suyas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Marx y Freud hace tiempo que están en el desván de los trastos viejos, pero Nietzsche, el loco Nietzsche, sigue vivo, inquietante, sigue siendo uno de los resortes que nos mantiene en tensión.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-bFK6TFyHfq8/TtLMS_K0txI/AAAAAAAACYQ/CGImpp1-vKU/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="208" src="http://2.bp.blogspot.com/-bFK6TFyHfq8/TtLMS_K0txI/AAAAAAAACYQ/CGImpp1-vKU/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 22 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 11.0pt;"&gt;CASA DE LOS TIROS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mientras leo mis versos en &lt;st1:personname productid="la Casa" w:st="on"&gt;la Casa&lt;/st1:personname&gt; de los Tiros me viene a la memoria una de las &lt;i&gt;Crónicas de Al-Andalus&lt;/i&gt;, de Fernando Quiñones, en la que nos cuenta la lectura que allí hizo Lorca de su nueva tragedia, “la historia de una mujer / herida por la esterilidad”. Quiñones juega al anacronismo y entre los oyentes coloca, junto a Emilio García Gómez, a al-Mutamid. Yo leo mis versos con un tono distanciado, como si no fueran míos. Disfruto más en el coloquio, disparatando y disparando contra este y aquel para hacer honor al nombre de la casa. Hablo de las guerras literarias de los años ochenta, que en Granada libraron algunas de sus principales batallas. Hablo también de algunos de mis monstruos favoritos, como Antonio Rodríguez Jiménez, el ideólogo de los poetas no clónicos, y del famoso artículo de Pedro J. de &lt;st1:personname productid="la Pe￱a" w:st="on"&gt;la Peña&lt;/st1:personname&gt; en el que afirmaba que la poesía de la experiencia la inventó Felipe González en &lt;st1:personname productid="la Bodeguiya. O" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Bodeguiya." w:st="on"&gt;la Bodeguiya.&lt;/st1:personname&gt; O&lt;/st1:personname&gt; de otro artículo de otro profesor, Domingo F. Faílde creo que se llamaba, en el que me acusaba de hacerme rico con mis antologías a costa del trabajo ajeno. Y del desconcierto que cundió entre los llamados poetas de la diferencia cuando, en 1996, acabada para siempre la “dictadura perfecta” de los socialistas y los de la experiencia, el nuevo presidente apareció en el congreso nada menos que con &lt;i&gt;Habitaciones separadas&lt;/i&gt;, de Luis García Montero. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Yo ante el público procuro ponerme sublime lo menos posible; los poemas, al menos los míos, se escriben a solas para ser leídos a solas. Y nada me divierte más que hablar de las pequeñas anécdotas de la vida literaria. Pero sé que estoy en la cainita Granada, me acuerdo de Lorca, y procuro no dar nombres de poetas locales. Uno de ellos me envió un libro dedicado con las siguientes palabras: “A José Luis García Martín, para que lea verdadera poesía y no la de Benítez Reyes, Trapiello, García Montero, d’Ors y los otros poetastros que admira”. No dije el nombre del poeta, pero sí el título del libro, &lt;i&gt;Mediterráneo&lt;/i&gt;, y ahí fue ella: un señor de la primera fila comenzó a protestar airadamente y a arremeter contra mí. Temí que fuera el propio poeta. No es la primera vez que meto la pata de esa manera. Recuerdo que hace años, en el Ateneo de Madrid, empecé a ponerle reparos y más reparos a la poesía de Carlos Bousoño y de pronto me doy cuenta de que, en la primera fila, estaba sentado el propio Bousoño junto a Francisco Brines. Pero esta vez no era el poeta de la dedicatoria quien estaba en la primera fila, sino algún admirador suyo, que tras replicarme airadamente abandonó la sala. Cuando salí a la noche granadina, desapaciblemente siberiana, creía ver la sombra de algún resentido poetilla acechándome en cada esquina.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-8LsY5KQEmTE/TtLMgCpqugI/AAAAAAAACYY/AlnVr7lGres/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="212" src="http://4.bp.blogspot.com/-8LsY5KQEmTE/TtLMgCpqugI/AAAAAAAACYY/AlnVr7lGres/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 23 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;ALFOMBRA MÁGICA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Tras la escaramuza de ayer —finalmente la tinta no llegó al río—, este raro día en que, como en el romance de Lope, “a mis soledades voy / de mis soledades vengo”, comienza, muy de mañana, subiendo por &lt;st1:personname productid="la Cuesta" w:st="on"&gt;la Cuesta&lt;/st1:personname&gt; de Gomérez. Pronto me encuentro con el rumor del agua a uno y otro lado del camino. Todavía no han llegado los turistas, camino solo entre los altos árboles con todos los colores del otoño. Solitario cruzo &lt;st1:personname productid="la Puerta" w:st="on"&gt;la  Puerta&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Justicia" w:st="on"&gt;la  Justicia&lt;/st1:personname&gt; y luego la del Vino, con sus gatos y su inscripción que homenajea a Debussy. Hace sol, pero sopla el viento de Sierra Nevada. A un lado se desparrama el Albaycín; al otro, el sólido palacio de Carlos V. Durante un tiempo —una eternidad—&amp;nbsp; gozo de tanta hermosura para mí solo. Fue el primero de los regalos del día, inmerecido como todos los verdaderos regalos. Cuando vi aparecer el primer grupo de turistas, decidí abandonar aquella maravilla que, por primera vez, había querido tener conmigo una cita de enamorados, sin testigos incómodos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-I4zX6y1ZPho/TtLMr1S3_wI/AAAAAAAACYg/kFhHCzzh1c4/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-I4zX6y1ZPho/TtLMr1S3_wI/AAAAAAAACYg/kFhHCzzh1c4/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Luego tres horas de tren, con pocos pasajeros, sin teléfonos, sin abrir un libro, con la caricia del paisaje que se desliza tras la ventanilla mientras el rítmico traqueteo se convierte en octosílabos: “Parece que viajo solo / y llevo un buen compañero / que a manos llenas me entrega / el oro de su silencio. / Entre Granada y Sevilla, / soy el viajero más lento / en un tren que a don Antonio / quizá llevó en otro tiempo. / Olivos y más olivos / y montañas a lo lejos / y un cielo sin una nube: / eso es todo cuanto veo”. Eso es todo cuanto veo, eso es todo cuanto tengo. ¿Y qué más necesito?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-wSy2bWNj7_Y/TtLNdjGHnLI/AAAAAAAACYo/02ARtRv3oLs/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-wSy2bWNj7_Y/TtLNdjGHnLI/AAAAAAAACYo/02ARtRv3oLs/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;st1:personname productid="La Posada" w:st="on"&gt;La Posada&lt;/st1:personname&gt; del Lucero está muy cerca de &lt;st1:personname productid="la Plaza" w:st="on"&gt;la Plaza&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Encarnaci￳n" w:st="on"&gt;la Encarnación&lt;/st1:personname&gt;, escándalo de los sevillanos porque en ella se estaba levantando una aparatosa estructura que parecía no se iba a acabar nunca. Pero ya ha terminado y mi primera visita, tras dejar la maleta en la posada donde al parecer se alojó Santa Teresa, es a estas fantásticas setas. A los sevillanos siguen sin gustarles. Pregunto a varias señoras en el mercado cómo se puede subir a la terraza-mirador y ninguna lo sabe ni tiene ninguna curiosidad por averiguarlo. A mí me recuerdan –salvando las distancias— a Verlaine, que cerraba los ojos para no ver la torre Eiffel, esa ofensa a la hermosura de París. Encuentro el ascensor en el sótano, junto al museo, y pronto tengo toda Sevilla a mi alrededor como si caminara en una alfombra mágica por encima de los tejados. Luego visito otra Sevilla, &lt;st1:personname productid="la Sevilla" w:st="on"&gt;la  Sevilla&lt;/st1:personname&gt; romana, maravillosamente rescatada y ofrecida a nuestra admiración.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Antes de ofrecerme los lugares de siempre, disfruto de estas dos caricias inéditas que buena parte de los sevillanos desdeñan porque se deben a políticos de ideología distinta de la suya. Todos, en el fondo, somos como aquel personaje de una viñeta de Mingote. “¿Qué le parece a usted la nueva fuente que han puesto en la plaza?”, le pregunta el lugareño al visitante. “Espere usted a que me entere a qué partido político pertenece el alcalde”, responde este. &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-XVY7Lw2fh3c/TtLNmXrH48I/AAAAAAAACYw/P38qrPB74s4/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-XVY7Lw2fh3c/TtLNmXrH48I/AAAAAAAACYw/P38qrPB74s4/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 24 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;DOBLE RACIÓN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hace cuarenta años, en septiembre de 1971, publiqué mi primer poema. Yo vivía entonces en Avilés, no conocía a nadie. La revista &lt;i&gt;Poesía española&lt;/i&gt;, la única que se podía comprar en las librerías de Oviedo, daba noticia de otras revistas literarias. Les escribí a todas pidiendo información y, a ser posible, un ejemplar. Luego mandaba mis poemas. El primero apareció en una revista de Málaga, &lt;i&gt;Caracola&lt;/i&gt;, por entonces ya en decadencia, pero en la que habían colaborado Juan Ramón Jiménez y Cernuda. Cuarenta años después de aquel primer regalo, vuelvo a Andalucía para presentar dos de los cuatro libros que este año he editado en Sevilla y en Granada.&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En la presentación sevillana, también acabo soliviantando a alguno de los pocos asistentes. Una señora que me pregunta por la diferencia entre realidad y ficción, entre verdad y mentira –nada menos—, pero que cuando voy a responderle me dice: “Déjame hablar a mí, que tú ya has hablado demasiado”. Temo que se marche airada, como el detractor granadino, pero se queda hasta el final, y en la calle todavía tiene tiempo para decirme: “Nunca me he encontrado con nadie más narciso y más ególatra”. La verdad es que yo, si leo poemas o doy alguna conferencia, lo hago solo como pretexto para el coloquio final. Nada me divierte más que polemizar en público. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-6jFU2-kKVEs/TtLN1Sdyk_I/AAAAAAAACY4/TTePpwidsZk/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="210" src="http://3.bp.blogspot.com/-6jFU2-kKVEs/TtLN1Sdyk_I/AAAAAAAACY4/TTePpwidsZk/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hoy tengo ración doble, así que no me puedo quejar. Tras la presentación, el generoso e inverosímil editor, Javier Sánchez Menéndez, nos invita a cenar en la biblioteca de las Casas del Rey de Baeza. Diez personas, escritores y sin embargo amigos, y entre ellos mi contradictor mejor, Abelardo Linares, que nos cuenta mil y una anécdotas de sus andanzas como editor (yo le animo a escribirlas, pero sé que nunca lo hará) y de su relación con Borges (comieron juntos varias veces, compusieron algunos haikus en colaboración). Yo, que soy experto en sacar a la gente de sus casillas, esta vez me contengo y solo hago alguna observación amable. Él intenta picarme: “Bueno, ahora tienes aquí dos editores, danos una de tus habituales lecciones sobre cómo debe ser un editor”. Ganas me entran, pero me contengo. Y luego, exultante con el reciente triunfo: “Estoy deseando saber si todavía piensas que Zapatero es un gran estadista, como afirmaste alguna vez”. José Luna Borge apostilla: “¡Nos ha llevado a la ruina!”. Yo sonrío y no entro al trapo: “Todavía lo sigo pensando. Pero no voy a convencer a nadie. La historia, más pronto que tarde, le pondrá en su sitio. Yo creo que tuvimos suerte de contar, en los peores momentos, con un buen capitán. A ver si el que llega ahora sabe estar a la altura. Me alegraría. Soy ajeno a cualquier pasión partidista”, digo tratando de practicar esa cualidad tan necesaria para triunfar en la vida que es la hipocresía (y que cada vez se me da mejor, para qué negarlo).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 25 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;OTRO HOMENAJE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-G4EoGI_WVMM/TtLN9eefi6I/AAAAAAAACZA/alkt7ufyTmk/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-G4EoGI_WVMM/TtLN9eefi6I/AAAAAAAACZA/alkt7ufyTmk/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Con Juan Lamillar, mi guía favorito, deambulo por Sevilla esta dorada mañana de otoño. El compás de un convento becqueriano, un Zurbarán escondido, la ventana de un palacio, un jardín entrevisto, un poco de historia en cada rincón, y, como fin de fiesta, la feria del libro antiguo en &lt;st1:personname productid="la Plaza Nueva." w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Plaza" w:st="on"&gt;la Plaza&lt;/st1:personname&gt; Nueva.&lt;/st1:personname&gt; El paseo real se prolonga con el &amp;nbsp;“Paseo por las librerías de viejo”, de Juan Bonilla, que me regalan en uno de los puestos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Recuerdo que en una reunión con poetas jóvenes le dije, en broma, a Luis Antonio de Villena: “Ya vamos siendo viejas glorias”. Él me miró por encima de hombro y apostilló: “Viejas somos todas; glorias, solo algunas”. Pues yo, altivo Luis Antonio, no cambiaría por ninguna otra gloria este homenaje que el que el azar ha querido hacerme a los cuarenta años de la publicación de mi primer poema.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-pa11F5a5VFo/TtLOGsZ3T-I/AAAAAAAACZI/KQlDEMXnntY/s1600/8.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="253" src="http://4.bp.blogspot.com/-pa11F5a5VFo/TtLOGsZ3T-I/AAAAAAAACZI/KQlDEMXnntY/s320/8.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-6611364529580457592?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/6611364529580457592/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/11/razon-de-mas-historia-y-vida.html#comment-form' title='23 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/6611364529580457592'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/6611364529580457592'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/11/razon-de-mas-historia-y-vida.html' title='Razón de más: Historia y vida'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-bFK6TFyHfq8/TtLMS_K0txI/AAAAAAAACYQ/CGImpp1-vKU/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>23</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-2039588271162836376</id><published>2011-11-20T00:00:00.002+01:00</published><updated>2011-11-20T11:21:06.437+01:00</updated><title type='text'>Razón de más: En aire, en humo, en nada</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 13 de noviembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ANÓNIMO&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Los anónimos ya no son lo que eran. Hasta yo, que no disimulo mi desprecio por quienes se esconden para dar su opinión en Internet, generalmente desinformada y desagradable, he acabado aceptándolos e incluso he entrado en debate con alguno de ellos. Cosas del aburrimiento y de mi pasión por la polémica (para mí discutir es como para otros jugar a la pelota o a las cartas). Pero hoy me he encontrado con un anónimo de los de antes. Y he sentido un poco de miedo. En el buzón había un sobre con mi nombre y sin dirección; dentro, algunos juicios sobre lo que escribo no precisamente elogiosos. Los juicios negativos no me molestan especialmente. No soy nada susceptible. Todavía recuerdo, y lo repito con frecuencia, lo que se dijo hace años, cuando publiqué mi &lt;i&gt;Poesía reunida&lt;/i&gt;, en un suplemento andaluz: “Las opiniones sobre García Martín como poeta están divididas: unos piensas que es un mal poeta; otros, la mayoría, que no es un poeta”. Siempre creí que lo había escrito Juan Bonilla, pero él me asegura que no. A mí me hizo gracia. Nunca me ha molestado demasiado que los demás no me crean tan genial como yo me creo (en realidad, ni yo mismo me creo tan genial como me creo). Y como todos tendemos a pensar que los demás son como nosotros, pues nunca he tenido inconveniente en decir públicamente lo que me parece menos acertado de cualquier obra literaria, sin importarme si la firma o no un amigo. Pero lo de hoy es distinto. Esta mañana –ayer no estaba— alguien que no me quiere bien se ha tomado la&amp;nbsp; molestia de llegar hasta mi casa, de hacer que le abran el portal, de dejarme un escrito pretendidamente ofensivo y vagamente amenazante en el buzón. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tengo que tener más cuidado, pienso. Cualquier día un poetastro pierde la paciencia y contrata a unos matones para que me den un escarmiento. Pero si en cuarenta años que llevo haciendo lo mismo no han perdido la paciencia, no creo que vayan a hacerlo ahora. Y en el fondo debo de estarle agradecido: pasan en mi vida tan pocas cosas que gracias a ese anónimo tengo algo que contar este domingo en el que, si no fuera por él, no pasaría nada, salvo el tiempo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-Yxc2YamMy4s/Tseo0iZO5TI/AAAAAAAACXI/LATj3if079c/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://4.bp.blogspot.com/-Yxc2YamMy4s/Tseo0iZO5TI/AAAAAAAACXI/LATj3if079c/s320/1.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 14 de noviembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;UN PERSONAJE DE &lt;personname productid="LA BRUYÈRE" w:st="on"&gt;LA BRUYÈRE&lt;/personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mi autoestima debería de estar por los suelos. Ayer un anónimo de alguien que no me quiere bien. Hoy, un amigo que me quiere bien, después de discutir largo rato, me dice: “Eres imposible. A ti no se te puede hacer cambiar de opinión, por buenas razones que se te den. Eres como aquel personaje de &lt;personname productid="La Bruy￨re" w:st="on"&gt;La Bruyère&lt;/personname&gt;, Arrias creo que se llamaba, que siempre presume de haberlo leído todo, que moriría antes de aceptar que ignora algo. Una vez se hablaba en la mesa de la situación en no sé qué remoto país. Él en seguida le quita la palabra a un recién llegado de allí y se pone a hablar de aquella región lejana como si fuera originaria de ella; discurre de las costumbres de aquella corte, de las mujeres del país, de sus leyes y de sus usos; recita historias que allí le han sucedido, las encuentra graciosas y él es el primero que se ríe hasta reventar. Alguien trata de probarle que algunas de la cosas que dice no son ciertas. No se turba, todo lo contrario, se enfrenta a su interlocutor: ‘Yo no cuento nada que no haya vivido o no sepa de buena tinta; lo que digo se lo he oído a Sethon, el embajador de Francia en aquella corte, a quien conozco bien, y que ha vuelto a París hace algunos días. Hemos hablado hace poco’. Y trata de seguir perorando sobre esto y aquello.&amp;nbsp; Entonces quien había tratado de replicarle dice: “Perdone usted, señor, pero es que yo soy precisamente Sethon, el embajador del que usted habla”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-IKvKf2q9GZw/Tseo7vlp_HI/AAAAAAAACXQ/DDTlw3IFw3E/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="205px" src="http://4.bp.blogspot.com/-IKvKf2q9GZw/Tseo7vlp_HI/AAAAAAAACXQ/DDTlw3IFw3E/s320/2.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 16 de noviembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;EN &lt;personname productid="LA LIBRERÍA" w:st="on"&gt;LA LIBRERÍA&lt;/personname&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Llega uno a una edad en que entrar en una librería de viejo ya no es lo que era. Al pasar por Gulliver, digo a los amigos que me acompañan. “Un momento, que voy a buscar provisiones para esta noche”. Nunca viajo con libros. Me gusta encontrarlos sobre el terreno. Pero repaso las estanterías y todo lo que me interesa, o me apetecería leer, ya lo he leído. Hay alguna primera edición de autores que admiro, pero yo no soy coleccionista. Acabo quedándome con un libro de Manuel Cardenal de Iracheta, alguien de quien ni siquiera he oído hablar, porque al abrirlo al azar me encuentro con que fue amigo de un viejo amigo: “Con qué infantil alegría le vi una tarde montar en su vagón de tercera, en la estación de Segovia, camino de Palencia, durante unas vacaciones. ïbamos con él Adellac, el matemático, y yo. Don Antonio se apoyaba, como de costumbre, en su bastón-cayado. Cuello de pajarita, puños almidonados, ancho sombrero negro, dibujaban su figura de caballero de veinte años atrás. Traqueteaba el tren y el maletín de don Antonio amenazó salirse de la red. Me levanté y lo cogí para colocarlo mejor y evitar su caída; ¡oh sorpresa!, no pesaba nada. Lo agité y sin poderme dominar lo abrí: solo contenía un cepillo de ropa. Las camisas se le habían olvidado al buen don Antonio como otrora al buen manchego. En Palencia, Adellac le equipó como a un escolar a quien su madre lleva al internado”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No encontré nada más que estos &lt;i&gt;Comentarios y recuerdos &lt;/i&gt;de quien parece, sobre todo, un hombre bueno. Claro que solo estuve diez minutos ojeando los repletos plúteos; no suelo estar más tiempo. Recuerdo que una vez acompañé a Francisco Brines a uno de los pisos en que guarda sus libros José Manuel Valdés. Llegamos a las cuatro de la tarde; me aburrí con él hasta las cinco; volví a buscarle a las nueve, y aún seguía explorando minuciosamente una de las esquinas. “Lástima que no pueda volver mañana, porque marcho temprano”, dijo. No sé si llegó a comprar algo. Seguro que es de esas personas, a las que yo envidio tanto, que nunca se aburren.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-f_6vBGS10UI/TsepArXlzHI/AAAAAAAACXY/kmuZ0_ZAkHE/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://3.bp.blogspot.com/-f_6vBGS10UI/TsepArXlzHI/AAAAAAAACXY/kmuZ0_ZAkHE/s320/3.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 17 de noviembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;EPISODIOS NACIONALES&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mis amigos bibliófilos desdeñan &lt;personname productid="la Cuesta" w:st="on"&gt;la Cuesta&lt;/personname&gt; de Moyano. “Hace tiempo que no hay en ella más que novedades y morralla”, me dicen. Pero para Cristian David López, que ha venido a leer sus versos al Centro Hispano Paraguayo, es toda una novedad y para mí es una rutina madrileña de la que no me gusta prescindir. Y siempre acaba recompensándome. Hemos estado en el Prado, Cristian y su novia por primera vez, y a mí, aparte de las maravillas habituales (y las inagotables sorpresas del Hermitage), me han conmovido sobre todo Torrijos y sus compañeros aguardando la muerte en las playas de Málaga. Aquí el tamaño sí que importa. Me siento frente al inmenso cuadro y escucho el llanto, los rezos, las olas del mar de Málaga. Y también una voz que canta: “Oh qué día tan triste en Granada, / que a las piedras hacía llorar, / al ver que Mariana Pineda / en cadalso se muere por no declarar”. El bravo general se junta en mi memoria con la viudita granadina. Y luego &lt;personname productid="la Cuesta" w:st="on"&gt;la Cuesta&lt;/personname&gt; de Moyano, que deslumbró mi adolescencia, me agradece la fidelidad con un tomo de los &lt;i&gt;Decretos del Rey Nuestro Señor don Fernando VII, “&lt;/i&gt;y reales órdenes, resoluciones y reglamentos generales expedidos por las secretaría del despacho universal y consejos de S. M. desde el 1º de enero hasta fin de diciembre de &lt;metricconverter productid="1827”" w:st="on"&gt;1827”&lt;/metricconverter&gt;. Está impreso en la imprenta real el año 1828. Una máquina para viajar a la época que padecieron Torrijos y Mariana Pineda. Cuántos pequeños detalles exactos en estos decretos en que se regulan pensiones de viudedad, exenciones de quintas, nombramientos de arquitectos o maestros mayores, a la vez que se arremete de continuo contra “el ominoso orden constitucional”. A mí me interesa especialmente la real cédula que ordena “guardar y cumplir &lt;personname productid="la Bula" w:st="on"&gt;la Bula&lt;/personname&gt; íntegra de nuestro Santísimo Padre León XII, en que prohíbe y condena de nuevo toda Secta o Sociedad clandestina, cualquiera que sea su denominación”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/--cx82lRT5Ns/TsepFh0t1HI/AAAAAAAACXg/BdTImM5w33M/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://1.bp.blogspot.com/--cx82lRT5Ns/TsepFh0t1HI/AAAAAAAACXg/BdTImM5w33M/s320/4.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 18 de noviembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;CUÁNTO, CUÁNTO NOVIEMBRE&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En el viaje en tren, mientras desfilaba sigilosamente el paisaje al otro lado de la ventanilla, me acordé de que el encargo que teníamos esta semana para la tertulia era escribir un romance y en el cuaderno garabateé unos versos que luego me cuesta leer (yo los poemas, los poemas de verdad, los escribo siempre directamente en el ordenador; a mano solo puedo escribir ejercicios y tonterías). En el Oriental, tras las discusiones habituales, leo el poemilla del tren: “Cuánta melancolía, / cuánto, cuánto noviembre / en estos días lentos / que nunca se detienen / y hacia la noche avanzan / entre la niebla siempre. / Pero llegas de pronto, / no sé de dónde vienes. / Me sonríes tranquila / y una fruta me ofreces / y una flor y una copa / de un licor transparente. / ¿Quién eres?, te pregunto. / No temas. Soy la muerte”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “No está mal”, dice Felipe Prieto. El resto de los contertulios se muestran menos benévolos. Como yo no soy nada complaciente, me pagan con la misma moneda. La verdad es que a mí me gusta pinchar, irritar; especialmente a los más listos. Aunque sean más inteligentes que yo, como soy más viejo y me las sé todas, siempre acabo ganando en las discusiones. O eso creo. Me gusta pensar que soy un buen entrenador. De sobra sé que acabarán superándome, pero yo no se lo pienso poner fácil.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Asusta un poco pensar en la edad de las más recientes incorporaciones a la tertulia. Hago cálculos (yo siempre estoy contando, sumando, multiplicando, como un niño aplicado que se aburre) y resulta que el más joven tendrá mi edad en el 2054. Vamos que soy para él como Azorín, de la generación del 98. Me divierte imaginar lo que dirá entonces de mí, si es que dice algo: “La primera tertulia a la que fui la coordinaba un escritor, ¿cómo se llamaba?, que creo que había publicado algunos libros. Él se creía un genio y se metía mucho con todo el mundo. Era divertido. Ahora no recuerdo su nombre, pero seguro que si rebusco en el desván encuentro algún libro suyo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Zkw9FXhx5yw/TsepL_KocNI/AAAAAAAACXo/aVYX2dM2IlA/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="294px" src="http://2.bp.blogspot.com/-Zkw9FXhx5yw/TsepL_KocNI/AAAAAAAACXo/aVYX2dM2IlA/s320/5.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 19 de noviembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;PALINODIA&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hoy, cuando salía de casa para ir a Avilés, casi tropecé con un tipo que me miró un poco atravesado. Le veo a veces escribiendo, o haciendo que escribe, en alguna cafetería. Si al volver me encuentro con otro anónimo, no tendré muchas dudas de quién es su autor: un pobre hombre, como me imaginaba. ¿Seré yo así cuando tenga su edad? La verdad es que me veo perfectamente escribiendo panfletos contra este y aquel, como Ruiz Contreras arremetía contra los escritores a los que ayudó de jóvenes –Baroja, Valle, Azorín— y que luego triunfaron mientras él era olvidado. Puedo imaginarme perfectamente viejo, fracasado y resentido, pero lo que no me veo –si he de ser sincero— es escribiendo anónimos. Yo arremeteré contra todo y contra todos con nombre y apellidos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Para congraciarme con la tertulia, intento otro romance en el que juego a mi deporte favorito, la falsa modestia: “Soy de esos ignorantes / que creen saberlo todo / y se equivocan siempre / en lo que importa un poco.&amp;nbsp; / Cuando estoy con amigos, / preferiría estar solo / y me gusta el verano / pero solo en otoño. / En asuntos banales / llego siempre hasta el fondo; / en las grandes cuestiones / me gana cualquier topo. / Porque me quieran muero, / que me amen no soporto. / En aire, en humo, en nada / convierto lo que toco.”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-8JzX7htJQL0/TsepUNWUTtI/AAAAAAAACXw/PxXlFygn21Y/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="223px" src="http://2.bp.blogspot.com/-8JzX7htJQL0/TsepUNWUTtI/AAAAAAAACXw/PxXlFygn21Y/s320/6.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-2039588271162836376?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/2039588271162836376/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/11/razon-de-mas-en-aire-en-humo-en-nada.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2039588271162836376'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2039588271162836376'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/11/razon-de-mas-en-aire-en-humo-en-nada.html' title='Razón de más: En aire, en humo, en nada'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-Yxc2YamMy4s/Tseo0iZO5TI/AAAAAAAACXI/LATj3if079c/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-7766775211972906059</id><published>2011-11-13T00:00:00.002+01:00</published><updated>2011-11-13T00:00:02.261+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: De bosques y pantanos</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 5 noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EL ANILLO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Aprovecho para cenar un poco entre el segundo y el tercer acto de &lt;i&gt;Sigfrido&lt;/i&gt;. A las heroicas fantasías de Wagner le sienta bien el doméstico barullo del centro comercial. Entre bocado y bocado de la pizza, picoteo alguno de los aforismos de &lt;i&gt;El viajero y su sombra&lt;/i&gt;: “El hombre que ha dominado sus pasiones ha entrado en posesión del territorio más fecundo, igual que un colono que se ha adueñado de bosques y pantanos”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Distraído, a gusto conmigo mismo, no me doy cuenta de que alguien se ha detenido a saludarme. Lo hace con tanta familiaridad que finjo reconocerle. “¿Puedo sentarme un momento? Le voy a enseñar una cosa que le sorprenderá”. Y saca un pequeño sobre con un anillo. Yo le miro extrañado, temiendo que quiera vendérmelo. Él sonríe. “¿Qué le parece?”, me dice alzando el anillo con dos dedos. No me parece gran cosa, un vulgar aro que ni siquiera es de oro. “Con este anillo puede conseguir lo que quiera. Por ejemplo, volverse invisible. No tiene más que colocárselo en el dedo anular, como hago yo ahora, darle tres vueltas y desearlo”. En ese momento se acerca mi amiga Caterina con su novio. Cuando vuelvo la cabeza para presentarles a mi acompañante, éste ha desaparecido. Miro extrañado a un lado y a otro. “¿A quién buscas?”. “A un chiflado que quería venderme un anillo”. “Pues nosotros no vimos a nadie”. “Bueno, se habrá marchado sin despedirse”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No pensé más en aquel raro encuentro hasta la hora de dormirme. La música de Wagner y los aforismos de Nietzsche me habían quitado el sueño y el buen humor del día se había retirado, como la marea se retira a ciertas horas, dejando al descubierto no limpia arena, sino barro, suciedad y podredumbre. Si fueran verdad las propiedades de aquel anillo, lo primero que le pediría sería un buen sueño sin sueños.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero no tenía el anillo y, para espantar las alimañas que comenzaban a asomar el hocico amenazador desde todas las esquinas, se me ocurrió pensar en lo que haría si me lo hubiera quedado. ¿Volverme invisible? No, ¿para qué? Ya lo soy. ¿Conseguir que siempre que me enamore sea correspondido? Qué fatiga. Ya me he acostumbrado a la indiferencia o al desdén. Un amor para toda la vida me resulta tan poco atractivo como que me obliguen a leer toda la vida el mismo libro. ¿Qué pediría entonces? ¿Ser más joven? ¿Guapo? ¿Rico? En estas tonterías me entretengo. La verdad es que me gusta contarme cuentos. Y fingir que soy feliz. Finjo tan bien que a veces hasta me olvido de que estoy fingiendo. Salvo en las noches de insomnio. Entonces no puedo dejar de pensar en los versos de Brines: “A debida distancia, / cualquier vida es de pena”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-UFAWHLUAkjU/Tr4W6XPAOLI/AAAAAAAACWM/Mm2Qvz-JMbc/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-UFAWHLUAkjU/Tr4W6XPAOLI/AAAAAAAACWM/Mm2Qvz-JMbc/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 6 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;ELOGIO DE &lt;st1:personname productid="LA VEROSIMILITUD" w:st="on"&gt;LA VEROSIMILITUD&lt;/st1:personname&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Vuelvo a Los Prados. Al ir hacia las taquillas del cine, me llama la camarera de la pizzería donde cené ayer. “Encontraron esto en la mesa en que estaba usted, me imagino que será suyo”, y me alarga el anillo. “No es mío, es de un amigo”, digo sorprendido. “Ya pasará él a recogerlo”. “Aquí se va a perder, mejor que se lo lleve usted”. Y vi &lt;i&gt;Habemus Papam&lt;/i&gt;, de Nanni Moretti, con el anillo apretado fuertemente en la mano, sin atreverme a guardarlo ni a tirarlo ni, por supuesto, a ponérmelo en el dedo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;La película me pareció agradable, pero con fallos de verosimilitud. Por supuesto, nunca he estado en un cónclave, pero sí en otros órganos colectivos que tenían que tomar una decisión y sé que a nadie se le concede un cargo importante o un premio sin previamente haberle preguntado –de manera directa o indirecta— si lo aceptaría. El pobre cardenal al que eligen Papa en la película de Moretti —se asusta cuando tiene que salir al balcón a saludar a los fieles y se esconde y se escapa— jamás habría sido elegido. ¡Buenos son los cardenales! Nadie que no quiera ser Papa será nunca Papa, como nadie que no quiera ser presidente de gobierno será nunca presidente de gobierno (Rajoy no sabe lo que le espera). Soy uno de esos fanáticos de la verosimilitud de los que se burlaba Hitchcock. Me divierte encontrarle descosidos al guión de cualquier película, incluso a la amable fábula de Moretti, y sin embargo aprieto en la mano un anillo que concede todos los deseos. Y sé que no es verdad, pero me temo que sea verdad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando vuelvo a casa, resulta que lo he perdido. Tendré que conformarme con no ser ni joven ni guapo ni millonario, con seguir fracasando en el amor y&amp;nbsp; envejeciendo lentamente y creyéndome más listo que nadie y riéndome de mi propia vanidad y lleno de infantil curiosidad y sin más ambición que la moderada felicidad de cada día, a pesar de alguna que otra noche de insomnio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-h1VCZ9Hzius/Tr4XBuPt5gI/AAAAAAAACWU/kQUCIiqpJ0Y/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="273" src="http://3.bp.blogspot.com/-h1VCZ9Hzius/Tr4XBuPt5gI/AAAAAAAACWU/kQUCIiqpJ0Y/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 9 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EN SILOS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“¿Puedo sentarme un momento?”. Al escuchar aquella frase levanté asustado la cabeza del libro que estaba leyendo, releyendo más bien, &lt;i&gt;Misericordia &lt;/i&gt;de Galdós, con su locura y su pobretería. “¿Vendrán otra vez a ofrecerme el anillo?”, pensé. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;----Le veo casi todas las tardes, con su café y sus papeles, al pasar por el Rosal, y hoy por fin me he decidido a saludarle. Quería decirle que me gustó mucho lo que escribió sobre Silos. Yo estuve allí hace tiempo, &amp;nbsp;cuando me encargaron una biografía del más famoso de sus monjes. Llegué solo, una fría mañana, con todo nevado. El portero, risueño y chiquito, parecía un gnomo. Me pidió que me acercara al brasero y se fue a avisar a los monjes. En seguida apareció uno que venía tocando una campanilla. Era la hora de la comida. Me invitaron a acompañarles. Los monjes, de dos en dos, con las capuchas puestas, llegaron cantando salmos y entraron sin mirarme en el refectorio. Primero los padres, luego los legos, finalmente los novicios. A mi lado se colocó un fraile con una jarra de metal, un aguamanil y, colgado del antebrazo, un paño blanco. Cuando entró el Abad, que cerraba el cortejo, el fraile que tenía a mi lado vertió un poco de agua sobre mis dedos y después, con un gesto, me invitó a pasar. El refectorio era inmenso, con el techo sostenido por tres grandes pilares. En la cabecera, bajo un gran cuadro de Cristo crucificado, estaba el Abad presidiendo. En los laterales, los monjes con sus hábitos negros; tras ellos los legos, de color pardo, y en las mesas centrales los novicios. Durante la comida, un novicio va leyendo de un libro con monótonas y largas pausas. Frente a cada cubierto hay una botella de vino. La puerta del refectorio está abierta al claustro románico. Comemos, ellos impasibles, yo aterido de frío, mientras vemos –mientras veo yo, los otros no levantan la vista— caer la nieve en torno al ciprés famoso. Al terminar, nuevos cantos y luego, en fila, vamos hasta la capilla de Santo Domingo, donde se guardan los restos del fundador. Al final, cuando cada uno se retira a sus ocupaciones y yo quería quedarme contemplando el claustro, se me acerca el Abad y me invita a acompañarle a una estancia cercana; allí nos sirven café y unos sorbos de un maravilloso licor. Me trata con tanta cordialidad que al momento me siento como ante un viejo amigo; le hablo de mis estudios, de mi novia, hoy mi mujer, pero no me atrevo a hablarle de lo que me había llevado a aquel lugar, que no solo era el amor al arte, sino buscar datos sobre el famoso monje de Silos, entonces abad del Valle de los Caídos, Fray Justo Pérez de Úrbel. El periodista Cándido había escrito uno de sus libros, &lt;i&gt;Los mártires de la iglesia. Testigos de su fe&lt;/i&gt;, un conjunto de veinte biografías de supuestas víctimas de la barbarie roja durante la guerra civil. Eran biografías inventadas o plagiadas, y el periodista se había esmerado en la descripción de los sádicos, y a ratos voluptuosos, martirios. Cándido tenía la impresión de que no era el único caso, de que las docenas y docenas de libros que había publicado el buen fraile tras la guerra civil, así como los centenares de artículos, no eran obra suya. Por entonces ejercía una incesante actividad: Pilar Primo de Rivera le había encargado la dirección espiritual de las mujeres y los niños españoles; ni unas ni otros podía leer nada que no pasara por sus manos, incluso dirigía un tebeo, &lt;i&gt;Flechas y Pelayos&lt;/i&gt;. Era procurador en Cortes. En dos meses lo hicieron licenciado, en tres doctor y en cuatro catedrático de Historia Medieval de &lt;st1:personname productid="la Universidad Complutense." w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt;  Complutense.&lt;/st1:personname&gt; El nombramiento de Abad del Valle de los Caídos tuvo lugar en el salón del trono del Palacio Real, en presencia de Franco. Todo un ejemplo de humildad monástica. Aquella noche, a pesar del frío, decidí levantarme y salir a dar una vuelta por el claustro nevado, iluminado por la luna. Paseaba solo, sintiéndome muy cerca del Paraíso, cuando me asustó una figura oscura que parecía haberse materializado de pronto delante de mí. Era uno de los frailes. Le reconocí porque era el único que me había mirado, a hurtadillas, cuando estábamos en el refectorio. “Sé a ha venido usted aquí. Soy el mejor amigo de Fray Justo. Con él hice correr las mulas montado en el trillo, busqué nidos, salté tapias, sufrí los tirones de orejas de nuestro primer maestro de latín, el cura del pueblo, don Victoriano. Ingresamos juntos, a los doce años, en la escuela de esta abadía. A los dos nos gustaba estudiar, pero solo a él le gustaba brillar. Yo le convencí, en los días turbulentos de la guerra, para que aceptara los cantos de sirena de los políticos. Desde este retiro seguí colaborando con su obra. Me imaginaba un nuevo Martín Sarmiento ayudando a otro Feijoo; ahora sé que el diablo se aprovechó de mi vanidad para ofuscarme”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-T6lhA-T_nsM/Tr4XKRWmCdI/AAAAAAAACWc/8MCr7cbj8MM/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-T6lhA-T_nsM/Tr4XKRWmCdI/AAAAAAAACWc/8MCr7cbj8MM/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Eran los últimos años del franquismo. En &lt;i&gt;Ruedo ibérico &lt;/i&gt;esperaban la biografía escandalosa de uno de los sostenes espirituales del régimen. Pero decidí no escribirla, y eso que podía haber hecho bastante ruido. ¿Sabe por qué? Por la hospitalidad de los monjes, por el café y el licor que me tomé con el Abad, por la nieve que caía en el claustro… No me sentí capaz de turbar su paz. Vi que a usted también le había impresionado, por eso quise contarle esto que no había contado a nadie. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-k2aSLxiu82Y/Tr4XSX5YLHI/AAAAAAAACWk/SC616F_FNYk/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-k2aSLxiu82Y/Tr4XSX5YLHI/AAAAAAAACWk/SC616F_FNYk/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 10 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;UN LECTOR MENOS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“Yo le tenía por un buen crítico; tras leer hoy su reseña en el periódico, le he perdido el respeto. Habla de un libro que conozco, el diario de Juan Malpartida, y tiene la desfachatez de no mencionar siquiera que en él se le desenmascara. Como los jueces, también los críticos deberían a veces abstenerse. Cuenta que la última vez que habló con Octavio Paz, tras el incendio de su casa, cuando se quemaron libros y cuadros y él escapó por poco, enfermo y con la sonda puesta, le preguntó por la antología que usted acababa de publicar, &lt;i&gt;Treinta años de poesía española&lt;/i&gt;. Y le animó a que, junto a Sánchez Robayna, &amp;nbsp;preparara otra para contrarrestarla, otra que colocara en su lugar a los poetas que usted había querido dejar fuera de la historia de la literatura: José Miguel Ullán, César Antonio Molina, el propio Juan Malpartida. Entre enfermedades y catástrofes, poco antes de morir, con gran generosidad, Octavio Paz se esfuerza en reparar el mal que usted ha hecho. Pero eso no lo cuenta en su reseña, eso se lo calla. ¿Cómo cree que voy a seguir leyéndole?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-UUY__ykX1EM/Tr4XbqXqUMI/AAAAAAAACWs/7U1iC5rg5Q4/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="221" src="http://3.bp.blogspot.com/-UUY__ykX1EM/Tr4XbqXqUMI/AAAAAAAACWs/7U1iC5rg5Q4/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 11 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;SPLEEN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“Pero ¿no te aburres?”, le digo a un amigo que se pasa el día sin hacer nada. “Soy demasiado perezoso para aburrirme; el aburrimiento es propio de gente como tú que siempre necesita estar haciendo algo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tiene toda la razón. Yo siempre ando inventándome cosas que hacer para no aburrirme, y&amp;nbsp; luego resulta que todo lo hago de prisa y corriendo porque me aburro en seguida de hacerlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-EdZbjYQlVQ0/Tr4XhdqAC8I/AAAAAAAACW0/nWVPU8_2f6I/s1600/6.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="234" src="http://4.bp.blogspot.com/-EdZbjYQlVQ0/Tr4XhdqAC8I/AAAAAAAACW0/nWVPU8_2f6I/s320/6.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-7766775211972906059?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/7766775211972906059/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/11/razon-de-mas-de-bosques-y-pantanos.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/7766775211972906059'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/7766775211972906059'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/11/razon-de-mas-de-bosques-y-pantanos.html' title='Razón de más: De bosques y pantanos'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-UFAWHLUAkjU/Tr4W6XPAOLI/AAAAAAAACWM/Mm2Qvz-JMbc/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-2458254703596866702</id><published>2011-11-06T01:15:00.000+01:00</published><updated>2011-11-06T01:15:28.923+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: El editor, el amigo, el héroe</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 29 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;MALA MEMORIA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-X7H0CTEoZBQ/TrXQFIyKhgI/AAAAAAAACTc/AOIv9w1VPMg/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://4.bp.blogspot.com/-X7H0CTEoZBQ/TrXQFIyKhgI/AAAAAAAACTc/AOIv9w1VPMg/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Comida en el Germán, frente al Niemeyer, con amigos de hace más de treinta años, de los tiempos de Ana de Valle. Regreso luego a casa por la calle de &lt;st1:personname productid="la C￡mara" w:st="on"&gt;la Cámara&lt;/st1:personname&gt; rodeado de fantasmas. Al llegar al Parche, se me acerca un desconocido: “¿José Luis García Martín? ¿Tiene un momento? Querría mostrarle algo”. “Espero que no sean poemas”, pienso mientras trato de librarme de él con más o menos cortesía. “Tengo un poco de prisa”. “Es solo un momento”. Y me lleva hasta una casona con escudo de la calle de &lt;st1:personname productid="la Ferrer￭a. Ascendemos" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Ferrer￭a." w:st="on"&gt;la Ferrería.&lt;/st1:personname&gt;  Ascendemos&lt;/st1:personname&gt; por una húmeda y desvencijada escalera hasta una especie de desván. No enciende la luz. Mientras yo espero en la puerta, abre un ventanuco. Los oblicuos rayos del sol iluminan el polvo que flota en el aire y los montones de libros que hay por todas partes. “¿Ve como valía la pena acompañarme?”, me dice sonriendo. Yo ya no le atiendo, de inmediato me puesto a escarbar, como un hurón feliz, en el montón más cercano. Hay de todo. Muchas cosas sin interés (literatura más o menos marxista de la época de &lt;st1:personname productid="la Transici￳n" w:st="on"&gt;la Transición&lt;/st1:personname&gt;, clásicos en malas ediciones de bolsillo), pero también bastantes primeras ediciones de Galdós, Clarín, Palacio Valdés y un montón de tomos del &lt;i&gt;Teatro crítico&lt;/i&gt;, de Feijoo, en ediciones del XVIII. “¿De dónde ha salido todo esto?”, pregunto levantando un momento la cabeza. Y entonces me doy cuenta de que estoy solo. Me asusto, no sé por qué y voy hacia la puerta, temiendo encontrarla cerrada. Al poco reaparece mi anfitrión. “Estoy preparando café. ¿Querrías tomar una taza?”. Le acompaño a una pequeña salita que da a un oscuro patio interior. “Tengo que desalojar esta casa, que van a reformar, y antes de llamar a un librero de viejo para que vacíe el desván se me ocurrió que podría hacerte ilusión quedarte con algún volumen. ¿Te interesa algo?”. Quise saber la historia de aquellos libros.&amp;nbsp; “Unos, seguramente los menos interesantes para ti, era míos. No quise llevarme ninguno cuando me fui a Madrid. Los otros, de un tío abuelo amigo de Clarín y al que Palacio Valdés menciona en algún artículo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “¿Puedo volver otro día?”, pregunté. “¿Cuándo vas a llamar al librero?”. Tenía que regresar pronto a Oviedo porque desde Nueva York retransmitían &lt;i&gt;Don Giovanni&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Lo antes posible”, dijo. “También quería pedirte el teléfono de algún librero”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Volví a subir. “¿Cuánto quieres por Feijoo?”, le dije. “Me gustaría que lo aceptaras como regalo”. Y fue entonces cuando la cubierta amarilla de un delgado volumen que asomaba bajo unos tomos de &lt;st1:personname productid="la Gran Enciclopedia" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Gran" w:st="on"&gt;la Gran&lt;/st1:personname&gt;  Enciclopedia&lt;/st1:personname&gt; Asturiana me llamó la atención. Y era efectivamente lo que me parecía: nada menos que &amp;nbsp;&lt;i&gt;Marineros perdidos en los puertos&lt;/i&gt;, mi primer libro, publicado a comienzos de 1972. Y estaba dedicado. Me ruborizó un poco leer la dedicatoria, y más mirar luego la cara de mi anfitrión. “Sí, soy yo. ¿De veras no me habías reconocido? Creí que estabas disimulando”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No, no le había reconocido. En una vida caben muchas vidas. También los recuerdos caducan. De pronto tuve prisa por salir de allí. “No quiero llegar tarde a la ópera —dije—. Si te parece, vuelvo mañana”. Pero llegué tarde a la ópera. Y de sobra sé que mañana no voy a volver.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¡Cuántas vidas caben en una vida! Y qué poco orgulloso me siento de alguna de ellas. Afortunadamente, tengo mala memoria.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-qUj6ArJQuDY/TrXQP8bv44I/AAAAAAAACTk/LoxXwLDDve0/s1600/2.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-qUj6ArJQuDY/TrXQP8bv44I/AAAAAAAACTk/LoxXwLDDve0/s320/2.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 30 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;CASI TAN BUENO COMO YO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;De los amigos que te llaman de vez en cuando y te tienen horas al teléfono, el único del que no me cansa nunca es Abelardo Linares. Discutir con él de literatura o de cualquier cosa es como jugar una partida de tenis con un buen jugador, casi tan bueno como yo. Acepta además bastante bien el que yo nunca me dé por vencido. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Pero yo soy capaz de acabar con la paciencia del más santo, y a veces se harta de mí y desaparece un tiempo. El viernes me tuvo a teléfono durante media tertulia y yo aproveché para arremeter contra lo último que ha publicado, &lt;i&gt;El caracol dorado&lt;/i&gt;, de Dionisia García, incluido en la colección de aforismos que dirige Manuel Neila. Le leo dos o tres blandas banalidades escogidas al azar: “Admirable la estudiosa A. Cárceles, cuyo talante y talento van a la par, sin hacer ruido…”, “Preocupantes las agresiones que sufre el lenguaje”, “El tiempo no pasa por los escritores altos”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-tUujHpKLGGM/TrXQZyZ-zxI/AAAAAAAACTs/5_mtele8QEQ/s1600/3.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-tUujHpKLGGM/TrXQZyZ-zxI/AAAAAAAACTs/5_mtele8QEQ/s320/3.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;“Un libro así no beneficia ni a la editorial ni a la autora”, le digo. “Neila es poco exigente, acepta cualquier cosa. ¿Qué pinta ese cuaderno de notas en una colección que pretende reunir a los mejores aforistas de todos los tiempos?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hoy me encuentro con Manuel Neila y le comento mi opinión sobre &lt;i&gt;El caracol dorado&lt;/i&gt;. “Estoy completamente de acuerdo. Pero yo no tengo que ver nada con ello, no estaba previsto para la colección, fue una imposición de Abelardo, por simpatía hacia la autora, o porque paga la edición, no sé”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;O sea que he metido una vez más la pata. Y volveré a quedarme por una buena temporada sin mi contrincante favorito para jugar al tenis dialéctico. Debería haberme callado, pero sigo pensando que a Dionisia García –buena amiga, una de las mejores personas que he tenido ocasión de conocer— le beneficia tan poco publicar sus ocurrencias sin una exigente criba como a cualquier editor publicar un libro solo porque lo financia su autor, o peor aún, cualquier institución. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 1 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;OTRA HISTORIA DE LOBOS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-xJNc9mHWCao/TrXQketHP9I/AAAAAAAACT0/W4vy5OKafEw/s1600/4.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-xJNc9mHWCao/TrXQketHP9I/AAAAAAAACT0/W4vy5OKafEw/s320/4.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Entretengo en Los Prados las melancolías de esta tarde festiva con un café y tres o cuatro libros. El bullicio del centro comercial no me molesta. Todo lo contrario. Me concentro aquí como en la más apacible biblioteca y cuando dejo de leer y alzo un momento los ojos, para que lo leído sedimente, me siento muy bien acompañado por tantos desconocidos. Me gusta traer conmigo libros que se pueden picotear. Abro el &lt;i&gt;Diario íntimo&lt;/i&gt;, de los Goncourt, y me encuentro con la siguiente anotación: “Esta luz implacablemente blanca de la luna en las primeras noches de noviembre, en esta noche del día de los muertos, es verdaderamente espectral. Me parece ver en ella reflejos de sudario”. A través de las cristaleras de la cafetería, trato de distinguir la luna. ¿Tendrá también reflejos de sudario? Y recuerdo de pronto una remota historia que me contó mi abuelo una noche de invierno. Estábamos sentados en la cocina de su casa, en torno a la chimenea; mi abuelo a un lado, mi abuela al otro, y yo frente a las llamas. “Cuando tenía tu edad –comenzó mi abuelo—, una noche de luna llena como esta, en que guardaba ovejas en el monte, me encontré con el lobo”. Yo debía tener entonces seis años, los mismos que cumplió Ernesto el otro día, y seguramente abrí mucho los ojos admirados, como hacía siempre que me contaba alguna historia que le tenía a él por protagonista (las únicas que le gustaba contar, los cuentos de hadas quedaban para mi abuela). “Estaba en el monte, una noche muy fría de luna llena, las ovejas se apretujaban en el redil y yo me acercaba todo lo que podía a la hoguera para tratar de calentarme. A lo lejos creí oír aullidos de lobos, pero no tenía miedo porque me acompañaba Sansón, un perro grande capaz de enfrentarse a cualquier bestia. El sueño me hacía dar cabezadas, y como era un niño tan niño como tú eres ahora acabé quedándome dormido. Me desperté de pronto medio muerto de frío; la hoguera se había apagado y en el silencio se oía una respiración feroz y una ruidosa masticación. Sansón, Sansón, grité. Y de pronto lo vi en el suelo, un gran manchón en la oscuridad, con el cuello lleno de sangre. En medio del rebaño una gran bestia alzó la cabeza y clavó en mí un momento los ojos. Entre las mandíbulas tenía sujeto un sanguinolento corderito. Era el lobo, el lobo más grande que yo hubiera visto nunca (y había visto muchos, aunque todos muertos, arrastrados por las calles del pueblo). Me miró solo un instante y luego siguió con su banquete. Pero yo sabía lo que significaba su mirada: En cuanto acabe con esto, iré por ti. Sabía que debía echar a correr, pero el miedo me tenía inmovilizado. Si estuviera aquí mi padre, pensé; con una sola mano podría acabar con cien lobos como este. Pero mi padre, tu bisabuelo, había muerto un año antes, y por eso yo, en lugar de estar en la escuela, estaba en el monte guardando el rebaño. Me acordé de lo que decía el cura, que si era bueno Dios me concedería todo lo que pidiera. Y yo era obediente y bueno y le pedí a Dios que viniera mi padre a sacarme de aquel apuro, como hacía siempre cuando estaba con vida. Y Dios me oyó, como no podía ser de otra manera, porque yo era un niño pequeño como tú y estaba solo y a punto de ser devorado por el lobo. Una figura apareció de pronto caminando en la oscuridad. Era mi padre. Le reconocí por la ropa que llevaba cuando le enterramos. El lobo huyó espantado al verle, como un perrito faldero, con el rabo entre las piernas. Luego se acercó hacia mí. Era mi padre, de eso no había duda. Aquel era el traje, el mismo del día de la boda, que llevaba cuando yo le había besado por última vez. Pero ahora estaba hecho andrajos, medio podrido. Y cuando alargó los huesos de su mano para acariciarme y cuando la desdentada calavera abrió la boca para decirme algo, yo di un grito, aterrado. Me encontraron a la mañana siguiente, medio muerto de frío, el rebaño destrozado por el lobo y a mi lado (te la voy a enseñar, todavía la llevo conmigo) una estampita de San Blas que yo le había puesto a mi padre en el bolsillo el día que lo enterramos”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-sQfi6jewm-8/TrXQyiaLDyI/AAAAAAAACT8/Akc9N720xm0/s1600/5.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-sQfi6jewm-8/TrXQyiaLDyI/AAAAAAAACT8/Akc9N720xm0/s320/5.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 2 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;SOÑÉ&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Soñé que Dionisia García, siempre tan generosa, me regalaba un libro: &lt;i&gt;Pensar&lt;/i&gt;, de Vergílio Ferreira. Al despertar, no lo tenía a mi lado en la mesita de noche, como Coleridge la flor que cortó en el jardín del sueño, pero recordé que ese libro lo había leído hace tiempo y que estaba en un rincón de mi biblioteca. Lo busqué, y al abrirlo al azar lo primero que me encontré fue la siguiente frase: “¿De qué te sirve la inteligencia si no tienes inteligencia para usarla con inteligencia?”. Y luego, en la misma página, unas líneas más arriba: “Es posible que una obra de primera sea considerada de cuarta por un cretino de quinta”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Interpreté entonces la sonrisa de Dionisia en el sueño: “¿Ves como yo también puedo ser mala? ¡Es tan fácil! Pero no quiero serlo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 4 de noviembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;HÉROES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-uNsYPckFsC8/TrXQ7H__IHI/AAAAAAAACUE/dgdwQjZBOBk/s1600/6.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/-uNsYPckFsC8/TrXQ7H__IHI/AAAAAAAACUE/dgdwQjZBOBk/s320/6.jpg" width="292" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Soy un hombre prevenido. No hay lectura de poemas o conferencia a la que no me lleve un libro. ¡He tenido que aguantar cada cosa! A la lectura de Cristian David López, en Gijón, llevo &lt;i&gt;Los héroes del trabajo&lt;/i&gt;, publicado en 1884, una maravillosa colección de mínimas biografías de grandes hombres –escritores e inventores, artistas y militares—&amp;nbsp; que tuvieron que superar una infancia difícil y que gracias a su esfuerzo llegaron a lo más alto. “A la verdad, maravillan los grandes resultados del trabajo”, nos dije Joaquín Olmedilla, traductor y prologuista. “Solo así se explica el descubrimiento del telégrafo, teléfono, fonógrafo, la locomoción por vapor, fotografía, radiofonía, etc., todo lo cual forma el más brillante diploma que puede ostentar la laboriosa centuria en que vivimos, con cuyos inmarcesibles laureles pasará ciertamente a la historia”. Sonrío ante el estilo del prologuista, pero luego me emocionan hasta las lágrimas algunas de estas historias de superación. Que leo ya en casa; durante el recital no tuve necesidad de abrir el libro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-8v9wJsk6or4/TrXRVzDGVNI/AAAAAAAACUM/S6wmJaiL4oo/s1600/7.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="306" src="http://3.bp.blogspot.com/-8v9wJsk6or4/TrXRVzDGVNI/AAAAAAAACUM/S6wmJaiL4oo/s320/7.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-2458254703596866702?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/2458254703596866702/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/11/razon-de-mas-el-editor-el-amigo-el.html#comment-form' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2458254703596866702'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2458254703596866702'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/11/razon-de-mas-el-editor-el-amigo-el.html' title='Razón de más: El editor, el amigo, el héroe'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-X7H0CTEoZBQ/TrXQFIyKhgI/AAAAAAAACTc/AOIv9w1VPMg/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-95511804107530050</id><published>2011-10-30T00:00:00.013+01:00</published><updated>2011-10-30T00:00:03.062+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Glosas silenses</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 22 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;DESDE EL SILENCIO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-saIY32yGNPg/TqxsywrSumI/AAAAAAAACSY/1T7FqbQ24-Q/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="234" src="http://4.bp.blogspot.com/-saIY32yGNPg/TqxsywrSumI/AAAAAAAACSY/1T7FqbQ24-Q/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Tras la lectura de poemas, ya en la celda, abro &lt;i&gt;Cartas desde el silencio&lt;/i&gt;, de Víctor Márquez Pailos, prior de Silos, que el propio autor me acaba de regalar. Una peculiar teología la suya: “Como lo santo está separado de lo profano, así la caricia está separada de todo cuanto separa o divide en dos la esperanza humana”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La gran sequoia que preside la entrada del monasterio se asoma a mi ventana; si yo me asomara, tendría casi al alcance de la mía la mano del santo que parece danzar en el centro de la fachada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cierro el libro, abro el cuaderno que siempre llevo conmigo, y continúo a mi manera este peculiar epistolario:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;La madurez del hombre cabal no depende de su grado de seguridad sino de su grado de fragilidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Nadie más vulnerable que el hombre seguro de sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Quien levanta una muralla para defenderse de los otros levanta los muros de su propia cárcel.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Escribir no es, como decía María Zambrano, defender la soledad, sino abrir puertas y ventanas para que los demás invadan nuestra soledad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si no estás indefenso, ¿cómo pretendes amparar a nadie?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El que busca desesperadamente a Dios y no lo encuentra, ya lo ha encontrado; el que cree tener a Dios en su corazón lo ha perdido para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-kTphnS5j8uY/Tqxs4m0RsaI/AAAAAAAACSg/KlkKP7AJpQQ/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="261" src="http://1.bp.blogspot.com/-kTphnS5j8uY/Tqxs4m0RsaI/AAAAAAAACSg/KlkKP7AJpQQ/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 23 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;VIGILIA Y LAUDES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Sin necesidad de poner el despertador, a las cinco y media ya estoy despierto. Camino por el laberinto de pasillos; en el claustro románico, apenas iluminado por una tímida luna, doy algunas lentas vueltas, a pesar del frío, antes de seguir mi camino. Por la puerta de &lt;st1:personname productid="la Virgen" w:st="on"&gt;la Virgen&lt;/st1:personname&gt;, me dirijo luego hacia la iglesia. Recorro luego la gran nave vacía; al fondo, en el coro, se adivinan ya las siluetas de los monjes. Me coloco en un banco de la primera fila, pero uno de ellos se adelanta y con un gesto me invita a acompañarlos. Me siento en el coro y participo, como uno más, de la vigilia del domingo. Siento que cantan solo para Dios y para mí.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; He dicho más de una vez –a mi edad todo se ha dicho ya muchas veces— que soy un ateo que colecciona experiencias religiosas. Recuerdo siempre, en primer lugar, mi entrada en Jerusalén. Iba con otros invitados a participar en un curso sobre el Holocausto organizada por el Yad Vashem. En el aeropuerto de Tel Aviv nos estaba esperando Perla Hassam, judía de Melilla, encargada de la relación del museo con los países de lengua española. Subimos al autobús y, cuando nos acercábamos a la ciudad, tuvo la feliz idea de que visitáramos, en primer lugar, antes incluso de ir al hotel, el Muro de las Lamentaciones. Era la tarde del viernes, estaba a punto de comenzar el Sabbath. Cruzamos ante la puerta de Damasco, que se doraba al sol y parecía una estampa iluminada de la época de las Cruzadas. En seguida, el autobús se detuvo y, tras cruzar el detector de metales, avanzamos por la gran explanada ante el muro. Era el momento mismo en que no se podía distinguir un hilo de otro; comenzaba el sagrado sábado. Llegaban grupos de adultos y de adolescentes, algunos cantando y bailando como si se dirigieran a una fiesta. Junto al muro, otros inclinaban repetidamente la cabeza. No podría explicar lo que sentí. Al principio era solo el extranjero que mira un espectáculo curioso. Pero en seguida fui uno de ellos, la sal de la tierra y el chivo expiatorio por los siglos de los siglos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; A Plovdiv, en Bulgaria, he ido en varias ocasiones. Y siempre que voy me descalzo y entro en la gran mezquita, junto a la plaza en que muestran su costillas las ruinas romanas y los pintores venden sus cuadros. En pocos lugares me siento tan bien recibido. Bulgaria fue dominada por los turcos durante siglos; tras la independencia, una minoría continuó siendo musulmana. Esta hermosa mezquita, del siglo XVI, sigue siendo mezquita, no es un museo, como la de Sofía, pero no está en un país árabe y eso le da, no sé por qué, un aire distinto. Cuando yo entro, casi nunca hay nadie. A veces un solitario reza en cuclillas; otras, unos pocos adolescentes escuchan la lección de un hombre barbudo. Nada más entrar siento un gran sosiego, como si alguien me abrazara, me cogiera en su mano, me alzara sobre el abismo del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La cúpula del Panteón, en Roma, tiene en lo más alto un círculo abierto al cielo por el que entran los rayos del sol o cae la lluvia. Me gusta colocarme exactamente debajo, sentir sobre mí la airosa cúpula ciclópea, en torno mío los gruesos muros que han soportado el paso y el peso de los siglos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Quoniam Deus magnus Dominus / et rex magnus super omnes deos”, cantan los monjes. Sí, el Señor es un Dios grande, soberano de todos los dioses, pero por muy grande que sea sin los ritos, las magias y los templos de los hombres no sería nada. Su verdadero nombre es Vacío, Enigma, Nada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dios no existe, pero a veces –junto al Muro de las Lamentaciones, en la mezquita de Plovdiv, en el Panteón, en el silencio de Silos— su ausencia se hace tan presente que se convierte en la más consoladora verdad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-p8FwWN-MMz4/TqxtD3CerPI/AAAAAAAACSo/rDtr332574M/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-p8FwWN-MMz4/TqxtD3CerPI/AAAAAAAACSo/rDtr332574M/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 24 de octubre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;VANIDAD&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“¿Cómo es que a un crítico le da de pronto por escribir poemas? ¿No tiene miedo de que le traten ahora con la misma dureza que usted trató a los demás?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Recuerdo, con una sonrisa, la pregunta que me hizo durante el coloquio uno de los asistentes a la lectura del pasado sábado. Al final me regaló su último libro, de hermoso y preciso título, &lt;i&gt;La realidad inverosímil&lt;/i&gt;. Antolín Iglesias Páramo no sabía que yo era poeta, pero yo había leído poemas suyos, le había perdido luego la pista y ahora le reencuentro en sentenciosos sonetos: “Vivir es sorprenderse y aceptarse…”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ser un poeta poco conocido no afecta para nada a mi vanidad (aunque no me molestaría, para qué nos vamos a engañar, ser admirado y célebre).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mi vanidad –ya sé que no debería decirlo, pero me paso el día diciendo cosas que no debería decir— tiene más bien que ver con el alto concepto que tengo de mí mismo. Me parece que nadie razona tan atinadamente como yo, no ya en literatura, sino en política, en matemáticas y en cualquier cosa que se me ponga por delante. Cada vez me cuesta más reconocer que no siempre tengo razón, que solo la tengo casi siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-nnFUDUwWLZ0/TqxtMTo2GyI/AAAAAAAACSw/3Pzsclm44rs/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-nnFUDUwWLZ0/TqxtMTo2GyI/AAAAAAAACSw/3Pzsclm44rs/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 25 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;MÁS ANOTACIONES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; No te avergüences de tus imperfecciones: son ellas las que te hacen digno de amor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La vida real es siempre, en un noventa por ciento, imaginaria.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si nunca has caído, no podrás enseñar a nadie a levantarse.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Quien no tiene hijos, no tiene padre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El que renuncia a la mujer que ama por amor a Dios no ama a Dios ni ama a la mujer.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aprende de los niños a tomarte el juego en serio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El silencio y la soledad son las armas predilectas del demonio.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No hay verdad que no pueda volverse del revés.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando habla de Dios, nadie sabe lo que dice.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El mayor enemigo de la religión es el hombre religioso que considera falsas todas las religiones menos la suya.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Busca la verdad, pero no te alegres de encontrarla; si crees encontrarla es que la has perdido para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si nunca has perdido la cabeza, ¿cómo sabes qué tienes cabeza?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los muertos no creen en Dios.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si nadie creyera en el otro mundo, no habría otro mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si nadie creyera en los fantasmas, no habría fantasmas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuidado con las buenas intenciones: las carga el diablo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Desconfía de los milagros; también los dioses falsos hacen milagros.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando no tengas nada que ofrecer, ofrece tus manos. Incluso vacías, valen más que cualquier tesoro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tómate muy en serio todo lo que haces, pero nunca te vayas a la cama sin haberte reído un poco de ti mismo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Si no eres Dios, lo mejor que se puede ser es hombre, salvo que se sea mujer.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Todos los libros sagrados son falsos; Dios no sabe escribir.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-eHKIouIPE9A/TqxtTSqSgQI/AAAAAAAACS4/yM8PijIOCks/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-eHKIouIPE9A/TqxtTSqSgQI/AAAAAAAACS4/yM8PijIOCks/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 27 de octubre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;FRAY MARTÍN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El huerto, la hermosa y desordenada biblioteca, el orgulloso ciprés del claustro, que se sabe más famoso que ningún monje, la rigurosa parcelación del día en las diversas ocupaciones… Vista desde fuera la vida monacal, para una persona como yo, tiene sus atractivos. Y no es el menor que, detrás de su bucólica apariencia, esconde un microcosmos tan lleno de tensiones como cualquier otro. Umberto Eco lo sabía muy bien. Con la cabeza baja, entran y salen los monjes del coro, como en un escenario, pero cada uno de ellos es un mundo: el padre Recaredo, que conoció los tiempos más duros, que anduvo por Argentina, que algo tiene de Voltaire candoroso; el padre Rufino, que se sabe a San Juan de memoria; el padre Ángel, tímido fotógrafo… No falta quien disimula apenas sus modales de sargento cuartelero. Y luego está el prior, que estudió en Oviedo y alguna vez pasó por nuestra tertulia, todo un personaje: ingenuo y sabio, frágil y firme, que no le teme al desorden de la vida.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No habría desentonado yo en ese variopinto y bien concertado conjunto. El voto de pobreza lo he practicado desde siempre, el de castidad, a estas alturas, creo que me costaría poco, y el de obediencia… Bueno, el de obediencia tampoco me costaría nada siempre que yo fuera abad o prior.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-j462HTKdjwM/TqxtaXjLJgI/AAAAAAAACTA/NlJE7m11R2s/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-j462HTKdjwM/TqxtaXjLJgI/AAAAAAAACTA/NlJE7m11R2s/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 28 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;LORCA Y YO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El otro día, en el Hotel Reconquista, nos contó Andrés Amorós que había conocido a Rafael Martínez Nadal, el gran amigo de Lorca: “Decía que Federico no tenía una gran cultura ni leía mucho, pero que lo poco que leía lo aprovechaba muy bien”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Yo en eso soy como Lorca, y no porque lea poco (a veces pienso que no hago otra cosa), sino porque vivo poco, porque apenas tengo experiencias vitales fuera de los libros, pero a las pocas que tengo les saco todo el partido posible.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Equivoqué mi vocación, yo habría debido ser monje”. “¿Y qué otra cosa eres?”, me responde Catarina. “Lo que ocurre es que, como no soportas obedecer a nadie, has creado tu propia orden y eres a la vez el padre fundador y el único seguidor”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-9XQQCqCpJsE/TqxtkJDdseI/AAAAAAAACTI/j5Ql-mjvuh8/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="191" src="http://1.bp.blogspot.com/-9XQQCqCpJsE/TqxtkJDdseI/AAAAAAAACTI/j5Ql-mjvuh8/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-95511804107530050?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/95511804107530050/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-glosas-silenses.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/95511804107530050'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/95511804107530050'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-glosas-silenses.html' title='Razón de más: Glosas silenses'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-saIY32yGNPg/TqxsywrSumI/AAAAAAAACSY/1T7FqbQ24-Q/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-5216283207654787086</id><published>2011-10-23T00:00:00.003+01:00</published><updated>2011-10-23T00:00:02.913+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Decir algo es decir nada</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 16 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;DEJO DE HABLAR DE POLÍTICA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Nada me gusta más que no tener razón. Me gusta que la realidad me desmienta. Pero la realidad últimamente ha cogido la mala costumbre de no desmentirme. Tras cada nuevo éxito del famoso 15-M, las tercas encuestas nos informan que la izquierda ha dado un paso atrás y la derecha dos pasos al frente. Con un poco de planificación, organizando una gran marcha el día antes de las próximas elecciones, además de ocupar las primeras páginas de los periódicos (su éxito mediático ya parece superior al de Belén Esteban), harán realidad la peor de las pesadillas. La derecha no solo tendrá mayoría absoluta, sino la mayoría necesaria para, por ejemplo, nombrar a los miembros del tribunal constitucional sin pactar con nadie. Y entonces veremos resolverse los recursos de inconstitucionalidad pendientes en contra de las leyes progresistas. ¿Se declararán nulos todos los matrimonios entre hombres o entre mujeres celebrados hasta la fecha? Es muy posible. Y volverán a la cárcel las mujeres que interrumpan un embarazo no deseado. La ley del divorcio, en cambio, parece que no estará en peligro. Algo es algo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pero si nada me gusta más que no tener razón, nada me gusta menos que meterme en política. Lo que haya de ser será: yo poco puedo hacer por evitarlo. Mejor que me dedique a hablar de otra cosa. Prometo no volver a llamar tontos a mis amigos más izquierdistas que nadie, a esos que tanto ayudan a la marcha triunfal de la derecha con su progresista y progresiva majadería (también ayudan un poquito a la izquierda que ni pincha ni corta, la de Cayo Lara, que gracias a ellos arañará algunos impotentes pero gritones diputados más). Llamárselo no se lo llamaré, lo prometo. No me gusta nada insultar, como es bien sabido. Pero me temo que es lo más benévolo que se puede decir de ellos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-v57t-qB3XFo/TqGrJxaxVCI/AAAAAAAACRc/Cb-FM4WxTVg/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://3.bp.blogspot.com/-v57t-qB3XFo/TqGrJxaxVCI/AAAAAAAACRc/Cb-FM4WxTVg/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 17 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;DE BUENA TINTA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Lo oí comentar en el descanso de la ópera a dos señoronas de &lt;st1:personname productid="la Vetusta" w:st="on"&gt;la Vetusta&lt;/st1:personname&gt; de siempre: “El problema no es el Niemeyer, sino los once millones de euros que han robado”. Creí que era una frase dicha al albur, pero hoy mi emérita vecina de despacho, mientras comentamos la manifestación de ayer en Avilés, me confirma que esa es la cifra exacta del dispendio en copas de los gestores del centro cultural. Yo trato de razonar&amp;nbsp; (“pero si el presupuesto es de solo tres millones…”), acabo discutiendo, casi me enfado, pero ella sigue erre que erre: “Once millones es lo que nos han birlado a los asturianos, once millones nada menos. Y lo sé de buena tinta. Estoy bien informada. Me lo ha dicho la hermana del consejero de Cultura, si ella no lo sabe, a ver quién lo va a saber”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y yo entonces me encojo de hombros y me vuelvo a mi trabajo. Lo que pienso del consejero, del familiar que utiliza para difundir sus dañinos bulos y de la gente que se los cree por burdos que resulten, me lo callo. Cada día soy más diplomático.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-R5ucKATAX1g/TqGrR6rwOwI/AAAAAAAACRk/cXizJwHDD4w/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://3.bp.blogspot.com/-R5ucKATAX1g/TqGrR6rwOwI/AAAAAAAACRk/cXizJwHDD4w/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 18 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;UN ADIÓS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Leo una reseña de &lt;i&gt;Hombres delincuentes&lt;/i&gt;, el ensayo biográfico de José Ovejero. Se habla en ella de Carlos Montenegro y de su novela &lt;i&gt;Hombres sin mujer&lt;/i&gt;,&lt;i&gt; &lt;/i&gt;“que voy a conseguir como sea y en seguida”. ¿La habría conseguido ya el autor de la reseña, Félix Romeo, cuando partió imprevistamente para un viaje del que no se regresa?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Me lo presentaron hace bastantes años, en la época en que dirigía un programa de televisión, &lt;st1:personname productid="La Mandr￡gora. El" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="La Mandr￡gora." w:st="on"&gt;&lt;i&gt;La   Mandrágora.&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;El&lt;/st1:personname&gt; amigo que nos presentó dijo: “Tú lo has leído casi todo, pero Félix lo ha leído todo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En mi caso exageraba; en el suyo, no. Esté donde esté seguro que está rodeado de libros y que, en cuanto oye hablar de alguno que no conoce, sigue empeñado en conseguirlo “como sea y enseguida”·.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-rDyL1JsdvJU/TqGrZ-fv53I/AAAAAAAACRs/6me_m5qIWNY/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://2.bp.blogspot.com/-rDyL1JsdvJU/TqGrZ-fv53I/AAAAAAAACRs/6me_m5qIWNY/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 19 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;SILENCIO Y SOLEDAD&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Subrayo unas líneas en la correspondencia de Carmen Martín Gaite con Juan Benet: “Nuestras más íntimas zozobras y desolaciones (esas que cubrimos con discursos sobre literatura o sobre música o sobre lo que sea) nadie las puede comprender ni compadecer y están fatalmente abocadas al recóndito pudridero interior donde van a parar los detritus personales de todo lo roto, lo sobrante, lo abortado y deforme, al solitario pudridero donde la ruina de cada uno se gesta silenciosamente”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De lo que más me importa, sigo siendo incapaz de hablar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-jv9pUoFB8N4/TqGrg78cprI/AAAAAAAACR0/rViORvuiNYk/s1600/4.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="226" src="http://3.bp.blogspot.com/-jv9pUoFB8N4/TqGrg78cprI/AAAAAAAACR0/rViORvuiNYk/s320/4.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 20 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ALGO DE HISTORIA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Rosa Navarro Durán me dio la noticia cuando pasé a recogerla al hotel: “Hoy es un día histórico, &lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ETA&lt;/span&gt; acaba de anunciar que deja definitivamente las armas”. Luego, durante la cena, apenas hablamos de ello, distraídos con las pesquisas detectivescas en que anda metida últimamente y que afectan a una de las grandes obras de la literatura catalana. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Al volver a casa, miro los titulares, compruebo la alegría de unos, el mal disimulado enojo de otros, y pienso que para la gente de mi edad hoy es efectivamente un día histórico. A partir de ahora se podrá hablar de lo que no se podía hablar. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Como no puedo dormir, me levanto, enciendo el ordenador y comienzo yo contando algunas cosas que no he contado nunca. ¿Por miedo? En parte, sí: Por miedo y por razones personales en las que no voy a entrar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Nunca he hablado de mi relación con los terroristas vascos. A poco de salir por primera vez al patio de la cárcel, se me acercó un recluso y me dijo: “Los de &lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ETA&lt;/span&gt; quieren conocerte”. Yo me asusté y respondí que yo no tenía nada que ver con ellos, que no quería conocerlos”. Sin hacer caso de mis excusas, añadió: “Camina a mi lado. Se han puesto en huelga de hambre y están en celdas. Te verán mientras caminas junto a mí”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Pronto tendría ocasión de conocer personalmente a los huelguistas. Durante quince días me tocaba participar en las comunes labores carcelarias como cocina o limpieza (luego me enteré que pagando una pequeña cantidad había otros presos que hacían esos trabajos por ti). Teníamos que llevar la comida a los que estaban en celdas. Toda la planta baja de la séptima galería la ocupaban los presos de &lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ETA&lt;/span&gt;. Se negaban a probar la comida, pero la primera vez que pasé la mayoría de ellos se levantaron de sus camastros y se acercaron a saludarme y a darme palabras de ánimo. Ninguno tenía pinta de facineroso ni de asesino. Más bien parecían seminaristas. Luego, durante varias noches, ocurrió algo que todavía me conmueve. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Los días, mal que bien, iban pasando en aquel lugar, lleno de noveleras novedades para una persona como yo. Pero las noches, encerrado en la celda, oyendo la respiración de los compañeros, con la luz que no se apagaba nunca, las noches eran interminables. Apenas dormía, y cuando conseguía hacerlo siempre tenía la misma pesadilla: soñaba que estaba en la cárcel. Me despertaba sudoroso, aliviado al comprobar que era solo un sueño; el alivio solo me duraba lo que tardaba en abrir los ojos y mirar a mi alrededor. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Pero algunas noches ocurría el milagro. En el silencio, un preso se ponía a cantar. Era una canción vasca. Inmediatamente se oían los pasos de lo funcionarios que iban a hacer callar esa voz. Se oían –resonantes en el silencio— los cerrojos de la celda al abrirse. Pero la voz que cantaba ya se había callado y en otro extremo de la galería era una voz distinta la que continuaba esa canción. Los pasos de los carceleros se dirigían a ese otro lugar, pero antes de que llegaran se hacía el silencio y la canción brotaba en otra parte. Así durante algún tiempo hasta que los presos vascos se cansaban del juego. Sigue siendo todavía, después de tantos años, un recuerdo hermoso. Un símbolo de libertad y de gallardía en la noche franquista. Y los protagonistas eran presos de &lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ETA&lt;/span&gt;. ¿Cómo iba a atreverme a contarlo? Pero yo nunca he tenido ninguna simpatía por los asesinos, y nada me repugna más que los crímenes por razones ideológicas. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La razón última de por qué estaba en la cárcel no la sé, aunque he llegado a algunas hipótesis bastante verosímiles. Porque no es solo que yo fuera inocente de los brutales asesinatos de los que se me acusaba, sino que además quienes me habían encerrado sabían que lo era. Voy a contar ahora por qué puedo afirmar que lo sabían. Estuve primero durante bastantes días (más días de los permitidos legalmente) en una celda incomunicada de &lt;st1:personname productid="la Direcci￳n General" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Direcci￳n" w:st="on"&gt;la Dirección&lt;/st1:personname&gt; General&lt;/st1:personname&gt; de Seguridad, interrogado repetidas veces de no muy educadas maneras; no soy precisamente un héroe: habría delatado a cualquiera si hubiera tenido a alguien a quien delatar. Pero yo ni había tenido nada que ver con el crimen de que se me acusaba (un atentado con bomba en una cafetería) ni participaba de ningún modo en la oposición al franquismo: solo me dedicaba a trabajar y a estudiar. Por fin la policía me llevó al juez, un educado militar que me tomó declaración en un despacho de la misma Dirección General. Al final, tras el interrogatorio, me dijo: “Yo personalmente le creo. Pero no puedo dejarle en libertad. Tengo aquí la declaración firmada de varias personas, entre ellas la de su amiga, que afirman que usted participó en los hechos. No tengo más remedio que enviarle a prisión hasta que se aclare todo”. Alguien le llamó y salió un momento del despacho. Cuando me quedé solo, o eso creía, no pude contenerme más (hasta entonces me mantuve bastante entero) y me puse a llorar. Entonces oí una voz: “No te preocupes. Nada de eso es cierto. Yo estuve aquí y lo he escuchado todo”. En una esquina del despacho había una mesita con una máquina de escribir y tras ella un soldado. El nerviosismo y el que me hubieran quitado las gafas habían hecho que no me fijara en él. “Yo estaba aquí cuando prestaron declaración todos los implicados. Nadie te acusó de nada. La mayoría no te conocía. Y tu amiga lloró mucho al saber que estabas detenido, dijo que no tenías nada que ver, que no te interesaba la política, que solo te interesaban los libros”. Luego me contó que era de Jaén, que sus padres y su novia habían venido a Madrid a verle aquel fin de semana, pero que le habían anulado el permiso. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-zQW330_t_Fw/TqGrodRDiII/AAAAAAAACR8/f51jRsH2Gkg/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="231" src="http://1.bp.blogspot.com/-zQW330_t_Fw/TqGrodRDiII/AAAAAAAACR8/f51jRsH2Gkg/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 21 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;EN EL CAMPOAMOR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En la tertulia de los viernes cada semana tenemos que llevar un poema escrito en una estrofa diferente. Para hoy tocaba una décima y yo lo había olvidado. No puedo presentarme con las manos vacías, he de dar ejemplo. Sentado en el Campoamor, mientras espero que comience la entrega de los premios, me recito algunas de las décimas que recuerdo de memoria y luego procuro no pensar en nada y dejar que las palabras sigan el ritmo. Cuando la reina aparece en el palco, el juego ha terminado: “Nadie sabe lo que dice /cuando dice lo que sabe / porque el decir se desdice / antes que la frase acabe. / Lo que vale el pensamiento / lo saben la mar y el viento / que pasa y no se detiene. / La verdad siempre está errada. / Decir algo es decir nada. / El loco, qué razón tiene”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-qrCVw09fV1Y/TqGrvOlnKuI/AAAAAAAACSE/aRSVb6j215I/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://3.bp.blogspot.com/-qrCVw09fV1Y/TqGrvOlnKuI/AAAAAAAACSE/aRSVb6j215I/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-5216283207654787086?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/5216283207654787086/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-decir-algo-es-decir-nada.html#comment-form' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/5216283207654787086'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/5216283207654787086'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-decir-algo-es-decir-nada.html' title='Razón de más: Decir algo es decir nada'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-v57t-qB3XFo/TqGrJxaxVCI/AAAAAAAACRc/Cb-FM4WxTVg/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-2972980732367933903</id><published>2011-10-16T00:00:00.001+01:00</published><updated>2011-10-16T00:00:01.575+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Autorretratos</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 8 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;SINCERO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Solo hay una cosa que me molesta más que las personas que siempre se están quejando: ser una de ellas. Por eso no me quejo, aunque me extrañe, de tener tan poco éxito en ciertos asuntos sentimentales de los que no resulta demasiado elegante hablar. Para no pensar en ello abro el libro que he traído conmigo (una nueva edición de &lt;i&gt;Al faro&lt;/i&gt;, de Virginia Woolf) y me encuentro con las siguientes líneas: “Lo que decía era verdad. Siempre lo era. Incapaz de faltar a la verdad, jamás tergiversaba los hechos, ni suavizaba una palabra desagradable por la conveniencia o el gusto de ningún mortal”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Soy yo así? Creo que ya no. Últimamente he aprendido a mentir bastante bien. Sé adular cuando me conviene, fingirme desvalido, disfrazarme de cordero cuando voy de lobo. Pero sigo sin conseguir lo que está al alcance de cualquiera. A mi edad, todos mis amigos se han casado ya tres veces o más veces. Y yo casi ninguna. A veces hasta me da un poco de vergüenza…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero soy demasiado viejo para cambiar. &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Nada de parejas estables. Tendré que seguir conformándome con lo que encuentre al paso, con apaños de lo más inestables. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;A pesar de ello, jamás me he quejado de estar solo. Soy de esas personas que cuando están solas casi siempre están bien acompañadas. Casi siempre. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-v_xnoov_2Go/TpnMI5KQ3oI/AAAAAAAACQY/HMEmLh_etSc/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="276" src="http://2.bp.blogspot.com/-v_xnoov_2Go/TpnMI5KQ3oI/AAAAAAAACQY/HMEmLh_etSc/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 9 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;CAMORRISTA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“¿Sabes una cosa? Tú mucha Venecia, mucha poesía y mucha bibliografía, pero nunca has dejado de ser un gamberrete de barrio, un camorrista que anda por ahí buscando pelea y al que nada le gusta más que humillar al contrario, hacer sangre, arrastrarle por el fango. Lo tuyo son los puñetazos dialécticos, las patadas en las partes más sensibles de la autoestima, la esgrima verbal. No eres más que un pequeño matón agresivo. Nadie te ha enseñado buenas maneras”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“¿Me las vas a enseñar tú?”, respondo algo chulescamente. Luego, ya a solas, pienso que un poco de razón sí que tiene mi amigo. Pero mentiría si dijera que esa comparación con los chicos malos a los que siempre he admirado me molesta demasiado. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-FoArzZ95IvQ/TpnMSU5iX1I/AAAAAAAACQg/4TIGUYLbtSU/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="235" src="http://1.bp.blogspot.com/-FoArzZ95IvQ/TpnMSU5iX1I/AAAAAAAACQg/4TIGUYLbtSU/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 10 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;ABURRIDO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Soy de esas personas que no es ya que no dejen para mañana lo que puedan hacer hoy, sino que hacen hoy el trabajo de hoy y el de mañana. La consecuencia es que luego se aburren sin nada que hacer. Tengo que controlar mis impulsos. Si me regalan una tarta, procurar no devorarla toda de una vez. Si tengo una ocupación, un entretenimiento, tratar de no agotarlo de una sentada. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“Si trabajaras más despacio, te aburrirías menos y lo harías mejor”, me dicen. No estoy yo seguro de ello. Más despacio lo hago todo peor. Cada uno tiene su tempo. Y el mío es &lt;i&gt;molto accelerato&lt;/i&gt;. Con la consecuencia de que siempre me sobra tiempo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“A ti lo que te pasa es que no tienes vida privada, solo tienes tu trabajo”, me dicen. Y no saben lo peor: que la mayor parte de ese trabajo es un trabajo al que nada ni nadie me obliga, un falso trabajo que me invento yo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero aburrirse también resulta útil —pienso mientras paso incansable de un canal de televisión a otro sin detenerme en ninguno—; solo cuando me aburro se me ocurre algo interesante; si no me aburriera, jamás habría escrito una línea.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El aburrimiento es el humus fecundo del que brotan los versos. Y todo lo que vale la pena.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-0-qTNW5v2uc/TpnMbKkhKtI/AAAAAAAACQo/66YFnLjqRzQ/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="267" src="http://1.bp.blogspot.com/-0-qTNW5v2uc/TpnMbKkhKtI/AAAAAAAACQo/66YFnLjqRzQ/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 11 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;INMADURO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“El paso a la tierra de la madurez donde se desvanecen nuestras esperanzas más luminosas y nuestras frágiles barcas se hunden en la oscuridad requiere, por encima de todo, valor, sinceridad y capacidad de aguante”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero a mí no me falta, o eso creo, ni valor ni sinceridad ni capacidad de aguante, y sin embargo el paso de los años no me hace más maduro, sino solo más viejo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/--2wddJkv2fs/TpnMjlfsOTI/AAAAAAAACQw/4fxyAlYp-iI/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="267" src="http://3.bp.blogspot.com/--2wddJkv2fs/TpnMjlfsOTI/AAAAAAAACQw/4fxyAlYp-iI/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 13 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;AVERGONZADO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Leo &lt;i&gt;Morirse de vergüenza&lt;/i&gt;, de Boris Cyrulnik: “El avergonzado aspira a hablar, querría decir que es prisionero de su lenguaje mudo, del relato que se cuenta en su mundo interior, pero que no os puede decir porque teme vuestra mirada. Entonces cuenta la historia de otro. Escribe una autobiografía en tercera persona. El hecho de haber dado forma verbal a su vergüenza le ha permitido liberarse de la imagen del monstruo que creía ser. Se ha convertido en un ser como los demás puesto que le habéis comprendido&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y tal vez amado. La escritura es una relación íntima. Incluso cuando se tienen miles de lectores. Cada lector está a solas con el autor”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Quien más habla es quien más tiene que ocultar. Yo siempre estoy hablando de mí mismo, pero de las cosas que de verdad me importan solo me hablo a mí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Para mejor guardar mi secreto, finjo que no soy capaz de guardar ningún secreto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Me gusta ponerle puertas al campo. Me angustia lo indefinido. Me tranquiliza pesar, medir y contar. Llevo cuenta de todo: de los pasos que doy cada día, de las personas que asisten a una conferencia (ciento siete escucharon hoy a Luis Alberto de Cuenca), de las veces que me he enamorado, de las que he tropezado con la misma piedra… Y de las veces en que no me he comportado como debía comportarse un caballero. Exactamente siete, ni una más ni una menos. Si yo fuera importante, a nada le temería más que a una biografía no autorizada que las sacara a la luz. Lo negaría todo, pero me moriría de vergüenza. Afortunadamente he tomado la precaución de no ser importante.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-apnLiE-RxYc/TpnMr-WosUI/AAAAAAAACQ4/1bXnCC_zzmw/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="268" src="http://1.bp.blogspot.com/-apnLiE-RxYc/TpnMr-WosUI/AAAAAAAACQ4/1bXnCC_zzmw/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 14 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;MENTIROSO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Nada me gusta más que mentir, sobre todo cuando hablo de mí. Creo que la sinceridad es una descortesía, nada detesto más que los desahogos autobiográficos. Pero la mentira tiene que ser verosímil. No vale cualquier cosa. Para esconderse bien nada mejor que fabricar una máscara que parezca reproducir exactamente los propios rasgos. En un cuaderno fechado en Perugia en el verano de 1982 encuentro estos versos, sin indicación de autor: “Lavoro tutto il giorno come un monaco / e la notte in giro, come un gattaccio &lt;i&gt;/&lt;/i&gt; in cerca d’amore… Farò proposta / alla Curia d’esser fatto santo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Así me vería yo entonces? ¿Trabajando todo el día como un monje y dando vueltas toda la noche como un gato en celo en busca del amor? La verdad es que si es así no he cambiado mucho, pero ahora trabajar como un monje no lo veo precisamente como una condena, sino todo lo contrario. Y en cuanto a lo del gato en celo, pues no diré nada. Hay cosas de las que es mejor callar. En estos casos siempre repito la frase de Somerset Maugham: “Está bien que un caballero tenga vida sexual después de los sesenta años, pero no está bien que hable de ella”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;De pronto recuerdo al autor de los versos (por entonces yo también escribía en italiano a la manera de Sandro Penna): Pier Paolo Pasolini. La curia finalmente no le hizo santo (aunque se lo merecía), pero una sangrienta madrugada le convirtieron en mártir en la playa de Ostia.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-SDB6k4Y45wI/TpnMzKDaYJI/AAAAAAAACRA/VK6GxXnX7qM/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="231" src="http://4.bp.blogspot.com/-SDB6k4Y45wI/TpnMzKDaYJI/AAAAAAAACRA/VK6GxXnX7qM/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 15 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;BUEN ADMINISTRADOR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;¿Te has dado cuenta –me dice un amigo— que salvo los economistas, que no se aclaran, todo el mundo parece tener muy claro quiénes son los causantes de la crisis económica y cómo salir de ella?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sí, me he dado cuenta. Incluso yo doy lecciones al respecto, pero eso no tiene nada de extraño porque a mí nada me gusta más que dar lecciones sobre cualquier cosa, especialmente aquellas de las que ignoro casi todo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;La verdad es que me considero un buen economista. Al menos mis finanzas las llevo bastante bien. Nunca he tenido que preocuparme del dinero desde que empecé a ganar dinero. Pero de estas cosas nunca hablo en público. O casi nunca. A veces lo hago y siempre hay quien considera una ofensa oírme decir que gano lo suficiente y, aún peor, que pago con gusto mis impuestos. Exactamente, la tercera parte de lo que gano, el máximo correspondiente a mis ingresos. Y me gusta hacerlo. Sé que declarar esto resulta escandaloso, pero yo hace tiempo que he perdido la vergüenza. Cuando entro en la biblioteca del Fontán, o en cualquier otra biblioteca pública, pienso que se financia con mi dinero, y me siento orgulloso de ello. Lo mismo me ocurre cuando escucho la algarabía de los niños en el patio del colegio. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Qué antipático resulta decir esto. Pero a mí me gusta ser antipático. Otro tercio del dinero que gano lo empleo en subvencionar discretamente actividades que considero valiosas. Y con el tercio restante vivo. Como un monje, ciertamente. Pero así me gusta vivir. Me alimento parcamente, visto de cualquier manera, apenas necesito buscar libros (aunque sigo yendo a librerías) porque los libros me buscan a mí, y siempre dispongo de tiempo por la mañana y por la tarde para perder gozosamente el tiempo. Los viajes los evito, salvo que sean de trabajo. Claro que, como también soy mi propio empresario, si de pronto me apetece tomar un café en Venecia o Nueva York o en cualquier otro lugar (siempre una ciudad, la naturaleza me interesa poco), pues me hago un encargo que me obligue a ir allí. Y todo esto lo consigo con un sueldo, si no mínimo, bastante ajustado y además rebajado en un cinco por ciento. Me parece que no se puede negar que, al menos en lo que a mí se refiere, soy un buen administrador. Tampoco creo que se pueda negar que me gusta tocar las narices a mis amigos de la pseudo izquierda más o menos unida e indignada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;--¿Y no te da vergüenza restregar todo eso en la cara de los sin trabajo?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;--En absoluto. Soy un egoísta que cuida mucho su buena conciencia. Más del sesenta por ciento de lo que gano lo devuelvo a la sociedad. ¿Qué pasaría si todo el mundo hiciera lo mismo?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;--Pero es que tú no tienes familia.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;--Ahí me has pillado. Gracias por recordármelo. Ya me estaba yo cansando de tanto ponerme estupendo. No soy más que un solterón egoísta. Pero buen administrador, eso no me lo niegues.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-nC5LeY15WPg/TpnNAGRMbkI/AAAAAAAACRI/w6v_1WGs4lU/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="250" src="http://3.bp.blogspot.com/-nC5LeY15WPg/TpnNAGRMbkI/AAAAAAAACRI/w6v_1WGs4lU/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-2972980732367933903?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/2972980732367933903/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-autorretratos.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2972980732367933903'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2972980732367933903'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-autorretratos.html' title='Razón de más: Autorretratos'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-v_xnoov_2Go/TpnMI5KQ3oI/AAAAAAAACQY/HMEmLh_etSc/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-1612193224077240613</id><published>2011-10-09T00:00:00.022+01:00</published><updated>2011-10-09T20:39:58.604+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Mientras espero</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 1 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;EL NEGOCIO DEL SIGLO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mientras espero a Shakespeare, invitado de honor en el otoño avilesino, pienso en que buena parte de mi pequeña experiencia teatral tiene que ver con este teatro, el Palacio Valdés. Etelvino Vázquez me encargó una adaptación de &lt;i&gt;Medea&lt;/i&gt;, que se estreno aquí. No quise cobrar por mi trabajo, como siempre hago cuando se trata de actividades que no considero trabajo. Pero Etelvino me dijo que &lt;st1:personname productid="la SGAE" w:st="on"&gt;la &lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;SGAE&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt; le había obligado a pagar los derechos de autor, aunque yo hubiera renunciado a ellos. Desde entonces estoy esperando que se pongan en contacto conmigo para que me entreguen un dinero mío que cobraron sin permiso mío. “No te pagan porque no eres socio —me dijo un amigo—, tienes que asociarte para que te paguen”. “Si pueden cobrar, no sé yo por qué no pueden pagar sin que lo sea. En cualquier caso, tienen mi dirección, &amp;nbsp;mi teléfono. ¿Por qué no me informan de que me abonarán esa cantidad en cuanto realice ciertos trámites?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Parece que la sociedad general de autores, bajo la dirección de Teddy Bautista, y con la complicidad de gente muy respetable, practicaba la extorsión legalizada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Los derechos de autor deben respetarse, cierto. Pero el propietario de ellos es el autor y los gestiona quien el autor libremente decide. &lt;st1:personname productid="la SGAE" w:st="on"&gt;La  &lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;SGAE&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt; decidió que era ella quien debía cobrar y administrar los derechos de cualquier obra, fuera de autor conocido o desconocido. Una parte de esos ingresos los repartía entre sus socios, tras descontar un sustancioso tanto por ciento; la otra parte, la principal, se la quedaba entera. Y si alguien no estaba de acuerdo, que reclamara y pleiteara.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tenían montado el negocio del siglo, un mecanismo de extorsión bendecido por los políticos y protegido por la policía; los capos de la mafia les envidiaban. &amp;nbsp;Afortunadamente, les pudo la codicia… O el gusto por el riesgo. Porque es aburrido ser el rey, tenerlo todo, estar rodeados de palmeros que te digan amén, amén (desde Caco Senante, con su pinta de buena persona y su premonitorio hipocorístico, hasta Víctor Manuel), y entonces, para darle un poco de aliciente a la vida, decidieron presuntamente ir más allá: primero un poquito de desvío de capitales, luego unas gotas de malversación de fondos…Y en estas aparece la policía y se termina la fiesta. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mientras aplaudo a Kevin Spacey, al final de este prodigioso y duro &lt;i&gt;Ricardo III&lt;/i&gt;, pienso que solo he aplaudido tanto cuando vi a Teddy Bautista tropezar con el manto de rey del mundo y rodar por la suntuosa escalinata de su palacio modernista. Y sin embargo a mí solo me robó unos pocos euros –pesetas entonces— que yo había desdeñado.&amp;nbsp; Y su banal historia de eficaz ejecutivo, no parece precisamente digna de Shakespeare; todo lo más, de Santiago Segura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-LqYrEu0oU3s/To90O25TOJI/AAAAAAAACPg/0xUuW-SWZN4/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://1.bp.blogspot.com/-LqYrEu0oU3s/To90O25TOJI/AAAAAAAACPg/0xUuW-SWZN4/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 2 de octubre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ORTEGA Y LAS MUJERES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Antes de entrar a ver la tediosa &lt;i&gt;Somewhere,&lt;/i&gt; de Sofia Coppola (un padre tontorrón tiene que llevar a su hija a una clase de patinaje artístico, y a la buena de Sofía no se le ocurre otra cosa que hacernos contemplar entero el numerito de la niña), me entretengo con la edición facsímil de &lt;i&gt;Índice&lt;/i&gt;, la revista que Juan Ramón Jiménez publicó entre 1921 y 1922. Se inicia con una colaboración de Ortega:&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;“La esencia de la feminidad se revela en que un ser sienta realizado plenamente su destino cuando entrega su persona a otra persona”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Para la mujer vivir es entregarse, para el hombre vivir es apoderarse”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “La mujer normalmente imagina, fantasea menos que el hombre y a ello debe su más fácil adaptación al destino real que le es impuesto”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “La sequía de imaginación caracteriza a la psique femenina”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “La mujer normal, no se olvide, es lo contrario de la fiera, la cual se lanza sobre la presa; ella es la presa que se lanza sobre la fiera”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿La mujer es la presa que se lanza sobre la fiera? ¿Habré leído bien? Sí, eso es exactamente lo que pensaba, a comienzos de los años veinte, una de las mentes más lúcidas de su tiempo. ¿Qué pensarían las otras?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-QHOF8kRKgZo/To90YdFUhHI/AAAAAAAACPk/KUQc8Il3B7Q/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="252" src="http://2.bp.blogspot.com/-QHOF8kRKgZo/To90YdFUhHI/AAAAAAAACPk/KUQc8Il3B7Q/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 4 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;VANIDOSO VALENTE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El 7 de diciembre de 1991 escribe José Ángel Valente en uno de los cuadernos que pasarían a formar parte de su &lt;i&gt;Diario anónimo:&lt;/i&gt; “Retener el nombre de estas dos personas –Ramos Gascón y Martínez Sarrión— que no recuerdo haber conocido, como símbolo de la estupidez”. Un mes después añade: “No recuerdo por qué escribí, solo recuerdo que la conclusión era inamovible”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-dcJHzLVc6bo/To90fltQCrI/AAAAAAAACPo/v2j_M-QU4I4/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-dcJHzLVc6bo/To90fltQCrI/AAAAAAAACPo/v2j_M-QU4I4/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Martínez Sarrión sí lo recuerda, y nos lo cuenta en el diario &lt;i&gt;El Pais&lt;/i&gt;. El libro colectivo &lt;i&gt;España, hoy &lt;/i&gt;dedicó un apartado a la poesía que reproduce un trabajo suyo incluido en &lt;i&gt;Una cultura portátil&lt;/i&gt;. En el trasvase desaparecieron las dos líneas dedicadas a Valente. Ese arañazo a su vanidad le bastó para llegar a la conclusión “inamovible” de sus autores eran el símbolo de la estupidez. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Siempre me he reído de la grotesca vanidad infantil de algunos escritores. La de José Ángel Valente parece que superaba, no ya a la de cualquier poetastro, sino hasta a la de su amigo Juan Goytisolo. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-b9XEfC_xguY/To90pKL4hMI/AAAAAAAACPs/l1QUjAVo-yM/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="228" src="http://2.bp.blogspot.com/-b9XEfC_xguY/To90pKL4hMI/AAAAAAAACPs/l1QUjAVo-yM/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 5 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;CRIMEN EN PERUGIA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Nada de lo que ocurra en Perugia me deja indiferente. Pero lo que estos días ocurre en Perugia no deja indiferente a nadie. La guapa Amanda Knox, fría como una de las rubias heroínas de Hitchcock, ha sido declarada inocente del asesinato de su amiga Meredith Kercher. Había sido condenada a 26 años de cárcel, y su novio de entonces, Raffaele Sollecito, a 25, por los siguientes hechos probados: en la prolongada celebración de Halloween del 2007, Kercher se negó a participar en un juego sexual junto a los dos condenados y Rudy Guede. Este acabó violándola mientras Sollecito la sujetaba. Amanda Knox terminó el juego apuñalándola repetidas veces. A Rudy Guede, de Costa del Marfil, que se movía entre los estudiantes sin serlo, quizá trapicheando con droga, lo juzgaron y condenaron aparte. Las familias de Knox y Sollecito, de otro nivel social, buscaron los mejores abogados. Y ahora han conseguido anular la condena porque las pruebas (el cuchillo encontrado en casa de Sollecito, por ejemplo) no fueron manipuladas adecuadamente. Lo curioso es que la condena de Rudy Guede sigue firme. Y él sabe quiénes le acompañaban. Pero se anula la condena de Raffaele y Amanda sin que nadie le traiga a testificar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-bL4E5Wc7HNA/To90wy9eguI/AAAAAAAACPw/iG7_aB2ZvYE/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://2.bp.blogspot.com/-bL4E5Wc7HNA/To90wy9eguI/AAAAAAAACPw/iG7_aB2ZvYE/s320/5.JPG" width="282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Amanda dijo primero que estaba en la casa que compartía con su amiga Meredith, en la cocina, y que la oyó gritar. Luego se desdijo, acusó a la policía de haberla obligado a declararlo, y afirmo que estaba con su novio en casa de este. Pero nadie, salvo el novio, puede confirmar esa coartada. Numerosos testigos, los vieron, muy fumados y bebidos, deambular por los antros de la ciudad hasta que los tres decidieron volver a casa de Amanda. Meredith Kercher estaba ya allí, no tenía ganas de fiesta, no podía imaginar la fiesta que la esperaba.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Los tres criminales trataron de simular un robo. Y esa es la hipótesis que más convenía a todos, a ellos y a nosotros. Aceptamos que Rudy Guede, un pequeño delincuente, pueda perder la cabeza y hacer un disparate. Sus cómplices han de ser como él, marginados, de clase baja, de familias desestructuradas. No buenos y guapos estudiantes de Erasmus por Europa. Raffaele es hijo de un médico, Amanda de una familia muy religiosa de Seattle, en Estados Unidos. Cierto que en las redes sociales le gustaba utilizar el pseudónimo de “zorrita Knox”, pero eso son bromas de chiquilla.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No fueron Amanda y Raffaele, aunque lo fueran, los culpables. Fue el demonio que todos llevamos dentro el que aquella noche de Halloween se apoderó de ellos. Como la posesión diabólica no se considera atenuante, bien están las triquiñuelas legales que han permitido, después de cuatro años, dejar libres a esas otras víctimas. Y si Rudy Guede se sigue pudriendo en la cárcel, pues que se pudra. No era de los nuestros.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-hZ16-Ns2uxU/To903_cqsvI/AAAAAAAACP0/WoFds2al21A/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-hZ16-Ns2uxU/To903_cqsvI/AAAAAAAACP0/WoFds2al21A/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 6 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ELOGIO DE &lt;st1:personname productid="LA INFIDELIDAD" w:st="on"&gt;LA INFIDELIDAD&lt;/st1:personname&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Nigel Nicolson, en &lt;i&gt;Retrato de un matrimonio&lt;/i&gt;, recoge el consejo que le dio su padre antes de casarse: “Dormir toda la vida con la misma persona, por mucho que la quieras, es una tontería tan grande como afirmar que &lt;i&gt;Cumbres borrascosas &lt;/i&gt;es la mejor novela de lengua inglesa y, como consecuencia, no leer ninguna otra. Discretas infidelidades no estropean un matrimonio; todo lo contrario: lo enriquecen”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-ScNe7jvSqPc/To90-hKzD-I/AAAAAAAACP4/Q4cdlwtHmtM/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="303" src="http://1.bp.blogspot.com/-ScNe7jvSqPc/To90-hKzD-I/AAAAAAAACP4/Q4cdlwtHmtM/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 7 de octubre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10pt;"&gt;ADIÓS, OBAMA, ADIÓS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La bobería es contagiosa. La presunta “revolución española”, la de los indignados, alcanza Nueva York y acampa junto a Wall Street. Sandro Pozzi escribe: “Cada vez se alza más la protesta contra la clase dirigente política e incluso contra Barack Obama. ‘Votamos por un cambio que no llega con la suficiente rapidez’, señala Steve Shorts, llegado hace días desde la vecina Filadelfia”. Votante demócrata, se muestra desencantado: “Promesas, promesas y más promesas, nunca pasa nada, somos nosotros los que tenemos que traer el cambio”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-FyHQPUKrePo/To91FdbIaxI/AAAAAAAACP8/W_ve50KS9So/s1600/8.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-FyHQPUKrePo/To91FdbIaxI/AAAAAAAACP8/W_ve50KS9So/s320/8.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Y no faltan los intelectuales a la violeta que ponen en relación esas protestas con la “primavera árabe”. Olvidan una pequeña diferencia. En un país no democrático y sin libertad de prensa las elecciones no representan la voluntad popular; esta se muestra en las calles, desafiando a la policía. Fue lo que ocurrió en la Rumanía de Ceaucescu y en el Egipto de Mubarak. En los países democráticos la voluntad popular –que pone y quita gobiernos— se manifiesta en las votaciones, no en las algaradas callejeras. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En España los políticos de derecha arremeten contra los indignados (en realidad, se ríen de ellos) porque no les tienen ningún miedo; los de izquierda, en cambio, les adulan porque saben que les pueden hacer mucho daño fomentando la abstención (ya se lo han hecho en las pasadas elecciones).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mi amigo Martín López-Vega dice que me dedico a llamar tontos a los que no piensan como yo. Pero a mí jamás se me ocurriría calificar así a Trillo o a Cospedal, que de tontos no tienen un pelo. Su comportamiento político me parece de lo más inteligente: utilizan todos los medios, incluidos los legales, para conseguir lo que pretenden. En cambio, aunque esté de acuerdo con alguno de sus postulados, la palabra “tontería” es la primera que se me viene a la mente para calificar el comportamiento de quienes, pretendiendo unos fines, ayudan a alcanzar exactamente los contrarios. En Estados Unidos, por ejemplo, que la revolución ultraconservadora de los Tea Party –en comparación, Bush va a parecer un moderado— arrase en las próximas elecciones presidenciales. Si eso no es tontería, amigo López-Vega, que venga Dios y lo vea.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-FPsOLZBC3Xo/To91NHa3yWI/AAAAAAAACQA/VB_f2XmHmvA/s1600/9.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="239" src="http://2.bp.blogspot.com/-FPsOLZBC3Xo/To91NHa3yWI/AAAAAAAACQA/VB_f2XmHmvA/s320/9.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-1612193224077240613?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/1612193224077240613/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-mientras-espero.html#comment-form' title='22 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1612193224077240613'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1612193224077240613'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-mientras-espero.html' title='Razón de más: Mientras espero'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-LqYrEu0oU3s/To90O25TOJI/AAAAAAAACPg/0xUuW-SWZN4/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>22</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-5271553180394728404</id><published>2011-10-02T00:00:00.018+01:00</published><updated>2011-10-02T00:00:02.625+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Matizar y atizar</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Sábado, 24 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;CUANDO ERA JOVEN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Cuando era joven me gustaba repetir un verso de Villamediana: “No me puedo sufrir a mí conmigo”.&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Con el tiempo, si no otras cosas, he aprendido a soportarme. Pero debo reconocer que a veces me cuesta bastante. Cómo envidio a los que no me soportan y además, al contrario que yo, no tienen ninguna obligación de hacerlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-KrLwiYjmxgc/ToZuDH0RykI/AAAAAAAACO8/fdBY0--A2Ho/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="230" src="http://2.bp.blogspot.com/-KrLwiYjmxgc/ToZuDH0RykI/AAAAAAAACO8/fdBY0--A2Ho/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 25 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;MANÍAS PERSONALES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Siempre he creído que la inteligencia de las personas está en razón inversa a la importancia que conceden a las faltas de ortografía. A mayor importancia, menor inteligencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Y si alguien escribe a un periódico diciendo que va a dejar de comprarlo porque, en la edición de no sé qué día, encontró tres erratas ¡y hasta una falta de ortografía!, entonces ya no tengo ninguna duda: ese señor es tonto (además de profesor jubilado, por lo general).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Y que no se me irriten los tontos con buena ortografía (ni los profesores jubilados: ya me queda poco para ser uno de ellos). Claro que la corrección ortotipográfica es importante. Tan importante como salir bien aseado a la calle. Pero ese es asunto menos del escritor (o del político) que del corrector editorial.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Los que se escandalizan de encontrar alguna falta de ortografía en los exámenes seguro que no han tenido nunca la ocasión de observar los manuscritos de Lorca o de Gómez de &lt;st1:personname productid="la Serna." w:st="on"&gt;la Serna.&lt;/st1:personname&gt; “Don Ramón, don Ramón, he tenido que corregirle una palabra”, le dijo una vez un tipógrafo a Valle-Inclán, “¡había puesto usted ermita con hache!”, “Pues ha hecho usted mal, debería haberla dejado: habría servido de campanario”, le respondió el escritor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-q1f6tDXMw54/ToZuLNXUW9I/AAAAAAAACPA/3MXtRzkuLTU/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://3.bp.blogspot.com/-q1f6tDXMw54/ToZuLNXUW9I/AAAAAAAACPA/3MXtRzkuLTU/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 26 de septiembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;TEMAS LOCALES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Dice un amigo mío que la música no favorece la actividad intelectual. Después de haberme aburrido como nunca con la representación de &lt;i&gt;El murciélago&lt;/i&gt;, de Johann Strauss, leo las declaraciones de Mario Pontiggia, director de escena: “La producción que ahora presentamos prescinde del contexto vienés de los tiempos de Sissi. Esto no obedece a un simple capricho estético. Trasladando la acción al siglo XX, a esos años que habían dejado atrás la cruenta Segunda Guerra, podíamos recuperar la alegría de vivir, el desparpajo que hacía olvidar las preocupaciones, la picaresca y el cinismo de esta comedia de alta sociedad”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En la ópera llaman “trasladar la acción” a cambiar los decorados y disfrazar de una manera o de otra a los personajes. Al director de escena le apetece “trasladar” &lt;i&gt;Il trovatore&lt;/i&gt; de Verdi al contexto de &lt;st1:personname productid="la Alemania" w:st="on"&gt;la Alemania&lt;/st1:personname&gt; nazi, pues nada más fácil: se coloca alguna esvástica acá y allá, se disfraza al coro de miembros de la gestapo y todos tan contentos. Mario Pontiggia, que no parece distinguir muy bien de guerras mundiales, sitúa a los personajes en los años veinte (si hemos de hacer caso a vestuarios y decorados), pero luego traduce las partes habladas y las trufa de alusiones que las sitúan en el Oviedo actual. Chen Reiss, la soprano que hace de Adele, no sabe hablar español y por eso lo hace en alemán. ¿Algún problema? En absoluto. El ingenioso Pontiggia le hace decir a su señora Rosalinde que está aquí estudiando un Erasmo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;i&gt;El murciélago&lt;/i&gt; es una comedieta disparatada, muy de otro tiempo. Mario Pontiggia salpica el texto de referencias locales y actuales presuntamente cómicas. En un primer momento la broma pudo tener gracia. Tres horas y media después, maldita la gracia que tiene. Actualizar Hamlet no es darle un móvil para que llame a Ofelia.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No sé yo si la ópera favorece o no la actividad intelectual. La de los directores de escena, seguro que no. Ni la de los aficionados que se han acostumbrado, con tal de que la música suene bien, a darles por buena cualquier disonante ocurrencia. Hasta los disparates tienen su lógica, que hay que saber respetar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Om-NeBBPqZ0/ToZuTsuQXSI/AAAAAAAACPE/hCZhW_N09MY/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://2.bp.blogspot.com/-Om-NeBBPqZ0/ToZuTsuQXSI/AAAAAAAACPE/hCZhW_N09MY/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 27 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;ESO NO ES CULTURA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;--¡Qué razón tenías con lo de la zorra y el gallinero! –me dice un amigo—. No, el problema no son unas facturas más o menos justificadas, el problema es el Niemeyer, que al parecer nada tiene que ver con la cultura, sino con el espectáculo. Marcos Vallaure, que viene a vengar viejas ofensas a su Museo y al Tabularium, está obsesionado en acabar con él. ¿Crees que lo conseguirá?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;--No te preocupes que ya le hará su jefe cambiar de opinión cuando vea los votos que le hace perder. A mí Vallaure me cae bien. Tiene gusto poético. Cita a Xuan Bello.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;--Imagínate que Berlusconi nombra al Marcos Vallaure de Italia ministro de cultura. ¡Lo primero que hace es tratar de acabar con la bienal de Venecia! ¡Un pabellón donde se invita a niños y mayores a jugar con plastilina! ¿Es eso arte? ¡Dos cabezas mecánicas, unidas por la rala cabellera, que se mueven y dialogan! ¡Eso es circo, eso es espectáculo! ¡Carlos Saura hace fotos borrosas!&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;--No te burles del bueno de Marcos Vallaure. Ni siquiera creo que haya visitado la exposición de Saura. Eso de las fotos se lo habrá oído a Crabifosse, que como es el mejor estudioso de la fotografía en Asturias, no aguanta bien que aquí se haga algo sin tenerle en cuenta. Una reacción muy humana.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;--Lo que pasa es que tú le defiendes porque más de una vez has ido al Museo de Bellas Artes, su finca particular, con tus amigos de la tertulia a leer poemas. Y seguro que os pagaban bien. Eres un estómago agradecido. Qué razón tenía la anterior administración cuando lo quería dejar todo bien atado. Oía acercarse los cascos de los caballos con el hacha en la mano resentida y vengadora.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-mxaNgYhN30Y/ToZubSLAkPI/AAAAAAAACPI/rx_2LhketUg/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://3.bp.blogspot.com/-mxaNgYhN30Y/ToZubSLAkPI/AAAAAAAACPI/rx_2LhketUg/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 28 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;VOTAR O NO VOTAR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Siempre que oigo arremeter contra los políticos en general (otro procedimiento infalible, como el de la ortografía, para reconocer a un tonto) recuerdo una viñeta de El Roto publicada hace algún tiempo en &lt;i&gt;El País&lt;/i&gt;: un ciudadano indignado (de los del 15-M) alza los brazos al cielo y clama: “Señor, ¿por qué tenemos políticos tan malos?”. Y el Dios tronante del Antiguo Testamento asoma entonces entre unas nubes y grita: “Porque los votáis, imbécil”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Algunos, aplicándose el cuento, deciden no votar. Y el resultado es que les gobiernan los políticos que eligen los que no piensan como ellos. O sea que es peor el remedio que la enfermedad. Yo prefiero votar a lo menos malo que encuentro en el mercado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-iw_XpUE8lv4/ToZui9eoewI/AAAAAAAACPM/ZpdoJphKxXg/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://2.bp.blogspot.com/-iw_XpUE8lv4/ToZui9eoewI/AAAAAAAACPM/ZpdoJphKxXg/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 29 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;POESÍA Y MATEMÁTICAS&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Cada vez me siento menos combativo. Debe ser cosa de la edad. Hubo un tiempo en que me metía en todos los charcos. Ahora leo que este mastuerzo es un gran poeta, aquella nadería un gran narrador y Vicente Luis Mora el mejor de los críticos surgidos en los últimos años, y me encojo de hombros. En el último número de &lt;i&gt;El Ciervo&lt;/i&gt; selecciona lo fundamental de su biblioteca de crítica literaria. Una de las obras es &lt;i&gt;El anillo de Clarisse&lt;/i&gt;, de Claudio Magris, subtitulada, según nos indica, “Tradición y nihilismo en la literatura alemana”, y le pone varios reparos, el principal la ausencia de autores “de lengua no alemana”, autores “que están a la altura o incluso por encima del nivel germánico medio”. Lo que es como reprocharle a un libro que se ocupa de la arquitectura gótica no dedicarle ni un capítulo al neoclasicismo del siglo XVIII.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero no se limita a eso la gran revelación de la crítica literaria. Selecciona también un libro de Ignacio Prat, &lt;i&gt;Estudios sobre poesía contemporánea&lt;/i&gt;, y cita un ejemplo de su estilo: “Se mantienen en C2.2 ([29], [30] y [36]) los poemas de c1.2 [21], [20], que constituían con [23] (también 7-21-X-T) el grupo central de la parte segunda en 1928; [23]”. Lo considera un “extraño ejercicio de inteligencia” y se pregunta cómo criticar un texto, qué tipo de análisis es mejor. “Las ratios matemáticas de Prat son una posibilidad aunque, si usamos un método científico para medir poemas, parece más interesante la estratigrafía que la topología, cuyas limitaciones, incluso en el propio campo matemático, quedaron demostradas por Gödel”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Pero tiene algo que ver con las matemáticas o con “un método científico para medir poemas” el asustante parrafito de Prat? En absoluto. Lo único que hace es señalar los cambios que se dan entre una edición y otra del &lt;i&gt;Cántico&lt;/i&gt; de Guillén. Lo traduzco: “En la segunda parte del Cántico de 1936 (con los números de orden 29, 30 y 36) se mantienen los poemas del Cántico de 1928 (números 21, 20) que constituían, junto con el 23 (también formado por 21 versos de siete sílabas con rima blanca y agrupados en tercetillos) el grupo central de esa parte segunda”.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En la cita Mora se ha saltado un fragmento, y al cortarla tras “[23]” demuestra que no entiende lo que está copiando. El final de la frase es el siguiente: “[23] ‘El horizonte’ ha pasado al puesto inicial de C2.4 ([98])”. Esto es: el poema titulado “El horizonte”, que en la edición de 1928 hacía el número 23 y estaba en la parte segunda, en la edición de 1936 pasar a formar parte de la parte cuarta y hace el número 98.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Sospecho que Vicente Luis Mora sabe tanto de poesía como de matemáticas y que su alusión a la estratigrafía y a la topología y a Gödel es solo un recurso retórico para sorprender a los lectores más ingenuos (lo mismo que el aparente cientifismo de Prat, un engañabobos para lectores desatentos: a Gimferrer creo que le entusiasmaba).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Antes estas cosas me irritaban y era el primero en reírme en público de quienes en público hacían el ridículo. Ahora me limito a sonreír y a pasar a otra cosa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-0eAn850Eo2w/ToZutjMD2oI/AAAAAAAACPQ/RsYrAogaCwE/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://2.bp.blogspot.com/-0eAn850Eo2w/ToZutjMD2oI/AAAAAAAACPQ/RsYrAogaCwE/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 30 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;AUTORRETRATO DE DESCONOCIDO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;¿Quién fue Roberto Robert? Mi amigo Valdés me regala un libro suyo, editado en 1885 por &lt;st1:personname productid="La Rep￺blica. Diario" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="La Rep￺blica." w:st="on"&gt;&lt;i&gt;La República.&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;i&gt; Diario&lt;/i&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;i&gt; federal &lt;/i&gt;para sus suscriptores. Al final del prólogo se lee: “Deseábamos hacer aquí un corto relato de su vida; pero no hemos podido procurarnos suficientes noticias suyas. Baste por hoy saber que vivió y murió pobre, no faltó jamás a sus principios democráticos, y habiendo empezado por labrar joyas de oro y plata, dejó a la nación verdaderas joyas literarias”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Busco y rebusco en Internet, donde se afirma que está todo, y tampoco encuentro yo noticias suyas. Me gustaría saber quién fue porque lo que de él dice el anónimo prologuista es exactamente lo que me gustaría que se dijera de mí, no ahora (ofendería mi natural modestia), sino dentro de cien o doscientos años: “Espontáneo y fácil, escribía como hablaba; de corazón leal y sincero, decía solo lo que pensaba y sentía; de claro juicio y de un sentido común nada común entre los autores de nuestros días, no se dejaba llevar fácilmente de supersticiones ni de logomaquias. Cautivan y cautivarán en todo tiempo su obras a cuantos no ciegue la pasión ni el fanatismo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-Zug1xmX0v1A/ToZu16ocTwI/AAAAAAAACPU/5foK8IC1gys/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="228" src="http://1.bp.blogspot.com/-Zug1xmX0v1A/ToZu16ocTwI/AAAAAAAACPU/5foK8IC1gys/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-5271553180394728404?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/5271553180394728404/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-matizar-y-atizar.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/5271553180394728404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/5271553180394728404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/10/razon-de-mas-matizar-y-atizar.html' title='Razón de más: Matizar y atizar'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-KrLwiYjmxgc/ToZuDH0RykI/AAAAAAAACO8/fdBY0--A2Ho/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-6624097269825307399</id><published>2011-09-25T00:00:00.030+01:00</published><updated>2011-09-25T00:00:03.561+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: El que lo ha perdido todo</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 18 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;st1:personname productid="LA NOVELA DE" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="LA NOVELA" w:st="on"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;LA NOVELA&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt; DE&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt; &lt;st1:personname productid="LA HISTORIA" w:st="on"&gt;LA HISTORIA&lt;/st1:personname&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Como a todos los personajes sin historia, nada me interesa más que la novela de la historia.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En uno de los puestos del Fontán encuentro &lt;i&gt;Mussolini secreto&lt;/i&gt;, la edición de los diarios de Claretta Petacci, la mujer cuyo cadáver colgaba junto al suyo en Piazza Loreto aquel día de abril de 1945. Abarcan solo de &lt;st1:metricconverter productid="1932 a" w:st="on"&gt;1932 a&lt;/st1:metricconverter&gt; 1938, la única parte que el Gobierno italiano, que los confiscó en &lt;st1:metricconverter productid="1950, ha" w:st="on"&gt;1950, ha&lt;/st1:metricconverter&gt; permitido, muy recientemente, publicar. Los herederos pleitearon más de una vez para que los devolvieran. Las razones para la negativa la expuso el ministerio fiscal: “Los documentos son de tal importancia que su divulgación podría perjudicar las buenas relaciones diplomáticas con otros países”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Prologa el volumen Ferdinando Petacci, que tenía tres años y medio el 27 de abril de 1945: “Iba en coche con mi padre Marcello Petacci, mi madre Zita Ritossa, mi tía Clara Petacci y mi hermando Benghi, de seis años, en la columna de los jerarcas que acompañaban a Mussolini en su intento de llegar a &lt;st1:personname productid="la Valtellina. En" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Valtellina." w:st="on"&gt;la Valtellina.&lt;/st1:personname&gt; En&lt;/st1:personname&gt; Dongo (Como) me encontré en medio de una tragedia que no podía entender, que me superaba. Mataron a mi padre y a mi tía. Mi hermano sufrió un terrible shock: obligado a presenciar la muerte del padre y la violación de la madre, perdió la capacidad de desarrollarse mentalmente (a los treinta años razonaba como un niño de seis)”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Qué terrible secreto guardan esos diarios tan tenazmente ocultos? Ferdinando cree que en ellos está la prueba de los pactos entre Churchill y Mussolini, pero no sé yo si es razón suficiente para mantener todavía tal secreto. Hay quien piensa que era una espía de los ingleses y que fueron agentes ingleses quienes la asesinaron.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La realidad imita al arte. En muchos pasajes quien habla parece Napoleoni, el personaje de la película de Chaplin. Le pregunta a Claretta si le gusta su cuerpo.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Y añade: “Me han dicho que es uno de los más bellos de Italia. Lo dijo un hombre en la playa: Mussolini tiene el torso más perfecto de toda la playa. Y yo añadí, orgulloso: De toda Italia. Pero las piernas torcidas me afean”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-zbNKd9sXzJM/TnzEn4klpGI/AAAAAAAACOE/jvJBCZh4cmk/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-zbNKd9sXzJM/TnzEn4klpGI/AAAAAAAACOE/jvJBCZh4cmk/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 19 de septiembre&lt;/i&gt; &lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EN EL SUPERMERCADO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Después de leer un rato, como cada tarde, en la cafetería del Rosal, paso por el cercano Mercadona. Tengo la manía de ir sumando mentalmente los precios de los productos que compro. &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Cuando el cajero me dice el importe, respondo: “¿Seguro? Creo que me cobra de menos”. Me mira extrañado, lo mismo que los clientes que aguardan cola. Miro la cuenta: hay cinco productos y yo llevo seis. Efectivamente, me había cobrado un euro y cuarenta y cinco céntimos menos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sonrío al salir recordando un caso semejante ocurrido hace bastantes años. Fue en el economato de Carabanchel, una ventanilla en el patio, donde el que tenía dinero compensaba el escaso y a menudo intragable rancho carcelario. No se utilizaba dinero en efectivo, sino unos cartones con su valor impreso que te entregaban en su lugar. &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Al recibir el cambio, aquel soleado día de otoño de 1974, me di cuenta de que no era correcto. “Eh”, dije,&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“que me das de más”, y devolví los cartoncillos sobrantes, por importe de dos o tres pesetas, no recuerdo bien. Inmediatamente comenzaron las burlas. “¡Un tipo honrado!”, grito uno. “¡Te vas a echar a perder entre tantos ladrones!”, dijo otro. Yo me escabullí como pude.&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-86n-zlkkX_M/TnzE--NzwPI/AAAAAAAACOI/Leceeowmgp0/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-86n-zlkkX_M/TnzE--NzwPI/AAAAAAAACOI/Leceeowmgp0/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 20 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;CASAS CON FANTASMA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Colecciono casas con fantasma y esta tarde luminosa en el que el verano parece despedirse vestido de gala añado a ellas la de mi amiga Ángeles Carbajal, en Argüelles, a dos pasos de Oviedo y sin embargo en otro mundo y otro tiempo. Es un caserón del &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;XVII, construido junto a una torre medieval, de la que se conservan algunos restos. Su familia vive allí desde hace varias generaciones; eran los “llevadores” –así los denomina— de una tierras cuyos dueños, marqueses de esto o de lo otro, vivían en Madrid. Ahora lo ocupa ella sola, con sus libros, su música y sus versos. El gran portón del patio está siempre abierto, incluso cuando no hay nadie en casa. Los vecinos, muchos de ellos ancianos, pueden entrar allí cuando quieran y sentarse a descansar en su cotidiano paseo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-BNv_8TaCE2M/TnzFavqOZ7I/AAAAAAAACOM/ufOAKJh8GFo/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-BNv_8TaCE2M/TnzFavqOZ7I/AAAAAAAACOM/ufOAKJh8GFo/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; Muy cerca corre un río diminuto&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y transparente que algún invierno, sin embargo, se sale de madre y llega rugidor hasta los muros de piedra. Ahora todo es silencio apenas punteado por el susurro de las hojas o de algún ave. Robles, álamos, castaños, sombríos humedales, distantes caseríos y, al fondo, la silueta borrosa del Naranco. Cada &lt;i&gt;caleya&lt;/i&gt;, cada &lt;i&gt;prao&lt;/i&gt;, cada árbol tiene una historia… Ángeles me habla de los días de invierno en que de niña, con lluvia o con nieve, iba por estas&lt;i&gt; caleyas&lt;/i&gt; a recoger &lt;i&gt;les vaques&lt;/i&gt;… “Mi padre y el cura intentaron que Argüelles, que depende de Pola de Siero, pasara a formar parte de Noreña, que está más cerca. A muchos vecinos no les gustaba y los niños, que oían los comentarios en casa, la pagaban luego conmigo. Eran tiempos duros, pero yo guardo un buen recuerdo”. A la memoria me vienen los versos de Machado: “Miedo infantil, amor adolescente, / cuánto esta luz de otoño os hermosea…”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-qLPJGfqzFDE/TnzFx9w5rrI/AAAAAAAACOQ/mdL05KrXIz4/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-qLPJGfqzFDE/TnzFx9w5rrI/AAAAAAAACOQ/mdL05KrXIz4/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Colecciono casas con fantasma, y este rincón de Argüelles está lleno de ellos. “El tiempo aquí se pasa sin sentir. Mira qué descuidado están estos rosales. No hago nada y no tengo tiempo para nada. Incluso en invierno, cuando la niebla que sale del río lo emborrona todo, no hay paisaje más hermoso”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sí, este destartalado laberinto de huecos cegados, grandes salas, diminutas alcobas, y de cuadros y de libros y de viejas fotografías sobre las que el tiempo se pone amarillo, está lleno de fantasmas. Pero no dan miedo, solo hacen compañía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 21 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;UN CUENTO DE TERROR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“Su nombre era Bárbara Guerrero, pero todos la conocía por Pachita. Tenía una figura rechoncha; era risueña y simpática. Muchos testigos afirman que los pájaros revoloteaban a su alrededor siempre que aparecía. Pachita diagnosticaba las enfermedades mirando las palmas de las manos. Pachita operó a miles de personas en México con técnicas increíbles. Parece ser que un médico que estaba presente en una de sus operaciones se salió de la sala abrumado porque lo que había visto no podía ser, y sin embargo era. Las operaciones quirúrgicas se realizaban en un cuarto modesto, presidido por un altar con la imagen de &lt;st1:personname productid="la Virgen" w:st="on"&gt;la  Virgen&lt;/st1:personname&gt; de Guadalupe, la de algunos santos y la de Cuauhtémoc. Su bisturí era un viejo cuchillo de monte con la hoja oxidada. Pachita, en estado de trance y con los ojos cerrados, abría la carne de sus pacientes con el cuchillo, no tenía ningún temor de hurgar en sus entrañas para extirpar un tumor, un coágulo o una esquirla de hueso. A veces sus ayudantes le traían alguna víscera de animal que ella injertaba tranquilamente con manos diestras y sin temblores. Cuando terminaba la intervención, pasaba la mano por la herida y el enfermo podía salir por su propio pie mostrando tan solo una mínima raya roja en su epidermis”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-UuaAVtg_ym4/TnzF9xH8eXI/AAAAAAAACOU/2EZOzQKpdeo/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-UuaAVtg_ym4/TnzF9xH8eXI/AAAAAAAACOU/2EZOzQKpdeo/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Lo cuenta Sol Blanco-Soler, licenciada en Ciencias de &lt;st1:personname productid="la Informaci￳n" w:st="on"&gt;la Información&lt;/st1:personname&gt; y máster en no sé qué por &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la  Universidad&lt;/st1:personname&gt; de San Pablo, pero para ella no es un cuento, sino un hecho cierto. Leo su libro &lt;i&gt;Crónicas del más allá&lt;/i&gt;, con prólogo de Javier Sierra, y me aterra pensar en el desesperado que haciendo caso a los que hacen negocio con la angustia humana pudiera ponerse en manos de semejante curandera.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 22 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;ABOGADO DEL DIABLO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A Francisco Brines se le beatifica en el último número de &lt;i&gt;Ínsula&lt;/i&gt;. Vicente Gallego cuenta que hace milagros: sana con la manos y habla con los muertos (también cuenta que una vez que probó el ácido lisérgico, vio las estrellas y entonces se acordó de Claudio Rodríguez y dijo: “Si hubiera podido contemplar toda esta grandeza”). Felipe Benítez Reyes refiere, divertido, que “mientras conduce, habla de poesía, saca de la guantera un libro o revista, te señala un párrafo o una estrofa, se pone a leer…” &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Es también un gran conversador, según se nos informa: “Yo le he visto dar un sabio repaso a la poesía de posguerra en una esquina de Valladolid, en pleno enero, a las cuatro de la mañana, mientras sus contertulios comenzaban a cultivar estalactitas en las greñas”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Y un sabio defensor de la poesía: “Los poetas tenemos una suerte enorme. Lo normal es que la gente establezca amistad con personas de su edad. La poesía nos da muchos puntos de encuentros más allá de la edad. Puedo mantener una amistad íntima con gente mucho más joven que yo. La poesía, por encima de los años, nos hace coincidir, somos dueños de nuestra amistad”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-dtsaQMNBX8c/TnzGLhKakpI/AAAAAAAACOY/4qIOHXw94js/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-dtsaQMNBX8c/TnzGLhKakpI/AAAAAAAACOY/4qIOHXw94js/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero lo que se deduce del entusiasmo de sus turiferarios es bien distinto de lo que ellos pretenden. Lo que yo deduzco al menos: que se trata de un conductor temerario que pone continuamente en peligro su vida y la de los demás, que es un pesado capaz de disertar minuciosamente sobre cualquier tema en el momento más inoportuno, que le gusta repetir tópicos sobre poesía (siempre dice los mismo, y con las mismas palabras, en cualquier entrevista) que no resisten el más mínimo análisis.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;¿Cómo que es propio de los poetas tener amistad con gente más joven que ellos? Es propio de los poetas, de los abogados, de los profesores, de los carpinteros, siempre que les guste tratar con gente joven. Si frecuentara ciertos locales, vería que quienes traban “amistad íntima” (o lo intentan) con gente mucho más joven, no siempre son precisamente poetas &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Otra cosa que le gusta repetir es que gracias a la poesía podemos ponernos en lugar del otro, de una mujer, de un heterosexual, de un ateo, de un místico. Gracias a la poesía, al cine, a la televisión.…&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;“La poesía no tiene público, tiene lectores”, es una de sus frases memorables. Y a ninguno de sus admiradores se le ocurre preguntar: Y la novela ¿qué tiene? Y en uno de esos multitudinarios recitales de poesía que organiza su amigo José María Álvarez y en los que “se le aclama igual que a un torero”, según cuenta Benítez Reyes, ¿qué hay, público o lectores? En fin, que Brines será un gran poeta, pero intelectualmente parece poca cosa, una especie de Aleixandre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 23 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;CUANDO ME QUEDO SOLO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A menudo me encuentro lleno de dudas, confundido, perplejo, y sin embargo, al hablar, me expreso siempre con rotundidad, sin admitir réplicas, como si la verdad estuviera entera de mi parte. Luego, cuando me quedo solo, después de haber vencido (o creer haber vencido) en una discusión, recuerdo la frase de Chesterton: “El loco no es el que ha perdido la razón; es el que lo ha perdido todo menos la razón”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-nGkaZFER31A/TnzEW_nFoBI/AAAAAAAACOA/LKsgObQJ0BI/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-nGkaZFER31A/TnzEW_nFoBI/AAAAAAAACOA/LKsgObQJ0BI/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-6624097269825307399?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/6624097269825307399/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/razon-de-mas-el-que-lo-ha-perdido-todo.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/6624097269825307399'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/6624097269825307399'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/razon-de-mas-el-que-lo-ha-perdido-todo.html' title='Razón de más: El que lo ha perdido todo'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-zbNKd9sXzJM/TnzEn4klpGI/AAAAAAAACOE/jvJBCZh4cmk/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-6641665671971397913</id><published>2011-09-18T00:00:00.003+01:00</published><updated>2011-09-18T00:00:03.237+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: El listo y el tonto y otros relatos</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 11 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;SIN POR QUÉ&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Una antigua mentira que se pudre y va infectando poco a poco la vida de los mentirosos; de eso trata &lt;i&gt;La deuda&lt;/i&gt;, la película de John Madden que veo en Los Prados. Los protagonistas son agentes del Mossad, y hoy es once de septiembre, así que salgo del cine dándole vueltas a un asunto sin solución, el de la violencia política. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Nos parece bien cuando se trata de conseguir objetivos que compartimos (llevar la democracia a Libia); intolerable, terrorismo, en caso contrario. Un crimen execrable se convierte en lamentables pero inevitables daños colaterales cuando es obra de los nuestros.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Y quiénes son los nuestros? En &lt;i&gt;La deuda &lt;/i&gt;se trata de secuestrar, para que luego sea juzgado, a un antiguo criminal nazi; en ese conflicto no tengo ninguna duda de con quién estoy. Pero, si se trata de israelíes y palestinos, los míos están en los dos lados, y la más injustificable y sofisticada barbarie en uno de ellos, no diré cuál.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La rosa es sin porqué, decía Angelus Silesius; como mi simpatía por el pueblo judío, compatible con mi poca simpatía por el gobierno de Israel.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Llego a casa y abro uno de los tomos del Talmud: “Un sueño que no ha sido interpretado es como una carta que no ha sido leída”, “A un mal sueño, su tristeza le basta; a un buen sueño, su alegría”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-YUiz4LwRhg4/TnSghNvJ57I/AAAAAAAACNU/3ZGzyq0iX3c/s1600/1.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-YUiz4LwRhg4/TnSghNvJ57I/AAAAAAAACNU/3ZGzyq0iX3c/s320/1.jpg" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Simpatías y antipatías son irracionales. Qué poco simpática la comunidad judía de Oviedo. El domingo pasado abrieron el pequeño local que tienen en el Fontán, cedido por el Ayuntamiento. Había oído hablar de él, pero no había conseguido localizarlo; no tiene ninguna señal externa. Pregunté amablemente por qué. “¡Todo el mundo sabe por qué!”, me respondieron no demasiado amablemente, como si mi pregunta fuera una provocación. Una chica, que notó mi cara de pasmo, me sacó fuera: “Verá por qué”. En la fachada había un cartel que anunciaba un concierto de música para esa tarde. Estaba ligeramente manchado en una esquina: “Mire lo que han hecho”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Fingí aceptar la explicación, entré y compré un libro del Rabí Najman de Bratslav, &lt;i&gt;El listo y el tonto&lt;/i&gt;, historias populares que vienen de &lt;st1:personname productid="la Ucrania" w:st="on"&gt;la Ucrania&lt;/st1:personname&gt; del siglo XVIII y del origen de los tiempos. No dije nada, pero me habría gustado tomar a aquella chica de la mano y llevarla al cercano Campillín. Allí, desde hace años, hay plantado un olivo en memoria, como indica una placa puesta al pie, de la amistad entre Oviedo e Israel. En torno suyo se celebra, cada domingo, un rastro más desastrado que el del Fontán; en torno suyo, cada noche, pulula la más pintoresca marginalia urbana, y nunca ha sufrido cualquier daño. No dije nada, pero pensé que el clandestino comportamiento de los judíos de Oviedo, el convertir su lugar de reunión casi en el piso franco de una célula del Mossad, era no solo innecesario, sino un ofensivo para los ciudadanos de Oviedo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-aLdgy3CvwOk/TnShABA_71I/AAAAAAAACNY/MJ_rxu-XaDc/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="175" src="http://1.bp.blogspot.com/-aLdgy3CvwOk/TnShABA_71I/AAAAAAAACNY/MJ_rxu-XaDc/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Muchas noches, cuando pasaba hace unos días por el Ghetto Novo, lo único que encontraba abierto e iluminado era el local donde los judíos ortodoxos de Venecia, con sus sombreros y sus largas barbas, se reúnen para estudiar y precisar y discutir punto por punto sus antiguos textos. Ningún miedo tenían en aquella ciudad en que se abrió, o se cerró en torno suyo, a comienzos del siglo XVI, el primer ghetto del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Mi amigo Jon Juaristi, converso al judaísmo, me dijo que era la única religión en que ser heterodoxo, y discutirlo todo, y hasta ser ateo, resultaba perfectamente ortodoxo. Marina Svietaieva escribió: “Todos los poetas son judíos”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Yo no soy judío, pero nada que tenga que ver con el mundo judío me es ajeno.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 12 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;OTRO COMIENZO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Acostumbrado a encontrarlos desoladamente vacíos, me sorprende el bullicio juvenil en los pasillos del antiguo cuartel del Milán. Caigo de pronto en la cuenta de que hoy comienza el curso, un mes antes de lo acostumbrado. Los nuevos alumnos vagan de un lado a otro, un poco aturdidos, sin acabar de dar con las aulas correspondientes. Mientras camino hacia el despacho, recuerdo unos versos de Cernuda: “Verdor nuevo los espinos / tienen ya por la colina, / toda de púrpura y nieve / en el aire estremecida”. Todo renace en cada comienzo de curso, y a mí me llega una oleada de optimismo que pronto se mancha de melancolía: “Cuántos ciclos florecidos / les has visto; aunque a la cita / ellos serán siempre fieles, / tú no lo serás un día”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Los espinos cernudianos seguirán floreciendo en cada primavera y el curso al final del verano, pero un día yo faltaré a la cita. Me encojo de hombros, un deporte que practico cada vez más según van pasando los años. Faltaré a la cita y nadie me echará de menos. Y menos que nadie yo, ¿a qué preocuparse por ello?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El cielo se nubla solo un instante; la alegría de otro comienzo, otro regalo inmerecido, tarda en desaparecer.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-xk69m8Q3hxw/TnShzC-PvyI/AAAAAAAACNc/wYi7e1c1auE/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://1.bp.blogspot.com/-xk69m8Q3hxw/TnShzC-PvyI/AAAAAAAACNc/wYi7e1c1auE/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 13 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;BALAS SOBRE EL NIEMEYER&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;“¿Es cierto —me pregunta un amigo— que la única consigna que les dio Álvarez Cascos a sus consejeros, en la primera reunión que tuvo con ellos, fue: Que no quede piedra sobre piedra de la obra de Areces? ¿Es cierto que a uno le mandó a arremeter contra &lt;st1:personname productid="la Universidad Laboral" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt; Laboral&lt;/st1:personname&gt;, a otro a deshacer minuciosamente &lt;st1:personname productid="la Fundaci￳n Municipal" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Fundaci￳n" w:st="on"&gt;la Fundación&lt;/st1:personname&gt; Municipal&lt;/st1:personname&gt; de Cultura de Gijón y al veterano Marcos Vallaure a demoler el Centro Niemeyer, del que tan orgullosos estabais todos?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“No creo que hubiera esa consigna expresa. Lo que ocurre es que en Asturias tenemos un presidente por accidente (porque se perdieron unos cuantos votos por correo y porque los del 15-M consiguieron que se abstuvieran unos pocos votantes más de la izquierda), que tuvo que improvisar en escasos días su equipo y aún no ha tenido tiempo de formular un programa de gobierno. Álvarez Cascos se fue cabreado del &lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;PP&lt;/span&gt; y su intención era arrebatarle un buen puñado de votos, hacer una fácil y fuerte oposición a quien gobernara en minoría en Asturias (de nuevo el &lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;PSOE&lt;/span&gt;, que fue el partido más votado, o el &lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;PP&lt;/span&gt;) y gracias a esa labor de demagogia conseguir suficiente apoyo en las próximas elecciones generales como para volver a jugar un papel determinante en la política nacional. El azar, y la tontería de algunos votantes (cansados de los políticos de siempre solo se les ocurrió buscar un recambio en el desván de los trastos viejos), ha puesto Asturias en sus manos. Y no sabe qué hacer con ella, salvo seguir haciendo oposición. Tampoco saben muy bien qué hacer las gentes de su equipo de gobierno (la alcaldesa de Gijón se distrae de las tareas municipales, que le aburren, con su habitual trabajo de excelente cirujana). Marcos Vallaure, antiguo director y creador del admirable &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Museo de Bellas Artes, se ha pasado la vida quejándose de que los políticos desatendían su museo para mimar el nuevo centro de &lt;st1:personname productid="la Laboral" w:st="on"&gt;la Laboral&lt;/st1:personname&gt; o el Niemeyer. Ahora que es él quien reparte el dinero se frota las manos: ¡Ya verán esos advenedizos! Poner a Marcos Vallaure, que nunca soñó con tal cosa, al frente de Cultura es como poner a la zorra al cuidado del gallinero. Si le dejan, sembrará de sal el margen derecho de la ría para que sobre las ruinas del Niemeyer no vuelva a crecer la hierba”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“Tampoco hay que exagerar, amigo Martín. A mí lo que me han dicho es que piensa convertir la cúpula en el Museo de &lt;st1:personname productid="la Madre￱a" w:st="on"&gt;la Madreña&lt;/st1:personname&gt; y el auditorio en la sede permanente de &lt;st1:personname productid="la Asociaci￳n Asturiana" w:st="on"&gt;la Asociación Asturiana&lt;/st1:personname&gt; de Gaiteros”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-FJ7tXPiXXis/TnSh-_saSPI/AAAAAAAACNg/M-d3lVzx6C4/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="218" src="http://1.bp.blogspot.com/-FJ7tXPiXXis/TnSh-_saSPI/AAAAAAAACNg/M-d3lVzx6C4/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“¿Y qué pasa con las facturas?”, me pregunta Saúl. “Hay facturas sin justificar y en agosto, según me contó alguno de los asistentes, se celebró en la sala del cine el cumpleaños de ese chico que ahora trabaja en &lt;i&gt;El País&lt;/i&gt; y que fue alumno tuyo”.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“El nuevo gobierno de Asturias lo que debería hacer, si ejerciera de gobierno, es enterarse de la situación, pedir las aclaraciones que necesite y luego, si hay irregularidades, cesar o solicitar la dimisión de quien corresponda. Atacar al Niemeyer es como disparar contra sí mismo. O tratar de darle una patada a Areces en el trasero de todos los asturianos”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“Tú, con Areces hasta la muerte”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;“¿Con Areces? Yo, en todo caso, con Woody Allen. Pero reconozco que no soy objetivo en estas cuestiones. El Niemeyer me parece una de las mejores cosas que le han ocurrido a Asturias en los últimos tiempos y Álvarez Cascos una de las peores. Vamos a ver qué dicen las elecciones dentro de unos meses. Si tras no hacer nada y deshacer lo que estaba bien hecho, le siguen votando por resentimiento o simple bobería, pues habrá que encogerse de hombros (mi deporte favorito) y aguantar el chaparrón”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 14 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;LO QUE SOSTIENE EL MUNDO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El estudio es la actividad principal del judío. Una clase no se interrumpe ni siquiera para la construcción del templo “porque el mundo se apoya en el aliento de los niños que estudian”.&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-dtmzDhVZ6w4/TnSiKlIU4GI/AAAAAAAACNk/vI6VT80A1Iw/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="155" src="http://4.bp.blogspot.com/-dtmzDhVZ6w4/TnSiKlIU4GI/AAAAAAAACNk/vI6VT80A1Iw/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 15 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;LAS HERIDAS DE &lt;st1:personname productid="LA INFANCIA" w:st="on"&gt;LA INFANCIA&lt;/st1:personname&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Alterno la lectura de &lt;i&gt;Los tres mosqueteros&lt;/i&gt;, mi más seguro bálsamo contra el desánimo, con la de &lt;i&gt;Los tres Dumas&lt;/i&gt;, de André Maurois, no menos minuciosamente fascinante. El menor de los Dumas, el autor de &lt;i&gt;La dama de las camelias&lt;/i&gt;, hijo natural de una costurera, fue arrebatado a su madre e internado en un prestigioso colegio. “No se le había ocurrido pensar al padre –escribe Maurois— en cómo le acogerían aquellos niños mimados, pervertidos y vanidosos”. El dolor que le causaron los pequeños e incansables verdugos –le llamaban bastardo, le despertaban a media noche, le pasaban en el comedor los platos vacíos, pintarrajeaban sus libros con dibujos obscenos al pie de los cuales ponían el nombre de su madre— no llegó a olvidarlo ni siquiera “en los días más dichosos de su vida”. Ya adulto, paseando una tarde por el boulevard, le encontró uno de sus antiguos perseguidores. Muy amablemente se detuvo a saludarle y le tendió la mano “con esa generosidad con que el hombre perdona el mal del que ha sido culpable”. Esta fue su respuesta: “Estimado señor, como vuelva a saludarme, le parto la cabeza”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Olvidamos el mal que hemos hecho, no el que nos han hecho. Recuerdo un poema de Luis Antonio de Villena, otro niño maltratado, en el que, ya escritor famoso, se le acerca uno de sus antiguos compañeros. Le da la espalda, le desea toda clase de males a él y a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Qué terrible herencia, el odio que se pudre y nos pudre el alma.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero el Dumas padre, atolondrado causante de todas las desdichas de su hijo, es alérgico a cualquier remordimiento, a cualquier resentimiento. Llego a casa, abro &lt;i&gt;Los tres mosqueteros &lt;/i&gt;y vuelvo a ser el adolescente feliz que no se cansa de soñar las aventuras de las que algún día será protagonista.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-trc06wEOYGw/TnSiWtRo86I/AAAAAAAACNo/DDogHfUMel4/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="225" src="http://2.bp.blogspot.com/-trc06wEOYGw/TnSiWtRo86I/AAAAAAAACNo/DDogHfUMel4/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 16 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;UNA PARÁBOLA DE RAJMAN DE BRATSLAV&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Había una vez dos amigos, uno tonto y otro listo. Uno andaba a menudo confuso y sin saber qué hacer. El otro triunfaba siempre en las discusiones y tenía respuesta para todo. Era el amigo tonto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-KTbNRg9fv_A/TnSif5C6MwI/AAAAAAAACNs/3TH_p-oT4_I/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="226" src="http://3.bp.blogspot.com/-KTbNRg9fv_A/TnSif5C6MwI/AAAAAAAACNs/3TH_p-oT4_I/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-6641665671971397913?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/6641665671971397913/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/razon-de-mas-el-listo-y-el-tonto-y.html#comment-form' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/6641665671971397913'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/6641665671971397913'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/razon-de-mas-el-listo-y-el-tonto-y.html' title='Razón de más: El listo y el tonto y otros relatos'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-YUiz4LwRhg4/TnSghNvJ57I/AAAAAAAACNU/3ZGzyq0iX3c/s72-c/1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-598070373702963077</id><published>2011-09-11T00:00:00.022+01:00</published><updated>2011-09-11T00:00:02.290+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: El viaje aquel</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 4 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;QUIZÁ&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Llego con varias horas de retraso. Es casi media noche. Frente a la estación, y en la calle cercana, hay todavía alguna gente. Pero cruzo el puente sobre el canal del Cannaregio, atravieso un sottoportego y la ciudad deja de ser real para convertirse en el escenario de una historia de fantasmas. Ni un alma, ni un ruido, salvo el eco de mis pasos. Cruzo el campo del Ghetto Nuovo, que parece más inmenso ahora sin nadie. Atravieso un puente. Calles estrechas, canales oscuros, y el cielo sin una estrella.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Si no encuentro el lugar al que voy, en este barrio perdido, ¿a quién preguntar? Me sentaría en el escalón de un puente a esperar a que amaneciera. Y entonces se iluminaría una ventana frente a mí, y una voz diría: “¿Por qué has tardado tanto?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Me detengo un momento, cierro los ojos. Detrás de alguna de estas fachadas oscuras, está el jardín que busco, el centro del laberinto. Cierro los ojos, y ahí estás: “¿Por qué has tardado tanto?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Juego a que estoy perdido. Sé que tras cruzar el primer puente, he de caminar a la izquierda, por la orilla del canal, luego seguir una calle que termina en otro puente, volver a caminar a la izquierda de la &lt;i&gt;fondamenta&lt;/i&gt; hasta que la interrumpe una verja a la que asoma un rosal. A la derecha está la calle dei Reformati y en ella el lugar que busco, un antiguo &lt;i&gt;squero&lt;/i&gt; o taller donde se arreglan las góndolas, ahora convertido en residencia. &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Juego a que estoy perdido para disimular que estoy perdido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Cierro los ojos y a la memoria me vienen los versos de Borges: “Pienso también en esa compañera / que me esperaba y que quizá me espera”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-4L9c-KbgMzc/Tmtcc06RswI/AAAAAAAACMk/PGzSHPonAe0/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-4L9c-KbgMzc/Tmtcc06RswI/AAAAAAAACMk/PGzSHPonAe0/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 5 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;SAN JORGE Y EL DRAGÓN&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Mañana lluviosa y desapacible. Tengo muy cerca la iglesia de S. Alvise, sobre cuyos muros, en el escenográfico techo, se dibujan los muros de &lt;st1:personname productid="la Jerusalem" w:st="on"&gt;la Jerusalem&lt;/st1:personname&gt; celeste. Pero tras cruzar el puente de &lt;st1:personname productid="la Bonaventura" w:st="on"&gt;la Bonaventura&lt;/st1:personname&gt;, me encamino en sentido contrario y pronto encuentro el camino cortado por una puerta acristalada. Tras ella, un descuidado jardín con rotas estatuas, juegos para niños, pabellones dispersos acá y allá. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En un portal un anciano inmóvil me mira fijamente, a una ventana se asoma una mujer que, tras verme, la cierra de golpe. El sendero que sigo termina en medio de la maleza. Entre los huecos de la vegetación se entrevé el gris de las aguas plácidas. Creía saberlo todo de esta ciudad, a la que tanto me gusta volver, y al primer paso que doy ya estoy en otra ciudad secreta. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-M_vZV8UOyLk/Tmtcl6zSHyI/AAAAAAAACMo/_xtwja0YCVk/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://1.bp.blogspot.com/-M_vZV8UOyLk/Tmtcl6zSHyI/AAAAAAAACMo/_xtwja0YCVk/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Suena el teléfono. Es mi amiga Marina Gasparini, que lo sabe todo de los infinitos laberintos de este laberinto: “Estás en un antiguo hospital psiquiátrico, ahora me parece que han hecho viviendas sociales”. Y el lugar calmo y apacible se convierte de pronto en un lugar siniestro. Busco la salida, no la encuentro. La mujer ha vuelto a abrir la ventana y me mira, o eso me parece, como miran los niños a la mosca atrapada en un vaso de cristal puesto boca abajo. Tengo la sensación de que por mucho que gritara, como en las pesadillas, nada se oiría.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Pero un instante, o una eternidad, después encuentro el lugar por donde entré y entonces me fijo en que hay un cartel que prohíbe la entrada y que al lado hay una especie de corredor con raros trampantojos. No me atrevo a seguirlo. Vuelvo a la orilla del canal, camino rápido hacia S. Alvise, respiro aliviado al pisar terreno conocido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-EuzBbhKtL8U/TmtcveyHvXI/AAAAAAAACMs/r-EPRPdTdH0/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="214" src="http://3.bp.blogspot.com/-EuzBbhKtL8U/TmtcveyHvXI/AAAAAAAACMs/r-EPRPdTdH0/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero no hay terreno conocido, de sobra lo sé. En cualquier lugar, aparece una grieta, una puerta, una piedra que nos hace tropezar y nos lleva a otro mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Vivo en una casa llena de habitaciones cerradas a las que no me atrevo a entrar, y de vez en cuando oigo ruidos, un charco de sangre asoma por debajo de la puerta.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Para olvidarme de que estoy perdido juego a que estoy perdido. Voy de iglesia en iglesia, en esta mañana lluviosa, tratando de distraer mi angustia (¿Por qué has tardado tanto?) con sus penumbrosas maravillas. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En San Giobbe, al otro del Ponte dei Tre Archi, mientras contemplo la cúpula de &lt;st1:personname productid="la Cappela Martini" w:st="on"&gt;la Cappela Martini&lt;/st1:personname&gt;, una voz de mujer, aterrada, pide ayuda. Es la chica que cuida la entrada (una iglesia, tres euros; un pase para diecisiete, válido por un año, diez euros). Habla muy rápido, no se la entiende. Pero sus gestos son inequívocos. La ha asustado un monstruo que se ha colado en el pequeño habitáculo donde trabaja. Sonrío. Me siento como San Jorge que ha de salvar a la princesa. Cojo una de las cartulinas informativas y con ella levanto al dragón, en realidad una diminuta lagartija, y cuidadosamente lo dejo fuera. La princesa, libre de la amenaza, sonríe y me da un beso.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 6 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;TODO ME FALTA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Huelga de transporte. No circulan los vaporettos. Y es hoy cuando tengo una cita para visitar el nuevo laberinto que esta ciudad de laberintos ha construido en la isla de San Giorgio Maggiore. Solo se puede visitar los sábados y domingos, pero la persuasiva Marina me ha logrado concertar una cita para hoy. Vamos de una parada a otra hasta encontrar aquella donde funcionan servicios mínimos. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Antes de llegar al nuevo laberinto, hay que cruzar dos claustros, el de los cipreses y el de Andrea Palladio. Los había visto muchas veces desde lo alto del Campanile, pero nunca los había atravesado. En su armonioso silencio apetece quedarse para siempre. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-hsUqESFV5lw/Tmtc4M1txBI/AAAAAAAACMw/1uYvo5bfhBg/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-hsUqESFV5lw/Tmtc4M1txBI/AAAAAAAACMw/1uYvo5bfhBg/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Desde la terraza de la nueva residencia de &lt;st1:personname productid="la Fondazione Cini" w:st="on"&gt;la Fondazione Cini&lt;/st1:personname&gt; contemplo, por fin, el laborioso homenaje a Borges. Los setos trazan doblemente su nombre y dibujan una clepsidra, un bastón de ciego, una interrogación… Pero, laberinto por laberinto, yo preferiría perderme en &lt;st1:personname productid="la Nuova Manica" w:st="on"&gt;la Nuova Manica&lt;/st1:personname&gt; Lunga, la biblioteca que ocupa el antiguo dormitorio de los frailes y que termina en un ventanal sobre el puerto deportivo y el &lt;i&gt;bacino&lt;/i&gt; de San Marco. Ese corredor abovedado, un claro laberinto rectilíneo, me gusta más que la de Baldassare Longhena, con sus oscuras estanterías barrocas y los libros bien protegidos en ellas. En &lt;st1:personname productid="la Manica Lunga" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Manica" w:st="on"&gt;la Manica&lt;/st1:personname&gt;  Lunga&lt;/st1:personname&gt; los libros están al alcance de la mano y uno puede dejarlos sobre la mesa para seguir trabajando, o disfrutando, al día siguiente.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-23010k2dga0/TmtdAM1Z29I/AAAAAAAACM0/ZBcGRUh98To/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-23010k2dga0/TmtdAM1Z29I/AAAAAAAACM0/ZBcGRUh98To/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero ni siquiera este prodigioso lugar me haría aceptar una larga estancia en este lugar. Soy como un gato viejo al que no le gusta abandonar su territorio. De vez en cuando hago una exploración por los alrededores, pero en seguida vuelvo a casa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Desde el campanile vuelvo a ver el verde laberinto borgiano. Es para recorrer con los ojos, un laberinto para leer. Y solo repite un nombre: Borges, Borges. No hace falta más porque, como el prodigioso Aleph, esas sílabas contienen el Ródano y el Arno, las calles de Buenos Aires y los rojos laberintos de Londres, “lunas, marfiles, instrumentos, rosas, / lámparas y la línea de Durero, / las nueve cifras y el cambiante cero…” &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Y también la “Venecia de cristal y crepúsculo” que, en la dedicatoria de &lt;i&gt;Historia de la noche&lt;/i&gt;, le ofrece a María Kodama. Ahora la tengo en torno mío, entre el azul verdoso de la laguna y el cambiante cielo (al fondo, con turbante de nubes, las montañas del Friuli). &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-OrePaJFQsdY/TmtdICK6UGI/AAAAAAAACM4/R4DwZ4aOyn0/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="170" src="http://3.bp.blogspot.com/-OrePaJFQsdY/TmtdICK6UGI/AAAAAAAACM4/R4DwZ4aOyn0/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Nunca, a ningún rey, a ningún emperador, le ofrecieron un más prodigioso presente. Lo tengo todo y, sin embargo, todo me falta: “Que no daría yo por la dicha / de estar a tu lado / bajo el gran día inmóvil / y de compartir el ahora / como se comparte la música / o el sabor de una fruta”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Miércoles, 7 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EL ARTE DEL LUGAR&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El arte es ilusión. Es arte lo que, quienes saben de eso, nos dicen que es arte. Paseo desdeñoso por los Giardini de &lt;st1:personname productid="la Biennale. Admirando" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Biennale." w:st="on"&gt;la Biennale.&lt;/st1:personname&gt; Admirando&lt;/st1:personname&gt;, a veces, algunos pabellones, casi nunca lo que se encuentra en ellos. El menos interesante es el de España, ocupado, no por ningún artista, sino por una idea de Dora García. Entro y un artista, o similar, explica no sé que a un grupo de desatentos alumnos. En una esquina, un joven observa lo que ocurre, lo teclea en su ordenador e inmediatamente lo podemos leer en una gran pantalla: “Entra una mujer rubia, mira a un lado y a otro sorprendida, ¿qué es esto?, le dice a su acompañante…”. Y yo, en voz alta, añado: “Esto es la demostración de que si entre cierto arte y el ridículo solo hay un paso, Dora García ha dado ese paso”. Pero el ordenador no está encendido, el joven hace como que escribe. En la pantalla blanca va apareciendo un texto pregrabado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Lo mismo me ocurre en el Arsenale. Me gustan los grandes espacios, el jardín de las Vírgenes, que tantas veces había rodeado desde la laguna, pero que hasta ahora solo había adivinado. Aunque las esculturas dispersas acá y allá tienen, a veces, &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;su gracia no consiguen competir con la magia del lugar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-kFJg3HZGOVU/TmtdPafIVOI/AAAAAAAACM8/QR9Z8toool0/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://4.bp.blogspot.com/-kFJg3HZGOVU/TmtdPafIVOI/AAAAAAAACM8/QR9Z8toool0/s320/7.JPG" width="312" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Bangladesh e Irak ocupan dos viviendas consecutivas de &lt;st1:personname productid="la Fondamenta Sant" w:st="on"&gt;la Fondamenta Sant&lt;/st1:personname&gt;’Ana. &lt;st1:personname productid="La Biennale" w:st="on"&gt;La Biennale&lt;/st1:personname&gt; permite entrar en suntuosos palacios abandonados. No menos fascinantes resultan estas dos casas, con su pequeño patio detrás, con restos de la antigua cochambre en el baño y la cocina, con sus empinadas escaleras y sus crujidos fantasmales. ¿Qué valen frente a esas ausentes presencias los ingeniosos cachivaches o las fáciles denuncias que los artistas han querido colgar acá y allá? En el estrecho pasillo que separa ambas casas, lleno de maleza, unos uniformados tamborileros (solo se ve el uniforme y el tambor: dentro no hay nadie) le ponen hipnótica banda sonora a la melancolía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Dedico la tarde a descubrir Tizianos, Tintorettos, Bellinis en la penumbra de las iglesias. Pero, de pronto, en una de ellas, tras admirar largo rato una obra de Tiépolo, descubro un pequeño cartel que indica que se trata de una copia, que el original está en no sé qué exposición. Y pienso: si todos esos cuadros que admiré fueran copias, ¿me habría quedado pasmado frente a ellos? De ninguna manera, salvo que no lo supiera. El arte es ilusión, el de ayer y el de hoy. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Si yo me atreviera a ser sincero, diría que el pabellón de los Giardini que más me ha interesado es la cafetería, con su colorido pop y el fragmentado espejo del fondo que todo lo convierte en la viñeta cubista de un inesperado cómic.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-0vKpG0dLbBE/TmtdXwtkd0I/AAAAAAAACNA/HP-7N2tGSuQ/s1600/8.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="215" src="http://4.bp.blogspot.com/-0vKpG0dLbBE/TmtdXwtkd0I/AAAAAAAACNA/HP-7N2tGSuQ/s320/8.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 8 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;LA ÚLTIMA COSTA&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Cada noche, antes de dormirme, voy oscuro por las calles solas, como en el verso de Virgilio, hasta la parada de S. Alvise. Apoyado en el parapeto, contemplo la negra lámina de la laguna, el cambiante reflejo en ella de algunas dispersas luces. Se oye solo el chapoteo del agua. Sigilosamente se acerca el último &lt;i&gt;vaporetto&lt;/i&gt;. Trae unos pocos viajeros, a veces no se baja nadie. Le veo alejarse como un fanal fantasmal sobre su tembloroso reflejo. Se adivina al fondo el muro con cipreses de San Michele. ¿Cómo no pensar en otra laguna y en los dos versos con que Francisco Brines termina el último poema de su último libro: “Mi madre me miraba, muy fija, desde el barco, / en el viaje aquel de todos a la niebla”?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-y22Xkumvcz4/Tmtde9GxuUI/AAAAAAAACNE/_FTQcVvlRys/s1600/9.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="190" src="http://4.bp.blogspot.com/-y22Xkumvcz4/Tmtde9GxuUI/AAAAAAAACNE/_FTQcVvlRys/s320/9.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-598070373702963077?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/598070373702963077/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/razon-de-mas-el-viaje-aquel.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/598070373702963077'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/598070373702963077'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/razon-de-mas-el-viaje-aquel.html' title='Razón de más: El viaje aquel'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-4L9c-KbgMzc/Tmtcc06RswI/AAAAAAAACMk/PGzSHPonAe0/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-4886826747823383297</id><published>2011-09-05T15:23:00.000+01:00</published><updated>2011-09-05T15:23:58.489+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Diario'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Razón de más'/><title type='text'>Razón de más: Decir lo que se piensa, pensar lo que se dice</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Domingo, 28 de agosto&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;POR QUÉ NO SOY POLÍTICO&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Ser político es una de mis vocaciones frustradas (la otra, ser matemático). Las dos cosas que más me gustan en la vida son razonar y mandar. En razonar, no me considero malo del todo. Si me equivoco en alguna afirmación, siempre es por carecer de la información suficiente o por partir de datos erróneos, nunca por incurrir en sofisma o quebrantar la lógica. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En cuando a lo segundo, no sé si sería bueno o no: nunca he tenido ocasión de mandar a nadie, salvo a mí mismo, y eso no tiene mérito, porque soy bastante obediente, siempre que se me razonen las cosas (y eso es algo que hago bastante bien).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-jEmF7yvAAGg/TmTUQILCCmI/AAAAAAAACME/BH8WaaTgUEs/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="180" src="http://2.bp.blogspot.com/-jEmF7yvAAGg/TmTUQILCCmI/AAAAAAAACME/BH8WaaTgUEs/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Nada me habría gustado más que ser político, tener poder. Pero en democracia nunca podría haberlo sido. Sí, antes de que se inventara, en la época del despotismo ilustrado. El tipo de político que a mí me habría gustado ser lo representan Federico el Grande, amigo de Voltaire, o Carlos III, que antes de ser rey de España, hizo su aprendizaje en Nápoles.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En democracia, si lo hubiera intentado, si no hubiera sido muy consciente de mis limitaciones, no habría llegado ni siquiera a concejal de mi pueblo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Y por qué, a pesar de que me gusta tanto el poder, estoy incapacitado para ser político? Porque en democracia hay que decirles a los electores lo que quieren oír y luego, si uno es un buen político, hacer lo que conviene hacer. No lo que le conviene a uno o a los banqueros o a los que nos financiaron la campaña, claro, sino lo que conviene al país, esto es, a la mayoría de los ciudadanos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Entonces ¿tú crees que la gente no sabe lo que quiere?, me pregunta el amigo que me escucha decir esto mientras rebuscamos entre los puestos de libros del Fontán.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pues claro que sabe lo que quiere, le respondo. Quieren que las medicinas sean gratis, que la educación sea gratis y de calidad, que haya trenes de alta velocidad en cada capital de provincia, aeropuertos cerca de casa con vuelos baratos a cualquier parte del mundo, que los bancos no cobren comisiones, concedan préstamos a largo plazo y reducido interés, dejen de cobrarte la hipoteca si te encuentras en apuros, que puedas bajarte cualquier película o cualquier libro de Internet sin pagar un euro… La gente sabe lo que quiere y todos sabemos lo que quiere la gente. Lo que no sabe la gente, ni sabe nadie todavía, es cómo puede financiarse todo eso.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Tú desprecias a los electores. Parece que los consideras niños caprichosos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Exacto. Eso los considero. Pero yo no desprecio a los niños, tampoco a los electores. Lo que desprecio es su manera de razonar. No soy capaz de respetar el pensamiento mágico. Salvo cuando escribo poemas, claro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Y a qué llamas tú pensamiento mágico?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pues al que considera que si no todo el mundo tiene trabajo, gana lo suficiente, vive en una buena casa, puede ir a Roma o a Londres por diez euros, tiene garantizada su pensión, etc., etc., es porque los políticos lo han hecho mal, le han engañado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Y tú no crees que es así? ¿No crees que en un país democrático la constitución debe garantizar todo eso?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No, no lo creo. Todo lo que tenemos lo hemos ganado muy trabajosamente, con décadas de esfuerzo. Y todo lo podemos perder. Nada está garantizado para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No te entiendo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;A los demagogos bien intencionados, a los del 15-M, incluso a Llamazares y otras lumbreras de Izquierda Unida, yo les diría: cuidadito con los experimentos, porque por muy mal que estén las cosas siempre pueden ponerse peor. Pero saben de sobra que pueden jugar todo lo que quieran, que no va a haber lo que ellos llaman democracia real, que el poder no va a quedar en la calle, a merced de cualquier veleidad asamblearia, que mientras ellos discuten si son galgos o son podencos la derecha de siempre abre sus grandes fauces para tragarnos pronto de un bocado, si Rubalcaba no lo remedia.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Se te ve el plumero. Tú eres de los que creen que Rubalcaba va a hacer, si gana, lo que no fue capaz de hacer cuando gobernaba con Zapatero.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Cierto. A mí en seguida se me ve el plumero. No soy capaz de engañar a nadie ni de pensar lo que se lleva en cada momento. No solo creo en Rubalcaba, sino que creo que Zapatero, que ya no necesita adular al electorado, lo está haciendo muy bien, está gobernando de la mejor manera posible en estos tiempos de zozobra en las que nos jugamos tanto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Lunes, 29 de agosto&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;EN LOS PORCHES&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hace unas semanas abrieron de nuevo la cafetería Los Porches, cerrada durante meses, y hoy por primera vez el nuevo camarero, sin yo pedirlo, me trae el habitual café y vaso de agua. Ya estoy de nuevo en casa. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En torno a las doce, paso por aquí todas las mañanas desde hace unos cuantos años. Exactamente, desde 1982, cuando se abrió este centro comercial de Las Salesas. Desde entonces, la cafetería se ha renovado en varias ocasiones. Aparte del nombre, me parece que yo soy lo único que tienen en común las diversas etapas. La última fue de decadencia total, con dos televisores a todo volumen derramando basura. Pero yo resistí.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La rutina es mi manera de luchar contra el tiempo. Aquí estoy, con el periódico, el café y unos cuantos libros nuevos, como si no hubiera pasado nada. ¡Y han pasado tantas cosas en estos treinta años!&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-nXA8uYAGT5Q/TmTU2XYnCFI/AAAAAAAACMI/1ind4CTQvyg/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="233" src="http://4.bp.blogspot.com/-nXA8uYAGT5Q/TmTU2XYnCFI/AAAAAAAACMI/1ind4CTQvyg/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Me gusta el nuevo decorado, que parece hecho para mí. En la esquina donde me sentaba, en lugar de las comunes mesas rectangulares, han puesto una aparatosa mesa redonda. Al principio, no me atrevía a sentarme en ella, pero como la veía siempre vacía, la he ocupado yo, y allí estoy cada mañana, señero y feliz, dispuesto a charlar con quien quiera acercarse o a hojear, impaciente, los libros que me acaban de llegar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;De sobra sé que nada es permanente. De sobra sé que ni los huesos son una posesión segura del hombre. Pero las costumbres, las pequeñas rutinas cotidianas, me proporcionan una ilusión de eternidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Martes, 30 de agosto&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;L’AMOR MIO FINÌ&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Soy un lector caprichoso. A menudo lo que menos me interesa es la gran literatura. No se puede ser sublime a todas horas. Lo mismo me pasa con el cine. Dejo a veces de lado una obra maestra, según los críticos, pero desagradable y áspera, por cualquier acariciadora nadería. Uno no siempre tiene ganas de que le den un puñetazo ni de que le conmuevan demasiado. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Esta noche me las prometía muy felices paseando por Nápoles con el comisario Ricciardi, una creación de Maurizio de Giovanni que parece quiere competir con el comisario Brunetti de Donna Leon.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-JOWqNpD_i3w/TmTVwC44vgI/AAAAAAAACMM/yF7BVPwEhHU/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://4.bp.blogspot.com/-JOWqNpD_i3w/TmTVwC44vgI/AAAAAAAACMM/yF7BVPwEhHU/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;i&gt;El invierno del comisario Ricciardi &lt;/i&gt;es la primera de sus novelas que se traduce. Yo no dejo de notar la puerilidad y el artificio de una historia que mezcla un peculiar protagonista que tiene el don de ver el último momento de los asesinados, con los años del fascismo y el mundo de la ópera. Pero disfruto acompañando al comisario desde su casa, cerca de &lt;st1:personname productid="la Piazza Dante" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Piazza" w:st="on"&gt;la Piazza&lt;/st1:personname&gt; Dante&lt;/st1:personname&gt;, a lo largo de &lt;st1:personname productid="la Via Toledo" w:st="on"&gt;la Via Toledo&lt;/st1:personname&gt;, a la que se asoman las empinadas y temerosas callejuelas de los Quartieri Spagnoli, el barrio de los españoles; sentándome con él cada mañana a tomar un café en el Gambrinus (su mesa favorita da a Chiaia; la mía, a &lt;st1:personname productid="la Piazza" w:st="on"&gt;la Piazza&lt;/st1:personname&gt; del Plebiscito); ascendiendo por Gennaro Serra hasta Santa Maria degli Angeli, con su alta cúpula y sus naves llenas de retóricos y conmovedores epitafios. El tranvía número 7 le deja en el Largo de San Martino, donde el tenor asesinado se encontraba con su amante, y desde allí contempla la ciudad, solitario, entre las parejas que utilizan aquel lugar para sus expansiones amorosas… Un escenario minuciosamente exacto añade verdad a cualquier fábula. Pero luego, cuando volvemos a pisar esos lugares, es la fantasía del escritor lo que les añade peso y realidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-2CM9LQNvdmU/TmTXegPZqlI/AAAAAAAACMQ/zMtOE66LQg8/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://3.bp.blogspot.com/-2CM9LQNvdmU/TmTXegPZqlI/AAAAAAAACMQ/zMtOE66LQg8/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;A partir de que el comisario llega al Largo de San Martino y contempla las innumerables y zigzagueantes escaleras de &lt;st1:personname productid="la Via Pedamontina" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Via" w:st="on"&gt;la Via&lt;/st1:personname&gt;  Pedamontina&lt;/st1:personname&gt;, dejo de acompañarle. El enigma de quien asesinó al insoportable Arnaldo Vezzi poco antes de que, en el San Carlo, se dispusiera a interpretar el Tanio de &lt;i&gt;I Pagliacci&lt;/i&gt;, me interesa menos que otra historia que comenzó cuando yo bajaba solitario esa calle que un día fue la calle más hermosa del mundo, con el mar y la ciudad mostrándonos un nuevo rostro en cada vuelta del camino. Esa novela de la vida real, menos verosímil que las de la literatura, no tuvo más que un primer capítulo. Antes de dormirme, muchas noches, juego a imaginarme el resto de la historia. Y resuena en mi cabeza, lo mismo que en la del tenor asesinado antes de morir, el lamento de Alfio, el amante traicionado, en &lt;i&gt;Caballería rusticana&lt;/i&gt;: “Io sangue voglio, all’ira m’abbandono, in odio tutto l’amor mio finì…”. En odio ha terminado todo mi amor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Entro en un libro para salir de mi vida y de pronto tropiezo con un párrafo y vuelvo bruscamente a ella.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-WqpU-8iCBIw/TmTZf_D-_dI/AAAAAAAACMU/CHMUYtq1hBo/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-WqpU-8iCBIw/TmTZf_D-_dI/AAAAAAAACMU/CHMUYtq1hBo/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Jueves, 1 de septiembre&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;NUEVE&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Un correo de mi amigo Ismael Serna &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;me informa que, desde las doce horas de la pasada noche, ha terminado su vida laboral. No parece lamentarlo. A mi todavía me quedan nueve cursos, nueve, y ya me aterra la perspectiva. “Para todo hay término y hay tasa”, decía Borges. De sobra sé que nada está garantizado, que la vida de cualquiera puede terminar en cualquier momento. Pero del accidente, si hay suerte, nos podemos librar. No del fin del trayecto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Pero también tiene su lado bueno ser conscientes de que “hay término y hay tasa” en todo, en lo bueno y en lo malo. Dentro de unos días comenzará el nuevo curso (me alegra que se adelante un mes) y yo disfrutaré de cada momento sabiendo que solo me quedan nueve raciones de la tarta. Nueve. Antes las devoraba rutinariamente, como una simple ocupación laboral. Pero nada hay simple en esta vida. Cada curso, como cada día, como cada instante, es un regalo que he aprendido a agradecer.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-LS4rvFeQzkY/TmTaGhnKmYI/AAAAAAAACMc/XmWdskph0gk/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="201" src="http://4.bp.blogspot.com/-LS4rvFeQzkY/TmTaGhnKmYI/AAAAAAAACMc/XmWdskph0gk/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;Viernes, 2 de septiembre&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;NO AL REFERENDUM&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;¿Así que tú, tan demócrata, tan de izquierdas, no eres partidario de que se consulte al pueblo nada menos que la reforma de la constitución?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No, en este retoque, no soy partidario. Poner límite a la capacidad de endeudamiento para que sean menores los intereses de la deuda me parece muy razonable. Y hacerlo de la manera más rápida posible, la mejor opción. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;¿Entonces tú crees que deben mandar los mercados y no los políticos?&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Yo creo que debe primar el principio de realidad por encima de las elucubraciones ideológicas. Si vives de prestado, cada día te costará más encontrar quien te preste dinero y más pronto o más tarde llegará la bancarrota. No rebajar el sueldo a tus funcionarios, sino simplemente no poder pagarlos. No reducir las prestaciones sociales, sino simplemente que no haya prestaciones sociales. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-Qp9Fjv73aKs/TmTbAFMRacI/AAAAAAAACMg/SCFCnTHgfpI/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240" src="http://2.bp.blogspot.com/-Qp9Fjv73aKs/TmTbAFMRacI/AAAAAAAACMg/SCFCnTHgfpI/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-4886826747823383297?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/4886826747823383297/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/razon-de-mas-decir-lo-que-se-piensa.html#comment-form' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/4886826747823383297'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/4886826747823383297'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/razon-de-mas-decir-lo-que-se-piensa.html' title='Razón de más: Decir lo que se piensa, pensar lo que se dice'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-jEmF7yvAAGg/TmTUQILCCmI/AAAAAAAACME/BH8WaaTgUEs/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-77373070195786162</id><published>2011-09-04T00:00:00.045+01:00</published><updated>2011-09-04T00:00:00.766+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Viajes'/><title type='text'>Anónimo avilesino</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-20vVr_t7HTY/Tl6B29U4_ZI/AAAAAAAACLk/Y2Li90qcae0/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="clear: left; float: left; margin-bottom: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="290" src="http://1.bp.blogspot.com/-20vVr_t7HTY/Tl6B29U4_ZI/AAAAAAAACLk/Y2Li90qcae0/s320/1.JPG" width="190" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;En la plaza Meynard de Burdeos, en torno a la esbelta torre exenta de Saint Michel, se celebra todos los días, salvo los martes, un “marché aux puces”, un colorista y animado rastro. Muy cerca, en la plaza Canteloup, hay un pasaje lleno de tiendas de anticuario en cuya revuelta mezcolanza de espejos, lámparas y lujosos pecios salvados del naufragio del tiempo resulta fascinante perderse. Pero no tiene menos encanto el astroso mercado al aire libre. Este barrio fue el preferido de los exiliados españoles, y eso se nota todavía en los bares que ofrecen “tapas”, pero ahora los emigrantes son mayoritariamente árabes o procedentes de los antiguos países comunistas. Sobre una manta en el suelo, entre libros sin mayor interés, me encontré hace unos días media docena de títulos en español y un cuaderno (de esos con anillas y páginas cuadriculadas) con anotaciones manuscritas también en español.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-rw4bfbhkTxU/Tl6FHgCMGQI/AAAAAAAACMA/Q1U-MGe81lo/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="139" src="http://4.bp.blogspot.com/-rw4bfbhkTxU/Tl6FHgCMGQI/AAAAAAAACMA/Q1U-MGe81lo/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;Uno de los libros era la novela de David Arias &lt;i&gt;Después del gas &lt;/i&gt;(donde se anticipa una segunda guerra mundial bien distinta de la que poco después se haría realidad) y otro un libro de Ana de Valle publicado en los años setenta. El cuaderno no estaba firmado ni los libros llevaban señal alguna de su antiguo propietario, pero esos dos títulos me hacen suponer que era de Avilés, o estaba muy relacionado con la villa, y por eso lo he denominado “Anónimo avilesino”. Seguramente se trataba de un exiliado de la guerra civil, amigo de Ana de Valle, que le mandaría su libro (supongo que dedicado, pero del volumen habían arrancado la página de respeto).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-rVlmYVCMAAg/Tl6C0B4JIDI/AAAAAAAACLo/d_TOnyTpetY/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://2.bp.blogspot.com/-rVlmYVCMAAg/Tl6C0B4JIDI/AAAAAAAACLo/d_TOnyTpetY/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;En el cuaderno había versos tachados, algunos comienzos de poema que no tuvieron continuación (“Rimas invierno con infierno y sabes / que nunca ha de llegar la primavera”) y abundantes aforismos, no sé si originales o traducción de algunos de los moralistas franceses, como Joubert, Chamfort o &lt;st1:personname productid="La Rochefoucauld. Bastantes" w:st="on"&gt;La Rochefoucauld. Bastantes&lt;/st1:personname&gt; dan la impresión de ser solo borradores. Copio aquí una selección de los que me parecieron completos. Me imagino al autor de estos apuntes paseando por la plácida orilla del Garona, como antes hicieron Goya o Moratín, y añorando la ría de Avilés, tan distinta, tan distante y tan semejante: el mar, que es su razón de ser, no se divisa nunca desde ninguna de ellas. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-lYI_QSMIg8Y/Tl6C-mjmagI/AAAAAAAACLs/QTBR85Kmg8A/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="162" src="http://3.bp.blogspot.com/-lYI_QSMIg8Y/Tl6C-mjmagI/AAAAAAAACLs/QTBR85Kmg8A/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La peor angustia es la que nos sobreviene cuando no tenemos motivo para angustiarnos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A la obra de arte, como a los reyes, le corresponde siempre decirnos la primera palabra.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La lejanía, que empequeñece los objetos, agranda a los hombres.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El aburrimiento nos acerca a los seres humanos; el fastidio nos aleja de ellos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Ni indecisión ni precipitación: esas son las características del verdadero hombre de mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hay cosas tan serias que solo se pueden decir en broma.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Si no quieres llegar a ser muy desdichado, no pretendas ser demasiado feliz.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Era tan escéptico que ni siquiera se creía la buena opinión que tenía de sí mismo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Engaña más quien confiesa algo que quien lo oculta todo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Para resucitar hay que morir primero.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Solo quienes nos calumnian nos dicen la verdad sobre nosotros mismos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Hay que hacer sitio a cada nuevo amor, a cada nuevo amigo, desalojando a otros.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Los ricos suelen ser tacaños; los pobres, derrochadores.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Envejecía él, pero no sus amantes.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Nadie más aburrido que esas personas que nunca se aburren.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Era tan infortunado que ni siquiera en el amor propio fue correspondido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Los peores dramas son los que se disfrazan de comedia.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-YFF34p_A6-Y/Tl6DTBZUtFI/AAAAAAAACLw/l36irMXuHlw/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200" src="http://3.bp.blogspot.com/-YFF34p_A6-Y/Tl6DTBZUtFI/AAAAAAAACLw/l36irMXuHlw/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No te dejes aconsejar por nadie, y menos que nadie por ti mismo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No hay mayor señal de fracaso que, al final de la vida, no deber nada a nadie.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Los corazones de buena calidad son los que se desgastan primero.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Era todo un personaje, pero no tenía ninguna personalidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Solo los imbéciles se que quejan cuando se les toma por imbéciles.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;De un amor no se puede huir: llena el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Nos vuelve locos la alegría y cuerdos el dolor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Me resigno a tu ausencia como uno acaba resignándose a la ausencia de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El amor es un lugar de paso; nadie puede quedarse en él para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Te tengo entre mis brazos y no soy capaz de encontrarte.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Estoy solo y solo me falto yo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-pKsgQ1d-91Q/Tl6DqQuhCyI/AAAAAAAACL4/2Eeo3G70GNQ/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="276" src="http://3.bp.blogspot.com/-pKsgQ1d-91Q/Tl6DqQuhCyI/AAAAAAAACL4/2Eeo3G70GNQ/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A veces abrir una puerta es cerrar una herida.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La eternidad es aburrida; la historia del mundo es la televisión de Dios.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Si un laberinto no tiene salida, no es un laberinto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A veces tenemos tanto que decir que la única manera de decirlo es callar.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;A veces la peor forma de la ausencia es la presencia.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El amor adormece, el odio nos pone en pie.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;El amor es una jaula, pero solo es verdadero si deja la puerta abierta.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;La ciencia nos enseña lo que sabemos, la filosofía lo que no sabemos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Es fácil ser gran hombre cuando se está rodeado de hombres minúsculos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Cada amanecer Dios vuelve a crear el mundo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Ninguna ocurrencia vale la pena si no se le ha ocurrido primero a otro.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Me gusta tener siempre un libro o un amigo a mano, aunque no abra el libro, aunque el amigo se limite a callar conmigo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Confío en mis sueños: nunca me engañan, aunque no me cuenten más que mentiras.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;·&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;No se puede ser feliz, pero se puede haberlo sido. Y confiar en volverlo a ser.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-rE-X9dtsdGM/Tl6D_zwvIaI/AAAAAAAACL8/dChPNVjcm84/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://1.bp.blogspot.com/-rE-X9dtsdGM/Tl6D_zwvIaI/AAAAAAAACL8/dChPNVjcm84/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-77373070195786162?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/77373070195786162/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/anonimo-avilesino.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/77373070195786162'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/77373070195786162'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/09/anonimo-avilesino.html' title='Anónimo avilesino'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-20vVr_t7HTY/Tl6B29U4_ZI/AAAAAAAACLk/Y2Li90qcae0/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-8857424730692913531</id><published>2011-08-28T00:00:00.011+01:00</published><updated>2011-08-28T17:33:30.377+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nueve enigmas con jardín'/><title type='text'>Nueve enigmas con jardín: Rosengarten</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;Había dejado sobre un banco el libro que traía conmigo (una antología de Hugo von Hofmannsthal) y, con los ojos entrecerrados, escuchando el rumor de la fuente, trataba de no pensar en nada, de dejarme acariciar por el instante. Pero un negro cuervo revoloteaba sobre la rosaleda y sobre mí para ensombrecer la tarde: la idea de la muerte, que me obsesiona cada vez más. Morir, desaparecer para siempre, que tu nombre y todo lo que has sido se borre como escrito en el agua, como si nunca hubiera sido.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Ld5kuD2xsR8/TlPSBrLUxRI/AAAAAAAACK4/B3T6R7SepZg/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="215px" src="http://3.bp.blogspot.com/-Ld5kuD2xsR8/TlPSBrLUxRI/AAAAAAAACK4/B3T6R7SepZg/s320/1.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hay cosas que uno no puede contar a nadie porque resultan ridículas dichas en voz alta. ¿Que me importa a mí que se lean o no mis libros después de que yo me haya muerto? ¿Que me importa que se recuerde o no mi nombre? Si no me voy a enterar… Eso dice la razón, pero el corazón dice algo distinto. A veces pienso que la gloria póstuma, que permanecer en la memoria de las gentes, eso que para un hombre sensato no tiene importancia ninguna, es lo único que me importa.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Si no te hacen caso antes de los sesenta años, no te harán nunca caso. No existen genios póstumos, salvo los que mueren jóvenes, como John Keats, o con la mayor parte de su obra inédita, como Emily Dickinson y Pessoa”, escribió no sé quién y la serpiente herida de mi vanidad me lo recordaba en &amp;nbsp;aquel rincón que parecía fuera del mundo, el Jardín de las Rosas, sobre una colina desde la que se divisa el apretado caserón histórico de Berna abrazado por el río Aare.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-rdMYxdCBwcY/TlPSmY1XykI/AAAAAAAACK8/TEmu6gDiros/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="219px" src="http://2.bp.blogspot.com/-rdMYxdCBwcY/TlPSmY1XykI/AAAAAAAACK8/TEmu6gDiros/s320/2.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “¿Sabía que toda esa rosaleda está plantada sobre antiguas tumbas, que este jardín fue antes un cementerio?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Se había sentado en una esquina del mismo banco en que estaba yo, aunque había otros vacíos, sin que me diera cuenta. Después de aquella observación, dicha en voz baja y acariciadora, sonrió y me pidió disculpa por interrumpir mis meditaciones. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “No, no lo sabía. Es una hermosa manera de resucitar. Yo pensaba precisamente en la muerte, en el hecho de desaparecer para siempre”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “¿No es usted religioso?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Lo soy, a mi modo. Creo en Dios como creo en las sirenas, en las hadas y en el Minotauro; la teología, ya lo decía Borges, es una rama de la literatura fantástica”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Yo también soy una gran lectora de Borges. Y de Hofmannsthal…”, añadió contemplando la portada del libro que tenía a mi lado. Y luego, con una sonrisa: “¿Y qué ha venido a hacer José Luis García Martín a esta ciudad? ¿Qué libro de viajes y lecturas está preparando ahora?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Me sentí tan sorprendido como halagado por aquel reconocimiento. Pero pronto supe que nada tenía de extraño. Había estudiado en &lt;personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/personname&gt; de Oviedo, había comenzado su tesina de licenciatura (sobre no sé qué revista de emigrantes asturianos publicada en Suiza en los años sesenta) con Antonio Insuela, había incluso mandado un libro al premio Emilio Alarcos… Y cuando me invitó, poco después, a su casa lo que pretendía era menos mostrarme su admiración que sus poemas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Tuve que escuchar educadamente la lectura de unos versos que ni siquiera eran malos, solo mediocres. Pero valió la pena aquella tortura (nada detesto más que el que me lean poemas) porque me permitió conocer un inédito rincón de la ciudad y de ese laberinto en el que me he extraviado cuando niño y del que no acierto a encontrar la salida.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Vivía Sara (le cambio el nombre, aunque no faltará quien la reconozca) en una de las casas que se apretujan y amontonan en la ladera que, en torno a la iglesia de Nydegg, desciende hacia el río. La casa tenía un diminuto jardín que parecía encontrarse en el fondo de un pozo, entre altos paredones medievales. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-nYrInfsGSQM/TlPTU05qU0I/AAAAAAAACLA/svItl0u3VdQ/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213px" src="http://1.bp.blogspot.com/-nYrInfsGSQM/TlPTU05qU0I/AAAAAAAACLA/svItl0u3VdQ/s320/3.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Sara podía ser una muy mediocre poeta (que lo era), pero de lo que no cabía duda es de que se trataba de una gran lectora. No había rincón en la vivienda que no estuviera lleno de libros. Me sorprendieron los muchos tomos de Emilia Pardo Bazán, en primeras ediciones. “Pensé en dedicarle mi tesis”, dijo. “Y aún no he renunciado a hacerlo”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Habíamos quedado en que me enseñaría la ciudad, en la que llevaba casi dos décadas viviendo, pero yo estaba tan absorto con los libros (había títulos que yo había buscado durante años, sin encontrarlos) que se hizo bastante tarde y ella improvisó allí mismo una agradable cena. “Puedes quedarte a dormir aquí”, me dijo. “A dormir o a lo que te apetezca…”, añadió.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Las cuatro paredes de la habitación de invitados estaban también cubiertas de libros, pero de una temática especial, esoterismo y magia negra. “Eran todos de mi exmarido, un canalla”. Sentí un cierto desagrado. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-2LXnQaU5NyE/TlPTbfuORAI/AAAAAAAACLE/9m5hnX2F1g4/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="145px" src="http://4.bp.blogspot.com/-2LXnQaU5NyE/TlPTbfuORAI/AAAAAAAACLE/9m5hnX2F1g4/s320/4.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;No quise tocar ninguno de aquellos volúmenes (en una ringlera de tomos reconocí el nombre de Aleister Crowley) y, cuando me retiré a dormir, me llevé las &lt;i&gt;Poesías jocoso-satíricas&lt;/i&gt;, de Victoriano Martínez Muller, un poeta del que ni siquiera había oído hablar, editadas en 1856. Están dedicadas a su madre, doña Tomasa Muller: “Al frente de mis primeras producciones no puedo poner otro nombre que el tuyo. Te dedico la colección de mis poesía satíricas que, cuando menos, podrán evitarte algunos ratos de melancolía, porque todo es en ellas algazara, risa y jolgorio”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Algazara, risa y jolgorio era lo que se escuchaba en una casa cercana. Cerré el libro. No podía dormir. Salí al diminuto jardín. En lo alto brillaba, hermosa y demacrada, una gran luna llena. No había ninguna ventana iluminada, pero yo escuchaba cada vez más cercano el rumor de una fiesta. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Apareció Sara. “Ocurre con frecuencia. Muchas noches yo tampoco puedo dormir”. Y luego, tras permanecer un rato los dos en silencio, añadió: “Hace una temperatura muy agradable. ¿Por qué no damos un paseo?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Me pareció una buena idea y al poco ya estábamos contemplando el rielar de la luna en el agua desde el gran puente (a un lado, más bajo, el puente medieval, y al otro el rincón de los osos, siempre rodeados de turistas durante el día). Caminamos por la larga calle soportalada, irreal y vacía a aquella hora; permanecimos silenciosos en el jardín de la catedral, en lo hondo el rumor del río y arriba todas las estrellas. Bajo la gran marquesina transparente que cubre la plaza que hay ante la estación, se nos acercó un hombre, que parecía borracho. Yo no entendí lo que dijo; Sara se asustó y me tiró de la mano para que nos alejáramos rápidamente. “Es mi marido”, susurró.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-yNpK1OOhDqg/TlPTiAdKLtI/AAAAAAAACLI/xd-eNExdWfA/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="200px" src="http://3.bp.blogspot.com/-yNpK1OOhDqg/TlPTiAdKLtI/AAAAAAAACLI/xd-eNExdWfA/s320/5.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Estábamos muy cerca de mi hotel, y yo la invité a pasar allí la noche. Pero ella prefirió volver a su casa, y tuve que acompañarla, no podía dejarla sola a aquellas horas, aunque nada me apetecía más que dormir tranquilamente en mi habitación. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Cuando llegamos, la fiesta parecía haber terminado y todo estaba en silencio. Antes de dormirnos, cada uno en su cuarto, pensé en las rosas con nombre del Rosengarten: una se llamaba Grande Amore y otra Papagena, estaba también la rosa Queen Elizabeth y la rosa Benita, y no podía faltar la rosa Wilhelm Tell, homenaje al héroe nacional. Esas rosas son verdad y son literatura, naturaleza y artificio, como yo mismo, como todo en la vida.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Fp711gyav9Q/TlPToTojQdI/AAAAAAAACLM/ap8TMjXtgWk/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213px" src="http://3.bp.blogspot.com/-Fp711gyav9Q/TlPToTojQdI/AAAAAAAACLM/ap8TMjXtgWk/s320/6.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Yo soy el que sueño ser, el que invento cada día. Cuando muera, otros me soñarán por mí y lo harán mejor de lo que yo puedo hacerlo. O eso quiero creer. Cuando alguien abra un libro mío, aunque nunca haya oído hablar de mí, aunque no sepa quién soy, allí estaré yo rondando por la habitación, mirándole por encima del hombro, como el marido de Sara sigue dando sus fiestas en el pequeño jardín en que ella le sorprendió una noche y sigue apareciéndosele, después de tantos años muerto, en cualquier amenazante desconocido. “Yo le maté”, me dijo. “Pero eso solo tú lo sabes”. No la creí, por supuesto. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Yo también estoy muerto, &amp;nbsp;lector amigo, desde hace muchos años, yo tampoco soy nada fuera de estas palabras. Pero eso solo tú lo sabes. Yo no lo sé ni lo sabré nunca y seguiré soñando, en cualquier jardín del mundo, en cualquier biblioteca, con encontrar los versos que me aseguren el secreto de la inmortalidad, como si morir, morir enteramente y para siempre, no fuera lo único que los dioses envidian a los humanos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-kx5rGYK0Uas/TlPTvH96EHI/AAAAAAAACLQ/6YX4tRcL3Hg/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="240px" src="http://2.bp.blogspot.com/-kx5rGYK0Uas/TlPTvH96EHI/AAAAAAAACLQ/6YX4tRcL3Hg/s320/7.JPG" width="320px" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-8857424730692913531?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/8857424730692913531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/08/nueve-enigmas-con-jardin-rosengarten.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/8857424730692913531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/8857424730692913531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/08/nueve-enigmas-con-jardin-rosengarten.html' title='Nueve enigmas con jardín: Rosengarten'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-Ld5kuD2xsR8/TlPSBrLUxRI/AAAAAAAACK4/B3T6R7SepZg/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-2244017617530469547</id><published>2011-08-21T00:00:00.018+01:00</published><updated>2011-08-21T00:00:03.822+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nueve enigmas con jardín'/><title type='text'>Nueve enigmas con jardín: En todas partes  y en ninguna</title><content type='html'>&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Vaya donde vaya siempre llevo mis rutinas conmigo. Sin ellas me siento desnudo, o peor aún, tan inerme como el crustáceo que ha perdido su concha. Me levanto a las ocho, escribo durante una hora o una hora y media, salgo luego a pasear. En los últimos meses me ha dado por escribir sonetos, como cuando era joven, y esta mañana, tras concluir el número veinte, he decidido que debía dejar de hacerlo porque ya no me ofrecían ninguna dificultad: “De mí mismo en mí mismo prisionero, / sin nadie, sin razón, sin luz, sin guía,&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;/ paso la noche sin que llegue el día / en un sueño falaz y verdadero”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-HDF5zttK2Ng/TkxkHq7pTSI/AAAAAAAACKY/-0zl53sIT2c/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="216" src="http://3.bp.blogspot.com/-HDF5zttK2Ng/TkxkHq7pTSI/AAAAAAAACKY/-0zl53sIT2c/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Mi paseo por la orilla del lago comienza en el puerto de Ouchy, junto a la escultura de Ángel Duarte “Ouverture au monde”, una metálica rosa de los vientos que se parece mucho a la que saluda al viajero en la desviación de la autovía de &lt;st1:personname productid="la Plata" w:st="on"&gt;la Plata&lt;/st1:personname&gt; hacia Aldeanueva del Camino. Suelo terminar en los jardines escalonados del Museo Olímpico. En la terraza más alta me siento a contemplar las aguas límpidas y las montañas del otro lado, que a veces resaltan nítidas y otras se difuminan entre la bruma. Por la tarde, antes de tomar un café en el Starbucks de la plaza de San Francisco, frente a la iglesia, paso por &lt;st1:personname productid="la FNAC" w:st="on"&gt;la &lt;span style="font-size: 10.0pt;"&gt;FNAC&lt;/span&gt;&lt;/st1:personname&gt;, en &lt;st1:personname productid="la Tour Bel-Air" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Tour" w:st="on"&gt;la Tour&lt;/st1:personname&gt; Bel-Air&lt;/st1:personname&gt;, un rascacielos de los años treinta, y hojeo las novedades en busca de algún título interesante. Luego me entretengo un rato por el parque de Mont-Repos, mientras el sol se pone lentamente en estos días de verano, antes de regresar, caminando despacio, hasta el hotel, al lado de la estación. Esta es mi vida en Lausanne, la misma que en cualquier otra parte, una vida apaciblemente monótona donde la vaga ensoñación es la única aventura.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-3QDqfrYf5kY/TkxkPNxaMUI/AAAAAAAACKc/169mfnSA1GA/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="238" src="http://1.bp.blogspot.com/-3QDqfrYf5kY/TkxkPNxaMUI/AAAAAAAACKc/169mfnSA1GA/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Soy rutinario, pero no maniáticamente rutinario. A veces me permito algún cambio en mi costumbre, y me acerco a &lt;st1:personname productid="la Place" w:st="on"&gt;la  Place&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Riponne" w:st="on"&gt;la  Riponne&lt;/st1:personname&gt; para perderme entre las salas del palacio de Rumine o descender, los días de mercado, por &lt;st1:personname productid="la Rue Madeleine" w:st="on"&gt;&lt;st1:personname productid="la Rue" w:st="on"&gt;la Rue&lt;/st1:personname&gt;  Madeleine&lt;/st1:personname&gt; hasta &lt;st1:personname productid="la Place" w:st="on"&gt;la  Place&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Palud" w:st="on"&gt;la  Palud&lt;/st1:personname&gt;, frente al Ayuntamiento. En su parte de atrás hay un reloj de sol con la inscripción “Le Temps s’en va, mais l’Éternité reste”. Sí, el tiempo pasa, la eternidad queda, pero aquí el tiempo parece no pasar, convertirse de inmediato en eternidad en estos días en que no pasa nada.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-nIoWyDfy4Jc/TkxkVYjT5dI/AAAAAAAACKg/9b1BK4xrKTk/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="227" src="http://1.bp.blogspot.com/-nIoWyDfy4Jc/TkxkVYjT5dI/AAAAAAAACKg/9b1BK4xrKTk/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;En una librería de ocasión, junto al Hôtel de Ville y el reloj de sol, me sorprendió el catálogo de una exposición de Ángel Duarte en Badajoz. Me lo llevé conmigo hasta Mont-Repos y allí, al hojearlo, me encontré con que tenía dentro una amarillenta postal: representaba la carretera de Aldeanueva del Camino, todavía con los grandes árboles que dieron sombra a mi infancia, y en primer plano, a la derecha, la casa penumbrosa y misteriosa, la casa que tenía detrás un jardín cercado de altos muros y un pozo, un ciprés, un rosal y una parra siempre cargada de uvas (al menos en mi memoria). Toda mi vida la he pasado soñando con volver a aquel caserón, destruido para siempre, ocupado su lugar por un feo edificio de apartamentos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-_r5p5NdMRsc/Tkxkjarf_QI/AAAAAAAACKk/Tn2HL8ukE7A/s1600/4.bmp" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="212" src="http://3.bp.blogspot.com/-_r5p5NdMRsc/Tkxkjarf_QI/AAAAAAAACKk/Tn2HL8ukE7A/s320/4.bmp" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Daría cualquier cosa por abrir esa puerta, cruzar el fresco y oscuro zaguán, sentirme de nuevo deslumbrado por la luz del jardín, el jardín primordial, del que todos los demás, por fastuosos que sean, resultan solo un pobre remedo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Daría cualquier cosa, vendería mi alma al diablo, pero ya he podido comprobar, en Ginebra, que al diablo mi alma le interesa más bien poco, tan poco como mi cuerpo. Miro en torno mío: cerca, una pareja de titiriteros practica sus ejercicios (y creo reconocer en uno de ellos al joven diablo de Les Bastions); detrás de mí, una gran esfera azul, símbolo de no sé qué,&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y a mi derecha tres bustos que representan, no a otros tantos ilustres desconocidos, sino a tres asnos, con sus puntiagudas orejas y sus ojos redondos muy abiertos.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-8z5aVuOrBJY/TkxlH0AKSKI/AAAAAAAACKo/vzCBDaYv8Qk/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="181" src="http://4.bp.blogspot.com/-8z5aVuOrBJY/TkxlH0AKSKI/AAAAAAAACKo/vzCBDaYv8Qk/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Soy la persona más racionalista del mundo, lo he repetido muchas veces; por eso siempre estoy atento al milagro, a lo maravillo positivo, como lo definía un filósofo de Avilés, Estanislao Sánchez Calvo. Vuelvo a mirar la postal, trato de encontrar mi casa, que es una de esas que se apretujan diminutas entre la casa de mis sueños y el caserón de la familia Masides, ahora convertido –curiosa coincidencia— en el Centro Cultural Ángel Duarte. No soy capaz de dar con mi casa, pero me fijo de pronto en dos niños sentados ante una de las puertas y creo reconocerme.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Sí, es la hora de la siesta, esa hora que yo siempre he detestado tanto, por eso la carretera, una calle más del pueblo, está vacía. Todo el mundo se aletarga en la sombra, pero yo no soporto estar quieto. Me escapo a dar una vuelta, sin miedo al sol, y me encuentro con otro niño, al que no reconozco, quizá sea el hijo de algún veraneante. Le hablo del jardín de la casa de al lado, en el que hay toda clase de frutas maravillosas. La casa está cerrada, sus dueños, que viven en Madrid, todavía no han vuelto al pueblo. Él me propone que saltemos la tapia y entremos en el jardín. Yo nunca me atrevería a hacer una cosa así. Digo que le espero abajo. Mi desconocido amigo se encarama con rapidez. “Traeré frutas también para ti”. Y no vuelve a aparecer. Me canso de esperar. Regreso a casa. Ni aquella noche ni al día siguiente se echa en falta ningún niño. Yo tengo miedo de que se haya caído al pozo y sueño con que su cadáver, flotando sobre el agua, es lo primero que encuentran los dueños de la casa al regresar de Madrid. Eran algo parientes nuestros, y mi madre fue a visitarlos cuando volvieron, y yo fui con ella. Mientras los adultos hablaban, di vueltas y vueltas por el jardín, me asomé al pozo, repetí por todos los rincones el nombre de mi amigo desaparecido (ahora lo recuerdo: Daniel), pero todo fue en vano. En mis sueños todavía le sigo buscando.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-krAdaqPN2tY/TkxlUH_LQDI/AAAAAAAACKs/dSMJIpZbtxg/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="206" src="http://3.bp.blogspot.com/-krAdaqPN2tY/TkxlUH_LQDI/AAAAAAAACKs/dSMJIpZbtxg/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Ahora, en un parque de Laussanne, trato de ver su rostro en una desvaída postal. Pero la imagen es diminuta, y además está de espalda. No puedo reconocerle. “Daniel”, repito en voz alta y un desconocido que en aquel momento pasa cerca del banco en el que yo estoy sentado se detiene y me mira sorprendido. “¿Nos conocemos?”, me dice en español. “Perdona, estaba pensando en voz alta”. “Pues qué casualidad que yo me llame Daniel”. “Era el nombre de un amigo mío al que he creído reconocer en esta postal”. “Esa es la carretera de Aldeanueva del Camino”. “¿Conoces el pueblo?”. “Pues claro”. Y me contó que, cuando era niño, había veraneado varios años allí, en casa de unos familiares. Pero yo no podía haber coincidido con él en los veranos de mi niñez; eso ocurrió años más tarde, en los ochenta.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-88JVvK3abBM/TkxlceiNkVI/AAAAAAAACKw/GF2YnJSpEW4/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="235" src="http://4.bp.blogspot.com/-88JVvK3abBM/TkxlceiNkVI/AAAAAAAACKw/GF2YnJSpEW4/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Me invitó acompañarle a su casa, una buhardilla en la parte alta de la ciudad, cerca de la catedral, desde cuyas ventanas se divisaba un irregular panorama de torres, tejados, largos puentes sobre las calles y, al fondo, el azul deslumbrante del lago. Tenía una muy buena biblioteca, en francés y en español. Vi, entre los libros de poesía, uno mío, de hace años, &lt;i&gt;El pasajero&lt;/i&gt;, pero resistí la vanidosa tentación de señalárselo. Me dijo que escribía algo, pero que no había publicado nada. Se ganaba la vida como cocinero, y no mal: era el jefe de cocina de uno de los más lujosos hoteles de la localidad, el Beau-Rivage, por el que pasó todo el mundo que fue alguien en &lt;st1:personname productid="la Europa" w:st="on"&gt;la Europa&lt;/st1:personname&gt; de la &lt;i&gt;belle époque&lt;/i&gt;. Me invitó a acompañarle a una ópera que representaban aquella tarde en la sala Paderewski del casino de Montebenon: &lt;i&gt;Dido y Eneas&lt;/i&gt;, de Purcell. “Dido y Eneas” se titula uno de los poemas míos que más detesto porque habla de aceptar el fracaso con resignación. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-gSPPbYiq_Jo/TkxllktKg_I/AAAAAAAACK0/wJYAfPMzFbo/s1600/8.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="198" src="http://1.bp.blogspot.com/-gSPPbYiq_Jo/TkxllktKg_I/AAAAAAAACK0/wJYAfPMzFbo/s320/8.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Tras la representación fuimos a saludar a Natacha Ducret, la soprano que nos había roto el corazón con el lamento de Dido, a la que Daniel conocía. Quedamos luego en que, dentro de dos días, cuando terminara su período de descanso, iría a visitarle al Beau-Rivage. Me dijo por qué puerta tendría que entrar, me enseñaría las suites de príncipes y reyes, la habitación en que durmió Churchill, y el inmenso parque que lo rodea.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Ya en mi hotel, cerca de la estación, dejé sobre la mesa, junto a la pila de los otros libros que había ido comprando estos días, el catálogo de Ángel Duarte, y me entretuve mirando la postal. “Bueno, Daniel, has tardado, pero finalmente has saltado los muros y has vuelto junto a mí con los frutos de ese extraño jardín que no está en ningún lugar, pero que podemos encontrar en cualquier parte”.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-2244017617530469547?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/2244017617530469547/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/08/nueve-enigmas-con-jardin-en-todas.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2244017617530469547'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/2244017617530469547'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/08/nueve-enigmas-con-jardin-en-todas.html' title='Nueve enigmas con jardín: En todas partes  y en ninguna'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-HDF5zttK2Ng/TkxkHq7pTSI/AAAAAAAACKY/-0zl53sIT2c/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-1031435348118237327</id><published>2011-08-14T00:00:00.019+01:00</published><updated>2011-08-14T00:00:02.446+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nueve enigmas con jardín'/><title type='text'>Nueve enigmas con jardín: La llave</title><content type='html'>Solo, en la terraza de este café que es también hostal, entre bebedores de cerveza y jugadores de cartas, pienso en el comienzo de un libro que quizá comenzó a escribirse, o al menos a soñarse, en este mismo sitio: “Yo solo. Siento mi corazón y conozco a los hombres: no soy como ninguno de cuantos vi, y aun me atrevo a creer que como ninguno de los que existen. He aquí lo que hice, lo que pensé, lo que fui. Lo bueno y lo malo, descubiertos con la misma franqueza. Nada malo oculté, ni me atribuí nada bueno. Si hay algún pormenor erróneo, se debe únicamente a confusión de la memoria”.&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Yo, como Rousseau, me atrevo a creer que soy como ninguno de los que existen, y que no me atribuí nada bueno, aunque algo malo oculte. Cuando cuento mi vida, cuando enseño mi casa, siempre dejo de mostrar ciertos rincones, un cuarto que he cerrado con llave y esa llave la he arrojado lejos, donde nadie pueda encontrarla. Ni yo mismo sé lo que aguarda tras esa puerta oscura, bajo la que en mis pesadillas asoma un charco de sangre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-XF1hrHFXBFw/TkM0j6wxCDI/AAAAAAAACJo/CJn74Gtwaas/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://1.bp.blogspot.com/-XF1hrHFXBFw/TkM0j6wxCDI/AAAAAAAACJo/CJn74Gtwaas/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Dos días estuvo hospedado Rousseau en este mismo lugar, una placa lo recuerda en su fachada, y esos dos días, en los que no vio a nadie, pero fue feliz, le acompañaron para siempre en la memoria.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Durante unos días he estado yo también hospedado en esta hostería de Vevey, en un cuarto desde el que se ve el azul cambiante del lago y, al otro lado, las ásperas montañas de la dulce Francia. Bajé en la estación, me atrajo el nombre, “&lt;st1:personname productid="La Clef" w:st="on"&gt;La Clef&lt;/st1:personname&gt;”, y solo después de decidir quedarme me enteré de que tan ilustre huésped me había precedido. En su inquieto deambular por el mundo, se imaginaba aquí el Paraíso: “Cuando el ardiente deseo de una vida feliz y dulce, que huye de mí y para la cual he nacido, viene a inflamar mi imaginación, siempre me la represento en el país de Vaud, a orillas del lago, en medio de campiñas deliciosas. No puedo prescindir de un huerto junto a este lago, no junto a cualquier otro. Necesito un amigo seguro, una mujer amable, una vaca y una barquilla. No gozaré de felicidad verdadera hasta que no tenga todo esto”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-koV1cw79fO8/TkM0pIgTAUI/AAAAAAAACJs/ayQ6J-HVWE0/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://2.bp.blogspot.com/-koV1cw79fO8/TkM0pIgTAUI/AAAAAAAACJs/ayQ6J-HVWE0/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Qué necesito yo para gozar de felicidad verdadera? No necesito más que lo que tengo, o eso quiero creer. Paseo por la empedradas y frescas calles, por la orilla arbolada del lago; alguna vez, en una lenta caminata de cerca de dos horas, me acerco hasta Montreux, que durante muchos años fue para mí solo un nombre al comienzo de un poema de Pere Gimferrer, un poema que leí deslumbrado a los veinte años y que todavía me acompaña en la memoria: “Aquí, en Montreux, / rosetón de los ópalos lacustres…”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-N-ktAvDhLwY/TkM0u_Y1hMI/AAAAAAAACJw/Cq0OQC7LAX0/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="clear: right; display: inline !important; float: right; margin-bottom: 1em; margin-left: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="280" src="http://1.bp.blogspot.com/-N-ktAvDhLwY/TkM0u_Y1hMI/AAAAAAAACJw/Cq0OQC7LAX0/s320/3.JPG" width="180" /&gt;&lt;/a&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Sentado inquieto en una silla, en una terraza dedicada a las grandes figuras del jazz, a las que no parece admirar demasiado, me encontré a uno de los más ilustres residentes de la localidad, Nabokov, delante de su hotel inmenso y deslumbrante de oros. Y en el cercano Château de Chillon, otro amigo admirado grabó su nombre sobre una de las columnas que se hunden en la profundidad de los antiguos calabozos: “Siete columnas macizas y grises, / vagamente iluminadas por un cautivo / rayo de sol que parece / haber perdido su camino, / haber caído en la mazmorra / y agonizar en ella, / arrastrándose sobre el suelo húmedo / como un fuego fatuo sobre una ciénaga”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Llegué al castillo cuando estaban a punto de cerrar. Al entrar yo en cada estancia, salían los últimos visitantes. Me entretuve largo tiempo admirando desde las altas murallas el lago cada vez más oscuro, y en la que fue prisión de Bonnivard, mientras contemplaba el nombre de Byron inscrito a punta de navaja, escuché un chirrido de pesadas puertas y, por un momento, temí quedarme encerrado para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-rF7xJo6GLcI/TkM1N-UfDiI/AAAAAAAACJ0/ubJmzFRr6FA/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="195" src="http://4.bp.blogspot.com/-rF7xJo6GLcI/TkM1N-UfDiI/AAAAAAAACJ0/ubJmzFRr6FA/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¿Qué necesito yo para gozar de felicidad verdadera? Encontrar la llave que tiré lejos, abrir las mazmorras del alma, limpiar aquellos sótanos oscuros, dejar entrar la luz a iluminar el rostro del prisionero.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Delante de la estatua de Chaplin, en Vevey, donde vivió los últimos años y está enterrado, un gran tenedor se hunde en las aguas. Me divierte esa imagen surrealista, y frente a ella me siento cada tarde, oyendo resonar de vez en cuando la sirena de los barcos que pasan y queriendo irme con cada uno de ellos a un lugar en que todo es “lujo, calma y voluptuosidad”, como en el poema de Baudelaire, a cualquier lugar en el que no esté yo.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-Ip0lwvRd2nU/TkM1UEMwYAI/AAAAAAAACJ4/06KlOArkzko/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://3.bp.blogspot.com/-Ip0lwvRd2nU/TkM1UEMwYAI/AAAAAAAACJ4/06KlOArkzko/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Una noche, antes de volver a mi solitaria buhardilla roussoniana, entré en el jardín del Hôtel des Trois Couronnes, que daba sobre el lago. Estaba solitario. Me apoyé en el tronco de un árbol a contemplar las estrellas, reflejadas sobre la cabrilleantes aguas.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Hermosa noche”, escuché decir en español, y yo no supe al principio si aquella tenue voz la había oído o imaginado. Tardé un rato en descubrir a aquella mujer todavía hermosa, pero más o menos de mi edad, fumando distraída y en traje de fiesta. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Nos conocimos hace mucho tiempo. Veo que ya no te acuerdas de mí”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Lo siento, tengo mala memoria”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Solo para lo que te conviene”, sonrió. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aquella sonrisa me resultaba familiar, aunque seguía sin reconocerla, y en lugar de irme con una vaga excusa, como pensé al principio, acepté la invitación a sentarme a su lado. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Estás buscando algo que has perdido, y eres un hombre con suerte porque eso que buscas lo tengo yo”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Me pasó un brazo en torno al cuello y quiso besarme en los labios. Solo entonces me di cuenta de que estaba bastante bebida. Me puse tenso y me eché hacia atrás. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “No has cambiado nada”, dijo ella, a la que no pareció ofender mi gesto de rechazo. Me cogió de la mano y me llevó hasta la orilla del agua. Allí comenzó a desnudarse. “Pero ¿vas a bañarte ahora?”, dije yo asustado. “Me sentará bien, estoy un poco borracha”. “Es peligroso”. “He sido campeona de natación, ¿recuerdas? Tú en cambio nunca te metías en el agua más allá de donde hicieras pie. Siempre fuiste muy cauteloso, querido. Demasiado. Recuerda el consejo de lady Ottoline Morrell a Bertrand Russell: Debes dejar en tu vida un lugar para lo salvaje”. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Puso el collar, la pulsera y el negro traje de noche cuidadosamente a mi lado (no llevaba ningún anillo), y su cuerpo brilló un momento sobre la roca antes de arrojarse al agua. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Acompáñame. Sé valiente por una maldita vez”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “No sé nadar. Sabía, pero lo he olvidado”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; “Esas cosas no se olvidan. Y si se olvidan, mejor. Ahoguémonos juntos, allá en el centro del lago. ¿Qué mejor final para la biografía de un hombre sin biografía?”&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; No, nos ahogamos juntos, por supuesto. Y yo, bastante rato después, tuve que ir hasta el hotel en busca de una toalla con que secarla. Se había levantado el viento, la noche había enfriado de pronto; aquella loca podía coger una pulmonía.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La abracé para que entrara en calor, allí a la orilla del lago. El raro tenedor que pinchaba las aguas brillaba a la luz de la luna y, muy cerca, Chaplin parecía mirarnos con gesto burlón. La acompañé luego hasta su cuarto. Nada más tumbarse sobre la cama, se quedó dormida. Arropé su cuerpo desnudo y volví a mi solitaria habitación en &lt;st1:personname productid="La Clef." w:st="on"&gt;La Clef.&lt;/st1:personname&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Un momento antes de dormirme recordé su nombre. No la había vuelto a ver desde hacía exactamente cuarenta años. Compartimos apuntes y confidencias durante los cinco cursos de la licenciatura. “Tengo prisa”, me dijo cuando terminamos el último examen, con el profesor Martínez Cachero. No volví a saber de ella.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Aquella noche soñé que había encontrado la llave y que la había vuelto a perder.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-LmKbJu4ue7o/TkM1apalb9I/AAAAAAAACJ8/H9lew1bmN2Y/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://4.bp.blogspot.com/-LmKbJu4ue7o/TkM1apalb9I/AAAAAAAACJ8/H9lew1bmN2Y/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4669368514343327913-1031435348118237327?l=cafearcadia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cafearcadia.blogspot.com/feeds/1031435348118237327/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/08/nueve-enigmas-con-jardin-la-llave.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1031435348118237327'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4669368514343327913/posts/default/1031435348118237327'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cafearcadia.blogspot.com/2011/08/nueve-enigmas-con-jardin-la-llave.html' title='Nueve enigmas con jardín: La llave'/><author><name>Kurtz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/01579814674341994178</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://3.bp.blogspot.com/-rNGrd2OXhkg/Tgw54o36w2I/AAAAAAAACFA/RkDmSOfKo64/s220/DSC06189.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-XF1hrHFXBFw/TkM0j6wxCDI/AAAAAAAACJo/CJn74Gtwaas/s72-c/1.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4669368514343327913.post-7701561941947171918</id><published>2011-08-07T00:00:00.002+01:00</published><updated>2011-08-07T20:12:35.498+01:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Nueve enigmas con jardín'/><title type='text'>Nueve enigmas con jardín: Las ensoñaciones de un paseante solitario</title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;Más de una vez me he encontrado, o me he creído encontrar, con el diablo. La última, esta misma semana, en Ginebra. Paseaba yo por el Jardín Botánico y, sin saber cómo, voy a dar con un apacible rincón de mi infancia: cacarean las gallinas, ramonean indolentes las cabras, en un riachuelo cercano se alzan los flamencos “como claves de sol de la corriente”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-oCZbIp9sc5s/Tj7iKdFBrZI/AAAAAAAACJI/ScD4bKvzB7M/s1600/1.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://1.bp.blogspot.com/-oCZbIp9sc5s/Tj7iKdFBrZI/AAAAAAAACJI/ScD4bKvzB7M/s320/1.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;No lo vi acercarse. Cuando me di cuenta, ya casi me rozaba con su aliento. Resultaba inconfundible, la estampa era la misma que en tantos grabados de misas negras y aquelarres: los corvos cuernos, la barba rala, la expresión adusta. Frente a mí estaba, en su pestilente encarnación favorita de macho cabrío, el demonio. ¿Qué me ofrecería a cambio de mi alma? Yo estaba dispuesta a dejársela a bajo precio. Pero no dijo nada. &lt;span&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Se limitó a mirarme con desdén irónico y luego me volvió la espalda.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-d2UFAJ3I64U/Tj7iRUn1OTI/AAAAAAAACJM/ERNf56AT_6k/s1600/2.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://1.bp.blogspot.com/-d2UFAJ3I64U/Tj7iRUn1OTI/AAAAAAAACJM/ERNf56AT_6k/s320/2.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Al día siguiente visité, como hago siempre que estoy en esta ciudad, el cementerio de Plainpalais. Busco la tumba de Borges, muy cerca de la de Calvino y la de Griselidis Real, célebre prostituta, y me divierto imaginando de qué podrán hablar los tres para distraer el tedio de las largas horas de la eternidad.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;“No hay que tener miedo” dicen los misteriosos signos góticos grabados en la lápida sepulcral del escritor. ¿Y quién tendría miedo en este lugar de frescas sombras y largo silencio? &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-QRKLa_FzfKk/Tj7iqxGiFZI/AAAAAAAACJQ/IR6zfvC7BiM/s1600/3.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://4.bp.blogspot.com/-QRKLa_FzfKk/Tj7iqxGiFZI/AAAAAAAACJQ/IR6zfvC7BiM/s320/3.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Me acerco a saludar a otro amigo, Leo Ferrero, muerto en accidente de automóvil a los treinta años, al que custodian sus padres, Giugelmo Ferrero y Gina Lombroso. A la memoria me vienen unos versos suyos, una oración escrita en Ginebra poco antes de partir hacia su última cita en una carretera de Nuevo México: “Señor que estás en los cielos, / aparta de mí los sueños tristes, / fortifícame contra la voluptuosidad / de la melancolía y la desesperación”. Le pedía a Dios lo mismo que yo le habría pedido al diablo a cambio de mi alma, si la hubiera querido. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-crvwKcSJJ2E/Tj7iyy3jlFI/AAAAAAAACJU/fDW-91UgqV8/s1600/4.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://4.bp.blogspot.com/-crvwKcSJJ2E/Tj7iyy3jlFI/AAAAAAAACJU/fDW-91UgqV8/s320/4.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;Entre tantos epitafios de prohombres, envidio el de un profesor de literatura, Robert Harvey: “Fort de corps et d’esprit / bienveillant, droit, pur, / fils et frère dévouè / disciple de / Platon, Epictete, Je´sus, / il fut heureux”. Y al lado me golpea otro, que queda grabado para siempre en mi corazón:: “To our darling mother whose life was nothing but love”. Sí, su vida no fue nada más que amor.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Como quien vuelve al mundo tras estar fuera del mundo, salgo del cementerio de Plainpalais. Dejando que el azar guíe mis pasos, camino por la calle de &lt;st1:personname productid="la Sinagoga" w:st="on"&gt;la Sinagoga&lt;/st1:personname&gt;, llego hasta &lt;st1:personname productid="la Place" w:st="on"&gt;la Place&lt;/st1:personname&gt; de Neuve. Un joven se me acerca, sonríe, pregunta algo que no entiendo, y de pronto, cuando tras excusarme trato de seguir mi camino, me detiene alzando una pierna, como en un paso de ballet, inclina luego la cabeza y me ofrece en la mano una cámara fotográfica. Digo que no, gracias, que no quiero comprar nada, y entones me doy cuenta que es mi propia cámara. La recojo asombrado y él, sin dejar de sonreír, se da la vuelta y se aleja hacia el parque de Les Bastions. Antes de desaparecer entre los habituales jugadores de ajedrez, se vuelve y me saluda, como en un escenario.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/-cbt7unwEPnk/Tj7i673zoVI/AAAAAAAACJY/_JqmL-pTmfA/s1600/5.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="226" src="http://4.bp.blogspot.com/-cbt7unwEPnk/Tj7i673zoVI/AAAAAAAACJY/_JqmL-pTmfA/s320/5.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;Aquella noche soñé con él y con el diablo del Jardín Botánico y con María Kodama. Había pasado la tarde siguiendo las huellas de Borges: el número 28 de &lt;st1:personname productid="la Gran-Rue" w:st="on"&gt;la Gran-Rue&lt;/st1:personname&gt;, adonde fue trasladado para que no muriera en un hotel (el dueño se negó a que colocaran una placa de homenaje en la fachada); el número 7 de la calle Ferdinand Hotler, donde pasó su adolescencia (desde las ventanas del edificio se contemplan la cúpulas doradas de la iglesia rusa); el cercano Colegio Calvino, ahora en obras, en uno de cuyos muros, todos ellos abundantemente grafiteados, se lee una frase de Woody Allen: “Yo tengo preguntas para todas vuestras respuestas”; el hotel Les Armures, en una esquina desde la que se divisa la fachada neoclásica de la catedral, que lo acogió alguna vez (su hotel habitual, L’Arbalète, ya no existe).&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-nr0JcrKx85E/Tj7jDSUuqRI/AAAAAAAACJc/oXiQBeRluwk/s1600/6.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://1.bp.blogspot.com/-nr0JcrKx85E/Tj7jDSUuqRI/AAAAAAAACJc/oXiQBeRluwk/s320/6.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-indent: 35.4pt;"&gt;También la verdad se inventa, como en el cuento de Emma Zunz, con su falsa violación verdadera. Todo el borgiano epílogo ginebrino del escritor no fue más que un invento de una mujer, María Kodama, que quiso apartarle de amigos y familiares para que nada escapara a su codicia. Incluso llegó a demandar a Fani, la sirvienta que se había ocupado de la madre valetudinaria y del hijo ciego durante casi cuarenta años, porque presuntamente se había llevado, al ser desalojada del apartamento de la calle Maipú en que compartió toda su vida con ellos, la pila de lavar, la plancha de la carne, una cacerola, papel higiénico, una escoba y un reloj de pared.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;El macho cabrío del Jardín Botánico tenía la cara de María Kodama, la secuestradora de Ginebra. Pero su cara de pronto cambiaba y era la del propio Borges, niño egoísta, a quien nada le importaban ya los amigos de siempre, la sirvienta fiel, el remoto Buenos Aires al que no le unía el amor, sino el espanto.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;La placa que no dejaron colocar en el número 28 de &lt;st1:personname productid="la Gran-Rue" w:st="on"&gt;la Gran-Rue&lt;/st1:personname&gt; se colocó al lado, en el número 26, donde hay una panadería y una cafetería de hermoso nombre: el Jardín del Edén.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-WS6YZ9NvaIU/Tj7jTUwv8eI/AAAAAAAACJg/wFIyEDUWFPg/s1600/7.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="213" src="http://3.bp.blogspot.com/-WS6YZ9NvaIU/Tj7jTUwv8eI/AAAAAAAACJg/wFIyEDUWFPg/s320/7.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Soñé con el diablo, con Borges y con María Kodama y con una extraña tumba en Plainpalais que era la tumba de Dios (un dios que tenía las barbas dionisíacas de Federico Nietezsche) y cuyo epitafio comenzaba así: “Here lies a tyrant whom some called a devil”.&lt;span&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Mientras tomaba un café en el Jardín del Edén traté de reconstruir aquel epitafio, visto en sueños, pero quizá leído antes en alguna parte, y del que solo recordaba con claridad el primer verso: “Aquí yace un tirano al que algunos llamaron el demonio. / Con abrazos de serpiente cautivó nuestra vida. / Ahora está muerto, y el mundo carece de maldad, / porque no existe el mundo”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Estoy en Ginebra, pero no estoy en Ginebra, sino en una cárcel con libros en vez de muros. Paso unas páginas, y tras cruzar un arco, me encuentro con el alargado jardín sobre las murallas que frecuentaban los protagonistas de &lt;i&gt;El mundo es ansí&lt;/i&gt;, la novela de Baroja: “Muchas veces los dos iban a pasear a &lt;st1:personname productid="la Treille" w:st="on"&gt;la Treille&lt;/st1:personname&gt;, a contemplar sus terrazas llenas de flores. El sol dorado del crepúsculo brillaba en las cristalerías de las antiguas mansiones de &lt;st1:personname productid="la Cit￩" w:st="on"&gt;la Cité&lt;/st1:personname&gt;; los árboles del paseo de los Bastiones iban despojándose de sus hojas amarillas y mostrando sus troncos negros entre el ramaje desnudo. Reinaba una calma y una melancolía profunda en las tardes otoñales. Enfrente, marcaba en el horizonte azul su lomo blanco de nieve el monte Saleve”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;No menos melancólica que en otoño resulta en la tarde del fresco verano &lt;st1:personname productid="la Promenade" w:st="on"&gt;la Promenade&lt;/st1:personname&gt; de &lt;st1:personname productid="la Treille. Unas" w:st="on"&gt;la Treille. Unas&lt;/st1:personname&gt; páginas más abajo, se encuentra el parque de Les Bastions. Dispersos grupos juveniles tendidos en la yerba, un malabarista que ensaya alguno de sus números, solitarios ciclistas; en la fachada de &lt;st1:personname productid="la Universidad" w:st="on"&gt;la Universidad&lt;/st1:personname&gt;, la inscripión que tanto gustaba a la madre de Albert Cohen: “Le peuple de Genève, en consacrant cet édifice aux études supérieures, rend hommage aux bienfaits de l’instruction, garantie fundamental de ses libertés”.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-5-Nb8YsQUaI/Tj7jcK0EZ-I/AAAAAAAACJk/xjKH7DKavfU/s1600/8.JPG" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="201" src="http://2.bp.blogspot.com/-5-Nb8YsQUaI/Tj7jcK0EZ-I/AAAAAAAACJk/xjKH7DKavfU/s320/8.JPG" width="320" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Me senté en un banco, incapaz de resistirme a las ensoñaciones tristes, a la voluptuosidad de la melancolía y la desesperación. De pronto, una de las bolas blancas que lanza al aire el malabarista se acerca rodando hasta mis pies. Viene a recogerla. Al levantarse, me ofreció algo. Era mi teléfono móvil. Pensé que se me había caído. Le di las gracias, pero él entonces me mostró las dos manos vacías, las juntó y al abrirlas apareció en ellas mi cartera. La recupere asombrado. “¿Cómo lo haces?”, dije. Dio una voltereta en el aire y se quedó boca abajo, con los pies en alto. &lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal"&gt;&lt;span&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Permaneció así mucho tiempo, o eso me pareció. Luego se puso en pie, recogió la bola blanca, me arrojó un manojo de llaves (las que yo llevaba en el bolsillo) y d
